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Vancouver: otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

martes, 5 de noviembre de 2019

Tu boca: ADOLESCENTE, de Vincenzo Cardarelli

"Tu pupila se abrasa del sol que lleva dentro. Es estrecha tu boca."

Hay sobre ti, virgen adolescente,
una sombra sagrada.
Nada más misterioso,
más adorable y propio
que tu carne desnuda.
Pero te encierras en la atenta túnica
y habitas allá lejos
con tu gracia,
donde no sabes quien te alcanzará.
Yo no, bien cierto. Si te veo pasar
a tan regia distancia
con el cabello al aire
y con todo tu ser enarbolado
me arrebata el vértigo.
 
Tú eres la imporosa y lisa criatura
a la que aprieta, en el respiro, el gozo
oscuro de la carne, que soporta
a duras penas toda su plenitud.
En tu sangre, que tiene un extenderse
de llama por tu rostro,
se ríe todo el orbe
como en el ojo negro de la golondrina.
Tu pupila se abrasa
del sol que lleva dentro.
Es estrecha tu boca.
Tus manos desconocen
el sudor humillante del contacto.
Pienso cómo tu cuerpo,
dificultoso y vago,
desespera de amor
el corazón del hombre.
 
Y, sin embargo, alguno te desflorará,
boca de surtidor.
Y lo hará sin saberlo;
un pescador de esponjas
tendrá esa rara perla.
Le servirá de gracia y de fortuna
el no haberte buscado,
el no saber quién eres,
el no poder gozarte
con la sutil conciencia
que ofende al Dios celoso.
Sí, será el animal
lo bastante ignorante
para no morir antes de tocarte.
Todo es así.
Ni tú sabes quién eres.
Te dejarás coger
pata ver cómo es el juego
para reír un rato en compañía.
Como se pierde en el aire la llama
así al contacto con la realidad
todos esos misterios que prometes
se deshacen en nada,
¡Pasará inconsumado
tanto gozo!
Tú te darás, te perderás por esos
caprichos que jamás aciertan,
con el primero que te guste.
Ama el tiempo la burla que lo atrapa
y no el amor canto que vacila.
Así la infancia hace
rodar el mundo
y el sabio no es más que un muchacho
que se duele de haber crecido tanto.
 
 
Vincenzo Cardarelli: Nazareno Caldarelli (Italia, 1887-1959).
 
(Traducido al español por J. L. Martín Descalzo).

lunes, 4 de noviembre de 2019

Tu boca: POEMA CUBISTA, de Pablo Picasso

 
4 de noviembre de 1935
 
(II)

espejo en tu marco de corcho - tirado al mar entre las olas - no ves sólo el relámpago - el cielo - y las nubes - con tu boca abierta dispuesta - a tragarse el sol - mas si un pájaro pasa - y por un instante vive en tu mirada -  al instante se queda sin ojos - caídos al mar - ciego y qué carcajadas - en ese preciso momento - brotan de las olas.
 
 
Pablo Picasso (Español fallecido en Francia, 1881-1973).
 
La ilustración corresponde a un collage de obras cubistas de Pablo Picasso.

domingo, 3 de noviembre de 2019

Tu boca: ORIENTACIONES, de Somerset Maugham

"... no pasarán muchos años antes de que tu adorable piel se vuelva gruesa y fangosa, y tus dientes amarillos, y las arrugas aparezcan sobre tu boca y tus ojos."
 
De amicitia
 
(Fragmento del capítulo V)
 
A la mañana siguiente Valentina recibió la respuesta del señor Rollo a su carta, en la que éste se disculpaba por el retraso para responderle.
 
«Tú eres un filósofo», le dijo –y ella podía ver la risita con la que él habría escrito esas palabras-. «Tú eres un filósofo, y temía que mi respuesta pudiera perturbar el curso de tus reflexiones sobre la amistad. Confieso que no entendí cabalmente tu carta, pero asumo  que los sentimientos son correctos, y me ha dado un gran placer saber que tu experimento haya tenido tan excelentes resultados. Veo que aún no has descubierto que hay algo más que una conexión verbal entre la amistad y el amor.»
 
