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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

martes, 17 de octubre de 2017

Eclipse: SOBRE LA PIEDRA BLANCA, de Anatole France

"... es el ángel Gabriel quien causa los eclipses cuando se pone frente al sol."
 
(Fragmento del capítulo III)

- Venerable anciano -le dijo-, los franceses hemos venido a Egipto a traer justicia y libertad.

- Yo sabía que vendrían -respondió el derviche.

- ¿Y cómo es que lo sabía?

- Por un eclipse de sol.

- ¿Cómo puede un eclipse de sol haberle informado los movimientos de nuestro ejército?

- A los eclipses los trae el ángel Gabriel, que se coloca delante del sol para anunciar a los fieles las desventuras que se ciernen sobre ellos.

- Venerable anciano, usted ignora por completo la verdadera causa de los eclipses. Se lo voy a explicar.

Tomó un lápiz y un trozo de papel para dibujar unas figuras.

- Digamos que A es el sol, B la luna y C, la tierra.

Al término de su demostración concluyó satisfecho:

- Esta es la teoría que rige a los eclipses de sol.

Y como el derviche mascullaba algunas palabras, el General preguntó al intérprete:

- ¿Qué dice?

- Mi general, dice que es el ángel Gabriel quien causa los eclipses cuando se pone frente al sol.

- Este sujeto no sólo está loco sino que es un fanático -exclamó.


Anatole FranceFrançois-Anatole Thibault (Francia, 1844-1924).
Obtuvo el premio Nobel en 1921.

lunes, 16 de octubre de 2017

Eclipse: LA TORRE, de William Butler Yeats

"... y si la memoria recuerda, el sol está en eclipse y el día cancelado."

 
II
 
(Fragmento)
 
Viejo disoluto con un amor en cada viento,
haz brotar de la profunda y circunspecta mente
todo lo que descubriste en la tumba,
porque es cierto que calculaste
cada inopinado e imprevisto aprieto
-atraído por un ojo delicado
por un roce o un suspiro,
dentro del laberinto de otro ser;
 
¿habita la imaginación más profundamente,
sobre una mujer perdida o una conquistada?
Si sobre la perdida, admite que emergiste
de un gran laberinto fuera del orgullo.
de la cobardía, de algún necio pensamiento sutilísimo
o algo una vez llamado conciencia;
y si la memoria recuerda,
el sol está en eclipse y el día cancelado.


W. B. Yeats: William Butler Yeats (Irlanda, 1865-1939). Obtuvo el premio Nobel en 1923.

domingo, 15 de octubre de 2017

Eclipse: JUAN CRISTÓBAL, de Romain Rolland

"Pareció que el corazón del viejo se derretía, como si el sol hubiese vuelto después de un eclipse."

Tomo II: La rebelión
 
(Fragmento del capítulo III: La libertad)

Hablaba del campo y del día hermoso que hacía. Pero sus ojos risueños parecían decir:
 
- Tú eres bueno y yo soy un burro. ¡Perdóname, te quiero mucho! Pareció que el corazón del viejo se derretía, como si el sol hubiese vuelto después de un eclipse. Por un momento no pudo articular palabra. Cristóbal le había vuelto a tomar el brazo y charlaba más amistosamente que nunca; había doblado el paso sin darse cuenta de que reventaba a sus dos compañeros. Schulz no se quejaba; ni siquiera se daba cuenta del cansancio, tal era su contento. Sabía que pagaría todas sus imprudencias del día, pero decía:
 
- ¡Tanto peor para mañana! Cuando se haya marchado, tendré tiempo de descansar.
 
 
Romain Rolland (Francia, 1866-1944). Obtuvo el premio Nobel en 1915.

sábado, 14 de octubre de 2017

Eclipse: GORA, de Rabindranath Tagore

"Se celebra la ceremonia del baño con motivo del eclipse solar."

(Fragmento del capítulo VI)

Gora reflexionó unos momentos y luego dijo:
 
- Está bien. Iré a verle mañana a primera hora.
 
