Vancouver: atardecer en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne)

miércoles, 12 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: ESTROFAS DE CENIZA EN EL TINTERO


El poeta inglés Lionel Johnson (1867-1902) se convirtió al catolicismo en 1891, tal como lo hiciera T. S. Eliot casi cuarenta años después, aunque a diferencia de éste, fue la muerte de un amigo el motivo que le impulsó a escribir su poema también titulado
Miércoles de ceniza.

¡Memento, homo, quia pulvis es!
Hoy la cruz de cenizas marca mi frente:
Ayer, durmiendo solemne yacías tú,
¡Oh de antaño querido para mí, y más querido ahora!
¡Memento, homo, quia pulvis es!

(Memento, homo, quia pulvis es!
Today the cross of ashes mark my brow:
Yesterday, laid to solemn sleep wert thou,
O dear to me of old, and dearer now!
Memento, homo, quia pulvis es!)

Como nota al calce cabe señalar que fue él quien introdujo a Lord Alfred Douglas con Oscar Wilde, cuya intimidad escandalizó a la rígida sociedad victoriana, relación que criticó sin piedad en El destructor de un alma (The Destroyer of a Soul, 1892).
Estas son un par de estrofas con tono un tanto necrófilo, del poema dedicado al miércoles de ceniza escrito por Louise Levêque de Vilmorin (Francia, 1902-1969):

Iré gustoso, el Miércoles de Ceniza,
Borrando de tu frente el anuncio de la muerte,
Para traerte la muerte lenta al abrigo de mis brazos.

Con mucho gusto iré, el miércoles de ceniza, a
darte esa muerte que el amor sigue esperando.

(J’irai bien volontiers, le Mercredi des Cendres,
Effaçant de ton front l’annonce du trépas,
Te porter la mort lente à l’abri de mes bras.

J’irai bien volontiers, le Mercredi des Cendres,
Te donner cette mort que l’amour fait attendre.)

Contemporáneo y de notoria raigambre religiosa es Marcado por cenizas, incluido en Oraciones para gente privilegiada (Prayers for a Privileged People, 2008), de Wal- ter Brueggemann, más bien una plegaria con aliento poético:

Este miércoles está muy lejos del miércoles de ceniza,
pero todos nuestros miércoles están marcados por las cenizas -
comenzamos este día con ese sabor a ceniza en la boca:
de esperanza fallida y promesas rotas,
de niños olvidados y mujeres temerosas,
nosotros mismos somos cenizas a las cenizas, polvo al polvo:
podemos saborear nuestra mortalidad mientras hacemos rodar la ceniza en nuestras lenguas.

(Marked by Ashes
This Wednesday is a long way from Ash Wednesday,
but all our Wednesdays are marked by ashes -
we begin this day with that taste of ash in our mouth:
of failed hope and broken promises,
of forgotten children and frightened women,
we ourselves are ashes to ashes, polvo al polvo:
we can taste our mortality as we roll the ash around on our tongues.)

En cuanto a nuestra lengua, en 1928, el argentino Raúl González Tuñón publica un poemario que lleva por título Miércoles de ceniza, y al mismo autor también corresponde «Aquí yacen ceniza y polvo y nada», que figura en Morir en Madrid.

Aunque la referencia al miércoles de ceniza se limita a una breve estrofa, no deja de ser importante mencionar el Poema del otoño, de Rubén Darío, que apareciera publicado por primera vez en El Cojo Ilustrado, de Caracas, en 1908. Tras mencionar el Eclesiastés bíblico procede:

El domingo de amor te hechiza;
mas mira como
llega el miércoles de ceniza;
Memento, homo...

Jules Etienne

Las traducciones del inglés tanto de Lionel Johnson como de Walter Brueggemann,
lo mismo que del francés, de Louis Levêque de Vilmorin, son de mi responsabilidad. 

martes, 11 de mayo de 2021

CALITIPIA (del poemario Mitología del olvido)

"... figuras de niebla vagando en un solitario andén cuando el tren ha partido."

No hay nada qué hacer
ya nos acostumbramos a vivir
bajo la luz de un sol moribundo
como siluetas sin sombra,
figuras de niebla vagando
en un solitario andén
cuando el tren ha partido.
Sobre el pardo asfalto de las calles,
cualquier miércoles la ceniza
sepulta el carnaval urbano
transcurren los siglos y los días
entre ayer y ninguna parte
simulacro de noches sin fin,
fotografías en sepia que se irán deslavando.

Jules Etienne

lunes, 10 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: HISTORIAS DE CRONOPIOS Y DE FAMAS, de Julio Cortázar

"... la naranja recorrió el pasillo (...) se veía en análogo reposo un cuarto de litro de té cargado (...) podía ver además una bocanada de humo..."

