Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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miércoles, 15 de mayo de 2024

Mirándolas dormir: AL FILO DEL AGUA, de Agustín Yáñez

"Mas la imagen volvió en sueños desapacibles, y allí se confundía..."

(
Fragmento final del capítulo 16)

Entonces volvía el desfile de los héroes novelescos, de los héroes periodísticos, que le cautivaron sus primeras ensoñaciones; desfile bruscamente interrumpido por la más inconcebible ocurrencia: don Román Capistrán en verdad no es tipo repugnante, nada tiene de ridículo... al contrario; es atractivo, vigoroso, desenfadado; la buena salud, la buena sangre le asoman por los colores y tersura del cutis; barba poblada, ojos claros, nariz fina, cejas nobles, pelo dócil, boca franca, dentadura luciente y canas que le dan majestad patriarcal; hombre fuerte, habituado al trato de las gentes, fácil de ademanes, contagiosa su risa, pronta su palabra y bien entonada...

María tuvo miedo de seguir esta imagen de su imaginación proterva.

Mas la imagen volvió en sueños desapacibles, y allí se confundía con la imagen de Damián, parejas en atractivos, en masculinidad, en atropellada fuerza sin respetos. Entre ambas ahuyentaron a los sueños, desde la media noche. Cerca de la cama yacían, amenazantes, las ropas largas, las ropas negras de ayer y de mañana.

Marta dormía el sosiego de la resignación.

Agustín Yáñez (México, 1904-1980).

domingo, 24 de septiembre de 2023

Tequila: FLOR DE JUEGOS ANTIGUOS, de Agustín Yáñez

"Éntrenle al buen tequila de mi tierra, que es el lindo Amatitán."

Juegos en la canícula

(Fragmentos)

Unos arrieros, borrachos, echan gritos de gusto, gritan junto a ellos El Águila y El Tejón. Un arriero viejo, barbón, con barba blanca y ojos legañosos, calzonudo y con huaraches retejidos, echa el brazo en el hombro del Tejón:

- Muchachitos lindos, me lleva el maiz. Éntrenle al buen tequila de mi tierra, que es el lindo Amatitán. Así me gustan los güenmozos que no se pandean en lo tupido del tencuarnís. Ora, mariacheros, hijos de su mamacita linda, échenles a estos niños el guas de la Alejandra, doña Alejandra chula, pa' acordarme de mi vieja que se quedó en el pueblo y griten que Amatitán es lindo, tapatíos catrines.

(...)

Échenme La Pajarera, musiquitos de Zihuatlán, y que viva su tierra; échenme La Pajarera que me hace llorar por el recuerdo de una ingrata juilona...: "cuando a México llegues, Rosita..." Eso es lindo, nomás, y el tequila, y mi mula compañera que tiene bordado en la retranca el nombre de la juilona, vieja ingrata; ay va por los caminos sonando la campana, como quien dice: ay va Francisco Núñez, el de la mejor recua de Amatitán, y que venga otra que se le pare por delante en todo Jalisco.

Juegos de agua

(Fragmento)

Camina y camina, cuando el sol se santigua disponiéndose a vagar mundos o a dormir sueños negros (quién sabe qué haga el sol cuando se nos desaparece), llegamos a la hacienda de San José del Castillo. (Todavía no éramos amigos, Alfonso Gutiérrez Plermosillo, mayorazgo de esta hacienda, poeta de ojos verdes cuando estudias códigos, claros en las noches de sábado y en los días de vigilia, porque eras un niño rico que apenas se te miraba, de lejos, en la Congregación, los domingos y fiestas de guardar). Nuestra voracidad, cinco horas reprimida y hostigada, consiguió en un jacal dos platos -burdos- de frijoles cocidos y una jícara -resobada- con doce tortillas. Me tocó un traguito de caldo, cinco frijole y un cuarto -menguante- de tortilla. Eran días de revolución y no había qué comer. Ponce, Hernández... ¿quiénes más entraron a la taberna a echarse un cuernito de tequila? (- Soplones, les cae de a madre si le dicen al Padre.)

Agustín Yáñez (México, 1904-1980).

La ilustración correponde a una antigua taberna tequilera considerada la más antigua, en Amatitán, Jalisco.

jueves, 15 de junio de 2023

Tampico: LAS VUELTAS DEL TIEMPO, de Agustín Yáñez

"La sonrisa de amarga ironía en el aeropuerto de Tampico..."

