Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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jueves, 6 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: LA EDAD DE LA FE, de Alice Munro

"... con sus ídolos, sus confesiones y los tiznones negros del Miércoles de Ceniza."

(Fragmento)

La Iglesia unida era la más moderna, grande y próspera de Jubilee. Había recibido en su seno a todos los ex metodistas y congregacionalistas así como a un buen número de presbiterianos (que era lo que había sido la familia de mi padre) en la época de la unión de las iglesias. En la ciudad había cuatro iglesias más, pero todas eran pequeñas y relativamente pobres, y al lado de la iglesia unida, todas se habían ido hacia los extremos. La iglesia católica era la más extremista. Blanca y de madera, con una sencilla cruz misionera, se erguía sobre una colina en el extremo septentrional de la ciudad y ofrecía a los católicos servicios tan extraños y misteriosos como los hindúes, con sus ídolos, sus confesiones y los tiznones negros del Miércoles de Ceniza. En el colegio los católicos formaban una tribu pequeña pero no amedrentada, eran de procedencia irlandesa en su mayoría, y no se quedaban en la clase de educación religiosa, sino que se les permitía bajar al sótano, donde golpeaban las tuberías. Costaba relacionar su mero gamberrismo con su fe exótica y peligrosa. Las tías de mi padre, mis tías abuelas, vivían delante de la iglesia católica y solían bromear sobre lo de «entrar un momentito para hacer una pequeña confesión», pero sabían, y podían contarte, todo lo que había detrás de las bromas: los esqueletos de recién nacidos y las monjas estranguladas debajo de los suelos de los conventos, sí, y los sacerdotes gordos, las amantes y los ex papas negros. Era cierto, tenían libros que hablaban de ello. Todo era verdad. Como los irlandeses del colegio, el edificio en sí parecía poco apropiado; demasiado desnudo, ordinario y sencillo para estar relacio- nado con tanta voluptuosidad y escándalo.

Alice Munro (Canadá, 1931). Obtuvo el premio Nobel en 2013.

(Traducido al español por Aurora Echevarría Pérez).

viernes, 15 de enero de 2021

Año nuevo: DEMASIADA FELICIDAD, de Alice Munro

"Porque hemos estado en un cementerio el primer día de año nuevo."

(Fragmento)

El primer día de enero del año 1891 una mujer menuda y un hombre corpulento andan por el Viejo cementerio de Génova. Los dos rondan los cuarenta años. La mujer tiene la cabeza grande, como un niño, con una mata de pelo oscuro y rizado y una expresión preocupada, un poco suplicante. Su rostro empieza a parecer ajado. El hombre es inmenso. Pesa ciento veinticinco kilos, repartidos en un cuerpo enorme; como es ruso a menudo los llaman oso, y también cosaco. En estos momentos está agachado sobre unas lápidas, escribiendo en un cuaderno, recopilando inscripciones y tratando de descifrar abreviaturas que no comprende de inmediato, a pesar de hablar ruso, francés inglés e italiano y comprende el latín clásico y medieval. Sus conocimientos son tan dilatados como su físico, y aunque su especialidad es el derecho administrativo, es capaz de disertar sobre el desarrollo de las instituciones políticas contemporáneas de Estados Unidos, las peculiaridades de la sociedad en Rusia y en Occidente y las leyes y costumbres de los imperios antiguos. Pero no es un pedante. Es ocurrente y goza de muchas simpatías, se siente a sus anchas en ambientes muy distintos y puede llevar una vida sumamente cómoda gracias a sus propiedades cerca de Jarkov. Sin embargo, tiene prohibido ocupar un puesto académico en Rusia, por ser liberal.
 
Su nombre se le pega mucho. Maksim. Maksimovich Kovalesvski.
 
La mujer que lo acompaña también es una Kovalesvski. Estuvo casada con un primo de él pero ahora es viuda.
 
Le habla en tono de broma.
 
- Sabes que uno de los dos va a morir- le dice-. Uno de los dos morirá este año.
 
Sin prestarle demasiada atención, él le pregunta:
 
- ¿Y eso por qué?
 
- Porque hemos estado en un cementerio el primer día de año nuevo.
 
- En efecto.
 
