Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

martes, 25 de octubre de 2022

Otoño: LAMENTACIÓN DEL GUARDAFRONTERAS, de Li Bai (Li Po)


En la puerta del norte
el viento gime enarenado, solo
desde el principio de los tiempos.
Caen los árboles
la hierba se marchita bajo el otoño.
Subo a la torre
a vigilar el territorio bárbaro:
castillos desolados, firmamento,
vastedad del desierto.
No queda muro en pie en toda la aldea.
Mil heladas blanquearon las osamentas.
Bajo arbustos y hierba se deshacen
los montones de huesos.
¿Quién es el responsable de esta ruina?
¿Quién despertó la cólera imperial
y atrajo a huestes enemigas
con atabales y tambores?
Fueron los reyes bárbaros.
La dulce primavera se transformó
en el otoño ávido y sangriento.
En el Reino Central ardió la guerra.

Somos pasto del tigre los guardianes.


Li Bai también conocido como Li Po (China, 701-762).

(La versión en español es de José Emilio Pacheco basada en la traducción al inglés de Ezra Pound).

sábado, 22 de octubre de 2022

Otoño: BAJO EL YUGO, de Iván Vazov

"... el abad caminó cabizbajo de un lado a otro. Disfrutando de la belleza de este romántico lugar..."

(Fragmento del capítulo XIII: El camino a Silistra)

Tal era el nombre dado a un delicioso prado cubierto de hierba en el valle del monasterio, rodeado de ramificados sauces y altos nogales y olmos, aunque ya era finales de otoño, este dulce y umbrío lugar aún conservaba intacto todo su verdor y frescura, como la isla de Calipso donde reinaba la eterna primavera. se podían ver, al norte de este feliz valle, dos picos de los Montes Balcanes entre los que se extendía la cordillera principal, con sus agudos precipicios y rocas dentadas, debajo de las cuales murmuraba y centelleaba el riachuelo. La fresca brisa de la montaña avivaba suavemente las hojas y acercaba el olor de los Balcanes y el murmullo de los molinos. Al otro lado brillaban los lechos secos y blanquecinos de los torrentes que las inundaciones invernales habían excavado y vaciado. El sol estaba en su punto más alto y sus rayos, atravesando los árboles, llovían sobre la hierba una lluvia de copos temblorosos, redondos y dorados.

Una frescura y una quietud maravillosas reinaban en aquel lugar poético, que sin embargo llevaba un nombre tan prosaico como inexacto. Porque ningún camino, ni a Silistria ni a ninguna otra parte, había atravesado nunca el prado solitario, que anidaba tan graciosamente bajo la inaccesible Stara Planina. No debió su designación a su situación geográfica, sino a una circunstancia totalmente diferente y, por así decirlo, histórica.

(Fragmento del capítulo XX: El fugitivo)

Por la mañana Ognyanov salió hacia el pueblo. Atravesó el pasadizo que lo llevaba fuera del monasterio. En la pradera, bajo un gran almendro frente al monasterio, el abad caminó cabizbajo de un lado a otro. Disfrutando de la belleza de este romántico lugar y embebido por la fragancia de la montaña. El paisaje otoñal tenía un nuevo encanto, las hojas doradas de los árboles, las amarillas y aterciopeladas colinas del horizonte balcánico, y la atmósfera de la dulce y tierna melancólica decadencia...
 
Iván Minchov Vazov (Bulgaria, 1950-1921).

viernes, 21 de octubre de 2022

Otoño: CANCIÓN DE OTOÑO, de Paul Verlaine


Los largos sollozos
De los violines
Del otoño
Hieren mi corazón
Con monótona
Languidez

Todo sofocante
Y pálido, cuando
Suena la hora,
Yo me acuerdo
De los días de antes
Y lloro

Y me voy
Con el viento malvado
Que me lleva
De acá para allá,
Igual que a la
Hoja muerta.

Paul Verlaine (Francia, 1844-1896).

lunes, 17 de octubre de 2022

Otoño: EL JOVEN ARQUÍMEDES, de Aldous Huxley

"... estábamos envueltos en un blanco vapor en donde los olivos color de bruma, que bajaban ante nuestras ventanas, hacia el valle, desaparecían..."

