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Vancouver: atardecer en English Bay.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Día de los muertos: EL MONTE DE LAS ÁNIMAS, de Gustavo Adolfo Bécquer

"Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres..."

(Fragmento)
 
I

- Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
 
- ¡Tan pronto!
 
- A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
 
- ¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
 
- No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
 
Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
 
Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
 
- Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
 
Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
 
Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
 
Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.

 
Gustavo Adolfo Bécquer (España, 1836-1870)
 
Es posible leer el cuento completo en el sitio de Ciudad Seva 

martes, 30 de octubre de 2018

RAY BRADBURY: Viajando de la noche de brujas al día de los muertos


Debido al éxito de sus Crónicas Marcianas, publicadas por primera vez en 1950, un amplio sector de lectores consideran a Ray Bradbury como un escritor de ciencia ficción, aunque sus relatos de terror, en particular aquellos que involucran niños, hayan sido a la larga los que mejor le caracterizan. "La gente suele llamarme escritor de ciencia ficción, pero no creo que eso sea cierto. Me pienso como un mago capaz de aparecer y desaparecer cosas enfrente de ti sin que sepas cómo sucedió", dice de sí mismo.

Las adaptaciones al cine así como la exitosa serie de televisión El teatro de Ray Bradbury, contribuyeron a su popularidad. Su novela futurista Farenheit 451, que retrata a una sociedad en la que los libros estarían prohibidos, fue llevada al cine por Francois Truffaut en 1966. En tanto que la siniestra aventura que viven James y William, dos niños del pequeño pueblo de Green Town, en un peculiar espectáculo ambulante -El Pandemónium de las sombras de Cooger y Dark-, es considerada un clásico en su género: La feria de las tinieblas (Something Wicked This Way Comes, 1983).

Sin embargo, debido a la temporada en la que nos encontramos, mi intención es enfatizar sus referencias a la llamada noche de brujas y el día de los muertos. Ya en las propias Crónicas marcianas, en el relato titulado Usher II, un individuo de nombre William Stendahl ha encomendado a un arquitecto de apellido Bigelow la construcción de una casa de la que dice: "¿El señor Poe no estaría encantado?", en clara alusión a Edgar Alan Poe, y como Bigelow niega conocerlo, Stendahl le explica que todos sus libros fueron quemados treinta años atrás: "Allí ardieron Poe y Lovecraft y Hawthorne y Ambrose Bierce*, y todos los cuentos de miedo, de fantasía y de horror, y con ellos los cuentos del futuro. Implacablemente. Se dictó una ley. Oh, no era casi nada al principio. Mil novecientos cincuenta y mil novecientos sesenta. Primero censuraron las revistas de historietas, las novelas policiales, y por supuesto, las películas, siempre en nombre de algo distinto: las pasiones políticas, los prejuicios religiosos, los intereses profesionales. Siempre había una minoría que tenía miedo de algo, y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos." En ese párrafo se encerraba ya, sin duda, el génesis de su novela posterior, la ya mencionada Farenheit 451, que escribiría tan sólo tres años después.

Finalmente, la necesaria referencia al día de los muertos que es el motivo del presente texto:

"- Ya conoce usted la ley. Es muy estricta. Nada de libros, nada de Casas, nada que pueda sugerir de alguna manera fantasmas, vampiros, hadas y otras criaturas de la imaginación.

- ¡Pronto quemarán a los Babbitt!

- Usted nos dio mucho que hacer, señor Stendahl. Consta en nuestros registros. Hace veinte años. En la Tierra. Usted y su biblioteca.

- Sí, yo y mi biblioteca. Y unos pocos más como yo. Oh, ya nadie se acordaba de Poe, de Oz y de los otros. Pero yo tenía mi pequeño refugio. Unos pocos ciudadanos conservamos nuestras bibliotecas hasta que llegaron ustedes, con antorchas, con incineradores, y destrozaron y quemaron mis cincuenta mil libros. Un día atravesaron también con un palo el corazón del día de Todos los Muertos, y les dijeron a los productores de cine que si querían hacer algo se limitasen a repetir y a repetir, una y otra vez, a Ernest Hemingway. ¡Dios santo! ¿Cuántas veces he visto Por quién doblan las campanas? Treinta versiones diferentes. Todas realistas. ¡Oh, el realismo! ¡Oh el aquí, oh el ahora, oh el infierno!"