(Fragmento de Posibilidades de la abstracción)

El miércoles era de ceniza, día en que los procesos digestivos me parecieron ilustración adecuada a la circunstancia, por lo cual a las nueve y media fui mohíno espectador de la llegada de centenares de bolsas llenas de una papilla grisácea, resultante de la mezcla de corn-flakes, café con leche y medialunas. En la cantina vi cómo una naranja se dividía en prolijos gajos, que en un momento dado perdían su forma y bajaban uno tras otro hasta formar a cierta altura un depósito blanquecino. En ese estado la naranja recorrió el pasillo, bajó cuatro pisos y, luego de entrar en una oficina, fue a inmovilizarse en un punto situado entre los dos brazos de un sillón. Algo más lejos se veían en análogo reposo un cuarto de litro de té cargado. Como curioso paréntesis (mi facultad de abstracción suele ejercerse arbitrariamente) podía ver además una bocanada de humo que se entubaba verticalmente, se dividía en dos translúcidas vejigas, subía otra vez por el tubo y luego de una graciosa voluta se dispersaba en barrocos resultados. Más tarde (yo estaba en otra oficina) encontré un pretexto para volver a visitar la naranja, el té y el humo. Pero el humo había desapa- recido, y en vez de la naranja y el té había dos desagradables tubos retorcidos. Hasta la abstracción tiene su lado penoso; saludé a los tubos y me volví a mi despacho. Mi secretaria lloraba, leyendo el decreto por el cual me dejaban cesante. Para consolar- me decidí abstraer sus lágrimas, y por un rato me deleité con esas diminutas fuentes cristalinas que nacían en el aire y se aplastaban en los biblioratos, el secante y el boletín oficial. La vida está llena de hermosuras así.

Julio Cortázar (Argentino nacido en Bélgica y fallecido en Francia, 1914-1984).

domingo, 9 de mayo de 2021

Leyendo MIÉRCOLES DE CENIZA, de T. S. Eliot

 
En El mago de Viena, el mexicano Sergio Pitol, se ocupa de la poesía de T. S. Eliot en un episodio al que denomina Suite colombiana para Darío Jaramillo:

"Los tés de las cinco fueron parte importantísima de la educación sentimental para varios jóvenes mexicanos de mi generación. Doña Rosario tenía cinco hijas, la menor era Lucy, dos de las otras, Esperanza, que vivía en Bogotá, y Marta, en Nueva York, pasaban largas temporadas con su madre; las dos restantes no tienen ningún interés para esta historia. Esperanza era también filósofa, y había hecho un posgrado en una universidad norteamericana. Durante el té se hablaba constantemente de fenomeno- logía y existencialismo, de Heidegger, Jaspers y Sartre, pero también de las sórdidas noticias recibidas de Colombia, aunque siempre, omnipotente, estaba en el aire la poesía. Bastaba una alusión a ella para que la reunión se iluminara. La poesía era el reino, el jardín, el auténtico paraíso de esas damas estudiosas. Aun en la conversa- ción cotidiana, la más rudimentaria, se entreveraban los versos, a veces se ampliaban en estrofas o aun en poemas completos. Esperanza Bonilla, la doctorada en los Estados Unidos, decía largos trozos de Miércoles de ceniza, de La tierra baldía, y con mucha frecuencia Los hombres huecos en inglés o en castellano en la sonora traducción de León Felipe..."

También el español Javier Marías en Berta Isla, publicada en 2017, describe a un grupo de lectores interesados en Eliot, quienes coinciden entre los estantes de una librería:

"Eso decía uno de los últimos versos, y entonces salió de su ensimismamiento y levantó la vista y descubrió que había no uno, sino dos hombres, hojeando sendos libros de Eliot: To Criticize the Critic, tenía entre las manos el de la raya diplomática; Ash Wednesday, sostenía otro que no había advertido, un recién llegado. No quiso volver la cara para mirarlo, se apartó  un poco para observarlo con discreción, muy parcialmente: era un individuo corpulento y ancho y alto, mucho más alto que él.

No había tenido la delicadeza de descubrirse pese a estar bajo techado, y figuraba inverosímilmente embebido en aquel otro poema, Miércoles de ceniza (Ceniza en la manga de un viejo, se le había quedado a Tom ese verso y varios otros). Estaba a su derecha y el funcionario presumido a su izquierda (también podía ser un ejecutivo inexperto de la City tratando de asimilarse a los veteranos en su atildamiento), no daban la impresión de ir juntos y Tomás se preguntó cuál sería Mr. Tupra, era mala suerte que a un tercer bibliófilo se le hubiera ocurrido hojear algo de Eliot allí y en aquel instante."

Procedo a concluir con Signos vanos, donde el poeta sevillano Fernando Ortiz refiere: "Y un estertor de Mozart era Eliot, esperando en su desolado/ Miércoles de Ceniza que el fuego y las rosas fueran uno".

Jules Etienne

sábado, 8 de mayo de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA y la conversión de T. S. Eliot


Thomas Stearns Eliot había escrito su extenso poema La tierra baldía, en 1922, obra compleja que se debate entre la desolación, el simbolismo pagano de los rituales de la fertilidad y el fracaso del amor. Después que dejó los Estados Unidos para trasladarse a radicar en Inglaterra, la patria de sus ancestros, decidió adquirir la nacionalidad británica en 1927. Antes de eso había sido bautizado, lo que le da sentido a una frase suya publicada en el prólogo de los ensayos For Lancelot Andrewes, en donde se decía "clásico en literatura, monárquico en política y anglocatólico en religión." A los pocos años, en 1930, inspirado por su reciente fervor místico, escribió Miércoles de ceniza, poema que es un lamento de la penitencia y refleja la angustia interior del creyente cuando dice:
 
Porque no espero volver otra vez
Porque no espero
Porque no espero volver
Deseando el regalo de ese hombre y el ámbito del otro
Ya no lucho para luchar por dichas cosas
¿Por qué tiene el águila vieja que desplegar sus alas?
¿Por qué debería dolerme el desaparecido poder del reino acostumbrado?

Y si La tierra baldía podría ser el equivalente de su visión simbólica del infierno, Miércoles de ceniza lo sería, en ese caso, del purgatorio:
 
En el primer recodo de la segunda escalera me di vuelta y vi abajo
La misma forma torcida del pasamanos
Bajo el vapor en el aire fétido
Luchando con el demonio de las escaleras
Que lleva el engañoso rostro de esperanza y desesperación.

