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English Bay bajo la nieve. Vancouver, enero de 2020 (fotografía de Jules Etienne).

viernes, 17 de enero de 2020

Tu boca: COMO SE SEDUCE A LAS MUJERES, de Filippo Tommaso Marinetti

"!Me gustas!... !Te quiero!... !No pienses en nada!... !Deliciosa, divina tu boca!...."
 
(Fragmento de La mujer y la estrategia)

Después de un violentísimo bombardeo de frases incendiarias lanzo con decisión la infantería de las manos. Esta vez sin embargo el asalto final se produce a pocos metros del timbre. Ante la amenaza del beso ya inevitable sus ojos lánguidos y risueños debajo de mí se dirigen graciosamente hacia el timbre libertador. “!Eres divinamente vil!”, murmuro y la beso. Un salto, se suelta y se precipita a contestar. Yo, inmóvil, con aire de desaliento, con una pizca de ironía en los ojos. - Riiiiiiin – La criada no llega - Riiiiiiiin - Desmedido estupor de la hermosa mujer… !Habrá salido! A algún recado. - !No es posible!... – Voy a ver - Voy yo también - No, quédese aquí. - Sale. La sigo. !Estara en la cocina! -!Imposible, no está sorda! !En el dormitorio! !No entre! !Si! !No! .Por qué? !No! !Me gustas!... !Te quiero!... !No pienses en nada!... !Deliciosa, divina tu boca!... !No! no - .Por que? !Es una locura! !No quiero! -!Dulce, dulce, dulce, amor mío!... - (Flautas, clarinetes, borboteo de sangre feliz, alegría de los nervios y de los músculos todos a la mesa a modo de oficiales en la casa segura como un fuerte cuando los centinelas vigilan bajo la luna...) - !Malo, lo has preparado todo!
 
- !Echaré a María a la calle! - En los ojos la hermosa polaca tenia una brillante admiración por mi ingenio estratégico.
 
 
Filippo Tommaso Marinetti (Italiano nacido en Egipto, 1876-1944).

jueves, 16 de enero de 2020

Tu boca: VETE, de Max Jacob

"Si me amas (o te burlas o peor) que no sea por las tormentas ¡adivina que soy un mártir! Un muñeco en los naufragios."

Vete, oh mi querida curvatura del arcoíris
en el Estigio, mi prurito.
El amor de
Dios no tiene réplica y yo
sólo a Dios tengo en mi cenit.
 
Satanás se alimenta del veneno que quiere como su alimento.
Yo no tengo más que
a Dios en mi casa y para
Satanás las cáscaras.
 
La ausencia no es un descuido porque me importa mi desgracia.
Vete, ríe de mi desprecio como un cristiano cuando tiene miedo.
 
Sabes que la horrible planta con que nuestros brazos rodean los cuerpos como sillones, tu boca y la mía
quemando la planta desde el fondo de tus ojos.
 
Si me amas (o te burlas o peor) que no sea por las tormentas ¡adivina que soy un mártir! Un muñeco en los naufragios.
 
De aquel nombre nuevo te saludo si te temo más de lo que te amo si me he desacostumbrado de ti sin
Dios y el
Dilema.
 
 
Max Jacob (Francia, 1876-1944).

miércoles, 15 de enero de 2020

Tu boca: CRISTINA, HIJA DE LAVRANS, de Sigrid Undset

"... cuando hablas con tanta dulzura que parece que tu boca está llena de miel..."
 
(Fragmento de La cruz, capítulo 2: Los deudores)

Erlend la interrumpió bruscamente:
 
- Cristina, sabes de sobra que nunca he tardado en arrepentirme de mis pecados y he hecho penitencia lo mejor que he sabido. Es verdad que no soy un hombre devoto. He visto demasiadas cosas siendo niño y adolescente. Mi padre era muy amigo de los grandes señores del capítulo, que acudían a casa en tropel, como cerdos, así como Eiliv en la época en que era sacerdote, y Micer Sigvat Laude, y otros muchos; y sólo se oían gritos y disputas. Se mostraban duros y sin misericordia hacia su propio arzobispo. Lo mismo que los demás, carecían de espíritu pacífico y pureza de corazón, ellos, que todos los días tenían en sus manos lo más sagrado y elevaban a Dios en el pan y el vino.
 