Anandamoyi quedó sorprendida ante tanta docilidad; pero casi inmediatamente Gora rectificó:
 
- No; se me olvidaba. Mañana no puede ser.
 
- ¿Por qué no?
 
- Mañana tengo que ir a Tribeni.
 
- ¡Nada menos que a Tribeni! -exclamó Krishnadayal.
 
- Se celebra la ceremonia del baño con motivo del eclipse solar.
 
- Me asombras, Gora -dijo Anandamoyi-. ¿Es que no está el Ganges en Calcuta, que tienes que ir a bañarte a Tribeni? ¡Te excedes en tu ortodoxia!
 
Pero Gora salió de la habitación sin responder.
 
La razón por la cual había decidido ir a Tribeni a bañarse era que esperaba encontrar allí a multitud de peregrinos. Aprovechaba todas las oportunidades para vencer su desconfianza y sus anteriores prejuicios, y situándose al mismo nivel que el pueblo, decir con todo su corazón:
 
- Yo soy tuyo y tú eres mío.

(Fragmento del capítulo XLVIII)
 
«Desearía que me dieras más detalles acerca de la novia que mencionas en tu carta. Me dices que tiene doce o trece años, pero que está muy desarrollada y parece una muchacha mayor. Todo esto está muy bien, pero quisiera que hicieses minuciosas pesquisas sobre la fortuna que mencionas, si la muchacha tiene en ella un interés vitalicio o le pertenece sin limitaciones. Entonces, consultaré con mis hermanos, y creo que no pondrán inconvenientes. Me satisface saber que la muchacha tiene una fe robusta en la religión hindú, pero hemos de procurar que no se sepa que ha vivido con una familia brahmo, de modo que no hables de esto con nadie. En el próximo eclipse lunar se celebrará un festival en el Ganges. Entonces procuraré pasar por Calcuta para conocerla.»
 

Rabindranath Tagore (India, 1861-1941). Obtuvo el premio Nobel en 1913.

viernes, 13 de octubre de 2017

Eclipse: EL MUNDO DE LOS GNOMOS, de Selma Lagerlöf

"... nadie tuvo la idea de celebrar con una fiesta la victoria del sol, salvo la anciana Beda, en su casita de las Tinieblas finlandesas."
 
El eclipse de sol
 
(Fragmento)

No se estaba lejos del 17 de abril, pero le sobraba tiempo para preparar su fiesta. Llegado el día del eclipse, se encontraban reunidas Stina, Lina, Kasia del Pantanito, Maya y las demás, en casa de Beda, en las Tinieblas finlandesas.
 
Tomaron la primera taza de café, luego la segunda, después la tercera, charlaron de unas cosas y de otras, y acabaron por comprobar que ignoraban aún en honor de qué o de quién las había invitado Beda.
 
Mientras tanto, el eclipse se verificaba sin que ellas prestasen al fenómeno gran atención. Un breve instante el eclipse llegó a su punto máximo; el cielo se tornó gris pizarroso; toda la naturaleza parecía cubierta de cenizas, soplaba un viento frío, silbando con ruido de trompetas del Juicio final y de gemidos del fin del Mundo. Entonces se sintieron incómodas, pero una suprema taza de café suplementaria logro devolverles el aplomo.
 
Cuando todo hubo terminado y el sol salió victorioso de la lucha, reinó de nuevo en el cielo, tan brillante y tan alegre, que nunca se le había visto tanto brillo y tanta potencia durante todo el invierno. La vieja Beda se aproximó con las manos juntas a la ventana. Sus ojos recorrieron la parte soleada ante su casa y entonó el cántico: «Tu hermoso sol se eleva aún; yo te bendigo, Dios mío. Con fuerza, valor y esperanza renovados, elevo mi voz gozosa».
 
Se mantenía delgada y diáfana, ante la ventana. Mientras cantaba, los rayos del sol flotaban alrededor de ella, como deseoso de infundirle un poco de su vida, de su calor, de su fuerza.
 
