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Vancouver, English Bay en primavera.

miércoles, 1 de abril de 2015

Tu boca: EL CALLEJÓN DE LOS MILAGROS, de Naguib Mahfouz

"La muchacha levantó la cabeza con los labios entreabiertos."

(Fragmento del capítulo 26)

- Eres lo más maravilloso que me ha sucedido en la vida... Eres una mujer fascinante..., muy hermosa...

La miró fijamente a los ojos y le levantó las manos, que seguía apretando entre las suyas, hasta llevarlas a la boca. Comenzó a besarle las puntas de los dedos, una por una. Al contacto de sus labios, Hamida se sintió traspasada por una corriente de electricidad. Dio un suspiro lleno de pasión. Él la rodeó con el brazo y la atrajo lentamente hacia su pecho, hasta que los senos de la chica se aplastaron contra él. Le acarició suavemente la espalda, mientras ella permanecía con el rostro hundido en su pecho.

- Tu boca -le susurró él.

La muchacha levantó la cabeza con los labios entreabiertos. Él apretó sus labios contra los de la chica y ella bajó los párpados como vencidos por el sueño. Él la levantó como a un niño y la llevó a la cama, con los pies colgando. Las zapatillas resbalaron y cayeron al suelo. La dejó suavemente sobre la cama y se inclinó sobre ella, con las palmas de las manos apoyadas en el colchón, para mirarla atentamente. Hamida abrió los ojos y al topar con los de él, éste sonrió tiernamente. Ella se quedó mirándolo, sin pestañear, con dulzura. Él, sin embargo, no había perdido el control de lo que hacía; su cerebro trabajaba siempre con mayor rapidez que sus emociones. No estaba dispuesto a desbaratar el plan que se había trazado de antemano. Se puso de pie y, tratando de no sonreír, le dijo:

- No hay prisa. A los oficiales norteamericanos no les importará pagar hasta cincuenta libras por una virgen.

Ella lo miró con asombro, sin la expresión lánguida de hacía unos instantes. Parecía estupefacta y dispuesta a tomar cartas en el asunto. Se incorporó, saltó al suelo y se abalanzó encima de él con un movimiento felino. Le abofeteó la cara furiosamente. La bofetada resonó en la habitación. Él permaneció inmóvil durante unos segundos y luego, la parte izquierda del rostro se le ensanchó con una sonrisa de sarcasmo. Con la rapidez del rayo dio un bofetón a la mejilla derecha de la muchacha. Luego, con igual fuerza, la abofeteó en la mejilla izquierda. El rostro de la muchacha palideció, le temblaron los labios, le tembló todo el cuerpo, sin control alguno. Se abalanzó contra su pecho clavándole las uñas en el cuello. Él no hizo nada para defenderse. La abrazó con fuerza, hasta casi hacerle crujir los huesos. Los dedos de la muchacha se aflojaron, resbalaron cuello abajo, hacia los hombros de él. Se sujetó de ellos con fuerza, levantando la cara con la boca abierta y temblando de pasión.


Naguib Mahfuz (Egipto, 1911-2006). Obtuvo el premio Nobel en 1988.

martes, 31 de marzo de 2015

Tu boca: LOS PASOS, de Paul Valéry


"Persona pura, sombra divina ¡Qué suaves son tus pasos elegidos!"
 
Tus pasos, hijos de mi silencio,
Lentamente, en santidad se desplazan,
Hasta el lecho de mi desvelo presencio
Llegan mudos, se congelan.
 
Persona pura, sombra divina
¡Qué suaves son tus pasos elegidos!
¡Dioses... todos los dones que adivina
Vienen a mí sobre estos pies desnudos!
 
Si veo tus labios avanzar,
Tu boca preparas para aliviar
Al habitante de mi pensamiento
Con un beso como alimento,
 
No apresures este momento tierno,
Dulzura de ser no siendo,
Que mi vida es esperarlos
Y mi corazón no será más que tus pasos.

(Les pas

Tes pas, enfants de mon silence,
Saintement, lentement placés,
Vers le lit de ma vigilance
Procèdent muets et glacés.

Personne pure, ombre divine,
Qu'ils sont doux, tes pas retenus!
Dieux !... tous les dons que je devine
Viennent à moi sur ces pieds nus !

Si, de tes lèvres avancées,
Tu prépares pour l'apaiser,
A l'habitant de mes pensées
La nourriture d'un baiser,

Ne hâte pas cet acte tendre,
Douceur d'être et de n'être pas,
Car j'ai vécu de vous attendre,
Et mon coeur n'était que vos pas.)