Para después concluir con una clara alusión a la virgen María:

Bendita hermana, santa madre, espíritu de la fuente, espíritu del jardín,
No permitas que nos engañemos a nosotros mismos con falsedades
Enséñanos a preocuparnos y a no estar preocupados
Enséñanos a permanecer sentados, quietos,
Incluso entre estas rocas,
Nuestra paz está en su voluntad
E incluso entre estas rocas
Hermana, madre
Y espíritu del río, espíritu del mar
No permitas que me aleje
Y haz que llegue mi grito hasta Ti.

Jules Etienne

Thomas Stearns Eliot (Estadounidense nacionalizado inglés, 1888-1965).
Obtuvo el premio Nobel en 1948.

viernes, 7 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, de Gabriel García Márquez

"... y desde el Miércoles de Ceniza pasaba por la calle de la Divina Pastora con una caja de chocolates ingleses para ella."

(Fragmento)

Para Florentino Ariza aquella era una noche de regreso a los desmanes cándidos de la adolescencia, cuando aún no lo había desgraciado el amor. Pero sabía, más por escarmiento que por experiencia, que una felicidad tan fácil no podía durar mucho tiempo. Así que antes de que la noche empezara a decaer, como ocurría siempre después de la repartición de los premios a los mejores disfraces, le propusoa la muchacha que se fueran a contemplar el amanecer desde el faro. Ella aceptó complaicida, pero después que acabaran de repartir los premios.

A Florentino Ariza le quedó la certeza de que aquella demora le salvó la vida. En efecto, la Muchacha le había hecho una seña de que se fueran para el faro, cuando dos cancerberos y una enfermera del manicomio de la Divina Pastora le cayeron encima. La buscaban desde que se escapó, a las tres de la tarde, no sólo ellos sino toda la fuerza pública. Había decapitado a un guardián y herido mal a otros dos con un machete que le arrebató al jardinero, porque quería salir a bailar en el carnaval. Pero a nadie se le había ocurrido que estuviera bailando en la calle, sino escondida en alguna de tantas casas que habían registrado hasta en las cisternas.

No fue fácil llevársela. Se defendió con unas tijeras de podar que tenía ocultas en el corpiño, y se necesitaron seis hombres para ponerle la camisa de fuerza, mientras la muchedumbre atascada en la Plaza de la Aduana aplaudía y rechiblaba de júbilo, creyendo que la captura sangrienta era una de tantas farsas del carnaval. Florentino Ariza quedó desgarrado, y desde el Miércoles de Ceniza pasaba por la calle de la Divina Pastora con una caja de chocolates ingleses para ella. Se quedaba viendo a las reclusas que le gritaban toda clase de improperios y piropos por las ventanas, las alborotaba con la caja de chocolates, por si acaso tenía la suerte de que también se asomara ela por entre las barras de hierro. Pero nunca la vio. Meses después, al bajarse del tranvía de mulas, una niñita que iba con su padre le pidió una bolita de chocolate de la caja que él llevaba en la mano. El padre la regañó y le pidió excusas a Florentino Ariza. Pero él le dio la caja completa a la niña pensando que aquel gesto lo redimía de toda amargura, y calmó al papá con una palmadita en el hombro.

- Eran para un amor que se lo llevó el carajo -le dijo.

Gabriel García Márquez

(Colombiano fallecido en México, 1927-2014). Obtuvo el premio Nobel en 1982.

jueves, 6 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: LA EDAD DE LA FE, de Alice Munro

"... con sus ídolos, sus confesiones y los tiznones negros del Miércoles de Ceniza."

(Fragmento)

La Iglesia unida era la más moderna, grande y próspera de Jubilee. Había recibido en su seno a todos los ex metodistas y congregacionalistas así como a un buen número de presbiterianos (que era lo que había sido la familia de mi padre) en la época de la unión de las iglesias. En la ciudad había cuatro iglesias más, pero todas eran pequeñas y relativamente pobres, y al lado de la iglesia unida, todas se habían ido hacia los extremos. La iglesia católica era la más extremista. Blanca y de madera, con una sencilla cruz misionera, se erguía sobre una colina en el extremo septentrional de la ciudad y ofrecía a los católicos servicios tan extraños y misteriosos como los hindúes, con sus ídolos, sus confesiones y los tiznones negros del Miércoles de Ceniza. En el colegio los católicos formaban una tribu pequeña pero no amedrentada, eran de procedencia irlandesa en su mayoría, y no se quedaban en la clase de educación religiosa, sino que se les permitía bajar al sótano, donde golpeaban las tuberías. Costaba relacionar su mero gamberrismo con su fe exótica y peligrosa. Las tías de mi padre, mis tías abuelas, vivían delante de la iglesia católica y solían bromear sobre lo de «entrar un momentito para hacer una pequeña confesión», pero sabían, y podían contarte, todo lo que había detrás de las bromas: los esqueletos de recién nacidos y las monjas estranguladas debajo de los suelos de los conventos, sí, y los sacerdotes gordos, las amantes y los ex papas negros. Era cierto, tenían libros que hablaban de ello. Todo era verdad. Como los irlandeses del colegio, el edificio en sí parecía poco apropiado; demasiado desnudo, ordinario y sencillo para estar relacio- nado con tanta voluptuosidad y escándalo.

Alice Munro (Canadá, 1931). Obtuvo el premio Nobel en 2013.