Cuando terminó de cantar la estrofa se volvió hacia sus invitadas y dijo con tono de disculpa:
 
- Amigas mías, yo no tengo mejor amigo que el sol y por eso he querido celebrar esta pequeña fiesta el día del eclipse. Quise que estuviésemos reunidas para recibirlo cuando saliera de sus tinieblas.
 
Todas comprendieron lo que la vieja quería decir y, un poco emocionadas, comenzaron a alabar al sol, que era tan bueno para los pobres como para los ricos; que, en invierno, cuando entraba en las casas, producía tanto bien como una llamarada; y, que, en cuanto brillaba, hacía amable la vida, cualesquiera que fuesen las penas que hubiese que soportar.
 
Al regresar cada una de ellas a sus sendas casas, todas iban risueñas y gozosas. Se sentían más ricas, más seguras, desde que habían comprendido qué amigo tan bueno y tan fiel tenían en el sol.
 
* * *
 
Como se trataba de un gran eclipse, ya que nueve décimas partes del disco solar quedaban oscurecidas, el fenómeno llamó mucho la atención en todas partes donde fue visible. Los sabios se habían movilizado con sus instrumentos para medir y calcular. Las gentes vulgares preparaban cristales ahumados y anteojos para contemplarlo a su gusto. Los alumnos de las escuelas obtuvieron permiso para desertar de clases y poder admirar el espectáculo. Los periódicos llenaron sus columnas con la descripción del cielo, que cambiaba de color, de los pájaros que dejaban de cantar, y de la oscuridad invasora que había reinado.
 
Pero por grande que fuese el caso que se hiciera del eclipse, creo que nadie tuvo la idea de celebrar con una fiesta la victoria del sol, salvo la anciana Beda, en su casita de las Tinieblas finlandesas.
 
 
Selma Lagerlöf (Suecia, 1858-1940). Obtuvo el premio Nobel en 1909.

jueves, 12 de octubre de 2017

Eclipse: LA PRINCESA MALENA, de Maurice Maeterlinck

 
(Fragmento del quinto acto, escena segunda)*
 
Sala que precede a la capilla del castillo.
 
Hay en ella multitud de personas, cortesanos, damas, esperando. La tempestad continúa.

Un señor (en una ventana): ¿Se ha visto nunca noche semejante?


Otro señor: ¡Mirad los pinosl ¡Venid a ver el bosque de pinos a esta ventana! ¡Se inclina hasta el suelo entre relámpagos! ¡Diríase un rio de relámpagos!
Un tercer señor: ¿Y la luna? ¿Habéis visto la luna?

Segundo señor: Jamás he visto luna más espantosa.

Tercer señor: El eclipse no terminará antes de las diez.


Primer señor: ¡Y las nubes! ¡Miras las nubes! Dirianse rebaños de elefantes negros que estuviesen pasando desde hace tres horas por encima del castillo!

Segundo señor: Le hacen temblar desde la cueva al granero.

Hialmar: ¿Qué hora es?

Primer señor: Las nueve.

Hialmar: Ya llevamos más de una hora esperando al Rey.

Tercer señor: ¿Aún no se sabe dónde está?

Hialmar: Las siete beguinas son las últimas que le han visto en el corredor.

Segundo señor: ¿A qué hora?

Hialmar: Alrededor de las siete.

Segundo señor: ¿No ha avisado?

Hialmar: No ha dicho nada. Algo debe haber sucedido. Voy a ver.

Sale.

Segundo señor: Los mismos dioses no saben lo que ocurre en noches como esta.


Maurice Maeterlinck
(Escritor belga en lengua francesa, 1862-1949). Obtuvo el premio Nobel en 1911.

* En la versión original es la escena segunda, puesto que hay una primera que ocurre en un cementerio adjunto al castillo bajo la tormenta. Allí se encuentra reunida una multitud de campesinos, sirvientes, ancianos y niños. Todos observan la luna cuando un campesino señala que está negra y un sirviente exclama: "¡Un eclipse! ¡Un eclipse!", al momento en el que cae un rayo. Por algún motivo inexplicable, en la traducción de Martínez Sierra dicha escena fue suprimida, y por lo tanto el quinto acto da principio con la que en realidad era esta escena segunda.