(
Fragmentos)

A su madre le pudo mucho lo que le sucedió a Natalia; pero ni por eso quiso recibirla ya en la casa. - Luego no hemos vuelto a saber más de ella. Que estaba en una casa en San Luis, que era mesera en Tampico, que la habían visto en México. Desde entonces la vieja no estuvo un día buena. ¡Es triste eso de vivir en donde a uno nadie lo conoce!

- Yo no conozco quién pueda comparársele en eso de saber ser amigo. Ahora ¿no sentirán remordimiento los que lo traicionaron, los que lo negaron?

- Si su padre no hubiera muerto, si no lo hubieran matado como lo mataron, las cosas habrían sido de otro modo. Natalia no se hubiera perdido. Su madre no hubiera muerto en la miseria, no la hubieran enterrado de caridad. La familia no hubiera andado rodando. Con lo que cuesta el atáud, éste, hubieran tenido para vivir dos, tres años. (Página 53)

(...)

... ayudas que yo ya pensar necesario, y en mismos lugares que yo pensar: ser fortuna buena acuerdo de mucha facilidad. Hacer convenio que hombres a confianza lo encuentren donde Tulancingo, quince días, luego. Yo haber tener Tuxpan antes caída Tampico en manos revolucionaristas o posible avance por ellos en sur. Era doce abril. Camino a México, en regreso, yo comprender donde Celaya, grave situación: el 9, hombres Huerta toman presos en Tampico a marinos de United States; Contral- mirante Mayo pide inmediata reparación a insulto, que Huerta no hace caso. Yo entender bien: Huerta juega carta desesperada por levantar patriotismo contra gringos odiados, y poner a revolución, así, en papel difícil. No mal carta que jugó Huerta. Yo tomo, entonces, decisión de no meterme a Mexico City; escapar yo por norte, camino a Quéretaro. Pero diablo decide ser cogido yo en Querétaro. (Página 186)

(...)

Y el señor Carranza... con las imágenes públicas, aglomeradas, las domésticas y las del reciente destierro. Figura impasible del que habiendo sido jefe máximo, aceptó el oscuro destino que podía depararle la llegada de tropas federales a su casa, la madrugada del 16 de abril de 1836, y la intromisión hasta su alcoba del general Navarro Cortina, que lo aprehendió a las tres y media de la mañana. La sonrisa de amarga ironía, en el aeropuerto de Tampico, al tomar el deportado una taza de café. Luego, las imágenes del abuelo jugando con sus nietos, en paisajes de fondo inconfundiblemente norteamericano, los ojos de tigre suavizados por la ternura y por el tiempo; las imágenes del hombre solitario, que pasea sus días, lejos de la patria. (Página 234)

Agustín Yáñez (México, 1904-1980).

viernes, 9 de diciembre de 2022

Diciembre: AL FILO DEL AGUA, de Agustín Yáñez

"... venablos metálicos del violoncello, venablos vegetales de los violines, quebradizos..."

(Fragmento que alude a la noche del 8 al 9 de diciembre)

Cuántas heridas abiertas por el rebullicio de los músicos, por las nunca oídas melodías -amor, ensueño, tristeza dulce, íntimo júbilo, hallazgo de buscadas expresiones- que desvelaron al pueblo y revelaron a los adolescentes un mundo, un lenguaje nuevos, en la noche del ocho al nueve de diciembre; mundo y lenguaje presentidos muy cerca, mas inasibles; llenos de celestiales encantos y al mismo tiempo humanísimos; mundo y lenguaje de los deseos cotidianos, hasta entonces oscuros, de pronto iluminados con magnificencia por el concierto de instrumentos y voces, por las voces que hacían volar palabras de amor y de melancolía, palabras corrientes que alcanzaban en el vuelo la expresión de lo inefable, transfigurados como cohetes de luces; mundo y lenguaje de los deseos, liberados por primera vez en la noche del pueblo, en la noche gratamente sobrecogida, transverberada con saetas vibrantes, luego hechas arrullos en los ámbitos de soledad, estremecidos; estremecidos como el ahora deleitable desvelo de viejos y adolescentes, que nunca oyeron música igual, distinta de la consuetudinaria música eclesiástica; transfixión del desvelo por los venablos melodiosos, que atraviesan los muros más espesos, aciertan al pecho, clavan su dulce ponzoña; venablo metálico del violoncello, venablos vegetales de los violines, quebradizos, disparados sobre las azoteas; venablos de aire, frágiles de la flauta, con escalas para trepar hacia las cruces y caer sobre los corazones; venablos punzantes, en plétora explosiva -tenores, barítonos y bajos-, venablos de las palabras cantadas, que ni una quieren perder en la noche sonora...

