Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

lunes, 19 de noviembre de 2018

Día de los muertos: EL EMBOTELLA- DOR DE ALMAS, de Eraclio Zepeda

"... la guardaba en un (...) enorme mueble de madera que se llama almario y en ese almario tenía las almas..."

(Fragmento)
 
Me dijo:
 
- Mire usted, para enfrascar almas lo más importante en este oficio es el frasco porque si no tiene usted frasco, ¿cómo enfrasca? Y este frasco el más adecuado es el de penicilina, el ya usado, que venden en la trasbotica. Ai se compra usted unos 15-16 frasquitos de esta penicilina y se los lleva usted, pero sin la tapita esa de plástico, que esa no sirve, de hule. Se lleva usted el frasquito a su casa y ai tiene usted ya la primera aportación importante a su futuro oficio. Ora, esas botellitas lo primero que hay que hacer es lavarlas para que estén limpias limpias. Así que tiene usted que localizar un manantial donde el agua saliendo de la tierra no corra más que un geme para que no se eche a perder su pureza y en ese geme usted lava las botellitas bien lavadas y luego sin que ninguna mano lo toque más que la de usted que ya tiene agua buena, lo pone usted sobre una compañera piedra para que el compañero sol la seque completamente. Y ya seca la botellita se va a unir con el trabajo de otro oficio que usted está haciendo que es sembrar una milpita, pero milpita que tiene que ser hecha por un niño que sea absolutamente casto, que nunca haya tenido ningún mal pensamiento... bueno, ni con gallinas. Y ese muchachito debe sembrar maíz. Cuando empiecen a nacer las mazorquitas que están apenitas apenitas como si fueran dedito chico, usted las corta porque la mazorquita va a ser el tapón de la botella. Entonces ya tiene usted tapón y botella, entonces ya puede usted enfrascar. Lo único que le falta del equipo, que es muy importante, es un pañuelo de estos rojos bonitos que se llama paliacate. Y también un despertador es muy importante. Un despertador que tenga campanilla, eso es muy importante. Claro que si usted tiene un sobrante de dinero también le recomiendo que se compre usted un maletín de cuero negro, que eso influye mucho y presta mucha confianza al futuro difunto... porque futuro difunto es el que usted atiende. Ya que tiene usted todo eso listo, está usted tranquilo. Cuando una noche, de pronto... le tocan a la puerta y usted que conoce a toda la gente, va y abre, y ve usted a Martín el chico. ¡Y! ¡¿Quién?! ¿Tu papá o tu mamá? No, pues mi papá. ¡Pobre Martín el viejo! Ai voy. Y agarra y hace usted su petaquita, que la tiene lista, y se va corriendo donde vive Martín el viejo y le abren la puerta y efectivamente ve usted que el pobre Martín el viejo es futuro difunto. Y usted se le queda viendo a los ojos y él como que se quiere hacer guaje; no lo quiere mirar para decirle “no, si no es conmigo el asunto”, pero sí, es con él. Y lo queda usted viendo y él preocupado porque como sabe cuál es el oficio de usted, no le gusta aquella visita a deshoras de la noche y ai viene el aspecto científico del asunto: usted lo agarra y le empieza a palpar todas las venas, de donde caigan, vena que va, vena que viene, la va usted captando, captando y entonces es eso donde está la importancia del oficio, calcula usted y le da un manotazo de alegría y le dice “hermano, te quedan dos horas, jajajai” y pone usted el despertador claclaclacla y pasa usted al otro cuarto, donde están los futuros deudos... pues alegres como son estas cosas, planchando los vestidos negros las señoras, matando las gallinas, matando los guajolotes, preparando los tamales; los señores comprando galleta de animalito que se reparte mucho, sobre todo si el muerto es viejo... porque cuando el muerto es viejo llega mucho muchachito, entonces hay que repartir galleta de animalito, también hay que comprar botella cerrada, todo esa pues cosa alegre... y van empezando a comer los primeros moles y las primeras gallinas y jajajai y cuento va y cuento viene, alegre pues, como son estas cosas, ¿no? Y también uno se permite, porque no está fuera de la legalidad, tomarse unos riendacitos de comiteco para irse serenando para el trabajo que viene. A las dos horas de pronto rrrrui el despertador y se levanta ya uno así con seriedad y les dice a los futuros deudos “futuros deudos, con permiso, voy a ver al futuro difunto, que le queda muy poquito para seguir siendo futuro”. Y entra uno al otro cuarto y para esto Martín el viejo ya está absolutamente espantado, parpadeando, y le dice “ten valor, Martín” y entonces lo primero que uno hace es sacar el pañuelito rojo, eso es muy importante, saca usted el pañuelillo rojo y le amarra usted la cabeza, bien amarradita, lo que se trata es que no vaya a salir nada de aire por la boca, sino que nada más por la naricita. Ora, la nariz tiene dos agujeros, la derecha no le preocupe a usted nada porque la derecha no conduce a nada, nada más la izquierda, la izquierda va para el corazón. Entonces usted está pendiente con el hoyito del corazón y cuando Martín ya amarrado de la boca, se llena del planeta por última vez... usted le mete la botellita en la izquierda... y la tapa y nada más la entrega usted a los deudos que ya son deudos en tiempo presente y pluscuamperfecto. Le entrega usted el frasquito y ya queda usted.
 
Y yo me le quedé viendo y le dije:
 
- Bueno, ¿y eso?
 
Y él me quedó viendo más fríamente. Apagó su cigarro y me dijo:
 
- Se ve que no es usted creyente.
 