(Fragmento)

Había días de otoño en que todos los valles estaban llenos de neblina y las crestas de los Apeninos emergían, oscuras, de un liso largo blanco. Había días en que esa niebla invadía nuestras alturas y en que estábamos envueltos en un blando vapor en donde los olivos color de bruma, que bajaban ante nuestras ventanas, hacia el valle, desaparecían, fundidos, se diría, en su propia esencia; y las dos únicas cosas firmes y definidas del pequeño mundo vago en que estábamos confinados eran los dos altos cipreses negros que se elevaban sobre una pequeña terraza en saliente a unos cien pies cuesta abajo. Se levantaban negros, agudos y sólidos, gemelas columnas de Hércules en el confín del mundo conocido; y más allá sólo había nubes pálidas y alrededor nebulosos olivares.

Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963).

(Traducido del inglés por Leonor de Acevedo).

domingo, 16 de octubre de 2022

Otoño: DÍA DE OTOÑO, de Rainer María Rilke

"... deambulará por las avenidas inquieto como el rodar de las hojas."

Señor: es hora. Largo fue el verano.
Pon tu sombra en los relojes solares
y suelta a los vientos por las llanuras.

Haz que sazonen los últimos frutos;
concédeles dos días más del sur,
úrgeles a su madurez y mete
en el vino espeso el postrer dulzor.

No hará casa el que ahora no la tiene,
el que ahora está solo lo estará siempre,
velará, leerá, escribirá largas cartas,
y deambulará por las avenidas,
inquieto como el rodar de las hojas.

Rainer María Rilke (Alemán fallecido en Francia, 1797-1856).

sábado, 15 de octubre de 2022

Octubre: EL MAESTRO Y MARGARITA, de Mijaíl Bulgákov

"Eso ocurrió al anochecer, a mediados de octubre, (...) Mi reloj de bolsillo maarcaba las dos de la mañana."

(Fragmento del capítulo 13: La aparición del héroe)


Le dije que tenía miedo de los ladrones y le pedí que lo guardara hasta el día de mi partida. Cogió el dinero, lo guardó en su bolso y me dijo, abrazándome, que le parecía más fácil morirse que abandonarme en aquel estado; pero que la estaban esperando y que no tenía más remedio que marcharse. Prometió venir al día siguiente. Me pidió que no tuviera miedo de nada.

Eso ocurrió al anochecer, a mediados de octubre. Se fue. Me acosté en el sofá y dormí, sin encender la luz. Me despertó la sensación de que el pulpo estaba allí. A duras penas pude dar con la luz. Mi reloj de bolsillo marcaba las dos de la mañana. Me acosté sintiéndome ya mal y desperté enfermo del todo. De pronto me pareció que la oscuridad del otoño iba a romper los cristales, a entrar en la habitación y que yo me moriría como ahogado en tinta. Cuando me levanté era ya un hombre incapaz de dominarse. Di un grito y sentí el deseo de correr para estar con alguien, aunque fuera con el dueño de mi casa. Luchaba conmigo mismo como un demente. Tuve fuerzas para llegar hasta la estufa y encender fuego. Cuando los leños empezaron a crujir y la puertecilla dio varios golpes, me pareció que me sentía algo mejor. 


Mijaíl Bulgákov (Ruso nacido en Ucrania, 1891-1940).

jueves, 13 de octubre de 2022

Octubre: CIUDAD DE LOS ÁNGELES CAIDOS, de Cassandra Clare

"... pero el conde, con sus colmillos falsos y su capa negra, ahora no le hacía ni pizca de gracia..."

