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Vancouver: una primavera deshabitada

viernes, 31 de mayo de 2019

Tu boca: TORMENTO, de Benito Pérez Galdós

"Tu boca preciosa, ¿qué me dijo? ¿No lo recuerdas? Yo sí. ¿Para qué lo dijiste?"

(Fragmento del capítulo XXVIII)

- ¡Oh!, pobre Tormento -exclamó él con honda amargura-. Si eso pudiera ser tan fácilmente como lo dices... Has dicho que no soy un perverso. ¡Qué equivocada estás! Allá en aquellas soledades, varias veces estuve tentado de ahorcarme de un árbol, como Judas, porque yo también he vendido a Cristo. A veces me desprecio tanto que digo: «¿no habrá un cualquiera, un desconocido, un transeúnte que, al pasar junto a mí, me abofetee?». Y te hablaré con franqueza. Mientras fui hipócrita y religioso histrión y no tuve ni pizca de fe. Después que arrojé la careta, creo más en Dios, porque mi conciencia alborotada me lo revela más que mi conciencia pacífica. Antes predicaba sobre el Infierno sin creer en él; ahora que no lo nombro, me parece que si no existe, Dios tiene que hacerlo expresamente para mí. No, no, yo no soy bueno. Tú no me conoces bien. ¿Y qué me pides ahora? Que te deje en paz... ¿Para qué me mirabas cuando me mirabas?

Ante esta pregunta, el espanto de la medrosa subió un punto más. Las cosas que por su mente pasaron habríanle producido una muerte fulminante si el cerebro humano no estuviera construido a prueba de explosiones, como el corazón a prueba de remordimientos.

«¿Para qué me miraste? -repitió el bruto con la energía de la pasión, sostenida por la lógica-. Tu boca preciosa, ¿qué me dijo? ¿No lo recuerdas? Yo sí. ¿Para qué lo dijiste?».

Ante esta lógica de hachazo, la mujer sin arranque sucumbía.

«Las cosas que yo oí no se oyen sin desquiciamiento del alma. Y ahora, ¿lo que tú desquiciaste quieres que yo lo vuelva a poner como estaba?...».


Benito Pérez Galdós (España, 1843-1920). 

jueves, 30 de mayo de 2019

Tu boca: OTRO ABANICO DE MME. MALLARMÉ, de Stéphane Mallarmé


Oh soñadora: para que yo me sumerja
en la pura delicia sin camino,
sabe, por una sutil mentira,

guardar mi ala en tu mano.

Una frescura de crepúsculo
te llega a cada compás,
cuyo golpe prisionero hace retroceder
el horizonte delicadamente.

¡Vértigo! He aquí que se estremece
el espacio como un gran beso
que, loco de nacer para nadie
ni estalla al fin ni se apacigua.

¿Sientes el paraíso feroz,
lo mismo que una risa enterrada,
fluir del ángulo de tu boca
al fondo el pliegue unánime?

El cetro de las riberas rosas

estancado sobre las tardes de oro, éste lo es,
este blanco vuelo cerrado que tú dejas posarse
contra el fuego de un brazalete.


Stéphane Mallarmé (Francia, 1842-1898).

(Traducido del francés por Alfonso Reyes).

miércoles, 29 de mayo de 2019

Tu boca: EL BESO DE LA MUERTE (El inexorable), de Carmen Sylva

"... un horrible esqueleto le sonreía, casi la aplastaba con sus brazos huesudos y la cabeza de la muerte la besó."

(Fragmento)

Cuando nada más podía verse sino árboles desnudos, hierba descolorida y flores marchitas, levantó su guadaña y miró con tristeza alrededor del valle, como si esperara que todo floreciera de nuevo. Pero la tierra permaneció cruda y muerta, así que regresó una vez más al mar. Éste iba y venía entre sus mareas eternas, tan indiferente como siempre. Pero él se puso de pie, miró hacia abajo y no permaneció indiferente. Pensó en la doncella a la que había herido, y su anhelo era tan grande como el océano a sus pies. Y ese anhelo lo transfiguró en una belleza maravillosa. Entonces fue visto por una pálida doncella con el cabello descuidado y la ropa desgarrada, que cayó a sus pies; pero él estaba aterrorizado ante ella, y dio un paso atrás.