El volumen de cuentos Carnaval Oscuro (Dark Carnival), fue la primera obra publicada por Bradbury en 1947. Quince de los veintisiete títulos originales fueron recuperados en una edición posterior de 1955, conocida como El país de octubre (The October Country), uno de cuyos relatos, El siguiente en la línea (Next in Line), transcurre durante la visita de un matrimonio estadounidense a la región de Michoacán, en México: "Habían pasado unos pocos días desde la fiesta del Día de los Muertos, y unas cintas e hilachas de tela y cordones centelleantes colgaban como pelos de pesadilla de las estatuas de piedra, de los pulidos crucifijos labrados a mano, y de las tumbas que se alzaban sobre el suelo como marmóreas cajas de joyas." El pueblo era muy pobre y sus habitantes no podían pagar la cuota de ciento setenta pesos que costaba el entierro permanente de sus difuntos, por la que se veían en la necesidad de cubrir un alquiler anual de veinte pesos. Cuando dejaban de pagar, los cadáveres de sus familiares eran desenterrados y se momificaban de manera natural en un clima extremadamente seco. Esos cuerpos se iban amontonando en una catacumba junto al cementerio, que era una de las atracciones turísticas del lugar. La descripción va adquiriendo entonces un tono más macabro: "Mirando otra vez las tumbas, vieron los restos de la fiesta de la muerte. Las bolitas de sebo que las velas habían derramado sobre las piedras, los capullos marchitos de las orquídeas que yacían en las piedras lechosas como tarántulas aplastadas de color rojo purpúreo, algunas parecidas a órganos sexuales, fláccidos y marchitos. Había arcos de hojas de cactos, bambúes, cañas, ipomeas silvestres, muertas. Había también círculos de gardenias, y pimpollos secos de buganvilias. Todo el suelo del cementerio paracía un salón de baile luego de una danza frenética, que los participantes habían interrumpido de pronto. A un lado las mesas con confeti, cirios, cintas y suelos abandonados."

Siendo todavía muy joven, en 1946, Bradbury visitó la isla de Janitzio, en el Lago de Pátzcuaro -región en la que se desarrolla la acción de El siguiente en la línea-, y quedó tan impresionado por la enorme cantidad de cirios iluminando la noche y el fervor con el que la gente llenaba de flores y comida las tumbas de sus seres queridos, que escribió un poema, El día de la muerte, y le inspiró el capítulo 18 de su novela El árbol de las brujas (The Halloween Treee, 1972). Lo cual se advierte desde el breve preámbulo al preguntarse "¿Dónde empezó todo?", y en lugar de responder, enumera las interrogantes de que hubiese sido en Egipto, en la Bretaña druida, sobre los techos de París: "¿O en México, en los cementerios desbordantes de velas encendidas y de muñequitos de caramelo en el Día de los Muertos?" Ya he incluido un fragmento del capítulo en cuestión, para tener una mejor idea de lo que Bradbury escribió al respecto.

En De ceniza volverás, (From the Dust Returned), establece en su prólogo, con cierta dosis de ironía, que cuando tiene una idea la logra escribir "en cincuenta y cinco años o en nueve días", esto debido a que esa ha sido la obra que más tiempo ha dilatado en concluir, la empezó en 1945 para terminarla por fin hasta el año 2000 -la mención de los nueve días se debe a Fahrenheit 451, ya que asegura que ese fue el lapso que le llevó escribirla-. Explica que la familia Elliott, que es en torno a la cual gira la trama, empezó su existencia cuando él tenía siete años de edad.

"Cada octubre, cuando llegaba Halloween, la noche de brujas, mi tía Neva nos amontonaba a mí y a mi hermano en su viejo Ford T, para ir al campo de otoño a recoger mazorcas de maíz y calabazas silvestres, que traíamos a casa de mis abuelos. Colocábamos las calabazas en los rincones, poníamos las mazorcas en la entrada y trasladábamos las tablas de la mesa del comedor a la escalera, para que hubiera que deslizarse en lugar de bajar las escaleras. Neva me dejaba en el altillo, disfrazado de bruja con una nariz de cera, y escondía a mi hermano debajo de la escalera que subía a la buhardilla, e invitaba a sus celebrantes de Halloween a trepar durante la noche para entrar en casa. El ambiente era rampante y alegre. Entre mis más bellos recuerdos, guardo los de esta tía mágica que era sólo diez años mayor que yo." Ese sería, pues, el génesis de la familia Elliott, compuesta por brujos inmortales cuya saga dio principio, como ya se ha señalado, en 1945, con el cuento El viajero.