Paul Valéry (Francia, 1871-1945)
 
(Traducido al español por Jules Etienne)

lunes, 30 de marzo de 2015

Tu boca: LOS BESOS, de Vicente Aleixandre

"Un instante pusieron su plumaje encendido sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto."

No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.

Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto,
En tu boca latiendo su celeste plumaje.
Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha.
¿Quién no besa esos pájaros cuando llegan, escapan?

Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos.
Ah, los picos delgados entre labios se hunden.
Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste
que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía.

¡Cuán graciosa, cuán fina, cuán esbelta reinabas!
Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes.
Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes,
que te rozan. revuelan, mientras ciega tú brillas.

No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan.
Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta.
Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo.
Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.
 
 
Vicente Aleixandre (España, 1898-1984). Obtuvo el premio Nobel en 1977.

domingo, 29 de marzo de 2015

Tu boca: LOS CANTOS DE MALDOROR, del Conde de Lautrémont

"... quiero que estemos estrechamente abrazados para toda la eternidad..."

(Fragmento del Canto Primero)

Cuando hayamos abandonado esta vida efímera, quiero que estemos estrechamente abrazados para toda la eternidad, que ambos formemos un único ser, tu boca íntimamente unida a la mía. Pero aun así mi castigo no será completo. Tendrás, además, que desgarrarme sin detenerte nunca, con los dientes y las uñas a la vez. Adornaré mi cuerpo con guirnaldas perfumadas para este holocausto expiatorio; y entonces sufriremos los dos, yo por ser desgarrado, tú por desgarrarme... con mi boca unida a la tuya.
 
 
Conde de Lautréamont: Isidore Ducasse (Francés nacido en Uruguay, 1846-1870) 

sábado, 28 de marzo de 2015

Tu boca: LA DICHA y LA PALOMA Y EL SUEÑO, de Efraín Huerta

"Parecías la paloma extraviada en su vuelo: la paloma del ansia, la paloma que ama."

La dicha
(poema inconcluso)
 
Doy la mano a la dicha de ser el más amado,
dueño y siervo de amor, medalla de oro,
paz en el sueño y piel abierta al sueño.
Mediodía, medianoche, danza, perfil y ala.
Todo se me aparece lleno de cielo y fuego.
Mi mano con tu mano, mi palabra en tu boca,
encuentro en el estío, donde nace la lluvia,
y al corazón gigante le ha nacido una aurora.

A mi lado, la dicha es la dulce victoria,
el arrebato, el vuelo, el mármol tembloroso,
la estatua vegetal de, otra vez, el sueño.
A tu lado, la dicha es el espejo en donde
la rosa danza y vuela como paloma ciega.
Ahí es largo el silencio, dulce la soledad
y amor más poderoso que la vida.
Doy la mano al tesoro de amar y ser amado.
Un alba virgen viene, fugitiva del mundo,
como un templo desierto, y me cubre de llanto.
Es tu dolor a solas y nuestro amor a solas.

La paloma y el sueño

Tú no veías el árbol, ni la nube ni el aire.
Ya tus ojos la tierra se los había bebido
y en tu boca de seda sólo un poco de gracia
fugitiva de rosas, y un lejano suspiro.

No veías ni mi boca que se moría de pena
ni tocabas mis manos huecas, deshabitadas.
Espeso polvo en torno daba un sabor a muerte
al solemne vivir la vida más amarga.

Había sed en tus ojos. Suave sudor tu frente
recordaba los ríos de suave, lenta infancia.
Yo no podía con mi alma. Mi alma ya no podía
con mi cuerpo tan roto de rotas esperanzas.

Tus palabras sonaban a olas de frágil vuelo.
Tus palabras tan raras, tan jóvenes, tan fieles.
Una estrella miraba cómo brilla tu vida.
Una rosa de fuego reposaba en tu frente.

Y no veías los árboles, ni la nube ni el aire.
Parecías desmayarte bajo el beso y su llama.
Parecías la paloma extraviada en su vuelo:
la paloma del ansia, la paloma que ama.

Te dije que te amaba, y un temblor de misterio
asomó a tus pupilas. Luego miraste, en sueños,
los árboles, la nube y el aire estremecido,
y en tus húmedos ojos hubo un aire de reto.

No parecías la misma de otras horas sin horas.
Ya sueñas, o ya vuelas y ni vuelas ni sueñas.
Te fatigan los brazos que te abrazan, paloma,
y, al sollozar, a un lirio desmayado recuerdas.

Ya sé que estoy perdido, pero siempre ganado.
Perdido entre tu sombra, ganado para nunca.
Mil besos son mil pétalos protegiendo tu piel
y tu piel es la lámpara que mis ojos alumbra.