La ilustración corresponde a la puesta en escena de La princesa Malena dirigida por Yves Beaunesne en 2001.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Eclipse: RECUERDOS, de José Echegaray


El eclipse de 1860
 
(Fragmento)

El vapor en que habíamos de embarcarnos para ir a Marsella llegaba al día siguiente del eclipse; ya tenía yo tomados los billetes, y además billete de ida y vuelta para Castellón, y todo en breves horas, bajo la amenaza de que el puerto pudiera declararse sucio de un momento a otro, en cuyo caso habría tenido que regresar a Madrid; y, por de contado, con un calor tropical.
 
Así pasó unos cuantos días de mucha angustia, y no me olvidaré nunca de la ansiedad y de la fiebre de los dos últimos. Salimos mi mujer y yo la víspera del eclipse para Castellón de la Plana; la dejé en casa del jefe de Ingenieros, en compañía de la señora de éste; y pocas horas después, sin haber podido dormir aquella noche, monté a caballo y me dirigí al desierto de las Palmas, acompañado de un guía, porque era aquella tierra desconocida para mí.
 
Nos amaneció en el camino; salió el sol espléndido, sin sospechar que iba a eclipsarse dentro de algunas horas, y aun creo que ni después del eclipse se enteró, pues los seres que bogan en la plenitud de su majestad por las alturas, pocas veces se enteran, y es natural que no se enteren, de los eclipses y sombras que se presentan y corren por estas bajas tierras en que vivimos los demás mortales.
 
El día era hermosísimo, pero intolerable para quien no profese mis aficiones térmicas.
 
El calor era africano, la subida al desierto de las Palmas penosa, el viaje interminable, y además llevaba yo un resquemor muy molesto, porque antes de salir de Castellón mi mujer se había sentido algo mala; de suerte que, a medida que iba yo subiendo por la montaña, me iba sonando en los oídos la palabra ¡cólera!, y hasta me parecía ver escrito en negro sobre fuego y en rocas y matorrales la palabra fatídica.
 
Dirá el lector que dramatizo demasiado la escena; pero ¡qué remedio, si no tengo dramas mejores que ofrecerle! Y ahora, después de cuarenta y cuatro años, aquello no es nada: más bien es un recuerdo agradable y poético; pero entonces era una realidad muy angustiosa, porque hubiera podido tener desenlace trágico, y yo, que por ley de mi naturaleza soy aficionado al drama, los suelo forjar con mucho menos motivo para aplicarlos á mi persona y á mis cariños.
 
¡Es singular cómo lo pasado, por molesto, por desagradable, por triste que haya sido, se transforma á través del tiempo en algo simpático y poético!
 
No hay prosa que después de cincuenta años no se convierta en poesía. No hay cacharro viejo que con el transcurso de los siglos no se convierta en creación artística.
 
Tómese al ser más estúpido de los que hoy nos rodean, y, si pudiera conservársele con vida hasta dentro de quinientos años, sería el hombre más interesante de la nueva raza.
 
Pero demos de mano a la filosofía y volvamos a mi expedíción, que por entonces me parecía lastimosa, y que hoy la recuerdo llena de vida, de encanto y de hermosura; hasta la amenaza del cólera, que afortunadamente no tuvo consecuencias, se me antoja que le presta al recuerdo viva emoción e interés sumo.
 
Quedamos, pues, en que acompañado de mi guía, por una empinada cuesta, entre abrasadas montañas, bajo un sol africano, con una temperatura de 48 grados y sobre un mal jamelgo de Castellón, iba yo subiendo hacia el improvisado observatorio para ver cómo la luna se nos metía, lenta y maciza, entre el sol y la tierra.

Y la luna y el sol, sin sospecharlo siquiera.

Yo creo que éste es un buen fnal de acto: conque telón rápido.