La referencia es de los equivalentes franceses para esos estados de ánimo.
 
«Para hablar en serio, querida niña. Ahora eres joven y hermosa, aunque no pasarán muchos años antes de que tu adorable piel se vuelva gruesa y fangosa, y tus dientes amarillos, y las arrugas aparezcan sobre tu boca y tus ojos. Tampoco quedan muchos años antes de que comiences a recolectar sensaciones y el recuerdo de los amores es, tal vez, el mayor placer que queda a la vejez. Ser virtuosa, querida, es admirable, pero hay tantas interpretaciones de la virtud. En lo que a mí concierne, puedo decir que nunca he lamentado las tentaciones a las que he sucumbido, y a menudo las tentaciones a las que he resistido. Por lo tanto, ¡amor, amor, amor! Y recuerda que si el amor a los sesenta en un hombre es a veces patético, en una mujer a los cuarenta siempre es ridículo. Por lo tanto, toma tu juventud con ambas manos para decirte a ti misma: la vida es corta, ¡pero déjenme vivirla antes de morir!».
 

Somerset Maugham (Inglés nacido y fallecido en Francia, 1874-1965).

sábado, 2 de noviembre de 2019

Tu boca: CARTAS A GÉNICA ATHANASIOU, de Antonin Artaud


Cavalaire, 17 de agosto de 1922.

No, Génica, no, no estoy enojado. Conozco demasiado bien el esfuerzo que me veo obligado a hacer para  ponerme en estado de escribir. El alma del hombre no está en las palabras. Y además tengo confianza. Tu carta, tus postales me revelan sentimientos de una intensidad, de una cualidad tan rara que me hacen por fin poseer el ideal del amor perfecto, celeste, que tanto soñé. Y esta clase de amor no se experimente dos veces. En consecuencia, creo en ti. Hay en tu alma y en mi alma cosas que necesitan encontrarse.

Y si alguna vez la vida nos separara, nuestras almas, con el tiempo, podrían cicatrizarse, pero serían iníeriores. Sí, me haces gustar cosas que pocos hombres tienen el privilegio de gustar, que la mayoría ignora. Y después del alma de mi espíritu, eres el alma de mi vida, tan diferente de ti misma que ni siquiera puedes llegar a imaginarlo. Entonces tranquilízate, sé silenciosa, si el silencio te complace, nos amamos más cuando no escribimos porque todas las  palabras son una mentira. Cuando hablamos, traicionamos a nuestra alma. Bastaría con mirarse. Sentimos cosas, pero el solo esfuerzo que hacemos para expresarlas es ya una traición.

Esta mañana, un poco antes de recibir tu carta, una calma, una certidumbre, una dulzura me invadieron ; con los ojos en el aire, bajo un techo de paja, con el mar delante, vi tu rostro dentro mío y por sobre mí, lo sentí con los ojos de mi alma, durante muchos segundos no se movió, veía la expresión de tu boca, el tinte mate de tu piel, y tus ojos como el agua a través de las hojas frescas, brillantes, por eso me sorprendí cuando descubrí en tus palabras que me veías de la misma manera que tú me veías. En general cuando se contempla una visión desaparece enseguida, y tú, tú te quedaste.

Una noche, el 14 de agosto, asistí a un anochecer maravilloso, muy japonés, sobre el mar, con pinos muy negros como en el Japón, la luna grande, triste, y dulce, un poco enferma, amarilla, sucia, la calma sobre las aguas oscuras y esa gran flor de luz enferma, otoñal, que había nacido sobre las aguas. Tuve el espíritu muy enfermo durante cinco días, un regreso a la neuropatía, en el que la expresión sensible de mi conciencia me fue arrancada, no podía leer, ni escribir, ni pensar, no tenía pensamientos materiales, por dentro yo era más profundo pero incapaz de expresarme, paralizado, ahora mi alma material ha regresado, y pensar que la locura hace perder hasta el alma espiritual. Difícil problema.
 