(Fragmento del capítulo I: El maestro)
 
Era a mediados de octubre y acababan de instalar la decoración típica de Halloween, entre la que destacaba un tambaleante cartel que rezaba «¡Susto o sopa de remolacha!» y un recortable de cartón que representaba a un vampiro llamado conde Blintzula. En otros tiempos, Simon y Clary habían encontrado de lo más graciosa aquella decoración festiva de baratillo, pero el conde, con sus colmillos falsos y su capa negra, ahora no le hacía ni pizca de gracia a Simon, cuando miró por la ventana. Era una noche gélida y el viento levantaba las hojas que cubrían el suelo de la Segunda Avenida como si fueran puñados de confeti. Se fijó en una chica que pasaba por la calle, una chica con una gabardina ceñida por un cinturón y melena negra agitada por el viento. La gente se volvía a su paso para mirarla. En el pasado, Simon también se quedaba mirando a chicas como aquélla, preguntándose adónde irían o con quién habrían quedado. Nunca era con chicos como él, eso lo sabía con certeza. Excepto que aquélla sí. La campanilla de la puerta del restaurante sonó en el momento en que Isabelle Lightwood hacía su entrada. Sonrió al ver a Simon y se dirigió hacia él, despojándose de la gabardina y doblándola sobre el respaldo de la silla antes de tomar asiento. Debajo de la gabardina lucía lo que Clary calificaría como «uno de los conjuntos típicos de Isabelle»: un vestido corto y ceñido de terciopelo, medias de redecilla y botas altas. En la parte superior de la bota izquierda llevaba un cuchillo escondido que sólo Simon podía ver; pero aun así, todos los presentes en el restaurante se quedaron mirando cómo tomaba asiento y se echaba el pelo hacia atrás. Isabelle llamaba la atención como un espectáculo de fuegos artificiales. La bella Isabelle Lightwood. Cuando Simon la conoció, dio por sentado que una chica como aquélla nunca tendría tiempo para un tipo como él. Y acertó casi del todo. A Isabelle le gustaban los chicos que sus padres desaprobaban, y en su universo eso significaba habitantes del mundo subterráneo: hadas, hombres lobo y vampiros.

Que llevaran los dos últimos meses saliendo le sorprendía, por mucho que su relación se limitase a encuentros puntuales como aquél. Y aun así, no podía evitar preguntar- se si estarían saliendo si él no se hubiese transformado en vampiro, si su vida no se hubiese visto alterada por completo.
 
 
Cassandra Clare: Judith Rumelt (Estadounidense nacida en Irán, 1973). 

jueves, 6 de octubre de 2022

Octubre: POEMA DE OCTUBRE, de Dylan Thomas

"... en el mediodía del verano aunque la villa al fondo se cubriera de hojas por la sangre de octubre."

Cumplía treinta años, mi aniversario despertó hacia el cielo
cuando oí cómo hacía señales la mañana
con la oración del agua y el grito de cornejas y gaviotas
y el roce de las barcas en el muro trenzado por las redes
desde el puerto y los bosques vecinos
y los mejillones en sus charcas y la playa con garzas clericales
para que en un segundo me pusiera de pie
y echara a andar en el pueblo todavía dormido.

Mi cumpleaños empezó con los pájaros acuáticos
y con pájaros de árboles alados que volaban mi nombre
sobre las granjas y los blancos caballos
y yo me levanté en el lluvioso otoño
y eché a andar en el chaparrón de todos mis días,
Era en la pleamar y las garzas buceaban
cuando tomé el camino fronterizo
y aún cerrados los portales del pueblo mientras se iba despertando.

Toda una primavera de alondras en una nube rodante
y las matas a orillas del camino desbordaban de mirlos silbadores
y el sol de octubre a la manera del verano
sobre el hombro del cerro
fueron climas amigos y hubo dulces cantores
que llegaron de pronto en aquella mañana por la que yo vagaba
y escuchaba cómo se escurría la lluvia;
frío, el viento soplaba
en el bosque, muy lejos, a mis pies.

Pálida lluvia sobre el puerto encogido
sobre la iglesia mojada por el mar, tan pequeña
que semejaba un caracol con sus cuernos a través de la niebla
y del castillo pardo como los búhos;
pero todos los jardines de primavera y de verano
florecían en los cuentos fantásticos
detrás de la frontera y abajo de la nube invadida de alondras.
Allí podía yo maravillarme
mi cumpleaños se iba yendo pero el tiempo giraba alrededor.

