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Vancouver: luz de agosto en English Bay.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Tu boca: EL BESO (Las canciones de Bilitis), de Pierre Louÿs

"¡Besaré de un extremo a otro las largas alas negras de tu nuca, ¡Oh dulce avecilla...!"
 
El beso
 
¡Besaré de un extremo a otro las largas alas negras de tu nuca, ¡Oh dulce avecilla, paloma presa cuyo corazón salta bajo mi mano!

Tomaré tu boca con mi boca, como un niño toma el seno de su madre. ¡Estremécete!... Que el beso penetra profundamente y bastará el amor.

Pasearé mi lengua ligera sobre tus brazos, en torno a tu cuello, y haré rodar sobre tus costados nerviosos la tensa caricia de mis uñas.

Escucha susurrar en tu oído todo el rumor del mar... ¡Mnasidika! Tu mirada me hace daño. Encerraré en mi beso tus párpados ardientes como labios.
 
 
Pierre Louÿs (Francés nacido en Bélgica, 1870-1925).


domingo, 8 de septiembre de 2019

Canícula: MOBY DICK, de Hermann Melville


"¡... cuando la tempestad te devore con tarabillas, botones y todo lo demás!"

(Fragmento del capítulo VI: La calle)

Ningún elegante de ciudad se puede comparar con uno de campo -me refiero al verdadero patán-: un tipo que, durante la canícula, es capaz de arar sus dos acres con guantes de gamuza para no tostarse las manos. Ahora bien, cuando a un elegante de campo como éste se le mete en la cabeza conseguir reputación de distinguido, y se alista en las grandes pesquerías de ballenas, habría que ver las cosas tan ridículas que hace al llegar al puerto. Al encargar su indumentaria marina, pide botones de bronce para su chaleco y trabillas para sus pantalones. ¡Ah, pobre retoñito, qué amargamente estallarán al primer ulular de la borrasca, cuando la tempestad te devore con tarabillas, botones y todo lo demás!
 
 
Hermann Melville (Estados Unidos, 1819-1891).

sábado, 7 de septiembre de 2019

Venecia: LA CORTESANA, de Pietro Aretino

 
(Fragmento del tercer acto, escena VII)

Flaminio: Tal vez me vaya a Venecia, donde he estado ya, y enriqueceré mi pobreza con su libertad, porque al menos allí no está en las manos del primer favorito o favorita el matar a cualquier pobrete; únicamente en Venecia tiene la justicia su balanza en equilibrio; allí el solo temor a la caída de otro, no te induce a adorar a quien el día anterior reñías por un miserable; y el que de su mérito dude, mire de qué manera Dios la exalta. Verdaderamente, Venecia es la ciudad santa, el paraíso terrenal. La dulce comodidad de aquellas góndolas es deleitoso recreo para los ratos de ocio. No se hable allí de cabalgar. ¿Para qué? Cabalgar, es azote de calzas, desesperación de criados y quebradero de cuerpos.
 
Valerio: Dices bien, y además la vida está allí más asegurada y en potencia de ser más larga que en ninguna otra parte; pero hallo que los días se hacen pesados e interminables.
 
Flaminio: ¿Por qué?
 
Valerio: Por faltar la conversación de virtuosos.
 
Flaminio: Estás mal enterado. Los virtuosos y la gentileza de espíritu residen sin duda en Venecia, como la villanía y la envidia en Roma.
 
 
Pietro Aretino (Italia, 1492-1556).
 
(Traducido de la lengua toscana por Fernán Xvarez en 1607).

viernes, 6 de septiembre de 2019

Tu boca: CENIZAS, de Grazia Deledda

 
(Del capítulo VIII, fragmento de la carta de Margarita a Anania escrita poco después de la medianoche)
 
«Recuerda, Anania, ¡recuerda! Incluso anoche me dijiste que desde la cumbre del Gennargentu lloraste tu amor, proclamándolo eterno. Así que estabas mintiendo; ¿Estabas mintiendo anoche? ¿Y por qué?... ¡Por qué me tratas así! ¿Qué hice para merecer tanto dolor? ¿Será posible que no recuerdes cuánto te he amado siempre? ¿Recuerdas que una noche estuve en la ventana y me tiraste una flor después de besarla? Guardo esa flor para adornar mi vestido de novia; y digo que la guardo porque estoy seguro de que serás mi esposo amado, que no querrás ver morir a tu Margarita (¿y tu soneto lo recuerdas?), que seremos tan felices, en nuestra casita, solos, solos con nuestro amor y nuestro deber. Estoy esperando, ahora mismo, una palabra de esperanza. Dime que todo fue un sueño tormentoso; dime que la razón ha regresado a ti, y que te arrepientes de haberme hecho sufrir.
 