¡Oh geografía del ansia, geografía de tu cuerpo!
Voy a llorar las lágrimas más amargas del mundo.
Voy a besar tu sombra y a vivir tu recuerdo.
Voy a vivir muriendo. Soy el que nunca estuvo.
 

Efraín Huerta (México, 1914-1982)

viernes, 27 de marzo de 2015

Tu boca: LAÚD DE AMOR, de Rabindranath Tagore

"Tal vez por mí palpite tu dormida boca entreabierta."

La estrella

El río avanza, mansamente, abriendo la noche. Las estrellas, desnudas,  tiemblan en el agua. El río traza una línea de rumor en el silencio.

He abandonado mi barca al capricho de las aguas. Tendido cara al cielo  pienso en ti que duermes, extraviada entre los sueños.

Tal vez ahora me sueñes, amor mío, de nocturnos, húmedos ojos estrellados.

Pronto mi barca ha de pasar frente a tu casa, amor mío, extendida en tu sueño  como un río. Tal vez por mí palpite tu dormida boca entreabierta.

Llega una ráfaga de fruta y de jazmín. Este viento ha pasado por tu casa y en él  toco tu sueño y aspiro tu aroma y beso tu boca, amor mío que tal vez ahora andas conmigo, en un jardín, por tu sueño.

Detrás de tu oreja, entre los cabellos, húmedos del baño todavía, arde un jazmín, en tu sueño. Dame la mano y mírame a los ojos, en tu sueño, amor mío, y suavemente,  arrástrame  al círculo mágico en que ahora, dormida, sonríes.

Ya veo, entre la sombra de la orilla, una lucecita que me mira con amoroso parpadeo. Es tu casa: para mí la más dulce, la más cercana y lejana de las estrellas, amor mío.
 
 
Rabindranath Tagore (India, 1861-1941). Obtuvo el premio Nobel en 1913.

jueves, 26 de marzo de 2015

Tu boca: EL SURCO DEL DESEO, de Mario Benedetti

"Bailamos toda la noche. La primera afinidad fueron los tangos..."
 
Ya había cumplido mis veintiún años cuando empecé una relación estable con una muchacha estupenda. No sabría decir si éramos novios “o algo así”, como calificaba Juliska a las que, según ella, eran uniones irregulares. Casi nunca nos veíamos en casa, porque Mariana, que estudiaba Veterinaria, compartía un apartamento en la Aguada con Ofelia, una compañera de estudios, y ésta se iba todos los fines de semana a Maldonado, donde vivía su familia, de manera que el apartamento quedaba a nuestra entera disposición.

A Mariana la conocí en un baile del Club Banco Comercial. Bailamos toda la noche. La primera afinidad fueron los tangos, algo infrecuente entre los jóvenes, pero como entre cada tango y el siguiente transcurría a veces un cuarto de hora, nos sentábamos, tomábamos unos tragos y nos contábamos las respectivas historias, que no eran, vale reconocerlo, demasiado apasionantes. En realidad, no sé qué tramos se dejó ella en el tintero, pero sí sé que yo omití mencionarle al Dandy, mi iniciación con Natalia y mis encuentros con Rita.

Otra zona de exploración mutua fue más importante. Es virtualmente imposible que, después de varios tangos, dos cuerpos no empiecen a conocerse. En esa sabiduría, en ese desarrollo del contacto se diferencia el tango de otros pasos de baile que mantienen a los bailarines alejados entre sí o sólo les permiten roces fugaces que no hacen historia. El abrazo del tango es sobre todo comunicación, y si hubiera que adjetivarla diría comunicación erótica, un prólogo del cuerpo-a-cuerpo que luego vendrá, o no, pero que en ese tramo figura en los bailarines como proyecto verosímil. Y cuanto mejor se lleve en el baile la pareja, cuanto mejor se amolde un cuerpo al otro, cuanto mejor se correspondan el hueso del uno con la tierna carne de la otra, más patente se hará la condición erótica de una danza que empezó siendo bailada por rameras y cafishos del novecientos y que sigue siendo bailada por el cafisho y la ramera que unos y otras llevamos dormidos en algún rincón de las respectivas almitas y que despiertan alborozados y vibrantes cuando empiezan a sonar los acordes de El choclo o Rodríguez Peña.

