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English Bay bajo la nieve. Vancouver, enero de 2020 (fotografía de Jules Etienne).

sábado, 28 de septiembre de 2019

Tu boca: YO QUIERO SERVIRTE, de Osip Mandelstam

"... me atrae irresistible tu tierna boca de cereza."

Yo quiero servirte
con los demás a la par,
adivinar tu fortuna con los labios
sedientos por los celos.
Las palabras no suprimen
tanta resequedad que se esparce,
y sin ti, el aire denso
está para mí otra vez vacío.

Ya no estoy celoso
pero aún te quiero,
solo como en un sacrificio
me dirijo hacia el verdugo.
No te llamaré,
sin alegría, sin amor,
una sangre extraña y salvaje
a la mía ha reemplazado.

Un momento más,
y entonces te diré:
No es alegría, sino tormento
lo que encuentro en ti.
Y, como si fuera un crimen,
entre el caos mordida,
me atrae irresistible
tu tierna boca de cereza.

Vuelve a mí de una vez:
es horrible estar sin ti,
nunca me he sentido
más atado a ti
y todo lo que quiero
puedo verlo en la oscuridad.
Ya no estoy celoso
y te estoy llamando.

(Я наравне с другими
Хочу тебе служить,
От ревности сухими
Губами ворожить.
Не утоляет слово
Мне пересохших уст,
И без тебя мне снова
Дремучий воздух пуст.


Я больше не ревную,
Но я тебя хочу,
И сам себя несу я,
Как жертву, палачу.
Тебя не назову я
Ни радость, ни любовь.
На дикую, чужую
Мне подменили кровь.


Еще одно мгновенье,
И я скажу тебе:
Не радость, а мученье
Я нахожу в тебе.
И, словно преступленье,
Меня к тебе влечет
Искусанный в смятеньи
Вишневый нежный рот.


Вернись ко мне скорее,
Мне страшно без тебя,
Я никогда сильнее
Не чувствовал тебя,
И все, чего хочу я,
Я вижу наяву.
Я больше не ревную,
Но я тебя зову.) 


Osip Mandelstam
(Ruso nacido en Varsovia y fallecido en el Gulag, 1891-1938).

(Traducido al español por Jules Etienne).

viernes, 20 de septiembre de 2019

Tu boca: DEL TIEMPO Y EL RÍO, de Thomas Wolfe

"¡Yo te conmoveré, yo fundiré ese hielo, mi amor... por Dios, yo te poseeré!..."
 
(Fragmento del capítulo LXXXVI)

- Dime -requirió con voz ahogada, mientras la zarandeaba-. ¡Dime algo!... ¡Haz algo!... ¡No te quedes parada como una esfinge!... ¿Quién diablos crees que eres, al fin de cuentas?... ¿Por qué has de ser mejor que los demás?... ¡Ann! ¡Ann! ¡Mírame!... ¡Habla! ¿Qué te pasa?... ¡Ah, maldita seas! -susurró, salvaje e inconsciente-. ¡Te quiero!... Mujerzuela de Boston, grande, tonta, hermosa -susurró amorosamente-, vuelve la cara hacia mí... mírame... ¡Por Dios! ¡Basta ya! -murmuró agitadamente, y por primera vez, con una especie de desesperación, la besó en la boca, y mirando hacia su alrededor como un loco, sin saber lo que hacía, empezó a tirar de ella y a arrastrarla hacia la cama, susurrando-: ¡Por Dios, lo haré! ¡Mujerzuela de Boston, grande, tonta, hermosa!... ¡Ann! -exclamó con exaltación-. ¡Yo te conmoveré, yo fundiré ese hielo, mi amor... por Dios, yo te poseeré!... ¡Ah, tu brazo! -comenzó a decir ávidamente, mientras levantaba el brazo esbelto de la muchacha en un éxtasis gradual y desgarrador y mordía su hombro- y tu cuello, y tu rostro cálido y tu boca hosca y tu perfume, y tu vientre precioso; ese vientre blanco, hermoso, fecundo de mi muchacha de Boston... ese vientre como para tener doce hijos... y las caderas anchas, y los muslos torneados, y las ancas de la cintura a las rodillas... ¡ah, tierra salvaje, virgen, mansa, fértil, yo te fecundaré! -exclamó triunfante-... y tus ojos mansos y tus manos largas y tus dedos finos... ¿de dónde has sacado esas manos graciosas, delicadas, preciosas...? ¡Ven! -dijo lleno de un suave deseo asesino, y de pronto sintió temblar los largos dedos de la muchacha sobre su brazo, los tomó entre sus manos y los sintió allí, y sintió temblar todo su cuerpo grande y pesado bajo su abrazo. Y súbitamente se sintió invadido por una situación intensa, indescriptible, de compasión y arrepentimiento.