Soy un poco obscuro, tal vez me comprendas con dificultad.
 
Ninguna noticia de Dullin. Yo también pienso que el Atelier no va a seguir adelante. ¿Qué va a ser de mí? ¿Encontraré algún trabajo en París? Pregunta angustiante... ¿Cómo nos volveremos a encontrar? De todos modos sabes mi dirección.
 
Siempre. Contigo.
 
Mi alma sobre tus labios.

Nanaqui.
 
 
Antonin Artaud (Francia, 1896-1948).

viernes, 1 de noviembre de 2019

Tu boca: UN HOMBRE ACABADO, de Giovanni Papini

"... todo es luz, todo se muestra, todo es límpido y armonioso como el agua de un hermoso río."
 
(Fragmento)
 
Pero sólo vienen al genio, o a mí mismo, esas horas maravillosas en las que Dios habla por tu boca, en las que todo es luz, todo se muestra, todo es límpido y armonioso como el agua de un hermoso río. Aquellas horas en que el alma se convierte en fuego, como el fuego, se trueca en aire, como el aire, se cambia en amor, como el amor. Aquellas horas en que, por una misteriosa locura, todo es posible y todo es sagrado, y ya no sabes decir cuál es el mundo y cuál es tu alma.
 
 
Giovanni Papini (Italia, 1881-1956).

jueves, 31 de octubre de 2019

Tu boca: UNA NOCHE EN LA SELVA, de Blaise Cendrars

"... la boca de una mujer elegante que mordisqueaba su lápiz labial, una boca roja, sencillamente tu boca..."

(Fragmento)

Caigo entonces al fondo de mí mismo, me hundo y obtengo placer con los retornos vertiginosos de la conciencia cuando dejo de respirar y me ahogo. La vida desfila a toda velocidad, como un viejo filme vuelto a pegar, lleno de roturas, de huecos, de escenas ridículas, de personajes al revés, con títulos pasados de moda para detenerse de pronto sobre una sola imagen, que no es siempre la más bella, pero que se vuelve luminosa a fuerza de atraer la atención.
 
Es absurdo, pero así es.
 
Así, durante este último viaje a Brasil, yo venía de disfrutar durante seis meses del lujo, de la comodidad, de la publicidad, de la velocidad, de la promiscuidad, del juego, de la inestabilidad, del buen humor, de la actualidad, de las luces que ofrece en profusión y gratuitamente el ensamblaje científico del mundo moderno, el día en que, abandonando mi pequeño Ford en la sabana, descubrí esa picada a través de la selva virgen, ese sendero terrible que habría de desembocar en una boca, una boca de mujer, no la boca de mi pasión ataviada por la costurera del teatro, sino la boca de una mujer elegante que mordisqueaba su lápiz labial, una boca roja, sencillamente tu boca, Virginia.
 
A propósito, ¿por qué partí, por qué dejé ese palacio de São Paulo desde donde veía, por la ventana de mi cuarto, las idas y venidas de tres muchachitas por el jardín? Ellas venían varias veces al día y a horas fijas a exponerse a mis ojos bajo un enorme ficus blanco. Yo les mandaba besos. Ellas reían, se sacudían, se abrazaban para burlarse de mí.
 
Me irritaba.
 
Inclinado en mi balcón, con el torso desnudo, atrapaba los golpes de sol para comunicarme con ellas por los aires.
 