- ¿Ya no me conoces? -preguntó la doncella-. Tú solías conocerme bien y sabías que yo perecería por el anhelo de ti. Soy la desesperación ¿Has olvidado que prometiste besarme? Darme sólo un beso sería la felicidad para siempre.

Los ojos del joven se oscurecieron como la noche y su voz sonaba severa cuando dijo:

- ¿Y te atreves a hablar de felicidad? ¿Sabes lo que es la felicidad? ¡Si te acercas a mí, sólo una vez, puedes ser convertida en piedra.

- Si yo tuviera que ser convertida en piedra... sin embargo, imploro un beso de tu boca.

El joven se estremeció y pensó en los labios que lo habían tocado y le enseñaron a sonreír, y al pensar en ellos sonrió. Cuando la doncella que yacía a sus pies vio esto, arrojó los brazos sobre su cuello y puso la cabeza en su pecho. Ella no alcanzó a ver la aversión y el odio que brillaba en sus ojos, pues en ese momento un horrible esqueleto le sonreía, casi la aplastaba con sus brazos huesudos y la cabeza de la muerte la besó.

Entonces la tierra tembló y se abrió. Las ciudades desaparecieron, el fuego se extendió desde las montañas, los bosques fueron arrancados de sus raíces, las rocas volaron por el aire, el cielo se incendió y el mar inundó la tierra. Cuando todo estuvo de nuevo en calma, la desesperación elevó por encima de las aguas una imagen de piedra. La muerte se precipitó como el viento de la tormenta para perseguir esa nube rosada bajo su disfraz.

Carmen Sylva: Pauline Elisabeth Ottilie Luise de Wied, reina de Rumania.
(Nació en Alemania en 1843 y falleció en Rumania en 1916).

(Traducido del alemán por Helen Zimmern).

martes, 28 de mayo de 2019

Tu boca: A UNA MUJER, de Pedro María Barrera

"... el piélago crucé de tus antojos, buscando flores y encontrando abrojos en tu infecundo corazón de roca."

Miel eran las palabras de tu boca
y celos adorables tus enojos,
y las miradas de tus negros ojos
relámpagos de un alma de amor loca.

Con ansia mucha, con prudencia poca
el piélago crucé de tus antojos,
buscando flores y encontrando abrojos
en tu infecundo corazón de roca.

Que nunca me ofendiste ni me ofendes
propalas sin pudor, mujer impía,
y mi silencio por desprecio vendes.

¡Despreciarte! Ninguno lo diría;
pero lo dices tú, porque comprendes
que yo, con mi desprecio, te honraría.


Pedro María Barrera (España, 1842-1897).

lunes, 27 de mayo de 2019

Tu boca: UNA HIJA DE HETH, de William Black

"... un carruaje la estaba esperando. Un sirviente le abrió la puerta. Se subió y tomó asiento..."

(Fragmento del capítulo XVII)

Encogió los hombros y se río de una manera hueca; parecía que ya no necesitaba más brandy.

- Adiós, entonces, por el momento. Esta breve conversación contigo, Harry, ha sido deliciosa, me recordó uno de esos días de los viejos tiempos, pero no te atrevas a ponerme una mano encima otra vez, o, por los cielos, serás hombre muerto al momento. ¡Addio, Addio! Y a ti, bella signorina, con tus ojos negros y tu boca tonta, ¿quando avro il piacere di rivederla? Qué, ¿tampoco hablas italiano? Olvídalo. ¡A rivederla! ¡A rivederla! Espero volver a verlos a los dos.

Caminó hacia la puerta del parque, donde un carruaje la estaba esperando. Un sirviente le abrió la puerta. Se subió y tomó asiento, todavía riendo y enviando besos de despedida con sus manos.

