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Vancouver: luz de agosto en English Bay.

martes, 30 de abril de 2019

Tu boca: LAS BOSTONIANAS, de Henry James

"¡Abundan los caballeros que estarían felices de cerrar tu boca besándola!"

(Fragmento del capítulo XVII)

Ningún hombre que haya visto le interesa una pizca en su corazón nuestra causa y lo que estamos tratando de lograr. La odian, la desprecian; tratarán de dificultarla siempre que puedan. Oh sí, sé que hay hombres que pretenden que les importa, pero esos no son realmente hombres, ¡y ni siquiera de ellos estoy segura! Cualquier hombre que uno mire, la verdad sea dicha, emprende una guerra a cuchillo en contra nuestra. No pretendo negar que también hay algunos seres del género masculino que estarían dispuestos a respaldarnos un poco; a darnos una palmadita en la espalda y recomendar ciertas concesiones moderadas; para decir que en efecto hay dos o tres pequeños puntos en los que la sociedad no ha sido justa con nosotras. Pero cualquier hombre que pretenda aceptar por su propia voluntad nuestro programa en su totalidad, como tú y yo lo entendemos, antes de que se vea forzado a hacerlo, esa persona lo único que estaría tramando es traicionarnos. ¡Abundan los caballeros que estarían felices de cerrar tu boca besándola! Si algún día te vuelves peligrosa para su egoísmo, para sus disimulados intereses, para su inmoralidad -¡Tal y como rezo todos los días al cielo, mi querida amiga, que tú lo seas!- será un gran triunfo para alguno de ellos si logra persuadirte de que te ama. Entonces verás de lo que es capaz de hacer contigo, ¡y qué tan lejos lo puede llevar su amor! Será un día triste para ti y para mí, y para todas nosotras, si creyeras algo así. Puedes ver ahora que estoy en calma, cuánto he reflexionado al respecto.

(No man that I have ever seen cares a straw in his heart for what we are trying to accomplish. They hate it; they scorn it; they will try to stamp it out whenever they can. Oh yes, I know there are men who pretend to care for it; but they are not really men, and I wouldn't be sure even of them! Any man that one would look at--with him, as a matter of course, it is war upon us to the knife. I don't mean to say there are not some male beings who are willing to patronise us a little; to pat us on the back and recommend a few moderate concessions; to say that there are two or three little points in which society has not been quite just to us. But any man who pretends to accept our programme in toto, as you and I understand it, of his own free will, before he is forced to -such a person simply schemes to betray us. There are gentlemen in plenty who would be glad to stop your mouth by kissing you! If you become dangerous some day to their selfishness, to their vested interests, to their immorality -as I pray heaven every day, my dear friend, that you may! -it will be a grand thing for one of them if he can persuade you that he loves you. Then you will see what he will do with you, and how far his love will take him! It would be a sad day for you and for me and for all of us, if you were to believe something of that kind. You see I am very calm now; I have thought it all out.)
 
Henry James (Estadounidense nacionalizado inglés, 1843-1916).
 
(Traducido del inglés por Jules Etienne).

lunes, 29 de abril de 2019

Tu boca: ROSELA, de José Peón y Contreras

"¿Me quieres? pues dímelo; ¡esto te lo pido yo de rodillas a tus pies!"

VI

(Fragmento)
 
¿Por qué no quieres creer
que voy la vida a perder
al rigor del sufrimiento?
¿No piensas que en esta cuita
que mi corazón agita,
sin paz, en duda y sin calma
en soledad infinita
se me está muriendo el alma?
¿Piensas que si no te amara,
si no te adorase tanto,
tus desdenes soportara?
¡Ni uno solo... derramara
mi sangre antes que este llanto!
¿Sospechas en mí, doblez?
O dime que tu esquivez
es hija de tu albedrío,
que tú no me amas, bien mío,
¡pero dilo de una vez!
Dilo... sepa al cabo yo
qué me guarda el porvenir;
sabré que debo morir,
que sin tu amor... ¡Eso no!
¡Sin él no quiero vivir!
¿Lo oyes bien?, pues bien, contesta.
En mi ansia perenne y loca,
a oírte al alma se apresta...
¡Quiero escuchar de tu boca
hechicera la respuesta!
¿Quién ha de sentir así
su amor, ¡ay! dímelo, ¡quién!
Ni quien con tal frenesí
te ha de adorar... ¡dime, di,
si merezco tu desdén!
¿No me quieres? di que no,
si ese mi destino es.
¿Me quieres? pues dímelo;
¡esto te lo pido yo
de rodillas a tus pies!


