.

.
Vancouver: otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

domingo, 31 de marzo de 2019

Tu boca: EL ESTÍO, de Juan Ramón Jiménez

"... tu boca en mi boca me sembró el rosal..."
 
LXX

En aquel beso, tu boca
en mi boca me sembró
el rosal cuyas raíces
se comen el corazón.

- Era otoño. El cielo inmenso
arrancaba, con su sol,
todo el oro de la vida
en columnas de esplendor. -

Estío, seco, ha venido.
El rosal -¡todo pasó!-
ha abierto, tardo, en mis ojos
dos capullos de dolor.
 
 
Juan Ramón Jiménez (España, 1881-1958). Obtuvo el premio Nobel en 1956.

sábado, 30 de marzo de 2019

Tu boca: MOSQUITOS, de William Faulkner

"Cerró el libro y se quitó los lentes."
 
(Fragmento del cuarto día, a las once en punto)
 
- Sí, pero estás tratando de reconciliar al libro con el autor. Un libro es la vida secreta de un escritor, el secreto gemelo de un hombre: y contigo, cuando llega el choque inevitable, la verdadera personalidad del autor es la que pierde, porque eres de aquellos que ganan en verosimilitud al verlos en letra impresa.
 
- Quizá sea así -respondió Fairchild distraídamente, inclinándose otra vez sobre la página-. Escucha:
 
«Esos labios cansados parecen aún más cansados, por esa curva y pálida astucia. El quieto misterio de tu secreta faz, y tu enfermizo desespero obsesionado por su propio mal; tus manos de infante no se posan en tu corazón para protestar. Esa sonrisa reconcilia tu fatigada boca, guárdate de jurar, aunque desengañada con la secreta alegría de tu pecho de mujer. Cansada tu boca de sonrisas; no puedes apagarlas con tus besos ni tu amante, ni tú, ni ella. Tu despertar virginal es en sí una burla. Llega despierto con la aguda ausencia del sueño y junto a tu boca tu gemelo corazón esconde su dolor; no puede quebrarse, pues en medio, no late ningún pecho.»
 
- Hermafroditas -leyó-. De eso se trata. Es una especie de secreta perversión. Como un fuego que no necesitara combustible, que viviera de su propio calor. Quiero decir, que toda la poesía moderna es una especie de perversión. Como si el día de la poesía sana hubiera pasado ya, y los hombres modernos no hubieran nacido para escribir poemas. Les concedo otras cualidades, pero no la de escribir poesía. Es como si los hombres de hoy no fueran suficientemente masculinos y vigorosos para idear algo que anda tan cerca de lo sobrenatural. Una raza estéril; mujeres dema- siado masculinas para concebir; hombres demasiado femeninos para engendrar...
 
Cerró el libro y se quitó los lentes.
 
 
William Faulkner (Estados Unidos, 1897-1962).
Obtuvo el premio Nobel en 1949.

viernes, 29 de marzo de 2019

Tu boca: NARCISO Y GOLDMUNDO, de Hermann Hesse

"... de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire."

(Fragmento del capítulo XV)

- ¿Por qué me sigues? -le preguntó la dama-. ¿Qué deseas de mí?
 
- Ah -profirió él-, más quisiera dar que recibir. Quisiera ofrecerme a ti como presente, hermosa mujer; haz de mí lo que te plazca.
 
- Bien; veré lo que se puede hacer contigo. Mas si has creído que podías tomar aquí afuera, sin peligro, una flor, te has engañado de medio a medio. Sólo puedo amar a hombres que sean capaces de arriesgar su vida llegado el caso.
 
- No tienes más que mandarme. Lentamente, ella se quitó del cuello una fina cadena de oro y se la entregó.

- ¿Cómo te llamas?
 
- Goldmundo.
 
