Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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lunes, 2 de septiembre de 2024

Mirándolas dormir: GRINGO VIEJO, de Carlos Fuentes

"El viejo se quedó mirando un rato el rostro durmiente de la hermosa mujer, le acarició la cabellera castaña y luminosa..."

(Fragmento del capítulo VIII)

El viejo no vio motivo para sonreír. El tiempo había llegado y Pancho Villa andaba lejos. Dijo que estaría listo en cinco minutos y fue al final del carro de ferrocarril, donde la mujer con cara de luna dormía sobre el piso. Le había dejado la cama a la señorita Winslow. La mexicana despertó al entrar el viejo. El le pidió silencio con un gesto. La mujer no se alarmó; cerró de vuelta los ojos. El viejo se quedó mirando un rato el rostro durmiente de la hermosa mujer, le acarició la cabellera castaña y luminosa, le tapó con el sarape el seno descubierto, pequeño y redondo y suave- mente le rozó la mejilla cálida con los labios. Quizás la mujer con la cara de luna entendía la ternura (deseó el gringo viejo). El sueño es nuestro mito personal, se dijo el gringo viejo cuando besó a Harriet dormida y pidió que ese sueño se prolongara más que la guerra, venciera a la propia guerra para que al regresar de ella, vivo o muerto, ella lo recibiera en este sueño ininterrumpido que él, a fuerza de desear y de inducir con el deseo, llegó a ver y comprender en los escasos minutos que dura un sueño que, más tarde, la memoria o el olvido restaurarán como un argumento largo, poblado de detalles, de arquitecturas y de incidentes. Quería invitarla, quizás, a su propio sueño; pero éste era un sueño de la muerte que no podía compartir con nadie: en cambio, mientras vivieran ambos, por más separados que estuviesen, podían penetrar sus sueños respectivos, compartirlos; hizo un esfuerzo gigantesco, como si éste pudiese ser el último acto de su vida, y en un instante soñó con los ojos abiertos y los labios apretados el sueño entero de Harriet, todo, el padre ausente, la madre prisionera de las sombras, el paso de la luz estable sobre una mesa a la luz fugitiva dentro de una casa abandonada.

Carlos Fuentes
(Mexicano nacido en Panamá, 1928-2012).

martes, 26 de diciembre de 2023

Navidad: ADÁN EN EDÉN, de Carlos Fuentes

"Me invade un temor. Devolverle a un colaborador el regalo que éste me hizo hace dos, tres, cuatro Navidades..."

1

No entiendo lo que ha sucedido. La Navidad pasada todos me sonreían, me traían regalos, me felicitaban, me auguraban un nuevo año -un año más- de éxitos, satisfacciones, reconocimientos. A mi esposa le hacían caravanas como diciéndole qué suertuda, estar casada con un hombre así... Hoy me pregunto qué significa ser «un hombre así...» o «asado». Más asado que así. ¿Fue el año que terminó una ilusión de mi memoria? ¿Realmente ocurrió lo que ocurrió? No quiero saberlo. Lo único que deseo es regresar a la Navidad del año anterior, anuncio familiar, repetido, reconfortante en su sencillez misma (en su idiotez intrínseca) como profecía de doce meses venideros que no serían tan gratificantes como la Noche Buena porque no serían, por fortuna, tan bobos y malditos como la Navidad, la fiesta decembrina que celebramos porque sí, no faltaba más, sin saber por qué, por costumbre, porque somos cristianos, somos mexicanos, guerra, guerra contra Lucifer, porque en México hasta los ateos son católicos, porque mil años de iconografía nos ponen de rodillas ante el Retablo de Belén aunque le demos la espalda al Establishment del Vaticano. La Navidad nos devuelve a los orígenes humildes de la fe. Una vez, otra vez, ser cristiano significaba ser perseguido, esconderse, huir. Herejía. Manera heroica de escoger. Ahora, pobre época, ser ateo no escandaliza a nadie. Nada escandaliza. Nadie se escandaliza. ¿Y si yo, Adán Gorozpe, en este momento derrumbo de un puñetazo el arbolito navideño, hago que se estrellen las estrellas, le coloco una corona en la cabeza a mi mujer Priscila Holguín y corro a mis invitados con lo que antes se llamaba (¿qué quiere decir?) cajas destempladas...?
 
¿Por qué no lo hago? ¿Por qué me sigo conduciendo con la amabilidad que todos esperan de mí? ¿Por qué sigo comportándome como el perfecto anfitrión que Navidad tras Navidad reúne a sus amigos y colaboradores, les da de comer y beber, les entrega regalos distintos a cada uno -jamás dos veces la misma corbata, el mismo pañuelo- aunque mi mujer insista en que ésta es la mejor época para el «roperazo», es decir, para deshacerse de regalos inútiles, feos o repetidos que nos son entregados para endilgárselos a quienes, a su vez, los regalan a otros incautos que se los encajan a...
 
Contemplo la pequeña montaña de obsequios al pie del árbol. Me invade un temor. Devolverle a un colaborador el regalo que éste me hizo hace dos, tres, cuatro Navidades... Me basta pensarlo para suprimir mis temores anticipados. No estoy aún en el Año Nuevo. Sigo en la Noche Buena. Me rodea mi familia. Mi esposa inocente sonríe, con su sonrisa más vanidosa. Las criadas distribuyen ponches. Mi suegro ofrece una bandeja de bizcochos.
 
No debo adelantarme. Hoy todo es bueno, lo malo aún no sucede.
 
Distraído, miro por la ventana. Pasa un cometa.
 
Y Priscila mi esposa le da una sonora cachetada a la criada que distribuye cócteles.
 