(Traducido al español por Aurora Echevarría Pérez).

miércoles, 5 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: EL ASESINATO DEL PERDEDOR, de Camilo José Cela


(Fragmento inicial)

Un miércoles de ceniza de hace ya muchos años, lo menos doscientos años, el caballero Michael Percival el Agachadizo, se encaró con su propia silueta y desenfundando el cuchillo de monte, el de rematar jabalíes, cortar cayados de cerezo o sabina o haya y grabar corazones y flechas en la corteza de los fresnos, le habló con cierta estudiada serenidad y a media voz.

- Con este cuchillo puedos quitaros la vida con facilidad pero no voy a hacerlo, sólo quiero advertiroslo. Escuchademe con atención. No despreciéis jamás el enemigo, procurad contagiarle alguna enfermedad humillante, tampoco es preciso, digamos el sida o la lepra o la nostalgia, si os sintierais alemán podríais recurrir a las paperas, basta con cualquier enfermedad vergonzosa, cualquier enfermedad tediosa y secreta, quizá con ambos matices a la vez, y mostraos muy orgulloso y compungido en el en- tierro, grandes alaridos, ya sabéis, llanto y sudor, también baba y espuma y pus, gra- nos de pus, esto es más difícil.

Camilo José Cela (España, 1916-2002). Obtuvo el premio Nobel en 1989).

martes, 4 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: HERZOG, de Saul Bellow

"Madeleine, creí que habías dejado de ser católica. Pero ¿no es ceniza lo que veo entre tus ojos?"

(Fragmento)

- Y desde luego -dijo el doctor- por lo que me cuenta usted, no ha dejado de tener alguna culpa. Además, me da la impresión, cuando su mujer me habla, de que se siente ofendida. ¿Cuándo abandonó nuestra religión?

- No estoy seguro. Creo que hace mucho tiempo. Pero el último Miércoles de Ceniza se sometió a la imposición de la ceniza en la frente. Le dije: «Madeleine, creí que habías dejado de ser católica. Pero ¿no es ceniza lo que veo entre tus ojos?» y ella me respondió: «No sé de qué me hablas.» Trató de que pareciera que yo sufría una de mis ilusiones o algo así. Pero no había tal ilusión. Era, sencillamente, una mancha en la frente. Puedo jurar que le quedaba la mitad de la ceniza. Pero su actitud parecía decir que un judío como yo no podía darse cuenta de esas cosas.

Herzog veía que Edvig estaba fascinado por todo lo que él decía de Madeleine. Movía la cabeza afirmativamente a cada frase de él, como diciéndole que comprendía y se daba golpecitos en su acicalada barba. Le brillaban los lentes.

- ¿Cree usted que es una cristiana de verdad?

Sólo sé que ella me cree un fariseo. Así lo dice siempre.

- ¿Ah? -fue el conciso comentario de Edvig.

- Ah, ¿qué? —dijo Moses—. ¿Acaso está usted de acuerdo con ella?

- ¿Cómo puedo estarlo? Apenas los conozco a ustedes. Pero ¿qué opina usted de lo que le he preguntado?

- ¿Cree usted que hay algún cristiano en el siglo XX que tenga el derecho de hablar de los fariseos judíos? Desde un punto de vista judío, como usted sabe muy bien, ese no ha sido uno de nuestros mejores períodos.

- Pero, ¿cree usted que su esposa tiene una verdadera actitud cristiana?

- Creo que tiene un punto de vista casero sobre el otro mundo. -Herzog estaba sentado muy derecho en su silla y daba quizás a sus palabras un tono engreído-. No estoy de acuerdo con Nietzsche en que Jesús hizo enfermar al mundo entero infestándolo con su moralidad de esclavo. Pero lo cierto es que el propio Nietzsche tenía un punto de vista cristiano de la historia pues siempre veía el momento presente como una crisis, como alguna caída desde la grandeza clásica, como una corrupción o mal del que había que salvarse. A eso lo llamo yo cristiano. Y Madeleine piensa así, desde luego. En cierto modo, muchos de nosotros también. Creemos que hemos de curarnos de los efectos de algún veneno, que necesitamos ser salvados, rescatados. Madeleine necesita un salvador, y es evidente que no me considera a mí como su salvador.

Saul Bellow (Nacido en Canadá y ciudadano estadounidense, 1915-2005). Obtuvo el premio Nobel en 1976.

lunes, 3 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: EL HONOR PERDIDO DE KATHARINA BLUM, de Heinrich Böll

"... se dieron cuenta de que el arma hallada junto a Tötges de ninguna manera podía ser la misma..."

 (Fragmento del capítulo 4)

Durante mucho tiempo se consideró probable que también hubiera sido víctima de la Blum el periodista Adolf Schönner, al cual se encontró muerto de un disparo el miércoles de ceniza, en un bosquecillo al oeste de la alegre ciudad. Pero, más tarde, cuando se logró reconstruir los hechos por orden cronológico, aquello resultó inexacto. Un taxista declaró haber conducido hasta el bosquecillo a Schönner, que también iba disfrazado de jeque, en compañia de una joven vestida de andaluza. Tötges murió el domingo al mediodía, y Schöner el martes a la misma hora. A pesar de que pronto se dieron cuenta de que el arma hallada junto a Tötges de ninguna manera podía ser la misma que sirvió para dar muerte a Schöner, se sospechó durante unas horas de la Blum, a causa de los motivos. Si ella los tuvo para vengarse de Tötges, tampoco le faltaban para desquitarse de Schönner. Por otra parte, a las autoridades que investigaron el caso les parecía poco probable que la Blum tuviera dos armas. Katharina consumó su sangriento crimen con toda frialdad. Cuando le preguntaron si había matado a Schöner, dio una contestación siniestra disfrazada de pregunta:

- Sí. ¿Por qué no también a él?