- Perfectamente, Goldmundo, "boca de oro"; he de gustar tu boca para comprobar si es, en verdad, de oro. Atiende. Al anochecer, te presentarás en el palacio y, enseñando esta cadena, dirás haberla encontrado. No la darás a nadie porque quiero recobrarla de tus manos. Irás tal como estás ahora, aunque te tomen por mendigo. Si alguno de la servidumbre te trata con grosería no te alterarás. Conviene que sepas que en el palacio sólo cuento con dos personas de confianza: el palafrenero Máximo y mi doncella Berta. Procurarás ver a alguno de los dos y le dirás que te conduzca a mi presencia. Con los demás del castillo, incluido el conde, procede con cautela, son enemigos. Quedas advertido. Puede costarte la vida.
 
Le tendió la mano y él se la tomó sonriendo, la besó con dulzura y la rozó levemente con su mejilla. Luego se guardó la cadena y partió cuesta abajo, hacia el río y la ciudad. Las colinas de viñedos estaban ya peladas, de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire. Al mirar, desde lo alto, la ciudad y encontrarla tan amable y cordial, Goldmundo sonrió meneando la cabeza. Pocos días antes estaba muy triste, triste también porque hasta la miseria y el sufrimiento fuesen pasajeros. Y ahora habían ya pasado realmente, habían caído como el dorado follaje de la rama. Le parecía que jamás había irradiado el amor sobre él como a través de aquella mujer cuya erguida figura y rubia y sonriente vitalidad le recordaba la imagen de su madre tal como la llevara en el corazón en los tiempos que estudiaba en el convento. Anteayer mismo hubiese estimado increíble que el mundo pudiera volver a sonreírle tan gozoso y sentir otra vez en la sangre el torrente de la vida, la alegría, la juventud, tan pleno e impetuoso. ¡Qué suerte que aún estuviese vivo, que en aquellos meses terribles la muerte lo hubiese respetado!
 
 
  Hermann Hesse (Alemania, 1877-1962). Obtuvo el premio Nobel en 1946.

jueves, 28 de marzo de 2019

Tu boca: BESOS, de Gabriela Mistral

"... yo te enseñé a besar con besos míos inventados por mí, para tu boca."

(Fragmento)
 
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
 
 
Gabriela Mistral: Lucila Godoy Alcayaga (Chile, 1889-1957).
Obtuvo el premio Nobel en 1945.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Tu boca: EL DIFUNTO MATÍAS PASCAL, de Luigi Pirandello

"... el tren de las doce, que va a Pisa."

(Fragmento inicial del capítulo 17: Reencarnación)

Llegué a la estación a tiempo de tomar el tren de las doce, que va a Pisa.

Después de sacar el billete, me acomodé en un coche de segunda, con la visera de la gorra de viaje calada hasta los ojos, no tanto porque no me vieran como para no ver yo a nadie. Pero seguía viendo, a pesar de todo, con el pensamiento, lo que no quería ver; me atosigaba la visión de aquel sombrero y aquel bastón que dejara encima del pretilillo del puente. Quizá alguno, al pasar por allí, los hubiese visto..., si no había ido ya algún sereno con el parte a la Comisaría... ¡Y yo estaba todavía en Roma! ¿Qué pasaría? Sentía que no vivía...