Girando me apartaba del país jubiloso
bajaba por el aire cambiado y por el cielo alterado de azul
fluía de nuevo una maravilla de verano
con manzanas y peras y grosellas rojas:
y vi tan claro en el rodar del tiempo
aquellas olvidadas mañanas cuando un niño paseaba con su madre
por entre las parábolas del sol
y las leyendas de las verdes capillas

y por los campos de la infancia ya dos veces contados
porque sus lágrimas quemaron mis mejillas y su corazón se conmovió en el mío.
Estos eran los bosques y era el río y el mar
allí donde un muchacho
en el verano atento de los muertos
murmuraba la verdad de su gozo
a los árboles, las piedras y el pez en la marea.
Y el misterio cantó vivo
en el agua y en el gorjeo de los pájaros.

Y allí podía yo maravillarme
mientras mi cumpleaños se alejaba aunque el clima diera vuelta en redondo
y el gozo verdadero del niño muerto hace tanto tiempo
cantaba ardiendo bajo el sol.
Cumplía treinta años hacia el cielo y en el mediodía del verano
aunque la villa al fondo se cubriera de hojas por la sangre de octubre.

Oh la verdad de mi corazón
se cantará todavía
desde esta alta colina a la vuelta de un año.

Dylan Thomas (Inglaterra, 1914-1953).

La ilustración corresponde al otoño en Littondale, Yorkshire Dales, Inglaterra. Fotografía de David Noton.

martes, 4 de octubre de 2022

Octubre: UNA MAÑANA DE MARZO, de Joaquim M. Barrero

"Al acercarse, todavía a lo lejos, una masa de tierra se aproximó: la isla Vasílievsky..."

(Fragmento del capítulo 16)

Era el 4 de octubre. El invierno estaba agazapado pero las nieves no habían acampado aún. Un sol luminoso se esforzaba en esquivar las nubes para garantizar que el acto tuviera calor y color. El barco embocó el delta del río Neva. Al acercarse, todavía a lo lejos, una masa de tierra se aproximó: la isla Vasílievski. Un hormiguero de gente estaba en el muelle, delante de grandes edificaciones de colores. El vapor lanzó un mugido repetido, que fue contestado por las sirenas de otros barcos atracados. En el malecón cientos de personas gesticulantes gritaban y agitaban banderas, manos y pañuelos. El Kooperatsija atracó en medio de exclamaciones de júbilo. Ramiro no entendía aquel tumulto, los cánticos, la charanga, los tambores. ¿Quiénes eran ellos para tal recibimiento? Sólo niños desplazados, aún temerosos y desvalidos. No tenía sentido ese clamor. Pero allí estaba la gente. Y en primera fila, con ramos de flores y bolsitas de caramelos, una hilera de niñas y niños bien alimentados que reían y saludaban felices. La mayoría eran rubios y blancos como ellos, otros con rostros asiáticos y ojos esquinados; todos con camisas blancas y pañuelos rojos al cuello. Los niños evacuados miraban con asombro el espectáculo y luego lo hacían entre ellos extasiados, olvidadas las penas y las añoranzas. Sus padres tuvieron razón al enviarlos allí: habían llegado al mundo feliz prometido. ¿Acaso no era una prueba esa multitud riente y alegre, luciendo cuerpos y ropas limpias con el fondo de los armónicos e impresionantes edificios de piedra y de mármol blanco? ¿Cómo comparar el mísero El Musel de mezquinas casas, allá en España; la gente empobrecida y desesperanzada, sus rostros húmedos y frugales, con el esplendoroso espectáculo de música y alegría que se abría a sus ojos?

Joaquín M. Barrero (España, 1939).

lunes, 3 de octubre de 2022

Octubre: BOCETO EN OCTUBRE, de Tomas Tranströmer


El remolcador, pecoso de herrumbre. ¿Qué hace tierra adentro?
Es una pesada lámpara, apagada en el frío.
Pero los árboles tienen colores salvajes. ¡Señales hacia la otra costa!
Como si algunos pidieran que los recojan.

