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Vancouver: la primavera está de regreso.

sábado, 20 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL MILAGRO DEL MIÉRCOLES DE CENIZA, de Yevgueni Zamiatin

"Y luego, una habitación tranquila donde todo es blanco: paredes, puertas..."

(Fragmentos)

El doctor Voïtchek escuchaba. Los dos cuernos leonados de su cabello se agitaron y la sonrisa imperceptible se estrechó.

- Perfecto -dijo-. Veamos. Hoy es lunes. Ven a verme el miércoles. Es mi día en el hospital.

¡Y fue ese miércoles, que resultó ser Miércoles de Ceniza, que sucedió la "Cosa"!... Un pálido día de febrero bajo un cielo invernal. Ventanas celestes, el viento... ¡todo vuela!... Y luego, una habitación tranquila donde todo es blanco: paredes, puertas, asientos, de una blancura un poco angustiosa porque parece fuera de esta vida, donde las cosas son diversas y tumultuosas y donde el blanco se mezcla tan despiadadamente con el negro...

(...)

- Ese es el gran secreto, hijo mío. No te lo revelaré hasta el día que cierre los ojos por toda la eternidad.

Llegó ese día. El destino quiso que cayera en febrero, como el Miércoles de Ceniza de memoria milagrosa. Eran las mismas nubes, el mismo viento y, bajo un cielo invernal, las mismas ventanas de un azul brillante. En la pared, frente al sacerdote, palpitaba una cruz oscura: cruzaba la sombra de la ventana. Con todo su ser tendido hacia esa cruz, con el rostro contraído, el canónigo Simplicio le hizo una señal a Félix:

- Ahora, Félix, nosotros dos... no, no, doctor, no se vaya. Sabe tanto como yo y si es necesario puede confirmarle que las cosas sucedieron como lo digo.


Yevgueni Ivánovich Zamiatin (Ruso fallecido en Francia, 1884-1937).

Es posible la lectura del texto íntegro traducido al francés en La Bibliothèque russe et slave.

viernes, 19 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL ÁNGEL QUE NOS MIRA, de Thomas Wolfe

"Sólo el Bufón de Lear le parecía admirable; un bufón triste, trágico, misterioso."

(Fragmento del capítulo 23)

Leyó todas las obras menos Timón, Tito Andrónico, Pericles, Coriolano y El rey Juan, pero la única que mantuvo su interés desde el principio hasta el fin fue El rey Lear. Muchos famosos pasajes declamatorios le habían sido familiares durante años, gracias a los recitados de Gant, pero ahora le cansaban. Y todos los juegos de palabras de los bufones, que Margaret reía sumisamente y eran exhibidos como muestra del gran ingenio del maestro, sentía vagamente que eran muy obtusos. Nunca confió en el humor de Shakespeare, pues sus graciosos no eran solo bufones pomposos, sino también insulsos.

«Por mi parte preferiría conllevar contigo a cargar contigo; sin embargo, no llevaría ninguna cruz si cargase contigo, pues creo que no llevas dinero en la bolsa.»

Estas cosas le recordaban desagradablemente a los Pentland. Sólo el Bufón de «Lear» le parecía admirable; un bufón triste, trágico, misterioso. En cuanto a los demás, componía parodias que, con maliciosa sonrisa, se decía que harían desternillarse de risa a la posteridad. Tales como: «Sí, tío, y si el martes de carnaval fuese miércoles de ceniza, yo caparía a tu gallo, como dijo Tom O’Ludgate al pastor cuando vio que ya no había velloritas. ¿Ladras con dos gargantas, Cerbero? Siéntate, muchacho, ¡siéntate!».

Thomas Wolfe (Estados Unidos, 1900-1938).

jueves, 18 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL OBELISCO NEGRO, de Erich María Remarque

"La más joven de las hijas de Knopf aparece ante nosotros todavía soñolienta..."

(Fragmento del capitulo Fin de la inflación, un marco por un trillón)

- Natural, tal vez, pero no justo. 

-¿Por qué no justo? -le pregunto.

- Es algo muy complicado que no puedo ahora. Estoy demasiado cansado para analizar complejidades psicológicas. Los hombres calvos no deberían pelear. Deberían limitarse a filosofar, como Sócrates.

- Entonces llevarás una vida muy solitaria. Todo indica el advenimiento de un período de trifulca generalizada. Eso se respira en el ambiente.

- No estoy de acuerdo contigo. Una especie de horrible carnaval ha terminado. ¿No vamos, acaso, hacia algo parecido a un miércoles de ceniza general? Una gran pompa de jabón acaba de estallar.

- ¿Y después?

- ¿Después de qué? -me pregunta.

- Alguien soplará otra pompa mucho más grande.

- Tal vez.