Les hacía signos y las veía reírse, sin poder nunca dirigirles la palabra, ni escuchar esa risa de jovencitas llegar hasta mí, separados como estábamos por los ruidos de la ciudad, de los extractores que se vaciaban, la cadencia multiplicada de los carpinteros, el bufido de las furgonetas, el rebato de los martillos neumáticos, las descargas y tronidos de la maquinaria norteamericana que explotaban y percutían en esa infernal nube de cascotes que envolvía siempre el centro de São Paulo, en el que demolían incesantemente para construir a razón de una casa por hora o de un rascacielos por día. En esta ciudad proteica que desconoce la Liga del Silencio poseíamos los cuatro un maravilloso secreto y nos amábamos, como se besa uno por teléfono, sin nunca decirnos nada.


Blaise Cendrars: Frédéric-Louis Sauser
(Suizo nacionalizado francés, 1887-1961).
 
(Traducido al español por Armando Pinto).

miércoles, 30 de octubre de 2019

Tu boca: COCOTTE, de Guido Gozzano


"Yo sólo amo las rosas que no cogí. Yo sólo amo las cosas que podían ser y no han sido…"
 
(Fragmentos)
 
I
 
Volví a ver el jardín, el jardincito
contiguo, las palmeras del vial,
la verja tosca desde la cual
me extendió el caramelo y la mano…
 
IV
 
Entre alegrías muertas y desengaños,
después de veinte años, hoy se reaviva
tu sonrisa… ¿Mas dónde estás, malvada
Señorita? ¿Estás viva? ¿Cómo engañas
(¡para ti es mejor ya no estar viva!)
el descenso terrible de los años?
 
¡Ay de mí! Desde que ni el colorete
ni el cosmético ya te favorecen
y el último amante de ti se fuera…
Uno, sólo uno: el duende pequeño
Al que diste un beso y un caramelo,
Tras veinte años, ahora te reencuentra
 
en sueños, te ama, en sueños, dice: ¡Te amo!
Desde aquella mañana de infancia pura
Sólo te he amado a ti ¡oh, criatura!
¡Quizá sólo a ti te amé! ¡Y te reclamo!
Si lees estos versos de reclamo
retorna a quien te espera, ¡oh, criatura!
 
Ven, ¿Qué importa si ya no eres aquella
que me besó de niño? Hoy te anhelo,
¡oh vestida de tiempo! ¡Te volveré a hacer bella
como Carlota, como Graciela,
cual todas las mujeres de mi sueño!
 
Mi sueño de abandono está nutrido,
de añoranza. Yo sólo amo las rosas
que no cogí. Yo sólo amo las cosas
que podían ser y no han sido…
Veo la casa, ¡ahí están las rosas
del bello jardín veinte años perdido!
 
Tras los barrrotes tu jardín intacto
entre eucaliptos ligures se ensancha…
¡Ven! Te acogerá el alma saciada.
Haz que yo vuelva a ver tu rostro ajado;
te besaré; florecerá en el acto,
en tu boca la última gracia.
 

Guido Gozzano (Italia, 1883-1916).
 

(Traducido al español por José Muñoz Rivas).

martes, 29 de octubre de 2019

Tu boca: CONTRAPUNTO, de Aldous Huxley

"... mientras él prende fuego a los periódicos sobre ella y le deja caer las cenizas calientes sobre el cuerpo."

(Fragmento del capítulo XXV)

Quai Voltaire.
  
Sufro de un catarro y de un intenso aburrimiento, sólo momentáneamente aliviado por tu carta. En el fondo, París es terriblemente triste. Tengo unas ganas locas de tomar un avión que me lleve a algún otro lado, pero no sé adónde. Eileen vino a verme hoy. Quiere separarse de Tim, porque se empeña en que permanezca desnuda sobre la cama mientras él prende fuego a los periódicos sobre ella y le deja caer las cenizas calientes sobre el cuerpo. ¡Pobre Tim! Parece injusto privarlo de sus placeres inocentes. Pero Eileen tiene pánico a que la asen a la parrilla... Se tornó furiosa contra mí por echarme a reír y no darle muestras de mayor simpatía. Yo lo he tomado todo a broma. Como lo es. Una broma muy floja, sin embargo. Porque, como le ocurría a la Reina, no nos hace ninguna gracia. ¡Cómo te odio por no estar aquí para distraerme! Todo se puede perdonar, salvo la ausencia. Imperdonable Walter ausente, adiós. Tengo envidia de ti esta noche, de tus manos y de tu boca... ¿Y tú? ¿Recuerdas?
 L.

