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Vancouver, Gastown en invierno.

sábado, 28 de febrero de 2015

Tu boca: LOS BESOS, de Vicente Aleixandre

"Un instante pusieron su plumaje encendido sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto."

No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.

Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto,
En tu boca latiendo su celeste plumaje.
Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha.
¿Quién no besa esos pájaros cuando llegan, escapan?

Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos.
Ah, los picos delgados entre labios se hunden.
Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste
que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía.

¡Cuán graciosa, cuán fina, cuán esbelta reinabas!
Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes.
Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes,
que te rozan. revuelan, mientras ciega tú brillas.

No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan.
Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta.
Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo.
Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran.
 
 
Vicente Aleixandre (España, 1898-1984). Obtuvo el premio Nobel en 1977.

viernes, 27 de febrero de 2015

Tu boca: LAÚD DE AMOR, de Rabindranath Tagore

"Tal vez por mí palpite tu dormida boca entreabierta."

La estrella

El río avanza, mansamente, abriendo la noche. Las estrellas, desnudas,  tiemblan en el agua. El río traza una línea de rumor en el silencio.

He abandonado mi barca al capricho de las aguas. Tendido cara al cielo  pienso en ti que duermes, extraviada entre los sueños.

Tal vez ahora me sueñes, amor mío, de nocturnos, húmedos ojos estrellados.

Pronto mi barca ha de pasar frente a tu casa, amor mío, extendida en tu sueño  como un río. Tal vez por mí palpite tu dormida boca entreabierta.

Llega una ráfaga de fruta y de jazmín. Este viento ha pasado por tu casa y en él  toco tu sueño y aspiro tu aroma y beso tu boca, amor mío que tal vez ahora andas conmigo, en un jardín, por tu sueño.

Detrás de tu oreja, entre los cabellos, húmedos del baño todavía, arde un jazmín, en tu sueño. Dame la mano y mírame a los ojos, en tu sueño, amor mío, y suavemente,  arrástrame  al círculo mágico en que ahora, dormida, sonríes.

Ya veo, entre la sombra de la orilla, una lucecita que me mira con amoroso parpadeo. Es tu casa: para mí la más dulce, la más cercana y lejana de las estrellas, amor mío.
 
 
Rabindranath Tagore (India, 1861-1941). Obtuvo el premio Nobel en 1913.

jueves, 26 de febrero de 2015

Tu boca: LA MONTAÑA DEL ALMA, de Gao Xingjian

"Dice que a la vista de este abismo sin fondo, su corazón se hiela de espanto."

(Fragmento del capítulo 50)

Ella dice, ves, ves, es eso lo que piensas verdaderamente, tu corazón es pérfido, en realidad no la amas, si no la amas, pues tanto peor, pero ¿por qué querer seducirla? ¿Por qué atraerla delante de estas aguas profundas?
 
Distingues en su mirada un espanto real, quieres acercarte para tranquilizarla.
 
¡No! ¡No! ¡Ella te prohíbe dar un paso más! Te suplica que te alejes, que le perdones la vida. Dice que a la vista de este abismo sin fondo, su corazón se hiela de espanto. Quiere volver enseguida, reencontrar su vida de antes: ella le acusó equivocadamente y se ha dejado llevar por un monstruo como tú a estos confines desérticos. Quiere volver a su lado, reencontrar su pequeña habitación, y esta vez podrá perdonarle todo, pese a que es siempre violento en sus relaciones sexuales. Ella dice que ahora comprende que, precisamente por ser tan impulsivo aquel al que ama, la brusquedad de su deseo no es sino una prueba de su fervor hacia ella, pero ella no soporta ya tu frialdad, es cien veces más sincero que tú, tú eres cien veces más hipócrita que él, en realidad, tú, hace mucho tiempo que estás cansado de ella, pero no lo dices, tú la torturas mentalmente de una manera aún más cruel de lo que la hacía sufrir él en su carne.
 
Ella dice que piensa en él, que en casa de él después de todo ella era libre, que tiene necesidad de un hogar donde poder refugiarse, lo único que quiere es convertirse en ama de casa, él dijo que quería tomarla por esposa, y ella tiene confianza en él, mientras que tú, estas mismas palabras, no han salido nunca de tu boca. Cuando él hacía el amor con ella, le hablaba de otra mujer, pero era únicamente para excitar su entusiasmo, mientras que tus palabras no provocan en ella más que frialdad, acaba de darse cuenta de que la ama aún de verdad. He aquí por qué está tan nerviosa, porque no está en su estado normal. Si se fue no fue más que para hacerle sufrir a él a su vez, pero ahora ya basta. Ya se ha vengado lo suficiente, tal vez hasta demasiado. Cuando él lo sepa, se va a volver loco, de eso no cabe duda, pero a pesar de todo la querrá y sabrá mostrarse indulgente con ella.
 