 
Carlos Fuentes (México, 1928-2012).

domingo, 12 de noviembre de 2023

Eclipse solar: ADÁN EN EDÉN, de Carlos Fuentes

"... al sol nos acostumbramos y sólo su ausencia -el eclipse- nos llama la atención. Pensamos en el sol cuando no vemos el sol."

(Fragmento inicial del capítulo 2)

Pasa, una vez más, un cometa. Me invade una gran duda. Este astro luminoso, ¿es precedido por su propia luz o sólo la anuncia? ¿La luz anticipa o finaliza, es presagio de nacimiento o de defunción? Creo que es el sol, astro mayor, quien determina si el cometa es un antes o un después. Es decir: el sol es el dueño del juego, los cometas son partículas, coro, extras del universo. Y sin embargo, al sol nos acostumbramos y sólo su ausencia -el eclipse- nos llama la atención. Pensamos en el sol cuando no vemos el sol. Los cometas, en cambio, son como chisguetes del sol, animales emisarios, ancilares al sol, y a pesar de todo, prueba de la existencia del sol: sin los esclavos no existe el amo. El amo requiere siervos para probar su propia vida.

Carlos Fuentes
(Mexicano, nacido en Panamá, en 1928; fallecido en México, en 2012).

sábado, 16 de septiembre de 2023

El tequila como símbolo del festejo patrio


"... y podía cuando menos agradecer al tequila tal
honestidad, por breve que fuese su duración."

Malcolm Lowry en Bajo el volcán.
 
Cada año, durante esta temporada septembrina en que se acostumbra a celebrar, con desvelos y tragos, el llamado Grito de la Independencia, el fervoroso ritual gira con frecuencia en torno a una botella de tequila. En ningún momento durante el resto del año ni bajo cualquier otro pretexto, se consume tanto tequila como en estas fechas. Las estadísticas no mienten, los robos de licores se triplican y el principal objetivo suele ser el tequila, la bebida más simbólica para refrendar la condición de mexicano: euforia, patrioterismo ocasional y violencia, que exaltan su intensidad.
 
La literatura no ha sido ajena a su influjo. Tal vez la novela más emblemática sea Nieves, de José López Portillo y Rojas, no sólo porque acontece precisamente en la población de Tequila, en el estado de Jalisco, sino porque además el protagonista desciende de fabricantes de tequila. Los renglones con que da principio ya presagian el entorno en el que acontecerá la acción: "Cierto que Tequila debe su celebridad a ser el centro de producción alcohólica que lleva su nombre." Más adelante un pasaje de la obra se ocupa del proceso para su destilación y se extiende a lo largo de varias páginas. Luego de esa prolija descripción concluye con que: "El líquido que se recoge es el famoso aguardiente de Tequila, que tibio, es dulce y no quema la boca; embria- ga fácilmente y se llama tuba".

El poeta Efraín Huerta recordaba su encuentro con Pablo Neruda en 1942:
 
Tres oradores abrieron el programa, y dos poetas lo cerraron: Pablo Neruda y yo.  Poco antes de empezar el acto, Pablo me invitó a tomar una copa. Lo  que quería era leerme el poema que diría. Era el Canto a Stalingrado.  La cantina donde brindamos con tequila está allí todavía: La Castellana, en Antonio Caso e Insurgentes Centro. Yo sólo le recomendé a Pablo que cierta palabra sucia la suprimiera, o que la pusiera en francés, por sonar más belicosa. Se quedó en francés.”
 
El mismo Huerta que le recomendaría a su amigo, el peruano Hildebrando Pérez, la mejor manera de beberlo, en Para que aprenda a tomar un caballito de tequila.
 
Acerca la mano hacia la ansiosa boca, como a la distancia de más o menos veinte centímetros: abre la boca y con la mano derecha golpea los dedos –tensos– de la mano izquierda. La sal salta hacia la boca y el ritual empieza. Chupa un limón. Bebe.
Un caballito te da de cinco a seis sorbitos
”.
 
Muchos años después, el chileno Roberto Bolaño, quien viviera una larga temporada en México, escribió en su poema Para Efraín Huerta: “… mientras a tus espaldas los poetas/ bebían tequila y hablaban en voz baja.”
 
Carlos Fuentes en Cambio de piel, tras de que el mozo entra con una botella de tequila sobre una bandeja de latón y la deja sobre la mesa, advierte:
 
- Esto no me va a caer bien, Ligeia. Lo sabes de sobra. Los dos se miraron mientras sorbía lentamente el tequila.”
 
El cónsul alcohólico que protagoniza la novela Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, exaltaba algunas de sus cualidades: “hasta (y podía cuando menos agradecer al tequila tal honestidad, por breve que fuese su duración) de ser amado.”
 
Jack Kerouac, emblema de la generación beatnik, es autor de En el camino, donde define a México como el país de la tierra caliente y el tequila. Tom Robbins lo alude con frecuencia, por ejemplo, en También las vaqueras sienten melancolía, cuando comienza el incendio y la orquesta sigue tocando Allá en el rancho grande: “Sacó la madre a la hija del remolque como si la sacase del Club El Lagarto en llamas. (En el punto culminante del pavoroso incendio una hilera de botellas de tequila sobrecalentadas empezaron a estallar entre las llamas)". Y en Naturaleza muerta con pájaro carpintero se ocupa a su vez del tequila, como “la bebida favorita de los delincuentes” a quienes suele traicionar, y lo define como “líquido geométrico de la pasión”, un “dios majadero que copula en el aire con las almas de las vírgenes moribundas” y también “agua salvaje de la hechicería”.