Aldous Huxley (Inglaterra, 1894-1963).

lunes, 28 de octubre de 2019

Tu boca: SONETO, de Efrén Rebolledo

"... se abaten tus cabellos en racimo de negros bucles..."

Saturados de bíblica fragancia
se abaten tus cabellos en racimo
de negros bucles, y con dulce mimo
en mi boca tu boca fuego escancia.

Se yerguen con indómita fragancia
tus senos que con lenta mano oprimo,
y tu cuerpo suave, blanco, opimo,
se refleja en las lunas de la estancia.

En la molicie de tu rico lecho,
quebrantando la horrible tiranía
del dolor y la muerte exulta el pecho,

y el fastidio letal y la sombría
desesperanza y el feroz despecho,
se funden en tu himen de ambrosía.
 
 
Efrén Rebolledo (Mexicano fallecido en Madrid, 1877-1929).
 
Este soneto forma parte del volumen que comprende una docena
reunidos con el título de Caro Victrix, publicado en 1916.

viernes, 11 de octubre de 2019

Tu boca: LOS AVISPONES, de Peter Handke


(Fragmento del capítulo Los avispones)

No tienes que mostrar que vas por un camino polvoriento. Los espectadores no tienen por qué enterarse de las características del camino. Basta con que Te vean andar. Tampoco es necesario mostrar que hace calor. Solamente debes tener cuidado al entrar para que aquellos que Te miran no piensen que Te has puesto en marcha justo ahora; cuando Te vean entrar, deben creer que ya llevas mucho tiempo andando. Tú entras no como si llegaras a este concreto y preciso lugar, sino a un lugar que es idéntico a todos los lugares por los que Tú ya has ido. El lugar al que Tú llegas y en el que Te presentas ante los espectadores no es distinto de los otros lugares. Tú no entras, no Te presentas en un escenario, más bien caminas por entre las miradas. No hay nadie. Los movimientos de Tus piernas son tales que suscitan en los que Te miran la idea de que ya van solas y de que Tú no pones nada de Tu parte para que avancen. Si miras a Tu alrededor, a los espectadores les tiene que parecer que miras siempre después de haber dado un número determinado de pasos. Al andar, Tu mirada no se ha apartado ni una sola vez de Tus pies. Miras a Tu alrededor como quien busca una sombra en una vasta extensión de terreno. Tu vestimenta es sencilla; no debe atraer la mirada de los espectadores. Llevas una camisa sin cuello, como un presidiario o un campesino. Hace poco que has llegado. Los espectadores ya habrán captado que estás en camino desde hace mucho. No necesitan saber más. Ahora tienes que este breve lapso de tiempo durante el cual los espectadores Te ven y que Tú puedes calcular midiendo Tus pasos con la abertura entre el pulgar y el índice, este tiempo que transcurre entre Tu primer movimiento visible a los espectadores y el momento en el que Te detienes y miras a Tu alrededor, a ellos, les parezca infinitamente largo. No basta con mostrar tu fatiga a los que desconocen lo que Te pasa, haciendo ver que Te pones de cuclillas y escupiendo sobre una piedra (por decir algo) que desentierras del camino para Ti, como recomienda el remedio casero para el dolor de costado. Solamente dispones de Tu cara y de Tus gestos. Tu voz, con la que podrías hablarles, ha enmudecido. Durante el minuto que has andado ha transcurrido medio día. Esto es lo que los otros tienen que entender. En medio día, la luz y el viento cambian. El camino cambia. Cambian las sombras de lo que se alza sobre la tierra. A los espectadores Tú sólo puedes mostrarles Tu propio cambio. Sin embargo, durante el minuto que Te han visto, no Te ha ocurrido otra cosa que lo que les has mostrado. No vale la pena que Te pongas la mano sobre los ojos y Te gires para ver los doce pasos que has dado ante ellos. No basta con que simules que no alcanzas a ver un final. Seguro que ellos entenderán lo que Tú representas y se dejarán convencer por Tus gestos de que tienen que multiplicar los pasos, sin embargo, no podrán entender cuánto tiempo ya ha transcurrido. No les llegará al corazón. Para mostrárselo, necesitarías magia o una gran elocuencia o una fórmula con la que pudieras encantar sus oídos. Pero se Te exige que permanezcas mudo. No basta con que cambies Tu modo de andar, no basta con modificar la expresión de la cara y que los ojos parpadeen, no basta con dejar que los brazos cuelguen lacios de los hombros. No dispones de una iluminación que podría mover Tu sombra. Tirarte al suelo de cansancio, no resultaría. Con ningún gesto, con ninguna expresión conseguirías resumir el tiempo transcurrido. Cualquier cosa que hicieras se convertiría en un espectáculo de títeres. Pero si Tú mismo representas esa comedia, se reirán de Ti, igual que si quisieras mostrar el paso del tiempo colocando delante de Ti la palma de la mano a modo de cronómetro y utilizaras como aguja el índice de la otra mano y los espectadores tuvieran ante sí los puntos invisibles que significan las horas, y Tu dedo que iría avanzando a cada paso que dieras. Tienes que mostrar doce pasos, doce horas. Ahora el dedo ha regresado al punto de partida. Simultáneamente, Tú te has detenido y Te propones descansar al lado del camino. Pero la magia que necesitas para que los espectadores capten el tiempo, la magia que los haga estremecer, está encerrada en Tu boca. Tu voz es muda. También en lo que sigue, Tu voz permanecerá muda. El ruido que en medio del movimiento que realizas para ponerte a descansar Te hace aguzar los oídos, Tú lo indicas levantando de lado la cabeza «como un ciego».
 