- No debemos juzgar a los sacerdotes, decía siempre mi padre; tenemos la obligación de inclinarnos ante su ministerio sagrado y obedecerles; el hombre que hay en ellos puede ser juzgado solamente por Dios Todopoderoso.
 
- Sí -Erlend tardó en contestar-. Ya sé que decía esas mismas palabras. Sé además que tú eres más devota que yo. No obstante, Cristina, me cuesta creer que sea una buena interpretación de la palabra divina el guardar rencor y no olvidar nada. También Lavrans era rencoroso. Y no voy a decir que tu padre no fuera devoto, noble y bueno, como lo eres tú también, Cristina, lo sé. Pero a veces, cuando hablas con tanta dulzura que parece que tu boca está llena de miel, tengo miedo de que estés pensando en los agravios que se te han hecho, y Dios juzgará si eres tan devota y buena en el fondo de tu corazón como en tus palabras.


Sigrid Undset (Noruega nacida en Dinamarca, 1882-1949).
Obtuvo el premio Nobel en 1928.

(Traducido al español por Rosa S. de Naveira).

martes, 14 de enero de 2020

Enero: EMMA ZUNZ, de Jorge Luis Borges


El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tatbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve o diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Fein o Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.

Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.

En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día el suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre “el desfalco del cajero”, recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.

No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.

El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan , de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.

Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan . De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.

¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia.


Jorge Luis Borges (Argentino fallecido en Suiza, 1899-1986).

lunes, 13 de enero de 2020

Tu boca: ADIÓS MUÑECA, de Raymond Chandler

"Creer en las corazonadas y salir trasquilado. Al cabo de algún tiempo despiertas con tu boca llena de corazonadas."
 
(Fragmento del capítulo 34)

- Dicen que el dinero no huele mal –dijo-. Pero a veces no estoy demasiado seguro.
 
Yo no dije nada. Se acercaron nuevos clientes que acabaron marchándose. El calor del día se disipaba rápidamente.
 
- Yo no lo intentaría con el Royal Crown –dijo-. Eso es para ardillitas que se portan bien y no se ocupan más que de sus frutos secos. Para mí que tiene usted aire de polizonte, pero eso es cosa suya. Espero que se le de bien nadar.
 
Lo dejé, preguntándome por qué me había acercado a él en primer lugar. Creer en las corazonadas. Creer en las corazonadas y salir trasquilado. Al cabo de algún tiempo despiertas con tu boca llena de corazonadas. No puedes pedir una taza de café sin cerrar los ojos y elegir al azar. Obedeces a las corazonadas.
 
Volví a pasear y traté de descubrir si alguien me seguía. Luego busqué un restaurante que no oliera a grasa de freír y encontré uno con letrero de neón de color morado y un bar de cócteles detrás de una cortina de bambú. Un efebo que llevaba el pelo teñido con alheña se dejó caer delante de un piano, empezó a acariciar las teclas lascivamente y cantó Escalera a las estrellas con una voz a la que le faltaban la mitad de los peldaños.
 
Bebí el resto de un martini seco y me apresuré a pasar al comedor a través de la cortina de bambú.
 
 
Raymond Chandler (Estados Unidos, 1888-1959).

domingo, 12 de enero de 2020

Tu boca: MELODÍA, de Gérard de Nerval

"Pues el tiempo, ya lo sabes, se lleva a su paso las ilusiones disipadas, y los ojos fríos, y los amigos ingratos..."

(Primera estrofa)

Cuando el placer brilla en tus ojos
Plenos de dulzura y de esperanza,
Cuando el encanto de la existencia
Embellece tus rasgos graciosos, -
A menudo entonces suspiro
Pensando que ese amargo dolor,
Ahora lejos de ti, pueda alcanzarte mañana,
Y de tu boca amable borrar la sonrisa;
Pues el tiempo, ya lo sabes, se lleva a su paso
Las ilusiones disipadas,
Y los ojos fríos, y los amigos ingratos,
¡Y las esperanzas arruinadas!
 
(Quand le plaisir brille en tes yeux
Pleins de douceur et d’espérance,
Quand le charme de l’existence
Embellit tes traits gracieux, -
Bien souvent alors je soupire
En songeant que l’amer chagrin,
Aujourd’hui loin de toi, peut t’atteindre demain,
Et de ta bouche aimable effacer le sourire;
Car le Temps, tu le sais, entraîne sur ses pas
Les illusions dissipées,
Et les yeux refroidis, et les amis ingrats,
Et les espérances trompées!
)
 
 
Gérard de Nerval (Francia, 1808-1855).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad: GUARDA SIEMPRE MI PALABRA, de Osip Mandelstam

"Ojalá me amaran sólo a mí estos parajes helados..."