José Peón y Contreras (México, 1843-1907).

domingo, 28 de abril de 2019

Tu boca: SOFÍA, o LAS AVENTURAS DE UNA SALVAJE, de Violet Fane

"Esto es todo lo que hay en mi cara, porque sobre mi nariz debería dibujar un velo..."

(Fragmento del segundo libro, capítulo I)

- No, querida, ¡no digas eso! ¿Cómo podemos decirlo? Si de alguna manera sientes que es posible, y compatible con la razón, de que hay una vida después de la muerte, no te inhibas para contarme tus impresiones. Las mujeres tienen con frecuencia extraños poderes de intuición, y no es un pensamiento del todo desagradable, a pesar de oponerse a los atractivos del Nirvana, cuando uno se encuentra ya pasado de años. Pero mejor vamos a tu descripción. Dime acerca de tu boca. Y parecía como si estuviera recuperando la fuerza de una visión más aguda de la que ahora podía presumir, como la había tenido en el pasado.
 
- Mi boca es pequeña -dijo Sofía, con franqueza-. Es algo que no puedo negar. Mi labio superior se alza un poco más de lo debido, me temo; pero estoy agradecida al decir que mis dientes son parejos y muy blancos. Esto es todo lo que hay en mi cara, porque sobre mi nariz debería dibujar un velo, ya que no pertenece a ningún estilo reconocible.
 
Sofía acostumbraba a reprochar su nariz alegando que no se podía clasificar en ninguna de las formas conocidas de nariz; y, en efecto, resultaba más bien difícil de describir, porque parecía, por una parte, ser romana en su perfil, griega cuando se le miraba a la cara de frente, y desde ciertos ángulos, se advertía la punta inclinada como el pétalo de una flor.


Violet FaneLady Mary Montgomerie Currie (Inglaterra, 1843-1905).

sábado, 27 de abril de 2019

Tu boca: TORMENTO, de Benito Pérez Galdós

"Tu boca preciosa, ¿qué me dijo? ¿No lo recuerdas? Yo sí. ¿Para qué lo dijiste?"

(Fragmento del capítulo XXVIII)

- ¡Oh!, pobre Tormento -exclamó él con honda amargura-. Si eso pudiera ser tan fácilmente como lo dices... Has dicho que no soy un perverso. ¡Qué equivocada estás! Allá en aquellas soledades, varias veces estuve tentado de ahorcarme de un árbol, como Judas, porque yo también he vendido a Cristo. A veces me desprecio tanto que digo: «¿no habrá un cualquiera, un desconocido, un transeúnte que, al pasar junto a mí, me abofetee?». Y te hablaré con franqueza. Mientras fui hipócrita y religioso histrión y no tuve ni pizca de fe. Después que arrojé la careta, creo más en Dios, porque mi conciencia alborotada me lo revela más que mi conciencia pacífica. Antes predicaba sobre el Infierno sin creer en él; ahora que no lo nombro, me parece que si no existe, Dios tiene que hacerlo expresamente para mí. No, no, yo no soy bueno. Tú no me conoces bien. ¿Y qué me pides ahora? Que te deje en paz... ¿Para qué me mirabas cuando me mirabas?

Ante esta pregunta, el espanto de la medrosa subió un punto más. Las cosas que por su mente pasaron habríanle producido una muerte fulminante si el cerebro humano no estuviera construido a prueba de explosiones, como el corazón a prueba de remordimientos.

«¿Para qué me miraste? -repitió el bruto con la energía de la pasión, sostenida por la lógica-. Tu boca preciosa, ¿qué me dijo? ¿No lo recuerdas? Yo sí. ¿Para qué lo dijiste?».
 
Ante esta lógica de hachazo, la mujer sin arranque sucumbía.
 
«Las cosas que yo oí no se oyen sin desquiciamiento del alma. Y ahora, ¿lo que tú desquiciaste quieres que yo lo vuelva a poner como estaba?...».
 