Relación que viene a coincidir  con la que por su parte establece el británico D. H. Lawrence en La serpiente emplumada, cuando describe: “... las caras verdaderamente terribles de algunos tipos de la ciudad, tumefactas a causa del veneno del tequila y con los ojos un poco vidriosos y como si mirasen a través de un velo de maldad. En ninguna parte había encontrado rostros en los que se pintase el mal con tanta claridad como los que se veían en México.”

Otro inglés, como lo era Lawrence, que se ocupó de México a lo largo de su obra -con una visión a menudo acerba-, fue Graham Greene, quien menciona al tequila en sus novelas El poder y la gloria y Caminos sin ley, además del relato El billete de lotería, las cuales revisaremos en otra ocasión.
 
Debo, por supuesto, mencionar los poemas Ponderación y signo del tequila, del colombiano Álvaro Mutis y Entre la piedra y la flor, de Octavio Paz, pero mejor he optado por  incluirlos completos en los próximos días, lo mismo que las referencias hechas por José Revueltas en sus novelas Los días terrenales y Los errores, por Martín Luis Guzmán en La sombra del caudillo, y Mariano Azuela en Los de abajo, así como unos párrafos del relato Jugando con bombas, del enigmático B. Traven.

Cómo olvidar que el perro del rancho en Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, se llamaba precisamente Tequila, y que los personajes gemelos de La zona del silencio, de Homero Aridjis, llevaban por nombre Mezcal y Tequila.
 
Jules Etienne

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Septiembre: LA REGIÓN MÁS TRANSPARENTE, de Carlos Fuentes

"La mujer se sentó y vació la jarra de chocolate perfumado dentro de una taza de barro tosco."

(
Fragmentos)

Mercedes Zamacona

Ya se había apagado el cielo. Un escuadrón de caballería que regresaba del desfile del 16 de septiembre rompió, con sus cascos cansados, el silencio de la plaza. Mercedes se puso de pie y cerró la ventana. Nuevamente los pasos de la criada corrían por su sendero habitual a anunciarle la cena. Como una lámina de lutos incomprendidos, Mercedes caminó en la oscuridad. Sus espaldas rígidas cargaban sólo aquellos instantes de revelación y amor y orgullo y redención. Después no había sucedido nada. Manuel Zamacona no había muerto estúpidamente en una cantina de Guerrero, la noche anterior. Federico Robles no había desencadenado su poder en la muerte antes de volver a encontrar la verdad ofrecida, en la semilla inicial, por Mercedes. La mujer se sentó y vació la jarra de chocolate perfumado dentro de una taza de barro tosco.

El águila reptante

No buscaba nada, no preveía nada en su caminata fría y ciega; el somero esqueleto gris de la ciudad apenas lograba rasgar su vista mientras caminaba, sin lentitud y sin prisa, acarreado por sus ojos antiguos, entre los residuos de la fiesta del Grito; los grupos de mariachis desvelados, de borrachines simpáticos, de mujeres que hacían cola frente a las lecherías de barrio.

Carlos Fuentes (Mexicano nacido en Panamá, 1928-2012).

martes, 11 de julio de 2023

Tampico: CRISTÓBAL NONATO y LA SILLA DEL ÁGUILA, de Carlos Fuentes

"... en buques-tanque mexicanos, cargueros holandeses, tocando regularmente el puerto de Tampico..."

Cristóbal Nonato

(Párrafos del capitulo 2: Patria, tu mutilado territorio)

Y no quiso distinguir más allá de aquel cúmulo de nubes la media luna asediada de Veracruz, de Tampico a Coatzacoalcos y del puerto jarocho a las faldas de la Malinche, tierras enajenadas a una guerra incomprensible: revolucion agraria según unos, invasión norteamericana según otros: depende, señores, del canal de televisión que miren ustedes de noche.
(...)

Vio una angosta nación esquelética y decapitada, el pecho en los desiertos del norte, el corazón infartado en la salida del Golfo en Tampico, el vientre en la ciudad de México, el ano supurante y venéreo en Acapulco, las rodillas recortadas en Guerrero y Oaxaca...
La silla del águila

Carta 9, de María del Rosario Galván a Bernal Herrera

(Fragmento)

¿Qué fue de su vida entre los quince y los veinticinco años? Le he pedido información al ahora secretario de la Defensa, Von Bertrab. Sonrió. ¿Quién conoce en realidad la vida de un adolescente huérfano obligado a ganarse la vida?

Von Bertrab me tranquilizó. Habla con él si quieres rubricar lo dicho. Nicolás vivió una vida andariega, en buques–tanque mexicanos, cargueros holandeses, tocando regu- larmente el puerto de Tampico, leyendo mucho, estudiando a tropezones, presentan- do materias a título de suficiencia, hasta lograr el ingreso a la ENA gracias a una solicitud del general con la documentación que comprueba la difícil educación de Valdivia, su empeño, su desvelo. Vaya, una juventud a la Jack London o Ernest Hemingway...

Carta 27, del General Cícero Arruza al general Mondragón von Bertrab

(Fragmento)

Y vámonos al eje Tampico–Matamoros, mi general, donde el tráfico de droga entra como la Adelita de la canción, si por mar en un buque de guerra, si por tierra en un tren militar... ¿Quién manda ahí, el Presidente, usted, el secretario Herrera? No, el mero mero de los narcos, don Silvestre Pardo, así como el cacicuelo a sus órdenes, José de la Paz Quintero. Controla el tráfico de blancas en la franja Tijuana–Mexicali y el estado de Baja California entero el cacique don Narciso "Chicho' Delgado, posando como defensor de ballenas y viviendo como explotador de monos, si me hago enten- der y perdone el albur, mi general.