«Mañana por la noche, o más bien esta noche, porque ya es pasada la una, te estaré esperando; no te lo pierdas; ven, adorado, ven, mi amado esposo, ven: te esperaré como la flor espera el rocío después de un día de sol ardiente; ven, déjame revivir, déjame olvidar; ven, adorado, mis labios, ahora bañados en lágrimas amargas, descansarán sobre tu boca amada como....»
 
- ¡No! ¡No! ¡No! -dijo Anania convulsivamente, retorciendo la carta sin leer las últimas líneas-. ¡No voy a ir! ¡Eres vil, eres un vil cobarde! Moriré, pero nunca me volverás a ver.
Apretando las sábanas con el puño se arrojó sobre la cama y escondió su rostro en la almohada, mordiéndola, conteniendo los sollozos que le hinchaban la garganta.
 
Un apasionado temblor lo recorría todo, de los pies a la nuca, la invocación de Margarita le dejaba un sombrío deseo de sus besos y durante un largo rato luchó amargamente contra la descabellada necesidad de leer la carta hasta el final.
 
Mas poco a poco recuperó la conciencia de sí mismo y de lo que sentía. Le parecía que haber visto a Margarita desnuda, y sentir por ella un amor delirante le provocaba un disgusto tan profundo que aniquilaba ese mismo amor.
 

Ricorda, Anania, ricorda! Anche ieri notte mi dicevi che dalla vetta del Gennargentu gridasti il tuo amore, proclamandolo eterno. Dunque mentivi; anche ieri notte mentivi? E perchè?... Perchè mi tratti così! Che ho fatto io per meritarmi tanto dolore? Possibile che tu non ricordi come ti ho sempre amato? Ricordi una sera che io stavo alla finestra e tu mi buttasti un fiore, dopo averlo baciato? lo conservo quel fiore per ornarme il mio vestito da sposa; e dico conservo perchè son certa che tu sarai il mio sposo diletto, che tu non vorrai far moriré la tua Margherita (e il tuo sonetto, lo ricordi?), che saremo tanto felici, nella nostra casetta, soli, soli col nostro amore ed il nostro dovere. Sono io che aspetto da te, súbito, una parola di speranza. Dimmi che tutto fu un sogno tormentoso; dimmi que la ragione  è ritornata in te, e che ti penti d'avermi fatto soffrire.
 
«Domani notte, o meglio stanotte, perchè è già passata la una, ti aspetto; non mancare; vieni, adorato, vieni, diletto mio, mio amato sposo, vieni: io ti aspetterò come il fiore aspetta la rugiada dopo una giornata di sole ardente; vieni, fammi rivivere, fammi dimenticare; vieni, adorato, le mie labbra, ora bagnate d’amaro pianto, si poseranno sulla tua bocca amata come....»
 
- No! no! no! -disse convulso Anania, torcendo la lettera senza leggerne le ultime righe-. 
Non verrò! Sei vile, vile, vile! Morrò ma non mi vedrai mai più.
 
Coi fogli stretti nel pugno si gettò sul letto, e nascose il viso sul guanciale, mordendolo, comprimendo i singhiozzi che gli gonfiavano la gola.
 
Un fremito di passione lo percorreva tutto, dai piedi alla nuca; le invocazioni di Margherita gli davano un desiderio cupo dei baci di lei, e a lungo lottò acerbamente contro il folle bisogno di rileggere la lettera sino in fondo.
 
Ma a poco a poco riprese coscienza di sè e di ciò che provava. Gli parve di aver veduto Margherita nuda, e di sentire per lei un amore delirante e un disgusto così profondo che annientava lo stesso amore.)
 