- ¿Por qué?
 
- Porque sólo una persona que no sea creyente ignora que cuando el alma abandona esta despreciable cárcel que es el cuerpo que fenece se eleva volando portentosa- mente y nomás tiene tres caminos: el infierno, el purgatorio y el cielo. Pero con esta situación de la crisis y la deuda externa y todos esos asuntos pues qué cielo va a haber, nada más queda purgatorio e infierno. Entonces, ¿qué corazón tiene usted, como deudo que es, de permitir que el alma de esa gente tan querida, tan amorosamente consentida tenga nada más infierno o purgatorio? Pero la escritura dice que el alma tiene que volar libremente hacia su destino y si usted la enfrascó, ai se friega, compañero, se friega, quedó enfrascada, no tiene vuelo, ai quedó detenida, esperando tiempos mejores en que usted la suelte y pueda llegar al cielo, si no siempre vamos a estar amolados, cambie el asunto. Pero mire usted, compañero, yo no soy como otros enfrascadores de almas. Yo conocí un hombre, yo que he sido siempre enemigo de la explotación del hombre por el hombre, cómo no voy a ser enemigo de la explotación del alma por el hombre... y conocí a un hombre que explotaba el alma... porque en lugar de hacer como yo que cuando enfrasco un alma, le pone tela adhesiva, le pone el nombre del muerto y se lo entrega. Ah, aquel hombre que yo conocí, que por desgracia fue mi maistro, pero después yo rompí toda relación con él... Este hombre hacía lo mismo, pero en lugar de hacer el ademán para entregar el alma después de que estaba la clasificación, daba la vuelta la mano de regreso y se metía el alma en el bolsillo y se la llevaba a su casa y la guardaba en un enooorme, pero enorme mueble de madera que se llama almario y en ese almario tenía todas las almas de 30 años para acá guardadas y las alquilaba a las familias el cabo de año, Día de muertos, Santos Inocentes, fecha de nacimiento y hasta dijo que era patriótico también hacer honores a las almas el 20 de noviembre y el 16 de septiembre y así él vivía explotando las almas hasta que un día, compañero, estábamos todos tranquilitos escuchando cuando ronglonglonglon empieza el temblor y glanglanglan y dijimos ay ay y de pronto prom-bom-bom-bom-BOM la caída y clinclinclin-clin los vidrios, dijimos, todos quisimos decir las almas, pero sólo dijimos “las al” y ahí nos quedamos porque en ese momento se empieza a llenar el pueblo de unos ruidos y unos enfrenones y las sirenas y los disparos y era que la policía judicial de los diablos que tenía ya orden de aprehensión contra las almas, por 30 años estaban pendientes para que apareciera el cuerpo del delito, bueno, no el cuerpo, el alma del delito, y apenas salen las almas del delito y empiezan y mire usted que si la policía judicial de nosotros es bastante amoladita, cómo será la de los diablos, empezaron a meter manita china, a agarrar por los pelos, los que tenían trenza por la trenza y los que no, no... y los agarraban y los llevaban, mire usted a puro chicote al infierno. Y el autor de todo aquel desaguisado se quiso ir a esconder donde pudo y ai lo agarraron los diablos y se lo llevaron y es el único hombre que se sabe por los diablos, que llegó en cuerpo y alma al infierno. Por eso yo alma que enfrasco, alma que devuelvo y así estamos bien.
 
 
Eraclio Zepeda (México, 1937-2015).

domingo, 18 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LA FIESTA DE LOS MUERTOS*, de Giovanni Verga

"En la colina solitaria, erizada de cruces en el poniente..."

(Párrafo inicial)

En la colina solitaria, erizada de cruces en el poniente púrpura, donde nadie se atreve a cantar la vendimia, ni se escucha el balido de los rebaños, hay una hora de celebración, cuando el otoño muere sobre los macizos de flores y las cámpanas fúnebres conmemoran a los difuntos, que luego se desvanece al ponerse el sol. Entonces la multitud se dispersa entre las avenidas sombreadas por los cipreses, y los amantes se buscan detrás de las tumbas.
 
Giovanni Verga (Italia, 1840-1922).
 
* La traducción literal de La Festa dei Morti es La fiesta de los muertos, pero un equivalente más apegado a la tradición hispana sería El día de los muertos.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LOS CUADERNOS DE MALTE LAURIDS BRIGGE, de Rainer María Rilke


(Fragmento)

En la época de sus veleidades supersticiosas había ordenado, para él y para los que le rodeaban, el ángelus contra los demonios del crepúsculo; y ahora, en el mundo agitado por completo sonaba todas las tardes esta plegaria sedante. Por lo demás, sin embargo, todas las bulas y las cartas que emanaban de él parecían antes un vino de especias que una tisana. El imperio no se había confiado a su tratamiento, pero él no se cansaba de colmarle con las pruebas de que estaba enfermo; y ya venían las gentes desde el más lejano oriente para consultar a este médico imperioso.

Pero entonces ocurrió lo increíble. El día de todos los Santos había predicado más larga y ardientemente que de costumbre; con una necesidad súbita y como para volver a verla él mismo, había mostrado su fe; la había sacado fuera de ese tabernáculo octogenario, y levantándola poco a poco con todas sus fuerzas, la había puesto en el altar: y entonces le gritaron a la cara. Toda Europa gritó: esa fe era mala.