Carlos Fuentes
(Mexicano nacido en Panamá, 1928-2012).

sábado, 31 de diciembre de 2022

Año nuevo: LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ, de Carlos Fuentes

"De la puerta que comunicaba con el comedor avanzó otro criado con una charola entre las manos."

(Fragmento de: 1955 - Diciembre 31)

Mucho dinero, mucho lujo, pero sin alegría, sin diversiones, sin el derecho de beber una copita siquiera. Claro, si lo quiere mucho. Se lo ha dicho mil veces. Las mujeres se acostumbran a todo; depende del cariño que les den. Igual puede acostumbrarlas un amor juvenil que un amor paternal. Claro que le tiene cariño; no faltaba más... Ya van para ocho años de vivir juntos y él no hizo escenas, no la regañó... Nada más la obligó... ¡Pero qué bien le vendría otra cana al aire!... ¿Qué? ¿La imaginaba tan tonta?... Ya, ya, nunca ha sabido aguantar una broma. De acuerdo, pero se da cuenta de las cosas... Nadie dura eternamente... Patas de gallo alrededor de los ojos... Los cuerpos... Sólo que él también está acostumbrado a ella, ¿verdad que sí? A su edad le costaría volver a empezar. Por más millones... cuesta trabajo y se pierde mucho tiempo buscando a una mujer... las condenadas... conocen tantas salidas, les gusta tanto hacerse las remolonas... prolongar los momentos iniciales... la negativa, la duda, la espera, la tentación, ¡ay, todo eso!... y hacer tontos a los viejos... Claro que ella es cómoda... Y no se queja, no, qué va. Hasta le halaga la vanidad que vengan a rendirle cada Año Nuevo... Y lo quiere, sí, se lo jura, ya está demasiado acostumbrada a él... ¡pero cómo se aburre!... a ver, ¿qué hay de malo en tener unas cuantas amigas íntimas, en salir de vez en cuando a divertirse, en... tomar una copita allá cada semana... ?

Él permaneció inmóvil. No le concedía este derecho de hostigarlo y sin embargo... una lasitud tibia y abúlica... escuchando las sandeces de esta mujer cada día más vulgar e... e... no, era apetecible aún... aunque insoportable... ¿Cómo la iba a dominar?... Todo lo que dominaba obedecía, ahora, sólo a cierta prolongación virtual, inerte... de la fuerza de sus años jóvenes... Lilia podría abandonarle... le oprimió el corazón... No bastaba para conjurar eso... ese miedo... Quizá no habría otra oportunidad... quedarse solo... Movió con dificultad los dedos, el antebrazo, el codo y el cenicero cayó sobre la alfombra y derramó las colillas mojadas y amarillas en un cabo, el polvo de capa blanca, escama gris, entraña negra. Se agachó, respirando con dificultad.

- No te agaches. Ahorita llamo a Serafín.

- Sí.

Quizá... Tedio. Pero asco, repulsión... Siempre, imaginando de mano de la duda... Una ternura involuntaria le hizo volver el rostro para mirarla...

Lo observaba, desde el marco de la puerta... Rencorosa, dulce... El pelo teñido de rubio ceniza y esa piel morena... Tampoco ella podía regresar... jamás lo recuperaría y eso los igualaba... por más que la edad o el carácter los separara... Escenas ¿para qué?... Se sintió fatigado. Nada más... Decidieron la voluntad y el destino... Nada más... No más cosas, más recuerdos, más nombres que los conocidos... Volvió a acariciar el damasco... Las colillas, la ceniza derramada no olían bien. Y Lilia, detenida allí con el rostro grasoso. Ella en el umbral.

Él sentado en el sillón de damasco.

Entonces ella suspiró y se fue chancleteando a la recámara y él esperó sentado, sin pensar en nada, hasta que la oscuridad le sorprendió al verse reflejado con tanta nitidez en las puertas de cristal que conducían al jardín. El mozo entró con el saco, un pañuelo y una botella de agua de Colonia. De pie, el viejo permitió que le pusieran la prenda y después abrió el pañuelo para que el mozo derramara unas gotas de loción. Cuando colocó el pañuelo en la bolsa del corazón, cambió una mirada con el criado. El criado bajó los ojos. No. ¿Por qué iba a pensar en lo que podría sentir ese hombre?

- Serafín, rápido las colillas...

Se incorporó, apoyándose con ambas manos, sobre los brazos del sillón. Dio unos cuantos pasos hacia la chimenea y acarició los fierros toledanos y sintió la respiración del fuego sobre el rostro y las manos. Se adelantó al escuchar los primeros murmullos de voces -encantadas, admirativas- en el pasillo de la casa. Serafín terminaba de recoger las colillas.

Ordenó que se atizara el fuego y los Régules entraron mientras el mozo manejaba los fierros y una gran llamarada ascendía por el tiro. De la puerta que comunicaba con el comedor avanzó otro criado con una charola entre las manos. Robergo Régules recibió una copa mientras la pareja joven -Betina y su marido, el joven Ceballos- tomada de la mano, recorría el salón y elogiaba las viejas pinturas, las molduras de yeso y oro, las tallas suntuosas, los copetes y faldones barrocos, los travesaños torneados, los mascarones policromos. Él daba la espalda a la puerta cuando el vaso se estrelló contra el piso con un ritmo de campana rota y la voz de Lilia gritó algo en son de burla. El viejo y los invitados vieron el rostro de esa mujer despintada que asomaba prendida a la manija de la puerta: -¡Lero, lero! ¡Feliz Año Nuevo!... No te preocupes, viejito, que en una hora se me baja... y bajo como si nada...

Carlos Fuentes (Mexicano nacido en Panamá, 1928-2012).

