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Vancouver: atardecer en English Bay.

miércoles, 12 de junio de 2019

Tu boca: UNA FANTASÍA, de Mathilde Blind

"Libre como el viento salvaje, ligero como un potro..."

Yo era árabe,
amaba a mi caballo;
veloz como una flecha
atravesaba el campo.
 
Dulce como un cordero
estaba a la mano;
él era la flor
de toda la tierra.
 
En las noches solitarias
muy lejos cabalgué;
Dios encendió sus luces-
estrella sobre estrella.
 
Dios está en el desierto;
su aliento es el aire:
hermoso es el desierto
¡sin límites desnudo!
 
Libre como el viento salvaje
ligero como un potro;
Ah, allí hay espacio
para desplegar el alma.
 
Lejos llegaba mi pensamiento,
escasas eran mis necesidades:
unos cuantos plátanos
y semillas de loto.
 
Espumosa como el agua
fresca en la sombra,
la hija de Ibrahim,
hermosa doncella.
 
Fuera de tu Kulleh,*
la más hermosa y primera,
dame de beber
para calmar mi sed.
 
Tengo sed, muchacha;
reseca por el deseo,
el amor en mi pecho
arde como el fuego
 
Verde tu oasis,
se mece con las palmas;
Oh, no me niegues más,
doncella, tus ofrendas.
 
Bésame con los besos,
capullos de tu boca,
más dulces que Cassia
frescos como el sur.
 
Átame con tus trenzas,
abrázame con un rizo;
y con caricias
ahógame, muchacha.
 
Yo era árabe
¡hace ya siglos!
De ahí esta añoranza
y toda mi desgracia.

 
 
Mathilde Blind: Mathilda Cohen
(Alemana nacionalizada británica, 1841-1896).
 
(Traducido del inglés por Jules Etienne).
 
* Al parecer el significado de KULLEH es el de un recipiente para conservar agua. Al menos con ese sentido se le menciona en uno de los relatos de las Mil y una noches (pequeña botella porosa de boca ancha), y en el Museo Británico se conserva bajo ese nombre la pieza de alfarería de la ilustración a la izquierda. 

martes, 11 de junio de 2019

Tu boca: ODA, de John Dryden

"... y entonaron muy alto para que toda la gente del cielo supiera que una poetisa había nacido en la tierra."
 
¿Podríamos presumir que en tu nacimiento
Nueva alegría se derramó así en el cielo como en la tierra?
Seguro los planetas más leves se combinaron
En tu auspicioso horóscopo para brillar,
Y hasta los más maliciosos cantaron su trino.
Los hermanos-ángeles de tu nacimiento
Empuñaron su lira y entonaron muy alto,
Para que toda la gente del cielo
Supiera que una poetisa había nacido en la tierra;
Y entonces, jamás antes, los oídos mortales
Habían escuchado la música de las esferas.
Y si un zumbante enjambre de abejas
En tu dulce boca destiló su rocío dorado,
Fueron esos milagros tan vulgares
Que el cielo no había tenido tiempo de renovar:
Por toda la bendita fraternidad del amor
Solemnizaste allí tu nacimiento,
Y guardaste allá arriba tu día de fiesta.
 
 
John Dryden (Inglaterra, 1631-1700).

lunes, 10 de junio de 2019

Tu boca: UN CORAL, de Julio Calcaño

"Y hasta un genio aéreo encaje con el carmín del clavel."

Me han contado que las hadas
Tuvieron, en ansia loca,
Reyertas acaloradas
Para dar vida a tu boca.
 
Una trajo viva grana;
Esta, encendido coral;
Aquella, roja manzana
y púrpura del rosal;
 
Otra de aurora un celaje;
Roja brasa un hada cruel;
Y hasta un genio aéreo encaje
Con el carmín del clavel.
 
Y a que de menos no hubiera
En la lucha sin igual,
Hubo silfo que trajera
Las plumas de un cardenal.
 