 
Gao Xingjian (Chino nacionalizado francés, 1940). Obtuvo el premio Nobel en el año 2000.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Tu boca: BESOS, de Gabriela Mistral

"... yo te enseñé a besar con besos míos inventados por mí, para tu boca."

(Fragmento)
 
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
 
 
Gabriela Mistral: Lucila Godoy Alcayaga (Chile, 1889-1957).
Obtuvo el premio Nobel en 1945.

martes, 24 de febrero de 2015

Tu boca: NO ES NADA DE TU CUERPO, de Jaime Sabines

"No es tu boca -tu boca que es igual que tu sexo-..." 

No es nada de tu cuerpo
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento.

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.


 
Jaime Sabines (México, 1926-1999)

lunes, 23 de febrero de 2015

Tu boca: NARCISO Y GOLDMUNDO, de Hermann Hesse

"... de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire."

(Fragmento del capítulo XV)

- ¿Por qué me sigues? -le preguntó la dama-. ¿Qué deseas de mí?
 
- Ah -profirió él-, más quisiera dar que recibir. Quisiera ofrecerme a ti como presente, hermosa mujer; haz de mí lo que te plazca.
 
- Bien; veré lo que se puede hacer contigo. Mas si has creído que podías tomar aquí afuera, sin peligro, una flor, te has engañado de medio a medio. Sólo puedo amar a hombres que sean capaces de arriesgar su vida llegado el caso.
 
- No tienes más que mandarme. Lentamente, ella se quitó del cuello una fina cadena de oro y se la entregó.

- ¿Cómo te llamas?
 
- Goldmundo.
 
- Perfectamente, Goldmundo, "boca de oro"; he de gustar tu boca para comprobar si es, en verdad, de oro. Atiende. Al anochecer, te presentarás en el palacio y, enseñando esta cadena, dirás haberla encontrado. No la darás a nadie porque quiero recobrarla de tus manos. Irás tal como estás ahora, aunque te tomen por mendigo. Si alguno de la servidumbre te trata con grosería no te alterarás. Conviene que sepas que en el palacio sólo cuento con dos personas de confianza: el palafrenero Máximo y mi doncella Berta. Procurarás ver a alguno de los dos y le dirás que te conduzca a mi presencia. Con los demás del castillo, incluido el conde, procede con cautela, son enemigos. Quedas advertido. Puede costarte la vida.
 
Le tendió la mano y él se la tomó sonriendo, la besó con dulzura y la rozó levemente con su mejilla. Luego se guardó la cadena y partió cuesta abajo, hacia el río y la ciudad. Las colinas de viñedos estaban ya peladas, de los árboles se desprendían incesantemente hojas amarillas que quedaban flotando en el aire. Al mirar, desde lo alto, la ciudad y encontrarla tan amable y cordial, Goldmundo sonrió meneando la cabeza. Pocos días antes estaba muy triste, triste también porque hasta la miseria y el sufrimiento fuesen pasajeros. Y ahora habían ya pasado realmente, habían caído como el dorado follaje de la rama. Le parecía que jamás había irradiado el amor sobre él como a través de aquella mujer cuya erguida figura y rubia y sonriente vitalidad le recordaba la imagen de su madre tal como la llevara en el corazón en los tiempos que estudiaba en el convento. Anteayer mismo hubiese estimado increíble que el mundo pudiera volver a sonreírle tan gozoso y sentir otra vez en la sangre el torrente de la vida, la alegría, la juventud, tan pleno e impetuoso. ¡Qué suerte que aún estuviese vivo, que en aquellos meses terribles la muerte lo hubiese respetado!
 
 
 
Hermann Hesse (Alemania, 1877-1962). Obtuvo el premio Nobel en 1946.

domingo, 22 de febrero de 2015

Tu boca: ¡NO, NO DIGAS NADA!, de Fernando Pessoa

"Gracia del cuerpo desnudo que invisible se ve."

¡No: no digas nada!
Suponer lo que dirá
tu boca velada
es oírlo ya.
 
Yo oí lo mejor
de lo que dirías.
Lo que eres no viene a la flor
de las frases y los días.
 
Es mejor de lo que tú.
¡No digas nada: lo sé!
Gracia del cuerpo desnudo
que invisible se ve.
 
 
Fernando Pessoa (Portugal, 1888-1935)

sábado, 21 de febrero de 2015

Tu boca: LA SED, de Juana de Ibarbourou

"Sensación de agua viva y moras negras me dio tu boca amante."

