Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne)

jueves, 19 de septiembre de 2019

Tu boca: ADIÓS MUÑECA, de Raymond Chandler

"Creer en las corazonadas y salir trasquilado. Al cabo de algún tiempo despiertas con tu boca llena de corazonadas." 

(Fragmento del capítulo 34)

- Dicen que el dinero no huele mal –dijo-. Pero a veces no estoy demasiado seguro.

Yo no dije nada. Se acercaron nuevos clientes que acabaron marchándose. El calor del día se disipaba rápidamente.

- Yo no lo intentaría con el Royal Crown –dijo-. Eso es para ardillitas que se portan bien y no se ocupan más que de sus frutos secos. Para mí que tiene usted aire de polizonte, pero eso es cosa suya. Espero que se le de bien nadar.

Lo dejé, preguntándome por qué me había acercado a él en primer lugar. Creer en las corazonadas. Creer en las corazonadas y salir trasquilado. Al cabo de algún tiempo despiertas con tu boca llena de corazonadas. No puedes pedir una taza de café sin cerrar los ojos y elegir al azar. Obedeces a las corazonadas.

Volví a pasear y traté de descubrir si alguien me seguía. Luego busqué un restaurante que no oliera a grasa de freír y encontré uno con letrero de neón de color morado y un bar de cócteles detrás de una cortina de bambú. Un efebo que llevaba el pelo teñido con alheña se dejó caer delante de un piano, empezó a acariciar las teclas lascivamente y cantó Escalera a las estrellas con una voz a la que le faltaban la mitad de los peldaños.

Bebí el resto de un martini seco y me apresuré a pasar al comedor a través de la cortina de bambú.

Raymond Chandler (Estados Unidos, 1888-1959).

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