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Vancouver: atardecer en English Bay.

domingo, 31 de marzo de 2019

Tu boca: EL ESTÍO, de Juan Ramón Jiménez

"... tu boca en mi boca me sembró el rosal..."
 
LXX

En aquel beso, tu boca
en mi boca me sembró
el rosal cuyas raíces
se comen el corazón.

- Era otoño. El cielo inmenso
arrancaba, con su sol,
todo el oro de la vida
en columnas de esplendor. -

Estío, seco, ha venido.
El rosal -¡todo pasó!-
ha abierto, tardo, en mis ojos
dos capullos de dolor.
 
 
Juan Ramón Jiménez (España, 1881-1958). Obtuvo el premio Nobel en 1956.

sábado, 30 de marzo de 2019

Tu boca: MOSQUITOS, de William Faulkner

"Cerró el libro y se quitó los lentes."
 
(Fragmento del cuarto día, a las once en punto)
 
- Sí, pero estás tratando de reconciliar al libro con el autor. Un libro es la vida secreta de un escritor, el secreto gemelo de un hombre: y contigo, cuando llega el choque inevitable, la verdadera personalidad del autor es la que pierde, porque eres de aquellos que ganan en verosimilitud al verlos en letra impresa.
 
- Quizá sea así -respondió Fairchild distraídamente, inclinándose otra vez sobre la página-. Escucha:
 
«Esos labios cansados parecen aún más cansados, por esa curva y pálida astucia. El quieto misterio de tu secreta faz, y tu enfermizo desespero obsesionado por su propio mal; tus manos de infante no se posan en tu corazón para protestar. Esa sonrisa reconcilia tu fatigada boca, guárdate de jurar, aunque desengañada con la secreta alegría de tu pecho de mujer. Cansada tu boca de sonrisas; no puedes apagarlas con tus besos ni tu amante, ni tú, ni ella. Tu despertar virginal es en sí una burla. Llega despierto con la aguda ausencia del sueño y junto a tu boca tu gemelo corazón esconde su dolor; no puede quebrarse, pues en medio, no late ningún pecho.»
 
- Hermafroditas -leyó-. De eso se trata. Es una especie de secreta perversión. Como un fuego que no necesitara combustible, que viviera de su propio calor. Quiero decir, que toda la poesía moderna es una especie de perversión. Como si el día de la poesía sana hubiera pasado ya, y los hombres modernos no hubieran nacido para escribir poemas. Les concedo otras cualidades, pero no la de escribir poesía. Es como si los hombres de hoy no fueran suficientemente masculinos y vigorosos para idear algo que anda tan cerca de lo sobrenatural. Una raza estéril; mujeres dema- siado masculinas para concebir; hombres demasiado femeninos para engendrar...
 
Cerró el libro y se quitó los lentes.
 
 
William Faulkner (Estados Unidos, 1897-1962).
Obtuvo el premio Nobel en 1949.

viernes, 29 de marzo de 2019

Tu boca: NARCISO Y GOLDMUNDO, de Hermann Hesse

"... de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire."

(Fragmento del capítulo XV)

- ¿Por qué me sigues? -le preguntó la dama-. ¿Qué deseas de mí?
 
- Ah -profirió él-, más quisiera dar que recibir. Quisiera ofrecerme a ti como presente, hermosa mujer; haz de mí lo que te plazca.
 
- Bien; veré lo que se puede hacer contigo. Mas si has creído que podías tomar aquí afuera, sin peligro, una flor, te has engañado de medio a medio. Sólo puedo amar a hombres que sean capaces de arriesgar su vida llegado el caso.
 
- No tienes más que mandarme. Lentamente, ella se quitó del cuello una fina cadena de oro y se la entregó.

- ¿Cómo te llamas?
 
- Goldmundo.
 