Hasta que, por fin, arrancó el tren. Por fortuna no había subido ningún otro viajero a mi vagón. Me puse en pie, alcé los brazos y lancé un interminable suspiro de satisfacción, como si se me hubiese quitado un peso de encima. ¡Ah! Volvía a contarme en el número de los vivos; a ser yo, ¡Matías Pascal! Me hubiera puesto a participárselo a todo el mundo a grito pelado: «¡Que soy yo, Matías Pascal! ¡Que soy yo! ¡No me había muerto! ¡Estoy aquí!» ¡Y no tenía ya que mentir, ni por qué temer que me descubrieran! Es decir, todavía no, hasta que no llegase a Miragno... Allí era donde tendría que darme a conocer como del mundo de los vivos e injertarme de nuevo en mis sepultas raíces... ¡Loco de mí ¿Cómo había podido figurarme que un tronco pudiese vivir cercenado de sus raíces? Y, sin embargo, todavía me acordaba de aquel otro viaje de Alenga a Turín; lo mismo que ahora, habíame considerado entonces feliz... ¡Loco! ¡Había sido un loco! «¡La liberación!», decía. ¡Aquello me había parecido la liberación! ¡Sí, con la capa de plomo de la mentira a cuestas! ¡Una capa de plomo encima de una sombra! ... Ahora volvería a cargar con la mujer y la suegra, es cierto... Pero ¿no había tenido que cargar con ellas también cuando era un muerto? Ahora, por lo menos, estaría vivo y podría defenderme. ¡Ah! ¡Ya nos las veríamos!

Al pensar en ello de nuevo, se me antojaba inverosímil la ligereza con que dos años atrás me lanzara yo fuera de la ley, a la aventura. Y volvía a verme en aquellos primeros días, dichoso en medio de la inconsciencia, o por mejor decir, de la locura, en Turín, primero, y después en otras poblaciones, en callada romería, mudo, solo, metido en mi concha, saboreando a mis anchas el sentimiento de lo que en aquella época se me antojaba mi felicidad; y evocaba mi paseo por Alemania, a lo largo del Rin, en un vapor. ¿Habría sido un sueño todo aquello? No, señor; que había sido realidad. ¡Oh, si hubiera podido yo hacer siempre aquella vida.... viajar como un forastero del vivir! ... Pero luego, en Milán.... aquel pobre perro que estuve a punto de comprarle al viejo que vendía cajas de cerillas... Ya entonces.

Torné con el pensamiento a Roma. Y entre como una sombra en la casa abandonada. ¿Dormirían todos? Adriana, quizá no; quizá me está aguardando todavía, esperándome de un momento a otro; le habrán dicho que yo he ido a buscar dos padrinos para batirme con el pintor Bernáldez; y como tardo, le entra mucho miedo y llora...
 
Me apreté la cara con ambas manos, sintiendo que el corazón se me encogía de angustia.

- Pero si yo no podía ser un viviente para ti, Adriana -gemí-, ¿no es mejor que ahora me creas muerto? Muertos los labios que cogieron aquel beso de tu boca... ¡Olvídame, pobre Adriana, olvídame!

 
Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.

La ilustración corresponde al puente de la Magdalena, conocido como "puente del diablo", en la provincia de Lucca, al norte de Pisa. 

martes, 26 de marzo de 2019

Tu boca: LA MONTAÑA MÁGICA, de Thomas Mann

".. a ti y a tus maravillosos ojos oblicuos, y tu boca y la voz con que me hablas..."

(Fragmento)

- ¡Oh! El amor no es nada si no es la locura, una cosa insensata, prohibida y una aventura en el mal. Si no es así es una banalidad agradable, buena para servir de tema a cancioncitas tranquilas en las llanuras. Pero que yo te he reconocido y que he reconocido mi amor hacia ti, sí, eso es verdad, yo ya te conocí antiguamente, a ti y a tus maravillosos ojos oblicuos, y tu boca y la voz con que me hablas; una vez ya, cuando era colegial, te pedí tu lápiz para entablar contigo una relación social, porque te amaba sin razonar, y es por eso, sin duda, por mi antiguo amor hacia ti, por lo que me quedan esas marcas que el médico ha encontrado en mi cuerpo y que indican que en otro tiempo estaba ya enfermo... te amo, te he amado siempre, pues tú eres el Tú de mi vida, mi sueño, mi destino, mi deseo, mi eterno deseo.
 
Thomas Mann
(Escritor alemán nacionalizado primero checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).
Obtuvo el premio Nobel en 1929.

lunes, 25 de marzo de 2019

Tu boca: NUNCA PUEDE SABERSE (Lucha de sexos)*, de George Bernard Shaw

 "En tu boca «nosotros» solía querer decir tú y yo, Gloria."
 
