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Vancouver: otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

jueves, 31 de agosto de 2017

Eclipse: LA CONJURACIÓN DE FIESCO, de Friedrich Schiller

"Y las muchachas parecían enamoradas de mi negro rostro, que es tan oscuro como una luna en eclipse."
 
(Fragmento del acto segundo, escena IV)

Fiesco: Una zorra huele a otra. ¿Qué dicen de mis romancescas relaciones con la condesa Imperiali?
 
El Moro: Algo que de buena gana callaría.
 
Fiesco: Habla con libertad. Cuanto más osado, con mayor gusto te escucharé. ¿Qué se murmura?
 
El Moro: No se murmura; se dice a voz en grito, en tabernas y billares, en posadas y paseos, en el mercado, en la Bolsa...
 
Fiesco: ¿Qué? Te lo mando.
 
El Moro (retirándose.): Que estáis loco.
 
Fiesco: Muy bien. Toma un zequí por tu relato. Por dar qué pensar a los genoveses empuñé el cetro de la locura, y ahora voy a cortarme el pelo para competir con sus arlequines. ¿Cómo recibieron los tejedores de seda mis regalos?
 
El Moro (con tono de broma): Señor loco, parecían pobres reos...
 
Fiesco: ¡Señor loco!... ¿Has perdido el juicio, camarada?
 
El Moro: Perdonadme; me dio el antojo de ganar algunos zequíes más.
 
Fiesco (riéndose, le da otro.): Sigue... pobres reos...
 
El Moro: ...que reciben de golpe el indulto, con la soga al cuello. Están con vos, en cuerpo y alma.
 
Fiesco: Lo celebro, porque son los que disponen del populacho.
 
El Moro: ¡Qué escena!... Faltó poco para que le tomara gusto a la generosidad. Se echaron a mi cuello como locos. Y las muchachas parecían enamoradas de mi negro rostro, que es tan oscuro como una luna en eclipse. Qué poder omnipotente tiene el oro: ¡Hasta a un moro lo puede hacer blanco!
 
Fiesco: Mejor es tu pensamiento que el fango en que germina. Buenas son las noticias que traes, y sólo falta que se concreten en obras.
 
El Moro: Como en horrenda tempestad el ligero rumor del trueno. Ya se buscan, se reúnen y murmuran, apenas acierta a pasar un extranjero. Reina el bochorno en Génova y el descontento se cierne como espesa nube sobre la República... Basta una ráfaga de viento para que estallen los rayos y caiga el granizo.
 

Friedrich Schiller: Johann Christoph Friedrich von Schiller (Alemania 1759-1805).
 
La ilustración corresponde a una puesta en escena de la obra que tuvo lugar en Berlín en 1951,
con Franz Kutschera como Fiesco.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Eclipse: EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA, de Miguel de Cervantes

"Eclipse se llama, amigo, que no cris, el escurecerse esos dos luminares mayores..."

(Fragmento del capítulo XII: De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote)
 
Y don Quijote rogó a Pedro le dijese qué muerto era aquél y qué pastora aquélla; a lo cual Pedro respondió que lo que sabía era que el muerto era un hijodalgo rico, vecino de un lugar que estaba en aquellas sierras, el cual había sido estudiante muchos años en Salamanca, al cabo de los cuales había vuelto a su lugar, con opinión de muy sabio y muy leído.
 
- Principalmente, decían que sabía la ciencia de las estrellas, y de lo que pasan, allá en el cielo, el sol y la luna; porque puntualmente nos decía el cris del sol y de la luna.
 
- Eclipse se llama, amigo, que no cris, el escurecerse esos dos luminares mayores -dijo don Quijote.

 
Miguel de Cervantes Saavedra (España, 1547-1616).

martes, 29 de agosto de 2017

Eclipse: SONETOS, de William Shakespeare

"La luna mortal su eclipse ha sufrido..."

Soneto 107
 
Ni mis propios temores, ni la profética alma,
Del ancho mundo soñando el porvenir
Tendrán control de mi amor verdadero,
Supuesto objeto de fatal destino.
 
La luna mortal su eclipse ha sufrido
Y los tristes augurios de su presagio se burlan,
Incertidumbres que ahora se coronan
Y la paz proclama olivos sin olvido.
 
