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lunes, 30 de junio de 2014

Espejos (60): CARLOS FUENTES ANTE EL ESPEJO, de Enrique Díaz Álvarez


El espejo como símbolo de identidad en la obra de Carlos Fuentes
 
(Fragmento)

Los espejos y el reflejo han sido constantemente empleados de forma simbólica en la historia de la literatura universal; desde el mito de Narciso hasta El retrato de Dorian Gray, el espejo como objeto y protagonista ha cambiado la atmósfera de un espacio, de una historia, de una hoja. Más allá de una lámina azogada que sirve para reflejar lo que se presenta ante ella, el espejo en Fuentes es un soporte simbólico de nuestra búsqueda de identidad, que consciente o inconscientemente, ha inundado sus historias. Entre líneas Fuentes usa al espejo para decirnos siempre algo más. En varias de las novelas escritas por el autor de Aura es interesante jugar con el símil de la imagen del espejo y su significante. La presencia de este objeto en su obra es permanente, obsesiva y misteriosa. En La región más transparente aparece treinta y cuatro veces la palabra espejo, en La muerte de Artemio Cruz veintiocho, en La frontera de cristal quince y en Los años con Laura Díaz la cantidad de sesenta y siete. Simplemente recordemos que la historia de México es el Espejo enterrado. Es evidente que en la obra de Fuentes desde La región más transparente hasta Los años con Laura Díaz, el espejo y su reflejo resulta un protagonista más de sus historias. En una entrevista Marie-Lise Gazarian, intrigada por esta obsesión, cuestionaría a Fuentes sobre la importancia y prevalencia del espejo como concepto del doble o del gemelo en la mayoría de sus novelas, a lo que el autor mexicano respondió:
 
Es mucho más que el concepto del doble o del gemelo, pues me preocupa mucho el problema de la identidad, que proviene del hecho de que soy latinoamericano, mexicano y un hombre del tercer mundo, y la identidad está en el centro de nuestras preocupaciones. No tenemos una identidad que podamos asumir fácilmente, a diferencia de un francés, un inglés o incluso de un ciudadano norteamericano ( ... ) Estamos intentando moldear nuestra identidad para descubrirla y esto a veces conduce a una profunda esquizofrenia y genera impulsos de duplicarse o de mirarnos en un mundo de espejos. Creo que también proviene de una doble tradición, la tradición de la cosmología y la civilización indígena y la gran tradición de la literatura española con su idea de preguntarse si la vida es un sueño, o si el sueño es la vida, como aparece en Calderón de la Barca, por ejemplo. Quetzalcóatl se creyó siempre un dios hasta que un demonio llegó con un espejo y le mostró que tenía un rostro, "!Entonces no soy un dios! Tengo cara como los hombres", se dijo y huyó de México, prometiendo volver. El exilio de Quetzalcóatl es un mito que refleja como en un espejo la historia de México, ya que el dios descubre que es un ser humano. La mayoría de nuestra historia emana de este descubrimiento, de este problemático descubrimiento.
 
En su Tiempo mexicano, Carlos Fuentes narra otra anécdota significativa; cuando los soldados zapatistas ocuparon las mansiones de la aristocracia porfiriana en la ciudad de México:
 
… les fascinaron los espejos de estas residencias, los enormes espejos con no menos gigantescos marcos de oro, repujados, decorados con acanto y terminados en cuatro grifos áureos. Los guerrilleros de Zapata, con asombro y risa, se acercaban y alejaban de estas fijas y heladas lagunas de azogue en las que, por primera vez en sus vidas, veían sus propias caras. Quizá sólo por esto la revolución había valido la pena: les había ofrecido un rostro, una identidad. Mira: soy yo. Mírate: eres tú. Mira: somos nosotros.
 
¿Cuándo nació el primer mexicano? Por qué no decir que fue con la Revolución, ahí, frente al espejo, cuando ese primer hombre se atrevió a ser él mismo y ocupó su espacio en el tiempo; entre la sorpresa y el júbilo tiraron la máscara. Pudieron reconocerse desde el otro lado y encontrarse ahí mismo en una mansión de Polanco o en el Sanboms de los azulejos. No será que heredamos la fascinación ante el espejo de nuestros antepasados prehispánicos. ¿Cuál es el precio justo por reconocerse? Identidad en el reflejo. Múltiples ojos en igual número de espejos.
 
 
Enrique Díaz Álvarez (México, 1976)
 
Publicado originalmente en el número 33 de la revista Estudios Políticos de la UNAM, mayo-agosto de 2003.

La ilustración corresponde a la casa de los hermanos Serdán en Puebla, hoy convertida en museo: el espejo muestra las huellas de las balas del primer estallido de la revolución mexicana el 18 de noviembre de 1910.

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