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Verano en Vancouver: luz de agosto en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

lunes, 30 de septiembre de 2019

Tu boca: YO QUIERO SERVIRTE, de Osip Mandelstam

"... me atrae irresistible tu tierna boca de cereza."

Yo quiero servirte
con los demás a la par,
adivinar tu fortuna con los labios
sedientos por los celos.
Las palabras no suprimen
tanta resequedad que se esparce,
y sin ti, el aire denso
está para mí otra vez vacío.

Ya no estoy celoso
pero aún te quiero,
solo como en un sacrificio
me dirijo hacia el verdugo.
No te llamaré,
sin alegría, sin amor,
una sangre extraña y salvaje
a la mía ha reemplazado.

Un momento más,
y entonces te diré:
No es alegría, sino tormento
lo que encuentro en ti.
Y, como si fuera un crimen,
entre el caos mordida,
me atrae irresistible
tu tierna boca de cereza.

Vuelve a mí de una vez:
es horrible estar sin ti,
nunca me he sentido
más atado a ti
y todo lo que quiero
puedo verlo en la oscuridad.
Ya no estoy celoso
y te estoy llamando.

(Я наравне с другими
Хочу тебе служить,
От ревности сухими
Губами ворожить.
Не утоляет слово
Мне пересохших уст,
И без тебя мне снова
Дремучий воздух пуст.


Я больше не ревную,
Но я тебя хочу,
И сам себя несу я,
Как жертву, палачу.
Тебя не назову я
Ни радость, ни любовь.
На дикую, чужую
Мне подменили кровь.


Еще одно мгновенье,
И я скажу тебе:
Не радость, а мученье
Я нахожу в тебе.
И, словно преступленье,
Меня к тебе влечет
Искусанный в смятеньи
Вишневый нежный рот.


Вернись ко мне скорее,
Мне страшно без тебя,
Я никогда сильнее
Не чувствовал тебя,
И все, чего хочу я,
Я вижу наяву.
Я больше не ревную,

Но я тебя зову.) 

Osip Mandelstam
(Ruso nacido en Varsovia y fallecido en el Gulag, 1891-1938).

(Traducido al español por Jules Etienne).

domingo, 29 de septiembre de 2019

Tu boca: INMEMORIAL, de Oswald de Andrade

"... en las manos vacías de las plantas humeantes..."

Gesto de pudor de mi madre
Estrella de alas alargadas
No sé cuando te iniciaste en mí
Ni en qué edad
Ni en qué eternidad
Ni en qué revolución solar
Del claustro materno
Yo te traía en el regazo
María Antonieta d'Alquemí

Te llevé solitario
Por ergástulos vigilantes del orden intraducible
Por trenes suburbanos
Por casas alquiladas

Por cuartos pobres
y de huidas

Muelles de mi vida fallida
Certeza del corsario
Puerto esperado
Coral caído
Del océano
En las manos vacías
De las plantas humeantes

Mujer venida de China
Para mí
Vestida de suplicios
Del duro dorso del amargor
Para mí
María Antonieta d'Alquemí

Tus gestos salían de rescoldos incomprendidos
Que tu boca ansiosa
De criatura repetía
Sin saber
Tus pasos subían
por los precipicios desesperados
Del desamor
Traías en las manos
Algunos libros de estudiante
Y los ojos finales de mi madre
 
 
Oswald de Andrade (Brasil, 1890-1954).

sábado, 28 de septiembre de 2019

Tu boca: INTERIOR, de Mariano Brull

"... capricho de tu beso; el tesoro de tu boca."

I

Te espero ansiando el virginal capricho
de tu beso; el tesoro de tu boca.
Hay algo en ti que la inquietud provoca:
Filtro de amor. Secreto que no has dicho.

Íntima angustia pone en entredicho
tu mirada serena. -¿A quién invoca
tu alma en silencio y muda como roca?
¡Mi virgencita de escondido nicho!

Se alza en mi pecho el Sinaí de un culto
más hondo, más callado y más sepulto
que en las entrañas de la catacumba.