- Perfectamente, Goldmundo, "boca de oro"; he de gustar tu boca para comprobar si es, en verdad, de oro. Atiende. Al anochecer, te presentarás en el palacio y, enseñando esta cadena, dirás haberla encontrado. No la darás a nadie porque quiero recobrarla de tus manos. Irás tal como estás ahora, aunque te tomen por mendigo. Si alguno de la servidumbre te trata con grosería no te alterarás. Conviene que sepas que en el palacio sólo cuento con dos personas de confianza: el palafrenero Máximo y mi doncella Berta. Procurarás ver a alguno de los dos y le dirás que te conduzca a mi presencia. Con los demás del castillo, incluido el conde, procede con cautela, son enemigos. Quedas advertido. Puede costarte la vida.
 
Le tendió la mano y él se la tomó sonriendo, la besó con dulzura y la rozó levemente con su mejilla. Luego se guardó la cadena y partió cuesta abajo, hacia el río y la ciudad. Las colinas de viñedos estaban ya peladas, de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire. Al mirar, desde lo alto, la ciudad y encontrarla tan amable y cordial, Goldmundo sonrió meneando la cabeza. Pocos días antes estaba muy triste, triste también porque hasta la miseria y el sufrimiento fuesen pasajeros. Y ahora habían ya pasado realmente, habían caído como el dorado follaje de la rama. Le parecía que jamás había irradiado el amor sobre él como a través de aquella mujer cuya erguida figura y rubia y sonriente vitalidad le recordaba la imagen de su madre tal como la llevara en el corazón en los tiempos que estudiaba en el convento. Anteayer mismo hubiese estimado increíble que el mundo pudiera volver a sonreírle tan gozoso y sentir otra vez en la sangre el torrente de la vida, la alegría, la juventud, tan pleno e impetuoso. ¡Qué suerte que aún estuviese vivo, que en aquellos meses terribles la muerte lo hubiese respetado!
 
 
  Hermann Hesse (Alemania, 1877-1962). Obtuvo el premio Nobel en 1946.

jueves, 28 de marzo de 2019

Tu boca: BESOS, de Gabriela Mistral

"... yo te enseñé a besar con besos míos inventados por mí, para tu boca."

(Fragmento)
 
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
 
 
Gabriela Mistral: Lucila Godoy Alcayaga (Chile, 1889-1957).
Obtuvo el premio Nobel en 1945.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Tu boca: EL DIFUNTO MATÍAS PASCAL, de Luigi Pirandello

"... el tren de las doce, que va a Pisa."

(Fragmento inicial del capítulo 17: Reencarnación)

Llegué a la estación a tiempo de tomar el tren de las doce, que va a Pisa.

Después de sacar el billete, me acomodé en un coche de segunda, con la visera de la gorra de viaje calada hasta los ojos, no tanto porque no me vieran como para no ver yo a nadie. Pero seguía viendo, a pesar de todo, con el pensamiento, lo que no quería ver; me atosigaba la visión de aquel sombrero y aquel bastón que dejara encima del pretilillo del puente. Quizá alguno, al pasar por allí, los hubiese visto..., si no había ido ya algún sereno con el parte a la Comisaría... ¡Y yo estaba todavía en Roma! ¿Qué pasaría? Sentía que no vivía...