Thomas Wolfe (Estados Unidos, 1900-1938).

martes, 17 de septiembre de 2019

Tu boca: HORMIGAS, de Ramón López Velarde

"Antes que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca..."

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
 
 
Ramón López Velarde (México, 1888-1921).

domingo, 15 de septiembre de 2019

Tu boca: ¡NO, NO DIGAS NADA!, de Fernando Pessoa


"Gracia del cuerpo desnudo que invisible se ve."

¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.

Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.

Es mejor de lo que tú.
¡No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.
 
 
Fernando Pessoa (Portugal, 1888-1935).

sábado, 14 de septiembre de 2019

Tu boca: ET IN ARCADIA EGO, de Katharine Mansfield

"¿Supones que las margaritas se sienten cansadas cuando se cierran a la noche y el rocío desciende sobre ellas? "
 
(Fragmento)
 
Sentarse frente a un pequeño fuego de leña, con las manos cruzadas sobre el regazo y los ojos cerrados, imaginar que se vuelve a ver sobre los párpados toda la belleza danzante del día, sentir la llama en la garganta como solías imaginar que percibías la mancha de amarillo cuando Bogey sostenía un botón de oro bajo tu mentón... cuando respirar es tal placer que casi temes respirar... como si una mariposa batiera sus alas sobre el pecho. Aun gustar la cálida luz del sol que se derretía en tu boca, oler el blanco perfume ceroso que flotaba sobre los campos de junquillos y el especiado y silvestre olor del romero creciendo en pequeñas matas entre las rocas rojas, muy cerca del borde del mar.
 
La luna está saliendo, pero el día renuente permanece sobre el mar y el cielo. El mar está embadurnado con un rosado del color de las cerezas inmaduras, y en el cielo hay una flotante luz amarilla como las alas de los canarios. Muy inflexibles y sólidos son los troncos de las palmeras. Se elevan de sus copas los duros ramos verdes que parecen cortar el aire del anochecer, y entre ellos, los azules árboles de la goma, altos y delgados con hojas falciformes y ramas que caen, medio azules y medio violetas. La luna está apenas sobre la montaña, detrás del pueblo. Los perros saben que está allí; comienzan ya a aullar y ladrar. Los pescadores se silban y se gritan mutuamente mientras acercan sus barcos, algunos niños cantan con voces casi quebradas junto a la costa, y hay un ruido de niños que lloran, niñitos con mejillas quemadas y arenas entre los dedos de los pies a los que llevan a la cama.
 
Estoy cansada, benditamente cansada. ¿Supones que las margaritas se sienten cansadas cuando se cierran a la noche y el rocío desciende sobre ellas?
 
 
Katharine Mansfield (Neozelandesa fallecida en Francia, 1888-1923).

viernes, 13 de septiembre de 2019

Tu boca: ADOLESCENTE, de Vincenzo Cardarelli

"Tu pupila se abrasa del sol que lleva dentro. Es estrecha tu boca."

Hay sobre ti, virgen adolescente,
una sombra sagrada.
Nada más misterioso,
más adorable y propio
que tu carne desnuda.
Pero te encierras en la atenta túnica
y habitas allá lejos
con tu gracia,
donde no sabes quien te alcanzará.
Yo no, bien cierto. Si te veo pasar
a tan regia distancia
con el cabello al aire
y con todo tu ser enarbolado
me arrebata el vértigo.
 