Por ti, por tus dolores sin remedio,
que no dejaron florecer el tedio
en tu jardín cerrado como tumba.


Mariano Brull (Cuba, 1891-1956).

jueves, 26 de septiembre de 2019

Tu boca: PUESTO QUE TÚ, de Nelly Sachs

"... arroja un puñado de fuego en tu boca."

Puesto que tú
bajo el pie te
das a luz la constelación alada de la huida
arroja un puñado de fuego en tu boca.

Oh palabra de amor encerrada
tú sol ardiente
en la rueda de la noche.

Oh mi sol
yo dentro te modelo
en mi amor casa de la estrella en ocaso
en el refugio de mis golpes de aliento
de esta bandada de suicidios sin ruido.

Muerde mi luz
con el océano, desguarecida huida de sal
aspira clientela del viento
desde el paisaje surgiendo del alma.

Con labios en la piedra de la oración
beso de por vida muerte,
hasta que la cantarina esperma de oro
rompa la roca de la separación.
 
 
Nelly Sachs (Alemana nacionalizada sueca, 1891-1970).
Obtuvo el premio Nobel en 1966.
 
(Traducido al español por Javier Tubía).

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Tu boca: NECRONOMICÓN o EL LIBRO DE LOS NOMBRES MUERTOS, de H. P. Lovecraft

"Has enviado fantasmas para acosarme. Has enviado vampiros para acosarme."
 

(Fragmento del exorcismo contra Azag-Thoth y sus emisarios)

Me has elegido para cadáver.
Me has entregado al Cráneo.
Has enviado fantasmas para acosarme.
Has enviado vampiros para acosarme.
A los espectros vagabundos de los Yermos me has entregado.
A los fantasmas de las ruinas me has entregado.
A los desiertos, los páramos, las tierras prohibidas me has entregado.
¡Jamás vuelvas a abrir tu boca para lanzar tus hechicerías contra mí!
¡He arrojado tu imagen a las llamas de Gibil!
¡Arde, espíritu loco!
¡Arde, Dios loco!
¡Que el ardiente Girra deshaga tus nudos!
¡Que las llamas de Gibil deshagan tu cuerda!
¡Que la ley del fuego aprese tu garganta!
¡Que la ley del fuego me vengue"

¡No soy yo, sino Marduk, hijo de Enki, Señores de la Magia, quienes Te dominan!


Howard Phillips Lovecraft (Estados Unidos, 1890-1937).

viernes, 20 de septiembre de 2019

Tu boca: DEL TIEMPO Y EL RÍO, de Thomas Wolfe

"¡Yo te conmoveré, yo fundiré ese hielo, mi amor... por Dios, yo te poseeré!..."
 
(Fragmento del capítulo LXXXVI)

- Dime -requirió con voz ahogada, mientras la zarandeaba-. ¡Dime algo!... ¡Haz algo!... ¡No te quedes parada como una esfinge!... ¿Quién diablos crees que eres, al fin de cuentas?... ¿Por qué has de ser mejor que los demás?... ¡Ann! ¡Ann! ¡Mírame!... ¡Habla! ¿Qué te pasa?... ¡Ah, maldita seas! -susurró, salvaje e inconsciente-. ¡Te quiero!... Mujerzuela de Boston, grande, tonta, hermosa -susurró amorosamente-, vuelve la cara hacia mí... mírame... ¡Por Dios! ¡Basta ya! -murmuró agitadamente, y por primera vez, con una especie de desesperación, la besó en la boca, y mirando hacia su alrededor como un loco, sin saber lo que hacía, empezó a tirar de ella y a arrastrarla hacia la cama, susurrando-: ¡Por Dios, lo haré! ¡Mujerzuela de Boston, grande, tonta, hermosa!... ¡Ann! -exclamó con exaltación-. ¡Yo te conmoveré, yo fundiré ese hielo, mi amor... por Dios, yo te poseeré!... ¡Ah, tu brazo! -comenzó a decir ávidamente, mientras levantaba el brazo esbelto de la muchacha en un éxtasis gradual y desgarrador y mordía su hombro- y tu cuello, y tu rostro cálido y tu boca hosca y tu perfume, y tu vientre precioso; ese vientre blanco, hermoso, fecundo de mi muchacha de Boston... ese vientre como para tener doce hijos... y las caderas anchas, y los muslos torneados, y las ancas de la cintura a las rodillas... ¡ah, tierra salvaje, virgen, mansa, fértil, yo te fecundaré! -exclamó triunfante-... y tus ojos mansos y tus manos largas y tus dedos finos... ¿de dónde has sacado esas manos graciosas, delicadas, preciosas...? ¡Ven! -dijo lleno de un suave deseo asesino, y de pronto sintió temblar los largos dedos de la muchacha sobre su brazo, los tomó entre sus manos y los sintió allí, y sintió temblar todo su cuerpo grande y pesado bajo su abrazo. Y súbitamente se sintió invadido por una situación intensa, indescriptible, de compasión y arrepentimiento.