 Tu beso fue en mis labios
de un dulzor refrescante.
Sensación de agua viva y moras negras
me dio tu boca amante.
 
Cansada me acosté sobre los pastos
con tu brazo tendido, por apoyo.
Y me cayó tu beso entre los labios,
como un fruto maduro de la selva
o un lavado guijarro del arroyo.
 
Tengo sed otra vez, amado mío.
Dame tu beso fresco tal como una
piedrezuela del río.
 
 
Juana de Ibarbourou (Uruguay, 1892-1979)

viernes, 20 de febrero de 2015

Tu boca: A ESTE LADO DEL PARAÍSO, de F. Scott Fitzgerald

"...el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! "

(Fragmento del capítulo Tom, el censor)

Las calles de febrero, barridas por el viento de noche, se llenan de extraños charcos casi intermitentes; las paredes..., arruinadas bajo el brillo de la nieve que chapotea bajo los faroles como aceite dorado de una divina máquina en una hora de estrellas y deshielo. 
 
Extraños charcos, llenos de ojos de muchos hombres, saturados de una vida en un momento de calma... Oh, yo era joven, porque podía volver a ti, más finita y más bella, para gustar los sueños apenas recordados, dulces y nuevos en tu boca:
 
Hubo un murmullo en el aire de la medianoche: el silencio muerto; el sonido aún no había despertado. ¡La vida crujía como el hielo! Una nota brillante, y aparecías tú, radiante y pálida..., e irrumpía la primavera... (Los pequeños carámbanos, en los aleros; y la vacilante ciudad se desvanecía.)
 
Nuestros pensamientos eran una helada niebla a lo largo de las cornisas; nuestros espectros se besaron allá en lo alto, entre un laberinto de cables; el eco de una risa apagada que sólo deja el vano suspiro de un deseo juvenil; a las cosas que ella amaba siguió una gran pena que sólo dejó su cascara.
 
 
Francis Scott Fitzgerald (Estados Unidos, 1896-1940) 

jueves, 19 de febrero de 2015

Tu boca: PRIMERAMENTE, de Paul Éluard

"... Y es por tu boca, detrás del vaho de nuestros besos..."
 
XXVII

Los cuervos aletean por los campos
La noche se apaga
Para una cabeza que se despierta
Los blancos cabellos el último sueño
Las manos se hacen luz de su sangre
De sus caricias
Una estrella llamada azul
Y cuya forma es terrestre
Enloquecida por los aullidos
Enloquecida por los sueños
Enloquecida por los capelos del ciclón fraterno
Infancia enloquecida por los fuertes vientos
Cómo harías la hermosa la coqueta
No se reirá más
La ignorancia la indiferencia
No revelarán su secreto
Tú no sabes saludar a tiempo
Ni compararte con las maravillas
Pero me oyes
Tu boca comparte mi amor
Y es por tu boca
Detrás del vaho de nuestros besos
Por donde estamos unidos.
 
 
Paul Éluard (Francia, 1895-1952)

miércoles, 18 de febrero de 2015

Tu boca: CANCIONES A GUIOMAR, de Antonio Machado


I
 
No sabía
si era un limón amarillo
lo que tu mano tenía,
o un hilo del claro día,
Guiomar, en dorado ovillo.
Tu boca me sonreía.
Yo pregunté: ¿qué me ofreces?
¿Tiempo en fruto, que tu mano
eligió entre madureces
de tu huerta?
¿Tiempo vano
de una bella tarde yerta?
¿Dorada ausencia encantada?
¿Copia en el agua dormida?
¿De monte en monte encendida,
la alborada
verdadera?
¿Rompe en sus turbios espejos
amor la devanadera
de sus crepúsculos viejos?
 
 
Antonio Machado (España, 1875-1939)

martes, 17 de febrero de 2015

Tu boca: LO BELLO Y LO TRISTE, de Yasunari Kawabata

"- Sírveme un poco de té –susurró. Él levantó la taza y se la tendió. - De tu boca."

(Fragmento del capítulo El lago)

- ¿No te parece que es una vista hermosísima?
- Sí. Es hermosísima. Pero yo estaba pensando en lo hermosa que eres tú. Tu nuca, tu obi...
- ¿Recuerdas cuando me tenías en tus brazos, allá en el templo?
- ¿Que si recuerdo... eso?
- Supongo que estás enfadado conmigo. Estás escandalizado Lo sé.
- Quizá, sí.
- Yo también. Es terrible que una mujer se entregue en forma tan completa.
 