Tú eres la imporosa y lisa criatura
a la que aprieta, en el respiro, el gozo
oscuro de la carne, que soporta
a duras penas toda su plenitud.
En tu sangre, que tiene un extenderse
de llama por tu rostro,
se ríe todo el orbe
como en el ojo negro de la golondrina.
Tu pupila se abrasa
del sol que lleva dentro.
Es estrecha tu boca.
Tus manos desconocen
el sudor humillante del contacto.
Pienso cómo tu cuerpo,
dificultoso y vago,
desespera de amor
el corazón del hombre.
 
Y, sin embargo, alguno te desflorará,
boca de surtidor.
Y lo hará sin saberlo;
un pescador de esponjas
tendrá esa rara perla.
Le servirá de gracia y de fortuna
el no haberte buscado,
el no saber quién eres,
el no poder gozarte
con la sutil conciencia
que ofende al Dios celoso.
Sí, será el animal
lo bastante ignorante
para no morir antes de tocarte.
Todo es así.
Ni tú sabes quién eres.
Te dejarás coger
pata ver cómo es el juego
para reír un rato en compañía.
Como se pierde en el aire la llama
así al contacto con la realidad
todos esos misterios que prometes
se deshacen en nada,
¡Pasará inconsumado
tanto gozo!
Tú te darás, te perderás por esos
caprichos que jamás aciertan,
con el primero que te guste.
Ama el tiempo la burla que lo atrapa
y no el amor canto que vacila.
Así la infancia hace
rodar el mundo
y el sabio no es más que un muchacho
que se duele de haber crecido tanto.
 
 
Vincenzo Cardarelli: Nazareno Caldarelli (Italia, 1887-1959).
 
(Traducido al español por J. L. Martín Descalzo).

Tu boca: ELIS, de Georg Trakl

"Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes."
 
I
 
Es profundo el silencio de esta tarde dorada.
Bajo viejas encinas
Apareces tú, Elis, yaciente de los ojos redondos.
 
Su azul refleja el dormitar de los amantes.
En tu boca
Enmudecieron los rosados suspiros.
 
Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes.
Un buen pastor
Lleva su rebaño por el filo del bosque.
Oh qué justos son, Elis, todos tus días.
 
Callado baja
Por áridos muros el silencio del olivo,
Desvanece de un anciano el oscuro cantar.
 
Una barca dorada
Mece, Elis, tu corazón en el solitario firmamento.
 
 
Georg Trakl (Austria, 1887-1914).
 
(Traducido al español por Juan García Ponce en colaboración con Roger von Gunten).

jueves, 12 de septiembre de 2019

Tu boca: UNA NOCHE EN LA SELVA, de Blaise Cendrars

"... la boca de una mujer elegante que mordisqueaba su lápiz labial, una boca roja, sencillamente tu boca..."

(Fragmento)

Caigo entonces al fondo de mí mismo, me hundo y obtengo placer con los retornos vertiginosos de la conciencia cuando dejo de respirar y me ahogo. La vida desfila a toda velocidad, como un viejo filme vuelto a pegar, lleno de roturas, de huecos, de escenas ridículas, de personajes al revés, con títulos pasados de moda para detenerse de pronto sobre una sola imagen, que no es siempre la más bella, pero que se vuelve luminosa a fuerza de atraer la atención.
 
Es absurdo, pero así es.
 
Así, durante este último viaje a Brasil, yo venía de disfrutar durante seis meses del lujo, de la comodidad, de la publicidad, de la velocidad, de la promiscuidad, del juego, de la inestabilidad, del buen humor, de la actualidad, de las luces que ofrece en profusión y gratuitamente el ensamblaje científico del mundo moderno, el día en que, abandonando mi pequeño Ford en la sabana, descubrí esa picada a través de la selva virgen, ese sendero terrible que habría de desembocar en una boca, una boca de mujer, no la boca de mi pasión ataviada por la costurera del teatro, sino la boca de una mujer elegante que mordisqueaba su lápiz labial, una boca roja, sencillamente tu boca, Virginia.
 