Así, los sucesivos tangos de aquella noche, que no fue mágica sino muy terrestre, permitieron que mi cuerpo y el de Mariana se conocieran y desearan, se complementaran y necesitaran. Cuando, tres días después, nos despojamos de todo ropaje y nos vimos tal cual éramos, el desnudo textual nos trajo pocas novedades. Desde el quinto tango nos sabíamos de memoria. Algún detalle nuevo (un lunar, siete pecas, el color de los vellos fundamentales) era poco menos que subsidiario y no modificaba la imagen primera, la esencial, la que la disponibilidad sensitiva de cada cuerpo había transmitido a los archivos de la imaginación. La memoria del cuerpo no cae nunca en minucias. Cada cuerpo recuerda del otro lo que le da placer, no aquello que lo disminuye. Es una memoria entrañable, más, mucho más generosa que el tacto ya desgastado de las manos, harto contaminadas de rutina cotidiana. El pecho que toca pechos, la cintura que siente cintura, el sexo que roza sexo, toda esa sabrosa red de contactos, aunque se verifique a través de sedas, casimires, algodones, hilos o telas más bastas, aprenden rápida y definitivamente la geografía del otro territorio, que llegará, o no, a ser amado, pero que por lo pronto es fervorosamente deseado. Después de todo, el germen del amor tendrá mejor pronóstico si se lo siembra en el surco del deseo. ¿Dónde habré leído esto? A lo mejor es mío. Lo anoto para el tema de un cuadro (sin relojes): El surco del deseo. Tal vez suene demasiado literario. Pero no. Debe mostrar a una pareja que baila tango. Sólo eso. El surco del deseo. Nada más. Que el público imagine. Ya queda dicho: entre Mariana y yo la primera alianza fue la de los cuerpos. El suyo era sin duda una de las siete maravillas de mi mundo. El mío era por lo menos un manojo de sensaciones nuevas. Los recorrimos, disfrutándolos, confirmando palmo a palmo la información veraz que transmitiera el tango. Durante varios encuentros seguimos fascinados por esa comunión. No había pregunta de un cuerpo que no supiera o no pudiera responder el otro. ¡Hablábamos tan poco! Creo que teníamos miedo de que la palabra, al invadir nuestro espacio, nos trajera querellas, fracturas, desconfianzas. ¡Y el silencio era tan sabroso, era tan rico el tacto!

Así hasta que las palabras, otras y lejanas palabras, irrumpieron. Una noche llegué a mi casa y Juliska me esperaba con un sobre color crema. “Llegara con mucha perfuma”, observó la yugo con toda la sonrisa de su boca campesina. El sobre llevaba estampillas brasileñas y no había remitente. Esperé hasta llegar a mi cuarto y allí lo abrí. Contenía una postal de Bahía: “Te felicito por la exposición. Me gustó tu aporte a mis agujas de las 3 y 10. No te enjuiciaré por plagio. ¿Has pensado en otra variante de la misma hora? ¿Que ella sea el minutero y él el horario? Sería una buena innovación. Te regalo la idea. O mejor te la cambio por un retrato. Eso sí, píntame con un relojito pulsera que marque las 3 y 10. Ah, y gracias por el homenaje. Besos y besos de mi boca débil en tu boca fuerte, todos de tu Rita".
 
Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009)

miércoles, 25 de marzo de 2015

Tu boca: DESPEDIDA, de J. W. von Goethe

"Ya no cortaré más fragantes rosas para con ellas coronar tu frente."

¡Deja que adiós te diga con los ojos,
ya que a decirlo se niegan mis labios!
¡La despedida es una cosa seria
aún para un hombre, como yo, templado.
 
Triste en el trance se nos hace, incluso
del amor la más dulce y tierna prueba;
frío se me antoja el beso de tu boca
floja tu mano, que la mía estrecha.
 
¡La caricia más leve, en otro tiempo
furtiva y volátil, me encantaba!
era algo así cual precoz violeta,
que en marzo en los jardines arrancaba.
 
Ya no cortaré más fragantes rosas
para con ellas coronar tu frente.
Frances, es primavera, pero otoño
para mí, por desgracia, será siempre.
 
Johann Wolfgang von Goethe (Alemania, 1749-1932)

martes, 24 de marzo de 2015

Tu boca: CARTA A ELENA, de Jacques Darras


(Fragmento)
 
No hay otra religión.
No hay otro enlace que el de tus brazos.
Tus manos se posan sobre mis hombros.
Me mides con tus ojos, que están riendo.
Ríen desde el interior de sí mismos.
Tu boca está seria, tu boca se aproxima.
Tomas mi boca, me das la tuya.
No existe otra religión tan recíproca como el amor.
Las religiones son de amor desnaturalizado.
Las religiones son una imitación del amor.
 
