Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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miércoles, 24 de enero de 2024

Mirándolas dormir: SERENATA, de Henry Wadsworth Longfellow

"Luna estival de la noche callada (...) esconde ya tu claridad plateada..."

Estrella de la noche sosegada
En lo más hondo del azul prendida,
Apaga el brillo de tu luz dorada,
Que está dormida,
Mi amada está dormida,
Dormida.

Luna estival de la noche callada,
Sobre el lejano monte suspendida,
Esconde ya tu claridad plateada,
Que está dormida,
Mi amada está dormida,
Dormida.

Céfiro de la noche perfumada,
Sobre la madreselva retorcida,
Suspende ahora tu carrera alada,
Que está dormida,
Mi amada está dormida,
Dormida.

Ensueños de la noche enamorada,
Decidle quedo que mi amor la cuida,
Cuando en su lecho cálido acostada,
Está dormida,
Mi amada está dormida,
Dormida.

Henry Wadsworth Longfellow
(Estados Unidos, 1807-1882).

(Traducido al español por José Coronel Urtecho).

domingo, 5 de marzo de 2023

Conejos: EL ESQUELETO EN EL ARMARIO, de Henry Wadsworth Longfellow

"... mientras que de mi camino la liebre huyó como una sombra."

(Fragmentos)

“Lejos en la Tierra del Norte,
por la salvaje playa del Báltico,
yo, con mi mano infantil,
          domestiqué al gerifalte;
y, con las raquetas atadas a mis pies,
apenas rozo el sonido casi congelado
donde el pobre sabueso quejumbroso
          tiembla al caminar.

"A su guarida congelada
he rastreado al oso espeluznante,
mientras que de mi camino la liebre
          huyó como una sombra;
A menudo entre de las tinieblas del bosque
seguí el aullido del hombre lobo,
hasta que la alondra voladora
          cantó desde el prado.

“Pero cuando crecí,
uniéndome a la tripulación de un corsario,
Sobre el mar oscuro volé
          junto a los merodeadores.
Salvaje era la vida que llevábamos;
muchas las almas que apresuraron,
muchos los corazones que sangraron,
              por cumplir nuestras severas órdenes.


Henry Wadsworth Longfellow (Estados Unidos, 1807-1882).

viernes, 23 de septiembre de 2022

Equinoccio: ALGAS MARINAS, de Henry Wadsworth Longfellow

"Las laboriosas oleadas, cargadas con algas de las rocas."

(Primera estrofa)

Cuando desciende sobre el Atlántico
El gigantesco
Ventarrón del equinoccio,
Hacia tierra en su ira azota
Las laboriosas oleadas,
Cargadas con algas de las rocas.

(When descends on the Atlantic
The gigantic
Storm-wind of the equinox,
Landward in his wrath he scourges
The toiling surges,
Laden with seaweed from the rocks).

Henry Wadsworth Longfellow (Estados Unidos, 1807-1882).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

viernes, 14 de enero de 2022

Noche de reyes: LOS TRES REYES MAGOS, de Henry Wadsworth Longfellow

"... tres hombres sabios de Oriente eran ellos. Y viajaban por la noche y dormían por el día."

Tres reyes llegaron cabalgando desde muy lejos
Melchor, Gaspar y Baltasar;
tres hombres sabios de Oriente eran ellos.
Y viajaban por la noche y dormían por el día.
Más su guía era una preciosa, maravillosa estrella.

La estrella era tan preciosa, grande y clara
que todas las otras estrellas del cielo
se convirtieron e una niebla blanca en la atmósfera
y por esto supieron que la llegada estaba cerca
del príncipe predicho en la profecía.

Tres cofres llevaban en los arcos de sus sillas.
Tres cofres de oro con llaves doradas.
Sus vestiduras eran de seda carmesí con hileras
de campanas y granadas y bordados,
sus turbantes como almendros en flor.

Y así los Tres Reyes cabalgaron al oeste
A través de la oscuridad de la noche, sobre montes y valles
y a veces cabeceaban con la barba sobre el pecho.
y a veces hablaban, cuando paraban para descansar
con la gente que encontraban en algún pozo del camino.

“Del niño que ha nacido” dijo Baltasar
“Buena gente, os ruego decidnos las noticias;
a nosotros que en Oriente hemos visto su estrella
y hemos cabalgado rápido y hemos cabalgado lejos
para encontrar y adorar al rey de los judíos”.

Y la gente respondió “Preguntas en vano,
no conocemos otro rey que Herodes el Grande”.
Pensaban que los sabios eran hombres locos
ya que espolearon a sus caballos por el llano,
como jinetes con prisa que no podían esperar.

Y cuando ellos llegaron a Jerusalén,
Herodes el Grande, que había oído esto,
envió a por los sabios y les preguntaron.
Dijeron “Descenderemos hasta Belén,
y traeremos noticias del nuevo rey”.