Si bien desde el principio queda establecida la importancia de la noche de brujas: "¡Gran abuela, mañana es la Gran Noche que he esperado toda mi vida! ¡La Familia, nuestra Familia, vendrá volando de todas partes del mundo!", he elegido este breve párrafo que hace mención de la fecha, sobre todo por su carga poética: "Todas las hojas otoñales del mundo convergieron en migraciones susurrantes sobre el centro de Norteamérica y cayeron a vestir el árbol que en un momento estaba desnudo, y al siguiente se veía adornado de hojas caídas del Himalaya, de Islandia y del Cabo, en colores rojizos y en sombríos ramos fúnebres, hasta que el árbol se sacudió para florecer pleno en Octubre y los frutos brotaron como calabazas cortadas el Día de Todos los Santos".

Para concluir, sólo una breve acotación más sobre el propio Bradbury: su testimonio Mi recuerdo favorito de Halloween, el poema Entre tanto (In-between) así como el relato El fornido (Heavy-set; originalmente publicado en la revista Playboy en el número de Octubre de 1964), están incluidos en el libro colectivo Sueños de octubre (October Dreams), que es una recopilación de cuentos, vivencias y poemas relacionados con la tradicional noche de brujas, desde la perspectiva de diversos autores.


Jules Etienne

* Ambrose Bierce es quien inspiró al personaje protagónico de la novela Gringo Viejo,
de Carlos Fuentes.

lunes, 29 de octubre de 2018

Día de los muertos: EL ÁRBOL DE LAS BRUJAS (The Halloween Tree), de Ray Bradbury


(Fragmento del capítulo 18)


Estaban suspendidos sobre México.
 
Estaban suspendidos sobre una isla en ese lago de México.
 
Allá abajo oyeron ladridos de perros en la noche.
 
En el lago iluminado por la luna vieron unos pocos botes que se movían como insectos acuáticos. Oyeron tocar una guitarra y un hombre cantó con una voz melancólica y aguda.
 
Muy lejos de allí, del otro lado de las obscuras fronteras, en los Estados Unidos, jaurías de chicos, pandillas de perros corrían riendo, ladrando, llamando de puerta en puerta, las manos cargadas de dulces tesoros, locos de alegría en la Noche de Brujas.
 
- Pero aquí... -susurró Tom.
 
- ¿Aquí qué? -preguntó Mortajosario, planeando a la altura de su codo.
 
- Oh, bueno, aquí...
 
- Y a lo largo de toda Sudamérica...
 
- Sí, en el sur. Aquí y en el sur. Todos los cementerios. Todos los camposantos están...
 
... llenos de cirios encendidos, pensó Tom. Mil cirios en este cementerio, cien en aquel camposanto, cien kilómetros más allá, diez mil lucecitas titilantes, cinco mil kilómetros más abajo hasta la punta misma de la Argentina.
 
- Es así como celebran...
 
- El Día de los Muertos. ¿Qué tal andas en español, Tom?
 
Tom tradujo la frase correctamente.
 
- ¡Caramba, sí! ¡Cometa, desármate!
 
La cometa bajó y se desmenuzó por última vez.
 
Los chicos rosaron por la orilla pedregosa del plácido lago.
 
Sobre las aguas flotaban nieblas.
 
Del otro lado del lago, había un cementerio a obscuras. Todavía no habían encendido los cirios.
 
De la niebla salió una barca que avanzaba silenciosa, sin remos, como si la marea la impulsara a través del agua.
 
Una figura alta, envuelta en un sudario gris, iba de pie, inmóvil, en un extremo de la embarcación.
 
La barca rozó suavemente las hierbas de la orilla.
 
Los chicos contuvieron el aliento. Pues, por lo que alcanzaban a ver, en el hueco de la capucha de la figura amortajada sólo había obscuridad.
 
- ¿Señor... señor Mortajosario?
 
Sabían que tenía que ser él.
 
Pero no respondió. Sólo la casi imperceptible luciérnaga de una sonrisa brilló un instante bajo la capucha. Una mano descarnada se movió llamando.
 
Los chicos se abalanzaron a la barca.
 
- ¡Sss! -musitó una voz desde la capucha vacía.
 
La figura hizo otro ademán, y el viento los tocó, y se deslizaron raudos por las aguas obscuras bajo un cielo nocturno tachonado con un billón de fuegos estelares nunca vistos.