Pero luego renunciaron a imputarle ese segundo asesinato, sobre todo porque su coartada era prácticamente perfecta. Ninguna de las personas que conocía a Katharina Blum o que, en el transcurso de los interrogatorios, llegó a conocer su carácter, dudaba que ella, en el caso de haber asesinado a Schönner, lo hubiera reconocido sin rodeos. El taxista que condujo a la pareja al bosquecillo («Yo lo llamaría más bien matorral cubierto de maleza»), desde luego que no reconoció a la Blum en unas fotografías.

Heinrich Böll (Alemania, 1917-1985). Obtuvo el premio Nobel en 1972.

domingo, 2 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: GENTE INDEPENDIENTE, de Halldór Laxness

"... pero ahora aparentemente, debía pasar todo el mes de Porri y todo el mes de Góa..."

(Fragmento del capítulo 48)

Pero Asta Sóllilja había estado esperando el miércoles de ceniza, porque le parecía recordar que el miércoles de ceniza era una cumbre desde la cual podía divisar la Pascua, pero ahora, aparentemente, debía pasar todo el mes de Porri y todo el mes de Góa, y después vendría... el ayuno de nueve semanas. ¿El ayuno de nueve semanas? ¿Nueve semanas? ¿Quién podría sobrevivir a un ayuno así? Pero cobró nuevos ánimos y expresó la esperanza de que cuando el ayuno de las nueve semanas hubiese terminado, el miércoles de ceniza no estuviese ya tan lejos.

- Oh, yo siempre entendí que primero venía el martes de carnaval.

- Pero el miércoles de ceniza debe llegar alguna vez, abuela, y entonces no faltará mucho para Pascua.
 
- Será una novedad, entonces -replicó la anciana, echando la cabeza hacia atrás y lanzando una mirada oblicua, hacia abajo, a sus agujas-. En mis tiempos el miércoles de ceniza era siempre seguido del ayuno.
 
- ¿Qué ayuno?
 
- ¡Pues, el largo ayuno, la Cuaresma mujer... la Cuaresma! ¡Habrase visto tamaña ignorancia! ¡Tiene casi dieciséis años de edad y cree que la Pascua viene inmediata- mente después del miércoles de ceniza! En mi época se te habría considerado una boba por no conocer la Cuaresma y las más importantes festividades que hay en ella, las témporas, por ejemplo, y la Anunciación.
 
- Pero conozco el Viernes Santo -dijo la joven con repentina inspiración-. Alguna vez llegará, ¿no es cierto?
 
- Oh, creo que San Magno viene antes -replicó la anciana-. Y el Jueves Santo.
 
Esto terminó con la tentativa de centrar la Pascua. Se rindió. Se había extraviado en los desiertos del calendario, perdió todo el sentido de dirección, la lana repen- tinamente pegajosa en sus dedos, todos los vellones convertidos de pronto en masas enmarañadas que jamás lograría peinar. ¿Por qué estos jóvenes no podían consolar- se con el pensamiento de que todo pasa, de un modo o de otro, tal como mejor le place al Hacedor?
 
Halldór Laxness (Islandia, 1902-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1955.

sábado, 1 de mayo de 2021

Miércoles de ceniza: DOCTOR FAUSTUS, de Thomas Mann

 "... esas semanas alegres y fraternales que median entre la epifanía y el miércoles de ceniza..."

(Fragmento inicial del capítulo XXIX)

El carnaval de Munich de 1914, esas semanas alegres y fraternales que median entre la epifanía y el miércoles de ceniza y que dan lugar a tantas fiestas públicas y privadas, en las que yo, joven profesor recién trasladado a Freising, tomé parte por mi propia cuenta o en compañía de Adrián, no se ha borrado de mi memoria. Quedó, al contrario, profundamente grabado en ella. Fue el último carnaval anterior a la guerra de cuatro años, que ahora llamamos, a la luz de los horrores de nuestro tiempo, la primera guerra mundial, y que puso término definitivo a la atmósfera de inocente estetismo y dionisíaco bienestar que durante tanto tiempo caracterizó a la ciudad del Isar. Fue entonces también cuando empezaron a perfilarse, entre el círculo de nues- tras relaciones, ciertos destinos individuales, cuya evolución había de provocar fatales desenlaces -sucesos a los que el mundo apenas prestó atención-, pero de los que habré de hablar aquí porque, en parte, se enlazan con la vida y con el destino de mi héroe, Adrián Leverkühn, y más aún porque Adrián, obrando de modo fatal y misterio- so, contribuyó a provocarlos. De ello estoy íntimamente convencido.

Thomas Mann
(Alemán primero nacionalizado checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).
Obtuvo el premio Nobel en 1929.

viernes, 30 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: EL HUÉSPED REAL, de Henrik Pontoppidan

 "... comienza la cuaresma, lo que le da a la gente una especie de justificación para aparecer bajo una máscara..."