(Fragmento del primer acto)
 
Philip: ¡Shh! El resultado fue que el arquitecto de las encías presentó considerables obstáculos para aceptar nuestra invitación a almorzar, aunque dudo que haya comido otra cosa que te con pan y manteca durante las dos últimas semanas. Pues bien: mi conocimiento de la naturaleza humana me obliga a creer que hemos tenido un padre y que tú probablemente sabes quien fue.
 
Mrs. Clandon (con renovada agitación): Basta, Phil. Tu padre no es nada para ti ni  para mí (vehemente). Y eso es suficiente.
 
Los mellizos guardan silencio pero no se muestran satisfechos. Están cabizbajos. Pero Gloria, que ha seguido atentamente el altercado, interviene de pronto.
 
Gloria (avanzando): Madre, tenemos derecho a saberlo.
 
Mrs. Clandon (se levanta y la enfrenta):  ¡Gloria! ¿"Tenemos"? ¿Quiénes?
 
Gloria (inmutable): Nosotros tres. (Su tono es inconfundible. Está enfrentando su fuerza  a la de su madre por primera vez. Los mellizos se pasan instantáneamente al enemigo).
 
Mrs. Clandon (ofendida): En tu boca "nosotros" solía querer decir tú y yo, Gloria.
 
Philip (levantándose, decidido, y apartando el banquillo): Te estamos hiriendo. Dejemos esto. No creímos que te molestara. Yo no quiero saber nada.
 
Dolly (apartándose de la mesa): Estoy segura de que yo tampoco quiero saberlo. Oh, no te pongas así, mamá. (Mira airadamente a Gloria y echa los brazos al cuello de la madre).
 
Mrs. Clandon: Gracias, querida. Gracias, Phil. (Aleja suavemente a Dolly y vuelve a sentarse).
  

George Bernard Shaw (Irlandés fallecido en Inglaterra, 1856-1950).
Obtuvo el premio Nobel en 1925.
 
* La pimera traducción al español de You Never Can Tell llevó por título Lucha de sexos, años después se le conocería como Nunca puede saberse, que es más aproximado al original en inglés.
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de You Never Can Tell en el Abbey Theatre de Dublín, Irlanda, en 2015, bajo la dirección de Conall Morrison, con Caoimbe O¨Malley como Gloria, Eleanor Methven en el papel de la señora Clandon, James Murphy y Genevieve Hulme Beaman como los gemelos Philip y Dolly. 

domingo, 24 de marzo de 2019

Tu boca: MÚSICA INMORTAL, de Romain Rolland

"Estás fuera del mundo. Constituyes por ti sola un mundo. Tú tienes tu sol, tus leyes, tu flujo y tu reflujo."

La vida pasa. El cuerpo y el alma se desvanecen como las olas. Los años dejan su huella en la carne del àrbol que envejece. El mundo entero de las formas se gasta.

Tú sola, Música inmortal, no pasas. Tú eres el mar interior. Tú eres el alma profunda. En tus claras pupilas no se refleja el rostro melancólico de la vida. Como un rebaño de nubes se aleja de ti el cortejo de los días ardientes, helados, febriles, fugitivos, que ahuyenta la inquietud. Sólo tú no pasas. Estás fuera del mundo. Constituyes por ti sola un mundo. Tú tienes tu sol, tus leyes, tu flujo y tu reflujo. Posees la paz de las estrellas que trazan en el campo de los espacios nocturnos su rasgo luminoso, arados de plata conducidos por la mano segura del labrador invisible.


Música, virgen madre que llevas en tus entrañas inmaculadas todas las pasiones, que encierras el bien y y el mal en el lago de tus ojos del color de los juncos, del agua verde pálida que fluye de los glaciares, tú estás por encima del bien y del mal. Quien se refugia en ti vive al margen de los siglos; la sucesión de los días no será para él más que un día infinito, y la muerte, que todo lo muerde, se romperá los dientes.
 