Ray Bradbury (Estados Unidos, 1920-2012).

(Traducido del inglés por Matilde Horne).

domingo, 28 de octubre de 2018

Día de los muertos: UNA SERENATA PARA LUPE

Billie Dove: "A montar se va al rodeo."

(Fragmento sobre la víspera de halloween y el día de muertos)

Era la llamada noche de brujas, de máscaras y disfraces, júbilo festivo que precede al día de todos santos y al tradicional festejo de los muertos. En la ciudad de Los Ángeles y la región aledaña, donde conviven las dos culturas, la de los colonizadores hispanos originales con las costumbres anglosajonas de sus dueños formales, es posible ser partícipe o testigo de su dualidad cotidiana. Hay quienes sólo festejan halloween mientras otros van al cementerio a recordar sus difuntos. También abundan los que hacen las dos cosas. Al fin y al cabo ninguna es taxativa de la otra. A la casa de campo de Tom Mix,  donde se refugió durante la etapa de separación de su todavía esposa, acudieron los miembros de la cofradía con el ánimo noctívago de sus reuniones.

- Tenemos que pensar en una ceremonia de iniciación para Lupe –indicó Billie Dove, quien aparecía como la reina del grupo.
- Sí, todos hemos tenido una.
- A mí me dejaron dolorida toda la semana.
- ¿Cómo fue la de Tom? –inquirió Lupe, curiosa.
- La de Tom fue en la casa de Billie y como él presume de que es un gran vaquero, lo obligamos a montar en plena sala.
- ¿A caballo?

Todos rieron.

- A montar se va al rodeo.
- Sí, pero a Rodeo Drive.

Lupe se sintió instigada a reírse con los demás, hasta que le explicaron que al criado filipino de Billie lo habían disfrazado como el caballo que Mix montó.

- Y a pesar de que resultó más bronco que mi fiel Tony, nunca pudo derribarme –se jactó Mix.
- I can’t give you anything but love, baby –empezó a cantar Billie y pronto los demás se incorporaron formando un coro.
- That’s the only thing I got plenty off –siguieron cantando hasta que a la mitad de la canción dejaron que Lupe continuara sola. Ella marcaba con toda intención su acento, pronunciando con fuerza las “erres” y las “tes”, para llegar a la última estrofa, que le dedicó a Mix y quedaría como testimonio de la fugacidad de su relación:
- I can give you everything but love.

Tal vez, el criado filipino debió huir con algunas joyas de la Dove para compensar la humillación a la que lo habían sometido, pero quien sí huyó de una relación asfixiante fue Lupe, que nunca pudo acostumbrarse a las exigencias de Mix de que no bailara con nadie más sin primero pedirle permiso para hacerlo. La jaula en la que pretendió encerrarla resultó demasiado estrecha para una ave acostumbrada a volar. Años después, muchos periodistas continuaron refiriéndose a Lupe por su nombre de batalla de un club al que había dejado de pertenecer: Whoopie Lupi. Por su parte, Tom Mix seguiría recordando a Lupe como “la única yegua bruta que nunca pude domar.”


Jules Etienne

sábado, 27 de octubre de 2018

Otoño: EL CASTILLO BLANCO, de Orhan Pamuk

"Era uno de esos hermosos días de otoño que huelen a mar y a algas. Pasamos toda la mañana junto a un estanque de nenúfares..."

(Fragmento del capítulo 9)

Un día, cuando el Maestro me dijo que esa mañana el sultán nos esperaba a los dos, fui con él a palacio. Era uno de esos hermosos días de otoño que huelen a mar y a algas. Pasamos toda la mañana junto a un estanque de nenúfares bajo los ciclamores y plátanos de un bosquecillo bastante grande cubierto por las hojas rojas caídas de los árboles. El sultán quiso que habláramos de las ranas que llenaban vivaces el estanque. El Maestro no le complació y soltó un par de lugares comunes faltos de fantasía y colorido. Al sultán no le importó aquella descortesía que a mí tanto me sorprendió. Estaba más interesado en mí.
 