 
Peter Handke (Austria, 1942).
El día de ayer se le concedió el premio Nobel de literatura correspondiente a 2019.
 
(Traducido al español por Anna Montané Forasté).

viernes, 20 de septiembre de 2019

Tu boca: DEL TIEMPO Y EL RÍO, de Thomas Wolfe

"¡Yo te conmoveré, yo fundiré ese hielo, mi amor... por Dios, yo te poseeré!..."
 
(Fragmento del capítulo LXXXVI)

- Dime -requirió con voz ahogada, mientras la zarandeaba-. ¡Dime algo!... ¡Haz algo!... ¡No te quedes parada como una esfinge!... ¿Quién diablos crees que eres, al fin de cuentas?... ¿Por qué has de ser mejor que los demás?... ¡Ann! ¡Ann! ¡Mírame!... ¡Habla! ¿Qué te pasa?... ¡Ah, maldita seas! -susurró, salvaje e inconsciente-. ¡Te quiero!... Mujerzuela de Boston, grande, tonta, hermosa -susurró amorosamente-, vuelve la cara hacia mí... mírame... ¡Por Dios! ¡Basta ya! -murmuró agitadamente, y por primera vez, con una especie de desesperación, la besó en la boca, y mirando hacia su alrededor como un loco, sin saber lo que hacía, empezó a tirar de ella y a arrastrarla hacia la cama, susurrando-: ¡Por Dios, lo haré! ¡Mujerzuela de Boston, grande, tonta, hermosa!... ¡Ann! -exclamó con exaltación-. ¡Yo te conmoveré, yo fundiré ese hielo, mi amor... por Dios, yo te poseeré!... ¡Ah, tu brazo! -comenzó a decir ávidamente, mientras levantaba el brazo esbelto de la muchacha en un éxtasis gradual y desgarrador y mordía su hombro- y tu cuello, y tu rostro cálido y tu boca hosca y tu perfume, y tu vientre precioso; ese vientre blanco, hermoso, fecundo de mi muchacha de Boston... ese vientre como para tener doce hijos... y las caderas anchas, y los muslos torneados, y las ancas de la cintura a las rodillas... ¡ah, tierra salvaje, virgen, mansa, fértil, yo te fecundaré! -exclamó triunfante-... y tus ojos mansos y tus manos largas y tus dedos finos... ¿de dónde has sacado esas manos graciosas, delicadas, preciosas...? ¡Ven! -dijo lleno de un suave deseo asesino, y de pronto sintió temblar los largos dedos de la muchacha sobre su brazo, los tomó entre sus manos y los sintió allí, y sintió temblar todo su cuerpo grande y pesado bajo su abrazo. Y súbitamente se sintió invadido por una situación intensa, indescriptible, de compasión y arrepentimiento.