Camino a casa veo los hongos surgir en la granilla.
Son dedos que piden ayuda, dedos de uno
que para sí mismo sollozó largo tiempo, en la oscuridad de abajo.
Pertenecemos a la Tierra.


Tomas Tranströmmer (Suecia, 1931-2015).
Obtuvo el premio Nobel en 2011.

(Traducido del sueco por Roberto Mascaró).

domingo, 2 de octubre de 2022

Octubre: LOS TRES PENIQUES NEGROS, de Joseph Hergesheimer

"Una bandada de gansos salvajes volaba a poca altura sobre las colinas, en el sereno anochecer ceniciento."

(Fragmento inicial)

Un crepúsculo de polvo azul cayó en una hondonada de las colinas cubiertas de espeso arbolado. Era a primeros de octubre, pero la escarcha había estampado ya en los arces marcas de oro, los robles tenían manchas de rojo vinoso, el zumaque brillaba en la oscura maleza. Una bandada de gansos salvajes volaba a poca altura sobre las colinas, en el sereno anochecer ceniciento. Howat Penny, de pie en un claro del camino, decidió que los patos no se acercarían bastante para tirarles. No tenía ganas de cazar. Con la caída del sol su entusiasmo se había evaporado; volvió la indiferencia habitual. Dejó caer la culata del arma al suelo. Luego la levantó de nuevo, examinando el martillo; El pedernal estaba suelto, insatisfactorio. Había una probabi- lidad de que fallara el disparo.

Joseph Hergesheimer (Estados Unidos, 1880-1954).

sábado, 1 de octubre de 2022

Octubre: LANGUIDEZ, de Alfonsina Storni

"Me he tendido en la hamaca, muy cerca de la puerta, un poco amodorrada."

Está naciendo octubre
con sus mañanas claras.

He dejado mi alcoba
envuelta en telas claras,
anudado el cabello
al descuido; mis plantas
libres, desnudas, juegan.

Me he tendido en la hamaca,
muy cerca de la puerta,
un poco amodorrada.
El sol que está subiendo
ha encontrado mis plantas
y las tiñe de oro...

Perezosa, mi alma
ha sentido que, lento,
el sol subiendo estaba
por mis pies y tobillos
así como buscándola.

Yo sonrío: este bueno
de sol no ha de encontrarla,
pues yo, que soy su dueña,
no sé por donde anda:
cazadora, ella parte
y trae, azul, la caza...

Un niño viene ahora,
la cabeza dorada...

Se ha sentado a mi lado,
cerrada la palabra;
como yo el cielo mira,
como yo, sin ver nada.
Me acaricia los dedos
de los pies, con la blanca
mano; por los tobillos
las yemas delicadas
de sus dedos desliza...
Por fin, sobre mis plantas
ha puesto su mejilla,
de flor recién regada.*

Cae el sol dulcemente,
oigo voces lejanas,
está el cielo muy lejos...

Yo sigo amodorrada
con la rubia cabeza
muerta sobre mis plantas.

... Un pájaro... la arteria
que por su cuello pasa...

Alfonsina Storni (Argentina nacida en Suiza, (1892-1938).

* En su versión original, publicada en el poemario titulado Languidez, en lugar de "flor recién regada" decía:
Y en la fría pizarra
Del piso el cuerpo tiende
Con infinita gracia.
Así es como fue publicada por la Cooperativa Editorial Buenos Aires, en 1920.

lunes, 26 de septiembre de 2022

Equinoccio: NINFOLEPSIA, de William Faulkner

"... para ver como ella, chorreando, ascendía oscilante por la orilla."

(Fragmento)

El agua turbia chocaba contra su boca tratando de entrar en ella, y la luz del día aprisionada bajo el arroyo saltó de nuevo sobre la superficie en forma de ondas. Relucientes planos de luz incidían y quebraban la superficie, y se alejaban de él; y, pisoteando agua, sintiendo los zapatos empapados lo mismo que el pesado mono de trabajo, percibiendo el pelo pegado a su cara, para ver cómo ella, chorreando, ascendía oscilante por la orilla.