Con las gotas de este bálsamo del tiempo,
Mi amor luce fragante y a la muerte ha sometido
A su pesar viviré en esta humilde rima
Mientras insulta a las enmudecidas tribus.
 
Y encontrarás aquí tu propio monumento
Cuando crestas de tiranos y tumbas de bronce hayan caído.
 
 
 
William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616).
 
(Traducido al español por Jules Etienne).

lunes, 28 de agosto de 2017

Eclipse: DIVINA COMEDIA, de Dante Alighieri

"Si fuese cierto, se manifestaría en los eclipses de Sol, porque la luz de éste pasaría a través de la Luna..."
 
Paraíso
 
(Fragmento del Canto II)
 
- Verás de un modo cierto que tu creencia está basada en una idea falsa, si escuchas bien el argumento que voy a oponerte. La octava esfera os muestra muchas luces, las cuales puede verse que presentan aspectos diferentes así en calidad como en cantidad. Si esto fuera efecto solamente del enrarecimiento y la densidad, en todas ellas habría una sola e idéntica virtud, aunque distribuida en más o menos abundancia y proporcionalmente a sus respectivas masas. Siendo diversas las virtudes, necesariamente han de ser fruto de principios formales; y éstos, menos uno, quedarían destruidos por tu raciocinio. Además, si el enrarecimiento fuese la causa de aquellas manchas acerca de las cuales me preguntas, entonces o el planeta estaría en algunos puntos privado de su materia de parte a parte, o bien del modo que en un cuerpo alternan lo graso y magro, así el volumen de éste se compondría de hojas diferentes. Si fuese cierto lo primero, se manifestaría en los eclipses de Sol, porque la luz de éste pasaría a través de la Luna, como atraviesa por cualquier cuerpo enrarecido. Esto no es así; por lo tanto hemos de examinar el otro supuesto; y si llego también a anularlo, verás demostrado lo falso de tu opinión. Si ese cuerpo enrarecido no llega de un lado a otro de la Luna, es preciso que termine en algún punto donde su contrario no deje pasar la luz, y que el otro rayo reverbere desde allí, como el color se refleja en un cristal que está forrado de estaño. Pero tú dirás que el rayo aparece aquí más oscuro que en otras partes, porque se refracta desde mayor profundidad. De esta réplica puede librarte la experiencia, si haces uso de ella alguna vez, por ser la fuente de donde manan los arroyos de vuestras artes. Toma tres espejos: coloca dos de ellos delante de ti a igual distancia, y el otro un poco más lejos: después fija tus ojos entre los dos primeros. Vuelto así hacia ellos, dispón que a tu espalda se eleve una luz que ilumine los tres espejos, y vuelva a ti reflejada por todos; entonces, aun cuando la luz reflejada sea menos intensa en el más distante, verás que resplandece igualmente en los tres. Desvanecido ya el primer error de tu entendimiento, como a impulso de los cálidos rayos se desvanecen el color y el frío primitivos de la nieve, quiero mostrarte ahora una luz tan viva, que apenas aparezca sentirás sus destellos. Dentro del Cielo de la divina paz se mueve un cuerpo, en cuya virtud reside el ser de todo su contenido. El Cielo siguiente, que tiene tantas estrellas, distribuye aquel ser entre diversas esencias, distintas de él y que en él están contenidas. Los demás cielos, por varios y diferentes modos, disponen para sus fines aquellas cosas distintas que hay en cada uno, y sus influencias. Estos órganos del mundo van así descendiendo de grado en grado, como ahora ves, de suerte que adquieren del superior la virtud que comunican al inferior. Repara bien cómo voy por este camino hacia la verdad que deseas, a fin de que después sepas por ti solo vencer toda dificultad. El movimiento y la virtud de las sagradas esferas deben proceder de los bienaventurados motores, como del artífice procede la obra del martillo. Aquel cielo, al que tantas luces hermosean, recibe forma y virtud de la inteligencia profunda que lo mueve, y se transforma en su sello. Y así como el alma dentro de vuestro polvo se extiende a los diferentes miembros, aptos para distintas facultades, así la inteligencia despliega por las estrellas su bondad multiplicada, girando sobre su unidad. Cada virtud se une de distinto modo con el precioso cuerpo a quien vivifica, y en el cual se infunde como en vosotros la vida. Por la plácida naturaleza de donde se deriva, esa virtud mezclada a los cuerpos celestes brilla en ellos, como la alegría en una pupila ardiente. De ella procede la diferencia que se observa de luz a luz, y no de los cuerpos densos y enrarecidos; ella es el principio formal que produce lo oscuro y lo claro, según su bondad.
 