A propósito, ¿por qué partí, por qué dejé ese palacio de São Paulo desde donde veía, por la ventana de mi cuarto, las idas y venidas de tres muchachitas por el jardín? Ellas venían varias veces al día y a horas fijas a exponerse a mis ojos bajo un enorme ficus blanco. Yo les mandaba besos. Ellas reían, se sacudían, se abrazaban para burlarse de mí.
 
Me irritaba.
 
Inclinado en mi balcón, con el torso desnudo, atrapaba los golpes de sol para comunicarme con ellas por los aires.
 
Les hacía signos y las veía reírse, sin poder nunca dirigirles la palabra, ni escuchar esa risa de jovencitas llegar hasta mí, separados como estábamos por los ruidos de la ciudad, de los extractores que se vaciaban, la cadencia multiplicada de los carpinteros, el bufido de las furgonetas, el rebato de los martillos neumáticos, las descargas y tronidos de la maquinaria norteamericana que explotaban y percutían en esa infernal nube de cascotes que envolvía siempre el centro de São Paulo, en el que demolían incesantemente para construir a razón de una casa por hora o de un rascacielos por día. En esta ciudad proteica que desconoce la Liga del Silencio poseíamos los cuatro un maravilloso secreto y nos amábamos, como se besa uno por teléfono, sin nunca decirnos nada.
 
Blaise Cendrars: Frédéric-Louis Sauser
(Suizo nacionalizado francés, 1887-1961).
 
(Traducido al español por Armando Pinto).

Tu boca: LO BELLO Y LO TRISTE, de Yasunari Kawabata

"- Sírveme un poco de té –susurró. Él levantó la taza y se la tendió. - De tu boca."

(Fragmento del capítulo El lago)

- ¿No te parece que es una vista hermosísima?
- Sí. Es hermosísima. Pero yo estaba pensando en lo hermosa que eres tú. Tu nuca, tu obi...
- ¿Recuerdas cuando me tenías en tus brazos, allá en el templo?
- ¿Que si recuerdo... eso?
- Supongo que estás enfadado conmigo. Estás escandalizado Lo sé.
- Quizá, sí.
- Yo también. Es terrible que una mujer se entregue en forma tan completa.
 
Bajó la voz:
 
- ¿Así que por eso no te acercas a mí?
 
Taichiro se puso de pie y se acercó a ella. Le apoyó una mano sobre el hombro y la guió dulcemente hasta el sofá. Ella permaneció sentada cerca de él, pero mantuvo los ojos bajos.
 
- Sírveme un poco de té –susurró.
 
Él levantó la taza y se la tendió.
 
- De tu boca.
 
Taichiro tomó un sorbo de té y lo dejó filtrar poco a poco por entre los labios de ella. Keiko bebió el té con los ojos cerrados y con la cabeza echada hacia atrás. Su cuerpo estaba inerte, con excepción de los labios y de la garganta.
 
- Más -dijo, sin moverse.
 
Taichiro tomó otro sorbo de té y se lo dio boca a boca.
 
- ¡Ay, qué lindo! -exclamó Keiko, abriendo los ojos-. Me gustaría morir ahora. ¡Por qué no habrá sido veneno!... Estoy acabada. Acabada. Y tú también.
 
Tras una pausa dijo:
 
- Vuélvete.
 
Empujó a Taichiro para que se volviera y apretó el rostro contra su hombro. Luego buscó sus manos. Taichiro tomó una de las manos de la muchacha y la contempló mientras acariciaba un dedo tras otro.
 
- Lo lamento -dijo Keiko-. ¡Qué desconsideración de mi parte! Seguramente estás deseando bañarte. ¿Qué te parece si lleno la bañera?
- Muy bien.
- A no ser que prefieras tomar una ducha.
- ¿Te parece que la necesito?
- Me gustas tal cual estás. Nunca me había gustado tanto un aroma, como el de tu piel -hizo una pausa-. Pero supongo que preferirás refrescarte.
 