 
Benito Pérez Galdós (España, 1843-1920). 

viernes, 26 de abril de 2019

Tu boca: OTRO ABANICO DE MME. MALLARMÉ, de Stéphane Mallarmé

 
Oh soñadora: para que yo me sumerja
en la pura delicia sin camino,
sabe, por una sutil mentira,
guardar mi ala en tu mano.

Una frescura de crepúsculo
te llega a cada compás,
cuyo golpe prisionero hace retroceder
el horizonte delicadamente.

¡Vértigo! He aquí que se estremece
el espacio como un gran beso
que, loco de nacer para nadie
ni estalla al fin ni se apacigua.

¿Sientes el paraíso feroz,
lo mismo que una risa enterrada,
fluir del ángulo de tu boca
al fondo el pliegue unánime?

El cetro de las riberas rosas
estancado sobre las tardes de oro, éste lo es,
este blanco vuelo cerrado que tú dejas posarse
contra el fuego de un brazalete.
 
 
Stéphane Mallarmé (Francia, 1842-1898).
 
(Traducido del francés por Alfonso Reyes).

jueves, 25 de abril de 2019

Tu boca: EL BESO DE LA MUERTE (El inexorable), de Carmen Sylva

"... un horrible esqueleto le sonreía, casi la aplastaba con sus brazos huesudos y la cabeza de la muerte la besó."
 
(Fragmento)

Cuando nada más podía verse sino árboles desnudos, hierba descolorida y flores marchitas, levantó su guadaña y miró con tristeza alrededor del valle, como si esperara que todo floreciera de nuevo. Pero la tierra permaneció cruda y muerta, así que regresó una vez más al mar. Éste iba y venía entre sus mareas eternas, tan indiferente como siempre. Pero él se puso de pie, miró hacia abajo y no permaneció indiferente. Pensó en la doncella a la que había herido, y su anhelo era tan grande como el océano a sus pies. Y ese anhelo lo transfiguró en una belleza maravillosa. Entonces fue visto por una pálida doncella con el cabello descuidado y la ropa desgarrada, que cayó a sus pies; pero él estaba aterrorizado ante ella, y dio un paso atrás.
 
- ¿Ya no me conoces? -preguntó la doncella-. Tú solías conocerme bien y sabías que yo perecería por el anhelo de ti. Soy la desesperación ¿Has olvidado que prometiste besarme? Darme sólo un beso sería la felicidad para siempre.
 
Los ojos del joven se oscurecieron como la noche y su voz sonaba severa cuando dijo:
 
- ¿Y te atreves a hablar de felicidad? ¿Sabes lo que es la felicidad? ¡Si te acercas a mí, sólo una vez, puedes ser convertida en piedra!
 
- Si yo tuviera que ser convertida en piedra... sin embargo, imploro un beso de tu boca.
 
El joven se estremeció y pensó en los labios que lo habían tocado y le enseñaron a sonreír, y al pensar en ellos sonrió. Cuando la doncella que yacía a sus pies vio esto, arrojó los brazos sobre su cuello y puso la cabeza en su pecho. Ella no alcanzó a ver la aversión y el odio que brillaba en sus ojos, pues en ese momento un horrible esqueleto le sonreía, casi la aplastaba con sus brazos huesudos y la cabeza de la muerte la besó.
 
Entonces la tierra tembló y se abrió. Las ciudades desaparecieron, el fuego se extendió desde las montañas, los bosques fueron arrancados de sus raíces, las rocas volaron por el aire, el cielo se incendió y el mar inundó la tierra. Cuando todo estuvo de nuevo en calma, la desesperación elevó por encima de las aguas una imagen de piedra. La muerte se precipitó como el viento de la tormenta para perseguir esa nube rosada bajo su disfraz.

 
Carmen Sylva: Pauline Elisabeth Ottilie Luise de Wied, reina de Rumania.
(Nació en Alemania en 1843 y falleció en Rumania en 1916).
 
(Traducido del alemán por Helen Zimmern).

miércoles, 24 de abril de 2019

Tu boca: A UNA MUJER, de Pedro María Barrera

"... el piélago crucé de tus antojos, buscando flores y encontrando abrojos en tu infecundo corazón de roca."

Miel eran las palabras de tu boca
y celos adorables tus enojos,
y las miradas de tus negros ojos
relámpagos de un alma de amor loca.
 
Con ansia mucha, con prudencia poca
el piélago crucé de tus antojos,
buscando flores y encontrando abrojos
en tu infecundo corazón de roca.
 