Guarda siempre mi palabra tras un dejo de desgracia y humo,
 Tras la resina de la paciencia circular, tras la brea vergonzosa del trabajo...
 Como el agua que en los pozos de Novgorod debe ser negra y dulce,
 Para que en la Navidad se refleje en ella la estrella de siete alas.
 Y por ello, padre mío, mi amigo y burdo ayudante,
 Soy un hermano bastardo, un renegado del pueblo,
 Que promete edificar grandes y frondosas construcciones
 Para que en ellas se mueran los príncipes.
 Ojalá me amaran sólo a mí estos parajes helados
 Como los bolos que, apuntando a la muerte, golpean el jardín.
 Aunque pase toda la vida en una camisa de hierro
 Encontraré para la ejecución un hacha en el bosque.


Osip Mandelstam (Rusia, 1891-1938).

domingo, 22 de diciembre de 2019

Solsticio de invierno: LIMONES AMARGOS, de Lawrence Durrell

"... los sauces están especialmente vinculados con el solsticio de invierno..."

(Fragmento)

A Zeus le pertenece el roble. Hermes era dueño de la palmera, y más tarde, Apolo de la palmera y del laurel. Démeter, de la higuera. El sicómoro era el Árbol de la Vida para los egipcios. El pino pertenecía a Cibeles. El álamo negro y los sauces están especialmente vinculados con el solsticio de invierno, y por lo tanto con Plutón y Perséfone; pero el álamo blanco es de Hércules, quien lo sacó de las sombras.


Lawrence Durrell
(Inglés nacido en India y fallecido en Francia, 1912-1990).

sábado, 21 de diciembre de 2019

EL SOLSTICIO DE INVIERNO SEGÚN TRES POETAS: D. H. Lawrence, Ezra Pound y Octavio Paz


El día de hoy tiene lugar el solsticio de invierno, y para no dejarlo pasar desapercibido incluyo las referencias al mismo de tres poetas, dos en lengua inglesa, D. H. Lawrence y Ezra Pound, y otro en español, Octavio Paz, quienes se ocupan de este solsticio que ocurre en el hemisferio boreal durante el mes de diciembre.

Sombras, de D. H. Lawrence

(Fragmento)

Y si, igual que el otoño se ahonda y se oscurece
siento el dolor de las hojas al caer y tallos que se rompen en las tormentas
y turbulencias y disolución y la zozobra
y luego, suaves sombras profundas plegándose, plegándose
sobre mi alma y mi espíritu, sobre mis labios
dulcemente, como un letargo, o más bien el estupor de una grave, triste canción
cantada más opacamente que el ruiseñor, y así hacia el solsticio
y el silencio de los días cortos, el silencio del año, la sombra,
sabré entonces que mi vida aún se mueve
con la oscura tierra y se humedece
en un profundo olvido, en el lapso de la tierra y su renovación.

Canto LII, de Ezra Pound

(Fragmento)

El primer mes del invierno es ahora
el sol en la cola de Scorpio
al alba en Hydra, el hielo empieza
el faisán se zambulle en el Howai (el agua grande) y se convierte en una ostra
el arcoíris está escondido por algún tiempo.
El Hijo del Cielo se alimenta de cerdo asado y mijo,
gris acero son los corceles.
Este mes el invierno gobierna.
El sol está en el hombro del arquero
en la cabeza del cuervo al alba
el hielo se engruesa. La tierra se raja. Y los tigres ahora andan en celo.
Cortad los árboles en el solsticio y varas de flechas de bambú.
Tercer mes, patos silvestres van al norte, la urraca empieza a edificar.
El faisán alza el grito al Espíritu de las Montañas la temporada de la pesca se abre,
ríos y lagos profundamente helados
poned ahora hielo en vuestras hieleras,
el gran concierto de los vientos
llama a las cosas por sus nombres. El buen soberano por la distribución
El mal rey es conocido por sus impuestos.