Mas en la pugna encendida
Luchaba la turba loca
Sobre el color de más vida
Para el carmín de tu boca,
 
Cuando vino aquel travieso
Exclamando, a fuer de Dios:
«Tendrá vida con un beso»,
Y partió el coral en dos.


Julio Calcaño (Venezuela, 1840-1912).

domingo, 9 de junio de 2019

Tu boca: PAISAJE SENTIMENTAL, de Paul Bourget

"Ramas muertas que ningún soplo mueve, ramas negras con alguna hoja desvanecida..."

El sol de invierno, si dulce, si triste, si durmiente,
Donde el sol errante vaga entre vapores blancos,
Era tal ese dulce, profundo sentimiento
Que nos hizo melancólicamente felices
Por esta tarde de sueños bajo las ramas…
 
Ramas muertas que ningún soplo mueve,
Ramas negras con alguna hoja desvanecida
- ¡Ah! que mi alma se entregue en tu boca
Más tiernamente en este gran bosque mudo
Y con esta languidez en que muere el año.
 
La muerte de todo, aunque no la tuya a quien tanto amo,
Y si no la felicidad con la que mi alma está colmada,
Felicidad que duerme en el fondo de esta alma aislada,
Misteriosa, apacible y fresca como el estanque
Que desaparece en el fondo del pálido valle.
 
 
Paul Bourget (Francia, 1852-1935).

Tu boca: A UNA ESTATUA DE PERSÉFONE EN EL JARDÍN, de Maurice Thompson

 
Y tú que por el capullo de la amapola te detienes
vestido con las prendas oscuras del sur
con el sueño en tus ojos y en tu boca,
enredado en el silencio, sosteniendo en tu mano
una poción para la muerte y una varita somnolienta,
¿Traes contigo el fuego inmitigable y la sed?
No; porque tu cabello sombrío está lleno de bálsamo,
Tu poción es deleite, tu varita mágica le da descanso.
Ven, tócame con tu palma fresca y plácida,
Arrúllame hacia el sueño sin medida, inefable calma,
Y llévame a tu jardín en el oeste,
Más allá de donde yacen sus nublados confines
¡Un dulce paraíso sin límites!
 
 
Maurice Thompson (Estados Unidos, 1844-1901).

sábado, 8 de junio de 2019

Tu boca: SEDUCCIÓN, de Kushal Khan Khattak

"¡Toda el alma me roban tus pupilas negrísimas, y el reír de tu boca!"

Tus undosos cabellos,
que a tu rostro dan sombra,
a la espalda te caen
y fulgura radiosa
tu pupila brillante,
y se ríe tu boca.

Y me embriagan los ecos
de tu voz melodiosa,
como el vino aromático,
que se vierte en las copas:
¡y qué dulce es tu beso
y qué fresca es tu boca!

Y al mirar tus mejillas,
que son hojas de rosa,
mis pupilas contemplan,
fascinadas, absortas,
los hoyuelos formados
al reír de tu boca.

Y si alguno te acusa
de tirana imperiosa
es un hombre inconstante,
cuya fe, cual la onda,
si se pierde, no vale,
el reír de tu boca.

Y tu beso dulcísimo
cual la flor, tiene aroma;
el perfume del cáliz
con que embriaga la rosa,
y las almas seduces
al besar de tu boca.

Tus traiciones olvido,
¡es tu faz tan hermosa!
cuando dices mirándome:
"¡Mis pecados perdona!"
y se ríen tus ojos,
como ríe tu boca.

Mis amigos te llaman
desleal, veleidosa,
¡mas no hay otra tan bella!
¡Toda el alma me roban
tus pupilas negrísimas,
y el reír de tu boca!

 

Kushal Khan Khattak (Afganistán, 1613-1690).
 
(Traducido al español por Luis Castelló). 

viernes, 7 de junio de 2019

Tu boca: EL DIABLO SE APARECE, de Rainer María Rilke

"Desde entonces siempre, en cualquier parte, tenía cerca una copa de vino..."