Que nunca me ofendiste ni me ofendes
propalas sin pudor, mujer impía,
y mi silencio por desprecio vendes.
 
¡Despreciarte! Ninguno lo diría;
pero lo dices tú, porque comprendes
que yo, con mi desprecio, te honraría.
 
 
Pedro María Barrera (España, 1842-1897).

martes, 23 de abril de 2019

Tu boca: UNA HIJA DE HETH, de William Black

"... un carruaje la estaba esperando. Un sirviente le abrió la puerta. Se subió y tomó asiento..."

(Fragmento del capítulo XVII)
 
Encogió los hombros y se río de una manera hueca; parecía que ya no necesitaba más brandy.
 
- Adiós, entonces, por el momento. Esta breve conversación contigo, Harry, ha sido deliciosa, me recordó uno de esos días de los viejos tiempos, pero no te atrevas a ponerme una mano encima otra vez, o, por los cielos, serás hombre muerto al momento. ¡Addio, Addio! Y a ti, bella signorina, con tus ojos negros y tu boca tonta, ¿quando avro il piacere di rivederla? Qué, ¿tampoco hablas italiano? Olvídalo. ¡A rivederla! ¡A rivederla! Espero volver a verlos a los dos.
 
Caminó hacia la puerta del parque, donde un carruaje la estaba esperando. Un sirviente le abrió la puerta. Se subió y tomó asiento, todavía riendo y enviando besos de despedida con sus manos.
 
- Coquette -dijo Lord Earlshope-, esa es mi mujer.
 
 
William Black (Inglaterra, 1841-1898).

lunes, 22 de abril de 2019

Tu boca: UNA FANTASÍA, de Mathilde Blind

"Libre como el viento salvaje, ligero como un potro..."

Yo era árabe,
amaba a mi caballo;
veloz como una flecha
atravesaba el campo.
 
Dulce como un cordero
estaba a la mano;
él era la flor
de toda la tierra.
 
En las noches solitarias
muy lejos cabalgué;
Dios encendió sus luces-
estrella sobre estrella.
 
Dios está en el desierto;
su aliento es el aire:
hermoso es el desierto
¡sin límites desnudo!
 
Libre como el viento salvaje
ligero como un potro;
Ah, allí hay espacio
para desplegar el alma.
 
Lejos llegaba mi pensamiento,
escasas eran mis necesidades:
unos cuantos plátanos
y semillas de loto.
 
Espumosa como el agua
fresca en la sombra,
la hija de Ibrahim,
hermosa doncella.
 
Fuera de tu Kulleh,*
la más hermosa y primera,
dame de beber
para calmar mi sed.
 
Tengo sed, muchacha;
reseca por el deseo,
el amor en mi pecho
arde como el fuego
 
Verde tu oasis,
se mece con las palmas;
Oh, no me niegues más,
doncella, tus ofrendas.
 
Bésame con los besos,
capullos de tu boca,
más dulces que Cassia
frescos como el sur.
 
Átame con tus trenzas,
abrázame con un rizo;
y con caricias
ahógame, muchacha.
 
Yo era árabe
¡hace ya siglos!
De ahí esta añoranza
y toda mi desgracia.
 
 
Mathilde Blind: Mathilda Cohen
(Alemana nacionalizada británica, 1841-1896).
 
(Traducido del inglés por Jules Etienne).
 
* Al parecer el significado de KULLEH es el de un recipiente para conservar agua. Al menos con ese sentido se le menciona en uno de los relatos de las Mil y una noches (pequeña botella porosa de boca ancha), y en el Museo Británico se conserva bajo ese nombre la pieza de alfarería de la ilustración a la izquierda. 

domingo, 21 de abril de 2019

Tu boca: UNA SEPARACIÓN, de Georges de Peyrebrune

"Permaneció en silencio un instante, con el fuego cintilando en sus ojos bajo el velo del llanto reprimido."

(Fragmento del capítulo XXI)

- ¿Me preguntas porqué no quiero verte de nuevo? Es bien simple, ¿y cómo que no lo comprendes? Es que te quiero, eso es todo...