Llegamos al jardín. Las cruces parecen grises bajo la luz lechosa del amanecer. La más joven de las hijas de Knopf aparece ante nosotros, todavía soñolienta. Al parecer estaba esperando nuestra llegada.

- Papá me ha dicho que está dispuesto a revenderle la lápida por doce trillones.

- Dígale, nenita, que le daremos por ella ocho marcos. A condición de que se decida antes del mediodía. El dinero va a escasear mucho.

- ¿Cómo? —pregunta Knopf que desde la ventana de su alcoba lo ha oído todo.

- Ocho marcos, Herr Knopf. Y después del mediodía no valdrá más que seis. El dinero, en vez de subir, está desplomándose ahora aparatosamente. Quién lo hubiera creído, ¿eh?

Erich María Remarque (Alemán fallecido en Suiza, 1898-1970).

miércoles, 17 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: CANCIÓN PARA MORIR DE AMOR EN TIEMPO DE CARNAVAL, de Louis Aragon

"El miércoles me hacen un signo de la cruz..."

Domingo y
Lunes limpio
París
El domingo lloro que el martes río
Lunes dominó sin polvo de arroz
El amor se perderá en su magia
Martes
Carnaval todos los techos se fríen
Martes
Carnaval
Martes
Martes gris
Por donde vienes
Miércoles de
Ceniza
 
Martes
Miércoles
Mi corazón se pierde
 
El miércoles me hacen un signo de la cruz
Miércoles mentiroso quieres que te crea
Que el amor está en la tierra y ya todo frío
Es mío
Señor y yo soy su presa
La noche será larga y la cama estrecha
El cielo está abierto todo rojo en el lugar
Por donde te iras lejos
El miércoles desciende
 
Martes
Miércoles
Mi corazón se pierde
 
(Dimanche et
Lundi nettoyez
Paris
Dimanche pleurons que mardi je rie
Lundi domino sans poudre de riz
L'amour se perdra dans ta féerie
Mardi
Mardi gras tous les toits sont frits
Mardi
Mardi gras
Mardi
Mardi gris
Par où t'en viens-tu
Mercredi des
Cendres

Mardi
Mercredi
Mon cœur s'y perdit

Mercredi me fait un signe de croix
Mercredi menteur veux-tu que je croie
Qu'Amour est en terre et déjà tout froid
Il est mon
Seigneur et je suis sa proie
La nuit sera longue et le lit étroit
Le ciel est ouvert tout rouge à l'endroit
Par où tu t'en vas
Mercredi descendre
Mardi
Mercredi

Mon cœur s'y perdit)
Louis Aragon (Francia, 1897-1982).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

martes, 16 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA ISLA, de Aldous Huxley


 (Fragmento del capítulo VII)

- ¿Pero sucede?

- En muchos casos, sí.

- ¡Sencillísimo! -Había una nota de ironía en su voz.

- Maravillosamente sencillo -convino ella-. Y sin embargo, por lo que sé, somos las únicas personas que enseñamos sistemáticamente la autodeterminación a sus hijos. Ustedes no hacen más que decirles lo que se supone que deben hacer y dejan las cosas tal como están. Lo único que hacen es ofrecerles disertaciones estimulantes y castigos. Pura y simple idiotez.

- Idiotez pura y sin aditamentos -admitió él, y recordó a Mr. Crabbe, el director de su escuela, hablando sobre el tema de la masturbación; recordó las palizas y los sermo- nes semanales, y el Servicio de Conminación en el Miércoles de Ceniza. "Maldito el que peca con la esposa de su vecino. Amén."

- Si sus niños toman la idiotez en serio, crecen y se convierten en miserables pecadores. Y si no la toman en serio, crecen y se convierten en miserables cínicos. Y si reaccionan del cinismo desdichado, lo más probable es que se conviertan en papistas o marxistas. No es extraño que tengan ustedes esos millares de cárceles e iglesias y células comunistas.

- En tanto que en Pala, supongo, tienen ustedes muy pocas.

Susila meneó la cabeza.

- Aquí no hay ningún Alcatraz -dijo-. No hay un Billy Graham, ni un Mao Tse-tung, ni Madonas de Fátima. No hay infiernos en la tierra, ni pasteles cristianos en el cielo, ni pasteles comunistas en el siglo XXII. Nada más que hombres y mujeres con sus hijos, tratando de aprovechar lo mejor posible ahora y aquí, en lugar de vivir en ninguna otra parte, como lo hace la mayoría de ustedes, en algún otro tiempo, en algún otro universo imaginario de habitación casera. Y en realidad no tienen la culpa. Están casi obligados a vivir como viven, debido a que el presente es tan frustrador. Y es frustrador porque jamás se les ha enseñado a franquear la brecha existente entre la teoría y la práctica, entre sus resoluciones de Año Nuevo y su conducta real.

Aldous Huxley (Inglés fallecido en Estados Unidos, 1894-1963).