 
Grazia Deledda (Italia, 1871-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1926.
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne).

jueves, 5 de septiembre de 2019

Tu boca: HISTORIA DEL BESO, de Kristoffer Nyrop

"El beso implica la vida, incluso otorga el don de la eterna juventud..."

(Fragmento del capítulo II: Besos de amor)

El beso implica la vida, incluso otorga el don de la eterna juventud, si se puede creer en las palabras del Duque de Anhalt, el Minnesinger*:

Tu boca es carmesí, sobre su dulce portal
parece que eterno a un genio amable evoca.
Si pudiera darte un beso en la boca
creo que entonces me volvería inmortal.


Kristoffer Nyrop (Dinamarca, 1858-1931).
 
(Traducido al español por Jules Etienne).
* Minnesinger era un poeta trovador alemán que durante los siglos XII al XIV interpretaba canciones de amor. 

martes, 3 de septiembre de 2019

LAS ISLAS DE LA IMPRUDENCIA, de Robert Graves


 
(Fragmento del capítulo 6: Lo que acaeció en Paita)
 
El vicario volvió a su breviario, el coronel a su botella y todo volvió a estar tranquilo. Pero menos de media hora más tarde, se organizó un nuevo alboroto. Sucedió que el ordenanza de don Diego de Barreto llevaba un ramillete de cintas de colores y una imagen de seda prendidas del sombrero, y otro gran ramillete en el pecho. El coronel salió repentinamente de una cabina y, asestándole una patada, le preguntó:
 
– Dime, borrico ¿quién es el borracho de tu amo y cuándo te montará para ir contigo al mercado con los nabos?
 
El soldado, cogido de sorpresa, se volvió para vengarse, pero cuando reconoció al coronel, contestó con suma cortesía:
 
– Si place a su señoría, soy Juan de la Roca, el ordenanza del alférez Diego de Barreto, a las órdenes de su señoría.
 
– ¿Y te dijo el noble alférez que te convirtieras en bufón para vergüenza de tu compañía con ese atuendo ridículo en contra de las normas establecidas?
 
– Sí, vuestra señoría, tengo su plena autorización; no me habría atrevido de lo contrario. Sabed que hoy es el día de San José, y que yo soy de San José, más allá de Cherrepé, donde todo hijo leal lleva las mismas galas por amor de nuestro patrono.
 
– ¡De todos los santos del calendario –vociferó el coronel arrancando las cintas y pisoteándolas– el vuestro me es el más repugnante, a mí y a cualquier hombre de honor! ¿No oíste nunca de cómo desairó a Nuestra Señora cuando ella estaba preñada y tenía antojo de cerezas? Que no vuelva a atraparte nunca otra vez disfrazado, campesino, a no ser en martes de carnaval, y entretanto... –aquí levantó su bastón– toma esto y esto y esto como recordatorio.


Robert Graves (Inglaterra, 1895-1985).

domingo, 1 de septiembre de 2019

SEPTIEMBRE, de Hermann Hesse


El jardín está triste,
la fría lluvia pesa sobre las flores.
El verano tiembla
dulcemente hacia su fin.
 
Doradas, gota a gota, caen las hojas
de lo alto de la acacia.
El verano sonríe, sorprendido y cansado,
entre el sueño de los jardines que se mueren.
 
Largamente, entre las rosas
se detiene todavía, desea el reposo.
Lentamente cierra
sus ya cansados ojos.
 
(Der Garten trauert,
kühl sinkt in die Blumen der Regen.
Der Sommer schauert
Still seinem Ende entgegen.
 
Golden tropft Blatt um Blatt
nieder vom hohen Akazienbaum.
Sommer lächelt erstaunt und matt
in den sterbenden Gartentraum.
 
Lange noch bei den Rosen
bleibt er stehen, sehnt sich nach Ruh.
Langsam tut er die (grossen)
müdgewordnen Augen zu.)
 
 
Herman Hesse
(Alemán nacionalizado suizo, 1877-1962). Obtuvo el premio Nobel en 1946.

miércoles, 28 de agosto de 2019

DECIR ADIÓS ES MORIR UN POCO (Páginas 122 y 123)

"... nada se equipara a una noticia con sabor a café por la mañana."