 
(Il n’y a pas d’autre religion.
Il n’y a pas d’autre lien que celui de vos bras.
Vos mains se posent sur mes épaules.
Vous me mesurez avec les yeux, ils rient.
Ils rient à l’intérieur d’eux-mêmes.
Votre bouche est sérieuse, votre bouche s’approche.
Vous me prenez la bouche, vous donnez la vôtre.
Il n’y a pas de religion de l’échange comme l’amour.
Les religions sont de l’amour dénaturé.
Les religions sont une imitation de l’amour.)



Jacques Darras (Francia, 1939)
 
(Traducido del francés por Jules Etienne)

lunes, 23 de marzo de 2015

Tu boca: TORMENTO, de Benito Pérez Galdós

"Tu boca preciosa ¿qué me dijo? ¿No lo recuerdas? Yo sí. ¿Para qué lo dijiste?"

(Fragmento del capítulo XXVIII)

- ¡Oh!, pobre Tormento -exclamó él con honda amargura-. Si eso pudiera ser tan fácilmente como lo dices... Has dicho que no soy un perverso. ¡Qué equivocada estás! Allá en aquellas soledades, varias veces estuve tentado de ahorcarme de un árbol, como Judas, porque yo también he vendido a Cristo. A veces me desprecio tanto que digo: «¿no habrá un cualquiera, un desconocido, un transeúnte que, al pasar junto a mí, me abofetee?». Y te hablaré con franqueza. Mientras fui hipócrita y religioso histrión y no tuve ni pizca de fe. Después que arrojé la careta, creo más en Dios, porque mi conciencia alborotada me lo revela más que mi conciencia pacífica. Antes predicaba sobre el Infierno sin creer en él; ahora que no lo nombro, me parece que si no existe, Dios tiene que hacerlo expresamente para mí. No, no, yo no soy bueno. Tú no me conoces bien. ¿Y qué me pides ahora? Que te deje en paz... ¿Para qué me mirabas cuando me mirabas?

Ante esta pregunta, el espanto de la medrosa subió un punto más. Las cosas que por su mente pasaron habríanle producido una muerte fulminante si el cerebro humano no estuviera construido a prueba de explosiones, como el corazón a prueba de remordimientos.

«¿Para qué me miraste? -repitió el bruto con la energía de la pasión, sostenida por la lógica-. Tu boca preciosa ¿qué me dijo? ¿No lo recuerdas? Yo sí. ¿Para qué lo dijiste?».
 
Ante esta lógica de hachazo, la mujer sin arranque sucumbía.
 
«Las cosas que yo oí no se oyen sin desquiciamiento del alma. Y ahora, ¿lo que tú desquiciaste quieres que yo lo vuelva a poner como estaba?...».
 
 
Benito Pérez Galdós (España, 1843-1920) 

domingo, 22 de marzo de 2015

Tu boca: POR LA MAÑANA SIEMPRE VUELVES, de Cesare Pavese



El resplandor del alba
respira con tu boca
al final de las calles vacías.

Luz gris tus ojos,
dulces gotas del alba
en las colinas oscuras.

Tu paso y tu aliento
como el viento del alba
sumergen las casas.

La ciudad se estremece,
huelen las piedras –
eres la vida, el despertar.
 
Estrella perdida
en la luz del alba,
silbido de la brisa,
tibieza, respiro –
ha acabado la noche.
 
Eres la luz y la mañana.
 
 
Cesare Pavese (Italia, 1908-1950)
 
(Traducido del italiano por José Palacios)

sábado, 21 de marzo de 2015

Tu boca: POEMA 14, de Pablo Neruda

"Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos."

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
 
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.
 
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
 
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
 
Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
 
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
 
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
 
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
 
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
 
 
 Pablo Neruda: Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (Chile, 1904-1973).
Obtuvo el premio Nobel en 1971.

viernes, 20 de marzo de 2015

Tu boca: MUJERES ENAMORADAS, de D. H. Lawrence

"Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche. -Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella..."
 
(Fragmento del capítulo 29: Continental)

El rió más mientras besaba su pelo delicado y perfumado.

- ¿Me amas?

- Sí -repuso él riendo.

Ella levantó de repente la boca para ser besada. Sus labios eran tensos, temblorosos y agotadores; los de él, suaves, profundos y delicados. Él esperó unos pocos momentos en el beso. Luego, una sombra de tristeza penetró en su alma.

- Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche.

- Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella alegremente.

- Pero, ¿por qué pones siempre tiesos los labios? -preguntó él pesaroso.

- No te preocupes -dijo ella rápidamente-. Es mi modo.