 
Dante Alighieri (Italia, 1265-1321).

domingo, 27 de agosto de 2017

Eclipse: ANALECTAS, de Confucio


Por mirar la pequeñez de un gusano podemos perder la grandeza de un eclipse.
...

Tzu Kung dijo:

- Las faltas de un hombre sabio y bueno son como los eclipses del Sol y de la Luna: todos ven el fracaso de este, pero cuando lo rectifica, todos lo miran con respeto.
 
 
Confucio (China, 551 a. de C.-479 a. de C.)

sábado, 26 de agosto de 2017

Eclipse: SÁBADO, de Ian McEwan

"Sorprendía aquella abundancia de pelo castaño rojizo -casi hasta la cintura- en un cuerpo tan menudo."
 
(Fragmento del primer capítulo)

Fue una calamidad -sin duda un ataque contra toda la vida de Rosalind- lo que la introdujo en la vida de Henry. La primera vez que la vio fue por detrás, cuando recorría el pabellón neurológico de mujeres a última hora de una tarde de agosto. Sorprendía aquella abundancia de pelo castaño rojizo -casi hasta la cintura- en un cuerpo tan menudo. Por un momento pensó que era una niña muy grande. Estaba sentada en el borde de la cama, todavía totalmente vestida, hablando con el adjunto con una voz que se esforzaba en contener el terror. Perowne captó parte de la historia al detenerse junto a ellos, y conoció el resto más tarde, por las notas de Rosalind.
 
Tenía, en conjunto, buena salud, pero había sufrido cefaleas intermitentes durante el año anterior. Se tocó la cabeza para indicar dónde. Él se fijó en que tenía las manos muy pequeñas. La cara era un óvalo perfecto, y los ojos eran grandes y de un color verde claro. Había habido alguna que otra interrupción de la regla, y en ocasiones los pechos segregaban una sustancia. Aquella tarde, cuando estaba trabajando en la biblioteca de la facultad de derecho, estudiando daños y perjuicios -especificó este punto-, dijo que la vista había empezado, según su propia expresión, a temblequearle. Al cabo de unos minutos ya no veía los números de su reloj de pulsera. Por supuesto, dejó los libros, agarró el bolso y bajó la escalera agarrándose con fuerza a la barandilla. Caminando a tientas por la calle, llegó al servicio de urgencias cuando empezaba a oscurecer.
 
Pensó que había habido un eclipse y le sorprendió que nadie mirase al cielo. Desde urgencias la habían enviado allí directamente y ahora apenas veía las rayas de la camisa del médico adjunto. Cuando él levantó los dedos ella no pudo contarlos.
 
- No quiero quedarme ciega -dijo, con una voz queda y conmocionada-. Por favor, no deje que me quede ciega.


Ian McEwan (Inglaterra, 1948).

viernes, 25 de agosto de 2017

Eclipse: ELOGIO DE LA LOCURA, de Erasmo de Rotterdam

"... cuando nos explican las causas del trueno, de los vientos, de los eclipses..."
 
(Fragmento)

Pongamos en el mismo casillero a los dialécticos y sofistas, gente que mete más ruido que las campanas de una catedral. El menos hablador podría mantener en jaque a las veinte comadres más charlatanas que se pudieran encontrar en toda la tierra. Serían felices sin duda alguna si no hiciesen más que charlar, pero disputan, riñen con obstinación por las cosas más vanas y ridículas y a fuerza de altercados pierden de vista la verdad que buscaban. El amor propio les hace completamente felices. Armados con dos o tres silogismos no temen entrar en liza con toda clase de campeones y disputar sobre cualquier tema conocido. Aunque se enfrenten con el mismo Estentor jamás les veréis ceder; su terquedad les hace invencibles.
 