- Coquette -dijo Lord Earlshope-, esa es mi mujer.


William Black (Inglaterra, 1841-1898).

domingo, 26 de mayo de 2019

Tu boca: UNA FANTASÍA, de Mathilde Blind

"Libre como el viento salvaje, ligero como un potro..."

Yo era árabe,
amaba a mi caballo;
veloz como una flecha
atravesaba el campo.

Dulce como un cordero
estaba a la mano;
él era la flor
de toda la tierra.

En las noches solitarias
muy lejos cabalgué;
Dios encendió sus luces-
estrella sobre estrella.

Dios está en el desierto;
su aliento es el aire:
hermoso es el desierto
¡sin límites desnudo!

Libre como el viento salvaje
ligero como un potro;
Ah, allí hay espacio
para desplegar el alma.

Lejos llegaba mi pensamiento,
escasas eran mis necesidades:
unos cuantos plátanos
y semillas de loto.

Espumosa como el agua
fresca en la sombra,
la hija de Ibrahim,
hermosa doncella.

Fuera de tu Kulleh,*
la más hermosa y primera,
dame de beber
para calmar mi sed.

Tengo sed, muchacha;
reseca por el deseo,
el amor en mi pecho
arde como el fuego

Verde tu oasis,
se mece con las palmas;
Oh, no me niegues más,
doncella, tus ofrendas.

Bésame con los besos,
capullos de tu boca,
más dulces que Cassia
frescos como el sur.

Átame con tus trenzas,
abrázame con un rizo;
y con caricias
ahógame, muchacha.

Yo era árabe
¡hace ya siglos!
De ahí esta añoranza
y toda mi desgracia.


Mathilde Blind: Mathilda Cohen
(Alemana nacionalizada británica, 1841-1896).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

* Al parecer el significado de KULLEH es el de un recipiente para conservar agua. Al menos con ese sentido se le menciona en uno de los relatos de las Mil y una noches (pequeña botella porosa de boca ancha), y en el Museo Británico se conserva bajo ese nombre la pieza de alfarería de la ilustración a la izquierda. 

sábado, 25 de mayo de 2019

Tu boca: UNA SEPARACIÓN, de Georges de Peyrebrune

"Permaneció en silencio un instante, con el fuego cintilando en sus ojos bajo el velo del llanto reprimido."

(Fragmento del capítulo XXI)

- ¿Me preguntas porqué no quiero verte de nuevo? Es bien simple, ¿y cómo que no lo comprendes? Es que te quiero, eso es todo...

Permaneció en silencio un instante, con el fuego cintilando en sus ojos bajo el velo del llanto reprimido; después reanudó con acento apasionado y la voz entrecortada, como si las palabras sin aliento escaparan a pesar de ella:

- Sí, te amo... Como el primer día que te amé. Más aún, te amo por todo el amor que te he dado. Te amo por todo lo que tú mismo me has dado. Te amo por el recuerdo inefable de nuestras alegrías, por todos nuestros besos, por todos nuestros delirios... Te amo como te amé aquella noche cuando me trajiste aquí por primera vez. Te amo como te amé en esta noche de luces y éxtasis, en la espléndida soledad de las ruinas griegas, ¡ahora que regreso a ti desde el fondo del templo de Atenea con sus cornisas en las manos y que tú me adoras de rodillas! ¡Yo te amo!... Amo tu mirada que me hace morir, amo el brillo de tu boca entreabierta, yo te amo de amor, de amor, ¿me entiendes? Como tú no lo has hecho jamás, como tú no lo dirás jamás... Y te lo digo ahora porque tienes que saber que todos tus ruegos para volver a verme serán inútiles para mí, yo no será jamás tu hermana, tu confidente o tu amiga: ¡Te amo! Y mi amor está condenado...

- Por ti sola, ¡oh, criatura insensata!

- Por el tiempo que se escapa -respondió Madeleine-, por mi belleza moribunda, por todo lo que fue y pronto ya no será.