Así pues, hablé largamente del mecanismo de salto de las ranas, de la circulación de su sangre, de cómo sus corazones seguían latiendo un buen rato si se separaban con cuidado del cuerpo y de las moscas e insectos que comían. Pedí papel y pluma para mostrarle mejor la evolución que sufrían desde el huevo hasta llegar a parecerse a las ranas adultas del estanque. El sultán se mostró muy interesado mientras yo hacía los dibujos con el juego de cálamos que me trajeron en un estuche de plata con incrustaciones de rubíes. Escuchó muy divertido las fábulas que todavía podía recordar en las que aparecían ranas, y aunque arrugó el gesto con náuseas cuando le llegó el turno al cuento de la princesa que besaba a la rana, no me pareció en absoluto el jovencito estúpido del que hablaba el Maestro; era más bien como un adulto con la cabeza sobre los hombros que quiere comenzar el día hablando de ciencia y arte. Al final de aquellas hermosas horas, que el Maestro se pasó rezongando, el sultán me dijo mirando los dibujos de ranas que tenía en la mano: «De hecho, ya sospechaba que habías sido tú quien se había inventado las historias. ¡Así que además también dibujaste las ilustraciones!». Luego me preguntó por los sapos bigotudos.
 
Así fue como comenzó mi relación con el sultán.


Orhan Pamuk (Turquía,1952). Obtuvo el premio Nobel en 2006.

(Traducido al español por Rafael Carpintero).

viernes, 26 de octubre de 2018

OTOÑO, de Octavio Paz

"... toca su centro y lo suspende en luz que sonríe para nadie: ¡cuánta belleza suelta!"
 
En llamas, en otoños incendiados,
arde a veces mi corazón,
puro y solo. El viento lo despierta,
toca su centro y lo suspende
en luz que sonríe para nadie:
¡cuánta belleza suelta!

Busco unas manos,
una presencia, un cuerpo,
lo que rompe los muros
y hace nacer las formas embriagadas,
un roce, un son, un giro, un ala apenas;
busco dentro de mí,
huesos, violines intocados,
vértebras delicadas y sombrías,
labios que sueñan labios,
manos que sueñan pájaros...

Y algo que no sabe y dice nunca
cae del cielo,
de ti, mi Dios y mi adversario.
 
 
Octavio Paz (México, 1914-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1990.

jueves, 25 de octubre de 2018

Otoño: LA MONTAÑA DEL ALMA, de Gao Xingjian

"... en la superficie del lago ninguna ola, tan sólo reflejos, claros y brillantes, de colores tornasolados, que oscilan del rojo oscuro al púrpura..."

(Párrafo inicial del capítulo 19)

Una noche glacial, en pleno otoño. Una densa y profunda oscuridad inunda la extensión caótica primigenia, el cielo y la tierra, los árboles y las rocas se funden, la carretera es invisible, no puedes sino quedarte en el sitio sin poder mover los pies, el busto inclinado hacia delante, los brazos extendidos para tantear en esta noche negra, oyes moverse algo, pero no es el viento, es la oscuridad en la que no hay ni arriba ni abajo, ni izquierda ni derecha, ni lejos ni cerca, ni ningún orden determinado, te fundes totalmente con este caos, únicamente sabes que tu cuerpo posee un contorno, pero incluso este contorno se difumina poco a poco en tus pensamientos, un resplandor asciende en tu interior, como el brillo solitario de una vela en la oscuridad, su llama desprende luz pero no calor, una luz glacial que llena tu cuerpo, desborda sus contornos, esos contornos que conservas en el pensamiento, tus dos brazos se estrechan para preservar este fuego, esta conciencia glacial y transparente, tienes necesidad de esta sensación, te esfuerzas por protegerla, delante de ti aparece la superficie tranquila del lago y, en la orilla opuesta, se alzan unos bosquecillos de árboles, unos árboles que han perdido sus hojas y otros no despojados todavía del todo de ellas, de esbeltos álamos de los que cuelgan aún algunas hojas amarillas, de azufaifos de un negro metálico en los que sólo una o dos hojas de un amarillo pálido tiemblan al viento, de sebos de China de un color púrpura, frondosos unos, ralos otros, semejantes a unos cendales de niebla, en la superficie del lago ninguna ola, tan sólo reflejos, claros y brillantes, de colores tornasolados, que oscilan del rojo oscuro al púrpura, pasando por el anaranjado, el amarillo pastel, el verde oscuro, el pardo ceniciento, el blanco lunar, en diferentes niveles, reflexionas intensamente y luego de súbito los colores desaparecen para fundirse en innumerables matices de gris, de negro y de blanco de distintas tonalidades, como una vieja foto en blanco y negro, de la que sólo las figuras permanecieran nítidas, mejor sería decir que en vez de en la tierra estás en otro espacio, conteniendo el aliento observas la imagen de tu propio cuerpo, todo está sumido en una gran calma, una calma tal que resulta inquietante, y tienes la impresión de que se trata de un sueño, que no hay que inquietarse, pero no puedes evitar hacerlo, justamente porque la calma es demasiado perfecta, una calma excepcional.