Capítulo 12: Mayo es el mes más cruel

(Fragmento)

En esta ciudad, mientras no llegue la temporada de lluvias, abril y mayo resultan más cálidos que cualquier mes del verano. Es lunes, la fecha prevista para publicar la noticia con el fin de que tenga cuerda durante toda la semana. Te aseguraron que enviarían temprano un ejemplar del periódico a tu domicilio y deberás presentarte a una junta a las doce, una vez que hayan calculado el impacto de la información, para decidir el manejo que se le dará en los días subsecuentes. Alguien toca el timbre, abres la puerta y es un mensajero del periódico, quien te lo entrega. La nota ocupa las ocho columnas de la edición. Fotos del edificio de Publincor junto a los contratos. Preparas una taza de café colombiano del que te trajo Septién de Cartagena, a donde va cada año para asistir al festival de cine. Puedes decir que la disfrutas debidamente aromatizada. Por más que la televisión y la radio se empecinen, nada se equipara a una noticia con sabor a café por la mañana. Es la mejor expresión de la Galaxia Gutenberg. Si bien a un periodista ese placer de saborear un suceso le está vedado. Desde el momento de leerlas impresas, son las noticias de ayer y hay que salir a la calle para buscar las nuevas.

El sol se ha apoderado por completo del escenario. Es el protagonista de una mañana reverberante. Una de las ventajas de este clima es la ropa ligera que ostentan las mujeres, para dejar al descubierto generosos retazos de piel y que la libido masculina sospeche el resto del cuerpo con la libertad de la imaginación. Aunque en algunos casos habría que reconocerlo como una desventaja, porque esa gorda que zangolotea sus adiposidades frente a ti, con una ombliguera que deberían prohibirle portarla en lugares públicos bajo el cargo de faltas a la moral, y unos pantalones blancos tan ajustados, que resaltan las pantaletas rojas incapaces de disimular sus desbordados glúteos morenos. Paradigma de la ausencia de estética, a eso no se le puede considerar una mujer, sino una masa de lonjas en movimiento.
 
 
Jules Etienne

domingo, 18 de agosto de 2019

Tu boca: CUANDO EL AMOR VOLÓ POR LA VENTANA, de Leonard Merrick

"Ella imaginó como se vería el mar cuando apareciera la luna. El anhelo de contemplarlo la emocionó y la impulsó a asomarse de nuevo a la ventana."
 
(Fragmentos)
 
Capítulo II
 
Sacudió su cabeza hacia ambos lados y concluyó la entrevista.
 
- Bueno, estás de suerte -exclamó la señorita Joyce mientras bajaban-. Que pronto se arregló todo, ¿no? También tienes una linda voz, querida. Sabía que llegarían a un acuerdo apenas abrieras tu linda boca.
 
Meenie le expresó su gratitud; se pasearon juntas unos cuantos metros en el atarde- cer.
 
Capítulo XXI
 
Ella imaginó como se vería el mar cuando apareciera la luna. El anhelo de contem- plarlo la emocionó y la impulsó a asomarse de nuevo a la ventana.
 
- ¡Ralph, es sábado! -exclamó.
 
 
Leonard Merrick (Inglaterra, 1864-1939).
 
(Traducido del inglés por Jules Etienne). 

martes, 6 de agosto de 2019

Tu boca: HORMIGAS, de Ramón López Velarde

"Antes que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca..."

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
 
 
Ramón López Velarde (México, 1888-1921).

viernes, 2 de agosto de 2019

Tu boca: ELIS, de Georg Trakl

"Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes."
 
I
 
Es profundo el silencio de esta tarde dorada.
Bajo viejas encinas
Apareces tú, Elis, yaciente de los ojos redondos.
 
Su azul refleja el dormitar de los amantes.
En tu boca
Enmudecieron los rosados suspiros.
 
Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes.
Un buen pastor
Lleva su rebaño por el filo del bosque.
Oh qué justos son, Elis, todos tus días.
 
Callado baja
Por áridos muros el silencio del olivo,
Desvanece de un anciano el oscuro cantar.
 