Agustín Yáñez (México, 1904-1980)

jueves, 1 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: AL FILO DEL AGUA, de Agustín Yáñez

"A mí no me tizna el cura ni en miércoles de ceniza."

(Fragmento de la cuarta estancia. Babel: el día del juicio)

Suspiros, sollozos contenidos. Los circunstantes repasan historias, recuerdos del finado. Las mujeres hacen salir de la pieza a doña Amandita, con la obsesión del refrán. De pie, impasible, con ceño duro, las manos en puño, Plácida se halla presente. Golpea, entra el aire de tormenta. Llegan los bramidos de las reses, los ladridos de los perros. Entre todos, resuena el bramido del toro semental. Aumentan las velas encendidas, el murmullo de rezos.

- Cierto. Así es. Pero yo tenía mi moral con sus principios, según los que creí obrar bien. Desde luego a ninguna engañé y a todas les cumplí, sobre ser verdad aquello de que al cabo cuando ellas quieren solitas se dan lugar. Yo las cuidé, fui riguroso con ellas y huí siempre de puerta abierta, perro guzgo y mujer deshonesta. Las hice aprender su catecismo para que luego lo inculcaran a las criaturas. Las obligué a cumplir aquello de que la vergüenza en la mujer se conoce en el vestir. Lo reconozco: es de lo que más me gustaba en la vida, lo que del mundo me hacia gozar más, contemplándolas, queriéndolas a montones, como se quieren las flores, que no basta una, porque otras tienen colores, gracias, olores que le faltan a la primera, y en esto no veía cosa mala, porque para mí todas eran hechura de Dios, como los pájaros que pueden juntarse dentro de la misma jaula, o las dichas flores, para componer bonitos ramos que yo he visto en los altares; para mí eran las mejores hechuras de la creación; casi veía en ellas a los ángeles, o por lo menos una especie de aves venidas del paraíso, tan chulas, tan llenas de misterio, que nunca me cansaba de verlas y buscarlas; no, nunca, ni cuando me salían ingratas, ni cuando ya no pude con mis años; seguí contemplándolas como el regalo más precioso que Dios hizo a los hombres. Oí, sí, pero nunca se convenció mi naturaleza de que fuera pecado; en lo más hondo de mí escuchaba el mandato de andar sin cansancio tras ellas; ¿cómo pudo engañarme una razón tan constante, tan de acuerdo con mis mejores impulsos? Por otra parte, lo veía en los animales, criaturas, al fin, como nosotros, con iguales instintos, que obedecían alegremente, del modo más natural, sin hipocresías, el mandato del Padre Eterno: crezcan y multiplíquense, conforme lo aprendí en pastorelas y sermones. Yo me multipliqué, sin miedo a cargarme de familia y de responsabilidades; en eso gasté fuerzas y vigilias; por eso hice mucho de lo que se me acusa: revolver razas, apartar influencias, escoger productos; me propuse formar una Casa Grande, poderosa, que nadie pudiera destruir. Hice todo lo posible. No es mi culpa, sino de mi rudeza y cortos alcances el haber errado. A ninguna de mis crías desamparé, por indignos que los considerara; no más no les concedí lugar que no merecían o en el que yo tanteaba que no podrían servir, según mi ley de actos. Dios humilló la soberbia o la flaqueza de mis juicios; aunque barajando despacio el asunto, me asisten dudas de ser yo el responsable, porque los muchachos ya son grandes, saben lo que hacen, no soy dueño de su voluntad ni de sus acciones, por más que lo quisiera; sería tanto como culpar a Dios de las barrabasadas de los cristianos, como mis paisanos creen; y precisamente porque nunca estuve de acuerdo en echarle la culpa de nuestra pereza, vicios y demás, labré fama de deslenguado y hereje; o por dichos guasones, como los de pedir prestado ni a Dios, y regalado ni al diablo -¿qué le debo al sol con que me haya calentado? -algo es algo, dijo el diablo, y se cargó a un obispo -a mí no me tizna el cura ni en miércoles de ceniza -a lo dado hasta los obispos trotan -¿qué ha de dar San Sebastián cuando ni calzones tiene?; en cambio, repetía y cumplía otros de buenas enseñanzas: delante de los muchachos, persignarse bien y no equivocarse -porque son muchos los diablos y poca el agua bendita, hay que acarrear más -con muchas gotas de cera se forma el cirio pascual -para todo alcanza el tiempo sabiéndolo aprovechar. Yo tenía buenas intenciones

Agustín Yáñez (México, 1904-1980).

viernes, 2 de noviembre de 2018

Día de los muertos: LAS TIERRAS FLACAS, de Agustín Yáñez

"... y después de arreglar los candeleros, meterles y acuñarles las velas, después de encenderlas..."
 