Bajó la voz:
 
- ¿Así que por eso no te acercas a mí?
 
Taichiro se puso de pie y se acercó a ella. Le apoyó una mano sobre el hombro y la guió dulcemente hasta el sofá. Ella permaneció sentada cerca de él, pero mantuvo los ojos bajos.
 
- Sírveme un poco de té –susurró.
 
Él levantó la taza y se la tendió.
 
- De tu boca.
 
Taichiro tomó un sorbo de té y lo dejó filtrar poco a poco por entre los labios de ella. Keiko bebió el té con los ojos cerrados y con la cabeza echada hacia atrás. Su cuerpo estaba inerte, con excepción de los labios y de la garganta.
 
- Más -dijo, sin moverse.
 
Taichiro tomó otro sorbo de té y se lo dio boca a boca.
 
- ¡Ay, qué lindo! -exclamó Keiko, abriendo los ojos-. Me gustaría morir ahora. ¡Por qué no habrá sido veneno!... Estoy acabada. Acabada. Y tú también.
 
Tras una pausa dijo:
 
- Vuélvete.
 
Empujó a Taichiro para que se volviera y apretó el rostro contra su hombro. Luego buscó sus manos. Taichiro tomó una de las manos de la muchacha y la contempló mientras acariciaba un dedo tras otro.
 
- Lo lamento -dijo Keiko-. ¡Qué desconsideración de mi parte! Seguramente estás deseando bañarte. ¿Qué te parece si lleno la bañera?
- Muy bien.
- A no ser que prefieras tomar una ducha.
- ¿Te parece que la necesito?
- Me gustas tal cual estás. Nunca me había gustado tanto un aroma, como el de tu piel -hizo una pausa-. Pero supongo que preferirás refrescarte.
 
 
Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972). Obtuvo el premio Nobel en 1968.
 
(Traducido al español por Nélida M. de Machain)

lunes, 16 de febrero de 2015

Tu boca: POEMA 19 (Niña morena y ágil), de Pablo Neruda

"Tú juegas con el sol..."

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
 
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
 
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
 
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva,
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.




Pablo Neruda: Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto (Chile, 1904-1973).
Obtuvo el premio Nobel en 1971.

sábado, 14 de febrero de 2015

Tu boca: RAYUELA, de Julio Cortázar



Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabiera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
 
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios , apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Julio Cortázar (Argentino nacido en Bruselas, Bélgica, en 1914; fallecido en París, Francia, en 1984).

viernes, 13 de febrero de 2015

Tu boca: POESÍA DE AMOR, de Alfonso Gatto

"... y se entreabre la aridez de tu boca como la noche con su mismo aliento."


Oh dilatadas noches del estío,
conturbadas apenas por los claros
filtros de las ternuras; en desvelo
tu rostro –vivo sueño- entre mis manos.
 
Llegas del más allá, vienes lejana
lo mismo que tus ojos,
y desde el viento, forma de tu alma.
 
Besas, perdidamente besas loca;
y se entreabre la aridez de tu boca
como la noche con su mismo aliento.
 
Vives entonces; vives alma y cuerpo,
y existes en un sueño verdadero,
y vives desde que te he soñado.
 
Bellos con la belleza de tu rostro
-te digo al oprimirte- son los sueños,
y lejanos también como tus ojos.
 
¡El alma es solo invocación al beso!
 
 
 
Alfonso Gatto (Italia, 1909-1976)

jueves, 12 de febrero de 2015

Tu boca: DESEO, de Xavier Villaurrutia

"Amarte a flor de boca..."

Amarte con un fuego duro y frío.
Amarte sin palabras, sin pausas ni silencios.

Amarte sólo cada vez que quieras,
y sólo con la muda presencia de mis actos.

Amarte a flor de boca y mientras la mentira
no se distinga en ti de la ternura.

Amarte cuando finges toda la indiferencia
que tu abandono niega, que funde tu calor.

Amarte cada vez que tu piel y tu boca
busquen mi piel dormida y mi boca despierta.

Amarte por la soledad, si en ella me dejas.
Amarte por la ira en que mi razón enciendes.
 
Y más que por el goce y el delirio,
amarte por la angustia y por la duda.
 
 
Xavier Villaurrutia (México, 1903-1950)

miércoles, 11 de febrero de 2015

Tu boca: LOS CORDOBESES EN CRETA, de Juan Valera

"Muéstrame tú la cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas."

(Fragmento)

En una tarde de primavera entró en el bazar de Abu Hafáz una dama tapada, acompañada de su sirvienta. Aunque él no le vio la cara, admiró la gracia y gallardía de su andar, la esbeltez y elegancia de su talle, cierto inefable prestigio seductor que como nimbo luminoso la circundaba, y la aristocrática belleza de sus blancas, lindas y bien cuidadas manos.
 