Georges de Peyrebrune: Mathilde-Marie Georgina Élisabeth de Peyrebrune 
(Francia, 1841-1917).

viernes, 24 de mayo de 2019

Tu boca: PASIÓN, de Manuel M. Flores

"¡...con la embriaguez de la pasión más loca,  y que mi ardiente vida se apagara al soplo de los besos de tu boca!

¡Háblame! Que tu voz, eco del cielo,
sobre la tierra por doquier me siga...
con tal de oír tu voz, nada me importa
que el desdén en tu labio me maldiga.


¡Mírame!... Tus miradas me quemaron,
y tengo sed de ese mirar, eterno...
por ver tus ojos, que se abrase mi alma
de esa mirada en el celeste infierno.


¡Ámame!... Nada soy... pero tu diestra
sobre mi frente pálida un instante,
puede hacer del esclavo arrodillado
el hombre rey de corazón gigante.


Tú pasas... y la tierra voluptuosa
se estremece de amor bajo tus huellas,
se entibia el aire, se perfuma el prado
y se inclinan a verte las estrellas.


Quisiera ser la sombra de la noche
para verte dormir sola y tranquila,
y luego ser la aurora... y despertarte
con un beso de luz en la pupila.


Soy tuyo, me posees... un solo átomo
no hay en mi ser que para ti no sea:
dentro de mi corazón eres latido,
y dentro de mi cerebro eres idea.


¡Oh! por mirar tu frente pensativa
y pálido de amores tu semblante;
por sentir el aliento de tu boca
mi labio acariciar un solo instante;


por estrechar tus manos virginales
sobre mi corazón, yo de rodillas,
y devorar con mis tronantes besos
lágrimas de pasión en tus mejillas;


yo te diera... no sé... ¡no tengo nada!...
-el poeta es mendigo de la tierra-
 ¡toda la sangre que en mis venas arde!
¡todo lo grande que mi mente encierra!


Mas no soy para ti... ¡Si entre tus brazos
la suerte loca me arrojara un día,
al terrible contacto de tus labios
tal vez mi corazón... se rompería!


Nunca será... para mi negra vida
la inmensa dicha del amor no existe...
sólo nací para llevar en mi alma
todo lo que hay de tempestuoso y triste.


Y quisiera morir... ¡pero en tus brazos,
con la embriaguez de la pasión más loca,
y que mi ardiente vida se apagara
al soplo de los besos de tu boca!


Manuel M. Flores (México, 1840-1885).

jueves, 23 de mayo de 2019

Tu boca: LA CULPA DEL PADRE MOURET,* de Émile Zola

"... amo tu boca que exhala olor de rosas..." 

(Fragmento del capítulo XI)

- Te amo más que a todo –contestó-. Tú eres lo más hermoso de cuanto se me ofrece a la vista por la mañana al abrir la ventana. Cuando te miro, tú eres mi todo. Yo no quisiera tenerte más que a ti para ser totalmente dichoso.

Albina bajaba los párpados y movía la cabeza como si la meciera.

- Te amo -continuaba Sergio-. No te conozco, no sé quién eres, de dónde vienes; no eres ni mi madre ni mi hermana; y te amo hasta el punto de darte todo mi corazón, sin conservar ni un átomo para el resto del mundo... Escúchame, amo tus mejillas sedosas como el raso, amo tu boca que exhala olor de rosas y claveles, amo tus ojos en los cuales me veo con mi amor, amo hasta tus pestañas, hasta tus delicadas venas que azulean la palidez de tus sienes... Todo es para decirte que te amo, ique te amo, Albina!

- Sí, también yo te amo. Tienes una barba tan suave, que no me hace daño alguno cuando apoyo la frente sobre tu cuello. Eres alto, robusto, hermoso. Te amo, Sergio.


Émile Zola (Francia, 1840-1902).