Música que acunaste mi alma dolorida, haciéndola firme, tranquila y alegre al inundarla de amor y de bondad, quiero besar tu boca pura, esconder mi rostro entre tu cabellera de miel, apoyar mis pupilas abrasadas en la dulce palma de tu mano. Cuando cerramos los ojos y nos callamos veo la luz inefable de tus ojos, bebo la sonrisa de tus labios mudos, y acurrucado sobre tu corazón escucho el palpitar de la vida eterna.
 

Romain Rolland (Francia, 1866-1944). Obtuvo el premio Nobel en 1915.

sábado, 23 de marzo de 2019

Tu boca: PRIMAVERA Y AMOR, de Giosué Carducci

"Palpitante tu boca se abre como una flor."

Sobre las verdes márgenes
Tierna violeta crece,
El almendro florece
Y alza el ave su voz.
 
Riza el viento las aguas
En los revueltos senos...
De tus ojos serenos
Parte un rayo veloz.
 
¿Qué me importa si el aura
Leve mi frente toca?
Palpitante tu boca
Se abre como una flor.
 
¿Qué del ave canora
El gárrulo contento?
Su melodioso acento
Puso en tu labio amor.
 
Colúmpianse las ramas
De los árboles bellos;
La onda de tus cabellos
Tú libre al viento das.
 
Del nuevo año las flores
Me oculten dulce juego;
Ellas volverán luego...
Tú ya no volverás.


Giosué Carducci (Italia, 1835-1907). Obtuvo el premio Nobel en 1906.
 
(Traducido al español por Cayetano de Alvear).

viernes, 22 de marzo de 2019

Tu boca: LA PIEL DE ZAPA, de Honoré de Balzac

"El Cielo habla por tu linda boca. ¡Déjame besarla y muramos!"

(Fragmento del capítulo III: La agonía)
 
Y saltando de la cama, con la ligereza de un gato, se mostró radiante bajo la envoltura de las finas batistas y se sentó sobre las rodillas de Rafael.
 
- ¿De qué abismo hablabas, amor mío? - le preguntó, dejando asomar a su frente una sombra de preocupación.
 
- ¡De la muerte!
 
- ¡No me atormentes! Hay ciertas ideas, en las que nosotras, pobres mujeres, no podemos fijarnos, porque nos matan. ¿Es exceso de cariño, o falta de valor? No lo sé. Y no es que me asuste la muerte -añadió riendo-. Morir contigo mañana mismo, con mi boca pegada a tu boca, sería una dicha ¡Me parecería haber vivido más de cien años! ¿Qué importa el número de días, si en una noche, en una hora, hemos agotado toda una vida de aventura y de amor?
 
- Tienes razón -contestó Rafael-. El Cielo habla por tu linda boca. ¡Déjame besarla y muramos!
 
- Muramos pues –respondió ella riendo.


Honoré de Balzac (Francia, 1799-1850).

jueves, 21 de marzo de 2019

Tu boca: NUEVA PRIMAVERA, de Heinrich Heine

"Cuando mañana estas rosas ya deshojadas te enseñe." 
 
XXXI
 
Tras mucho tiempo extinguidas,
En mi corazón florecen
Las que alumbraron mi vida
Imágenes sonrientes:
¿Qué hay en tu voz, que mi alma
De tal modo se estremece?
 
¡No digas, no, que me adoras!
¡No digas, no, que me quieres!
Yo sé que todo lo hermoso
Que sobre la tierra crece,
Amores y primavera,
Por destino horrible deben
Perecer en breve plazo.
¡Morir en término breve!
 
¡No digas, no, que me adoras!
¡No digas, no, que me quieres!
Cierra tu boca, bien mío,
Y abrázame solamente.
Cierra tu boca y sonríe,
Sonríe feliz y alegre
Cuando mañana estas rosas
Ya deshojadas te enseñe.
 