El poema Solo a dos voces, de Octavio Paz, es muy extenso y sus alusiones al solsticio de invierno son constantes. Esta es una selección arbitraria de diversos fragmentos del mismo:
Si decir No
al mundo al presente
hoy (solsticio de invierno)
no es decir
decir es solsticio de invierno
hoy en el mundo
no
es decir
decir mundo presente
no es decir
¿qué es
Mundo Solsticio Invierno?
¿Qué es decir?
Desde hace horas
oigo caer, en el patio negro,
una gota de agua.
Ella cae y yo escribo.
Solsticio de invierno:
sol parado,
mundo errante.
Sol desterrado,
fijeza al rojo blanco.

***

Hoy es solsticio de invierno:
canta el gallo,
el sol despierta.
Voces y risas, baile y panderos,
sobre el suelo entumido
rumor de faldas de muchachas
como el viento corriendo entre espadañas,
como el agua que brota de la peña.

***

El diccionario
es un mundo no dicho:
de solsticio de invierno
a pascua de resurrección,
en dirección inversa
a las agujas del cuadrante...

***

La letra no reposa en la página:
memoria la levanta,
monumento de viento.
¿Y quién recuerda a la memoria,
quién la levanta, dónde se implanta?
Fuente de claridad, alumbramiento,
la memoria es raíz en la tiniebla.
Come tiniebla,
come olvido:
no lo que dices, lo que olvidas,
es lo que dices:
hoy es solsticio de invierno
en el mundo
hoy estás separado
en el mundo
hoy es el mundo
ánima en pena en el mundo.


Jules Etienne

viernes, 20 de diciembre de 2019

Tu boca: EL NUEVO REMORDIMIENTO, de Oscar Wilde

"... y él besará las todavía enredadas rosas de tu boca..."

El pecado era mío; yo no lo entendí.
Así que ahora es música prisionera en su cueva,
A salvo donde descienden las olas desordenadas
Se asientan con sus inquietos remolinos
Y en el hueco marchito de esta tierra
El verano ha cavado su propia tumba tan profunda,
Que los sauces plomizos apenas pueden anhelar
Un capullo de plata en la mano del invierno.

Pero, ¿quién es aquel que viene por la orilla?
(No, amor, ¡mira y adivina!) ¿Quién es ese
Que viene con la ropa teñida desde el sur?
Es tu recién encontrado Señor, y él besará
Las todavía enredadas rosas de tu boca,
Y yo te adoraré con mi llanto, como antes.

(The New Remorse

The sin was mine; I did not understand.
So now is music prisoned in her cave,
Save where some ebbing desultory wave
Frets with its restless whirls this meagre strand.
And in the withered hollow of this land
Hath Summer dug herself so deep a grave,
That hardly can the leaden willow crave
One silver blossom from keen Winter's hand.

But who is this who cometh by the shore?
(Nay, love, look up and wonder!) Who is this
Who cometh in dyed garments from the South?
It is thy new-found Lord, and he shall kiss
The yet unravished roses of thy mouth,
And I shall weep and worship, as before
.)



Oscar Wilde (Irlandés fallecido en Francia, 1854-1900).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

domingo, 24 de noviembre de 2019

Tu boca: LA CANCIÓN DE LA NOVIA, de Tristan Tzara

"Te he encerrado yo también en la noche del cementerio..."

Amado mío se acerca el desierto
Aparta resoplando la arena ardiente
Siento cómo se aferran las garras de la quemadura
en el gris de la roca del alma

¡Oh! Amado mío, junta tus manos al rezar
escucha cómo zumba el fin en los oídos
espera que se te escurra la sangre del anochecer de tu boca
y los recuerdos te muerdan el cuerpo
los recuerdos con olor íntimo de escondites remotos

En los llantos del atardecer se ha apagado la luz de tu boca
La sombra del bosque sigue vibrando
Hago del corazón sendero para tus dolores, muñeca
Mi corazón con tantas bellas manchas
Con bordes de heridas como los vestidos de las mozas
y arcoíris de ceniza

La flor de los faroles se ha marchitado
Se le ha doblado el tallo en la humedad de la oscuridad
La luna se ha encerrado por encima de las nubes
como el corazón de la abadesa en la antigüedad de un monasterio

Te he encerrado yo también en la noche del cementerio
donde vuelan pájaros de hierro
frágil amor arrancado en silencio de una lápida de una azucena tímida
los árboles son crisantemos de hielo
y tú te has helado en el cielo al lado de una bella oración.