(Fragmento)

- Gracias. Para ir directo al grano, mi señor: vine esta tarde a Osterbol, su ciudad vecina, donde el sacerdote es un viejo conocido mío. No lo había visto en muchos años y ha pasado el tiempo. Mi deseo era sorprenderlo un día por acá, en su idilio rural, pero resulta lamentable que se acaba de ir con su familia... no había nadie en casa más que un hombre y un par de jovencitas. Comprenderá mi desesperación cuando le diga que he hecho un largo viaje sólo con el fin de esta visita y en el camino estaba ansioso por celebrar una alegre llegada de la cuaresma con mi viejo amigo, quien en su juventud -lo que tal vez resulte un poco difícil de entender- era muy alegre y, en general, un tipo espléndido. En cambio, acabo de encontrarme con cuartos vacíos y fríos, e incluso su biblioteca está inundada de libros edificantes y escritos socialmente útiles sobre la cría de pollos y la educación de los niños, que ni siquiera son la literatura de mi vida. Sí, fue entonces cuando se me ocurrió la descarada idea de hacer una visita por la región e invocar la misericordia humana. Los sirvientes me dijeron que una amable familia de médicos vivía a una milla de distancia; y aquí me tiene ahora, señor doctor, humildemente le pido permiso para permanecer unas horas bajo su hospitalario techo y pasarla con usted sin que se sienta obligado.

- Dios no lo quiera. Por supuesto, será un placer tanto para mi esposa como para mí si puede encontrar con nosotros alguna compensación por la ausencia de su amigo. Pero permítame, señor...  

- Le comprendo, piensa que no es una explicación suficiente de por qué le pido que me demuestre la confianza suficiente para permanecer en el anonimato frente a usted. Sin embargo, muy amable señor doctor, si ahora me imaginara como el comerciante Petersen de Aarhaus o el arquitecto Hansen de Copenhague, entonces sabría un poco más sobre mí, cuando en realidad sólo quisiéramos iniciar nuestra conversación, llevarla a un punto en el que suene alta, sin privar a nuestro arte de la palabra del encanto que acaba de obtener, cayendo sin control entre el cielo y la tierra. ¿No es cierto? También comienza la cuaresma, lo que le da a la gente una especie de justificación para aparecer bajo una máscara y romper con las formas habituales de la vida cotidiana. Un capricho tonto, una idea ingeniosa, cuando sólo debe entender, querido señor, que yo... seriamente deprimido como lo estoy, con esta urgencia, me siento mucho más libre si me mantengo anónimo, esto es, disfrazado.

El joven médico se echó a reír. Había algo irresistible y contagioso en la alegría del extraño.

Henrik Pontoppidan (Dinamarca, 1857-1943). Obtuvo el premio Nobel en 1917.

Las ilustraciones corresponden a una escena de la ópera de Hakon Borresens, inspirada en este relato homónimo de Pontoppidan, en la que aparecen Tenna Kraft como Emmy Hoyer, Arnold Hoeberg es el huésped y Poul Wiede- mann, el doctor Hoyer; y a la portada del libro en danés.

jueves, 29 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: LAS DOS CARETAS, de José Echegaray

"... y más arriba nubes de polvo que esperan su miércoles de ceniza, y allá en las alturas el cielo azul..."

(Fragmento inicial)

Era un Domingo do Carnaval; pero no de los anémicos de hoy, sino de los pletóricos de los buenos tiempos.

Carnaval pictórico de locura, que llenaba calles y plazas y paseos de la heroica villa.

Todo era ruido y regocijo y movimiento y fíebre; risas fingidas de caretas burlonas; llantos fingidos de caretas con lágrimas de cartón; dominós ruines, ocultando personas decentes; dominós lujosos disimulando gente ruin; borracheras envueltas en sudarios; esqueletos repartiendo bombones y caramelos; hombres con faldas y mujeres con pantalones, promiscuidad grotesca de sexos; colchas viejas en forma de cucurucho y mantones de Manila redondeándose sobre senos postizos; bebés de cincuenta años con sonajero, y caballeros con sombrero de copa y frac, de la mano del ama; máscaras que tan pronto van por el arroyo como se amontonan en un coche; máscaras que van a caballo gallardamente y otras que van siempre en su burro de gitano; quién que finge ser enano, quién que finge ser gigante; el mamarracho eterno de la caña repartiendo el higuí y alrededor las eternas bocas abiertas de los chicuelos procurando morderlo; unos que se disrazan con andrajos como si la conciencia se los desbordase, otros que se disfrazan con encajes, como escaparate de tienda y anuncio de venta; comparsas que llevan miserias entre músicas y cornetines de murga pidiendo limosna; el tradicional hombre de los cucuruchitos de papel y el hombre vestido de esferas, acaso simbolismos carnavalescos de ciertas almas; y abajo barro, y más arriba nubes de polvo que esperan su miércoles de ceniza, y allá en las alturas el cielo azul, inmensa careta de resplandores que cubre las negruras del espacio infinito y misterioso, como si quisiera formar parte en no sé qué Carnaval apocalíptico.

José Echegaray (España, 1832-1916).

Obtuvo el premio Nobel en 1904, compartido con Frédéric Mistral.

Aquí es posible leer el texto íntegro de Las dos caretas.

miércoles, 28 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: EL SECRETO DE LOS CUATRO ÁNGELES, de Marcello Simoni


(Fragmento inicial)

Año del Señor 1205. Miércoles de Ceniza.

Vetas de color pizarra surcaban un ceniciento cúmulo de nubes. Ráfagas de viento gélido se abatían contra el monasterio de San Michelle della Chiusa, esparciendo entre sus muros un aroma a resina y hojas secas, pero también el presentimiento de un inminente temporal.

Una vez terminado el oficio de vísperas, el padre Vivien de Narbona fue de los primeros en salir del monasterio. Irritado por los efluvios del incienso y el tintineo de las velas, se alejó del pórtico y atravesó el patio nevado. Ante sus ojos el crepúsculo extinguía los últimos rayos de luz diurna.