 
José Echegaray (España, 1832-1916).
Obtuvo el premio Nobel compartido con Frédéric Mistral en 1904.
 
Las ilustraciones corresponden a las que aparecieron publicadad en The Ilustrated London News respecto al eclipse de sol que tuvo lugar el 18 de julio de 1860 en España.

martes, 10 de octubre de 2017

Eclipse: TE MANDO, RUMANIA, UNA RAMA DE OLIVO, de Frédéric Mistral

"... como la estrella que de oscuro eclipse volviera..."

Cuando la matanza ha terminado,
cuando los buitres y lobos
acaban de roer los huesos,
un sol alegre ha dispersado
los fétidos vapores y el campo de batalla
pronto el verde otra vez halla.
 
Tras un largo atropello de intrusos:
las invasiones de los turcos y los rusos,
Oh nación de Trajano, sin olvido,
aunque también el arte ha renacido,
como la estrella que de oscuro eclipse volviera,
con la juventud de una doncella quinceañera.
 
Y las razas latinas, ufanas,
en sus discursos de plata
han reconocido el honor que relata
su sangre y se llaman hermanas,
la Provenza Romance, con gesto efusivo
te envía, Rumania, una rama de olivo.


Frédéric Mistral (Poeta francés en lengua occitana, 1830-1914).
Obtuvo el premio Nobel compartido con José Echegaray en 1904.

lunes, 9 de octubre de 2017

Eclipse: LUZ DEL MUNDO, de Halldór Laxness

 
(Fragmento del capítulo 14)
 
A pesar de eso trajo La isla Felsenburg al día siguiente, a media tarde, cuando no quedaba nadie más en el desván. La expectativa en sus ojos era como un océano. Ella casi sonrió por un momento ante la vista de esos enormes ojos repletos de ansiedad; entonces se sentó en la orilla de su cama y abrió el libro. No, a él no le estaba permitido sostenerlo. Era obvio por su grosor que se trataba de un libro extremadamente cristiano, sin embargo, tenía la capacidad de llenar el corazón con inquietud y dejarlo en ascuas.
 
«Yo, Julio Eberhard, vi la luz primera de este mundo en el año 1706, durante el gran eclipse, que llenó a mi padre, quien era un rico mercader, y a las demás personas, con gran temor».*
 
Se escucharon pasos en la planta baja y de repente ella detuvo la lectura y no avanzó más.


Halldór Laxness (Islandia, 1902-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1955.

* Aquí es posible la lectura del párrafo completo con que da principio La isla Felsenburg.

domingo, 8 de octubre de 2017

Eclipse: LA ISLA FELSENBURG, de Johann Gottfried Schnabel


Extraños hechos de algunos navegantes
 
(Párrafo inicial del Libro primero)
 
La pregunta de si se debe prever una fatalidad particular en aquellos niños nacidos cuando se presentan eclipses solares o lunares en el firmamento se la dejaré a los eruditos de la naturaleza y daré inicio a la historia que me he propuesto contar de este modo: le informo al benévolo lector, como algo curioso, que yo, Eberhard Julio, vi
la luz de este mundo el 12 de mayo de 1706, justo cuando el famoso eclipse de sol llegó a su grado más alto y horrible. Mi padre, que era un comerciante próspero y que aún no había llegado a vivir un año entero de casado con mi madre, a causa del doble sobresalto, habría llegado casi a desesperar; sin embargo, cuando, poco después, tuvo el placer de ver a mi madre bastante vivaz y alegre, y de besarme en tanto su sano tierno primogénito, no cupo en sí –según me contaron– de alegría.

 
Johann Gottfried Schnabel (Alemania, 1692-1760).
 
(Traducido al español por Martín Koval).

sábado, 7 de octubre de 2017

Eclipse: ALREDEDOR DE LA LUNA, de Jules Verne

"Sí, eclipses de sol (...), cuando los tres astros se encuentran en la misma línea, hallándose la Tierra en medio."