Entonces desapareció el papa. Durante muchos días no emanó de él ninguna acción, permanecía de rodillas en su oratorio y exploró el misterio de los que actúan y hacen mal a su alma.

Rainer María Rilke (Escritor en lengua alemana nacido en Praga, 1875-1928).

(Traducido al español por Francisco Ayala).

viernes, 16 de noviembre de 2018

Día de los muertos: RENANA DE OTOÑO, de Guillaume Apollinaire

"Y las hojas secas vienen a cubrir a los muertos..."
 
(Fragmentos) 
a Toussaint Luca
 
El día de los muertos y de todas sus almas
Los niños y las viejas
Encienden velas y cirios
Sobre cada tumba católica
Los velos de las viejas
Las nubes del cielo
Son como barbas de chivos
 
En el aire tiemblan llamas y oraciones
 
El cementerio es un hermoso jardín
Lleno de sauces grises y de romero
 
(...)
 
El viento del Rin ulula con todos los búhos
Apaga los cirios que los niños siempre vuelven a encender
Y las hojas secas
Vienen a cubrir a los muertos

Niños muertos hablan a veces con sus madres
Y muchas difuntas a veces desearían regresar
 
Oh no quiero que salgas
El otoño está lleno de manos cortadas
No no son hojas secas
Son las manos de las amadas muertas
Son tus manos cortadas
 
Hemos llorado tanto hoy
Con esos muertos sus hijos y las viejas
Bajo el cielo sin sol
En el cementerio lleno de llamas

Luego regresamos con el viento
 
Entre nuestros pies rodaban castañas
Cuyos erizos eran
Como el herido corazón de la Madona
De quien se duda si tuvo la piel
Color de castañas otoñales
 
 
Guillaume Apollinaire: Wilhelm Albert Włodzimierz Apolinary de Kostrowicki
(Francés nacido en Italia, 1880-1918).  
 
(Traducido del francés por Agustí Bartra).

La ilustración corresponde al cementerio del Padre Lachaise (Pére-Lachaise) durante el otoño, en París, donde descansan los restos de Guillaume Apollinaire.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Día de los muertos: EL DÍA DE LOS MUERTOS, de Ignacio Manuel Altamirano

"... incesante y funeral clamoreo que comenzaba en la Catedral y que se repetía en los cien campanarios..."

(Fragmento inicial)

En los antiguos tiempos, es decir antes de la Reforma, México se despertaba el 2 de noviembre al funeral clamor de las campanas que doblaban en todas las iglesias, recordando que era el día de la conmemoración de los fieles difuntos. ¡Ah! ¡Qué tristeza y qué tedio causaba ese incesante y funeral clamoreo que comenzaba en la Catedral y que se repetía en los cien campanarios de los conventos y en todas las iglesias, parroquias, capillas y ermitas que bordaban la ciudad de oriente a poniente, y de norte a sur! Era una incesante vibración acompasada, ronca, lúgubre, que daba origen a variados sentimientos, pero todos amargos. La tristeza, el pesar el desaliento, se apoderaban del corazón, como el cortejo pavoroso de los recuerdos del día. Porque ¿quién no había perdido alguna persona amada, cuya memoria venía a evocar la voz de la campana?, mortuos plango.
 
¡Era, en fin, una invitación al recogimiento, al recuerdo, a la plegaria, a las lágrimas, al dolor!
 
¡Tristes y respetables costumbres de la piadosa ciudad de México!
 
Hoy, este año, algo de eso ha pasado; es decir, ha habido dobles, porque de poco tiempo á esta parte, se observa que van volviendo furtivamente y alentadas por una cierta tolerancia, las bellas manifestaciones públicas, los venerandos ruidos del culto católico. Las campanas han elevado su clamor al cielo, han vibrado en el espacio esas notas doloridas y lúgubres con que la iglesia recuerda á los fieles que deben llorar sobre las tumbas y orar por los muertos para que sean libres, según el dogma fundado en un texto del libro de los Macabeos.
 
Y los fieles conmovidos han obedecido hoy, lo mismo que en los antiguos tiempos, al mandato sagrado, porque aunque las campanas habían enmudecido por algunos años y se han disminuido en los presentes, la costumbre piadosa de conmemorar á los difuntos ha permanecido firme, mantenida por la tradición y por la ternura de las familias.
 
Así, pues, aunque yo conocía ya las costumbres mexicanas en este dia, y aunque venciendo la repugnancia que siento por los cementerios de. las grandes ciudades, pues cuando quiero meditar sobre el gran problema de la muerte y envolverme en las sombras de la tumba para soñar en ellas, prefiero buscar, como el poeta inglés Gray, el cementerio de las aldeas, me dirigí á visitar los panteones.


Ignacio Manuel Altamirano (Mexicano fallecido en Italia, 1834-1893).

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LA SERPIENTE EMPLUMADA, de D. H. Lawrence

"... el Esqueleto a caballo, es el ídolo de la primera semana de noviembre, los días de los muertos y de Todos los Santos."
 
(Fragmento del capítulo XVII: El cuarto himno y el obispo)

Algunas de las figuras se parecen a Polichinela, otras son arlequines. Pero todas tienen caras sonrosadas y llevan el traje del hombre blanco. Nunca se ve la imagen de rostro cobrizo de un mexicano puro; siempre la rígida, altiva y grotesca caricatura de un hombre blanco.
 
Y todos son Judas. Judas es la diversión de la feria, la víctima, el gran personaje de la Semana Santa, como el Esqueleto, y el Esqueleto a caballo, es el ídolo de la primera semana de noviembre, los días de los muertos y de Todos los Santos.
 