Hasta que, por fin, arrancó el tren. Por fortuna no había subido ningún otro viajero a mi vagón. Me puse en pie, alcé los brazos y lancé un interminable suspiro de satisfacción, como si se me hubiese quitado un peso de encima. ¡Ah! Volvía a contarme en el número de los vivos; a ser yo, ¡Matías Pascal! Me hubiera puesto a participárselo a todo el mundo a grito pelado: «¡Que soy yo, Matías Pascal! ¡Que soy yo! ¡No me había muerto! ¡Estoy aquí!» ¡Y no tenía ya que mentir, ni por qué temer que me descubrieran! Es decir, todavía no, hasta que no llegase a Miragno... Allí era donde tendría que darme a conocer como del mundo de los vivos e injertarme de nuevo en mis sepultas raíces... ¡Loco de mí ¿Cómo había podido figurarme que un tronco pudiese vivir cercenado de sus raíces? Y, sin embargo, todavía me acordaba de aquel otro viaje de Alenga a Turín; lo mismo que ahora, habíame considerado entonces feliz... ¡Loco! ¡Había sido un loco! «¡La liberación!», decía. ¡Aquello me había parecido la liberación! ¡Sí, con la capa de plomo de la mentira a cuestas! ¡Una capa de plomo encima de una sombra! ... Ahora volvería a cargar con la mujer y la suegra, es cierto... Pero ¿no había tenido que cargar con ellas también cuando era un muerto? Ahora, por lo menos, estaría vivo y podría defenderme. ¡Ah! ¡Ya nos las veríamos!

Al pensar en ello de nuevo, se me antojaba inverosímil la ligereza con que dos años atrás me lanzara yo fuera de la ley, a la aventura. Y volvía a verme en aquellos primeros días, dichoso en medio de la inconsciencia, o por mejor decir, de la locura, en Turín, primero, y después en otras poblaciones, en callada romería, mudo, solo, metido en mi concha, saboreando a mis anchas el sentimiento de lo que en aquella época se me antojaba mi felicidad; y evocaba mi paseo por Alemania, a lo largo del Rin, en un vapor. ¿Habría sido un sueño todo aquello? No, señor; que había sido realidad. ¡Oh, si hubiera podido yo hacer siempre aquella vida.... viajar como un forastero del vivir! ... Pero luego, en Milán.... aquel pobre perro que estuve a punto de comprarle al viejo que vendía cajas de cerillas... Ya entonces.

Torné con el pensamiento a Roma. Y entre como una sombra en la casa abandonada. ¿Dormirían todos? Adriana, quizá no; quizá me está aguardando todavía, esperándome de un momento a otro; le habrán dicho que yo he ido a buscar dos padrinos para batirme con el pintor Bernáldez; y como tardo, le entra mucho miedo y llora...
 
Me apreté la cara con ambas manos, sintiendo que el corazón se me encogía de angustia.

- Pero si yo no podía ser un viviente para ti, Adriana -gemí-, ¿no es mejor que ahora me creas muerto? Muertos los labios que cogieron aquel beso de tu boca... ¡Olvídame, pobre Adriana, olvídame!

 
Luigi Pirandello (Italia, 1867-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1934.

La ilustración corresponde al puente de la Magdalena, conocido como "puente del diablo", en la provincia de Lucca, al norte de Pisa. 

martes, 26 de marzo de 2019

Tu boca: LA MONTAÑA MÁGICA, de Thomas Mann

".. a ti y a tus maravillosos ojos oblicuos, y tu boca y la voz con que me hablas..."

(Fragmento)

- ¡Oh! El amor no es nada si no es la locura, una cosa insensata, prohibida y una aventura en el mal. Si no es así es una banalidad agradable, buena para servir de tema a cancioncitas tranquilas en las llanuras. Pero que yo te he reconocido y que he reconocido mi amor hacia ti, sí, eso es verdad, yo ya te conocí antiguamente, a ti y a tus maravillosos ojos oblicuos, y tu boca y la voz con que me hablas; una vez ya, cuando era colegial, te pedí tu lápiz para entablar contigo una relación social, porque te amaba sin razonar, y es por eso, sin duda, por mi antiguo amor hacia ti, por lo que me quedan esas marcas que el médico ha encontrado en mi cuerpo y que indican que en otro tiempo estaba ya enfermo... te amo, te he amado siempre, pues tú eres el Tú de mi vida, mi sueño, mi destino, mi deseo, mi eterno deseo.


Thomas Mann (Alemán, 1875-1955). Obtuvo el premio Nobel en 1929.

lunes, 25 de marzo de 2019

Tu boca: PAN, de Knut Hamsun

"¡Cuánto amor hay en la ingenuidad de su sonrisa... !"
 