Ella sabía que él la amaba; estaba segura de él. Pero no podía abandonar cierto control sobre sí misma, no podía tolerar que él la supiese en cuestión. Se daba a sí misma con placer para que él la amase. Sabía que, a pesar de su júbilo, cuando ella se abandonaba, él estaba también un poco entristecido. Ella podía abandonarse a la actividad de él; pero no podía ser ella misma, no se atrevía a adelantarse desnuda a la desnudez de él. Ella se abandonaba a él o bien se apoderaba de él y reunía su júbilo desde él. Y lo disfrutaba plenamente. Pero nunca estaban del todo juntos, en el mismo momento. Uno de los dos quedaba siempre un poco marginado. Sin embargo, estaba alegre de esperanza, gloriosa y libre, llena de vida y libertad. Y estaba inmóvil, suave y paciente por el momento.

 
 D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930)
 
La ilustración corresponde a Close Up Kiss, óleo que D. H. Lawrence pintó en 1928.

jueves, 19 de marzo de 2015

Tu boca: PRIMAVERA Y MUCHACHA, de Octavio Paz

"La luz bebe luz en tu boca. Tu cuerpo se abre como una mirada..."
 
En su tallo de calor se balancea
La estación indecisa
Abajo
Un gran deseo de viaje remueve
Las entrañas heladas del lago
Cacerías de reflejos allá arriba
La ribera ofrece guantes de musgo a tu blancura
La luz bebe luz en tu boca
Tu cuerpo se abre como una mirada
Como una flor al sol de una mirada
Te abres
Belleza sin apoyo
Basta un parpadeo
Todo se precipita en un ojo sin fondo
Basta un parpadeo
Todo reaparece en el mismo ojo
Brilla el mundo
Tú resplandeces al filo del agua y de la luz
Eres la hermosa máscara del día
Aunque la nieve caiga en racimos maduros
Nadie sacude ramas allá arriba
El árbol de la luz no da frutos de nieve
Aunque la nieve se disperse en polen
No hay semillas de nieve
No hay naranjas de nieve no hay claveles
No hay cometas ni soles de nieve
Aunque vuele en bandadas no hay pájaros de nieve
En la palma del sol brilla un instante y cae
Apenas tiene cuerpo apenas peso apenas nombre
Y ya lo cubre todo con su cuerpo de nieve
Con su peso de luz con su nombre sin sombra


Octavio Paz (México, 1914-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1990.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Tu boca: PLENITUD, de Víctor Hugo

"El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno. Mi alma tiene más fuego que ceniza."

Ya que he acercado mis labios a tu copa aún llena;
Ya que puse entre tus manos mi pálida frente;
Puesto que he respirado el dulce aliento
De tu alma, perfume soterrado en la sombra.
 
Puesto que me fue concedido escuchar lo que dices:
Las palabras donde se derraman los misterios del corazón;
Puesto que te he visto llorar y te he visto sonreír,
Tu boca sobre mi boca y tus ojos en mis ojos.
 
Ya que he visto brillar sobre mi testa encantada
Un rayo luminoso de tu astro, ¡ay!, siempre velado.
Puesto que he visto caer en las ondas de mi vida
Un pétalo de rosa arrancado a tus días;
 
Puedo ahora decir a los años fugaces:
- ¡Pasen! ¡Sigan pasando! ¡Yo no envejeceré más!
Váyanse con todas las flores marchitas,
Tengo en el alma una flor que nadie puede cortar;
 
Ni con sus alas al chocar harán que derrame
El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno.
Mi alma tiene más fuego que ceniza.
Mi corazón tiene más amor que olvido.
 
 
(Puisque j'ai mis ma lèvre à ta coupe encor pleine;
Puisque j'ai dans tes mains posé mon front pâli;
Puisque j'ai respiré parfois la douce haleine
De ton âme, parfum dans l'ombre enseveli;

Puisqu'il me fut donné de t'entendre me dire:
Les mots où se répand le coeur mystérieux;
Puisque j'ai vu pleurer, puisque j'ai vu sourire
Ta bouche sur ma bouche et tes yeux sur mes yeux;

Puisque j'ai vu briller sur ma tête ravie
Un rayon de ton astre, hélas ! voilé toujours
Puisque j'ai vu tomber dans l'onde de ma vie
Une feuille de rose arrachée à tes jours;

Je puis maintenant dire aux rapides années:
- Passez! passez toujours! je n'ai plus à vieillir!
Allez-vous-en avec vos fleurs toutes fanées ;
J'ai dans l'âme une fleur que nul ne peut cueillir!

Votre aile en le heurtant ne fera rien répandre
Du vase où je m'abreuve et que j'ai bien rempli.
Mon âme a plus de feu que vous n'avez de cendre!
Mon coeur a plus d'amour que vous n'avez d'oubli!
)
 
Víctor Hugo (Francia, 1802-1885)
 
(Traducido del francés por Jules Etienne)

martes, 17 de marzo de 2015

Tu boca: NARCISO Y GOLDMUNDO, de Hermann Hesse

"... de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire."