(Fragmento inicial)
Al conde Paul lo tenían por irascible. Cuando la muerte le arrebató antes de tiempo a su joven esposa, le arrojó a la cara todo lo que poseía: sus bienes, su dinero, e incluso a sus favoritas. Aún formaba parte del cuerpo de los dragones de Windischgrätz. Allí, en ocasiones, se encontraba con el barón Sterowitz.
 
- Tu boca es casi como la de la difunta condesa.
 
El viudo se emocionó. Desde entonces siempre, en cualquier parte, tenía cerca una copa de vino; pues ésta le parecía la única posibilidad de ver venir siempre a su encuentro la boca adorada. El hecho es que dos años después al conde Paul no le quedaba ni una octava parte de sus posesiones.
 
A pesar de todo nos pidió, en una ocasión en que, casualmente, estábamos cerca de una de las propiedades de los Felderode, que fuéramos con él.
 
- Tengo que mostrarorles la cuna de mi dicha -nos aseguró volviéndose hacia las damas-, el lugar donde se me permitió ser un niño.
 
Hacía una buena tarde de agosto y nos encontrábamos un pequeño grupo en Gross-Rohozec. Que se hiciera tan larde tuvo que ver con el estado de ánimo del conde. Estaba radiante. Nadie se movía del sitio de puro encanto. Al final acordamos visitar el palacio y el parque a la mañana siguiente (puesto que en ese momento ya no era hora de visita), y ver ponerse el sol desde lo alto de las ruinas.
 
- Mis ruinas -exclamó el conde, y fue como si su voz envolviera las viejas murallas igual que una gabardina su delgada figura.
 
Rainer María Rilke
(Escritor en lengua alemana nacido en Praga, 1875-1928).
 
(Traducido al español por Isabel Hernández).

miércoles, 5 de junio de 2019

Tu boca: LA CANCIÓN DEL BESO, de José Santos Chocano

"Si sonríes... no copiaran tus sonrisas los pinceles; que en tu boca hay si sonríes con sonrisa de la aurora..."
 
¿No deseas que te diga lo que sueño al contemplarte
con los labios sonrientes, con los ojos en el cielo,
como ansiando sobre el ala de un suspiro evaporarte,
muda, extática y radiosa, cual un témpano de hielo?
¿No deseas que te cuente lo que tengo que contarte?
Si me prendo a tus amores como el náufrago a la tabla,
saber debes las zozobras de este náufrago del arte...
                     
-
Habla... ¡Habla!

Te diré lánguidamente lo que dicen las espumas
a la roca que en los bancos de la orilla se levanta,
lo que grita la gaviota que se escapa de las brumas,
lo que llora el tumbo altivo que en la arena se quebranta;
y tú, en cambio, enterneciendo mis fatídicos pesares,
mil arpados ruiseñores soltarás de la garganta:
cantarás el canto eterno del Cantar de los Cantares...
                     
-
Canta... ¡Canta!

Tu silencio me seduce, tu palabra me enamora...
Si sonríes... no copiaran tus sonrisas los pinceles;
que en tu boca hay si sonríes con sonrisa de la aurora
hoyos,
-tumbas para besos, -rosas, -
copas para mieles.
Sé que cautivas las almas cuando tu pupila llora;
pero ¡ay! del poeta incauto que en tu risa se confíe:
en tus risas hay punzadas como espinas en la flora...
                     
-
Ríe... ¡Ríe!

Tú no sabes los placeres sublimados de la boca:
besa y ríe y canta y habla, besa y ríe y nunca cesa...
¡Tú no sabes las delicias que suavemente provoca
el chasquido de unos labios sobre otros labios de fresa!
La sonrisa con que pagas el amor que te dedico
suele abrirse como abriese su abanico una princesa:
dar un beso es dar un golpe; dame un golpe de abanico...
                     
-Besa... ¡Besa!
 