(Fragmento del capítulo XXIX)

La pobre Eva no cesa de trabajar; trabaja más que un hombre: tan pronto lleva uno de los caballos del señor Mack de la casa al molino como hace de caballo ella misma, cargada de grano y harina. Muchas veces me la encuentro en el camino y quedo atónito ante la frescura frutal de su cara. ¡Cuánto amor hay en la ingenuidad de su sonrisa... !El día será para el trabajo del señor Mack; pero las noches son para mí y para ella... Noches de pasión y de susurros.
 
- No pareces tener ni la menor sombra de preocupación, Eva adorada -le digo.
 
- No digas que me adoras…  ¿Qué soy yo sino una pobre mujer sin cultura, que lo único que sabe y sabrá siempre es serte fiel? Aun cuando me amenazaran con matarme lo sería; ya ves, el señor Mack es cada día más duro con nosotros, y nada me importa.. .   Cuando me ve se pone furioso, y el otro día llegó hasta zarandearme de un brazo, lívido de rabia... Sin embargo, no te lo quiero negar, tengo una pena...
 
- ¿Una pena tú?
 
- Sí, el señor Mack te amenaza.. .   Anoche me dijo: ¿De modo que es el teniente quien te ha sorbido el seso?" "Sí, es mío y soy suya", le respondí. "Pues ya verás qué pronto le hago dejar el campo..." Y esto me dio miedo.
 
- No te importe lo que ese viejo diga... Son tonterías, Eva… Tonterías nada más… Ea, déjame ver si tus piececitos siguen tan lindos; déjame ver ahora tu cara..., tu boca... Así... Cierra los ojos.
 
Y cae en mis brazos con los ojos cerrados, estremecida, feliz.


Knut Hamsun (Noruega, 1859-1952). Obtuvo el premio Nobel en 1920.

domingo, 24 de marzo de 2019

Tu boca: LAÚD DE AMOR, de Rabindranath Tagore

"Tal vez por mí palpite tu dormida boca entreabierta."

La estrella

El río avanza, mansamente, abriendo la noche. Las estrellas, desnudas,  tiemblan en el agua. El río traza una línea de rumor en el silencio.

He abandonado mi barca al capricho de las aguas. Tendido cara al cielo  pienso en ti que duermes, extraviada entre los sueños.

Tal vez ahora me sueñes, amor mío, de nocturnos, húmedos ojos estrellados.

Pronto mi barca ha de pasar frente a tu casa, amor mío, extendida en tu sueño  como un río. Tal vez por mí palpite tu dormida boca entreabierta.

Llega una ráfaga de fruta y de jazmín. Este viento ha pasado por tu casa y en él  toco tu sueño y aspiro tu aroma y beso tu boca, amor mío que tal vez ahora andas conmigo, en un jardín, por tu sueño.

Detrás de tu oreja, entre los cabellos, húmedos del baño todavía, arde un jazmín, en tu sueño. Dame la mano y mírame a los ojos, en tu sueño, amor mío, y suavemente,  arrástrame  al círculo mágico en que ahora, dormida, sonríes.

Ya veo, entre la sombra de la orilla, una lucecita que me mira con amoroso parpadeo. Es tu casa: para mí la más dulce, la más cercana y lejana de las estrellas, amor mío.
 
 
Rabindranath Tagore (India, 1861-1941). Obtuvo el premio Nobel en 1913.

sábado, 23 de marzo de 2019

Tu boca: PRIMAVERA Y AMOR, de Giosué Carducci

"Palpitante tu boca se abre como una flor."

Sobre las verdes márgenes
Tierna violeta crece,
El almendro florece
Y alza el ave su voz.
 
Riza el viento las aguas
En los revueltos senos...
De tus ojos serenos
Parte un rayo veloz.
 
¿Qué me importa si el aura
Leve mi frente toca?
Palpitante tu boca
Se abre como una flor.
 