Gao Xingjian (Chino nacionalizado francés, 1940).
Obtuvo el premio Nobel en 2000.

(Traducido al español por Liao Yanping y José Ramón Monreal).

miércoles, 24 de octubre de 2018

Otoño: HELENA, de Odysseas Elytis

"Es el aire húmedo, la hora del otoño, la separación..."

Con la primera gota de lluvia murió el verano
Se empaparon las palabras que dieron a luz brillo de estrellas
Todas las palabras que te tenían como único destino
Hacia dónde tenderemos nuestras manos ahora que el tiempo nos ignora
Hacia dónde lanzaremos la mirada ahora que las líneas lejanas naufragaron en
Las nubes
Ahora que tus párpados se cerraron sobre nuestros paisajes
Y estamos -como si la niebla nos hubiera traspasado- solos, completamente solos
Rodeados de tus imágenes muertas.

Con la frente en el cristal velamos el nuevo dolor
No será la muerte quien nos venza puesto que existes tú
Habrá un viento en otro sitio que te haga vivir plena
Que te vista de cerca como te viste de lejos nuestra esperanza
Ya que hay otro sitio
Una pradera de intenso verde más allá de tu risa cercana al sol,
A quien le digo en confianza, que volveremos a vernos
No encontraremos a la muerte, sino una gotita de lluvia otoñal
Un sentimiento empañado
El olor de la tierra del sur en nuestras almas
Que cada vez se alejan más.
Y si tu mano no está en nuestra mano
Y si nuestra sangre no está en las venas de tus sueños
Ni la luz en el cielo nítido
Ni la música invisible en nuestro interior, oh pasajera melancólica,
De cuantos nos retienen aún en el mundo
Es el aire húmedo, la hora del otoño, la separación
La superficie lacerante para el codo en el recuerdo
Que brota cuando la noche intenta separarnos de la luz
Tras la ventana cuadrada que ve hacia el dolor
Que no ve nada
Porque se volvió música, llama invisible, campana del gran reloj de pared
Porque se hizo ya,
Verso de un poema en otro verso de sonido paralelo
Al de la lluvia y las lágrimas y las palabras
Pero no como aquellas palabras, sino como éstas, cuyo destino único eres tú.



Odysseas Elytis (Grecia, 1911-1996).
Obtuvo el premio Nobel en 1979.
 
(Traducido al español por Natalia Moreleón).

martes, 23 de octubre de 2018

Otoño: EL OTOÑO DEL PATRIARCA, de Gabriel García Márquez

"... cuando se convenció en el reguero de hojas amarillas de su otoño que nunca había de ser el dueño de todo su poder..."

(Fragmento del capítulo final)

… había sabido desde sus orígenes que lo engañaban para complacerlo, que le cobraban por adularlo, que reclutaban por la fuerza de las armas a las muchedumbres concentradas a su paso con gritos de júbilo y letreros venales de vida eterna al magnífico que es más antiguo que su edad, pero aprendió a vivir con esas y con todas las miserias de la gloria a medida que descubría en el transcurso de sus años incontables que la mentira es más cómoda que la duda, más útil que el amor, más perdurable que la verdad, había llegado sin asombro a la ficción de ignominia de mandar sin poder, de ser exaltado sin gloria y de ser obedecido sin autoridad cuando se convenció en el reguero de hojas amarillas de su otoño que nunca había de ser el dueño de todo su poder, que estaba condenado a no conocer la vida sino por el revés, condenado a descifrar las costuras y a corregir los hilos de la trama y los nudos de la urdimbre del gobelino de ilusiones de la realidad sin sospechar ni siquiera demasiado tarde que la única vida vivible era la de mostrar, la que nosotros veíamos de este lado que no era el suyo mi general, este lado de pobres donde estaba el reguero de hojas amarillas de nuestros incontables años de infortunio y nuestros instantes inasibles de felicidad, donde el amor estaba contaminado por los gérmenes de la muerte pero era todo el amor mi general, donde usted mismo era apenas una visión incierta de unos ojos de lástima a través de los visillos polvorientos de la ventanilla de un tren, era apenas el temblor de unos labios taciturnos, el adiós fugitivo de un guante de raso de la mano de nadie de un anciano sin destino que nunca supimos quién fue, ni cómo fue, ni si fue apenas un infundio de la imaginación, un tirano de burlas que nunca supo dónde estaba el revés y dónde estaba el derecho de esta vida que amábamos con una pasión insaciable que usted no se atrevió ni siquiera a imaginar por miedo de saber lo que nosotros sabíamos de sobra que era ardua y efímera pero que no había otra…