 
José Santos Chocano (Peruano fallecido en Chile, 1875-1934).

jueves, 30 de mayo de 2019

Tu boca: HORMIGAS, de Ramón López Velarde

"Antes que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca..."

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
 
 
Ramón López Velarde (México, 1888-1921).

martes, 28 de mayo de 2019

Tu boca: LA LLUVIA ES TU VESTIDO, de Corrado Govoni


La lluvia es tu vestido.
El fango son tus zapatos.
Tu pañuelo es el viento.
Pero el sol es tu sonrisa y tu boca,
y la noche del heno son tus cabellos.
Pero tu sonrisa y tu cálida piel
son el fuego de la tierra y las estrellas.

(La pioggia è il tuo vestito.
Il fango è le tue scarpe.
La tua pezzuola è il vento.
Ma il sole è il tuo sorriso e la tua bocca
e la notte dei fieni i tuoi capelli.
Ma il tuo sorriso e la tua calda pelle
è il fuoco della terra e delle stelle
.)


 Corrado Govoni (Italia, 1884-1965).
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne).

Tu boca: ELIS, de Georg Trakl

"Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes."
 
I
 
Es profundo el silencio de esta tarde dorada.
Bajo viejas encinas
Apareces tú, Elis, yaciente de los ojos redondos.
 
Su azul refleja el dormitar de los amantes.
En tu boca
Enmudecieron los rosados suspiros.
 
Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes.
Un buen pastor
Lleva su rebaño por el filo del bosque.
Oh qué justos son, Elis, todos tus días.
 
Callado baja
Por áridos muros el silencio del olivo,
Desvanece de un anciano el oscuro cantar.
 
Una barca dorada
Mece, Elis, tu corazón en el solitario firmamento.
 
 
Georg Trakl (Austria, 1887-1914).
 
(Traducido al español por Juan García Ponce en colaboración con Roger von Gunten).

lunes, 27 de mayo de 2019

Tu boca: MUJERES ENAMORADAS, de D. H. Lawrence

"Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche. -Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella..."
 
(Fragmento del capítulo 29: Continental)

El rió más mientras besaba su pelo delicado y perfumado.

- ¿Me amas?

- Sí -repuso él riendo.

Ella levantó de repente la boca para ser besada. Sus labios eran tensos, temblorosos y agotadores; los de él, suaves, profundos y delicados. Él esperó unos pocos momentos en el beso. Luego, una sombra de tristeza penetró en su alma.

- Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche.

- Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella alegremente.

- Pero, ¿por qué pones siempre tiesos los labios? -preguntó él pesaroso.

- No te preocupes -dijo ella rápidamente-. Es mi modo.

Ella sabía que él la amaba; estaba segura de él. Pero no podía abandonar cierto control sobre sí misma, no podía tolerar que él la supiese en cuestión. Se daba a sí misma con placer para que él la amase. Sabía que, a pesar de su júbilo, cuando ella se abandonaba, él estaba también un poco entristecido. Ella podía abandonarse a la actividad de él; pero no podía ser ella misma, no se atrevía a adelantarse desnuda a la desnudez de él. Ella se abandonaba a él o bien se apoderaba de él y reunía su júbilo desde él. Y lo disfrutaba plenamente. Pero nunca estaban del todo juntos, en el mismo momento. Uno de los dos quedaba siempre un poco marginado. Sin embargo, estaba alegre de esperanza, gloriosa y libre, llena de vida y libertad. Y estaba inmóvil, suave y paciente por el momento.

 
 D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930).

sábado, 25 de mayo de 2019

Tu boca: CARINA o la joven loca por su alma, de Fernand Crommelynck

"Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón."
 