Después vienen los filósofos, gente muy respetable, a juzgar por la barba y la capa, personas que se vanaglorian de ser los únicos sabios de la tierra y que miran a los demás hombres como sombras vanas que se mueven sobre la superficie de la tierra. Qué placer para ellos cuando en sus delirios filosóficos crean en el universo una cantidad innumerable de mundos diversos. Cuando nos dan el tamaño del sol, de la luna, de las estrellas y de otros astros con tal exactitud como si los hubiesen medido con una cuerda; cuando nos explican las causas del trueno, de los vientos, de los eclipses y otros fenómenos inexplicables, hablando siempre con la misma seguridad que si hubiesen sido los secretarios de la naturaleza cuando se ordenó el universo o acabasen de llegar del Consejo de los dioses.


Erasmo de Rotterdam (Holanda, 1466-1536).

jueves, 24 de agosto de 2017

Eclipse: DICE QUE SU AMOR NO TIENE PARTE TERRESTRE ALGUNA*, de Francisco de Quevedo

"La llama de mi amor, que está clavada en el alto Cénit del Firmamento, ni mengua en sombra ni se ve eclipsada."


Soneto 458
 
Por ser mayor el cerco de oro ardiente
Del sol que el globo opaco de la Tierra,
Y menor que éste el que a la Luna cierra
Las tres caras que muestra diferente,
 
Ya la vemos menguante, ya creciente,
Ya en la sombra el eclipse nos la entierra;
Mas a los seis Planetas no hace guerra,
Ni estrella fija sus injurias siente.
 
La llama de mi amor, que está clavada
en el alto Cénit del Firmamento,
Ni mengua en sombra ni se ve eclipsada.
 
Las manchas de la tierra no las siento,
Que no alcanza su noche a la sagrada
Región donde mi fe tiene su asiento.
 
 
Francisco de Quevedo (España, 1580-1645).
 
* Dice que su amor no tiene parte alguna terrestre.
Seméjale con la causa astronómica de eclipsarse la luna y no otros planetas.
José Antonio González de Salas, editor primigenio de este poema.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Eclipse: GARGANTÚA, de François Rabelais


(Fragmento del capítulo LVIII: El enigma profético)
 
Los más dichosos que de ella más tuvieran
Menos que de la pérdida y se abstuvieran
A esforzarse en más de una manera
Para esclavizarla y que se rinda prisionera,
En tal lugar como derrota del pobre
Sin poder reconocer a quien la recobre.
Y lo que es peor de este triste accidente
El claro sol, antes de que entre en occidente
Dejará que la oscuridad se derrame brutal
Más allá de un eclipse, o de noche natural.
De un solo golpe perderá su libertad
Y del alto cielo el favor de su claridad.
O por lo menos permanecerá desierto,
Pierde cuando avanza entre estas ruinas, es cierto
Durante largo tiempo sensiblemente ha mostrado
lo que tras el violento terremoto se ve devastado,
Ni siquiera el Etna tembló tan agitado
Cuando el hijo de Titán fue arrojado.
 
 
(Les plus heureux qui plus d'elle tiendront
Moins de la perdre et gâter s'abstiendront,

Et tâcheront en plus d'une manière
À l'asservir et rendre prisonnière,
En tel endroit que la pauvre défaite
N'aura recours qu'à celui qui l'a faite.
Et pour le pis de son triste accident
Le clair soleil, ains qu'être en occident
Lairra épandre obscurité sur elle
Plus que d'éclipse, ou de nuit naturelle.
Dont en un coup perdra sa liberté,
Et du haut ciel la faveur et clarté.
Ou pour le moins demeurera déserte,
Mais elle avant cette ruine et perte
Aura long temps montré sensiblement
Un violent et si grand tremblement,
Que lors Etna
ne fut tant agitée,
Quand sur un fils de Titan fut jetée
).
 
 
François Rabelais (Francia, 1494-1553).

(Traducido del francés por Jules Etienne).
La imagen es obra del artista catalán Antoni Clavé, quien ilustró una edición de Gargantúa.

martes, 22 de agosto de 2017

Eclipse: GEÓRGICAS, de Virgilio

"... mostradme las sendas del cielo y el curso de las estrellas, y los varios eclipses del sol y los giros de la luna..."