* El título original de la novela en francés es La faute de l'abbe Mouret, cuya traducción literal sería La falta del abad Mouret, sin embargo, en español ha sido publicada ya sea como el pecado o la culpa, del padre o del abad Mouret. En este caso se trata del título que propone la versión de Emilio María Martínez.

miércoles, 22 de mayo de 2019

Tu boca: UN CORAL, de Julio Calcaño

"Una trajo viva grana; Esta, encendido coral; Aquella, roja manzana y púrpura del rosal..."

Me han contado que las hadas
Tuvieron, en ansia loca,
Reyertas acaloradas
Para dar vida a tu boca.

Una trajo viva grana;
Esta, encendido coral;
Aquella, roja manzana
y púrpura del rosal;

Otra de aurora un celaje;
Roja brasa un hada cruel;
Y hasta un genio aéreo encaje
Con el carmín del clavel.

Y a que de menos no hubiera
En la lucha sin igual,
Hubo silfo que trajera
Las plumas de un cardenal.

Mas en la pugna encendida
Luchaba la turba loca
Sobre el color de más vida
Para el carmín de tu boca,

Cuando vino aquel travieso
Exclamando, a fuer de Dios:
«Tendrá vida con un beso»,
Y partió el coral en dos.


Julio Calcaño (Venezuela, 1840-1912).

martes, 21 de mayo de 2019

Tu boca: UN PAR DE OJOS AZULES, de Thomas Hardy

"- Vamos, Stephen, no pienso tragarme eso. ¿Por qué me amaste? - Podría ser por tu boca."

 (Fragmento del capítulo VII)

- ¿Por qué me amaste? -dijo ella, tras haber observado de manera prolongada y meditabunda un pájaro que volaba.

- No lo sé -replicó él despreocupado.

- Oh, sí lo sabes -insistió Elfride.

- Quizá por tus ojos.

- ¿Qué les pasa? Vamos, no me irrites con una respuesta a la ligera. ¿Qué les pasa a mis ojos?

- Oh, nada digno de mención. Están los dos igual de bien.

- Vamos, Stephen, no pienso tragarme eso. ¿Por qué me amaste?

- Podría ser por tu boca.

- Bueno, ¿qué le pasa a mi boca?

- Me pareció una boca bastante pasable...

- Eso no es muy halagüeño.

-Tiene unos labios dulces y hacen un bonito puchero; aunque, de hecho, no es más que una boca como la que tiene todo el mundo.

- No te lo inventes sobre la marcha, Stephen. Y dime, ¿porqué-me-amaste?

- Quizá fue por tu cuello y por tu pelo, aunque no estoy seguro, o por tu sangre indolente, que lo único que hacía era retirarse de tus mejillas y volver; pero no estoy seguro. O por tus manos y brazos, que eclipsaron todas las demás manos y brazos; o por tus pies, que jugueteaban bajo tu vestido como unos ratoncillos; o por tu lengua, de un tono tan delicado. Pero no estoy del todo seguro.

- Ah, eso es muy bonito decirlo; pero poco me interesa tu amor si ha hecho una imagen tan simple y chata de mí como ésa, y si no estás seguro, y si razonas tan fríamente; pero sí lo que sentiste que yo era, Stephen -y cuando dijo esas palabras una furtiva carcajada y una expresión retozona apareció en la cara de él-, cuando te dijiste: «Pienso amar a esa joven».

Thomas Hardy (Inglaterra, 1840-1928).

(Traducido al español por Damián Alou).

domingo, 19 de mayo de 2019

Tu boca: LAS ACADEMIAS DE SIAM, de Machado de Assis

"¡Qué deliciosa es tu boca, mi dulce Kinnara! Creo en tu boca, es la fuente de la sabiduría."

(Fragmento)

II

Suavemente tendido a los pies de la bella Kinnara, el joven rey le suplicaba una can- ción.