Permaneció en silencio un instante, con el fuego cintilando en sus ojos bajo el velo del llanto reprimido; después reanudó con acento apasionado y la voz entrecortada, como si las palabras sin aliento escaparan a pesar de ella:
 
- Sí, te amo... Como el primer día que te amé. Más aún, te amo por todo el amor que te he dado. Te amo por todo lo que tú mismo me has dado. Te amo por el recuerdo inefable de nuestras alegrías, por todos nuestros besos, por todos nuestros delirios... Te amo como te amé aquella noche cuando me trajiste aquí por primera vez. Te amo como te amé en esta noche de luces y éxtasis, en la espléndida soledad de las ruinas griegas, ¡ahora que regreso a ti desde el fondo del templo de Atenea con sus cornisas en las manos y que tú me adoras de rodillas! ¡Yo te amo!... Amo tu mirada que me hace morir, amo el brillo de tu boca entreabierta, yo te amo de amor, de amor, ¿me entiendes? Como tú no lo has hecho jamás, como tú no lo dirás jamás... Y te lo digo ahora porque tienes que saber que todos tus ruegos para volver a verme serán inútiles para mí, yo no será jamás tu hermana, tu confidente o tu amiga: ¡Te amo! Y mi amor está condenado...
 
- Por ti sola, ¡oh, criatura insensata!
 
- Por el tiempo que se escapa -respondió Madeleine-, por mi belleza moribunda, por todo lo que fue y pronto ya no será.
 
 
Georges de Peyrebrune: Mathilde-Marie Georgina Élisabeth de Peyrebrune
(Francia, 1841-1917).

sábado, 20 de abril de 2019

Tu boca: PASIÓN, de Manuel M. Flores

"¡...con la embriaguez de la pasión más loca,  y que mi ardiente vida se apagara al soplo de los besos de tu boca!

¡Háblame! Que tu voz, eco del cielo,
sobre la tierra por doquier me siga...
con tal de oír tu voz, nada me importa
que el desdén en tu labio me maldiga.
¡Mírame!... Tus miradas me quemaron,
y tengo sed de ese mirar, eterno...
por ver tus ojos, que se abrase mi alma
de esa mirada en el celeste infierno.
¡Ámame!... Nada soy... pero tu diestra
sobre mi frente pálida un instante,
puede hacer del esclavo arrodillado
el hombre rey de corazón gigante.
 
Tú pasas... y la tierra voluptuosa
se estremece de amor bajo tus huellas,
se entibia el aire, se perfuma el prado
y se inclinan a verte las estrellas.
Quisiera ser la sombra de la noche
para verte dormir sola y tranquila,
y luego ser la aurora... y despertarte
con un beso de luz en la pupila.
Soy tuyo, me posees... un solo átomo
no hay en mi ser que para ti no sea:
dentro de mi corazón eres latido,
y dentro de mi cerebro eres idea.
 
¡Oh! por mirar tu frente pensativa
y pálido de amores tu semblante;
por sentir el aliento de tu boca
mi labio acariciar un solo instante;
por estrechar tus manos virginales
sobre mi corazón, yo de rodillas,
y devorar con mis tronantes besos
lágrimas de pasión en tus mejillas;
yo te diera... no sé... ¡no tengo nada!...
-el poeta es mendigo de la tierra-
 ¡toda la sangre que en mis venas arde!
¡todo lo grande que mi mente encierra!
 
Mas no soy para ti... ¡Si entre tus brazos
la suerte loca me arrojara un día,
al terrible contacto de tus labios
tal vez mi corazón... se rompería!
Nunca será... para mi negra vida
la inmensa dicha del amor no existe...
sólo nací para llevar en mi alma
todo lo que hay de tempestuoso y triste.
Y quisiera morir... ¡pero en tus brazos,
con la embriaguez de la pasión más loca,
y que mi ardiente vida se apagara
al soplo de los besos de tu boca!
 
 
Manuel M. Flores (México, 1840-1885).

viernes, 19 de abril de 2019

Tu boca: LA CULPA DEL PADRE MOURET,* de Émile Zola

"... amo tu boca que exhala olor de rosas..."
 
(Fragmento del capítulo XI)
 
- Te amo más que a todo –contestó-. Tú eres lo más hermoso de cuanto se me ofrece a la vista por la mañana al abrir la ventana. Cuando te miro, tú eres mi todo. Yo no qusiera tenerte más que a ti para ser totalmente dichoso.
 
Albina bajaba los párpados y movía la cabeza como si la meciera.
 