(Fragmento de un diálogo entre Federico y Carina)

(Baja la mirada, pero él pone la cabeza de ella contra su hombro y prosigue, con más ternura). Tú tienes veinte años. ¿De qué nostalgias de garras y de terciopelo te sientes atravesada, si te vuelve de entre los años la frescura de tu primer beso? Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón. ¿Te hablaré del inocente amor que está contenido en una frágil forma humana, en un rostro pequeño, en el círculo de un ojo. En toda una región, con sus montañas, sus desfiladeros de sombras y rumores, sus aldeas y villorrios, en un continente y en el universo sin contornos, del inocente amor que quiere ver una mirada tierna, ilimitada como el azul, bañando los cabos, ciñendo las islas, ahogando a las constelaciones? De suerte que felicidades o infelicidades no tienen ya sino un solo o mismo nombre: Arturo, si tú quieres, o España, o Milán... y que, en mi recuerdo, semejantes a estatuas, mis amantes con nombres de ciudades lleven en ofrenda o sobre su mano tendida, en una un campanario fino, la otra un barco ornado. O que entre las ciudades con nombres de mujer, ésta, maquillada, empolvada, eleve su brisa carnal, mientras que aquélla, lánguida bajo la cortina negra y oro, aviente mi corazón de sus pesados párpados.


Fernand Crommelynck (Dramaturgo belga nacido y muerto en Francia, 1886-1970).
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de la obra dirigida por Michaël Delaunoy, con Charlotte Villalonga como Carina y Damien De Dobbeleer.

jueves, 23 de mayo de 2019

Tu boca: ULISES, de James Joyce

"Blancas tus manos, roja tu boca y tu cuerpo es delicado."

(Fragmento del episodio tercero: Proteo)

Bésala, tíratela en jerga de pícaros, porque ¡Ay, mi linda gachona amorosa! Blancura satánica bajo sus rancios harapos. En Fumbally's Lane aquella noche: los tufos de la curtiduría.
Blancas tus manos, roja tu boca
y tu cuerpo es delicado.
Ven conmigo a la alcoba.
En la noche besoy abrazo.

Morosa delectación llama el Aquino barrigón a esto, frote porcospino. Adán sin mancha cabalgaba sin brama. Llámale déjale: tu cuerpo es delicado. Lengua ni chispa peor que la suya. Palabras frailunas, chirlería de rosarios marianos en sus cordones: picardías, pepitas que se entrechocan en sus bolsillos.
 
Pasan ahora.
 
Ojeada de soslayo a mi sombrero de Hamlet. ¿Si estuviera repentinamente desnudo aquí tal como estoy sentado? No lo estoy. Por las arenas de todo el mundo, seguida por la espada llameante del sol, hacia el oeste, emigrando a tierras del lubrican.
 
 
James Joyce (Irlanda, 1882-1941).

miércoles, 22 de mayo de 2019

Tu boca: CANCIONES A GUIOMAR, de Antonio Machado

"No sabía  si era un limón amarillo lo que tu mano tenía..."

I
 
No sabía
si era un limón amarillo
lo que tu mano tenía,
o un hilo del claro día,
Guiomar, en dorado ovillo.
Tu boca me sonreía.
Yo pregunté: ¿qué me ofreces?
¿Tiempo en fruto, que tu mano
eligió entre madureces
de tu huerta?
¿Tiempo vano
de una bella tarde yerta?
¿Dorada ausencia encantada?
¿Copia en el agua dormida?
¿De monte en monte encendida,
la alborada
verdadera?
¿Rompe en sus turbios espejos
amor la devanadera
de sus crepúsculos viejos?
 
 
Antonio Machado (España, 1875-1939).

martes, 21 de mayo de 2019

Tu boca: CARLOTA EN WEIMAR, de Thomas Mann

"A continuación dijo: El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras."