(Fragmento del capítulo VI: Preguntas y respuestas)

- ¡Bello país! -dijo Miguel-. Pero no importa; quisiera estar ya en él. ¡Ah, camaradas, qué curioso sería tener la Tierra por Luna, verla alzarse en el horizonte, reconocer la configuración de sus continentes y decir: allí está Europa; allí América; y seguirla después, cuando va a perderse en los rayos del Sol! A propósito, amigo Barbicane, ¿tienen eclipses los selenitas?
 
- Sí, eclipses de Sol -respondió Barbicane-, cuando los centros de los tres astros se encuentran en la misma línea, hallándose la Tierra en medio. Pero son eclipses anulares, durante los cuales la Tierra, proyectándose como una pantalla sobre el disco solar, deja ver a su alrededor gran parte de éste.
 
- ¿Y por qué -preguntó Nicholl- no hay eclipse total? ¿Acaso no se extiende más allá de la Luna el cono de sombra que la Tierra proyecta?
 
- Sí, no teniendo en cuenta la refracción producida por la atmósfera terrestre; no, sí se cuenta con esa refracción. Así, por ejemplo, llamemos delta prima a la pareja horizontal, y prima al semidiámetro aparente...
 
- ¡Adiós! -exclamó Miguel-. Ya tenemos otra vez el v subcero elevado cuadrado; hable un idioma que todos comprendamos y deja esa endemoniada álgebra de una vez.
 
- Pues bien, en lengua vulgar -respondió Barbicane-, siendo la distancia media de la Luna a la Tierra 60 radios terrestres, la longitud del cono de sombra pura, y que el Sol envía, no sólo los rayos de su circunferencia, sino también los de su centro.
 
- Entonces -dijo Miguel, en tono burlón-, ¿cómo hay eclipse, puesto que no debe haberlo?
 
- Únicamente porque estos rayos solares quedan debilitados por la refracción, y la atmósfera que atraviesa apaga la mayor parte.
 
- Me satisface esa razón -respondió Miguel-, además de que ya lo veremos mejor cuando estemos allí.
 
- Ahora bien, Barbicane; ¿crees que la Luna pueda ser un antiguo cometa?
 
- ¡Vaya una idea!
 
- Sí -replicó Miguel, con cierta presunción benévola-; tengo algunas ideas por el estilo y...
 
- No es tuya esa idea, Miguel -respondió Nicholl.
 
- ¡Bueno! ¿Es decir que soy un plagiario?
 
- ¡Ya lo creo! -respondió Nicholl-. Según antiguas tradiciones, los de Arcadia aseguraban que sus antepasados habían habitado la Tierra antes que hubiese Luna. Y de ahí han deducido algunos sabios que nuestro satélite fue en otros tiempos un cometa cuya órbita pasaba tan cerca de la Tierra que una vez el astro errante fue capturado por la atracción terrestre, y mantenido en la órbita que desde entonces recorre.
 
- ¿Y qué hay de cierto en esa hipótesis? -preguntó Miguel.
 
- Absolutamente nada -respondió Barbicane- y la prueba es que la una no ha conservado restos de la envoltura gaseosa que acompaña siempre a los cometas.
 
- Pero -replicó Nicholl-, ¿no ha podido suceder que la Luna, antes de ser satélite de la Tierra, y en el, momento de hallarse en su perihelio, pasase tan cerca del Sol que dejara en él por evaporación todas esas sustancias gaseosas?
 
- No sería imposible, amigo Nicholl, pero no es probable.
 
- ¿Por qué?
 
- El porqué... no te lo podré decir a punto fijo.
 
- ¡Ah! —exclamó Miguel—. ¡Cuántos centenares de libros se podrían escribir con todo lo que no se sabe!
 
 
Jules Verne (Francia, 1828-1905).

viernes, 6 de octubre de 2017

Eclipse: MUERTE SIN FIN, de José Gorostiza

"... el dudoso jardín de la memoria o en los senderos divagantes, era el eclipse de las claridades."
  