(Traducido al español por Floreal Mazía).

lunes, 15 de marzo de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA, de José Antonio Ramos Sucre

 "... un mensaje del pasado radiante en el recuerdo de anticuadas músicas."

(Poema en prosa)

Sobresale en el concurso de los fieles ingenuos por la severa majestad que levanta su hermosura decaída. Lucen las galas últimas de la juventud con el doliente esplendor de la tarde, y aridece y blanquea sus cabellos el implacable otoño que arranca las hojas trémulas. Las melancólicas memorias de sus años juveniles sugieren la nostalgia de espléndidos festejos en un castillo señorial abandonado, y a oscurecer de lágrimas sus ojos viene, en el umbral de la vejez, un mensaje del pasado radiante en el recuerdo de anticuadas músicas.

El olvido, inexorable centinela, custodia su ventana, y ya ante ella no sucumben las demandas suplicantes, como olas rumorosas y humildes al pie de una roca inaccesible. Esquiva su alma la mundana agitación, y moderada por el desengaño, vuela como la enlutada golondrina a recogerse en el ambiente místico del templo. Allí queda cautiva de la música que surge y se dilata cual la humareda lenta del incienso, y abomina del siglo entre un rumor de fúnebres latines.

Ocupa su alma el pensamiento de lo que es divino e inmortal desde que tuvo el espejo para su belleza mustia la censura pesimista de la calavera, y viste desde entonces los sombríos colores que simbolizan la desolación de nuestra vida y que son propios para lamentar el estrago irremediable del tiempo. La injuria de los años no oscurece el espejo de sus ojos que alumbran con vivo esplendor, como en virtud de un rito perenne. Ellos prestan a su rostro religiosa gravedad y la exhiben agotada y penitente cual si extenuara su vida el culto de un numen adusto.

Arrepentida de profanos coloquios y ávida de dolores, guarda para la cruz inflexible la confidencia de sus cuitas. Con desear para su frente, por piadosa imitación, la corona de sangrientas espinas ahuyenta el recuerdo de las fiestas. Para expiar las mundanas ilusiones satisface el extremo de la enmienda y eleva sobre el yermo de su vida, para alumbrar el resto de su viaje, el cirio de cadáverica luz.

José Antonio Ramos Sucre (Venezolano fallecido en Suiza, 1890-1930).

domingo, 14 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: ¿QUIÉN ES ULISES?, de Carl Jung


(Fragmento)

Ulises es en Joyce el Dios creador, un verdadero demiurgo, que ha conseguido librarse de la implicación en su mundo, tanto espiritual como físico, y contemplarlo con una consciencia desprendida. Con el hombre Joyce, se comporta Ulises como Fausto con Goethe, o Zaratustra co Nietzsche. Ulises es el más elevado yo que, del ciego barullo universal, retorna al lar divino. Ulises no aparece en todo el libro, el propio libro es Ulises, un microcosmos en Joyce, del mundo del yo y el yo de un mundo hecho uno solo. Ulises sólo puede retornar cuando ha vuelto las espaldas al universo. Aquí reside el fundamento más profundo que hace al espíritu y al mundo, imagen universal del Ulises: el 16 de junio de 1904, un día de la vida cotidiana de todo el mundo, en el que tantos insignificantes seres potenciales han hecho y dicho sin tregua cosas sin principio y sin objeto, en forma fantasmal o ensoñada, irónica, negativa, horrible y diabólica, y, sin embargo, una verdadera imagen del mundo que podría ocasionar una verdadera pesadilla o un humor cósmico de un miércoles de ceniza...

Carl Gustav Jung (Suiza, 1875-1961).

sábado, 13 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: ULISES, de James Joyce

"Creo que está en Dublín, no sé dónde..."

(Fragmento del capítulo 16: Eumeo)

- Creo que está en Dublín, no sé dónde -contestó Stephen sin darse por aludido- ¿Por qué?

- Un hombre dotado -dijo el señor Bloom sobre el seños Dedalus senior-, en más de un aspecto, y un raconteur de nacimiento como hay pocos. Quizá podría usted volver -arriesgó, aún pensando en la desagradabilísima escena en la estación de Westland Row en que se hizo perfectamente evidente que los otros dos, esto es, Mulligan y aquel amigo suyo, el turista inglés, que acabaron por engañar al tercer compañero, estaban intentando visiblemente, como si la maldita estación entera les perteneciera, dar esquinazo a Stephen en la confusión.