- No ofrezco otra canción que no sea ésta: creo en el alma sexual.
- Crees en lo absurdo, Kinnara.
- ¿Cree Vuestra Majestad entonces en el alma neutra?
- Otro absurdo, Kinnara. No, no creo en el alma neutra, ni el alma sexual.
- Pero entonces, ¿en que cree Vuestra Majestad, si no cree en ninguna de ellas?
- Creo en tus ojos, Kinnara, que son el sol y la luz del universo.
- Pero le corresponde escoger: cree en el alma neutra y castiga a la academia viva o cree en el alma sexual y la absuelve.
- ¡Qué deliciosa es tu boca, mi dulce Kinnara! Creo en tu boca, es la fuente de la sabiduría.

Kinnara se levantó agitada, de la misma manera en la que el rey era hombre femenino, ella era una mujer masculina; un búfalo con plumas de cisne. Era el búfalo que andaba ahora en el aposento, pero fue en breve el cisne que se detuvo e, inclinando el cuello, pidió y obtuvo del rey, entre dos caricias, un decreto en el cual la doctrina del alma sexual fue declarada legítima y ortodoxa y la otra absurda y perversa. Ese mismo día se mandó el decreto a la academia triunfadora, a las pagodas, a los mandarines, a todo el reino. La academia puso grandes luces, se restableció la paz pública.


Joaquim Maria Machado de Assis (Brasil, 1839-1908).

sábado, 18 de mayo de 2019

Tu boca: EL MANICOMIO (La casa de Nebuni), de Bogdan Petriceicu Haşdeu

"El cochero, los caballos y yo estamos en silencio."

(Estrofas iniciales)

En silencio, con una señal detengo el carruaje:
Cállate. Hago otra señal.
Al salir del faro podrás abrir tu boca.
El cochero, los caballos y yo estamos en silencio.

Para los estrechos de mente
nada tienes todavía,
cuando ellos, sin palabras,
entienden más bien un latigazo.

Quiero hablar, sí, pero con los locos,
en el falansterio hay algunos 
grandes poetas y grandes tribunos.
Así que: ¡Vamos al manicomio!


Bogdan Petriceicu Haşdeu  (Rumania, 1838-1907).

viernes, 17 de mayo de 2019

Tu boca: AXËL, de Auguste de Villiers de L'Isle-Adam


(Fragmento de la escena IV de la cuarta parte: El mundo pasional)

Sara: ¡Oh joven encantador que, a pesar de la inmodestia de mis palabras, ha presentido a su sacra hermana! ¡Eres un ser inesperado!... No quiero otro atavío que tu mirada de niño en la que tan bella soy; y estoy tan pálida por verme condenada a sufrir tanto amor. En cuanto a nuestras grandes riquezas, dejémonos vivir con nuestras estrelladas ensoñaciones.

Axël se ha sentado en un almohadón, a los pies de Sara, cruzando sus brazos sobre las rodillas de la hermosa muchacha; la mira por algún tiempo, como perdido en un abismo de silencioso gozo.

Axël: Sí; semejante a la estatua del Adiós, tenías que aparecer ante mí, con tu luto, sonriente y cubierta de pedrería, entre las tumbas. Bajo tu nocturna cabellera eres como un lis ideal, florecido en las tinieblas. ¡Qué estremecimientos suscita en mí tu visión! ¿Mi amor? ¿Mis deseos?... Te pierdes en ellos, como si te bañaras en el océano. Si quieres huir, huyes en ellos. Te acosan y te penetran, ¡oh bienamada! Te levantan y mueren en ti... para revivir en tu belleza.

Sara, sonriente, respirando los cabellos de Axël: Tienes el olor de las hojas en los claros otoños, ¡cazador mío! Has mezclado tu ser salvaje con toda el alma de los bosques... Cara alegría... 

Le contempla como orgullosa y embriagada.

Axël, como en lo más profundo de un sueño: Sara, mi virginal amiga, mi eterna hermana, no oigo ya lo que dices pero tu sola voz... (Tomándola en sus brazos, transportado): ¡Oh, la flor de tu ser, tu boca divina! En un beso convertirme en... ¡Oh!, la luz de esa sonrisa; beber ese soplo del cielo, ¡tu aliento! ¡Tu alma!