- Te amo -continuaba Sergio-. No te conozco, no sé quién eres, de dónde vienes; no eres ni mi madre ni mi hermana; y te amó hasta el punto de darte todo mi corazón, sin conservar ni un átomo para el resto del mundo... Escúchame, amo tus mejillas sedosas como el raso, amo tu boca que exhala olor de rosas y claveles, amo tus ojos en los cuales me veo con mi amor, amo hasta tus pestañas, hasta tus delicadas venas que azulean la palidez de tus sienes... Todo es para decirte que te amo, ique te amo, Albina!
 
- Sí, también yo te amo. Tienes una barba tan suave, que no me hace daño alguno cuando apoyo la frente sobre tu cuello. Eres alto, robusto, hermoso. Te amo, Sergio.
 
 
Émile Zola (Francia, 1840-1902).
 
 
 
* El título original de la novela en francés es La faute de l'abbe Mouret, cuya traducción literal sería La falta del abad Mouret, sin embargo, en español ha sido publicada ya sea como el pecado o la culpa, del padre o del abad Mouret. En este caso se trata del título que propone la versión de Emilio María Martínez.

jueves, 18 de abril de 2019

Tu boca: UN CORAL, de Julio Calcaño

"Luchaba la turba loca sobre el color de más vida para el carmín de tu boca..."

Me han contado que las hadas
Tuvieron, en ansia loca,
Reyertas acaloradas
Para dar vida a tu boca.
 
Una trajo viva grana;
Esta, encendido coral;
Aquella, roja manzana
y púrpura del rosal;
 
Otra de aurora un celaje;
Roja brasa un hada cruel;
Y hasta un genio aéreo encaje
Con el carmín del clavel.
 
Y a que de menos no hubiera
En la lucha sin igual,
Hubo silfo que trajera
Las plumas de un cardenal.
 
Mas en la pugna encendida
Luchaba la turba loca
Sobre el color de más vida
Para el carmín de tu boca,
 
Cuando vino aquel travieso
Exclamando, a fuer de Dios:
«Tendrá vida con un beso»,
Y partió el coral en dos.


Julio Calcaño (Venezuela, 1840-1912).

miércoles, 17 de abril de 2019

Tu boca: UN PAR DE OJOS AZULES, de Thomas Hardy

"- Vamos, Stephen, no pienso tragarme eso. ¿Por qué me amaste? - Podría ser por tu boca."
 
 
(Fragmento del capítulo VII)
 
- ¿Por qué me amaste? -dijo ella, tras haber observado de manera prolongada y meditabunda un pájaro que volaba.

- No lo sé -replicó él despreocupado.

- Oh, sí lo sabes -insistió Elfride.

- Quizá por tus ojos.

- ¿Qué les pasa? Vamos, no me irrites con una respuesta a la ligera. ¿Qué les pasa a mis ojos?

- Oh, nada digno de mención. Están los dos igual de bien.

- Vamos, Stephen, no pienso tragarme eso. ¿Por qué me amaste?

- Podría ser por tu boca.

- Bueno, ¿qué le pasa a mi boca?

- Me pareció una boca bastante pasable...

- Eso no es muy halagüeño.

-Tiene unos labios dulces y hacen un bonito puchero; aunque, de hecho, no es más que una boca como la que tiene todo el mundo.

- No te lo inventes sobre la marcha, Stephen. Y dime, ¿porqué-me-amaste?

- Quizá fue por tu cuello y por tu pelo, aunque no estoy seguro, o por tu sangre indolente, que lo único que hacía era retirarse de tus mejillas y volver; pero no estoy seguro. O por tus manos y brazos, que eclipsaron todas las demás manos y brazos; o por tus pies, que jugueteaban bajo tu vestido como unos ratoncillos; o por tu lengua, de un tono tan delicado. Pero no estoy del todo seguro.

- Ah, eso es muy bonito decirlo; pero poco me interesa tu amor si ha hecho una imagen tan simple y chata de mí como ésa, y si no estás seguro, y si razonas tan fríamente; pero sí lo que sentiste que yo era, Stephen -y cuando dijo esas palabras una furtiva carcajada y una expresión retozona apareció en la cara de él-, cuando te dijiste: «Pienso amar a esa joven».


Thomas Hardy (Inglaterra, 1840-1928).