(Fragmento)
 
Hay un estar tercero:
el ser sin ser, la plenitud vacía,
hora sin horas y otros nombres
con que se muestra y se dispersa
en las confluencias del lenguaje
no la presencia: su presentimiento.
Los nombres que la nombran dicen: nada,
palabras de dos filos, palabra entre dos huecos.
Su casa, edificada sobre el aire
con ladrillos de fuego y muros de agua,
se hace y se deshace y es la misma
desde el principio. Es dios:
habita nombres que lo niegan.
En las conversaciones con la higuera
o entre los blancos del discurso,
en la conjuración de las imágenes
contra mis párpados cerrados,
el desvarío de las simetrías,
los arenales del insomnio,
el dudoso jardín de la memoria
o en los senderos divagantes,
era el eclipse de las claridades.
Aparecía en cada forma
de desvanecimiento.
 
 
José Gorostiza (México, 1901-1973).

miércoles, 4 de octubre de 2017

Eclipse: GALILEO GALILEI, de Bertolt Brecht


1616: El colegio romano, instituto de investigaciones del Vaticano, confirma los descubrimientos de Galilei.
 
(Fragmento)
 
El segundo astrónomo: ¡Principiis obsta! Todo comenzó cuando nosotros empezamos a calcular la duración del año solar, las fechas de los eclipses de sol y luna, las posiciones de los astros en años y días según las tablas de Copérnico, que es un hereje.
 
Un monje: Yo me pregunto: ¿qué es mejor, presenciar un eclipse de luna tres días más tarde que lo indicado por el calendario o no alcanzar nunca la bienaventuranza eterna?
 
Un monje muy delgado (se adelanta con una Biblia abierta en la mano y señala fanáticamente un fragmento con el dedo): ¿Qué es lo que dicen las Sagradas Escrituras? "Sol no te muevas de encima de Gabaón ni tú Luna de encima del valle de Ayalón." ¿Cómo puede detenerse el Sol si no se mueve en absoluto, como sostienen esos herejes? ¿Mienten acaso las Sagradas Escrituras?
 
El segundo astrónomo: Hay apariciones que a nosotros, los astrónomos, nos provocan dificultades, ¿pero acaso es necesario que el hombre comprenda todo? (Los dos astrónomos se retiran.)
 
El monje: ¡La patria del género humano convertida en una estrella errante! Al hombre, animal, planta y toda la demás naturaleza los meten en un carro y al carro lo hacen dar vueltas en un cielo vacío. Para ellos no hay más ni cielo ni tierra. La Tierra no existe porque sólo es un astro del cielo y tampoco el cielo porque está formado por muchas tierras. No hay más diferencia entre arriba y abajo entre lo eterno y lo perecedero. ¡Que nosotros nos extinguimos ya lo sabemos, que también el cielo se extingue nos lo dicen ahora ésos! Sol, luna, estrellas y nosotros vivimos sobre la tierra. Así se dijo siempre y así estaba escrito. Pero ahora la tierra es también una estrella, según ése. ¡Sólo hay estrellas! Llegará el día en que éstos dirán: tampoco hay hombres ni animales, el hombre mismo es un animal, sólo hay animales.
 
El primer erudito (a Galilei): Ahí abajo se le ha caído algo.
 
Galilei (que entretanto había sacado una piedrecilla del bolsillo, jugando con ella y dejándola caer. Mientras se agacha para recogerla): Arriba, Monseñor, se me ha caído hacia arriba.
 
El prelado gordo (dándole la espalda): ¡Desvergonzado! (Entra un Cardenal muy viejo apoyándose en un monje. Se le hace lugar con mucho respeto.)
 