(Fragmento del Libro II)
 
¡Oh Musas, dulces para mí sobre todas las cosas, a quienes rindo culto con gran amor!, acogedme en vuestro regazo y mostradme las sendas del cielo y el curso de las estrellas, y los varios eclipses del sol y los giros de la luna; cuál sea la causa de los terremotos, por qué fuerza se hinchan los profundos mares, rompiendo sus barreras, y luego vuelven a su primer sosiego; por qué los soles invernales se dan tanta prisa en sumirse en el Océano, y por qué son tan tardías las noches de verano. Mas si la sangre ya fría que circuye mis entrañas impide que pueda sondar estos misterios de la naturaleza, plázcanme los campos y los arroyos que riegan los valles; contento en mi oscuridad, deléitenme los ríos y las selvas. ¿Dónde estáis, ¡oh campos, oh Esperquio y oh monte Taigeto!, frecuentados por las vírgenes bacantes de Laconia? ¡Oh, quién me llevará a los helados valles del Hemo y me cobijará con la gran sombra de sus enramadas!


Publio Virgilio Marón: Publius Vergilius Maro (Imperio romano, 70 a. de C.-19 a. de C.)

(Traducido al español por Eugenio de Ochoa, versión en prosa).

lunes, 21 de agosto de 2017

Eclipse: LA ODISEA, de Homero

"... y Palas Atenea levantó una risa inextinguible entre los pretendientes..."

(Fragmento del canto XX: La última cena de los pretendientes)

Y le contestó Telémaco discretamente:
 
«¡No, por Zeus, Agelao, y por las tristezas de mi padre quien puede que haya muerto o ande errante lejos de Ítaca! De ninguna manera trato de retrasar el casamiento de mi madre; por el contrario, la exhorto a casarse con el que quiera e incluso le doy regalos innumerables. Pero me avergüenzo de arrojarla del palacio contra su voluntad, con palabra forzosa. ¡No permita la divinidad que esto suceda!»
 
Así lo dijo Telémaco, y Palas Atenea levantó una risa inextinguible entre los pretendientes y les trastornó la razón. Reían con mandíbulas ajenas y comían carne sanguinolenta; sus ojos se llenaban de lágrimas y su ánimo presagiaba el llanto. Entonces les habló Teoclímeno, semejante a un dios:
 
«¡Ah, desdichados!, ¿qué mal es éste que padecéis? En noche están envueltas vuestras cabezas y rostros y de vuestras rodillas abajo. Se enciende el gemido y vuestras mejillas están llenas de lágrimas. Con sangre están rociados los muros y los hermosos intercolumnios y de fantasmas lleno el vestíbulo y lleno está el patio de los que marchan a Erebo bajo la oscuridad. El sol ha desaparecido del cielo y se ha extendido funesta niebla.»
 
Así dijo, y todos se rieron de él dulcemente. Y Eurímaco, hijo de Pólibo, comenzó a hablar entre ellos:
 
«Está loco el forastero recién llegado de tierra extraña. Vamos, jóvenes, llevadlo fuera de la casa; que marche al ágora, ya que piensa que aquí es de noche.»

 
Homero (Grecia, siglo VIII a. de C.).

domingo, 20 de agosto de 2017

Eclipse: HAIKÚ, Anónimo


Eclipse de sol,
como la tinta sin luz.
Estrellas brillan.
 
Este haikú anónimo debió inspirarse en la crónica sobre el eclipse solar ocurrido el 9 de agosto del año 975 recogida en Hyaku Rensho: "El sol sufrió un eclipse; desapareció por completo. Era como tinta sin luz. Todas las estrellas se vieron (o: las estrellas fueron visibles durante el día)". The Sun was eclipsed; it was all gone. It was like ink and without light. The stars were all visible (or: stars were visible in the daytime). De acuerdo con lo publicado por F. Richard Stephenson en su Historia de los eclipses y la rotación de la Tierra (1997). En cuanto a Hyaku Rensho, se trata del recuento histórico de la corte imperial japonesa entre los años 960 a 1269.

sábado, 19 de agosto de 2017

Eclipse: EL RAMAYANA, de Valmiki

 
El libro del bosque
 
(Fragmento del capítulo 7: La ira de los Rakshasas)
 
Cuando Rama vio a los demonios atacando por todos lados, nuevamente disparó miles de flechas, las cuales como rayos seccionaron sus miembros. Pronto el campo de batalla se convirtió en una pesadilla, quedando cabezas decapitadas esparcidas por todo el bosque; hachas, lanzas de hierro, cimitarras, espadas, flechas y arcos, inclusive grandes peñascos quedaron hechos añicos por las flechas demoledoras del hijo de Dasarath.
 