No hubo respuesta consiguiente a la sugerencia, sin embargo, en realidad estando demasiado atareadamente ocupados los ojos de la imaginación de Stephen en pintarse el hogar familiar la última vez que lo vio, con su hermana, Dilly, sentada junto a la lumbre, el pelo caído, esperandp a que se hiciera un cacao flojo de Trinidad que estaba en el puchero manchado de hollín para poderlo tomar con caldo de avena en vez de leche después de los arenques del viernes que habían comido a dos por penique, con un huevo por cabeza para Maggy, Bloody y Katey, mientras que el gato bajo la calandria devoraba una masa de cáscaras de huevo y cabezas chamuscadas de pescado y huesos en un trozo de papel de estraza de acuerdo con el tercer mandamiento de la Iglesia de ayunar o guardar abstinencia en los días de precepto, siendo entonces las témporas o, si no, miércoles de ceniza o algo así.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               James Joyce (Irlandés fallecido en Suiza, 1882-1941).

(Traducido al español por José María Valverde).

viernes, 12 de marzo de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA, de Joan Maragall

"También sonríen mis nubes cruzadas por un chorro de poesía."

¡Miércoles de Ceniza, oh tú que extiendes
tus nubes rosadas
sobre la ciudad de mis pensamientos,
igual que en la otra de calles pobladas!
Es en ésta que algún sonriente rayo
del sol de febrero
deja la alegría.
También sonríen mis nubes cruzadas
por un chorro de poesía.

Es como una vuelta eterna al principio,
es la juventud siempre renovada.
De la neblina del mucho pensar
surge una palabra
toda iluminada
con un sentido nuevo: la niebla se deshace,
y el pensamiento toma otra vez fuerza;
un día, esta palabra te tendrá
a ti; también a ti, al verla impresa;
y también a tus ojos atónitos brillará
en ese instante, como recién creada.

Seré yo quien entraré traidoramente
en tu casa, cuando menos lo pienses,
y aguardaré allí, en la penumbra
durante días,
hasta que al verte solo
en tu alcoba, recluido en la tristeza,
sobre ti caeré cual chorro de sol
con mi perenne grito juvenil.
Me meteré en tus ojos, hasta tu corazón.
Mi brillante puñal hasta la entraña
te penetrará, dándote la vida con la muerte.


Joan Maragall (España, 1860-1911).

(Traducido del catalán por José Batlló).

jueves, 11 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA TIENDA DE LOS MILAGROS, de Jorge Amado


"Si alguien ha de juzgar a Bahía por el carnaval, ni puede dejar de ponerla a la par de África..."
(Fragmento)
Donde se da cuenta de carnavales, peleas callejeras y otros hechizos, con mulatas, negras y una sueca (que en realidad era finlandesa)
En 1903, trece afoxés de negros y mulatos hicieron retumbar los aires con sus portentosos cortejos («Rompieron el desfile atronando el aire con estridentes notas de sus instrumentos, dos clarines, los que visten lindos vestidos de Túnez como prueba de que la civilización no es una utopía en el continente negro como sostienen los maldicientes»; así comenzaba el manifiesto al pueblo de uno de los afoxés). Luego del carnaval, el periodista se cubrió la cabeza de ceniza y vergüenza: «Si alguien ha de juzgar a Bahía por el carnaval, no puede dejar de ponerla a la par del África y, considérese, para nuestra vergüenza, que se halla aquí hospedada una comisión de sabios austríacos, quienes naturalmente, ofendidos por el bochorno, van registrando estos casos para difundirlos en los diarios de la culta Europa».
¿Dónde estaba la policía?, ¿qué hacía «para demostrar que en esta tierra existe la civilización?» De continuar la escandalosa exhibición del África: las orquestas de atabaques, las alas de mestizas y de todos los grados de mestizaje –desde las opulentas criollas hasta las elegantes mulatas blancas, el samba embriagador, ese encantamiento, ese sortilegio, ese hechizo, ¿dónde irá a parar entonces nuestra latinidad? Pues somos latinos, lo saben bien, y, si lo ignoran, lo van a aprender a costa de yugo y de golpes.
Finalmente, la policía reaccionó en defensa de la civilización y la moral, de la familia, del orden, del régimen, de la sociedad amenazada y de las Grandes Sociedades, con sus carros y sus graciosos desfiles de élite; se prohibieron los afoxés, el batuque, la samba, la exhibición de clubes de costumbres africanas.
Por fin, mejor tarde que nunca. Ahora pueden desembarcar sabios austríacos, alemanes, belgas, franceses, o de la rubia Albión. Ahora, sí pueden venir.
Pero quien llegó fue Kirsi, la sueca, que, por otra parte, corríjase pronto, no era sueca como todos pensaban, decían y terminó por ser; y sí finlandesa de trigo y de asombro. Poseída por el miedo y la lluvia, en la puerta del Mercado do Ouro, en la mañana del miércoles de ceniza, ofrecía una mueca de terror y los ojos de azul infinito.
Pedro Archanjo se levantó de la mesa de cuscús y ñame, sonrió con los labios amplios, se dirigió a ella con paso directo y firme, como si lo hubieran designado para recibirla, y le extendió la mano:- Véngase a tomar café.
Jamás se supo si comprendió o no la matinal invitación, pero la aceptó; se sentó a la mesa del puesto de Terência y golosamente devoró mandioca, ñame, torta de puba, cuscús de tapioca. La impetuosa Ivone rumió sus celos en la tienda de Miro, murmurando insultos: «Cucaracha descarada». Terência posó sus ojos tristes sobre la mesa, quién sabe si no más tristes. La invitada, harta de comer, dijo una palabra y se rió en dirección a todos. El moleque Damião, hasta allí en silencio y de pie al fondo, se entregó finalmente y también se rió:
- Blanca más blanca, de albayalde.
- Es sueca -aclaró Manoel de Praxedes, que acababa de llegar por un café y un trago-. Saltó del barco sueco, ese carguero que está recibiendo madera y azúcar, vino en el mismo remolcador que yo -Manoel de Praxedes trabajaba en la carga y descarga de barcos-. De vez en cuando una mujer rica y loca se embarca para conocer el mundo.
No tenía cara de rica ni de loca; por lo menos allí, en el puesto, todavía mojada, los cabellos pegados al rostro, tan inocente y frágil. Dulce niña.
- El barco sale a las tres, pero ella sabe que tiene que embarcarse antes. Cuando bajé, vi que el comandante conversaba con ella.
Tocándose el pecho con el dedo, dijo:
- Kirsi –y lo repitió estirando las sílabas.
Ella se llama Kirsi –comprendió Archanjo y pronunció-: Kirsi.
La sueca batió palmas con alegre aprobación, y le tocó el pecho a Archanjo, preguntándole algo en su lengua. Manoel de Praxedes desafió:
- Descifre la charada, vamos, mi compadre sabihondo.
- Pues ya la descifré. Me llamo Pedro –respondió dirigiéndose a la muchacha; había adivinado la pregunta y, repitiendo lo que había hecho la gringa, le contestó-: Pedro, Pedro, Pedro Archanjo, Ojuobá.
- Oju, Oju –lo llamó ella.
Era el miércoles de ceniza.
Jorge Amado (Brasil, 1912-2001).