Thomas Wolfe (Estados Unidos, 1900-1938).

jueves, 19 de septiembre de 2019

Tu boca: ADIÓS MUÑECA, de Raymond Chandler

"Creer en las corazonadas y salir trasquilado. Al cabo de algún tiempo despiertas con tu boca llena de corazonadas." 

(Fragmento del capítulo 34)

- Dicen que el dinero no huele mal –dijo-. Pero a veces no estoy demasiado seguro.

Yo no dije nada. Se acercaron nuevos clientes que acabaron marchándose. El calor del día se disipaba rápidamente.

- Yo no lo intentaría con el Royal Crown –dijo-. Eso es para ardillitas que se portan bien y no se ocupan más que de sus frutos secos. Para mí que tiene usted aire de polizonte, pero eso es cosa suya. Espero que se le de bien nadar.

Lo dejé, preguntándome por qué me había acercado a él en primer lugar. Creer en las corazonadas. Creer en las corazonadas y salir trasquilado. Al cabo de algún tiempo despiertas con tu boca llena de corazonadas. No puedes pedir una taza de café sin cerrar los ojos y elegir al azar. Obedeces a las corazonadas.

Volví a pasear y traté de descubrir si alguien me seguía. Luego busqué un restaurante que no oliera a grasa de freír y encontré uno con letrero de neón de color morado y un bar de cócteles detrás de una cortina de bambú. Un efebo que llevaba el pelo teñido con alheña se dejó caer delante de un piano, empezó a acariciar las teclas lascivamente y cantó Escalera a las estrellas con una voz a la que le faltaban la mitad de los peldaños.

Bebí el resto de un martini seco y me apresuré a pasar al comedor a través de la cortina de bambú.

Raymond Chandler (Estados Unidos, 1888-1959).

martes, 17 de septiembre de 2019

Tu boca: HORMIGAS, de Ramón López Velarde

"Antes que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca..."

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
 
 
Ramón López Velarde (México, 1888-1921).

domingo, 15 de septiembre de 2019

Tu boca: ¡NO, NO DIGAS NADA!, de Fernando Pessoa


"Gracia del cuerpo desnudo que invisible se ve."

¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.

Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.

Es mejor de lo que tú.
¡No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.
 
 
Fernando Pessoa (Portugal, 1888-1935).

sábado, 14 de septiembre de 2019

Tu boca: ET IN ARCADIA EGO, de Katharine Mansfield

"¿Supones que las margaritas se sienten cansadas cuando se cierran a la noche y el rocío desciende sobre ellas? "
 
(Fragmento)
 
Sentarse frente a un pequeño fuego de leña, con las manos cruzadas sobre el regazo y los ojos cerrados, imaginar que se vuelve a ver sobre los párpados toda la belleza danzante del día, sentir la llama en la garganta como solías imaginar que percibías la mancha de amarillo cuando Bogey sostenía un botón de oro bajo tu mentón... cuando respirar es tal placer que casi temes respirar... como si una mariposa batiera sus alas sobre el pecho. Aun gustar la cálida luz del sol que se derretía en tu boca, oler el blanco perfume ceroso que flotaba sobre los campos de junquillos y el especiado y silvestre olor del romero creciendo en pequeñas matas entre las rocas rojas, muy cerca del borde del mar.
 