(Traducido al español por Damián Alou).

martes, 16 de abril de 2019

Tu boca: EL MANICOMIO (La casa de Nebuni), de Bogdan Petriceicu Haşdeu

"El cochero, los caballos y yo estamos en silencio."

(Estrofas iniciales)

En silencio, con una señal detengo el carruaje:
Cállate. Hago otra señal.
Al salir del faro podrás abrir tu boca.
El cochero, los caballos y yo estamos en silencio.
 
Para los estrechos de mente
nada tienes todavía,
cuando ellos, sin palabras,
entienden más bien un latigazo.

Quiero hablar, sí, pero con los locos,
en el falansterio hay algunos 
grandes poetas y grandes tribunos.
Así que: ¡Vamos al manicomio!
 
 
Bogdan Petriceicu Haşdeu  (Rumania, 1838-1907).

lunes, 15 de abril de 2019

Tu boca: AXËL, de Auguste de Villiers de L'Isle-Adam

 
(Fragmento de la escena IV de la cuarta parte: El mundo pasional)
 
Sara: ¡Oh joven encantador que, a pesar de la inmodestia de mis palabras, ha presentido a su sacra hermana! ¡Eres un ser inesperado!... No quiero otro atavío que tu mirada de niño en la que tan bella soy; y estoy tan pálida por verme condenada a sufrir tanto amor. En cuanto a nuestras grandes riquezas, dejémonos vivir con nuestras estrelladas ensoñaciones.
 
Axël se ha sentado en un almohadón, a los pies de Sara, cruzando sus brazos sobre las rodillas de la hermosa muchacha; la mira por algún tiempo, como perdido en un abismo de silencioso gozo.

Axël: Sí; semejante a la estatua del Adiós, tenías que aparecer ante mí, con tu luto, sonriente y cubierta de pedrería, entre las tumbas. Bajo tu nocturna cabellera eres como un lis ideal, florecido en las tinieblas. ¡Qué estremecimientos suscita en mí tu visión! ¿Mi amor? ¿Mis deseos?... Te pierdes en ellos, como si te bañaras en el océano. Si quieres huir, huyes en ellos. Te acosan y te penetran, ¡oh bienamada! Te levantan y mueren en ti... para revivir en tu belleza.
 

Sara, sonriente, respirando los cabellos de Axël: Tienes el olor de las hojas en los claros otoños, ¡cazador mío! Has mezclado tu ser salvaje con toda el alma de los bosques... Cara alegría...
 
Le contempla como orgullosa y embriagada.
 
Axël, como en lo más profundo de un sueño: Sara, mi virginal amiga, mi eterna hermana, no oigo ya lo que dices pero tu sola voz... (Tomándola en sus brazos, transportado): ¡Oh, la flor de tu ser, tu boca divina! En un beso convertirme en... ¡Oh!, la luz de esa sonrisa; beber ese soplo del cielo, ¡tu aliento! ¡Tu alma!
 
Sara, atrayendo hacia su seno la frente de Axël; luego, grave y posando dulcemente los labios en los suyos: ¿Mi alma? ¡Hela aquí, bienamado!

Quedan arrobados, como inanimados y sin palabras.
 
 
Auguste de Villiers de L'Isle-Adam
Jean-Marie-Mathias-Philippe-Auguste, conde de Villiers de l'Isle-Adam (Francia, 1838-1889).

domingo, 14 de abril de 2019

Tu boca: RIMAS, de Gustavo Adolfo Bécquer

"... que sentí tu aliento de jazmín y nardo..."

Rima XCI
 
No has sentido en la noche,
cuando reina la sombra
una voz apagada que canta
y una inmensa tristeza que llora?

¿No sentiste en tu oído de virgen
las silentes y trágicas notas
que mis dedos de muerto arrancaban
a la lira rota?

¿No sentiste una lágrima mía
deslizarse en tu boca,
ni sentiste mi mano de nieve
estrechar a la tuya de rosa?

¿No viste entre sueños
por el aire vagar una sombra,
ni sintieron tus labios un beso
que estalló misterioso en la alcoba?

Pues yo juro por ti, vida mía,
que te vi entre mis brazos, miedosa;
que sentí tu aliento de jazmín y nardo
y tu boca pegada a mi boca.
 
 
Gustavo Adolfo Bécquer (España, 1836-1870).

sábado, 13 de abril de 2019

Tu boca: LA HISTORIA DE MORO-BLANCO, de Ion Creangă

"Cosa sin pensar acabo de escuchar de tu boca, querido hijo..."
 