El cardenal muy viejo: ¿Están todavía adentro? ¿No pueden terminar más rápido con esas nimiedades? ¡Ese Clavius podría entender un poco más de su astronomía! He oído que ese señor Galilei trasplanta al hombre desde el centro del orbe a un borde cualquiera. Por consiguiente y sin ninguna duda es un enemigo de la naturaleza humana y como tal debe ser tratado. El hombre es la corona de la creación, eso lo sabe cualquier niño. La criatura más sublime y bienamada del Señor. ¿Cómo puede colocar él esa maravilla, ese magnífico esfuerzo en un asteroide minúsculo, apartado y que dispara continuamente? ¿Acaso él mismo mandaría a su propio hijo así, a un lugar cualquiera? ¿Cómo puede existir gente tan perversa que tenga fe en estos esclavos de sus tablas numéricas? ¿Qué criatura del Señor puede tolerar una cosa así?
 
El prelado gordo (a media voz): El señor está presente.
 
El cardenal muy viejo (a Galilei): ¿Así que es usted? Pues mire, yo ya no veo muy bien, pero sí puedo decirle que usted se parece muchísimo a esa persona que condenamos en su tiempo a la hoguera. ¿Cómo se llamaba?
 
El monje: Vuestra Eminencia no debe alterarse, el médico...
 
El cardenal muy viejo (rechazándolo, a Galilei). —Usted quiere degradar a la tierra, a pesar de que viva sobre ella y que de ella todo lo recibe. ¡Usted ensucia su propio nido! ¡Ah, pero no lo consentiré! (Deja a un lado al monje y comienza a pasearse con orgullo.) Yo no soy un ser cualquiera que habita un astro cualquiera que da vueltas por algún tiempo. Yo camino sobre la tierra firme, con pasos seguros. Ella está inmóvil, ella es el centro del Todo y yo estoy en su centro y el ojo del Creador reposa en mí, solamente en mí, giran, sujetas en ocho esferas de cristal, las estrellas fijas y el poderoso Sol que ha sido creado para iluminar a mi alrededor. Y también a mí, para que Dios me vea. Así viene a parar todo sobre mí, visible e irrefutable, sobre el hombre, el esfuerzo divino, la criatura en el medio, la viva imagen de Dios, imperecedera... (Se desploma).


Bertolt Brecht (Alemania, 1898-1956).

La ilustración corresponde a la puesta en escena dirigida por Joseph Discher con Sherman Howard como Galileo.

martes, 3 de octubre de 2017

Eclipse: LA ISLA, de Aldous Huxley

"... favorables para una empresa conjunta por los de Aries –Murugan y yo– y ese típico Escorpión, el coronel D (...) planeada para la noche del eclipse lunar del próximo mes de noviembre."
 
(Fragmento del capítulo XIV)

Pero la llegada del cable de lord A no es la única noticia que tengo que trasmitirle. Los acontecimientos (como me enteré esta tarde por Bahu) se precipitan hacia el Gran Punto de Viraje de la Historia Palanesa... y se precipitan con más velocidad de lo que antes había considerado posible. Por motivos que en parte son políticos (la necesidad de compensar una reciente declinación en la popularidad del coronel D), en parte Económicos (las cargas de la Defensa son demasiado onerosas para ser soportadas por Rendang solo) y en parte Astrológicos (estos días, dicen los Expertos, son singularmente favorables para una empresa conjunta por los de Aries –Murugan y yo– y ese típico Escorpión, el coronel D), se ha decidido precipitar una Acción tentativamente planeada para la noche del eclipse lunar del próximo mes de noviembre. Siendo así, es esencial que los tres nos reunamos sin demora para decidir qué debe Hacerse, en estas Circunstancias nuevas y rápidamente cambiantes, para promover nuestros intereses especiales, materiales y Espirituales. El presunto "Accidente" que lo trajo a nuestras playas en este Momento Crítico fue como lo reconocerá usted, Manifiestamente Providencial. Debemos, pues, colaborar, como abnegados Cruzados, con el divino PODER que en forma tan inequívoca ha abrazado nuestra Causa. ¡DE MODO QUE VENGA EN EL ACTO! Murugan tiene el auto y lo traerá a nuestra modesta choza, donde, se lo aseguro, mi querido Farnaby, recibirá una muy cálida acogida de la bien sincerement vótre,
Fátima R.
 
 
Aldous Huxley (Inglés fallecido en Estados Unidos, 1894-1963).