miércoles, 10 de marzo de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA, de Alfred Lichtenstein

"El cielo está frío y azul. O la luna es amarilla y plana. Un bosque tiene muchos árboles..."

Ayer todavía me volví, empolvado y adicto,
en el mundo de los sonidos multicolores.
Hoy todo se ha ahogado hace mucho tiempo.
Aquí hay una cosa.
Hay una cosa.
Algo se parece a esto.
Algo parece diferente.
Con qué facilidad alguien apaga
toda la tierra floreciente.
El cielo está frío y azul.
O la luna es amarilla y plana.
Un bosque tiene muchos árboles individuales.
No hay nada más por qué llorar.
No hay nada más por qué gritar.
¿Dónde estoy?


Alfred Lichtenstein (Alemán fallecido en Francia, 1889-1914).

martes, 9 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA REGENTA, de Leopoldo Alas «Clarín»


(Fragmento del capítulo X)

«Pero no importaba; ella se moría de hastío. Tenía veintisiete años, la juventud huía; veintisiete años jde mujer eran la puerta de la vejez a que ya estaba llamando... y no había gozado una sola vez esas delicias del amor de que hablan todos, que son el asunto de comedias, novelas y hasta de la historia. El amor es lo único que vale la pena de vivir, había ella oído y leído muchas veces. Pero ¿qué amor? ¿dónde estaba ese amor? Ell no lo conocía. Y recordaba entre avergonzada y furiosa que su luna de miel había sido una excitación inútil, una alarma de los sentidos, un sarcasmo en el fondo; sí, sí, ¿para qué ocultárselo a sí misma si a voces se lo estaba diciendo el recuerdo?: la primer noche, al despertar en su lecho de esposa, sintió junto a sí la respiración de un magistrado; le pareció un despropósito y una desfachatez que ya que estaba allí dentro el señor Quintanar, no estuviera con su levita larga de tricot y su pantalón negro de castor; recordaba que las delicias materiales, irremediables, la avergonzaban, y se reían de ella al mismo tiempo que la aturdían: el gozar sin querer junto a aquel hombre le sonaba como la frase del miércoles de ceniza, quia pulvis es! eres polvo, eres materia... pero al mismo tiempo se aclaraba el sentido de todo aquello que había leído en sus mitologías, de lo que había oído a criados y pastores murmurar con malicia... ¡Lo que aquello era y lo que podía haber sido!... Y en aquel presidio de castidad no le quedaba ni el consuelo de ser tenida por mártir y heroína... Recordaba también las palabras de envidia, las miradas de curiosidad de doña Águeda (q. e.p. d.) en los primeros días del matrimonio; recordaba que ella, que jamás decía palabras irrespetuosas a sus tías, había tenido que esforzarse para no gritar: «¡Idiota!» al ver a su tía mirarla así. Y aquello continuaba, aquello se había sufrido en Granada, en Zaragoza, en Granada otra vez y luego en Valladolid. Y ni siquiera la compadecían. Nada de hijos. Don Víctor no era pesado, eso es verdad. Se había cansado pronto de hacer el galán y paulatinamente había pasado al papel de barba que le sentaba mejor. ¡Oh, y lo que es como un padre se había hecho querer, eso sí!; no podía ella acostarse sin un beso de su marido en la frente. Pero llegaba la primavera y ella misma, ella le buscaba los besos en la boca; le remordía la conciencia de no quererle como marido, de no desear sus caricias, y además tenía miedo a los sentidos excitados en vano. De todo aquello resultaba una gran injusticia no sabía de quién, un dolor irremediable que ni siquiera tenía el atractivo de los dolores poéticos; era un dolor vergonzoso, como las enfermedades que ella había visto en Madrid anunciadas en faroles verdes y encarnados. ¿Cómo había de confesar aquello, sobre todo así, como lo pensaba? y otra cosa no era confesarlo.»