(Fragmento)

- Noble príncipe, no me riñas, mas no tengas tanta prisa, que no se sabe de dónde te puede salir ayuda.
 
- ¿Por qué dices bobadas, hermana? ¿Te piensas que de alguien como tú espero ayuda?
 
- ¿Te parecerá raro una como esta? dijo la vieja. ¡Eh, noble príncipe! El Altísimo colma de su gracia a los desamparados; se ve que así le gusta a Su Santidad. No mires que estoy corcovada y harapienta, pues, por el poder que se me dio, sé de antemano qué tienen pensado labrar los poderosos de la tierra y a menudo me río a carcajadas de su torpeza y de su flaqueza. ¿Verdad que no te lo acabas de creer?, pero ¡Dios te guarde de la tentación! Que muchas cosas han visto mis ojos en tantos siglos que llevo a mis espaldas. ¡Ay, príncipe! créeme, que si tuvieras mi poder, te cruzarías los países y los mares, arrollarías la tierra, jugarías con este mundo entre tus dedos, y todo se haría según tu pensamiento. Pero, ¡mira qué dice la corcovada y la desamparada! ¡Perdóname, Señor, que no sé qué me salió de la boca! Noble príncipe, ¡dale algo a esta vieja!
 
El hijo del rey, embelesado por las palabras de la vieja, saca entonces un penique y dice:
 
- Toma, hermana, de mí poco y de Dios mucho.
 
- De lo que das, Dios misericordioso te devuelva, noble príncipe, y con muchos años te agracie, pues mucha suerte te está esperando. En poco tiempo llegarás emperador, sin igual en la faz de la tierra, así de querido, de honrado y de poderoso. Ahora, noble príncipe, para que veas lo mucho que te puede valer tu caridad, quédate quieto, mírame a los ojos y escucha con cuidado lo que te voy a decir: ve con tu padre y pídele que te dé el caballo, las armas y el traje que usó en su boda, y entonces podrás ir donde no pudieron ir tus hermanos; porque está escrito en las estrellas que a ti te pertenece este honor. Tu padre se opondrá y no querrá permitirlo, pero tú sigue insistiendo en tu ruego, que lo doblegarás. La ropa de la que te estoy hablando es vieja y desgastada, las armas aherrumbradas, y el caballo lo podrás elegir dejando en el medio de las cuadras una bandeja llena de ascuas, y de todos los caballos, aquel que se acercara a comer, este te llevará hasta el imperio y te salvará de muchos peligros. ¡Recuerda mis palabras, que quizá nos volvamos a encontrar en algún rincón del mundo: que se junta monte con monte, y más aún hombre con hombre!
 
Y mientras estaba hablando esto, la ve envuelta como en un velo blanco levantarse por los aires, después alzándose más y más hasta perderla de vista. El temor se apoderó del hijo de rey y se quedó pasmado por el pavor y el asombro, pero luego, volviendo en sí y armado de confianza en su éxito, se presentó delante de su padre diciendo:
 
- Permíteme ir tras mis hermanos, no por nada, sino por probar suerte. Y que lo logre o no, te prometo de antemano que, una vez salido de tu casa, no volveré, aunque fuera a encontrarme con la muerte en mi camino.
 
- Cosa sin pensar acabo de escuchar de tu boca, querido hijo, respondió el rey. Tus hermanos han demostrado que no tienen pelo en pecho, y por su parte he perdido toda esperanza. Serás tú más valiente, aunque no lo veo. Pero si te empeñas en irte, yo no te voy a parar, aunque no me lo acabo de creer. Sin embargo, si quieres irte a toda costa, no detendré, mas mucho me temo que te saldrá algún disgusto en tu camino y labrarás tu deshonra, pues entonces te lo digo bien claro que en mi casa no te quiero volver a ver.
 
- Sea como fuere, padre, el deber de un hombre es intentar. Me iré yo también a probar suerte y luego, ¡qué sea como Dios quiera! Sólo dame, por favor, el caballo, las armas y el traje que llevaste en tu boda, para que me pueda marchar.

Ion Creangă (Rumania, 1837-1889).
 
La ilustración corresponde a un sello conmemorativo de Moro-Blanco y su caballo
emitido por la república de Moldavia en el año 2000.