- Todavía hay unas cuantas cosas que tú no sabes- añade ella con voz coqueta pero inquieta Yo las sabía antes de los ocho años.
 
- Las chicas pasan más tiempo con las cocineras y los chicos con los mozos de cuadra… supongo que por eso.
 
- ¿Y los chicos de las cuadras no saben nada de la muerte?
 
- No mucho. Se concentran en otras cosas.
 
Ese día hay nieve pero es blanda. Donde pisan dejan huellas negras, derretidas.
  

Alice Munro: Alice Ann Laidlaw (Canadá, 1931).
Obtuvo el premio Nobel en 2013.

La ilustración corresponde al cementerio de Staglieno en Genova, Italia.

martes, 17 de marzo de 2020

Primavera: EL PROGRESO DEL AMOR, de Alice Munro

"La primavera debe estar cerca. Hoy he visto un cuervo."

(Fragmento)

- Recuerdo que estaba en la cama en aquella habitación -contestó mi madre-. Sí.

- Bueno, pues entró papá y ella tenía un camisón limpio y le habían quitado las sábanas, porque la señora alemana de la casa de al lado acababa de ayudarla a lavarse y estaba todavía allí recogiendo la habitación. Papá quería animarla, y dijo: «La primavera debe de estar cerca. Hoy he visto un cuervo». Era marzo. Y mamá replicó: «¡Pues entonces más vale que me tapes, antes de que se asome a esa ventana y se le ocurra alguna idea rara!». La señora alemana, según papá, estuvo a punto de dejar caer la palangana. Porque realmente mamá era pura piel y huesos; se estaba muriendo, pero era capaz de bromear.

El señor Florence dijo:

- Mejor, cuando no sirve de nada llorar.

Alice Munro (Canadá, 1931).
Obtuvo el premio Nobel en 2013.

(Traducido al español por Flora Casas).

domingo, 22 de abril de 2018

Nieve: DEUDAS, de Alice Munro


 
(Fragmento)

La nieve caía en grandes copos, dejaba una capa esponjosa en las aceras, que se derretía y convertía en huellas oscuras por donde la gente caminaba, para enseguida volver a cubrirse de nieve. Los coches pasaban con prudencia, con los faros amarillos empañados. No veía muy bien por la espesura de la nevada y la falta de luz. No creía que nadie pudiera ver bien.
 
En el estómago tenía a la vez sensación de pesadez y vacío. Por lo visto no se libraría de esa sensación hasta que no comiera como es debido de modo que, en cuanto entró en casa, fue directo a la alacena de la cocina y se sirvió un cuenco del habitual cereal del desayuno. No quedaba jarabe de arce, pero encontró un poco de jarabe de maíz. Se quedó en la cocina fría, comió sin haberse quitado siquiera las botas ni la ropa de salir y miró el patio recién nevado. El resplandor de la nieve dejaba ver el exterior, a pesar de tener encendida la luz de la cocina. Se vio reflejada contra el fondo del patio nevado, las piedras oscuras coronadas de blanco y las ramas de hoja perenne ya caídas bajo el peso del manto blanco.
 
 
Alice Munro (Canadá, 1931). Obtuvo el premio Nobel en 2013.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Eclipse: MI VIDA QUERIDA, de Alice Munro

"O es la persona la que encarna esa magia, no lo sé. ¿Entiendes? Sucede sin más, como una especie de eclipse."
 
Dolly
 
(Fragmento)

- Vamos al coche –sugirió-. No podemos hablar aquí fuera, hace demasiado frío.

Ya en el coche, me dijo:

- La vida es completamente impredecible.
 
En su voz había una ternura y una tristeza inusuales. No me miraba, sino que tenía la vista fija en el parabrisas, en nuestra casa.
 
- No sirve de nada decir que lo siento -me dijo. Luego añadió-: Mira, ni siquiera se trata de la persona. Más bien es una especie de aura. Un hechizo. Bueno, claro que en el fondo es la persona, pero se trata de lo que la envuelve y la encarna. O es la persona la que encarna esa magia, no lo sé. ¿Entiendes? Sucede sin más, como una especie de eclipse.

Meneó la cabeza, encorvado. Todo abatimiento.


Alice Munro: Alice Ann Laidlaw (Canadá, 1931). Obtuvo el premio Nobel en 2013.