Así que cabalgaron lejos, y la estrella se detuvo.
La única en el gris de la mañana.
Sí, paró, se detuvo por su propia voluntad
justo sobre la colina de Belén,
la ciudad de David, donde nació Cristo.

Y los Tres Reyes cabalgaron a través de la puerta y la guardia,
a través de las calles silenciosas, hasta que sus caballos se volvieron
y relincharon cuando entraron en el gran patio de la posada.
Pero las ventanas estaban cerradas y las puertas atrancadas
y solo una luz ardía en el establo.

Y la cuna en el heno perfumado.
en el aire dulce hecho por el aliento de la vaca.
El crío en el pesebre yacía.
El niño, que sería rey algún día,
de un reino no humano sino divino.

Su madre, María de Nazareth,
Se sentó mirando desde al lado su lugar de descanso.
Mirando el flujo regular de su respiración.
El gozo de la vida y el terror de la muerte
estaban mezclados en su pecho.

Pusieron las ofrendas a sus pies.
El oro, fue su tributo para un rey.
El incienso, con su olor dulce,
era para el sacerdote, el paráclito.
La mirra para el enterramiento del cuerpo.

Y la madre se preguntaba e inclinaba su cabeza
y se quedó tan quieta como una estatua de piedra.
Su corazón se turbó aún confortado,
recordando lo que el ángel había dicho
de un reinado sin fin y del trono de David.

Entonces los reyes salieron fuera de la puerta de la ciudad
cabalgando con un ruido de cascos en orden orgulloso
pero no volvieron con Herodes el Grande
porque sabían de su malicia y su odio temido.
Y regresaron a sus hogares por otro camino.


Henry Wadsworth Longfellow
(Estados Unidos, 1807-1882).

sábado, 9 de febrero de 2019

Febrero: TARDE DE FEBRERO, de Henry W. Longfellow


Está terminando el día
desciende la noche;
la ciénaga está congelada,
muerto el río.

A través de las nubes como ceniza
el rojo sol parpadea
sobre las ventanas de la aldea
que rojo brillan.

Recomienza la nieve;
las cercas enterradas
ya no marcan
el camino en la llanura;

Mientras que por los prados,
como sombras temerosas,
lentamente pasa
un cortejo funerario.

Repican las campanas,
y cada sentimiento
dentro de mí responde
a la sentencia desolada;

Las sombras nos siguen,
y mi corazón se lamenta
con un tañido fatal,
como campanas del funeral.
 
(Afternoon in February
 
The day is ending,
The night is descending;
The marsh is frozen,
The river dead.

Through clouds like ashes
The red sun flashes
On village windows
That glimmer red.

The snow recommences;
The buried fences
Mark no longer
The road o'er the plain;

While through the meadows,
Like fearful shadows,
Slowly passes
A funeral train.

The bell is pealing,
And every feeling
Within me responds
To the dismal knell;

Shadows are trailing,
My heart is bewailing
And tolling within
Like a funeral bell
.)
 
 
Henry Wadsworth Longfellow (Estados Unidos, 1807-1882).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

lunes, 14 de enero de 2019

ULTIMA THULE, de Henry Wadsworth Longfellow

"¿No son estas las Orcadas del embrujo de las tempestades...?"

 Ultima Thule: dedicatoria a G. W. G*
 
Con los vientos a favor, sobre los mares del sol
Navegamos por las Hespérides,
La tierra donde crecen las manzanas doradas;
Pero eso, ¡ah! Eso fue hace mucho tiempo.
 
Hasta dónde, desde entonces, las corrientes oceánicas
Nos han barrido, de esa tierra de sueños,
La tierra de la ficción y de la verdad,
¡La Atlantis perdida de nuestra juventud!
 
¿Adónde, eh, adónde? ¿No son estas
Las Orcadas del embrujo de las tempestades,
Donde las gaviotas gritan, y las rompientes rugen
Y naufragios y algas marinas se alinean en la orilla?
 
¡Ultima Thule! ¡La isla más lejana!
Aquí en sus bahías por un rato
arriamos nuestras velas; mientras descansamos
De la interminable búsqueda sin fin.
 
(With favouring winds, o'er sunlit seas,
We sailed for the Hesperides,
The land where golden apples grow;
But that, ah! that was long ago.

How far, since then, the ocean streams
Have swept us from that land of dreams,
That land of fiction and of truth,
The lost Atlantis of our youth!

Wither, ah, wither? Are not these
The tempest-haunted Orcades,
Where the sea-gulls scream, and breakers roar,
And wreck and sea-weed line the shore?

Ultima Thule! Utmost Isle!
Here in thy harbors for a while
We lower our sails; a while we rest
From the unending, endless quest
.)
 
 
Henry Wadsworth Longfellow (Estados Unidos, 1807-1882).
 
(Traducido del inglés por Jules Etienne).
* Las siglas de la dedicatoria, G. W. G., corresponden a George Washington Greene.
La ilustración corresponde a una de las islas del archipiélago de las Orcadas frente a la costa de Escocia.