Una barca dorada
Mece, Elis, tu corazón en el solitario firmamento.
 
 
Georg Trakl (Austria, 1887-1914).
 
(Traducido al español por Juan García Ponce en colaboración con Roger von Gunten).

jueves, 1 de agosto de 2019

Tu boca: CARINA o la joven loca por su alma, de Fernand Crommelynck

"Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón."
 
(Fragmento de un diálogo entre Federico y Carina)

(Baja la mirada, pero él pone la cabeza de ella contra su hombro y prosigue, con más ternura). Tú tienes veinte años. ¿De qué nostalgias de garras y de terciopelo te sientes atravesada, si te vuelve de entre los años la frescura de tu primer beso? Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón. ¿Te hablaré del inocente amor que está contenido en una frágil forma humana, en un rostro pequeño, en el círculo de un ojo. En toda una región, con sus montañas, sus desfiladeros de sombras y rumores, sus aldeas y villorrios, en un continente y en el universo sin contornos, del inocente amor que quiere ver una mirada tierna, ilimitada como el azul, bañando los cabos, ciñendo las islas, ahogando a las constelaciones? De suerte que felicidades o infelicidades no tienen ya sino un solo o mismo nombre: Arturo, si tú quieres, o España, o Milán... y que, en mi recuerdo, semejantes a estatuas, mis amantes con nombres de ciudades lleven en ofrenda o sobre su mano tendida, en una un campanario fino, la otra un barco ornado. O que entre las ciudades con nombres de mujer, ésta, maquillada, empolvada, eleve su brisa carnal, mientras que aquélla, lánguida bajo la cortina negra y oro, aviente mi corazón de sus pesados párpados.


Fernand Crommelynck (Dramaturgo belga nacido y muerto en Francia, 1886-1970).
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de la obra dirigida por Michaël Delaunoy, con Charlotte Villalonga como Carina y Damien De Dobbeleer.

miércoles, 31 de julio de 2019

Tu boca: EL INTRUSO, de Delmira Agustini

"... y tiemblo si tu mano toca la cerradura..."

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.
 
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.
 
¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
 
y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera.
 
 
       Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914).

martes, 30 de julio de 2019

Tu boca: MUJERES ENAMORADAS, de D. H. Lawrence

"Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche. -Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella..."
 
(Fragmento del capítulo 29: Continental)

El rió más mientras besaba su pelo delicado y perfumado.

- ¿Me amas?

- Sí -repuso él riendo.

Ella levantó de repente la boca para ser besada. Sus labios eran tensos, temblorosos y agotadores; los de él, suaves, profundos y delicados. Él esperó unos pocos momentos en el beso. Luego, una sombra de tristeza penetró en su alma.

- Tu boca es tan dura -dijo él con débil reproche.

- Y la tuya es tan suave y agradable -dijo ella alegremente.

- Pero, ¿por qué pones siempre tiesos los labios? -preguntó él pesaroso.

- No te preocupes -dijo ella rápidamente-. Es mi modo.

Ella sabía que él la amaba; estaba segura de él. Pero no podía abandonar cierto control sobre sí misma, no podía tolerar que él la supiese en cuestión. Se daba a sí misma con placer para que él la amase. Sabía que, a pesar de su júbilo, cuando ella se abandonaba, él estaba también un poco entristecido. Ella podía abandonarse a la actividad de él; pero no podía ser ella misma, no se atrevía a adelantarse desnuda a la desnudez de él. Ella se abandonaba a él o bien se apoderaba de él y reunía su júbilo desde él. Y lo disfrutaba plenamente. Pero nunca estaban del todo juntos, en el mismo momento. Uno de los dos quedaba siempre un poco marginado. Sin embargo, estaba alegre de esperanza, gloriosa y libre, llena de vida y libertad. Y estaba inmóvil, suave y paciente por el momento.

 
 D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930).

lunes, 29 de julio de 2019

Tu boca: LA LLUVIA ES TU VESTIDO, de Corrado Govoni


La lluvia es tu vestido.
El fango son tus zapatos.
Tu pañuelo es el viento.
Pero el sol es tu sonrisa y tu boca,
y la noche del heno son tus cabellos.
Pero tu sonrisa y tu cálida piel
son el fuego de la tierra y las estrellas.