Leopoldo Alas «Clarin» (España, 1852-1901).

La ilustración corresponde a la primera página del manuscrito original de la novela.

lunes, 8 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LA CONFESIÓN DE TEÓDULO SABOT, de Guy de Maupassant

"Mataba un cerdo todos los años el miércoles de ceniza para comer carne todos los viernes de Cuaresma..."

 (Párrafos iniciales)

Al entrar Sabot en la taberna del pueblo se alegraba el cotarro. Le reían las gracias antes que abriese la boca. Sus burlas eran de lo más chusco. Y ¡que odio a la clericalla! ¿Transigir con el clero? No, no y no. ¡Comerse crudos a los curipastros! ¡La carne de sacristía es tierna y jugosa!

Teodulio Sabot, carpintero en Martinville, representaba en el pueblo las ideas radica- les más avanzadas. Era un hombre alto, de pocas anchuras, con los ojos grises y malicioso, las labios delgados y el pelo muy lacio, caído sobre la frente. Al oírle decir con tono picaresco: "Nuestro santísimo padre... curda", nadie podía contener la carcajada. Nunca dejaba de trabajar en domingo durante la hora de la misa. Mataba un cerdo todos los años el miércoles de ceniza para comer carne todos los viernes de Cuaresma y toda la Semana Santa, y cuando se cruzaba en la calle con el cura, decía siempre, acentuando la mofa: "Vedle: tan satisfecho porque acaba de tragarse a Dios".

Guy de Maupassant (Francia, 1850-1893).

domingo, 7 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: GUSTAVO VASA, de August Strindberg


(Fragmento del primer acto)

El redoble de tambores ahogados se escucha desde el exterior.

Todos (poniéndose de pie de un salto): ¿Qué es eso?

Monseñor: ¿No conoces el avispón que zumba antes de picar?

Anders: Ese es el mismo tipo de ruido que se escuchaba el miércoles de ceniza en Tuna Gard.

Inghel: No menciones ese baño de sangre, o no podré controlarme. (Apasionadamente) ¡No hables de eso!

Nils: ¡Escúchalo girando, girando como un gato! ¡No, no confíes en él!

El redoble de los tambores se acerca.

August Strindberg (Suecia, 1849-1912)

(Traducido al español por Jules Etienne).

La ilustración corresponde a la pueste en escena de la obra en Suecia por el Malmö Stadsteater en 1970.

sábado, 6 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: KERABÁN EL TESTARUDO, de Jules Verne

"Si durante el día aparece triste, insulsa y lamentable como en un miércoles de ceniza..."

(Fragmento del capítulo I: En el cual Van Mitten y su criado Bruno se pasean, miran y hablan sin comprender nada de lo que ven)

- Encuentro que es algo largo este ayuno del Ramadàn.

- ¡Como todos los ayunos!

Otros dos extranjeros, que se paseaban por delante del café, cambiaban sus impresiones sobre el particular.

- ¡Qué raros son estos turcos! -decía uno de ellos-. En verdad que si un viajero cualquiera visitase Constantinopla, durante esta especie de obligada cuaresma, llevaría una idea bien triste de la capital de Mahomet II.

- Sin embargo -replicó el otro-, Londres no es mucho más alegre los domingos, y si los turcos ayunan durante el día, se desquitan durante la noche, pues con el cañonazo que anuncia la puesta del sol comienzan a tomar las calles su habitual aspecto y a sentirse el olor de la carne asada, mezclada con el perfume de las bebidas y con el humo de los chibuquíes y cigarrillos.

En corroboración de lo antedicho, llamó el cafetero al mozo de su establecimiento, diciéndole:

- Es necesario que todo esté dispuesto. Dentro de una hora afluirán los ayunadores y no sabremos cómo entendérnoslas.