 
David Herbert Lawrence (Inglés fallecido en Francia, 1885-1930).
 
(Traducido al español por Pilar Giralt).

martes, 13 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LAS CASTAÑAS, de Juan Valera

"Como era muy temprano y apenas clareaba el día, la calle por donde iba la beata estaba muy sola."

El día de difuntos salió muy de mañana a misa una linda beata, que la noche anterior, según es costumbre en la noche de Todos los Santos, se había regalado, comiendo puches con miel y muchas castañas cocidas.
 
Como era muy temprano y apenas clareaba el día, la calle por donde iba la beata estaba muy sola. Así es que ella, sin reprimirse, con el más libre desahogo y hasta con cierta delectación, lanzaba suspiros traidores y retumbantes, y cada vez que lanzaba uno, decía sonriendo:
 
- ¡Toma castañas!
 
Proseguía caminando, soltaba otros suspiros y exclamaba siempre:
 
- ¡Las castañas! ¡Las castañas!
 
Un caballero, muy prendado de la beata, solía seguirla, hacerse el encontradizo, oír misa donde y cuando ella la oía, y hasta darle agua bendita al entrar en la iglesia, para tener el gusto de tocar sus dedos.
 
Iba aquel día el caballero tan silencioso y con pasos tan tácitos detrás de la beata, que ella no le vio ni sospechó que viniese detrás, hasta que volvió la cara, poco antes de entrar en el templo.
 
- ¿Hace mucho tiempo que viene usted detrás de mí? -dijo muy sonrojada la linda beata.
 
Y contestó el caballero:
 
- Señora, desde la primera castaña.

Juan Valera (España, 1824-1905).

lunes, 12 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LA TIERRA, de Émile Zola

"... encargado de la antigua parroquia de Rognes..."

(Fragmento del capítulo IV)

Precisamente el domingo caía en primero de noviembre, día de todos los santos, e iban a dar las nueve cuando el padre Godard, cura de Bazoches-le-Doyen, encargado de la antigua parroquia de Rognes, apareció en lo alto de la pendiente que iba a parar al puentecillo del Aigre. Rognes, más importante en otro tiempo, reducida a una población de escasos trescientos habitantes, no tenía cura desde hacía muchos años y parecía no importarle gran cosa el estar sin él, tanto que el municipio había dado casa al guarda de campo en la antigua casa del párroco, medio derruida.
 

Émile Zola (Francia, 1840-1902).
 
(Traducido al español por León Ballcag).
La ilustración corresponde a la iglesia de Rognes, en Francia.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Día de los muertos: MYRICAE, EL DÍA DE LOS MUERTOS, de Giovanni Pascoli


(Estrofas)
 
Veo (¡Como es este día, oscuro!),
veo en el corazón, veo un cementerio
con un negro ciprés sobre el muro.
 
Y contra aquel ciprés se cierne
el viento: poco a poco el llanto
se desata en infinitos nubarrones.
 
***
 
Lo veo, veo, veo un camposanto,
cosa oscura en la noche oscura:
oigo  el llanto de la tumba, llanto
 
en los ojos de la muerte atenta,
el llanto de corazones que el entierro
dejó, para dolor de los vivos.
 
Lo oigo: ahora fluye libre: ninguno
puede despertar, tanta noche, el viento
es tan fuerte, el cielo es tan marrón.
 
 
Giovanni Pascoli (Italia, 1855-1912).

viernes, 9 de noviembre de 2018

Día de los muertos: DÍA DE DIFUNTOS, de José Asunción Silva


(Fragmento)

Y hoy, día de muertos, ahora que flota,
En las nieblas grises la melancolía,
En que la llovizna cae, gota a gota,
Y con sus tristezas los nervios emboba,
Y envuelve en un manto la ciudad sombría,
Ella que ha medido la hora y el día
En que a cada casa, lúgubre y vacía,
Tras del luto breve volvió la alegría;
Ella que ha marcado la hora del baile
En que al año justo, un vestido aéreo
Estrena la niña, cuya madre duerme
Olvidada y sola en el cementerio,
Suena indiferente a la voz de fraile
Del esquilón grave y a su canto serio;
Ella que ha medido la hora precisa,
En que a cada boca, que el dolor sellaba,
Como por encanto volvió la sonrisa,
Esa precursora de la carcajada;
Ella que ha marcado la hora en que el viudo
Habló de suicidio y pidió el arsénico,
Cuando aún en la alcoba, recién perfumada,
Flotaba el aroma del ácido fénico
Y ha marcado luego la hora en que, mudo
Por las emociones con que el goce agobia,
Para que lo unieran con sagrado nudo,
A la misma iglesia fue con otra novia;
Ella no comprende nada del misterio
De aquellas quejumbres que pueblan el aire,
Y lo ve en la vida todo jocoserio
Y sigue marcando con el mismo modo
El mismo entusiasmo y el mismo desgaire
La huída del tiempo que lo borra todo!
      Y eso es lo angustioso y lo incierto
      Que flota en el sonido,
Esa es la nota irónica que vibra en el concierto
      Que alzan los bronces al tocar a muerto
      Por todos los que han sido!
      Esa es la voz fina y sutil,
      De vibraciones de cristal,
      Que con acento juvenil
      Indiferente al bien y al mal,
      Mide lo mismo la hora vil,
      Que la sublime o la fatal
      Y resuena en las alturas,
      Melancólicas y oscuras,
      Sin tener en su tañido
      Claro, rítmico y sonoro,
      Los acentos dejativos
      Y tristísimos e inciertos
      De aquel misterioso coro,
Con que ruegan las campanas, las campanas,
      Las campanas plañideras
      Que les hablan a los vivos
      De los muertos!