(Fragmento del capítulo XV)

- ¿Por qué me sigues? -le preguntó la dama-. ¿Qué deseas de mí?
 
- Ah -profirió él-, más quisiera dar que recibir. Quisiera ofrecerme a ti como presente, hermosa mujer; haz de mí lo que te plazca.
 
- Bien; veré lo que se puede hacer contigo. Mas si has creído que podías tomar aquí afuera, sin peligro, una flor, te has engañado de medio a medio. Sólo puedo amar a hombres que sean capaces de arriesgar su vida llegado el caso.
 
- No tienes más que mandarme. Lentamente, ella se quitó del cuello una fina cadena de oro y se la entregó.

- ¿Cómo te llamas?
 
- Goldmundo.
 
- Perfectamente, Goldmundo, "boca de oro"; he de gustar tu boca para comprobar si es, en verdad, de oro. Atiende. Al anochecer, te presentarás en el palacio y, enseñando esta cadena, dirás haberla encontrado. No la darás a nadie porque quiero recobrarla de tus manos. Irás tal como estás ahora, aunque te tomen por mendigo. Si alguno de la servidumbre te trata con grosería no te alterarás. Conviene que sepas que en el palacio sólo cuento con dos personas de confianza: el palafrenero Máximo y mi doncella Berta. Procurarás ver a alguno de los dos y le dirás que te conduzca a mi presencia. Con los demás del castillo, incluido el conde, procede con cautela, son enemigos. Quedas advertido. Puede costarte la vida.
 
Le tendió la mano y él se la tomó sonriendo, la besó con dulzura y la rozó levemente con su mejilla. Luego se guardó la cadena y partió cuesta abajo, hacia el río y la ciudad. Las colinas de viñedos estaban ya peladas, de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire. Al mirar, desde lo alto, la ciudad y encontrarla tan amable y cordial, Goldmundo sonrió meneando la cabeza. Pocos días antes estaba muy triste, triste también porque hasta la miseria y el sufrimiento fuesen pasajeros. Y ahora habían ya pasado realmente, habían caído como el dorado follaje de la rama. Le parecía que jamás había irradiado el amor sobre él como a través de aquella mujer cuya erguida figura y rubia y sonriente vitalidad le recordaba la imagen de su madre tal como la llevara en el corazón en los tiempos que estudiaba en el convento. Anteayer mismo hubiese estimado increíble que el mundo pudiera volver a sonreírle tan gozoso y sentir otra vez en la sangre el torrente de la vida, la alegría, la juventud, tan pleno e impetuoso. ¡Qué suerte que aún estuviese vivo, que en aquellos meses terribles la muerte lo hubiese respetado!
 
 
  Hermann Hesse (Alemania, 1877-1962). Obtuvo el premio Nobel en 1946.

lunes, 16 de marzo de 2015

Tu boca: POR EL LITORAL DE TU PATRIA DISTANTE, de Aleksandr Pushkin

"... tú, en el último sueño te has dormido, tu hermosura y tu dolor se han ido para en una tumba reposar..."

Por el litoral de tu patria distante
abandonaste esta tierra extranjera.
En la triste hora sin olvido,
he llorado sin reposo ante ti
el dolor de esta gran pena.
Mientras mis manos heladas
se aferraban inútiles a tu vida
tratando con ansia de prolongar
el momento de la despedida.
Tus labios se despegaron de mi abrazo
y arrancaste tu boca de la mía.
Desde el país sombrío
del exilio, me decías:
Allí nos reuniremos, amor,
a la sombra de los viejos olivos
bajo el eterno azul de un cielo en resplandor.
Mas en ese lejano país
donde brillan los días sin olvido,
y las olas duermen junto a los acantilados,
tú, en el último sueño te has dormido,
tu hermosura y tu dolor se han ido
para en una tumba reposar,
también ese beso del encuentro...
¡He de esperarlo, porque me lo has de dar!
 
 
Aleksandr Pushkin (Rusia, 1799-1837)

(Versión al español de Sergio Paratov)

domingo, 15 de marzo de 2015

Tu boca: LA NOVIA ROBADA, de Juan Carlos Onetti


(Fragmento)
 
Este relato de Juan Carlos Onetti transcurre precisamente un 15 de marzo: "Sin consonantes, aquel otoño que padecí en Santa María nada pasaba hasta que un marzo quince empezó sin violencia..."
 