Una repentina ráfaga de viento lo embistió, provocándole un escalofrío. El monje se arrebujó en el hábito y frunció la frente, como si se tratara de una ofensa personal. La sensación de pesadumbre que le acompañaba desde el despertar no parecía querer abandonarle. Es más, a lo largo del día no había hecho otra cosa que agravarse.

Persuadido por la idea de mitigar la inquietud con un poco de descanso, se desvió hacia el claustro, atravesó la columnata y entró en un imponente dormitorio. Fue acogido por el resplandor amarillento de las antorchas y una sucesión de huecos angostos, más bien sofocantes.

Indiferente a la sensación de claustrofobia, Vivien recorrió el laberinto de pasillos y es- caleras frotándose las manos de frío. Sentía la necesidad de acostarse y no pensar en nada. Pero cuando llegó ante su celda, le aguardaba una inquietante sorpresa. En la puerta de entrada había clavado un puñal con forma de cruz.

Marcello Simoni (Italia, 1975).

El título original con el que se publicó en italiano es Il mercante di libri maledetti (El mercader de libros malditos).

martes, 27 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: ABRIL ROJO, de Santiago Roncagliolo

"Alguna vez su madre lo había llevado a la iglesia y le habían puesto esa señal con una mano fría y negra."

(Fragmento)

El padre acomodó una cruz que estaba colgada en la pared. Era una cruz negra sin imagen de Cristo. Sólo una cruz negra sobre una superficie gris. El fiscal no quiso pensar en la cruz calcinada de la frente del muerto.

- ¿Y la noche de los hechos notó algo raro? ¿Algún ruido? ¿Algún imprevisto?

- No lo sé, señor fiscal. No sé cuál es la noche de los hechos.

- ¿No se lo dije? Perdóneme. Fue el miércoles 8. Justo después del carnaval.

Encontraron el cuerpo el mismo día de la muerte.

El padre hizo una mueca irónica.

- Qué apropiado.

- ¿A qué se refiere?

- Miércoles de Ceniza. Es el momento de purificar los cuerpos después de la fiesta pagana y comenzar la Cuaresma, el sacrificio, la preparación de la Semana Santa:

- Miércoles de Ceniza. ¿Por qué de Ceniza?

El padre sonrió piadosamente.

- ¡Ah, la educación pública laica! ¿Nadie le enseñó catecismo en su escuela de Lima, señor fiscal? En esa fecha se marca con ceniza una cruz sobre la frente de los católi- cos, como recordatorio de que polvo somos y en polvo nos convertiremos.

Alguna vez su madre lo había llevado a la iglesia y le habían puesto esa señal con una mano fría y negra. Se tocó la frente como si quisiera borrar la marca.

- ¿Para recordar que moriremos? -preguntó.

- Que moriremos y resucitaremos en una vida más pura. El fuego purifica.

Santiago Roncagliolo (Perú, 1975).

lunes, 26 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: ESE MUNDO DESAPARECIDO, de Dennis Lehane

"Vas a misa, el sacerdote te dibuja una cruz en la frente con ceniza mojada y te largas."

(Fragmento del capítulo 1: A propósito de la señora Del Fresco)

- Planteémonos a continuación el asunto de la jurisdicción policial y del carácter de los policías que estarán de turno ese día concreto.

- ¿Qué día?

- Un miércoles.

Theresa repasó una serie de nombres, turnos y situaciones posibles.

- Lo ideal -dijo. sería que Kovich lo hiciera entre el mediodía y las ocho, ya sea en Ybor, en el puerto de Tampa o en Hyde Park. Así se garantizaría una elevada probabilidad de que fueran los inspectores Feeney y Boatman quienes respondieran a la llamada.

Él movió los labios sin emitir sonido alguno para pronunciar aquellos nombres mientras se toqueteaba una arruga del pantalón, con el ceño levemente fruncido.

- ¿Los policías observan las fiestas de guardar?

- Supongo que sí, si son católicos. ¿Qué fiesta?

- El Miércoles de Ceniza.

- En el Miércoles de Ceniza tampoco hay mucha ceremonia.

- ¿No? -la perplejidad de Jimmy parecía genuina-. Hace mucho que dejé de ser practicante.

- Vas a misa, el sacerdote te dibuja una cruz en la frente con ceniza mojada y te largas. Y nada más -dijo Theresa.

- Nada más -repitió él con un suave susurro. Miró alrededor con una especie de sonrisa distraída, como si le sorprendiera un poco encontrarse allí. Se levantó-. Buena suerte, señora Del Fresco. Volveremos a vernos.

Dennis Lehane (Estados Unidos, 1965).

domingo, 25 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: ANGOSTA, de Héctor Abad Faciolince

"... debía ser miércoles de ceniza, pues vio que a muchas de ellas se les estaba emborronando una mancha oscura sobre la frente."