 
Gabriel García Márquez (Colombiano fallecido en México, 1927-2014).
Obtuvo el premio Nobel en 1982.

lunes, 22 de octubre de 2018

Otoño: CANTERAS DE OTOÑO, de Eugenio Montale

 
Canteras de otoño sobre las que desciende la primavera lunar
y nimba de candor cada contorno,
estallidos de piñas, fulgor
de redes extendidas y de astillas, retornará, retornará al hielo
la bondad de una mano,
atravesará el cielo lejano
la chusma luminosa que nos saquea.
 
(Cave d'autunno su cui discende la primavera lunare
e nimba di candore ogni frastaglio,
schianti di pigne, abbaglio di reti stese e schegge, ritornerà, ritornerà sul gelo
la bontà di una mano,
vercherà il cielo lontano
la ciurna luminosa che ci saccheggia.)

Eugenio Montale (Italia, 1896-1981).
Obtuvo el premio Nobel en 1975.
 
(Traducido del italiano por Carlos Vitale).
La ilustración corresponde al Parco delle Cave, en Milán, Italia, durante el otoño.

domingo, 21 de octubre de 2018

Otoño: BILLAR A LAS NUEVE Y MEDIA, de Heinrich Böll

"... sobre el vacío verde: un cielo estrellado, en el que sólo algunos puntos eran móviles como órbitas de cometas..."
 
(Fragmento inicial del capítulo 3)

Ya hacía tiempo que no jugaba según las reglas del juego, que no  hacía  series,  ni  acumulaba  puntos;  le  daba  a  una  bola,  unas  veces ligeramente,  otras  veces  con  fuerza,  aparentemente  sin  motivo  ni finalidad, y la bola, al rozar las otras dos, construía para él una  nueva figura geométrica sobre el vacío verde: un cielo estrellado, en el que sólo algunos puntos eran móviles como órbitas de cometas;  blanco sobre verde, rojo sobre verde, estelas que se iluminaban para  apagarse  enseguida;  débiles  ruidos  indicaban  el  ritmo  de  la  figura  construida: cinco  o  seis  veces,  cuando  la  bola  impulsada  rozaba  las bandas o las otras bolas; sólo unas pocas notas se destacaban de la  monotonía,  cristalinas  o  sordas;  las  líneas  del  torbellino estaban  todas  unidas  a  ángulos,  estaban  sometidas  a  leyes geométricas,  a  leyes  físicas:  la  energía  del  golpe  que  Fähmel  comunicaba  a  la  bola  por  medio  del  taco  y  un  poco  de  energía  de  frotación;  todo  obedecía  a  la medida;  se  grababa  en  el  cerebro;  impulsos que se dejaban transformar en figuras; ningún cuerpo, nada duradero, sólo elementos fluctuantes que se borraban con el rodar de las  bolas;  a  menudo,  Fähmel  se  pasaba  media  hora  jugando  con  una sola  bola:  blanco  sobre  verde,  estrella  única  en  el  firmamento; suave, queda, música sin melodía, pintura sin imagen; apenas color, sólo fórmula.
 
El  muchacho  pálido  vigilaba  la  puerta,  apoyado  contra  la  madera esmaltada  de  blanco,  las  manos  a  la  espalda,  las  piernas  cruzadas, vestido con el uniforme violeta del Prinz Heinrich.
 
- ¿No me cuenta nada hoy, doctor?
 