Comparado con tu boca, por primera vez suave y bondadosa, nada que pueda decirte recordando tiene importancia. Comparándolo con el olor que te invade y te rodea, nada importa. Menos yo, claro, entre todos, yo que empiezo a oler la primera, tímida, casi grata avanzada de tu podredumbre. Porque yo siempre estuve viejo para ti y no me inspiraste otro deseo posible que el de escribirte algún día lejano una orillada carta de amor, una carta breve, apenas, un alineamiento de palabras que te dijeran todo. La corta carta, insisto, que yo no podía prever te veía pasar, grotesca y dolorosa por las calles de Santa María, o te encontraba grotesca y dolorosa, impasible, con la terca resolución de tu disfraz entre la nunca revelada burla en cualquier rincón, y yo contribuía sin palabras a crear e imponer un respeto que se te debía desde siglos por ser hembra y transportar recatada e ineludible tu persona entre las piernas.


Juan Carlos Onetti (Uruguay, 1909-1994)

sábado, 14 de marzo de 2015

Tu boca: MADRIGAL DE VERANO, de Federico García Lorca


Junta tu roja boca con la mía,
¡oh Estrella la gitana!
Bajo el oro solar del mediodía
morderá la manzana.

En el verde olivar de la colina
hay una torre mora,
del color de tu carne campesina
que sabe a miel y aurora.

Me ofreces en tu cuerpo requemado
el divino alimento
que da flores al cauce sosegado
y luceros al viento.

¿Cómo a mí te entregaste, luz morena?
¿Por qué me diste llenos
de amor tu sexo de azucena
y el rumor de tus senos?

¿No fue por mi figura entristecida?
(¡Oh mis torpes andares!)
¿Te dio lástima acaso de mi vida,
marchita de cantares?

¿Cómo no has preferido a mis lamentos
los muslos sudorosos
de un San Cristóbal campesino, lentos
en el amor y hermosos?


Danaide del placer eres conmigo.
Femenino Silvano.
Huelen tus besos como huele el trigo
reseco del verano.

Entúrbiame los ojos con tu canto.
Deja tu cabellera
extendida y solemne como un manto
de sombra en la pradera.

Píntame con tu boca ensangrentada
un cielo del amor,
en un fondo de carne la morada
estrella de dolor.

Mi pegaso andaluz está cautivo
de tus ojos abiertos;
volará desolado y pensativo
cuando los vea muertos.

Y aunque no me quisieras te querría
por tu mirar sombrío,
como quiere la alondra al nuevo día,
sólo por el rocío.

Junta tu roja boca con la mía,
¡oh Estrella la gitana!
Déjame bajo el claro mediodía
consumir la manzana.
 

 

Federico García Lorca (España, 1898-1936)

viernes, 13 de marzo de 2015

Tu boca: DOÑA FLOR Y SUS DOS MARIDOS, de Jorge Amado

"¿... mi nombre digno, mi honra de casada?, ¿qué me importan? Toma todo eso en tu boca ardiente..."

(Fragmento del capítulo 20)

Y en la sala se abrieron las puertas del cielo e irrumpió el canto de aleluya.
 
«¿Dónde se vio yogar en camisón?» Doña Flor quedó tan desnuda como él, vistiéndose y completándose el uno con la desnudez del otro. Una lanza de fuego la traspasó y Vadinho la deshonró por segunda vez: una antes, cuando era doncella, otra ahora, de casada (y si tuviera otras honras también se las quitaría). Y allá se fueron los dos por las praderas de la noche, hasta las orillas de la mañana.
 
Nunca se entregaba de ese modo, tan suelta, tan fogosa, con tan ardiente voracidad, con tanto delirio. ¡Ah, Vadinho!, si tú tenías hambre y sed, ¿qué decir de mí, sostenida con un régimen escaso y soso, sin sal y sin azúcar, casta esposa de un marido respetador y sobrio? ¿Qué me importa lo que digan la calle y la ciudad; mi nombre digno, mi honra de casada?, ¿qué me importan? Toma todo eso en tu boca ardiente de cebolla cruda y quema en tu fuego mi decencia innata, rasga con tus espuelas mi antiguo pudor, soy tu perra, tu yegua, tu puta.
 
Fueron y vinieron, partieron y llegaron, y, apenas volvían, ya partían de nuevo, siempre de llegada, siempre de regreso. Tantas nostalgias y tantas metas a cumplir todas alcanzadas, algunas repetidas.
 
Insolente y bienamada, sucia y linda, la boca de Vadinho le decía tantas indecencias, le recordaba las dulzuras de otro tiempo.
 
 
Jorge Amado (Brasil, 1912-2001)

La ilustración corresponde a una puesta en escena en Paraguay de la versión teatral sobre la novela original.