La luna está saliendo, pero el día renuente permanece sobre el mar y el cielo. El mar está embadurnado con un rosado del color de las cerezas inmaduras, y en el cielo hay una flotante luz amarilla como las alas de los canarios. Muy inflexibles y sólidos son los troncos de las palmeras. Se elevan de sus copas los duros ramos verdes que parecen cortar el aire del anochecer, y entre ellos, los azules árboles de la goma, altos y delgados con hojas falciformes y ramas que caen, medio azules y medio violetas. La luna está apenas sobre la montaña, detrás del pueblo. Los perros saben que está allí; comienzan ya a aullar y ladrar. Los pescadores se silban y se gritan mutuamente mientras acercan sus barcos, algunos niños cantan con voces casi quebradas junto a la costa, y hay un ruido de niños que lloran, niñitos con mejillas quemadas y arenas entre los dedos de los pies a los que llevan a la cama.
 
Estoy cansada, benditamente cansada. ¿Supones que las margaritas se sienten cansadas cuando se cierran a la noche y el rocío desciende sobre ellas?
 
 
Katharine Mansfield (Neozelandesa fallecida en Francia, 1888-1923).

viernes, 13 de septiembre de 2019

Tu boca: ADOLESCENTE, de Vincenzo Cardarelli

"Tu pupila se abrasa del sol que lleva dentro. Es estrecha tu boca."

Hay sobre ti, virgen adolescente,
una sombra sagrada.
Nada más misterioso,
más adorable y propio
que tu carne desnuda.
Pero te encierras en la atenta túnica
y habitas allá lejos
con tu gracia,
donde no sabes quien te alcanzará.
Yo no, bien cierto. Si te veo pasar
a tan regia distancia
con el cabello al aire
y con todo tu ser enarbolado
me arrebata el vértigo.
 
Tú eres la imporosa y lisa criatura
a la que aprieta, en el respiro, el gozo
oscuro de la carne, que soporta
a duras penas toda su plenitud.
En tu sangre, que tiene un extenderse
de llama por tu rostro,
se ríe todo el orbe
como en el ojo negro de la golondrina.
Tu pupila se abrasa
del sol que lleva dentro.
Es estrecha tu boca.
Tus manos desconocen
el sudor humillante del contacto.
Pienso cómo tu cuerpo,
dificultoso y vago,
desespera de amor
el corazón del hombre.
 
Y, sin embargo, alguno te desflorará,
boca de surtidor.
Y lo hará sin saberlo;
un pescador de esponjas
tendrá esa rara perla.
Le servirá de gracia y de fortuna
el no haberte buscado,
el no saber quién eres,
el no poder gozarte
con la sutil conciencia
que ofende al Dios celoso.
Sí, será el animal
lo bastante ignorante
para no morir antes de tocarte.
Todo es así.
Ni tú sabes quién eres.
Te dejarás coger
pata ver cómo es el juego
para reír un rato en compañía.
Como se pierde en el aire la llama
así al contacto con la realidad
todos esos misterios que prometes
se deshacen en nada,
¡Pasará inconsumado
tanto gozo!
Tú te darás, te perderás por esos
caprichos que jamás aciertan,
con el primero que te guste.
Ama el tiempo la burla que lo atrapa
y no el amor canto que vacila.
Así la infancia hace
rodar el mundo
y el sabio no es más que un muchacho
que se duele de haber crecido tanto.
 
 
Vincenzo Cardarelli: Nazareno Caldarelli (Italia, 1887-1959).
 
(Traducido al español por J. L. Martín Descalzo).

Tu boca: ELIS, de Georg Trakl

"Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes."
 
