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Vancouver: atardecer en English Bay.

lunes, 13 de mayo de 2019

Tu boca: RIMAS, de Gustavo Adolfo Bécquer

"... que sentí tu aliento de jazmín y nardo..."

Rima XCI
 
No has sentido en la noche,
cuando reina la sombra
una voz apagada que canta
y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen
las silentes y trágicas notas
que mis dedos de muerto arrancaban
a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía
deslizarse en tu boca,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sintieron tus labios un beso
que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,
que te vi entre mis brazos, miedosa;
que sentí tu aliento de jazmín y nardo
y tu boca pegada a mi boca.
 
 
Gustavo Adolfo Bécquer (España, 1836-1870).

sábado, 11 de mayo de 2019

Tu boca: TE AMO, de Ella Wheeler Wilcox

"... bésame dulcemente con tu ardiente y húmeda boca, todavía fragante de vino tinto..."

Amo tus labios cuando están húmedos de vino
y rojos con un deseo desenfrenado;
amo tus ojos cuando brillan con la luz del amor
iluminados por un fuego apasionado.
Amo tus brazos cuando tu cálida piel blanca
toca la mía en un intenso abrazo;
amo tu cabello cuando se pega
con tus besos en mi cara.
 
No es para mí ese frío, apacible beso,
del amor displicente de una virgen;
no es para mí la dicha de una santa,
ni el corazón de una paloma impoluta.
Pero dame el amor que libre se da
y se ríe de toda la culpa del mundo,
con tu cuerpo tan joven y cálido en mis brazos,
encendiendo el fuego de mi pobre corazón.
 
Así que bésame dulcemente con tu ardiente y húmeda boca,
todavía fragante de vino tinto,
y dime con fervor nacido en el Sur
que tu cuerpo y tu alma son míos.
Estréchame en tus cálidos brazos jóvenes,
mientras las pálidas estrellas brillan,
y viviremos el resto de nuestras vidas
entre las delicias de un amor vibrante.


Ella Wheeler Wilcox (Estados Unidos, 1850-1919).

jueves, 9 de mayo de 2019

Tu boca: VIENE LA NOCHE, de Else Lasker-Schüler


Viene la noche y me sumerjo en las estrellas,
para no olvidar en el alma el camino a casa
pues se enlutó hace mucho tiempo mi pobre país.
 
Descansan nuestros corazones emparentados de amor,
emparejados en una cáscara:
blancas almendras -
 
Sé que tienes, como antes, mi mano
encantada en la eternidad de la lejanía...
¡Ah!, mi alma crujió cuando me lo confesó tu boca.


Else (Elizabeth) Lasker-Schüler
(Nacida en Alemania en 1868 y muerta en Jerusalén en 1945).

miércoles, 8 de mayo de 2019

Tu boca: PARAÍSO PERDIDO, de John Milton

"A estas palabras; el modelo hermoso de las mujeres, Eva, le replica: ¡Oh tú, objeto querido de mi ardiente amor..."

(Fragmento del cuarto libro)
 
Retirémonos, pues, y disfrutemos
Del sueño a que la noche nos convida,
Y en la fresca mañana volveremos,
A la rosada aurora adelantados,
A dar a este jardín nuestras labores.
Hay varias plantas cuya desmedida
Lozanía de ramas y de flores
Sofoca los retoños moderados
De otras, y así cortar es necesario
De sus brotes el lujo extraordinario,
Que no es más que una estéril abundancia
Del cenador en la agradable estancia
Hay también porción de hojas marchitadas
Y de ramas quebradas
Que quitar: Pero es tarde ya. Durmamos,
Y la naturaleza repongamos.
A estas palabras; el modelo hermoso
De las mujeres, Eva, le replica:
¡Oh tú, objeto querido de mi ardiente
Amor; tú, de mi vida cara fuente!
¡Con qué gusto me entrego a tu juicioso
Dictamen en un todo! Dios se explica
Por tu boca: esto basta: me someto.