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Letras de la revolución: LA MUERTE DE ARTEMIO CRUZ, de Carlos Fuentes

"Lo despertó la música de un cilindro en la calle y no se preocupó por identificar la canción..."

(Fragmento de: 1927 - Noviembre 23)

Durmió hasta el mediodía. Lo despertó la música de un cilindro en la calle y no se preocupó por identificar la canción, porque el silencio de la noche anterior -o su recuerdo, que era la noche y el silencio- imponía largos momentos muertos que cortaban la melodía y en seguida volvía a comenzar el ritmo lento y melancólico, que se colaba por la ventana entreabierta, antes de que esa memoria sin ruidos volviese a interrumpirlo. Sonó el teléfono y él lo descolgó y escuchó la risa contenida del otro y dijo:

- Bueno.

- Ya lo tenemos en la comandancia, señor diputado.

- ¿Sí?

- El señor Presidente está enterado.

- Entonces...

- Tú sabes. Un gesto. Una visita. Sin necesidad de decir nada.

- ¿A qué horas?

- Cáete por aquí a eso de las dos.

- Nos vemos.

Ella lo escuchó desde la recámara contigua y comenzó a llorar, pegada a la puerta, pero después ya no escuchó nada y se secó las mejillas antes de sentarse frente al espejo.

Le compró el periódico a un voceador y trató de leerlo mientras manejaba, pero sólo pudo echar un vistazo a los encabezados que hablaban del fusilamiento de los que atentaron contra la vida del caudillo, el candidato. Él lo recordó en los grandes momentos, en la campaña contra Villa, en la presidencia, cuando todos le juraron lealtad y miró esa foto del Padre Pro, con los brazos abiertos, recibiendo la descarga. Corrían a su lado las capotas blancas de los nuevos automóviles, pasaban las faldas cortas y los sombreros de campana de las mujeres y los pantalones baloon de los lagartijos de ahora y los limpiabotas sentados en el suelo, alrededor de la fuente de la rana, pero no era la ciudad lo que corría frente a esa mirada vidriosa y fija, sino la palabra. La saboreó y la vio en las miradas rápidas que desde las aceras se cruzaron con la suya, la vio en las actitudes, en los guiños, en los gestos pasajeros, en los hombros encogidos, en los signos soeces de los dedos. Se sintió peligrosamente vivo, prendido al volante, marcado por los rostros, los gestos, los dedos-pingas de las calles, entre dos oscilaciones del péndulo. Hoy debía hacerlo porque mañana, fatalmente, los ultrajados de hoy lo ultrajarían a él. Un reflejo del cristal lo cegó y se llevó la mano a los párpados: siempre había escogido bien, al gran chingón, al caudillo emergente contra el caudillo en ocaso.

Se abrió el inmenso Zócalo, con los puestos entre las arcadas y las campanas de Catedral entonaron el bronce profundo de las dos de la tarde. Mostró la credencial de diputado al guardia de la entrada de Moneda. El invierno cristalino de la meseta recortaba la silueta eclesiástica del México viejo y grupos de estudiantes en época de exámenes bajaban por las calles de Argentina y Guatemala. Estacionó el automóvil en el patio. Subió en el ascensor de jaula. Recorrió los salones de palo-de-rosa y arañas luminosas y tomó asiento en la antesala. A su alrededor, las voces más bajas sólo se levantaban para pronunciar con unción las tres palabras:

- El Señor Presidente.

Carlos Fuentes (Mexicano nacido en Panamá, 1928-2012).

jueves, 17 de noviembre de 2022

La novela de la revolución mexicana


Existen definiciones académicas de lo que se pudiera considerar la denominada novela de la revolución mexicana, como la de Antonio Castro Leal que, en mi ciriterio, son taxativas. Rescato de ella el hecho de que "se ocupan de las acciones militares y populares", aunque no tanto del lapso en el que transcurren: "del 20 de noviembre de 1910 hasta el 21 de mayo de 1920, con la caída y muerte de Venustiano Carranza." Eso dejaría fuera de la clasificación a obras como La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán o Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia, ya que en ambos casos se trata de militares surgidos de la revolución dedicados a una actividad política posterior, aunque no exenta de rebeliones y ejecuciones. Lo que Martín Luis Guzmán llamaba: "la revolución hecha gobierno". Carlos Monsiváis, en cambio, es bastante más enfático en cuanto a su esencia al señalar la visión pesimista que impregna lo mismo Los de abajo, de Mariano Azuela, que La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes.

No es el objetivo en este breve texto, una enumeración acuciosa de las novelas que se incluyen dentro de este tema, de manera arbitraria se pueden mencionar algunas de las más notables, como sería el caso de los relatos El compadre Mendoza, de Mauricio Magdaleno y Vámonos con Pancho Villa, de Rafael F. Muñoz, que resultaron ambas dos de las películas más significativas en la filmografía de Fernando de Fuentes. También sería posible elaborar una extensa lista de autores que incluiría a Francisco L. Urquizo, José Vasconcelos, José Rubén Romero, Gregorio López y Fuentes, o Nellie Campobello, entre otros. Sin pasar por alto la novela de Clifford Irving, escrita originalmente en inglés, Tom Mix y Pancho Villa.

Pero quisiera referirme, de manera muy breve, a tres novelas: El águila y la serpien- te, de Martín Luis Guzmán; Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia; y Gringo viejo, de Carlos Fuentes.