Tristan Tzara: Samuel Rosenstock
(Francés nacido en Rumania, 1896-1963).

viernes, 22 de noviembre de 2019

Tu boca: PLENITUD, de Víctor Hugo

"El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno. Mi alma tiene más fuego que ceniza."

Ya que he acercado mis labios a tu copa aún llena;
Ya que puse entre tus manos mi pálida frente;
Puesto que he respirado el dulce aliento
De tu alma, perfume soterrado en la sombra.
 
Puesto que me fue concedido escuchar lo que dices:
Las palabras donde se derraman los misterios del corazón;
Puesto que te he visto llorar y te he visto sonreír,
Tu boca sobre mi boca y tus ojos en mis ojos
.
 
Ya que he visto brillar sobre mi testa encantada
Un rayo luminoso de tu astro, ¡ay!, siempre velado.
Puesto que he visto caer en las ondas de mi vida
Un pétalo de rosa arrancado a tus días;
 
Puedo ahora decir a los años fugaces:
- ¡Pasen! ¡Sigan pasando! ¡Yo no envejeceré más!
Váyanse con todas las flores marchitas,
Tengo en el alma una flor que nadie puede cortar;
 
Ni con sus alas al chocar harán que derrame
El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno.
Mi alma tiene más fuego que ceniza.
Mi corazón tiene más amor que olvido.

 
 
(Puisque j'ai mis ma lèvre à ta coupe encor pleine;
Puisque j'ai dans tes mains posé mon front pâli;
Puisque j'ai respiré parfois la douce haleine
De ton âme, parfum dans l'ombre enseveli;

Puisqu'il me fut donné de t'entendre me dire:
Les mots où se répand le coeur mystérieux;
Puisque j'ai vu pleurer, puisque j'ai vu sourire
Ta bouche sur ma bouche et tes yeux sur mes yeux;

Puisque j'ai vu briller sur ma tête ravie
Un rayon de ton astre, hélas ! voilé toujours
Puisque j'ai vu tomber dans l'onde de ma vie
Une feuille de rose arrachée à tes jours;

Je puis maintenant dire aux rapides années:
- Passez! passez toujours! je n'ai plus à vieillir!
Allez-vous-en avec vos fleurs toutes fanées ;
J'ai dans l'âme une fleur que nul ne peut cueillir!

Votre aile en le heurtant ne fera rien répandre
Du vase où je m'abreuve et que j'ai bien rempli.
Mon âme a plus de feu que vous n'avez de cendre!
Mon coeur a plus d'amour que vous n'avez d'oubli!
)
 
 
Víctor Hugo (Francia, 1802-1885).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

jueves, 14 de noviembre de 2019

Tu boca: LA ESPOSA DEL VENGADOR, de José Echegaray

"Yo vi su dulce sonrisa, y pensé en aquel momento (...) ¿si en tu boca así es la risa, qué será en tu boca un beso?"
 
(Fragmento de la escena IV del primer acto)

Parreño: ¿Y es eso todo? ¡Ilusiones
de enamorado mancebo!

Carlos: Eso es todo, porque es vida,
y es esperanza, y es cielo.
Escúchame y no te burles.
Suponme presa de un sueño,
poblado de mil fantasmas,
de la calentura engendro,
e imagina que, por fin,
tras largo luchar, despierto,
corro al balcón, y de un valle
perfumado, alegre, fresco,
sobre mi abrasada frente
brisas matinales siento.
¿Comprendes la sensación
de bienestar, de consuelo,
que hubiese experimentado
mi ser en aquel momento?
Pues esto mismo sentí
cuando mis ojos lo vieron.
Meditando en mi venganza,
ante mí pasando tercos
el cadáver de mi padre
y la espada de Pacheco,
alumbrados de esa luz

por los últimos reflejos,
marchaba yo por las calles
soñando más que despierto,
cuando la vi de repente
tan de cerca, que su aliento
sobre mi abrasado rostro
sentí perfumado y fresco.
Yo vi su frente purísima,
a la que rubios cabellos
coronaban, como suele
con sus dorados reflejos
coronar el sol que nace
monte de nieve cubierto.
Yo vi sus ojos azules,
que en verdad me parecieron
más celestiales que aqueste
bellísimo firmamento,
que al fin este cielo es uno
y aquellos eran dos cielos.
Yo vi su dulce sonrisa,
y pensé en aquel momento
con la rapidez del rayo,
y del rayo con el fuego,
¿si en tu boca así es la risa,
qué será en tu boca un beso?
Y al ver tan divina mezcla,
y conjunto tan perfecto,
de cuanto hay de más hermoso
en la tierra y en el cielo,
sentí... yo no sé, ¡Dios mío!,
lo que sentí; sólo siento
que hay más luz en el espacio,
más aromas en el suelo,
más frescura en el ambiente,
y que están los aires llenos
de divinas armonías
y celestiales conciertos.