I
 
Es profundo el silencio de esta tarde dorada.
Bajo viejas encinas
Apareces tú, Elis, yaciente de los ojos redondos.
 
Su azul refleja el dormitar de los amantes.
En tu boca
Enmudecieron los rosados suspiros.
 
Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes.
Un buen pastor
Lleva su rebaño por el filo del bosque.
Oh qué justos son, Elis, todos tus días.
 
Callado baja
Por áridos muros el silencio del olivo,
Desvanece de un anciano el oscuro cantar.
 
Una barca dorada
Mece, Elis, tu corazón en el solitario firmamento.
 
 
Georg Trakl (Austria, 1887-1914).
 
(Traducido al español por Juan García Ponce en colaboración con Roger von Gunten).

jueves, 12 de septiembre de 2019

Tu boca: UNA NOCHE EN LA SELVA, de Blaise Cendrars

"... la boca de una mujer elegante que mordisqueaba su lápiz labial, una boca roja, sencillamente tu boca..."

(Fragmento)

Caigo entonces al fondo de mí mismo, me hundo y obtengo placer con los retornos vertiginosos de la conciencia cuando dejo de respirar y me ahogo. La vida desfila a toda velocidad, como un viejo filme vuelto a pegar, lleno de roturas, de huecos, de escenas ridículas, de personajes al revés, con títulos pasados de moda para detenerse de pronto sobre una sola imagen, que no es siempre la más bella, pero que se vuelve luminosa a fuerza de atraer la atención.
 
Es absurdo, pero así es.
 
Así, durante este último viaje a Brasil, yo venía de disfrutar durante seis meses del lujo, de la comodidad, de la publicidad, de la velocidad, de la promiscuidad, del juego, de la inestabilidad, del buen humor, de la actualidad, de las luces que ofrece en profusión y gratuitamente el ensamblaje científico del mundo moderno, el día en que, abandonando mi pequeño Ford en la sabana, descubrí esa picada a través de la selva virgen, ese sendero terrible que habría de desembocar en una boca, una boca de mujer, no la boca de mi pasión ataviada por la costurera del teatro, sino la boca de una mujer elegante que mordisqueaba su lápiz labial, una boca roja, sencillamente tu boca, Virginia.
 
A propósito, ¿por qué partí, por qué dejé ese palacio de São Paulo desde donde veía, por la ventana de mi cuarto, las idas y venidas de tres muchachitas por el jardín? Ellas venían varias veces al día y a horas fijas a exponerse a mis ojos bajo un enorme ficus blanco. Yo les mandaba besos. Ellas reían, se sacudían, se abrazaban para burlarse de mí.
 
Me irritaba.
 
Inclinado en mi balcón, con el torso desnudo, atrapaba los golpes de sol para comunicarme con ellas por los aires.
 
Les hacía signos y las veía reírse, sin poder nunca dirigirles la palabra, ni escuchar esa risa de jovencitas llegar hasta mí, separados como estábamos por los ruidos de la ciudad, de los extractores que se vaciaban, la cadencia multiplicada de los carpinteros, el bufido de las furgonetas, el rebato de los martillos neumáticos, las descargas y tronidos de la maquinaria norteamericana que explotaban y percutían en esa infernal nube de cascotes que envolvía siempre el centro de São Paulo, en el que demolían incesantemente para construir a razón de una casa por hora o de un rascacielos por día. En esta ciudad proteica que desconoce la Liga del Silencio poseíamos los cuatro un maravilloso secreto y nos amábamos, como se besa uno por teléfono, sin nunca decirnos nada.
 
Blaise Cendrars: Frédéric-Louis Sauser
(Suizo nacionalizado francés, 1887-1961).
 
(Traducido al español por Armando Pinto).

Tu boca: LO BELLO Y LO TRISTE, de Yasunari Kawabata

"- Sírveme un poco de té –susurró. Él levantó la taza y se la tendió. - De tu boca."