Se encontraba Martín Luis Guzmán en su destierro en Madrid -tras haberse opuesto a la elección de Plutarco Elías Calles como presidente de la república, ya que decía que un "clan de asesinos" se había adueñado del poder-, escribiendo para El Debate, cuando inició en 1928 las entregas de Bajo la sombra de Pancho Villa (episodios de la revolución mexicana), a la manera de los folletines del siglo XIX, que al publicar ya en forma de libro quiso llamar A la hora de Pancho Villa, pero fue Vicente Blasco Ibáñez quien lo convenció de modificar el título por el de El águila y la serpiente, dividida en dos partes: Esperanzas revolucionarias y En la hora del triunfo, que reflejaban sobre todo sus propias vivencias en la lucha armada, al lado de Carranza y de Pancho Villa. La novela apareció al mismo tiempo que Obregón fue reelecto presidente, en 1928, y se dice que Calles la quiso prohibir. Por cierto, de acuerdo con Carlos Fuentes en La silla del águila: "Obregón, el vencedor de Pancho Villa, el brillante estratega político, asesinado en un banquete por un fanático religioso en el momento en que alargaba la mano pidiendo, - Más totopos..." (página 380).

Probablemente no existe otra novela sobre el tema que derroche tanto sentido del humor como lo hace Los relámpagos de agosto. Con una visión plena de ironía cuenta las memorias del ficticio general revolucionario José Guadalupe Arroyo. El origen de su título, por cierto, resulta muy simpático: contaba Ibargüengoitia, originario de Guanajuato, que en esa región del Bajío, los relámpagos siempre aparecen por el mismo punto cardinal, excepto durante el mes de agosto. De ahí que cuando alguien se desorienta dicen que "anda como los relámpagos de agosto, a lo pendejo". Y es que, según el autor, así es como andaban los revolucionarios, desorientados.

Gringo Viejo tiene el mérito de ser la primera novela mexicana en figurar en la lista de los diez libros más destacados del New York Times -para tener una idea, sólo otras dos novelas originalmente escritas en español han figurado en dicha lista en los últimos treinta años: La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa, y El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez-. Se inspira en la experiencia real del escritor Ambrose Bierce, desaparecido a finales de 1913, después de unirse a las tropas villistas. En una de sus cartas postreras, Bierce decía que: "Ser un gringo en México, ¡ah!, eso es eutanasia".

Nada más adecuado para concluir que unas palabras de Artemio Cruz -junto con Demetrio Macías-, uno de los personajes literarios más representativos de la revolución: "Y la guerra sin acabarse. Claro que éstas eran las últimas operaciones. Cruzó los brazos sobre el pecho y trató de respirar regularmente. Una vez que dominaran al ejército desbaratado de Pancho Villa, habría paz. Paz."

Jules Etienne

jueves, 25 de marzo de 2021

Venecia: 16 SIGLOS DE HISTORIA


Según la antigua tradición, hoy 25 de marzo de 2021 al mediodía, se celebran 16 siglos de la fecha en que se fundó Venecia. Aclara Abel de Medici en la revista National Geographic: "La realidad es que la creación de la ciudad fue un proceso gradual y resulta difícil dar una fecha precisa para su naciimiento." Aunque más adelante añade que la tradición sitúa el nacimiento de la ciudad cuando tres cónsules de Padua fueron enviados a la laguna Véneta, con el fin de establecer un emplaza- miento seguro para un puerto comercial, y entonces fue que colocaron la primera piedra de la iglesia de San Giacomo del Rialto. Y como bien señala: no todos los días se cumplen 1600 años.

Así pues, podemos concluir que esta fecha corresponde a la tradición y el espíritu de celebrar una de las ciudades más singulares y hermosas del mundo, por encima del rigor histórico de su fundación en el sentido estricto.

En su generoso testimonio personal En esto creo, con un afán más alegórico que descriptivo, Carlos Fuentes asegura "recordar y describir a Venecia como la ciudad donde ninguna huella de pisadas queda sobre la piedra o el agua. En ese lugar de espejismos, no hay cabida para otro fantasma que el tiempo, y sus huellas son insensibles."

Venecia ha sido inspiración y asombro para los artistas -ya sean pintores, músicos o escritores- que han tenido el privilegio de vivir en ella, o padecer el llamado síndrome de Stendhal. Aquí en Mitos y reincidencias ya nos hemos ocupado de Venecia con abundantes referencias a cuya lectura invitamos a los visitantes del blog.

Jules Etienne

La ilustración corresponde a la iglesia de San Giacomo del Rialto en la actualidad.

domingo, 24 de mayo de 2020

Epidemias: CAMBIO DE PIEL, de Carlos Fuentes

"Fueron encontrados barcos en el mar, pletóricos de mercaderías; nadie los guiaba; las tripulaciones habían muerto."

(Fragmento del capítulo 2: En cuerpo y alma)

Ahora es Isabel (no, sólo entre nosotros nos tuteamos, novillera, achanta lamu) la que, en un solo movimiento, con un solo ritmo que, sin que ustedes se enteren, los domina, arranca el auto y enciende el radio y encuentra la estación que ella conoce y prefiere y ellos cantan, los heraldos y menestreles y juglares del nuevo tiempo, los pajes andróginos de la república monárquica, de la élite democrática, ellos que suben y bajan desde los muelles de Liverpool con la presencia del cortesano que toca el laúd en el concierto campestre del Giorgione, con la cabellera de los jóvenes venecianos pintados por Giovanni Bellini, con la sonrisa irónica del divertidísimo San Jorge de Mantegna, cuya gallarda armadura parece más a propósito para conquistar a las castellanas que lo esperan en el palacio dorado perdido en la perspectiva de Padua, que para enfrentarse a un oscuro dragón verde de utilería que yace a sus pies, menos pagano, menos diabólico que el propio efebo desarmado después de la conquista: esa lanza está rota y creo que sólo serviría para desprender los frutos de la guirnalda de limas, peras, cerezas y pomegranates que cuelgan sobre el marco del cuadro. Tienen la lejanía cesárea y la participación satánica y la inocencia querúbica y cantan.