Parreño: ¡Buena ocasión es, don Carlos,
de pensar en devaneos!
iPobre Marqués de Quirós!


Carlos: ¡Calla, calla!...

Parreño: ¡Pobre dueño!
Tú descansas bajo el mármol
desgarrado el noble seno,

el que te arrancó la vida
su triunfo goza, soberbio,
y el hijo que tanto amabas,
aquí, do cayó tu cuerpo,
celestiales armonías
está sin cesar oyendo.
¡Bien haya por la ventura
que goza, el noble mancebo!


Carlos: Dije que será esta noche.

Parreño: ¿Me lo juras? 

Carlos: Lo prometo.
 

(Sale de la iglesia Fernando y camina con lentitud).




José Echegaray (España, 1832-1916).
Obtuvo el premio Nobel en 1904 compartido con Frédéric Mistral.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Tu boca: POEMA CUBISTA, de Pablo Picasso

 
4 de noviembre de 1935
 
(II)

espejo en tu marco de corcho - tirado al mar entre las olas - no ves sólo el relámpago - el cielo - y las nubes - con tu boca abierta dispuesta - a tragarse el sol - mas si un pájaro pasa - y por un instante vive en tu mirada -  al instante se queda sin ojos - caídos al mar - ciego y qué carcajadas - en ese preciso momento - brotan de las olas.
 
 
Pablo Picasso (Español fallecido en Francia, 1881-1973).
 
La ilustración corresponde a un collage de obras cubistas de Pablo Picasso.

viernes, 11 de octubre de 2019

Tu boca: LOS AVISPONES, de Peter Handke


(Fragmento del capítulo Los avispones)