(Fragmento de la segunda estancia)

- Yo ya lo sabía y me lo esperaba desde la Noche de Muertos, cuando antes de acostarme, hará quince días, fui a la sala para prenderles sus velas a mis Ánimas, y allí me encerré, allí, esa noche del primero al dos de noviembre como tengo costumbre, me puse a recordar, a pensar, y después de arreglar los candeleros, meterles y acuñarles las velas, después de encenderlas y componerlas bien para que al arder no se ladearan o los pabilos se enchuecaran, me quedé allí medio dormido, y se me aparecieron difuntos con vivos, revueltos en el sueño, y vi que San Miguel se me dejaba venir derecho, levantando su espada, y oí que me decía: tú, cristiano, pela los ojos, prevente, agárrate bien de la silla, el caballo se te va a parar de manos, las yeguas te van a tirar patadas, las reses quieren brincar las trancas, y luego llegó cantando la Tentación, en figura de Teófila, me quitó la máquina de coser, hicieron rueda los diablos juntos con los pastores y el ermitaño, riéndose a carcajadas, cantando, bailando, volando, encabezados por la Madre Matiana, la demontre de bruja, la que más alto volaba y se carcajeaba más, mientras la bola de mis hijos, capitaneados por Felipe y Jesusito, allí no más con los brazos cruzados, esperando, sin trazas de ayudarme, de sacarme de aquel ajigolón. Ha de haber sido una cabeceada, una pestañeada, porque al enderezarme, las velas no habían comenzado a arder bien, todavía como que las llamitas querían apagarse sin agarrar fuerza, y hasta una se había apagado; por cierto que luego la volví a prender. Tan rápido, y todo con tanta claridad, que llego a dudar si fue sueño, o una de esas figuraciones tan fuertes que ocurren al estar despiertos, pero dominados ya sea por algún pendiente o alguna preocupación que a punto fijo no se sabe de qué venga y por qué nos aflija, escondida entre brumas, abrumándonos; ya sea por fatiga, simplemente, o por aburrimiento; esto me pasa seguido: ver cosas despierto, o al conciliar el sueño, sin haberme todavía dormido. Figuración o sueño, no dejó de impresionarme.
 
 
Agustín Yáñez (México, 1904-1980).

jueves, 4 de agosto de 2011

Agosto: AL FILO DEL AGUA, de Agustín Yáñez

"¿qué tendrá la luna hermosa de agosto?"
 
(Fragmento: La desgracia de Damián Limón)
 
2
 
Agosto es mes de muerte y desgracias. El cuchillo de la canícula se mueve a diestra y siniestra. Don Gregorio, el cajamuertero, se prepara con tiempo; desde mayo, desde junio, compra los materiales que pueda ir necesitando y sin que nadie los encargue hace dos o tres ataúdes para que no se le tome desprevenido y allí ande con carreras a la hora de la hora. ¡Pobres de los enfermos crónicos! ¡Ay de los niños! Esa mala luna siniestra. Y los ganados, que sufren diezma. Mes de sequía, de calores malignos, de calma en el regazo de las nubes. La calma que frustra las siembras. Los enfermos, las madres, los agricultores pasan el mes -hasta el día de San Bartolomé-, pasan el mes con el alma en vilo. ¡Con qué flojera ve don Refugio que agosto va llegando: que le hablan de aquí, de allá, que un viaje a este y aquel rancho, que fulano está en las últimas, que a perengano de nada le han servido las medicinas, que usted tuvo la culpa de que zutano haya muerto! Y como si no fueran bastantes las muertes naturales -¿qué tendrá la luna hermosa de agosto? ¿qué tendrá el sol, y el cielo de fuego, y el aire seco?- vienen las muertes violentas, por accidentes inexplicables o en pleitos repentinos.
Agosto es mes funesto.
 
 
Agustín Yáñez (México, 1904-1980)