Fähmel  levantó  la  mirada,  dejó  el  taco,  sacó  un  cigarrillo,  lo encendió, miró a la calle, que estaba a la sombra de Sankt Severin. Aprendices, camiones, monjas: vida en la calle luz grisácea de otoño que la cortina de terciopelo color violeta reflejaba en tonalidades casi  argentinas;  en  marcados  por  cortinas  de  terciopelo, unos huéspedes rezagados desayunaban; en aquella luz, incluso los huevos pasados por agua tenían un aspecto vicioso; con aquella iluminación, incluso  los  rostros  de  decentísimas  amas  de  casa  parecían depravados.  Los  camareros  vestidos  de  frac,  con  mirada  de comprensión, parecían belzebús, enviados directos de  Asmodeo; y sin embargo, eran sólo inocentes afiliados al sindicato de la hotelería, que una vez terminado su trabajo leían ávidamente los artículos de fondo  del  periódico  de  su  partido;  pero  aquí  parecían  esconder  sus pezuñas  de  caballo  bajo  hábiles  construcciones  ortopédicas;  ¿no asomaba  un  par  de  pequeños  y  elegantes  cuernos  en  sus  frentes blancas,  encarnadas  y  amarillas?  En  los  azucareros  dorados,  el azúcar  no  parecía  azúcar;  aquí  se  producían  trans- formaciones,  el vino  no  era  vino,  el  pan  no  era  pan,  todo  recibía  una  luz  que  lo convertía en el ingrediente de misteriosos vicios; aquí se celebraba un culto; y  el nombre  de la  divinidad no se podía pronunciar, sólo se podía pensar.
 
 
Heinrich Böll (Alemania, 1917-1985). Obtuvo el premio Nobel en 1972.
 
(Traducido al español por Margarita Fontseré).

sábado, 20 de octubre de 2018

Otoño: POEMA SEIS, de Pablo Neruda



Te recuerdo como eras el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.

Apegada a mis brazos como una enredadera,
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.

Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.

Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma.
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.


Pablo Neruda: Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (Chile, 1904-1973).
Obtuvo el premio Nobel en 1971.

viernes, 19 de octubre de 2018

Otoño: PAÍS DE NIEVE, de Yasunari Kawabata

"... había pensado sin cesar en Komako; ahora que estaba tan cerca, esa nostalgia por la piel humana..."

(Fragmento de la segunda parte)

“La mariposa, la luciérnaga, el grillo”, oyó que cantaba una geisha a la distancia cuando se sentó a cenar, temprano, con su guía como única compañera. El libro sólo ofrecía la más somera información sobre rutas, atracciones, hospedajes y costos, dejando el resto librado a la imaginación del lector. De esas mismas cumbres había bajado, en pleno estallido del verdor primaveral, cuando vio a Komako por primera vez. Ahora, que era el comienzo del otoño y de la temporada de montañismo, sintió añoranza de aquellas alturas en donde había dejado su huella. Si bien era un diletante que podía perder el tiempo allí como en cualquier otra parte, consideraba el montañismo un ejemplo flagrante del esfuerzo inútil. Y ése era precisamente el atractivo que ejercía sobre él: el encanto de lo irreal.
 
Mientras estuvo lejos, había pensado sin cesar en Komako; ahora que estaba tan cerca, esa nostalgia por la piel humana le producía el mismo efecto onírico que la atracción que le despertaban las montañas. Quizás era debido al exceso de familiaridad e intimidad que le había despertado el cuerpo de ella. Habían pasado la noche juntos; estaba seguro de que ella acudiría sin necesidad de que él la llamara. Sentado a solas en el comedor, esperándola, mientras oía el bullicio de un grupo de niñas de la escuela descendiendo por el camino, se preguntó por qué no venía. Y comenzó a invadirlo el cansancio. Antes de dormirse en la silla, subió a su habitación y se acostó.
 
Esa noche llovió. Uno de esos chaparrones de otoño que llegan y se van sin dejar rastro.
 
Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972). Obtuvo el premio Nobel en 1968.
 
(Traducido al español por Juan Forn).

jueves, 18 de octubre de 2018

Otoño: EL PAPA VERDE, de Miguel Ángel Asturias

"... igual que una cascara de caracol vacío, para llevárselo a la oreja y escuchar otro oleaje, otro mar..."

(Fragmento del capítulo XIII)
 
- Madre, padre muerto, enterrado aquí... Juambo hermano. ..
 
Por los ojos castaños del viejo Geo Maker, al sonar el nombre de Juambo en labios de la mulata, pasó una tempestad de días de oro, hoy otoño de hojas secas, y el rumor de la costa atlántica llenó sus oídos y le hizo sacudirse por dentro, como si él mismo hubiera tomado su corazón, igual que una cascara de caracol vacío, para llevárselo a la oreja y escuchar otro oleaje, otro mar, otros tiempos, otros nombres...
 

Miguel Ángel Asturias (Guatemala, 1899-1974), Obtuvo el premio Nobel en 1967.