I love you because you tell me things I want to know y yo voy leyendo estos noticiones en mi periódico, dragona, por la supercarretera México-Puebla, y a veces no creo lo que leo, aunque lo firme alguien tan respetable como Jacobo von Konigshofen: su despacho dice que hoy mismo, este año de 1349, se ha desatado la peor epidemia de la que se tenga memoria. La muerte corre de un extremo al otro del mundo, de ambos lados del mar, y es aún más temible entre los sarracenos que entre los cristianos. En algunas tierras, murieron todos y no quedó nadie. Fueron encontrados barcos en el mar, pletóricos de mercaderías; nadie los guiaba; las tripulaciones habían muerto. El obispo de Marsella y los sacerdotes y la mitad de la población de ese puerto han fallecido. En otros reinos y ciudades han perecido tantas gentes que describirlo sería horrible. El papa en Aviñón suspende todas las sesiones de la corte, prohíbe que nadie se le acerque y ordena que un fuego arda frente a él día y noche. Y todos los doctores y maestros sabios sólo pueden decir que se trata de la voluntad de Dios. Y si está aquí, la plaga también está en todas partes y no terminará antes de cumplir su ciclo.

Carlos Fuentes (Mexicano nacido en Panamá, 1928-2012).

jueves, 2 de enero de 2020

Año nuevo: LA SILLA DEL ÁGUILA, de Carlos Fuentes

"Para colmo, anunciamos estas decisiones en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU."

(Fragmento de la carta de Xavier Zaragoza Séneca a María del Rosario Galván: "Amanecimos el 2 de enero...")

Pero hoy, por una vez, vencieron los principios. El Presidente decidió, quizá como regalo de Año Nuevo 2020 a una población ansiosa, más que de buenas noticias, de satisfacciones morales, que pediría en su Mensaje al Congreso el abandono de Colombia por las fuerzas de ocupación norteamericanas y, de pilón, prohibir la exportación de petróleo mexicano a los Estados Unidos, a menos que Washington nos pague el precio demandado por la OPEP. Para colmo, anunciamos estas decisiones en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. La respuesta, ya lo viste, no se hizo esperar. Amanecimos el 2 de enero con nuestro petróleo, nuestro gas, nuestros principios, pero incomunicados del mundo. Los Estados Unidos, alegando una falla del satélite de comunicaciones que amablemente nos conceden, nos han dejado sin fax, sin e-mail, sin red y hasta sin teléfonos. Estamos reducidos al mensaje oral o al género epistolar -como lo comprueba esta carta que te escribo con ganas de comerla y tragarla-, ¿por qué demonios me hizo caso el señor Presidente y puso los principios por encima de la cabrona realidad?

 
Carlos Fuentes (México, 1928-2012) 

domingo, 25 de noviembre de 2018

Día de los muertos: TERRA NOSTRA, de Carlos Fuentes

"... un día de muertos que los naturales mexicanos celebran junto a las tumbas y con profusión de flores amarillas..."

(Párrafo sobre Don Juan en el antepenúltimo capítulo: Réquiem)

Encontró su destino. Abandonó a Inés. Preñó a indias. Preñó a criollas. Ha dejado descendencia en la Nueva España. Pero él mismo, un día de muertos que los natura- les mexicanos celebran junto a las tumbas y con profusión de flores amarillas, tomó la resolución de regresar a España.

Carlos Fuentes (México, 1928-2012).

lunes, 7 de mayo de 2018

Cinco de mayo: DOS REFERENCIAS DE CARLOS FUENTES


La región más transparente
 
(Fragmento)

Manuel frunció el ceño y volvió a escribir: «Ahora, éste es un país que ha tenido sus redentores, sus Ungidos y sus hombres superiores. Pero quizá lo fueron por la abundancia de chimpancés a los que debieron enfrentarse. Y sucumbieron, también, gracias a la acción conjunta de los chimpancés. No ha habido un héroe con éxito en México. Para ser héroes, han debido perecer: Cuauhtémoc, Hidalgo, Madero, Zapata. El héroe que triunfa no es aceptado como tal: Cortés. La idea podría extenderse al país. ¿Se aceptaría México a sí mismo en el triunfo? Saboreamos y tomamos en serio nuestras derrotas. Los éxitos tienden a convertirse en aniversarios huecos: el 5 de mayo. Pero la Conquista, la guerra con los Estados Unidos...
 
La silla del águila
 
(Fragmento de la carta de Onésimo Canabal a Nicolás Valdivia)
 
Al extenderle mi felicitación y la invitación a hacerse cargo del puesto en ceremonia solemne el próximo 5 de mayo a las cinco de la tarde, aprovecho la oportunidad, señor Presidente, para reiterarle las seguridades de mi más alta y distinguida consideración, así como mis votos personales por el éxito de la gestión que hoy le encomienda la Patria.
 
 
Carlos Fuentes (Mexicano nacido en Panamá, 1928-2012).
 
La ilustración corresponde al festejo tradicional en el que se recrea la batalla de Pueble el 5 de mayo de 1862.

jueves, 23 de marzo de 2017

Carlos Fuentes: EL CARNAVAL EN BUSCA DE AUTOR (primera parte)

"... es el diablo quien organiza el carnaval..."