Sara, atrayendo hacia su seno la frente de Axël; luego, grave y posando dulcemente los labios en los suyos: ¿Mi alma? ¡Hela aquí, bienamado!

Quedan arrobados, como inanimados y sin palabras.


Auguste de Villiers de L'Isle-Adam
Jean-Marie-Mathias-Philippe-Auguste, conde de Villiers de l'Isle-Adam (Francia, 1838-1889).

jueves, 16 de mayo de 2019

Tu boca: RIMAS, de Gustavo Adolfo Bécquer

"... que sentí tu aliento de jazmín y nardo..."

Rima XCI

No has sentido en la noche,
cuando reina la sombra
una voz apagada que canta
y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen
las silentes y trágicas notas
que mis dedos de muerto arrancaban
a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía
deslizarse en tu boca,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sintieron tus labios un beso
que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,
que te vi entre mis brazos, miedosa;
que sentí tu aliento de jazmín y nardo
y tu boca pegada a mi boca.
 


Gustavo Adolfo Bécquer (España, 1836-1870).

martes, 14 de mayo de 2019

Tu boca: TRES POEMAS BREVES, de Ricardo Palma

"En el cáliz de la rosa se ha posado temblorosa, una gota de acuático cristal..."

Envidia

En el cáliz de la rosa
se ha posado temblorosa,
una gota de acuático cristal;
y otra perla que un querube
desprendiera de la nube,
a morir va sin agravio
en tu labio,
virginal.

Quien me diera, flor divina,
ser la gota peregrina
del ligero rocío matinal,
que ha vivido un solo instante
acariciada y amante,
entre la sonrisa loca
de tu boca
de coral.

Deleite

Dicen los orientales, hermosa mía,
que mieles deliciosas la Arabia cría;
pero a tus labios,
reina de mis amores, hacen agravios.
Que tienen lo encendido de los corales
y el perfume exquisito de los rosales.
¡Dichosa suerte
en la miel de tu boca beber la muerte!

Álbum

Aunque a un floricultor le cause enojos,
no fue una rosa del vergel florido
quien púrpura prestó a tus labios rojos,
que fue tu boca de coral partido
la que dio tinte de rubí encendido
a la gentil y perfumada rosa
que sobre campo de esmeralda posa.


Ricardo Palma (Perú, 1833-1919).

domingo, 12 de mayo de 2019

Tu boca: DESPEDIDAS, de Álvares de Azevedo

"Sólo contigo podía ser dichoso, ¡en tus ojos sentir estos labios míos!"

Si entraras, oh ángel mío, alguna vez
en la soledad donde soñaba contigo
¡Ah! Vota un anhelo de días hermosos
¡Que a tus rodillas pálido vivo!

¡Adiós, alma mía, adiós! Me voy llorando…
Siento en el pecho el dolor de la despedida…
Sin ti el mundo es un desierto oscuro
y tú eres mi vida…

Sólo por tus ojos vivir podría
y por tu corazón creer y amar…
En tus brazos mi alma unir a la tuya
¡Y en tu pecho morir!

Pero si el destino me aleja de la ventura
llevo en el corazón tu imagen…
¡De noche te enviaré mis suspiros
en el murmullo del viento!

Cuando la noche llega nostálgica y pura,
contempla la estrella del pastor en los cielos,
cuando vuelva mi mirada un llanto…
¡Veré los ojos tuyos!

Pero antes de partir, antes de que la vida
se ahoge en una lágrima de dolor
permite que deje en tus labios un beso
¡Un suspiro de amor!

¡Soñé mucho! Soñé en noches ardientes
tu boca besar… ¡Yo el primero!
Pero la ventura me lo negó… incluso hasta
¡El beso definitivo!

Sólo contigo podía ser dichoso,
¡en tus ojos sentir estos labios míos!
Y muero de celos y de nostalgia…
¡Adiós, ángel mío, adiós!


Manuel Antônio Álvares de Azevedo (Brasil, 1831-1852).