¿Qué del ave canora
El gárrulo contento?
Su melodioso acento
Puso en tu labio amor.
 
Colúmpianse las ramas
De los árboles bellos;
La onda de tus cabellos
Tú libre al viento das.
 
Del nuevo año las flores
Me oculten dulce juego;
Ellas volverán luego...
Tú ya no volverás.


Giosué Carducci (Italia, 1835-1907). Obtuvo el premio Nobel en 1906.
 
(Traducido al español por Cayetano de Alvear).

viernes, 22 de marzo de 2019

Tu boca: LA PIEL DE ZAPA, de Honoré de Balzac

"El Cielo habla por tu linda boca. ¡Déjame besarla y muramos!"

(Fragmento del capítulo III: La agonía)
 
Y saltando de la cama, con la ligereza de un gato, se mostró radiante bajo la envoltura de las finas batistas y se sentó sobre las rodillas de Rafael.
 
- ¿De qué abismo hablabas, amor mío? - le preguntó, dejando asomar a su frente una sombra de preocupación.
 
- ¡De la muerte!
 
- ¡No me atormentes! Hay ciertas ideas, en las que nosotras, pobres mujeres, no podemos fijarnos, porque nos matan. ¿Es exceso de cariño, o falta de valor? No lo sé. Y no es que me asuste la muerte -añadió riendo-. Morir contigo mañana mismo, con mi boca pegada a tu boca, sería una dicha ¡Me parecería haber vivido más de cien años! ¿Qué importa el número de días, si en una noche, en una hora, hemos agotado toda una vida de aventura y de amor?
 
- Tienes razón -contestó Rafael-. El Cielo habla por tu linda boca. ¡Déjame besarla y muramos!
 
- Muramos pues –respondió ella riendo.


Honoré de Balzac (Francia, 1799-1850).

jueves, 21 de marzo de 2019

Tu boca: NUEVA PRIMAVERA, de Heinrich Heine

"Cuando mañana estas rosas ya deshojadas te enseñe." 
 
XXXI
 
Tras mucho tiempo extinguidas,
En mi corazón florecen
Las que alumbraron mi vida
Imágenes sonrientes:
¿Qué hay en tu voz, que mi alma
De tal modo se estremece?
 
¡No digas, no, que me adoras!
¡No digas, no, que me quieres!
Yo sé que todo lo hermoso
Que sobre la tierra crece,
Amores y primavera,
Por destino horrible deben
Perecer en breve plazo.
¡Morir en término breve!
 
¡No digas, no, que me adoras!
¡No digas, no, que me quieres!
Cierra tu boca, bien mío,
Y abrázame solamente.
Cierra tu boca y sonríe,
Sonríe feliz y alegre
Cuando mañana estas rosas
Ya deshojadas te enseñe.
 
 
Heinrich Heine (Alemania, 1797-1856).

miércoles, 20 de marzo de 2019

Tu boca: CARTA PARA JOSEFINA, de Napoleón Bonaparte

 
Carta de Napoleón a Josefina
 
No se consigna la fecha, pero sí la hora: nueve de la mañana. Debió ser escrita entre diciembre de 1795, en que se inició la relación amorosa, y el 9 de marzo del año siguiente, fecha de su matrimonio.

¿Cuál es entonces tu extraño poder, incomparable Josefina? Tu pensamiento me está envenenando la vida, partiéndose el alma. Sé bien que si discutimos, habré de decir no a mí corazón y mi conciencia. Vos la habéis seducido. Serán siempre vuestras.

Me fui dormir muy enojado. ¿Pensabas pues que no te quería por ti misma? ¿Por quién entonces? Ah señora, ¿os habéis detenido a reflexionar sobre ello seriamente? ¿Cómo puede un alma tan pura como la vuestra concebir idea tal? Sigo asombrado, aunque mi asombro que el sentimiento que, desde que desperté hoy, me ha empujado sin esfuerzo a caer rendido a vuestros pies, sin un ápice de rencor.
 
