Luz del verano sobre la bahía en Vancouver. (Fotografía de Jules Etienne).

jueves, 22 de julio de 2010

Rafael Alberti y el cónsul de España en Tampico


Un ensayo en el cual se explora la obra literaria de María Teresa León y que lleva por título Los espacios de la memoria, aborda el fatídico episodio que sufrieron en Tampico. Su autor, Gregorio Torres Nebrera, lo describe de la siguiente manera:

"Recuerdos de la estancia mexicana reverdecen en la prosa del matrimonio Alberti. María Teresa cuenta la memorable tarde en que tuvo que actuar de moderadora en un apasionadísimo debate sobre pintura entre los muralistas Rivera y Siqueiros, y los radicales partidarios de uno y de otro. Pero también hubo algún momento desagradable, aunque excepcional, como lo ha comentado Rafael en la segunda parte de su Arboleda perdida (página 54). Fue en Tampico y por parte del cónsul español en aquella ciudad, que intentó boicotear la presencia de los Alberti porque eran «las hordas de la antipatria». Rafael rebatió el agravio con la sátira de sus versos, aunque «la venganza del cónsul español de Tampico fue para nosotros indudablemente inesperada»: propiciar la casi total prohibición de entrada o dificultar enormemente las estancias de los dos «antipatriotas» en varios de los países del periplo."

El propio Alberti consigna el incidente: "A la llegada, en el aeródromo, nos recibieron las delegaciones obreras, con música, banderas, estandartes y franjas de salutación. Desde el alcalde, que era un obrero, hasta el jefe de policía, salió todo el mundo a recibirnos. Pero, ya en el hotel, nos advirtieron de la campaña que estaba haciendo contra nosotros el cónsul de España en Tampico...", quien los señalaba como «enviados de Moscú» y logró su objetivo de inquietar a la población: "Los padres de familia se hicieron eco de esta campaña y la ciudad se llenó de letreros pidiendo al gobierno nuestra expulsión del país. Las tres primeras conferencias dadas en un teatro contratado anticipadamente fueron un verdadero fracaso."

Este es el soneto en tono satírico que dedicaba Alberti al cónsul español:

AL MISMO EXCREMENTÍSIMO Y ALCAYATA
SEÑOR DON LUIS DE ORDUÑA Y DEL MORAL
 
RETRATÁNDOSE DE CABALLERO DE LA ORDEN
DEL SANTO SEPULCRO EN LA CIUDAD MEXICANA
DE TAMPICO
 
Tampico entero sabe que respinga
su Excremencia por ser un caballero
y que un pintor, o que un sepulturero,
de sepulcro pintándole, le chinga.
 
Tal hedor, Excremencia, nos jeringa.
Más siendo al fin sepulcro o basurero,
no nos jeringue el aire con su cuero
que tiene ya podrido hasta la minga.
 
Váyase a un muladar, don Excremencia,
a una fosa podrida, a un excusado,
más con su desobediencia y ascendencia.
 
No vaya solo, vaya acompañado,
para que la espontánea concurrencia
le deje así entre mierda sepultado.
 
El pasaje aquí consignado fue una de las primeras experiencias que vivieron Rafael Alberti y María Teresa León durante su prolongado exilio. Su visita a Tampico -mi ciudad natal-, tuvo lugar en el año de 1935.
 
  Jules Etienne 

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