(Fragmento del capítulo El lago)

- ¿No te parece que es una vista hermosísima?
- Sí. Es hermosísima. Pero yo estaba pensando en lo hermosa que eres tú. Tu nuca, tu obi...
- ¿Recuerdas cuando me tenías en tus brazos, allá en el templo?
- ¿Que si recuerdo... eso?
- Supongo que estás enfadado conmigo. Estás escandalizado Lo sé.
- Quizá, sí.
- Yo también. Es terrible que una mujer se entregue en forma tan completa.
 
Bajó la voz:
 
- ¿Así que por eso no te acercas a mí?
 
Taichiro se puso de pie y se acercó a ella. Le apoyó una mano sobre el hombro y la guió dulcemente hasta el sofá. Ella permaneció sentada cerca de él, pero mantuvo los ojos bajos.
 
- Sírveme un poco de té –susurró.
 
Él levantó la taza y se la tendió.
 
- De tu boca.
 
Taichiro tomó un sorbo de té y lo dejó filtrar poco a poco por entre los labios de ella. Keiko bebió el té con los ojos cerrados y con la cabeza echada hacia atrás. Su cuerpo estaba inerte, con excepción de los labios y de la garganta.
 
- Más -dijo, sin moverse.
 
Taichiro tomó otro sorbo de té y se lo dio boca a boca.
 
- ¡Ay, qué lindo! -exclamó Keiko, abriendo los ojos-. Me gustaría morir ahora. ¡Por qué no habrá sido veneno!... Estoy acabada. Acabada. Y tú también.
 
Tras una pausa dijo:
 
- Vuélvete.
 
Empujó a Taichiro para que se volviera y apretó el rostro contra su hombro. Luego buscó sus manos. Taichiro tomó una de las manos de la muchacha y la contempló mientras acariciaba un dedo tras otro.
 
- Lo lamento -dijo Keiko-. ¡Qué desconsideración de mi parte! Seguramente estás deseando bañarte. ¿Qué te parece si lleno la bañera?
- Muy bien.
- A no ser que prefieras tomar una ducha.
- ¿Te parece que la necesito?
- Me gustas tal cual estás. Nunca me había gustado tanto un aroma, como el de tu piel -hizo una pausa-. Pero supongo que preferirás refrescarte.
 
 
Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972). Obtuvo el premio Nobel en 1968.
 
(Traducido al español por Nélida M. de Machain)

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Tu boca: CARINA o la joven loca por su alma, de Fernand Crommelynck

"Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón."

(Fragmento de un diálogo entre Federico y Carina)

(Baja la mirada, pero él pone la cabeza de ella contra su hombro y prosigue, con más ternura). Tú tienes veinte años. ¿De qué nostalgias de garras y de terciopelo te sientes atravesada, si te vuelve de entre los años la frescura de tu primer beso? Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón. ¿Te hablaré del inocente amor que está contenido en una frágil forma humana, en un rostro pequeño, en el círculo de un ojo. En toda una región, con sus montañas, sus desfiladeros de sombras y rumores, sus aldeas y villorrios, en un continente y en el universo sin contornos, del inocente amor que quiere ver una mirada tierna, ilimitada como el azul, bañando los cabos, ciñendo las islas, ahogando a las constelaciones? De suerte que felicidades o infelicidades no tienen ya sino un solo o mismo nombre: Arturo, si tú quieres, o España, o Milán... y que, en mi recuerdo, semejantes a estatuas, mis amantes con nombres de ciudades lleven en ofrenda o sobre su mano tendida, en una un campanario fino, la otra un barco ornado. O que entre las ciudades con nombres de mujer, ésta, maquillada, empolvada, eleve su brisa carnal, mientras que aquélla, lánguida bajo la cortina negra y oro, aviente mi corazón de sus pesados párpados.


Fernand Crommelynck (Dramaturgo belga nacido y muerto en Francia, 1886-1970).
La ilustración corresponde a la puesta en escena de la obra dirigida por Michaël Delaunoy, con Charlotte Villalonga como Carina y Damien De Dobbeleer.