John Milton (Inglaterra, 1606-1674).

martes, 7 de mayo de 2019

Tu boca: AMOR VENGA SUS AGRAVIOS, de José de Espronceda

 
(Fragmento de la escena segunda del cuadro II)

Mendoza: Sí, cantad, acabad la letra, pero suavemente. (Aparte). Estos mamarra- chos, si me descuido, lo echan a perder todo, si no me engaño han pronunciado mi nombre en la reja. (Se acerca).

Música y canción:
La flor más pura y galana
que el abril fecundo adora
al despuntar la aurora
perfuma el primer albor:
pero es mil veces más puro
de tu boca el blando aliento
se perfuma en torno al viento
tierno suspiro de amor.
Oye mi voz.

Figueroa: ¿Qué es esto? ¿Quién viene?

Clara: Son los tuyos que vuelven a cantar. Déjalos, que estoy muy prendada del tono y del sentido de la trova.
 
Figueroa: ¿Te sonríes, Clara, cuando tan atormentado me estás viendo?
 
Clara:¿Y por qué no, ídolo mío? Demasiado triste me ven todos los días. Me tienes muy enamorada para que lejos de tus ojos pueda alegrarme jamás. Cuando no te veo, ando pensativa en dulces imaginaciones de estar a tu lado, de envanecerme con tu gallardía; y porque se te ocurra turbar el paraíso que hay para mí en tu cariño, no tengo de sufrir yo la pena de tu desvarío. Te empeñas en no estar contento con mis caricias; no me importa, yo estoy loca de júbilo en tu presencia, ¿No te parezco hermosa como otras veces?
 
Figueroa: ¡Hermosa! ¡Ah, sí, más que nunca! Más hermosa que lo es en mi fantasía el ángel que te conduce a este sitio entre las sombras y los vapores de la noche. Pero tus bodas están concertadas con otro...
 
Clara: Eso tú y yo lo sabemos, esposo mío. ¿Has olvidado el juramento? ¡Ah, Pedro! Vuelve a leerme en el fuego que ahora enciende mi semblante. Tengo mi mano sobre tu corazón, y no envidio a una reina coronada.
 

 
José de Espronceda (España, 1808-1842).
 
 
 
La ilustración corresponde a la primera página de la partitura musical de Ramón Carnicer compuesta en 1838 para la Serenata de la obra. Se encuentra en la biblioteca Memoria de Madrid.

lunes, 6 de mayo de 2019

Tu boca: ERÓTICAS, de Esteban Manuel de Villegas

"... con los rubíes de tu boca hermosa."
 
Oda XVI
 
(Fragmento)
 
Amo, venero, estimo tus enojos,
porque es fuerza que sea
tanto desdén pariente de tus ojos;
y también porque vea
amor, que hay corazones
que estiman con razón sus sinrazones.
 
Muévate pues, joh dulce mi señora!
ver que en mis dos mejillas
la triste palidez de gualda mora,
debiendo reduciilas
a colorada rosa
con los rubíes de tu boca hermosa.

Muévate ver un miserable amante,
sujeto a la aspereza
del Aquilón, y céfiro sonante:
muévate mi firmeza,
pues será sostenida
mientras durare la firmeza en Lida.
 

Esteban Manuel de Villegas (España, 1589-1669).

domingo, 5 de mayo de 2019

Tu boca: AMOR, de Naborre Campanini

"Y espaciaste en el mar una mirada; yo añadí: -Con esas trenzas blondas no me atormentes más ¡oh mi adorada!"

Juntos los dos sentados
Sobre las rocas que la mar lamía,
Te dije: -Con los ojos abrasados
No me mires así ¡oh amada mía!
Murmuraron las ondas
Y espaciaste en el mar una mirada;
Yo añadí: -Con esas trenzas blondas
No me atormentes más ¡oh mi adorada!
Trajo a mi oído el viento
Una trova de dulce melodía,
Y entonces dije: -Con tan hondo acento
No me hables más así ¡oh amada mía!
Callada y fijamente
Me miraste de amor, como una loca;
Y se unieron en una estrechamente
Tu boca amante con mi amante boca
De tu cabeza de oro
Las hebras en mi pecho se derraman
Mientras exclama el inefable coro
De ondas y vientos, con dulzura: se aman.

 
Naborre Campanini (Italia, 1850-1925).
 
(Traducido al español por Juan Luis Estelrich).