 
José Asunción Silva (Colombia, 1865-1896).

jueves, 8 de noviembre de 2018

Día de los muertos: SONETO, de Stéphane Mallarmé

 
(Para tu querida muerta, su amigo)
2 de noviembre de 1877.

Por los bosques olvidados cuando pasa la sombra del invierno
Te lamentas, oh cautivo del umbral solitario,
porque este sepulcro para dos que será nuestro orgullo
¡Ay! sólo de la falta de pesadas guirnaldas se ateste.
 
Sin escuchar a medianoche que arrojó su número vano,
la vigilia te exalta para no cerrar los ojos
antes de que en los brazos del antiguo sillón
la suprema brasa haya aclarado mi sombra.
 
Quien desee tener visitas a menudo no debe
cargar con demasiadas flores la piedra que mi dedo
levanta con el hastío de una fuerza difunta.
 
Alma que temblorosa vacila en el hogar tan claro
para revivir basta que tus labios sientan
el aliento de mi nombre murmurado toda una noche.
 
 
(Sur les bois oubliés quand passe l'hiver sombre
Tu te plains, ô captif solitaire du seuil,
Que cé sepulcre á deux qui fera notre orgueil
Hélas! du manque seul des lourds bouquets s'encombre.

Sans écouter Minuit qui jeta son vain nombre,
Une veille texalte á ne pas fermer l'oeil

Avant que dans les bras de l´ancient fauteuil
Le suprëme tison nait éclairé mon Ombre.

Qui veut souvent avoir la Visit ne doit
Par trop de fleurs charger la pierre que mon doigt
Souléve avec lennui dune force défunte.

Ame au si clair foyer tremblante de m'asseoir,
Pour revivre il suffit qu'à tes lévres j'emprunte
Le souffle de mon nom murmuré tout un soir
.)

 

Stéphane Mallarmé: Étienne Mallarmé (Francia, 1842-1898).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Día de los muertos: CORAZÓN, de Edmundo de Amicis

"Todo cementerio encierra centenares de estas santas criaturas..."

Día de los muertos

Noviembre 2

«Este día está consagrado a la conmemoración de los difuntos. Sabes tú, Enrique, ¿a qué muertos deben consagrar un recuerdo en este día, ustedes los muchachos? A los que murieron por los niños. ¡Cuántos han muerto así y cuántos mueren todavía! ¿Has pensado alguna vez cuántos padres han consumido su vida en el trabajo, y cuántas madres han muerto extenuadas por las privaciones a que se condenaron para sustentar a sus hijos? ¿Sabes cuántos hombres clavaron un puñal en su corazón por la desesperación de ver a sus propios hijos en la miseria, y cuántas mujeres se suicidaron, murieron de dolor o enloquecieron por haber perdido un hijo? Piensa, Enrique, en este día, en todos estos muertos. Piensa en tantas maestras que fallecieron jóvenes, consumidas de tisis por las fatigas de la escuela, por amor a los niños, de los cuales no tuvieron valor para separarse; piensa en los médicos que murieron de enfermedades contagiosas, de las que no se precavían por curar a los niños; piensa en todos aquellos que en los naufragios, en los incendios, en las hambres, en un momento de supremo peligro cedieron a la infancia el último pedazo de pan, la última tabla de salvación, la última cuerda para escapar de las llamas, y expiraban satisfechos de su sacrificio, que conservaba la vida de un pequeño inocente. Son innumerables, Enrique, estos muertos. Todo cementerio encierra centenares de estas santas criaturas, que si pudieran salir un momento de la losa, dirían el nombre de un niño al cual sacrificaron los placeres de la juventud, la paz y la vejez; los sentimientos, la inteligencia, la vida; esposas de veinte años, hombres en la flor de la edad, ancianos octogenarios, jovencillos –mártires heroicos y oscuros de la infancia– tan grandes y tan nobles que no produce la tierra flores bastantes para poderles colocar sobre sus sepulturas. ¡Tanto se quiere a los niños! Piensa hoy con gratitud en estos muertos y serás mejor y más cariñoso con todos los que te quieren bien y trabajan por ti, querido y afortunado hijo mío, que en el día de los difuntos no tienes aún que llorar a ninguno!
 
Tu padre


Edmundo de Amicis (Italia, 1846-1908).

La ilustración corresponde a un cementerio italiano durante la celebración de la Festa dei morti
(Fiesta de los muertos).

martes, 6 de noviembre de 2018

Vivir y morir BAJO EL VOLCÁN según Malcolm Lowry

"... se sintió feliz cuando surgió a la vista el Popocatépetl dominando el paisaje por un rato..."
 
En estas fechas resulta inevitable recordar algunos pasajes de Bajo el Volcán, considerada de manera unánime entre las novelas más notables del siglo pasado, cuya acción transcurre en Cuernavaca -a la que Lowry, de modo peculiar, se refiere en la novela como Quauhnáhuac, su nombre en náhuatl-, en esta época del año: "Hacia la hora del crepúsculo del Día de Muertos, en noviembre de 1939...", y lo narrado corresponderá a lo que "había ocurrido hacía hoy exactamente un año." Escuchando con atención "podía percibirse un sonido confuso y remoto -claro y, sin embargo, inseparable del minúsculo murmullo, del sonsonete de los dolientes- como de un cántico que se elevaba para luego caer, y un pisoteo regular -los estallidos y gritos de la fiesta que había durado todo el día."