Te mando tres besos: uno para tu corazón, otro para tu boca y otro para tus ojos.
 
 
Napoleón Bonaparte (Francés nacido en Córcega, 1769-1821).

martes, 19 de marzo de 2019

Tu boca: ODA A LA MELANCOLÍA, de John Keats

"... y al lado del doloroso gozo, que se torna veneno al beber de él tu boca, como abeja."
 
I

No vayas, no, no vayas al Leteo, ni extraigas del acónito,
firmemente arraigado, su licor venenoso;
que no bese tu pálida frente la belladona,
fruto color rubí de Proserpina;
no formes un rosario con las baya del tejo
ni permitas que sea escarabajo o fúnebre falena
ni dolorida Psique, ni el búho compañero
en los misterios de tu gran pesar;
si no sombras y sombras vendrán igual que un sueño muy profundo
y ahogarán la despierta angustia de tu alma.

II

Pero cuando la carga melancólica caiga
de pronto de los cielos como llanto de nube,
que alimenta a las flores de abatido semblante
y que oculta el verdor de la colina tras mortajas de abril,
hunde entonces tu pena en una rosa al alba
o en la irisada ola, rota en sal en la arena,
o en el rico esplendor que encierran las redondas peonías;
o si tu amante muestra algún crecido enojo
toma su suave mano, deja que se enfurezca
y en sus incomparables ojos bebe profunda y hondamente.
 
III

Melancolía hay en lo que es bello-lo que es bello y que muere-,
y en la alegría, que se lleva siempre la mano hasta sus labios
diciendo adiós; y al lado del doloroso gozo,
que se torna veneno al beber de él tu boca, como abeja.
Ay, que en el mismo templo
del deleite,
oculto, guarda la melancolía su soberano trono,
no observado por nadie, salvo por quienes con sus fuertes lenguas
deshacen, contra el fino paladar, las uvas del placer;
entonces saborean la tristeza del poder que ella tiene
y pasan a engrosar su galería de sombríos trofeos.
 
 
John Keats (Inglés fallecido en Italia, 1795-1821). 

lunes, 18 de marzo de 2019

Tu boca: MEMORIAS, de Giacomo Casanova

"... abandona a mis ardientes besos tu boca divina que asegura que me amas."

(Fragmento del capítulo IV)
 
Después de un rato de silencio, la muchacha me dijo con tristeza que mi llanto la afligía, y que nunca hubiera creído hacerme verter lágrimas.
 
- No sé -dijo ella-, por qué ha de alarmaros tanto vuestro amor, cuando me hace tan dichosa. Si el amor que os he inspirado es un crimen, os juro que no tuve intención de cometer ninguno; por tanto, en conciencia, no podéis castigarme. Sin embargo, no puedo ocultar que me alegro de que me améis. En cuanto al peligro que se corre cuando se ama, y que conozco perfectamente, somos dueños de afrontarlo; y me extraña que, aunque ignorante, esto no me parezca difícil, mientras que a vos, que sabéis tanto, según dicen, os causa tal espanto. Me habéis visto llegar alegre esta mañana; es porque he soñado toda la noche; pero ello no me ha impedido dormir; sin embargo, me he despertado cinco o seis veces para ver si mi sueño era verdad; porque soñaba que estaba a vuestro lado; y al ver que no era verdad, volvía a dormirme enseguida, para coger otra vez mi sueño, y lo conseguía. Haré todo lo que me mandéis, excepto dejar de amaros, porque esto es imposible. Y si para curar, tenéis necesidad de no amarme, haced lo que podáis; porque mejor os quiero vivo sin amor que muerto por amar demasiado.
 
Este discurso sincero y natural me demostró cuán superior es la elocuencia de la naturaleza a la del espíritu filosófico. Estreché por vez primera a Lucía en mis brazos, diciéndole:
 
- Sí, amor mío, sí; tú puedes proporcionar al mal que me devora el más dulce consuelo; abandona a mis ardientes besos tu boca divina que asegura que me amas.
 