(Párrafo del capítulo VII)

Cantaba “Conoces tú el país…”; yo tenía lágrimas en los ojos; también ella, la amable amada que he ataviado con turbante y chal. Ella dijo: “De qué manera la música modera la marcha de las horas, cuántos múltiples acontecimientos e impresiones concentra en un breve instante, cuando el interés de la audición hace creer que ha transcurrido un largo tiempo. ¿Qué es el instante y la duración?”. Le alabé su observación, y en el fondo del alma le daba la razón. A continuación dijo: “El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras”. Le leí Los siete durmientes, La danza macabra, y luego, Sólo este corazón tiene duración, No quiero perderte nunca, Dime, querida, ¿qué es un murmullo?, y Sobre las alas de la aurora, fui arrojada contra tu boca. La noche de luna llena estaba avanzada. Alberto se durmió, se durmió Weimar con las manos cruzadas sobre su estómago, y el buen hombre fue escarnecido. Nos separamos a la una de la madrugada. Estaba de tan buen humor, que quise hacer a Boisseré, en mi balcón, mi demostración de la sombra coloreada. Ella nos espiaba desde su terraza; la vi muy bien.


Thomas Mann

(Escritor alemán nacionalizado primero checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).

Obtuvo el premio Nobel en 1929.

(Traducido al español por R. Coll Robert).

domingo, 19 de mayo de 2019

Tu boca: INTERVALO, de Colette

"Y ni la fresa más grande, ni la cereza más negra están en tu boca: se funden deliciosas en la mía... "


¿Te dijeron que durante tu ausencia vivía sola, huraña y fiel, con un gesto de impaciencia y de espera?... No lo creas. Ni soy fiel ni estoy sola. Y no es a ti a quien espero. ¡No te irrites! Lee esta carta hasta el final. Me gusta desafiarte cuando estás lejos, cuando nada puedes contra mí y te contentas con apretar los puños y romper un vaso... Me gusta desafiarte sin peligro, y verte a través de la distancia, muy pequeño, iracundo e inofensivo; ahora tú eres el perro y yo el gato, que te burla subido a un árbol...
 
»No te espero. ¿Te dijeron que abría apresuradamente mi ventana, desde el amanecer, como aquellos días, en los que andabas, por la avenida, llevando de frente, hasta mi balcón, tu larga sombra? Te mintieron. Si dejé mi lecho, pálida, un poco alucinada por el sueño, no fue porque el eco de tus pasos me llamase... iQué bella es la avenida, rubia y vacía! Ni una rama muerta, ni un ripio detienene mi mirada que campea, y el tachón azul de tu sombra no camina ya sobre la arena inmaculada, que solo han hollado los pies de los pájaros...
 
«Esperaba únicamente... aquella hora, la primera del día, la mía, la que no comparto con nadie. Te dejaba morder sólo el tiempo necesario para acogerte, para robarte la frescura, el rocío de tu pasaje a través de los campos, y para cerrar sobre nosotros mis persianas... Ahora, el alba sólo me pertenece a mí, a mí sola, que la saboreo, rosa y perlina, como un fruto intacto que han desdeñado los hombres. Y por ella dejo mi sueño, mi sueño que a veces te pertenece a ti... ¿Lo ves? Despierta apenas, y ya te abandono para traicionarte...
 
»¿Te dijeron también que, hacia el medio día, bajaba descalza hasta el mar? ¿Me espiaron, verdad? Te alabaron mi soledad hostil, y el paseo mudo, sin objeto, de mis pies sobre la playa; te apiadaron al hablarte de mi cabeza inclinada sobre el pecho, en actitud pensativa, y de pronto, estirada, dirigida hacia... ¿hacia qué? ¿hacia quién?... ¡Oh, si me hubieses podido oir! Acabo de reirme, de reírme, de reirme como nunca me has oido reir! Y es que ya no hay sobre la playa alisada por las olas, la menor traza de tus juegos, de tus saltos, de tu violenta juventud, ya no flotan tus gritos en el aire, y tu arranque de nadador no rompe ya la voluta armoniosa de la ola, que se endereza, se inclina, se enrolla como una hoja verde y, transparente, llega hasta mi y se deshace a mis pies...
 