Incapaces de avanzar más, los rakshasas huyeron del campo de batalla. Sri Rama disparó una flecha que partió el arco de Dushana, con otras cuatro mató a sus cuatro caballos y con una flecha en forma de media luna decapitó a su auriga. Después hirió el cuerpo del rakshasa con tres flechas. Éste, enfurecido al ver su carroza destrozada, herido como estaba, cogió un garrote y se precipitó contra Rama, tal como el oscuro planeta Rahu* se abalanza hacia el muy alto y refulgente Sol. Cuando Dushana se lanzó contra Rama, el Señor le disparó dos flechas que lo hicieron caer muerto luego de cercenar sus decorados brazos.
 
Valmiki (India, siglo V a. de C.)
 
* Este planeta sutil, invisible a simple vista, es el que provoca los eclipses anteponiéndose a los astros, según la cosmología Védica. Se conoce en terminología moderna como el nodo norte de la Luna.

viernes, 18 de agosto de 2017

ECLIPSE, de Arquíloco de Paros


Nada hay más allá de la esperanza,
nada que pueda jurarse imposible
ni maravilloso, desde que Zeus impasible,
padre de los Olímpicos en lontananza,
ocultando la luz del sol refulgente
de un mediodía la noche hizo al momento
y un doloroso temor agobió a la gente.
A partir de ese oscurecimiento
todo es posible en el firmamento,
se puede creer cualquier evento.
  
 
Zeus, padre de los Olímpicos, de un mediodía hizo noche, ocultando la luz del Sol brillante. Húmedo espanto sobrevino a las gentes. Desde entonces cualquier cosa resulta creíble y esperable a los humanos.
  
Arquíloco de Paros (Grecia, 680-640 a. de C.)
 
La primera es una versión rimada de Constantino Cacoulides, en tanto que la segunda es una traducción en prosa que aparece en Antología de la lírica griega arcaica, publicada por Cátedra en 2002.
 
(Versión en inglés: Nothing there is beyond hope, nothing that can be sworn impossible, nothing wonderful, since Zeus, father of the Olympians, made night from mid-day, hiding the light of the shining Sun, and sore fear came upon mankind. After this, men can believe anything, expect anything.)

jueves, 17 de agosto de 2017

Eclipse: EL SIGLO MALDITO, de Geoffrey Parker

"... cinco chivos expiatorios «naturales»: las estrellas, los eclipses, los terremotos, los cometas y manchas solares."
 
(Fragmento del capítulo 1: La pequeña edad de hielo)
 
La popularidad de las obras de teatro, la sodomía y la brujería como explicaciones de la catástrofe en el siglo XVII apenas eran nada en comparación con los cinco chivos expiatorios «naturales»: las estrellas, los eclipses, los terremotos, los cometas y las manchas solares. En Alemania, un diplomático sueco se preguntaba en 1648 si el aluvión de rebeliones de la época podía «explicarse mediante algún tipo de configuración general de las estrellas en el firmamento»; mientras que, según un cronista español, únicamente «la malignidad de los astros» podía explicar la coincidencia de que «en un año (1647-1648) que no sólo en Nápoles, sino también en Sicilia, en el Estado Eclesiástico, en Inglaterra y Francia, y aún en la Metrópolis del Oriente, se veyan o se prevenían para el siguiente atrocidades y casos tan raros, que en otra ninguna era». Pocos años más tarde, el historiador italiano Maiolino Bisaccione argumentaba en este mismo sentido que sólo «la influencia de las estrellas» podía haber generado tanta «ira entre el pueblo contra los gobiernos» de su época.
 