Avanzó agitando el agua, persiguiéndola. Parecía nunca alcanzar la orilla opuesta. Sus ropas empapadas, se pegaban a él como sirenas inoportunas, como mujeres; hasta ver el agua quebrada de su empeño coronada de estrellas. Al fin pudo alcanzar la sombra de los sauces y sintió bajo su mano la tierra húmeda y resbaladiza. Aquí y allá, raíces y ramas. Se incorporó con el agua escurriendo de su ropa, sentía que ésta se volvía primero liviana y después pesada. Sus zapatos avanzaban aplastándose dóciles pero la indumentaria anodina, adherida a la piel, obstaculizaba su carrera. Podía ver cómo su cuerpo, fantasmal en el crepúsculo sin luna, ascendía por la colina. Y corrió, maldiciendo, el agua todavía chorreando de su pelo, con un lamento húmedo de ropas y zapatos, maldiciendo esa suerte y su destino. Creyó que podría desenvolverse mejor sin los zapatos, y mientras seguía mirando la apagada llama de la mujer que corría, se los quitó y prosiguió la marcha tras ella. La ropa mojada le pesaba como plomo; jadeaba cuando alcanzó la cima de la colina. Y allí estaba ella, en un campo de trigo, bajo la ascendente luna llena del equinoccio de otoño, como un barco en un mar de plata.

William Faulkner (Estados Unidos, 1897-1962).
Obtuvo el premio Nobel en 1949.

domingo, 25 de septiembre de 2022

Equinoccio: EQUINOCCIO DE OTOÑO, de Lucian Blaga

"... vamos a gritar a las grullas para que vayan y retumben su estruendo de redención cuando vuelan..."

(Fragmento)

Cedidos al destino,
extraños para nosotros mismos, cargando en los hombros una patria-
un cuerpo muerto,
es verdad que lo hemos visto muchas veces,
poderes alados viajando entre las nubes
cegados por un lejano objetivo
atravesando encrucijadas en el aire –como una flecha,
aunque allá abajo no alcanzan el aleteo
de una señal o sus noticias.
Todavía iremos a las cumbres y subiremos gritando,
vamos a gritar a las grullas para que vayan
y retumben su estruendo de redención
cuando vuelan rumbo a esa orilla por encima de todos los seres.

En la balanza y en el desgarro
de esta hora que nos rodea
ven, la profundidad oscura, el rumor que nos ahoga
abandonémoslos bajo nosotros y desde la última colina,
imaginando con signos en los vientos de libertad,
gritemos en pos del triángulo viajero. 

Lucian Blaga (Rumania, 1895-1961).

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Equinoccio: DISFRUTA DE LA LUNA A MEDIADOS DE OTOÑO, de Li Pin


El equinoccio de otoño se detiene esta noche,
la luna es brillante.
Aparece desde el mar azul profundo,
caminando por un lugar distante.
El cielo está limpio,
todos los monstruos desean no ser vistos.
La escena no se puede comparar,
pero se detendrá cuando cante el gallo.

(Versión en inglés:
Enjoy the Moon in Mid-Autumn
Autumn Equinox stops tonight,
The moon is bright.
It appears from the deep blue sea,
Walking through the distant place.
The sky is clean,
All monsters wish not to be seen.
The scene cannot be compared,
But will stop by the cock crow).

Li Pin (China, 818-876).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

martes, 20 de septiembre de 2022

Equinoccio: EL SUEÑO DEL APOSENTO ROJO, de Tao Hsue Kin (crónica de Jorge Luis Borges)


Tao Hsue Kin: El sueño del aposento rojo*

(Fragmento) 

El primer capítulo cuenta la historia de una piedra de  origen celestial, destinada a soldar una avería del firmamento  y que no logra ejecutar su divina misión; el segundo narra  que el héroe de la obra ha nacido con una lámina de jade  bajo la lengua; el tercero nos hace conocer al héroe, «cuyo  rostro era claro como la luna durante el equinoccio de otoño,  cuya tez era fresca como las flores mojadas de rocío, cuyas  cejas parecían el trabajo del pincel y la tinta, cuyos ojos  estaban serios hasta cuando sonreía la boca». Después, la  novela prosigue de una manera un tanto irresponsable o  insípida; los personajes secundarios pululan y no sabemos  bien cuál es cuál. Estamos como perdidos en una casa de  muchos patios. Así llegamos al capítulo quinto,  inesperadamente mágico, y al sexto, «donde el héroe ensaya  por primera vez el juego de las nubes y de la lluvia». Esos  capítulos nos dan la certidumbre de un gran escritor. La  corrobora el décimo capítulo, no indigno de Edgar Allan Poe o de Franz Kafka, «donde Kia Yui mira para su mal el lado  prohibido del Espejo de Viento y Luna».