Pasamos un hora en un silencio delicioso, interrumpido únicamente por estas palabras que la muchacha repetía de vez en cuando:
 
- ¡Dios mío! ¿Es verdad que no estoy soñando?
 
Con todo, yo respetaba su inocencia, quizá porque Lucía se entregaba completamente sin resistencia alguna. Por último, desprendiéndose poco a poco de mis brazos, me dijo con inquietud:
 
- Mi corazón empieza a hablar, es preciso irme.
 
Y se levantó enseguida.
 
Giacomo Casanova
(Italiano fallecido en la entonces Bohemia, hoy República Checa, 1725-1798).

domingo, 17 de marzo de 2019

Tu boca: MANFREDO (poema dramático), de Lord Byron

"Hada: No la conozco; anúnciela tu boca."

(Fragmento)

Hada: ¡Hijo de tierra!
Te conozco y también a los poderes
Que tu poder te dan; yo te conozco
Como un hombre de muchos pensamientos
Y actos de bien y mal, extremo en ambos,
Fatal y destinado en tus dolores.
Te esperaba. ¿De mí qué es lo que quieres?
Manfredo: Contemplar tu belleza, esto tan solo.
De la tierra el aspecto me ha causado
La locura; me acojo a sus misterios,
Penetro en las moradas de los seres
Que la gobiernan; pero en nada ayuda
Pueden darme. Ya entre ellos he buscado
Lo que lograr no pueden, y así ahora
Ya no investigo más.
Hada: ¿Cuál la demanda
Puede ser, que no esté ni en la potencia
De los más poderosos gobernantes
De lo invisible?
Manfredo: Es una gracia; pero,
¿Para qué repetirla si es en vano?
Hada: No la conozco; anúnciela tu boca.
Manfredo. Bien, aunque me atormente, me es lo mismo;
Voces encontrará mi cruel tormento.
Desde mi juventud no andaba nunca
El espíritu mío con el alma
De los hombres; tampoco con humanos
Ojos veía yo sobre la tierra.


Lord Byron: George Gordon Byron (1788-1824).

(Traducido del inglés por José Alcalá Galiano y Fernández de las Peñas).
La ilustración corresponde a una edición ilustrada de 1879.

sábado, 16 de marzo de 2019

Tu boca: JULIETTE O LAS PROSPERIDADES DEL VICIO, del Marqués de Sade

"... el placer dormita sobre un lecho de rosas; ¿quiere mi tierno amor que lo despierte?"

(Fragmento del segundo libro)

- Está ahí -me dice-, el placer dormita sobre un lecho de rosas; ¿quiere mi tierno amor que lo despierte? ¡Oh Juliette!, ¿me permites que me abrace al fuego de los arrebatos que voy a encender en ti?
 
- Bribona, tu boca me responde, tu lengua llama a la mía, la invita a la voluptuosidad.
 
- ¡Ah!, devuélveme lo que te he hecho, y muramos de placer.
 
- Desvistámonos -digo a mi amiga-, los libertinajes de la voluptuosidad no son buenos más que cuando se está desnudo; no descubro nada de ti, y quiero verlo todo; de- sembaracémonos de estos velos inoportunos; ¿acaso no son ya demasiados los de la naturaleza? ¡Ah!, cuando excite en ti arrebatos, querría ver palpitar tu corazón.
 
- ¡Qué idea! -me dice Clairwil-, me pinta tu carácter; Juliette, te adoro; hagamos todo lo que quieras.
 
 
Marqués de Sade: Donatien Alphonse François (Francia, 1740-1814).

viernes, 15 de marzo de 2019

Tu boca: OVILLEJOS, de Sor Juana Inés de la Cruz

"Por ver si la comparo con tu boca, y el Oriente con perlas me provoca..."