 
Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972). Obtuvo el premio Nobel en 1968.
 
(Traducido al español por Nélida M. de Machain)

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Tu boca: EL INTRUSO, de Delmira Agustini

"... y tiemblo si tu mano toca la cerradura..."

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.
 
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.
 
¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
 
y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera.
 
 
       Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914).

Tu boca: MADRIGAL DE VERANO, de Federico García Lorca


Junta tu roja boca con la mía,
¡oh Estrella la gitana!
Bajo el oro solar del mediodía
morderá la manzana.

En el verde olivar de la colina
hay una torre mora,
del color de tu carne campesina
que sabe a miel y aurora.

Me ofreces en tu cuerpo requemado
el divino alimento
que da flores al cauce sosegado
y luceros al viento.

¿Cómo a mí te entregaste, luz morena?
¿Por qué me diste llenos
de amor tu sexo de azucena
y el rumor de tus senos?

¿No fue por mi figura entristecida?
(¡Oh mis torpes andares!)
¿Te dio lástima acaso de mi vida,
marchita de cantares?

¿Cómo no has preferido a mis lamentos
los muslos sudorosos
de un San Cristóbal campesino, lentos
en el amor y hermosos?


Danaide del placer eres conmigo.
Femenino Silvano.
Huelen tus besos como huele el trigo
reseco del verano.

Entúrbiame los ojos con tu canto.
Deja tu cabellera
extendida y solemne como un manto
de sombra en la pradera.

Píntame con tu boca ensangrentada
un cielo del amor,
en un fondo de carne la morada
estrella de dolor.

Mi pegaso andaluz está cautivo
de tus ojos abiertos;
volará desolado y pensativo
cuando los vea muertos.

Y aunque no me quisieras te querría
por tu mirar sombrío,
como quiere la alondra al nuevo día,
sólo por el rocío.

Junta tu roja boca con la mía,
¡oh Estrella la gitana!
Déjame bajo el claro mediodía
consumir la manzana.
 

Federico García Lorca (España, 1898-1936).

martes, 10 de septiembre de 2019

Tu boca: CARINA o la joven loca por su alma, de Fernand Crommelynck

"Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón."
 
(Fragmento de un diálogo entre Federico y Carina)

(Baja la mirada, pero él pone la cabeza de ella contra su hombro y prosigue, con más ternura). Tú tienes veinte años. ¿De qué nostalgias de garras y de terciopelo te sientes atravesada, si te vuelve de entre los años la frescura de tu primer beso? Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón. ¿Te hablaré del inocente amor que está contenido en una frágil forma humana, en un rostro pequeño, en el círculo de un ojo. En toda una región, con sus montañas, sus desfiladeros de sombras y rumores, sus aldeas y villorrios, en un continente y en el universo sin contornos, del inocente amor que quiere ver una mirada tierna, ilimitada como el azul, bañando los cabos, ciñendo las islas, ahogando a las constelaciones? De suerte que felicidades o infelicidades no tienen ya sino un solo o mismo nombre: Arturo, si tú quieres, o España, o Milán... y que, en mi recuerdo, semejantes a estatuas, mis amantes con nombres de ciudades lleven en ofrenda o sobre su mano tendida, en una un campanario fino, la otra un barco ornado. O que entre las ciudades con nombres de mujer, ésta, maquillada, empolvada, eleve su brisa carnal, mientras que aquélla, lánguida bajo la cortina negra y oro, aviente mi corazón de sus pesados párpados.


Fernand Crommelynck (Dramaturgo belga nacido y muerto en Francia, 1886-1970).
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de la obra dirigida por Michaël Delaunoy, con Charlotte Villalonga como Carina y Damien De Dobbeleer.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Tu boca: MAÑANA, de Marià Manent

 
Has salido del sueño como del mar. Aún húmeda,
a los sueños sonríe tu boca, dulcemente.
Brilla el sol en la hierba, pero tu ves la plata
de la luna, que en el agua duerme-.
 