(Fragmento del primer capítulo)

Una vez en la puerta miró el cielo sin nubes y tuvo la impresión de que la tarde iba a ser soleada y calurosa. Distraído como siempre, no había mirado hacia el sur, de donde vienen las nubes y las lluvias. Por eso, de repente, mientras caminaba despacio hacia el hotel con el libro en la mano, lo sorprendieron los truenos, los goterones dispersos y gordos como piedras, se había desatado una de esas tormentas típicas de Angosta a finales de marzo. Para no mojarse demasiado, apuró el paso por las entreveradas callejuelas del centro, al tiempo que buscaba los aleros, se pegaba a las paredes y, como último recurso, se tapaba con el libro las primeras canas. Mientras avanzaba perseguía a casi todas las mujeres con la mirada y se dio cuenta de que debía ser miércoles de ceniza, pues vio que a muchas de ellas se les estaba emborronando una mancha oscura sobre la frente. Hacía más de veinte años que no se ponía ese memento mori, quizá la única ceremonia de la religión de sus padres que para él guardaba todavía algún encanto: «Acuérdate, hombre, de que eres polvo y en polvo te has de convertir». Polvo. No alma, no espírtu o carne que resucita, sino la pura verdad a secas: polvo, ripio de estrellas, que es la sustancia de la que todos estamos hechos, sin ninguna esperanza de que el polvo vuelva a ordenarse hasta formar el único ser humano en que consiste cada uno. Las gotas de lluvia hacían que la cruz de los cristianos -sí, ahora la veía también en algunos hombres- se deshiciera en riachuelos negruzcos que bajaban amenazantes hacia los ojos, como si quisieran cegar a los fieles.

Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958).

sábado, 24 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: POLVO AL POLVO, de John O'Donoghue

"Ahora sabía por qué las estatuas de los santos se encontraban veladas: era el Miércoles de Ceniza..."

(Fragmento)

Lentamente, la congregación se acercó al altar. El padre Casey estaba allí para recibirlos, con un pequeño recipiente de metal en las manos. A medida que cada feligrés se acercaba a él, metía el pulgar en el recipiente y colocaba la señal de la cruz en sus frentes. Mi madre fue la primera en recibir la bendición del padre Casey y cuando se dio la vuelta me sentí mortificado.

Allí, en su frente, había una mancha de ceniza. Ahora sabía por qué las estatuas de los santos se encontraban veladas: era el Miércoles de Ceniza, el comienzo de la Cuaresma, y toda la gente que estaba procesando para recibir la señal de la cruz estaba siendo manchada con cenizas de la caja del altar. El padre Casey las había depositado en su pequeño recipiente y ahora me hacía señas para que fuera a rellenarlo. ¡Pero esas eran las cenizas equivocadas! ¡Las cenizas de la caja eran los restos del tío Seamus! ¡No eran las cenizas del Miércoles de Ceniza en absoluto!

¿Qué podía hacer yo? No iba a detener la misa. El padre Casey me excomulgaría. Desde el coro de enfrente, Mattie sonreía como un gato, pero no pensé que fuera un asunto de risa, de ninguna manera. El padre Casey se veía muy atribulado. Me percaté de que estaban a punto de agotarse las cenizas y aún había mucha gente esperando a recibirlas.

Caminé hacia el altar, me incliné y recogí la caja con los restos del tío Seamus. Le llevé la caja al padre Casey, que utilizó una pequeña cuchara para decantarlos en su recipiente. Hice una reverencia y regresá a sentarme en una de las sillas del coro, mientras él continuaba aplicando las cenizas del tío Seamus en la frente de los fieles. Incapaz de detenerlo, me resigné a que el padre Casey dispersara lo último del tío Seamus sobre las frentes de los miembros de la congregación y observé cómo todos caminaban con solemnidad por el pasillo de la iglesia. Cuando el último de ellos por fin regresó a su banca, miré hacia afuera, cada uno de ellos con una estrella gris en la frente, y entonces pensé que al menos el tío Seamus estaba entre los suyos y ofrecí una oración por él y sus hijos, y por su amigo el señor Lupelli, y todos aquellos que mueren lejos de la tierra en que nacieron.

John O'Donoghue (Irlandés fallecido en Francia, 1956-2008).

viernes, 23 de abril de 2021

Miércoles de ceniza: VIENTOS DE CUARESMA, de Leonardo Padura

"... observó los efectos del apocalíptico vendaval: las calles vacias, las puertas cerradas..."

(Fragmento inicial)

Primavera de 1989

Era Miércoles de Ceniza y con la puntualidad de lo eterno un viento árido y sofocante, como enviado directamente desde el desierto para rememorar el sacrificio del Mesías, penetró el barrio y revolvió las suciedades y las angustias. La arena de las canteras y los odios más antiguos se mezclaron con los rencores, los miedos y los desperdicios de los latones desbordados, las últimas hojas secas del invierno volaron fundidas con los olores muertos de la tenería y los pájaros primaverales desaparecieron, como si hubieran presentido un terremoto. La tarde se marchitó con la nube de polvo y el acto de respirar se hizo un ejercicio consciente y doloroso.

De pie, en el portal de su casa, Mario Conde observó los efectos del apocalíptico vendaval: las calles vacías, las puertas cerradas, los árboles vencidos, el barrio como asolado por una guerra eficaz y cruel, y se le ocurrió pensar que tras las puertas selladas podían estar corriendo huracanes de pasiones tan devastadores como el viento callejero. Entonces sintió cómo empezaba a crecer dentro de él una ola previsible de sed y de melancolía, también avivada por la brisa caliente. Se desabo- tonó la camisa y avanzó hacia la acera. Sabía que el vacío de expectativas para la noche se acercaba y la aridez de su gaganta podían ser obra de un poder superior, capaz de moldear su detino entre la sed infinita y la soledad invencible. De cara al viento, recibiendo el polvo que le roía la piel, aceptó que algo de maldito debía de haber en aquella brisa de Armagedón que se desataba cada primavera para recordarles a los mortales el ascenso de un hijo de hombre hacia el más dramático de los holocaustos allá en Jerusalén.

Leonardo Padura (Cuba, 1955).