(Fragmentos)
 
El pintar de Lisarda la belleza,
En que así se excedió naturaleza,
Con un estilo llano,
Se me viene á la pluma, y á la mano.
Y cierto que es locura
El querer retratar su hermosura,
Sin haber en mi vida dibujado,
Ni saber que es azul ó colorado,
Que es regla, que es pincel, oscuro ó claro,
Aparejo, retoque, ni reparo.
El diablo me ha metido en ser pintora;
Dejémosle, mi Musa, por ahora,
Á quien sepa el oficio;
Más esta tentación me quita el juicio.
 
(...)
 
Ellas, en fin, aunque parecen rosa,
Lo cierto es que son carne, y no otra cosa.
¡Válgame Dios! lo que se sigue ahora,
Haciéndome está cocos el Aurora,
Por ver si la comparo con tu boca,
Y el Oriente con perlas me provoca;
Pero no hay que mirarme,
Que ni una sed de Oriente ha de costarme.
 
 
Sor Juana Inés de la Cruz: Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
(México, 1648-1695).

martes, 12 de marzo de 2019

Tu boca: EL BURGUÉS GENTILHOMBRE, de Molière

 
(Fragmento de la escena décima del tercer acto)

Lucila: ¿Vas a morir, Cleonte?

Cleonte: Sí, ya que lo quieres...

Lucila: ¿Yo quiero que te mueras?

Cleonte: Sí, eso es lo que quieres.

Lucila: ¿Quién dijo eso?

Cleonte (acercándose a Lucila): ¿No es quererlo no aclarar mis dudas?

Lucila: ¿Fue culpa mía? Si hubieras querido escucharme te habría dicho que la aventura de la que te lamentas la provocó esta mañana la presencia de una vieja tía quien cree que con la sola proximidad de un hombre una joven se deshonra, se la pasa sermoneando sobre ese tema y pinta a todos los hombres como si fueran demonios de los que hay que escaparse.

Nicolasa (a Covielle): Ese es el secreto de la cuestión...

Cleonte: ¿No me engañas, Lucila?

Covielle (a Nicolasa): ¿No me mientes?

Lucila (a Cleonte): Es cierto.
 
Nicolasa (a Covielle): Así es la cosa.
 
Covielle (a Cleonte): ¿Cedemos?
 
Cleonte: ¡Lucila! ¡Basta una sola palabra de tu boca para apaciguar mi corazón! ¡Y qué fácil es dejarse convencer por las personas a las que ama!

Covielle: ¡Con cuánta docilidad se deja uno acariciar por estas criaturas!

(Fin de la escena décima)

 
Molière: Jean-Baptiste Poquelin (Francia, 1622-1673).
 
Las ilustraciones corresponden al reparto de la puesta en escena de la compañía española de teatro Morboria, dirigida por Eva del Palacio en 2015; y a los personajes que intervienen en la escena en cuestión: Cleonte (Jorge Morales), Lucila (Virginia Sánchez), Nicolasa (Silvana Navas) y Covielle (Vicente Aguado). 

lunes, 11 de marzo de 2019

Tu boca: ERÓTICAS, de Esteban Manuel de Villegas

"... con los rubíes de tu boca hermosa."
 
Oda XVI
 
(Fragmento)
 
Amo, venero, estimo tus enojos,
porque es fuerza que sea
tanto desdén pariente de tus ojos;
y también porque vea
amor, que hay corazones
que estiman con razón sus sinrazones.
 
Muévate pues, joh dulce mi señora!
ver que en mis dos mejillas
la triste palidez de gualda mora,
debiendo reduciilas
a colorada rosa
con los rubíes de tu boca hermosa.

Muévate ver un miserable amante,
sujeto a la aspereza
del Aquilón, y céfiro sonante:
muévate mi firmeza,
pues será sostenida
mientras durare la firmeza en Lida.
 

Esteban Manuel de Villegas (España, 1589-1669).