 
Heinrich Heine (Alemania, 1797-1856).

miércoles, 20 de marzo de 2019

Tu boca: CARTA PARA JOSEFINA, de Napoleón Bonaparte

 
Carta de Napoleón a Josefina
 
No se consigna la fecha, pero sí la hora: nueve de la mañana. Debió ser escrita entre diciembre de 1795, en que se inició la relación amorosa, y el 9 de marzo del año siguiente, fecha de su matrimonio.

¿Cuál es entonces tu extraño poder, incomparable Josefina? Tu pensamiento me está envenenando la vida, partiéndose el alma. Sé bien que si discutimos, habré de decir no a mí corazón y mi conciencia. Vos la habéis seducido. Serán siempre vuestras.

Me fui dormir muy enojado. ¿Pensabas pues que no te quería por ti misma? ¿Por quién entonces? Ah señora, ¿os habéis detenido a reflexionar sobre ello seriamente? ¿Cómo puede un alma tan pura como la vuestra concebir idea tal? Sigo asombrado, aunque mi asombro que el sentimiento que, desde que desperté hoy, me ha empujado sin esfuerzo a caer rendido a vuestros pies, sin un ápice de rencor.
 
Te mando tres besos: uno para tu corazón, otro para tu boca y otro para tus ojos.
 
 
Napoleón Bonaparte (Francés nacido en Córcega, 1769-1821).

martes, 19 de marzo de 2019

Tu boca: MANFREDO (poema dramático), de Lord Byron

"Hada: No la conozco; anúnciela tu boca."

(Fragmento)

Hada: ¡Hijo de tierra!
Te conozco y también a los poderes
Que tu poder te dan; yo te conozco
Como un hombre de muchos pensamientos
Y actos de bien y mal, extremo en ambos,
Fatal y destinado en tus dolores.
Te esperaba. ¿De mí qué es lo que quieres?
Manfredo: Contemplar tu belleza, esto tan solo.
De la tierra el aspecto me ha causado
La locura; me acojo a sus misterios,
Penetro en las moradas de los seres
Que la gobiernan; pero en nada ayuda
Pueden darme. Ya entre ellos he buscado
Lo que lograr no pueden, y así ahora
Ya no investigo más.
Hada: ¿Cuál la demanda
Puede ser, que no esté ni en la potencia
De los más poderosos gobernantes
De lo invisible?
Manfredo: Es una gracia; pero,
¿Para qué repetirla si es en vano?
Hada: No la conozco; anúnciela tu boca.
Manfredo. Bien, aunque me atormente, me es lo mismo;
Voces encontrará mi cruel tormento.
Desde mi juventud no andaba nunca
El espíritu mío con el alma
De los hombres; tampoco con humanos
Ojos veía yo sobre la tierra.


Lord Byron: George Gordon Byron (1788-1824).

(Traducido del inglés por José Alcalá Galiano y Fernández de las Peñas).
La ilustración corresponde a una edición ilustrada de 1879.

lunes, 18 de marzo de 2019

Tu boca: JULIETTE O LAS PROSPERIDADES DEL VICIO, del Marqués de Sade

"... el placer dormita sobre un lecho de rosas; ¿quiere mi tierno amor que lo despierte?"

(Fragmento del segundo libro)

- Está ahí -me dice-, el placer dormita sobre un lecho de rosas; ¿quiere mi tierno amor que lo despierte? ¡Oh Juliette!, ¿me permites que me abrace al fuego de los arrebatos que voy a encender en ti?
 
- Bribona, tu boca me responde, tu lengua llama a la mía, la invita a la voluptuosidad.
 
- ¡Ah!, devuélveme lo que te he hecho, y muramos de placer.
 