Los dos extranjeros continuaron su conversación, diciendo:

- Creo que Constantinopla ofrece más curiosidades en este período del Ramadàn. Si durante el día aparece triste, insulsa y lamentable como en un Miércoles de Ceniza, en cambio, son sus noches alegres, ruidosas y desordenadas como un Martes de Carnaval.

Jules Verne (Francia, 1828-1905).

viernes, 5 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: CENIZA, de Emilia Pardo Bazán

 "... la miraron fríamente y deletreando lo que en su frente se leía, repitieron atónitos: ¡Pecado!"

(Fragmento)

Nati miró a la vidriera que había quedado abierta. Una claridad lívida, azulada y triste hacía amarillear la de los focos eléctricos. Era el amanecer que derramó en las venas de Nati más hielo. Apagó las luces, se envolvió en una bata acolchada y con inmensa fatiga se dejó caer en el ancho diván oriental. Por un instante le pareció que cerraba sus ojos un invencible sueño, pero casi al punto la despabiló una idea: ¡Miércoles de Ceniza! Había escogido la mañana del Miércoles de Ceniza... para su desatinada aventura.

... ¡Miércoles de Ceniza!... El mismo día en que su madre, después de una vida de virtudes y sufrimientos, había entregado el alma; día que se conmemoraba para Nati el más triste aniversario. ¿Cómo no se acordó antes de arreglar la escapatoria? ¿Cómo la imagen del martes de Carnaval borró de su mente el recuerdo del Miércoles de Ceniza?

Saltó Nati del diván, dando diente con diente, pero animada por una resolución: la de expiar, la de hacer penitencia, la de reconciliarse con Dios sin tardanza. Abrió el armario y se calzó ella misma: descolgó un traje, el más sencillo, negro; se echó una matilla, se envolvió en un abrigo... y desandando lo andado, volviendo a recorrer salones y pasillos, bajando la escalera, lanzóse a la calle. Iba como en volandas, impulsada por una sed de purificación parecida al deseo de lavarse que se nota después de un largo viaje, cuando nos encontramos cubiertos de suciedad y de impurezas. ¡La Iglesia! ¡La redentora, la consoladora, la gran piscina de agua clara agitada por el ángel y en que se ssumerge el corazón para salir curado de todos los males y nostalgias! Nati corría pareciéndole que cuanto más se apresuraba más se alejaba de la bienhechora iglesia. Por fin la divisó, cruzó el pórtico, persignándose, tomo agua bendita y se arrodilló delante del altar, donde un sacerdote imponía la ceniza a unos cuantos fieles madrugadores... Nati presentó la frente, oyó el fatídico Memento homo, quia pulvis eris..., y sintió los dedos del sacerdote que tocaban sus sienes, y a la vez un agudo dolor, como si la hubiesen quemado con un ascua... Al mismo tiempo, los devotos, postradoa alrededor, la miraron fríamente y deletreando lo que en su frente se leía escrito, repitieron atónitos: «¡Pecado!»

Alzóse Nati de un brinco, y huyó de la iglesia. Había amanecido del todo; era hermosa la mañanita, y las calles estaban llenas de gente. Nati percibió que se volvían, que la contemplaban con extrañeza, que la señalaban, que se reían, que exclamaban: «¡Pecado! ¡Pecado!»

Emilia Pardo Bazán (España, 1951-1921).

El texto íntegro se puede leer en Ciudad Seva.

jueves, 4 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: FAUSTO, de J. W. von Goethe

"Pasemos, pues, el tiempo en medio del regocijo y en muy buena hora, llegue el miércoles de ceniza."

(Fragmento)

El Emperador: Esos los dejo para ti. ¿Para qué pueden servir las tinieblas? Si alguna cosa tiene valor, muéstrelo a la luz del sol. ¿Quién distingue lo suficiente al bribón en la noche oscura? Negras son las vacas, como pardos son los gatos. Maneja tu arado, y labrando la tierra, saca a luz esas jarras llenas de oro que están ahí abajo.
 
Mefistófeles: Empuña el azadón y la pala; cava tú mismo. El trabajo de campesino te va a engrandecer, y del suelo surgirá un rebaño de becerros de oro. Entonces, sin reparo alguno, con embeleso podrás engalanarte a ti mismo y engalanar a tu amada. Una pedrería radiante de color y luz da realce tanto a la belleza como a la majestad.
 
El Emperador: Pues ¡al momento! ¡al momento! ¿Hasta cuándo hay que esperar?
 
El Astrólogo (Como antes): Modera, Señor, tan apremiante anhelo. Deja pasar primero la abigarrada fiesta. Un ánimo distraído no nos conduce al fin propuesto. Ante todo, es menester purificarnos en el recogimiento, merecer lo inferior por medio de lo superior. Quien quiera el bien, empiece por ser bueno; quien ansíe el gozo, aquiete su sangre; quien apetezca vino, estruje racimos maduros; quien milagros espere, fortalezca su fe.
 