Thomas Wolfe (Estados Unidos, 1900-1938).

jueves, 12 de septiembre de 2019

Tu boca: LO BELLO Y LO TRISTE, de Yasunari Kawabata

"- Sírveme un poco de té –susurró. Él levantó la taza y se la tendió. - De tu boca."

(Fragmento del capítulo El lago)

- ¿No te parece que es una vista hermosísima?
- Sí. Es hermosísima. Pero yo estaba pensando en lo hermosa que eres tú. Tu nuca, tu obi...
- ¿Recuerdas cuando me tenías en tus brazos, allá en el templo?
- ¿Que si recuerdo... eso?
- Supongo que estás enfadado conmigo. Estás escandalizado Lo sé.
- Quizá, sí.
- Yo también. Es terrible que una mujer se entregue en forma tan completa.
 
Bajó la voz:
 
- ¿Así que por eso no te acercas a mí?
 
Taichiro se puso de pie y se acercó a ella. Le apoyó una mano sobre el hombro y la guió dulcemente hasta el sofá. Ella permaneció sentada cerca de él, pero mantuvo los ojos bajos.
 
- Sírveme un poco de té –susurró.
 
Él levantó la taza y se la tendió.
 
- De tu boca.
 
Taichiro tomó un sorbo de té y lo dejó filtrar poco a poco por entre los labios de ella. Keiko bebió el té con los ojos cerrados y con la cabeza echada hacia atrás. Su cuerpo estaba inerte, con excepción de los labios y de la garganta.
 
- Más -dijo, sin moverse.
 
Taichiro tomó otro sorbo de té y se lo dio boca a boca.
 
- ¡Ay, qué lindo! -exclamó Keiko, abriendo los ojos-. Me gustaría morir ahora. ¡Por qué no habrá sido veneno!... Estoy acabada. Acabada. Y tú también.
 
Tras una pausa dijo:
 
- Vuélvete.
 
Empujó a Taichiro para que se volviera y apretó el rostro contra su hombro. Luego buscó sus manos. Taichiro tomó una de las manos de la muchacha y la contempló mientras acariciaba un dedo tras otro.
 
- Lo lamento -dijo Keiko-. ¡Qué desconsideración de mi parte! Seguramente estás deseando bañarte. ¿Qué te parece si lleno la bañera?
- Muy bien.
- A no ser que prefieras tomar una ducha.
- ¿Te parece que la necesito?
- Me gustas tal cual estás. Nunca me había gustado tanto un aroma, como el de tu piel -hizo una pausa-. Pero supongo que preferirás refrescarte.
 
 
Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972). Obtuvo el premio Nobel en 1968.
 
(Traducido al español por Nélida M. de Machain)

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Tu boca: MAÑANA, de Marià Manent

 
Has salido del sueño como del mar. Aún húmeda,
a los sueños sonríe tu boca, dulcemente.
Brilla el sol en la hierba, pero tu ves la plata
de la luna, que en el agua duerme-.
 