(La pioggia è il tuo vestito.
Il fango è le tue scarpe.
La tua pezzuola è il vento.
Ma il sole è il tuo sorriso e la tua bocca
e la notte dei fieni i tuoi capelli.
Ma il tuo sorriso e la tua calda pelle
è il fuoco della terra e delle stelle
.)


 Corrado Govoni (Italia, 1884-1965).
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne).

miércoles, 24 de julio de 2019

Tu boca: ULISES, de James Joyce

"Blancas tus manos, roja tu boca y tu cuerpo es delicado."

(Fragmento del episodio tercero: Proteo)

Bésala, tíratela en jerga de pícaros, porque ¡Ay, mi linda gachona amorosa! Blancura satánica bajo sus rancios harapos. En Fumbally's Lane aquella noche: los tufos de la curtiduría.
Blancas tus manos, roja tu boca
y tu cuerpo es delicado.
Ven conmigo a la alcoba.
En la noche besoy abrazo.

Morosa delectación llama el Aquino barrigón a esto, frote porcospino. Adán sin mancha cabalgaba sin brama. Llámale déjale: tu cuerpo es delicado. Lengua ni chispa peor que la suya. Palabras frailunas, chirlería de rosarios marianos en sus cordones: picardías, pepitas que se entrechocan en sus bolsillos.
 
Pasan ahora.
 
Ojeada de soslayo a mi sombrero de Hamlet. ¿Si estuviera repentinamente desnudo aquí tal como estoy sentado? No lo estoy. Por las arenas de todo el mundo, seguida por la espada llameante del sol, hacia el oeste, emigrando a tierras del lubrican.
 
 
James Joyce (Irlanda, 1882-1941).

martes, 16 de julio de 2019

Tu boca: CANCIONES A GUIOMAR, de Antonio Machado

"No sabía  si era un limón amarillo lo que tu mano tenía..."

I
 
No sabía
si era un limón amarillo
lo que tu mano tenía,
o un hilo del claro día,
Guiomar, en dorado ovillo.
Tu boca me sonreía.
Yo pregunté: ¿qué me ofreces?
¿Tiempo en fruto, que tu mano
eligió entre madureces
de tu huerta?
¿Tiempo vano
de una bella tarde yerta?
¿Dorada ausencia encantada?
¿Copia en el agua dormida?
¿De monte en monte encendida,
la alborada
verdadera?
¿Rompe en sus turbios espejos
amor la devanadera
de sus crepúsculos viejos?
 
 
Antonio Machado (España, 1875-1939).

lunes, 15 de julio de 2019

Tu boca: CARLOTA EN WEIMAR, de Thomas Mann

"A continuación dijo: El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras."

(Párrafo del capítulo VII)

Cantaba “Conoces tú el país…”; yo tenía lágrimas en los ojos; también ella, la amable amada que he ataviado con turbante y chal. Ella dijo: “De qué manera la música modera la marcha de las horas, cuántos múltiples acontecimientos e impresiones concentra en un breve instante, cuando el interés de la audición hace creer que ha transcurrido un largo tiempo. ¿Qué es el instante y la duración?”. Le alabé su observación, y en el fondo del alma le daba la razón. A continuación dijo: “El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras”. Le leí Los siete durmientes, La danza macabra, y luego, Sólo este corazón tiene duración, No quiero perderte nunca, Dime, querida, ¿qué es un murmullo?, y Sobre las alas de la aurora, fui arrojada contra tu boca. La noche de luna llena estaba avanzada. Alberto se durmió, se durmió Weimar con las manos cruzadas sobre su estómago, y el buen hombre fue escarnecido. Nos separamos a la una de la madrugada. Estaba de tan buen humor, que quise hacer a Boisseré, en mi balcón, mi demostración de la sombra coloreada. Ella nos espiaba desde su terraza; la vi muy bien.

Thomas Mann
(Escritor alemán nacionalizado primero checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).
Obtuvo el premio Nobel en 1929.
 