No es necesario ser un erudito ni tampoco un experto en la obra de Carlos Fuentes para advertir su naturaleza carnavalesca, por eso es que Yvette Jiménez de Báez, en Consolidación y transgresión desde la fiesta en La región más transparente, atribuye esa condición a la novela primigenia de Fuentes, al referirse al personaje de Lally –la amante de Bobó-, como “la reina del carnaval”, para después establecer cuando la narración “da un vuelco en espiral y regresa al comienzo. Los bongoseros de Lally establecen el contacto con el bongó del cabaret de Gladys. El espacio de ficción permite, por un breve lapso, el encuentro de los mundos escindidos. Se sucederán los signos liberadores.” Que sería justo la esencia misma del carnaval, durante cuya celebración los participantes se escapan de sus habituales códigos de conducta, así como de las jerarquías y convencionalismos inherentes, para entregarse a “un tipo particular de comunicación inconcebible en situaciones normales–de acuerdo con el teórico de la novela Mijail Bajtín.
 
Al margen de esa interpretación, también existen un par de alusiones al carnaval en La región más transparente, aunque en lenguaje figurado, cuando el personaje Manuel Zamacona afirma: “¿No ve usted a México descalabrado por ponerse a la par de Europa y los Estados Unidos? Pero si usted mismo me lo acaba de decir, licenciado. ¿No ve al porfirismo tratando de justificarse con la filosofía positivista, disfrazándonos a todos? ¿No ve usted que todo ha sido un carnaval, monárquico, liberal, comtiano, capitalista?” Y después, en el exaltado capítulo final de la novela, ... y las palabras mudas y los ojos brillantes de Ayutla: se ha corrido el telón sobre el carnaval, pero antes deben pagarse sus galas...
 
No como una reina pero sí la princesa del carnaval define a Priscila Holguín, personaje de Adán en Edén:
 
Ella, en cambio...
 
Era la Reina de la Primavera, paseaba a lo largo de la Reforma en un coche alegórico (ante la indiferencia, es cierto, de los peatones). Era la princesa del carnaval de Mazatlán (antes de pasar al princesado gemelo de Veracruz). Era la madrina de la cervecería Tezózomoc en beneficio de los asilos de ancianos. Inauguraba tiendas, cines, carreteras, spas, iglesias, cantinas... y no porque fuera la más bonita.
 
Por su parte, Adolfo Castañón define Cristóbal Nonato como un proyecto de novela carnaval y de narración polifónica”, mientras que Ramón López Castro estaría de acuerdo cuando afirma: “… pero donde el juego desacraliza y vuelve a veces al académico y amargo Ulises en el porvenir (por ende, portador de cierta esperanza), Cristóbal, como en un día de carnaval en donde el amo se disfraza de sirviente y el esclavo da las ordenanzas del día, donde lo mestizo se impone a lo europeo occidentalizado, a lo indígena, a lo africano. La fusión de la pesadilla mexicana con el sueño, la esperanza de la raza cósmica con pies de barro.” El siguiente es un párrafo que corresponde al cuarto capítulo, Los veneros del diablo:
 
CIRCO Y CIRCO
trascendencia de la romana demagogia que prometía, además, los maderos de sanjuán, quieren pan y no les dan, el santo olor de la panadería, pan con pan no sabe, pero ¡qué tal circo con circo? Ah, suspiró don Homero, el sentido del carnaval católico era cancelar el terror, aunque nuestro pariente Benítez diría que entre nuestros inditos es el diablo quien organiza el carnaval.
 
Kristine Ibsen en Memoria y deseo: Carlos Fuentes y el pacto de la lectura, asegura que la naturaleza carnavalesca de la obra no es, sin embargo, gratuita, pero dicho esto en referencia a Cambio de piel, una novela anterior a Cristóbal Nonato publicada en 1967, en la que el carnaval se menciona en múltiples ocasiones: la noche, al disfrazarnos, nos permitía decir la verdad, como en los carnavales...” O esta otra: “Lo malo no es ser puta. Es ser una puta poco profesional. Lo malo no es ser ladrón. Es ser un raterillo pinche. Lo malo no es ser criminal... Pero en fin, qué importa. Importan las odaliscas, el sideshow, el carnaval que nos divierta un poco.” Y algunas más hasta culminar con este párrafo sobre carnaval y cuaresma que incluye la participación del Rey Momo:

... las cabras con alas y cabezas de aves rapiegas y el tercer telón se aparta para revelar, al fin, la fusión esperada de ese arte increado que resuelve la tensión entre la vida popular y la leyenda cristiana: juegos infantiles, carnaval contra cuaresma, y Franz entra al escenario de la mano de su joven Lazarillo, el muchacho rubio, rengo, que aquí creció y conoce todos los secretos de la aldea: el secreto de la sensualidad prometida, pues sea carnaval, cuaresma o ronda, hartazgo, supresión o anhelo, todo se resuelve en aproximaciones, presencias o alejamiento frente a esa sensualidad que primero exorciza un rey de burlas, Momo con un ojo azul y el otro café, coronado por un basurero de mimbre, que muestra el cetro de una caña con dos peces muertos y es tirado por un monje archivista y una mujer y seguido por los niños con matracas que en la imagen superpuesta domina el proscenio con su juego de aros pero aquí, al fondo, sigue a este triste Rey Momo de batón gris y derrengada cofia blanca...

En su relato A la víbora de la mar, incluido en Cantar de ciegos y dedicado a Julio Cortázar, alguien propone: "¿La cola va a ser el tema de esta noche? Bien: supongamos que la gente es identificada por su cola y no por su cara." Por lo que el personaje de nombre Tommie le pregunta: "¿Cómo te reconoceré en el carnaval con esa mascarita en la cola?".

Continuaremos con esta somera revisión de los carnavales literarios presentes en la obra de Carlos Fuentes, en una segunda parte.
Jules Etienne