- Desvistámonos -digo a mi amiga-, los libertinajes de la voluptuosidad no son buenos más que cuando se está desnudo; no descubro nada de ti, y quiero verlo todo; de- sembaracémonos de estos velos inoportunos; ¿acaso no son ya demasiados los de la naturaleza? ¡Ah!, cuando excite en ti arrebatos, querría ver palpitar tu corazón.
 
- ¡Qué idea! -me dice Clairwil-, me pinta tu carácter; Juliette, te adoro; hagamos todo lo que quieras.
 
 
Marqués de Sade: Donatien Alphonse François (Francia, 1740-1814).

domingo, 17 de marzo de 2019

Tu boca: OVILLEJOS, de Sor Juana Inés de la Cruz

"Por ver si la comparo con tu boca, y el Oriente con perlas me provoca..."

(Fragmentos)
 
El pintar de Lisarda la belleza,
En que así se excedió naturaleza,
Con un estilo llano,
Se me viene á la pluma, y á la mano.
Y cierto que es locura
El querer retratar su hermosura,
Sin haber en mi vida dibujado,
Ni saber que es azul ó colorado,
Que es regla, que es pincel, oscuro ó claro,
Aparejo, retoque, ni reparo.
El diablo me ha metido en ser pintora;
Dejémosle, mi Musa, por ahora,
Á quien sepa el oficio;
Más esta tentación me quita el juicio.
 
(...)
 
Ellas, en fin, aunque parecen rosa,
Lo cierto es que son carne, y no otra cosa.
¡Válgame Dios! lo que se sigue ahora,
Haciéndome está cocos el Aurora,
Por ver si la comparo con tu boca,
Y el Oriente con perlas me provoca;
Pero no hay que mirarme,
Que ni una sed de Oriente ha de costarme.
 
 
Sor Juana Inés de la Cruz: Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
(México, 1648-1695).

sábado, 16 de marzo de 2019

Tu boca: KENILWORTH, de Walter Scott

"... dime que es lo que quieres cambiar ó añadir, y tu boca será la medida, luz de mis ojos."

(Fragmento del capítulo VII)

- ¿Pero iré yo contigo á uno de tus castillos, para ver como la magnificencia de tus habitaciones se avendrá con vestidos tan sencillos?
 
- ¿Como? Amy, dijo el conde mirando a todas parles, ¿estas habitaciones no están acaso adornadas con bastante lujo y brillantez? Habia dado orden de que las amueblasen de un modo digno de tí y de mí; me parece en efecto que pudieran estarlo mejor; pero dime que es lo que quieres cambiar ó añadir, y tu boca será la medida, luz de mis ojos.
 
- Te quieres reir a mi costa, sin duda: la magnificencia de esta habitación es superior a mis deseos y a mi mérito. ¿Pero tu esposa no se verá.revestida algún día, pronto, del lustre que no resulta ni del trabajo de los artesanos que decoran su habitación, ni de las ricas telas y joyas con que tu liberalidad quiere adornarla, sino que es anexo al rango que debe tener entre las damas inglesas, como esposa del conde mas noble del reino?
 
-  ¡Algún día sí, Amy, amor mió! llegará ese día por cierto, y tú no deseas con más ardor que yo que llegue cuanto antes ¡Con que gusto abandonaré los cuidados del Estado, las penas y las inquietudes de la ambición, para pasar honradamente mi vida en mis dominios contigo, mi amiga y mi dulce compañera! Pero, Amy, ahora es imposible, y estas visitas secretas, estos instantes preciosos son todo lo que puedo dar a la mujer mas amable y mas amada de todo su sexo.
 
 
Walter Scott (Inglaterra, 1771-1832).

La ilustración corresponde a Robert Dudley, Earl de Leicester visita a su esposa Amy Robsart en Cumnor Place (1825), de Henri-Joseph Fradelle.

viernes, 15 de marzo de 2019

Tu boca: SEDUCCIÓN, de Kushal Khan Khattak

"¡Toda el alma me roban tus pupilas negrísimas, y el reír de tu boca!"