El título de la novela, como se va haciendo obvio conforme se avanza en la lectura de la misma, proviene del volcán que asume la función de testigo permanente y al que el protagonista observa, imagina y recuerda de manera obsesiva, por eso desde cualquier lugar "aparecían testimonios de la presencia y antigüedad del Popocatépetl", y un pasaje previo describe como su esposa Yvonne "se sintió feliz cuando surgió a la vista el Popocatépetl dominando el paisaje por un rato, mientras ascendían la colina que quedaba más adelante." El siguiente es uno de los párrafos que mejor lo expresa:

"¡Los volcanes! ¡Qué sentimental podía uno ponerse con ellos! Ahora se trataba del volcán; porque en cualquier posición que colocara el espejo no podía ver al pobre Ixtla, el cual, eclipsado, había desaparecido, mientras que el Popocátepetl, el reflejarse en el espejo, parecía más bello aún con su cúspide que brillaba contra un fondo de nubes apiñadas." 

Aun cuando la trama se desarrolla en México durante dicha jornada en particular, Lowry escribió y reescribió la novela durante diez años, la mayor parte de ellos en su cabaña de Dollarton, junto a North Vancouver. Por eso la alusión a Canadá parecería inevitable:

"- ¿Has estado en el Canadá? -le preguntó Hugh.

- Estuve en las Cataratas del Niágara.

Prosiguieron. Hugh seguía sujetándole la rienda.

- Yo nunca he estado en el Canadá. Pero en España, un tipo amigo mío, pescador franco-canadiense que estuvo con los Mac-Paps, me decía que es el lugar más extraordinario del mundo. Cuando menos la Columbia Británica.

- Es lo que también solía decir Geoffrey."

Para terminar, una referencia a la celebración del día de los difuntos en donde se advierte la insólita belleza siniestra que permea la totalidad de la obra:

"Sin que nadie lo viera, el Cónsul tropezó con un puesto (en el que uno podía fotografiarse con su novia, sobre un fondo aterradoramente tempestuoso, verde y espeluznante, con un toro que embestía y el Popócatepetl en erupción) y pasó con el rostro vuelto a otra parte, frente al lastimoso Consulado Británico, cerrado, donde el león y el unicornio desde el escudo de color azul desteñido le contemplaron apesadumbrados. ¡Qué vergüenza! Pero seguimos a pesar de todo, estando a tu servicio, parecían decir. Dieu et mon droit. Los niños lo habían abandonado. Sin embargo, había perdido el rumbo. Iba llegando al límite de la feria. Cerradas, se alzaban allí misteriosas tiendas de lona, y yacían desplomadas o dobladas. Las primeras parecían casi humanas, despiertas, en espera; las otras, tenían el aspecto arrugado y encogido del hombre que, a pesar de estar dormido, anhela, aun en su inconsciencia, estirar los miembros. Más allá, en las lejanas fronteras de la feria, era, de hecho, día de muertos."

Jules Etienne

lunes, 5 de noviembre de 2018

Día de los muertos: EL DÍA DE DIFUNTOS DE 1836, de Mariano José de Larra

"Ellas también, las campanas, han alcanzado su última hora..."
 
(Fragmento)

 
- ¡Día de difuntos!- exclamé.

Y el bronce herido que anunciaba con lamentable clamor la ausencia eterna de los que han sido, parecía vibrar más lúgubre que ningún año, como si presagiase su propia muerte. Ellas también, las campanas, han alcanzado su última hora, y sus tristes acentos son el estertor del moribundo; ellas también van a morir a manos de la libertad, que todo lo vivifica, y ellas serán las únicas en España ¡santo Dios! que morirán colgadas. ¡Y hay justicia divina!

La melancolía llegó entones a su término; por una reacción natural cuando se ha agotado una situación, ocurrióme de pronto que la melancolía es la cosa más alegre del mundo para los que la ven, y la idea de servir yo entero de diversión...
 
 
Mariano José de Larra (España, 1809-1837). 

domingo, 4 de noviembre de 2018

Día de los muertos: MACARIO, de B. Traven

"... para irse al bosque y regresar al anochecer con una carga de leña sobre su espalda."
 
(Fragmento inicial)
 
Macario era leñador en aquel pueblito. Padre de once hijos andrajosos y famélicos, no deseaba riquezas, ni cambiar el jacal que habitaba con su familia por una casa bien construida. En cambio tenía, eso sí, desde hacía veinte años, una sola ilusión. Y esa gran ilusión era la de poder comerse a solas, gozando de la paz en las profundidades del bosque y sin ser visto por sus hambrientos hijos, un guajolote asado entero.

Nunca logró llenar su estómago hasta sentirse satisfecho. Por el contrario, siempre se sentía próximo a morir de hambre. A pesar de eso, todos los días del año, sin exceptuar los domingos ni días festivos, tenía que salir de su hogar antes de que amaneciera para irse al bosque y regresar al anochecer con una carga de leña sobre su espalda. Aquella carga, que representaba una jornada de trabajo, la vendía por dos reales... y a veces hasta por menos.

Sólo durante la temporada de lluvias, cuando prácticamente no tenía competencia, y mejor aún en las fechas señaladas, como por ejemplo el día de los Fieles Difuntos, en que la demanda era mayor por parte de los fabricantes de velas y de los panaderos, que horneaban toda clase de panes de muerto y calaveras de azúcar, lograba que le dieran hasta tres reales por su carga de leña.