Una luz de esmeralda casi nubla tus ojos;
perfumes de aquel mar tiene tu fina arcilla;
y una gran perla pálida llevas bajo los bucles,
ondulados como alga tranquila.
 
 
Marià Manent i Cisa (Español, poeta en lengua catalana, 1898-1988).
 
(Traducido del catalán por José Corredor Matheos).

Tu boca: MUJERES ENAMORADAS, de D. H. Lawrence

"Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche. -Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella..."
 
(Fragmento del capítulo 29: Continental)

El rió más mientras besaba su pelo delicado y perfumado.

- ¿Me amas?

- Sí -repuso él riendo.

Ella levantó de repente la boca para ser besada. Sus labios eran tensos, temblorosos y agotadores; los de él, suaves, profundos y delicados. Él esperó unos pocos momentos en el beso. Luego, una sombra de tristeza penetró en su alma.

- Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche.

- Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella alegremente.

- Pero, ¿por qué pones siempre tiesos los labios? -preguntó él pesaroso.

- No te preocupes -dijo ella rápidamente-. Es mi modo.

Ella sabía que él la amaba; estaba segura de él. Pero no podía abandonar cierto control sobre sí misma, no podía tolerar que él la supiese en cuestión. Se daba a sí misma con placer para que él la amase. Sabía que, a pesar de su júbilo, cuando ella se abandonaba, él estaba también un poco entristecido. Ella podía abandonarse a la actividad de él; pero no podía ser ella misma, no se atrevía a adelantarse desnuda a la desnudez de él. Ella se abandonaba a él o bien se apoderaba de él y reunía su júbilo desde él. Y lo disfrutaba plenamente. Pero nunca estaban del todo juntos, en el mismo momento. Uno de los dos quedaba siempre un poco marginado. Sin embargo, estaba alegre de esperanza, gloriosa y libre, llena de vida y libertad. Y estaba inmóvil, suave y paciente por el momento.

 
 D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930).

domingo, 8 de septiembre de 2019

Tu boca: LA LLUVIA ES TU VESTIDO, de Corrado Govoni


La lluvia es tu vestido.
El fango son tus zapatos.
Tu pañuelo es el viento.
Pero el sol es tu sonrisa y tu boca,
y la noche del heno son tus cabellos.
Pero tu sonrisa y tu cálida piel
son el fuego de la tierra y las estrellas.

(La pioggia è il tuo vestito.
Il fango è le tue scarpe.
La tua pezzuola è il vento.
Ma il sole è il tuo sorriso e la tua bocca
e la notte dei fieni i tuoi capelli.
Ma il tuo sorriso e la tua calda pelle
è il fuoco della terra e delle stelle
.)


 Corrado Govoni (Italia, 1884-1965).
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne).

Tu boca: MOSQUITOS, de William Faulkner

"Cerró el libro y se quitó los lentes."
 
(Fragmento del cuarto día, a las once en punto)
 
- Sí, pero estás tratando de reconciliar al libro con el autor. Un libro es la vida secreta de un escritor, el secreto gemelo de un hombre: y contigo, cuando llega el choque inevitable, la verdadera personalidad del autor es la que pierde, porque eres de aquellos que ganan en verosimilitud al verlos en letra impresa.
 
- Quizá sea así -respondió Fairchild distraídamente, inclinándose otra vez sobre la página-. Escucha:
 
«Esos labios cansados parecen aún más cansados, por esa curva y pálida astucia. El quieto misterio de tu secreta faz, y tu enfermizo desespero obsesionado por su propio mal; tus manos de infante no se posan en tu corazón para protestar. Esa sonrisa reconcilia tu fatigada boca, guárdate de jurar, aunque desengañada con la secreta alegría de tu pecho de mujer. Cansada tu boca de sonrisas; no puedes apagarlas con tus besos ni tu amante, ni tú, ni ella. Tu despertar virginal es en sí una burla. Llega despierto con la aguda ausencia del sueño y junto a tu boca tu gemelo corazón esconde su dolor; no puede quebrarse, pues en medio, no late ningún pecho.»
 