Crónica de Jorge Luis Borges publicada el 19 de noviembre de 1937.

* También traducido al español como Sueño en el pabellón rojo.

lunes, 19 de septiembre de 2022

Equinoccio: LA HISTORIA DE GENJI, de Murasaki Shikibu

"No se preocupen, (...) Por más que estemos en el noveno mes, tengo entendido que mañana es el equinoccio."

(Fragmento del capítulo 50)

Puerta corrediza

Se oyeron los sonidos de los guardianes que abrían la puerta y se marchaban. Cuando oyó que los demás hombres entraban y se tendían, pidió que acercaran su carruaje a las puertas dobles. Entonces tomó en brazos a la muchacha y la subió al vehículo. Sus damas de honor estaban horrorizadas. ¡Aquello era demasiado repentino!

- Pero, mi señor -protestaron-, ¡es el noveno mes!* ¡Eso no está bien! ¿Qué está haciendo?

La monja Ben no había previsto que él pudiera comportarse así, y se sentía muy ofendida, pero hizo lo que pudo por tranquilizar a las mujeres.

- Es evidente que su señoría tiene sus propios planes -les dijo-. No se preocupen, por favor. Por más que estemos en el noveno mes, tengo entendido que mañana es el equinoccio -era el decimotercer día del mes.

- Ahora no puedo ir contigo -le dijo ella-. La princesa podría enterarse de que he estado en la Ciudad, y sería una extremada falta de tacto por mi parte que regresara sin decírselo.

- Preferiría que te disculparas más tarde -insistió el comandante, azorado al pensar que alguien pudiera informar tan pronto a la princesa-. Además, necesitaré tu ayuda cuando estemos allí. ¿Me hará también alguien más el favor de venir? -añadió.

La monja subió al carruaje con Jijû, que tenía una intimidad especial con su señora. El aya, la muchacha paje que había ido con Ben y las demás se quedaron atrás, llenas de asombro.

Ben supuso que no irían muy lejos, pero resultó que se dirigían a Uji. El comandante había convenido un cambio de bueyes a mitad del camino. Al amanecer abandonaron la orilla del río Kamo y llegaron al Hôshôji. Ahora que, a la luz del amanecer, Jijû distinguía mejor al comandante, el necesario decoro no impidió que le mirase sin recato, pasmada de admiración.

En cuanto a la joven, yacía de bruces, aturdida por la conmoción del inesperado viaje.


Murasaki Shikibu (Japón, siglo XI. Probablemente 978-1014).

* Según la tradición, se le consideraba un mes adverso para contraer matrimonio.

sábado, 17 de septiembre de 2022

Septiembre: LOLITA, UNA LECTURA PROHIBIDA

"... hasta que por fin la editorial francesa Olympia Press (...) se animara a ofrecerla a la venta al público en septiembre de 1955."

Cuando Vladimir Nabokov envió el manuscrito de Lolita a diferentes empresas editoriales en Estados Unidos, fue rechazado en principio por Viking, en tanto que Simon & Schuster la calificó como "pura pornografía", además de que fue rechazada en otras tres ocasiones, hasta que por fin la editorial francesa Olympia Press, especializada en publicar las obras en inglés que la censura rechazaba -tal había sido el caso de Trópico de Cáncer, de Henry Miller y de otros autores como Lawrence Durrell y Samuel Beckett-, se animara a ofrecerla a la venta al público en septiembre de 1955.