Una luz de esmeralda casi nubla tus ojos;
perfumes de aquel mar tiene tu fina arcilla;
y una gran perla pálida llevas bajo los bucles,
ondulados como alga tranquila.
 
 
Marià Manent i Cisa (Español, poeta en lengua catalana, 1898-1988).
 
(Traducido del catalán por José Corredor Matheos).

domingo, 8 de septiembre de 2019

Tu boca: MOSQUITOS, de William Faulkner

"Cerró el libro y se quitó los lentes."
 
(Fragmento del cuarto día, a las once en punto)
 
- Sí, pero estás tratando de reconciliar al libro con el autor. Un libro es la vida secreta de un escritor, el secreto gemelo de un hombre: y contigo, cuando llega el choque inevitable, la verdadera personalidad del autor es la que pierde, porque eres de aquellos que ganan en verosimilitud al verlos en letra impresa.
 
- Quizá sea así -respondió Fairchild distraídamente, inclinándose otra vez sobre la página-. Escucha:
 
«Esos labios cansados parecen aún más cansados, por esa curva y pálida astucia. El quieto misterio de tu secreta faz, y tu enfermizo desespero obsesionado por su propio mal; tus manos de infante no se posan en tu corazón para protestar. Esa sonrisa reconcilia tu fatigada boca, guárdate de jurar, aunque desengañada con la secreta alegría de tu pecho de mujer. Cansada tu boca de sonrisas; no puedes apagarlas con tus besos ni tu amante, ni tú, ni ella. Tu despertar virginal es en sí una burla. Llega despierto con la aguda ausencia del sueño y junto a tu boca tu gemelo corazón esconde su dolor; no puede quebrarse, pues en medio, no late ningún pecho.»
 
- Hermafroditas -leyó-. De eso se trata. Es una especie de secreta perversión. Como un fuego que no necesitara combustible, que viviera de su propio calor. Quiero decir, que toda la poesía moderna es una especie de perversión. Como si el día de la poesía sana hubiera pasado ya, y los hombres modernos no hubieran nacido para escribir poemas. Les concedo otras cualidades, pero no la de escribir poesía. Es como si los hombres de hoy no fueran suficientemente masculinos y vigorosos para idear algo que anda tan cerca de lo sobrenatural. Una raza estéril; mujeres dema- siado masculinas para concebir; hombres demasiado femeninos para engendrar...
 
Cerró el libro y se quitó los lentes.
 
William Faulkner (Estados Unidos, 1897-1962).
Obtuvo el premio Nobel en 1949.

sábado, 7 de septiembre de 2019

Tu boca: EL VACÍO, de Georges Bataille



 Llamas nos rodearon
bajo nuestros pasos se abrió el abismo
un silencio de leche de hielo de huesos
nos envolvía con un halo
 
eres la transfigurada
mi destino te ha roto los dientes
tu corazón es un hipo
tus uñas han hallado el vacío
 
hablas como la risa
los vientos alisan tu cabello
la angustia que el corazón oprime
precipita tu burla
 
tus manos tras mi cabeza
no agarran sino la muerte
tus besos rientes no se abren
sino a mi pobreza de infierno
 
bajo el baldaquino sórdido
del que penden los murciélagos
tu maravillosa desnudez
no es más que una mentira sin lágrimas
 
mi grito te llama en el desierto
al que no quieres venir
mi grito te llama en el desierto
en el que se cumplirán tus sueños
 
tu boca sellada a mi boca
y tu lengua en mis dientes
la inmensa muerte te acogerá
caerá la inmensa noche
 
entonces habré hecho el vacío
en tu cabeza abandonada
tu ausencia estará desnuda
como una pierna sin medias
 
esperando el desastre
en que se extinguirá la luz
seré yo suave en tu corazón
como el frío de la muerte.


Georges Bataille (Francia, 1897-1962).