El Emperador: Pasemos, pues, el tiempo en medio del regocijo y en muy buena hora, llegue el miércoles de ceniza. Entretanto, sea como fuere, celebremos con más alegría que nunca el bullicioso carnaval.

(Toque de trompetas. Se van).
 
Johann Wolfgang von Goethe (Alemania, 1749-1832).

miércoles, 3 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LOS MISERABLES, de Víctor Hugo

"En la primera berlina iba Cosette con el señor Gillenormand y Jean Valjean."

(Fragmento del quinto libro: La noche en blanco)

Todo fue normal ese día, salvo un incidente que se produjo cuando los novios se dirigían a la iglesia. Debido a arreglos en el pavimento, la comitiva nupcial hubo de pasar por la avenida donde se desarrollaba el Carnaval. En la primera berlina iba Cosette con el señor Gillenormand y Jean Valjean. En la segunda iba Marius.

Los carruajes tuvieron que detenerse en la fila que se dirigía a la Bastilla; casi al mismo instante en el otro extremo, la otra fila que iba hacia la Magdalena, se detuvo también. Había allí un carruaje lleno de máscaras que participaban en las fiestas.

La casualidad quiso que dos máscaras de aquel carruaje, un español de descomunal nariz con enormes bigotes negros, y una verdulera flaca, aún en la flor de la edad, y con antifaz, quedaran al frente del coche de la novia.

- ¿Ves a ese viejo? -dijo el hombre.

- ¿Cuál?

- Aquel que va en el primer coche, a este lado.

- ¿El que lleva el brazo metido en un pañuelo negro?

- El mismo. ¡Que me ahorquen si no lo conozco! ¿Puedes ver a la novia inclinándote un poco?

- No puedo.

- No importa. Te digo que conozco al del brazo vendado.

- ¿Y qué ganas con conocerlo?

- Escucha.

- Escucho.

- Yo, que vivo oculto, no puedo salir sino disfrazado. Mañana no se permiten ya máscaras como que es miércoles de Ceniza, y corro peligro de que me echen el guante. Fuerza es que me vuelva a mi agujero. Tú estás libre.

- No del todo.

- Más que yo al menos.

- Bien. ¿Qué es lo que quieres?

- Que averigües dónde viven los de esa boda.

- ¿Adónde van?

- Sí, es muy importante, Azelma, ¿me entiendes?

Se reinició el fluir de los vehículos, y el carruaje de las máscaras perdió al de los novios.

Víctor Hugo (Francia, 1802-1885).

martes, 2 de marzo de 2021

EL MIÉRCOLES DE CENIZA, de Joaquín José Cervino

"La poderosa encina a los rigores del tiempo cede al fin su pompa vana."

Muere la flor nacida en la mañana,
Rindiendo al cielo galas y primores:
La poderosa encina a los rigores
Del tiempo cede al fin su pompa vana.

Ese sol que los cielos engalana
También vendrá a morir con sus fulgores:
La noche del no ser, en sus horrores
Envolverá la creación liviana.

Serán menos que el polvo las ciudades;
Los montes, ni aun el aura que está en calma;
El mar, ni sueño que fingió la mente:

¡Hombre! polvo de vastas soledades
Será también tu cuerpo: sólo tu alma
Vivirá, como Dios, eternamente.


Joaquín José Cervino (España, 1817-1883).

lunes, 1 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: LOS ERRANTES, de Olga Tokarczuk

"... vio un amanecer gris y la aguanieve dejando borrosas huellas sobre los cristales."

(Fragmento de Festín del miércoles de ceniza)

Primero de marzo, es Miércoles de Ceniza. Al abrir los ojos, Eryk vio un amanecer gris y la aguanieve dejando borrosas huellas sobre los cristales. Pensó en su antiguo nombre. Casi lo había olvidado. Lo pronunció en voz alta y sonó como si lo llamara un desconocido. Sintió en su cabeza la familiar opresión de la resaca.

No hay que perder de vista que los chinos tienen dos nombres: el dado por la familia que se usa para llamar al niño, regañarlo y hacerlo obedecer, pero que también permite cariñosos diminutivos. Mas cuando el niño entra en la edad adulta, adopta un segundo nombre: exterior, mundano, un nombre-persona. Se lo pone uno como una guerrera con charreteras, una casulla, un uniforme a rayas de prisionero, un traje para un cóctel oficial. Es un nombre de uso cotidiano, fácil de recordar. A partir de este momento, dará fe de su portador. Mejor que sea universal, reconocible por todo el mundo.

Olga Tokarczuk (Polonia, 1962). Obtuvo el premio Nobel correspondiente a 2018.

(Traducido al español por Agata Orzeszek Sujak).