La dama quiso ver cuanto de más rico en el bazar había. Abu Hafáz, lleno de complacencia, fue ofreciendo ante sus ojos, y poniendo sobre el mostrador, mil extraños primores en joyas y en telas. Ella no se saciaba de mirarlas. Era muy curiosa. El mercader le dijo:
 
- Aún no te he mostrado, sultana, lo más espléndido y peregrino que mi tienda atesora.
 
- ¿Y para qué lo escondes y no me lo muestras? dijo ella.
 
- Porque soy interesado y no quiero trabajar en balde. Muéstrame tú la cara y yo en pago te enseñaré mis mejores riquezas.
 
La dama no se hizo mucho de rogar. Apartó el rebozo, y dejó ver el más bello y agraciado semblante que el mercader había podido ver o soñar en toda su vida. Agradecido y entusiasmado, trajo entonces perlas de Ormúz, diamantes de Golconda y tejidos de seda, venidos del Catay y bordados con tal esmero y maestría, que no parecía labor de seres humanos, sitio de hadas y de genios.
 
De la mejor y más estupenda de aquellas telas bordadas se prendó la dama incógnita, quiso comprarla, y pidió el precio.
 
- Es tan cara -dijo el mercader- que acaso no quieras o no puedas pagarla; pero si tienes buena voluntad, la tela te saldrá baratísima.
 
- Acaba. Di lo que me costará la tela.
 
- Pues un beso de tu boca -replicó el mercader.
 
Enojada la dama de aquella irrespetuosa osadía, se cubrió el rostro, volvió las espaldas a Abu Hafáz y salió del bazar seguida de su sierva.
 
Quiso el mercader seguirla para averiguar dónde moraba y quién era; pero la dama había desaparecido en el laberinto de las estrechas calles.
 
 
Juan Valera (España, 1824-1905)

martes, 10 de febrero de 2015

Tu boca: EL INTRUSO, de Delmira Agustini

"... y tiemblo si tu mano toca la cerradura..."

Amor, la noche estaba trágica y sollozante
cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura;
luego, la puerta abierta sobre la sombra helante,
tu forma fue una mancha de luz y de blancura.
 
Todo aquí lo alumbraron tus ojos de diamante;
bebieron en mi copa tus labios de frescura;
y descansó en mi almohada tu cabeza fragante;
me encantó tu descaro y adoré tu locura.
 
¡Y hoy río si tú ríes, y canto si tú cantas;
y si duermes, duermo como un perro a tus plantas!
¡Hoy llevo hasta en mi sombra tu olor de primavera;
 
y tiemblo si tu mano toca la cerradura;
y bendigo la noche sollozante y oscura
que floreció en mi vida tu boca tempranera.
 
 
       Delmira Agustini (Uruguay, 1886-1914)

lunes, 9 de febrero de 2015

Tu boca: ROMEO Y JULIETA, de William Shakespeare


 (Fragmento de la escena V del primer acto)

Romeo: Entonces, santa, mi oración te invoca: suplico un beso por mi salvación. 

Julieta: Los santos están quietos cuando acceden.

Romeo: Pues, quieta, y tomaré lo que conceden. (La besa). Mi pecado en tu boca se ha purgado. 

Julieta: Pecado que en mi boca quedaría.

Romeo: Repruebas con dulzura ¿Mi pecado? ¡Devuélvemelo!

Julieta: Besas con maestría.

(Versión rimada)



Romeo: ¡Entonces, dulce santa, que los labios hagan también lo que las manos hacen! ¡Ellos ruegan, concédeles la gracia y así no desesperen de su fe!
 
Julieta: ¡Los santos no se mueven, aunque otorguen!

Romeo: ¡Entonces no te muevas, que mis ruegos van a obtener la gracia que esperaban! ¡Ahora por la gracia de tu boca quedan mis labios libres de pecado! (La besa). (Dura la canción).

Julieta: ¡Ahora tu pecado está en mis labios!
 
Romeo: ¿Pecado de mis labios? ¡Que culpa deliciosa me reprochas! ¡Tienes que devolverme mi pecado!

Julieta: Besas por devoción... (Entra el Ama).

(Versión de Pablo Neruda) 

William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616)

domingo, 8 de febrero de 2015

Tu boca: TANKAS, de Jorge Luis Borges

 
1

Alto en la cumbre
todo el jardín es luna,
luna de oro.
Más precioso es el roce
de tu boca en la sombra.
 
 
Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)