(Traducido al español por R. Coll Robert).

viernes, 12 de julio de 2019

Tu boca: EL DIABLO SE APARECE, de Rainer María Rilke

"Desde entonces siempre, en cualquier parte, tenía cerca una copa de vino..."

(Fragmento inicial)

Al conde Paul lo tenían por irascible. Cuando la muerte le arrebató antes de tiempo a su joven esposa, le arrojó a la cara todo lo que poseía: sus bienes, su dinero, e incluso a sus favoritas. Aún formaba parte del cuerpo de los dragones de Windischgrätz. Allí, en ocasiones, se encontraba con el barón Sterowitz.

- Tu boca es casi como la de la difunta condesa.
 

El viudo se emocionó. Desde entonces siempre, en cualquier parte, tenía cerca una copa de vino; pues ésta le parecía la única posibilidad de ver venir siempre a su encuentro la boca adorada. El hecho es que dos años después al conde Paul no le quedaba ni una octava parte de sus posesiones.

 

A pesar de todo nos pidió, en una ocasión en que, casualmente, estábamos cerca de una de las propiedades de los Felderode, que fuéramos con él.

 

- Tengo que mostrarorles la cuna de mi dicha -nos aseguró volviéndose hacia las damas-, el lugar donde se me permitió ser un niño.

 

Hacía una buena tarde de agosto y nos encontrábamos un pequeño grupo en Gross-Rohozec. Que se hiciera tan larde tuvo que ver con el estado de ánimo del conde. Estaba radiante. Nadie se movía del sitio de puro encanto. Al final acordamos visitar el palacio y el parque a la mañana siguiente (puesto que en ese momento ya no era hora de visita), y ver ponerse el sol desde lo alto de las ruinas.

 
- Mis ruinas -exclamó el conde, y fue como si su voz envolviera las viejas murallas igual que una gabardina su delgada figura.
 
Rainer María Rilke
(Escritor en lengua alemana nacido en Praga, 1875-1928).
 

(Traducido al español por Isabel Hernández).

jueves, 11 de julio de 2019

Tu boca: LA CANCIÓN DEL BESO, de José Santos Chocano

"Si sonríes... no copiaran tus sonrisas los pinceles; que en tu boca hay si sonríes con sonrisa de la aurora..."
 
¿No deseas que te diga lo que sueño al contemplarte
con los labios sonrientes, con los ojos en el cielo,
como ansiando sobre el ala de un suspiro evaporarte,
muda, extática y radiosa, cual un témpano de hielo?
¿No deseas que te cuente lo que tengo que contarte?
Si me prendo a tus amores como el náufrago a la tabla,
saber debes las zozobras de este náufrago del arte...
                     
-
Habla... ¡Habla!

Te diré lánguidamente lo que dicen las espumas
a la roca que en los bancos de la orilla se levanta,
lo que grita la gaviota que se escapa de las brumas,
lo que llora el tumbo altivo que en la arena se quebranta;
y tú, en cambio, enterneciendo mis fatídicos pesares,
mil arpados ruiseñores soltarás de la garganta:
cantarás el canto eterno del Cantar de los Cantares...
                     
-
Canta... ¡Canta!

Tu silencio me seduce, tu palabra me enamora...
Si sonríes... no copiaran tus sonrisas los pinceles;
que en tu boca hay si sonríes con sonrisa de la aurora
hoyos,
-tumbas para besos, -rosas, -
copas para mieles.
Sé que cautivas las almas cuando tu pupila llora;
pero ¡ay! del poeta incauto que en tu risa se confíe:
en tus risas hay punzadas como espinas en la flora...
                     
-
Ríe... ¡Ríe!

Tú no sabes los placeres sublimados de la boca:
besa y ríe y canta y habla, besa y ríe y nunca cesa...
¡Tú no sabes las delicias que suavemente provoca
el chasquido de unos labios sobre otros labios de fresa!
La sonrisa con que pagas el amor que te dedico
suele abrirse como abriese su abanico una princesa:
dar un beso es dar un golpe; dame un golpe de abanico...
                     
-Besa... ¡Besa!
 
 
José Santos Chocano (Peruano fallecido en Chile, 1875-1934).