»¿Esperarte, buscarte? No será aquí, donde nada se acuerda ya de ti. El mar no mece ya barcas; la gaviota que pescaba, arrebatada por la ola, ha volado. La rojiza peña, en forma de león, se prolonga violeta, bajo el agua que la asalta. ¿Pudiste tú dominar bajo tu talón desnudo, ese taciturno león? ¿Y esa arena que cruje al secarse, como seda caliente, la has hollado y registrado? ¿Ha bebido en ti tu perfume como la sal del mar? Me pregunto todo esto andando al medio día, por la playa, e inclino la cabeza, incrédula. Pero a veces me vuelvo, en acecho, como los niños que se asustan de una historia que inventan ellos mismos:-no, no, no estás ahí-; tuve miedo. Creí encontrarte, otra vez con los ojos fijos en mí, como para robarme mis pensamientos... tuve miedo.
 
»No hay nada, nada más que la playa, que se encoge, se arruga, como bajo una llama invisible. Aún es medio día. iNo he concluido de ofenderte, ausente! Corro hacia la sombría sala, en la que el día azul se mira en la pulida mesa, en el panzudo armario de color moreno; su frescura huele a cueva y a frutas, por la sidra que espuma en la jarra, por el puñado de fresas en el hueco de una hoja de col... Un solo cubierto. El otro lado de la mesa, frente a mi reluce como el agua al sol. Y no te echaré la rosa ¿sabes? aquella rosa tibia que encontrabas cada mañana en tu plato; la prendo muy alta en mi pecho, y no tengo más que volver un poco la cabeza para acariciarme los labios... iQué ancha es la ventana! Me la ocultabas a medias y nunca había visto, como ahora, el revés malva, blanco casi, de las clemátides colgantes...
 
»Canto a media voz, dulcemente para mi sola... Y ni la fresa más grande, ni la cereza más negra están en tu boca: se funden deliciosas en la mía... Las codiciabas de tal manera, que te las ofrecía no por ternura, sino por una especie de pudor civilizado...
 
»Toda la tarde está ante mi, como una terraza inclinada, radiante en lo alto y que se hunde allá abajo en la tarde indistinta, color de estanque. Es la hora en que me encierro ¿te lo dijeron? ¿Reclusión celosa, no es eso? ¿Meditación triste y voluptuosa de una enamorada solitaria? ¿Qué sabes tú? ¿Qué nombres dar a los fantasmas que acojo y que me apremian con sus consejos? ¿Jurariías que mi sueño tiene los rasgos de tu cara? iDuda de mi! Duda de mi, tú que has podido sorprender mis lloros y mis risas, tú, a quien burlo en todo momento; tú, a quien beso normbrándote muy bajo: «Extranjero...» iHasta anochecido te traiciono! Pero por la noche, cuando te he dado una cita, la luna llena me sorprende al pie del árbol donde deliraba un ruiseñor, tan entusiasmado con su canto, que no oyó, ni nuestros pasos, ni nuestros hálitos, ni nuestras palabras entremezcladas... Ninguno de mis días seméjase al anterior, pero una noche de luna llena es divinamente parecida a otra noche de luna llena...
 
»¿A través del espacio, por encima del mar y de las montañas, vuela tu espíritu a la cita que le doy al pie del árbol? Vuelvo como lo había prometido, vacilante, pues mi cabeza no encuentra ya el brazo que la sostenía... iTe llamo entonces, porque sé que no acudirás a mi llamamiento! Bajo mis párpados cerrados, juego con tu imagen, dulcifico el color de tu mirada, el sonido de tu voz, peino a mi gusto tu cabellera, afino tu boca, y te invento sutil, alegre, indulgente y tierno; y te cambio y te corrijo...
 
»Te transformo... poco a poco, por completo, hasta el nombre que llevas... Y después me voy, furtiva, ligera, avergonzada, como si entrando contigo, bajo la sombra del árbol, saliese con un desconocido...»
 

Colette: Sidonie Gabrielle Colette (Francia, 1873-1954).
 
(Traducido al español por Julio G. de la Serna).