B. Traven: Ret Marut, Hal Croves o Traven Torsvan
(Alemán nacionalizado mexicano; 1882-1969).

sábado, 3 de noviembre de 2018

Día de muertos según Octavio Paz


"La muerte es un espejo que refleja
las vanas gesticulaciones de la vida."
Octavio Paz

A pesar de tanto tiempo transcurrido, ya que fue publicado por primera vez en 1950 -hace ya más de sesenta años-, El Laberinto de la Soledad sigue siendo una obra clave para conocer y descifrar las razones y formas de ser del mexicano. De su retrato del conjunto se desprende la radiografía de cada individuo. Y si bien, algunos de sus capítulos, como sería el caso del titulado El Pachuco y otros extremos, ya han sido superados por la evolución de la realidad, en el resto de la obra prevalecen observaciones aún vigentes. En esta fecha, las relativas a su tercer apartado: Todos Santos, Día de Muertos, resultan oportunas:

"El solitario mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas. Todo es ocasión para reunirse. Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha del tiempo y celebrar con festejos y ceremonias hombres y acontecimientos. Somos un pueblo ritual." Más adelante prosigue respecto al mismo tema. "En ocasiones, es cierto, la alegría acaba mal: hay riñas injurias, balazos, cuchilladas. También eso forma parte de la fiesta. Porque el mexicano no se divierte: quiere sobrepasarse, saltar el muro de soledad que el resto del año lo incomunica. Todos están poesídos por la violencia y el frenesí." Continúa Paz: "Y porque no nos atrevemos, no podemos enfrentarnos con nuestro ser, recurrimos a la Fiesta. Ella nos lanza al vacío, embriaguez que se quema a sí misma, disparo en el aire, fuego de artificio."

En el plano histórico: "Para los antiguos mexicanos la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito." Y explica la transformación de la idea original: "El advenimiento del catolicismo modifica radicalmente esta situación. El sacrificio y la idea de salvación que antes eran colectivos, se vuelven personales", por eso, mientras que "para los antiguos aztecas lo esencial era asegurar la continuidad de la creación; el sacrificio no entrañaba la salvación ultraterrena, sino la salud cósmica; el mundo, y no el individuo, vivía gracias a la sangre y la muerte de los hombres. Para los cristianos, el individuo es lo que cuenta."

Llega un momento en que desborda el espíritu festivo y lo dedica a la muerte: "La muerte mexicana es el espejo de la vida de los mexicanos. Ante ambas el mexicano se cierra, las ignora", porque "el desprecio a la muerte no está reñido con el culto que le profesamos. Ella está presente en nuestras fiestas, en nuestros juegos, en nuestros amores y en nuestros pensamientos." La clave al respecto, la podemos encontrar en el siguiente párrafo: "Por otra parte, la muerte nos venga de la vida, la desnuda de todas sus vanidades y pretensiones y la convierte en lo que es: unos huesos mondos y una mueca espantable."

Respecto al día de los muertos: "Calaveras de azúcar o de papel de China, esqueletos coloridos de fuegos de artificio, nuestras representaciones populares son siempre burla de la vida, afirmación de la nadería e insignificancia de la humana existencia. Adornamos nuestras casas con cráneos, comemos el día de los Difuntos panes que fingen huesos y nos divierten canciones y chascarrillos en los que ríe la muerte pelona, pero toda esa fanfarrona familiaridad no nos dispensa de la pregunta que todos nos hacemos: ¿qué es la muerte? No hemos inventado una nueva respuesta. Y cada vez que nos la preguntamos, nos encogemos de hombros: ¿qué me importa la muerte, si no me importa la vida?"

No creo que exista otro ensayo en la historia de la literatura mexicana que haya sido tan leído como El Laberinto de la Soledad, a través de los años sigue siendo un texto de lectura obligatoria en las escuelas y tema de discusión entre quienes en algún momento intentan, si no desentrañar, al menos tratar de comprender esa compleja condición existencial que implica la mexicanidad.

Jules Etienne

viernes, 2 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LAS TIERRAS FLACAS, de Agustín Yáñez

"... y después de arreglar los candeleros, meterles y acuñarles las velas, después de encenderlas..."
 
(Fragmento de la segunda estancia)

- Yo ya lo sabía y me lo esperaba desde la Noche de Muertos, cuando antes de acostarme, hará quince días, fui a la sala para prenderles sus velas a mis Ánimas, y allí me encerré, allí, esa noche del primero al dos de noviembre como tengo costumbre, me puse a recordar, a pensar, y después de arreglar los candeleros, meterles y acuñarles las velas, después de encenderlas y componerlas bien para que al arder no se ladearan o los pabilos se enchuecaran, me quedé allí medio dormido, y se me aparecieron difuntos con vivos, revueltos en el sueño, y vi que San Miguel se me dejaba venir derecho, levantando su espada, y oí que me decía: tú, cristiano, pela los ojos, prevente, agárrate bien de la silla, el caballo se te va a parar de manos, las yeguas te van a tirar patadas, las reses quieren brincar las trancas, y luego llegó cantando la Tentación, en figura de Teófila, me quitó la máquina de coser, hicieron rueda los diablos juntos con los pastores y el ermitaño, riéndose a carcajadas, cantando, bailando, volando, encabezados por la Madre Matiana, la demontre de bruja, la que más alto volaba y se carcajeaba más, mientras la bola de mis hijos, capitaneados por Felipe y Jesusito, allí no más con los brazos cruzados, esperando, sin trazas de ayudarme, de sacarme de aquel ajigolón. Ha de haber sido una cabeceada, una pestañeada, porque al enderezarme, las velas no habían comenzado a arder bien, todavía como que las llamitas querían apagarse sin agarrar fuerza, y hasta una se había apagado; por cierto que luego la volví a prender. Tan rápido, y todo con tanta claridad, que llego a dudar si fue sueño, o una de esas figuraciones tan fuertes que ocurren al estar despiertos, pero dominados ya sea por algún pendiente o alguna preocupación que a punto fijo no se sabe de qué venga y por qué nos aflija, escondida entre brumas, abrumándonos; ya sea por fatiga, simplemente, o por aburrimiento; esto me pasa seguido: ver cosas despierto, o al conciliar el sueño, sin haberme todavía dormido. Figuración o sueño, no dejó de impresionarme.
 