- Hermafroditas -leyó-. De eso se trata. Es una especie de secreta perversión. Como un fuego que no necesitara combustible, que viviera de su propio calor. Quiero decir, que toda la poesía moderna es una especie de perversión. Como si el día de la poesía sana hubiera pasado ya, y los hombres modernos no hubieran nacido para escribir poemas. Les concedo otras cualidades, pero no la de escribir poesía. Es como si los hombres de hoy no fueran suficientemente masculinos y vigorosos para idear algo que anda tan cerca de lo sobrenatural. Una raza estéril; mujeres dema- siado masculinas para concebir; hombres demasiado femeninos para engendrar...
 
Cerró el libro y se quitó los lentes.
 
William Faulkner (Estados Unidos, 1897-1962).
Obtuvo el premio Nobel en 1949.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Tu boca: LOS HAIDUCS (Bandidos del pueblo), de Panait Istrati

 
(Fragmento del capítulo El refugio en el Valle Negro)
 
- ¡Pobre de mí! ¡Pobre de mí! Esa boca es la fuente misma de la que los viejos dioses retiraron su néctar embriagador. Es una boca creada no para decir las cartas del alfabeto, sino para repartir la vida y la muerte. Seguramente fue sobre esta joven que el sabio embelesado dijo: Mi paloma, en las hendiduras de la roca, en el lugar secreto de la ruta empinada, déjame ver tu forma, y déjame oír tu voz… Sí, tu forma, tu voz y tu boca también -debió haber dicho-. Pero, oh Salomón, ¿de qué sirve tener un corazón pidiendo escuchar y ver estas cosas espléndidas cuando uno se encuentra tan sin forma como una marmota? ¿Y de qué soy culpable si mi corazón, está a mi izquierda, como el de los locos, en lugar de a mi derecha, como dices que debe estar el del sabio? ¡Oh, Señor! Conoces mi locura, y mis pecados no están ocultos de Ti.
 
En este punto, Joakime volvió rápidamente hacia mí y, con palabras que cortó y elaboró de la manera en que suelen hacerlo los nobles, me dijo:
 
- Corimou! ¡Coritzakimou! ¡No me insultes pensando que soy vulgar! Mi locura no es peligrosa y mi pecado son sólo mis palabras. Mi crimen no es nada más… Así que no me prives de ver tu belleza. Ahora, vete con buena salud y vuelve a mí con buena salud. Te enseñaré griego con la fluidez de un erudito y la imparcialidad de un amigo. Y estarás armado con una espada que sólo unas cuantas personas pueden empuñar.
 
Besé al cantor en sus mejillas y le dije:
 
- Joakim, eres el primer hombre que he besado.
 
 
Panait Istrati (Rumania, 1884-1935).

Tu boca: EL VACÍO, de Georges Bataille



 Llamas nos rodearon
bajo nuestros pasos se abrió el abismo
un silencio de leche de hielo de huesos
nos envolvía con un halo
 
eres la transfigurada
mi destino te ha roto los dientes
tu corazón es un hipo
tus uñas han hallado el vacío
 
hablas como la risa
los vientos alisan tu cabello
la angustia que el corazón oprime
precipita tu burla
 
tus manos tras mi cabeza
no agarran sino la muerte
tus besos rientes no se abren
sino a mi pobreza de infierno
 
bajo el baldaquino sórdido
del que penden los murciélagos
tu maravillosa desnudez
no es más que una mentira sin lágrimas
 
mi grito te llama en el desierto
al que no quieres venir
mi grito te llama en el desierto
en el que se cumplirán tus sueños
 
tu boca sellada a mi boca
y tu lengua en mis dientes
la inmensa muerte te acogerá
caerá la inmensa noche
 
entonces habré hecho el vacío
en tu cabeza abandonada
tu ausencia estará desnuda
como una pierna sin medias
 
esperando el desastre
en que se extinguirá la luz
seré yo suave en tu corazón
como el frío de la muerte.


Georges Bataille (Francia, 1897-1962).