Tus undosos cabellos,
que a tu rostro dan sombra,
a la espalda te caen
y fulgura radiosa
tu pupila brillante,
y se ríe tu boca.

Y me embriagan los ecos
de tu voz melodiosa,
como el vino aromático,
que se vierte en las copas:
¡y qué dulce es tu beso
y qué fresca es tu boca!

Y al mirar tus mejillas,
que son hojas de rosa,
mis pupilas contemplan,
fascinadas, absortas,
los hoyuelos formados
al reír de tu boca.

Y si alguno te acusa
de tirana imperiosa
es un hombre inconstante,
cuya fe, cual la onda,
si se pierde, no vale,
el reír de tu boca.

Y tu beso dulcísimo
cual la flor, tiene aroma;
el perfume del cáliz
con que embriaga la rosa,
y las almas seduces
al besar de tu boca.

Tus traiciones olvido,
¡es tu faz tan hermosa!
cuando dices mirándome:
"¡Mis pecados perdona!"
y se ríen tus ojos,
como ríe tu boca.

Mis amigos te llaman
desleal, veleidosa,
¡mas no hay otra tan bella!
¡Toda el alma me roban
tus pupilas negrísimas,
y el reír de tu boca!

 

Kushal Khan Khattak (Afganistán, 1613-1690).
 
(Traducido al español por Luis Castelló). 

jueves, 14 de marzo de 2019

Tu boca: MEMORIAS, de Giacomo Casanova

"... abandona a mis ardientes besos tu boca divina que asegura que me amas."

(Fragmento del capítulo IV)
 
Después de un rato de silencio, la muchacha me dijo con tristeza que mi llanto la afligía, y que nunca hubiera creído hacerme verter lágrimas.
 
- No sé -dijo ella-, por qué ha de alarmaros tanto vuestro amor, cuando me hace tan dichosa. Si el amor que os he inspirado es un crimen, os juro que no tuve intención de cometer ninguno; por tanto, en conciencia, no podéis castigarme. Sin embargo, no puedo ocultar que me alegro de que me améis. En cuanto al peligro que se corre cuando se ama, y que conozco perfectamente, somos dueños de afrontarlo; y me extraña que, aunque ignorante, esto no me parezca difícil, mientras que a vos, que sabéis tanto, según dicen, os causa tal espanto. Me habéis visto llegar alegre esta mañana; es porque he soñado toda la noche; pero ello no me ha impedido dormir; sin embargo, me he despertado cinco o seis veces para ver si mi sueño era verdad; porque soñaba que estaba a vuestro lado; y al ver que no era verdad, volvía a dormirme enseguida, para coger otra vez mi sueño, y lo conseguía. Haré todo lo que me mandéis, excepto dejar de amaros, porque esto es imposible. Y si para curar, tenéis necesidad de no amarme, haced lo que podáis; porque mejor os quiero vivo sin amor que muerto por amar demasiado.
 
Este discurso sincero y natural me demostró cuán superior es la elocuencia de la naturaleza a la del espíritu filosófico. Estreché por vez primera a Lucía en mis brazos, diciéndole:
 
- Sí, amor mío, sí; tú puedes proporcionar al mal que me devora el más dulce consuelo; abandona a mis ardientes besos tu boca divina que asegura que me amas.
 
Pasamos un hora en un silencio delicioso, interrumpido únicamente por estas palabras que la muchacha repetía de vez en cuando:
 
- ¡Dios mío! ¿Es verdad que no estoy soñando?
 
Con todo, yo respetaba su inocencia, quizá porque Lucía se entregaba completamente sin resistencia alguna. Por último, desprendiéndose poco a poco de mis brazos, me dijo con inquietud:
 
- Mi corazón empieza a hablar, es preciso irme.
 
Y se levantó enseguida.
 
Giacomo Casanova
(Italiano fallecido en la entonces Bohemia, hoy República Checa, 1725-1798).