 
Agustín Yáñez (México, 1904-1980).

jueves, 1 de noviembre de 2018

Día de los muertos: BALÚN CANÁN, de Rosario Castellanos

"... ángeles llorosos con el rostro oculto entre las manos..."

(Fragmento del capítulo XXII))
 
NOVIEMBRE. Un largo viento fúnebre recorre, ululando, la llanura. De las rancherías, de los pueblos vecinos, bajan grandes recuas de mulas cargadas para el trueque de Todos Santos. Los recién venidos muestran su mercancía en la cuesta del Mercado y las mujeres acuden a la compra con la cabeza cubierta por chales de luto.

Los dueños de las huertas levantan las calabazas enormes y las parten a hachazos para ponerlas a hervir con panela; y abren en dos los descoloridos tzilacayotes de pulpa suave. Y apiñan en los canastos los chayotes protegidos por su cáscara hirsuta.

Vicenta y Rosalía han hecho todos los preparativos para nuestra marcha. Porque hoy es el día en que Amalia cumplirá su promesa. Iremos al panteón a comer el quinsanto.

- Tu madre no va con nosotros porque se siente indispuesta. Pero me recomendó que yo te cuidara y que te portaras bien. Salimos a la calle. Sobre las banquetas avanzan, saludándose ceremoniosamente, cediéndose unas a otras el lugar de preferencia, las familias, que consagran esta fecha del año a comer con sus difuntos. Adelante va el señor con su chaleco y su leontina de oro. A su lado la señora envuelta en el fichú de lana negra. Detrás los niños, mudados y albeantes. Y hasta el último, las criadas, que sostienen en equilibrio sobre su cabeza los pumpos y los cestos de los comestibles.

La caminata es larga. Llegamos fatigados al panteón. Los cipreses se elevan al cielo, sin un trino, en sólo un ímpetu de altura. Bordeando las callejuelas angostas y sinuosas, devoradas por el césped, están los monumentos de mármol; ángeles llorosos con el rostro oculto entre las manos; columnas truncadas, nichos pequeños en cuyo fondo resplandecen letras y números dorados. Y, a veces, montones de tierra húmeda, recién removida, sobre la que se ha colocado provisionalmente una cruz.

Nos sentamos a comer en la primera grada de una construcción pesada y maciza en cuyo frente anuncia un rótulo: “Perpetuidad de la familia Argüello”. Las criadas extienden las servilletas en el suelo y sacan trozos de calabaza chorreando miel y pelan los chayotes y los sazonan con sal.

A la orilla de otras tumbas están, también comiendo, personas conocidas a las que Amalia saluda con una sonrisa y un ademán ligero de su mano. Don Jaime Rovelo; tía Romelia, del brazo de su marido; doña Pastora, acalorada y roja; doña Nati con un par de zapatos nuevos, guiada por su vecina.

Cuando terminamos de comer, Amalia empujó la puerta de aquel monumento y recibimos, en pleno rostro, una bocanada de aire cautivo, denso y oscuro, que subía de una profundidad que nuestros ojos aún no podían medir.

- Aquí comienza la escalera. Baja con cuidado.

Amalia me ayudaba a descender, mostrando la distancia entre los escalones, señalando el lugar donde el pie tenía mayor espacio para posarse, íbamos avanzando con lentitud, a causa de la oscuridad. Ya abajo Amalia prendió un cerillo y encendió las velas.

Transcurrieron varios minutos antes de que nos acostumbráramos a la penumbra. Era frío y húmedo el lugar adonde habíamos llegado.

- ¿Dónde está Mario?

Amalia alzó uno de los cirios y dirigió el haz de luz hasta un punto de la pared. Allí habían trabajado recientemente los albañiles. La mezcla que usan aún no acababa de secar.

- Todavía no han escrito su nombre.

Falta el nombre de Mario. Pero en las lápidas de mármol que cubren el resto de la pared están escritor otros nombres: Rodulfo Argüello, Josefa, Estanislao, Abelardo, José Domingo, María. Y fechas. Y oraciones.

- Vámonos ya, niña, es tarde.

Pero antes dejo aquí, junto a la tumba de Mario, la llave del oratorio. Y antes suplico a cada uno de los que duermen bajo su lápida, que sean buenos con Mario. Que lo cuiden, que jueguen con él, que le hagan compañía. Porque ahora que ya conozco el sabor de la soledad no quiero que lo pruebe.


Rosario Castellanos (Mexicana fallecida en Israel, 1925-1974).