Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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viernes, 11 de agosto de 2023

Tampico: DECIR ADIÓS ES MORIR UN POCO (páginas 156 y 157)

"Una canadiense errabunda que encalló en la playa de Miramar. De manera por demás simbólica, se enamoró de un hombre que llevaba el lugar en su apellido: Mar."

(Fragmento del capítulo XV: Las sucias conciencias)

Hacinados en un vagón del metro, zarandeados en cada estación al detenerse y reanudar la marcha, adviertes como aquí se condensa y trivializa la condición estoica de los mexicanos. No en vano Quetzalcóatl proclamaba el autosacrificio voluntario como la más alta expresión de la vida. En cada mexicano pervive, inconsciente, un fragmento de fatalidad histórica. Somos Cuauhtémoc luchando contra el invasor a pesar de que las profecías divinas ya habían determinado su derrota. Somos Santa Anna, vencido y postrado en la Casa Blanca ante el presidente Jackson. Somos Ernesto Zedillo mendigando la ayuda financiera del exterior para superar una crisis, consecuencia de su ineptitud. Celebramos la adversidad porque nos permite enfrentarnos a ella en condiciones de desventaja. Un ejemplo viviente se tambalea frente a ti: un trovador urbano, arrancado al desierto potosino o a la miserable sierra mixteca, en un alarde de equilibrio mantiene su canto mal pagado a pesar de los empellones y los vaivenes del vagón.

"De diario me estás mirando, de diario me miras pobre. Sol que tú eres tan parejo para repartir tu luz, habrías de enseñarle al amo a ser lo mismo que tú". La historia nacional está repleta de heroicidades en batallas perdidas: abundancia de mártires o niños héroes y apenas un cinco de mayo. Tres siglos de saqueo colonial que desembocan en la dictadura de Don Porfirio y la rapiña perversa de nuestro villano predilecto: Salinas de Gortari. Aún seguimos expiando el pecado original de La Malinche, la madre de nuestro mestizaje. Si bien, en tu caso, tanta divagación no se justifica puesto que tu madre ni siquiera es mexicana. Una canadiense errabunda que encalló en la playa de Miramar. De manera por demás simbólica, se enamoró de un hombre que llevaba el lugar en su apellido: Mar. "Dicen que al agua salada tiene varias seducciones, la cosa está comprobada. La cosa está comprobada que mantiene a tiburones y a la sirena encantada." Ella siempre deseó que fueras abogado para honrar entonces el suyo, su last name, Law, que significa ley. Pero cuando estudiabas el segundo año de Derecho te tropezaste con el oficio. Empezaste como aprendiz de reportero y lo dejaste todo, tu familia, la carrera, el puerto, para emigrar a esta ciudad. El ombligo del pedazo de mundo que se extiende del Usumacinta al Bravo. "Qué lejos estoy del pueblo donde he nacido..."
 
Jules Etienne
 
La ilustración corresponde al amanecer en la playa de Miramar en Tampico.
La fotografía es propiedad del Patronato Playa Miramar, A.C..

domingo, 6 de mayo de 2018

Cinco de mayo: MI BISABUELO CONTRA LOS FRANCESES, de Jorge Ibargüengoitia


(Fragmento final)

Dos recortes de periódico anuncian la llegada de mi bisabuelo, con una mala suerte notable, el día 6, un día después de la batalla. Dicen así: "En los momentos en que el general Zaragoza ponía el anterior telegrama, llegó a Puebla el general don Tomás O'Horan al frente de la brigada con que había batido en Atlixco a don Leonardo Márquez y pocas horas después llegó el general don Florencio Antillón con la brigada de Guanajuato, quedando así notablemente aumentadas las fuerzas que han de operar contra los franceses".
 
Esto desmiente la teoría que dice que la batalla del 5 de mayo la perdieron los franceses por la impuntualidad de un mexicano: Márquez, que según parece había quedado de encontrar a los franceses con no sé cuántos miles de hombres, y que no llegó, pero no por impuntualidad como aseguraba Anfossi en su libro de texto, sino porque O'Horan lo había derrotado.
 
La mala suerte de mi bisabuelo siguió vigente, pues además de perderse de la victoria por un pelo, le tocó la derrota en todo su esplendor.Sigo citando: "Desde esa fecha quedó incorporado al Ejército de Oriente, y desde fines del ataque de Orizaba formó su cuartel en Acatzingo, y recibiendo órdenes como División de Observación de retirarse a Puebla a la vista del enemigo, cuando éste avanzase, así lo ejecutó hasta dar principio a las operaciones de la plaza el 16 de marzo (1863)."
 
"1863. En ella y durante el sitio, que duró sesenta días, cubrió varias líneas, siendo la principal San Javier Santa Anita y la Merced. Rendida la plaza el 17 de mayo (1863) y prisionero de guerra sin compromiso alguno, logró fugarse de la casa que los generales tenían como prisión, y presentarse al Supremo Gobierno en México, para continuar la guerra contra la Invasión...
 
"La rendición, parece, fue como se hacían entonces las cosas: todos en camisa, despeinados, después de quemar el último cartucho, rompieron los fusiles, enterraron las bayonetas, hicieron explotar las piezas de artillería, se pusieron en fila y se cruzaron de brazos hasta que llegaron los franceses.
 
Todo esto parece demostrar que la batalla del 5 de mayo primero, y el sitio de Puebla después, lograron retrasar un año el desarrollo de la Invasión y quizá determinaron así el resultado de la guerra.Los documentos de mi bisabuelo cuentan, entre otras cosas, que después de muchos trabajos logró tomar Guanajuato y después estuvo a las órdenes de Escobedo en la toma de Querétaro, pero eso ya es harina de otro costal.
 
 
 
Jorge Ibargüengoitia (México, 1928-1983).

La ilustración corresponde a la placa conmemorativa de Jorge Ibargüengoitia Antillón, en el parque que lleva el nombre de su bisabuelo, Florencio Antillón, en la ciudad de Guanajuato.