No tienes que mostrar que vas por un camino polvoriento. Los espectadores no tienen por qué enterarse de las características del camino. Basta con que Te vean andar. Tampoco es necesario mostrar que hace calor. Solamente debes tener cuidado al entrar para que aquellos que Te miran no piensen que Te has puesto en marcha justo ahora; cuando Te vean entrar, deben creer que ya llevas mucho tiempo andando. Tú entras no como si llegaras a este concreto y preciso lugar, sino a un lugar que es idéntico a todos los lugares por los que Tú ya has ido. El lugar al que Tú llegas y en el que Te presentas ante los espectadores no es distinto de los otros lugares. Tú no entras, no Te presentas en un escenario, más bien caminas por entre las miradas. No hay nadie. Los movimientos de Tus piernas son tales que suscitan en los que Te miran la idea de que ya van solas y de que Tú no pones nada de Tu parte para que avancen. Si miras a Tu alrededor, a los espectadores les tiene que parecer que miras siempre después de haber dado un número determinado de pasos. Al andar, Tu mirada no se ha apartado ni una sola vez de Tus pies. Miras a Tu alrededor como quien busca una sombra en una vasta extensión de terreno. Tu vestimenta es sencilla; no debe atraer la mirada de los espectadores. Llevas una camisa sin cuello, como un presidiario o un campesino. Hace poco que has llegado. Los espectadores ya habrán captado que estás en camino desde hace mucho. No necesitan saber más. Ahora tienes que este breve lapso de tiempo durante el cual los espectadores Te ven y que Tú puedes calcular midiendo Tus pasos con la abertura entre el pulgar y el índice, este tiempo que transcurre entre Tu primer movimiento visible a los espectadores y el momento en el que Te detienes y miras a Tu alrededor, a ellos, les parezca infinitamente largo. No basta con mostrar tu fatiga a los que desconocen lo que Te pasa, haciendo ver que Te pones de cuclillas y escupiendo sobre una piedra (por decir algo) que desentierras del camino para Ti, como recomienda el remedio casero para el dolor de costado. Solamente dispones de Tu cara y de Tus gestos. Tu voz, con la que podrías hablarles, ha enmudecido. Durante el minuto que has andado ha transcurrido medio día. Esto es lo que los otros tienen que entender. En medio día, la luz y el viento cambian. El camino cambia. Cambian las sombras de lo que se alza sobre la tierra. A los espectadores Tú sólo puedes mostrarles Tu propio cambio. Sin embargo, durante el minuto que Te han visto, no Te ha ocurrido otra cosa que lo que les has mostrado. No vale la pena que Te pongas la mano sobre los ojos y Te gires para ver los doce pasos que has dado ante ellos. No basta con que simules que no alcanzas a ver un final. Seguro que ellos entenderán lo que Tú representas y se dejarán convencer por Tus gestos de que tienen que multiplicar los pasos, sin embargo, no podrán entender cuánto tiempo ya ha transcurrido. No les llegará al corazón. Para mostrárselo, necesitarías magia o una gran elocuencia o una fórmula con la que pudieras encantar sus oídos. Pero se Te exige que permanezcas mudo. No basta con que cambies Tu modo de andar, no basta con modificar la expresión de la cara y que los ojos parpadeen, no basta con dejar que los brazos cuelguen lacios de los hombros. No dispones de una iluminación que podría mover Tu sombra. Tirarte al suelo de cansancio, no resultaría. Con ningún gesto, con ninguna expresión conseguirías resumir el tiempo transcurrido. Cualquier cosa que hicieras se convertiría en un espectáculo de títeres. Pero si Tú mismo representas esa comedia, se reirán de Ti, igual que si quisieras mostrar el paso del tiempo colocando delante de Ti la palma de la mano a modo de cronómetro y utilizaras como aguja el índice de la otra mano y los espectadores tuvieran ante sí los puntos invisibles que significan las horas, y Tu dedo que iría avanzando a cada paso que dieras. Tienes que mostrar doce pasos, doce horas. Ahora el dedo ha regresado al punto de partida. Simultáneamente, Tú te has detenido y Te propones descansar al lado del camino. Pero la magia que necesitas para que los espectadores capten el tiempo, la magia que los haga estremecer, está encerrada en Tu boca. Tu voz es muda. También en lo que sigue, Tu voz permanecerá muda. El ruido que en medio del movimiento que realizas para ponerte a descansar Te hace aguzar los oídos, Tú lo indicas levantando de lado la cabeza «como un ciego».
 
 
Peter Handke (Austria, 1942).
El día de ayer se le concedió el premio Nobel de literatura correspondiente a 2019.
 
(Traducido al español por Anna Montané Forasté).

jueves, 10 de octubre de 2019

Tu boca: LIRIO Y SERPIENTE, de Nikos Kazantzakis

 "Sé qué quieres decir cuando entreabres Tu boca..."

10 de octubre
 
Se rindieron las líneas de Tu cuerpo a mis caricias y Tus labios se secaron succionados por los míos. Te echaste sobre mí y profané todos los secretos y los escalofríos y las ondulaciones de Tus carnes. Sellé con el beso de mi deseo todos los nidos de Tu cuerpo. Y el hastío crece, crece a la par que el amor.
 
Te he analizado toda al microscopio de mi alma perversa. Sé lo que dicen Tus ojos tras sus largas pestañas y lo que dice la opresión de Tu mano y lo que grita Tu silencio en la penumbra. Sé, cuando arqueas Tu cuerpo, de qué forma se aprietan y se arrugan Tus carnes y cuántos hoyitos se forman en Tus pechos y cómo de Ti sale caliente y profundo Tu aliento. Todo, lo sé todo. Tu cuerpo cae sobre la cama con la palidez de los lirios y con la gracia de los nenúfares. Y Tus labios se aprietan y atardecen blancos los bulbos de Tus ojos. Y Tu brazo derecho, rendido y blanco, se enreda en mi cuello. Sé qué quieres decir cuando entreabres Tu boca y sé qué ves cuando cierras tus ojos y qué piensas cuando tímidamente se van sonrosando Tus mejillas.
 
Por Tu andar cuando llegas y la temperatura de Tu mano al saludar, sé cuántos besos has de darme y qué palabras me vas a decir. Te he analizado toda, ¡oh, infeliz!, al microscopio de mi alma perversa... Y he aquí, he aquí como crece el hastío a la par que el amor.
 
Nikos Kazantzakis (Griego fallecido en Alemania, 1883-1957).

(Traducido al español por Pedro Olalla).