Quién se iba a imaginar que casi setenta años después, tal y como reflexiona el protagonista de mi novela En el nombre de Bogart, "Paradoja soñada por Zaratustra, lo que en su momento fue un acto de liberación da un giro de ciento ochenta grados para imponer el recato neoconservador de la corrección política: el eterno retorno", ese mismo fantasma que revive para condenar -otra vez igual que entonces- la supuesta vocación perversa de su pedofilia.
Jules Etienne 

martes, 13 de septiembre de 2022

Septiembre: EL CEMENTERIO DE PRAGA, de Umberto Eco

"... al cabo de poco más de un mes, la Comédie-Francaise obtuvo el permiso de dar representaciones para sostener a las familias de los caídos..."

(Fragmento del capítulo 17: Los días de la comuna)

Hasta los días del asedio, en París se seguía viviendo alegremente. En septiembre se decidió el cierre de todas las salas de espectáculos, tanto para acompañar en el drama de los soldados en el frente como para poder mandar a ese mismo frente a los bomberos de servicio, pero al cabo de poco más de un mes, la Comédie-Française obtuvo el permiso de dar representaciones para sostener a las familias de los caídos, aun en condiciones de economía, sin calefacción y con velas en lugar de luces de gas; luego volvieron a empezar algunas funciones en el Ambigu, en el Porte Saint-Martin, en el Châtelet y en el Athénée.

Los días difíciles empezaron en septiembre con la tragedia de Sedan. Con Napoleón prisionero del enemigo, el Imperio se derrumbaba, Francia entera entraba en un estado de agitación casi (todavía casi) revolucionaria. Se proclamaba la República, pero en las mismas filas republicanas, por lo que yo llegaba a entender, se agitaban dos almas: una quería sacar de la derrota la ocasión para una revolución social, la otra estaba dispuesta a firmar la paz con los prusianos con tal de no ceder a esas reformas que -se decía- desembocarían en una forma de comunismo puro y simple.

A mediados de septiembre, los prusianos habían llegado a las puertas de París, habían ocupado los fuertes que habrían debido defenderla y bombardeaban la ciudad. Seguirían cinco meses de asedio durísimo durante los cuales el hambre se convertiría en el gran enemigo.

De las intrigas políticas, de los desfiles que recorrían la ciudad en varios puntos, entendía poco y aún menos me importaba, pues consideraba que en momentos como aquéllos era mejor no callejear demasiado. Ahora bien, la comida, eso era asunto mío, y me mantenía informado diariamente con los tenderos de mi barrio para entender qué nos esperaba. Al recorrer los jardines públicos como el de Luxemburgo, al principio parecía que la ciudad vivía en medio del ganado, pues se habían concentrado ovinos y bovinos dentro del perímetro urbano. Sin embargo, ya en octubre decían que no quedaban más de veinticinco mil bueyes y cien mil carneros, que no era nada para alimentar a una metrópolis.

Umberto Eco (Italia, 1932-2016).

(Traducido al español por Helena Lozano Miralles).
La ilustración corresponde al teatro de la Comedia Francesa de París, en el siglo XIX.

lunes, 12 de septiembre de 2022

Septiembre: OJO OSCURO EN SEPTIEMBRE, de Paul Celan

"... la ebria manzana, bronceada por el aliento de un proverbio perverso..."

Tiempo: celada de piedra. Y más copiosos se derraman
los bucles del dolor en torno al rostro de la tierra,
la ebria manzana, bronceada por el aliento
de un proverbio perverso: precioso y reacio al juego,
al que se libran en el maligno
reflejo de su futuro.
Por segunda vez florece el castaño:
un signo de la míseramente encendida
esperanza del pronto
retorno de Orion: de los ciegos
amigos del cielo el fervor de claras estrellas
lo llama a la altura.
No celado a las puertas del sueño
combate un ojo solitario.
Lo que a diario sucede,
le basta saber:
en la ventana oriental
se le aparece de noche la enjuta
figura andante del sentimiento.
En la humedad de su ojo hundes tú la espada.


Paul Celan: Paul Pésaj Antschel
(Poeta rumano en lengua alemana, nacido en Ucrania y fallecido en Francia, 1920-1970).