Otros culpaban a los eclipses. El autor de un almanaque español estaba completamente seguro de que un reciente eclipse de Sol había producido «grandes alborotos de guerra, como mudanzas de estados, daño en gente popular» entre marzo de 1640 y marzo de 1642 (así como otras catástrofes meticulosamente pronosticadas hasta el año 2400). Una recopilación inglesa similar predecía que los dos eclipses lunares y el pronóstico de una inusual conjunción planetaria para 1642 traerían «muchos accidentes extraños», a saber, «graves fiebres tercianas, guerra, hambruna, peste, incendios de viviendas, violaciones, despoblación, homicidios, sediciones secretas, destierros, encarcelamientos, muertes violentas e inesperadas, asaltos, robos e invasiones piratas». Otro, por lo demás, sensato cronista, escribió dos años después de la revolución de Nápoles de 1647 que la culpa de todo la tenía un reciente eclipse solar; mientras que en Irán, otro eclipse solar acaecido en 1654 condujo a algunos «sabios persas» a afirmar que aquello significaba «que el rey había muerto; otros decían que habría una guerra y derramamiento de sangre; otros, en cambio, que se producirían muertes por doquier». En la India, incluso los emperadores mongoles tomaban precauciones especiales durante los eclipses, permaneciendo bajo techo y comiendo y bebiendo muy poco; mientras que en el Paraíso perdido, escrito entre 1658 y 1663, John Milton se hacía eco del pánico popular cuando el Sol
... desde detrás de la Luna
en los sombríos eclipses difunde un crepúsculo funesto
sobre la mitad de las naciones; y con el temor al cambio
desconcierta a los monarcas.


Geoffrey Parker (Inglaterra, 1943).

miércoles, 16 de agosto de 2017

Eclipse: PARAÍSO PERDIDO, de John Milton


 
(Fragmento)
 
Versión rimada:
 
Así el sol, al nacer en una oscura
Atmósfera cubierta de vapores,
Sólo despide tristes resplandores,
O alguna claridad poco segura;
Y tal también se ve descolorido
Cuando su hermana eclipsa su encendido
Inmenso disco, que penado arroja
Algún rayo de luz funesta y roja,
Anuncio de sucesos desgraciados,
Terror de los más altos potentados,
Mas con todo, a pasar de las fatales
Tinieblas con que espanta a los mortales,
Los demás astros nunca lo disputan
El Reino, y vasallaje lo tributan.
Tal el terrible Arcángel se presenta:
Su resplandor celeste, aunque eclipsado
Eclipsa a los demás. Su rostro, arado
Por el vengador rayo, está cubierto
De negros surcos...
 
Versión en prosa:
 
Era comparable con el sol naciente cuando sus rayos atraviesan con dificultad la niebla, o cuando situado a espaldas de la luna en los sombríos eclipses difunde un crepúsculo funesto y atormenta a los reyes con el temor que inspiran sus revoluciones. Así oscurecido, brillaba más el arcángel que todos sus compañeros: pero surcaban su rostro profundas cicatrices causadas por el rayo, y en la inquietud que en sus demacradas mejillas y bajo sus cejas se retrataba, al par que en su intrepidez, e indomable orgullo, parecía anhelar el momento de la venganza.
 
 
John Milton (Inglaterra, 1608-1674).
 
La ilustración corresponde a la recreación visual de Paraíso perdido por Terrance Lindall.

martes, 15 de agosto de 2017

El eclipse no tiene la culpa

 
"¿Cuál es la causa de un eclipse?", se preguntaba Aristóteles en su Metafísica. "¿Cuál su materia? Ninguna, sino que la Luna es la que lo padece. Y ¿cuál es la causa eficiente que destruye la luz? La Tierra." De este argumento se valió para establecer que un enunciado es oscuro si no lo acompaña la causa. "¿Qué es un eclipse?" -se vuelve a preguntar-. "Privación de luz. Pero, si se añade «por la interposición de la Tierra», este enunciado implica la causa."
 
Algunas civilizaciones primitivas desarrollaron conocimientos astronómicos muy avanzados. Sin embargo, con frecuencia atribuían a los eclipses poderes excepcionales. Decía Voltaire en su Diccionario filosófico que "Durante mucho tiempo los pueblos consideraron los fenómenos extraordinarios como presagios de sucesos prósperos o adversos. Los historiadores romanos observaron que un eclipse de sol acompañó el nacimiento de Rómulo, que otro anunció su muerte y un tercero precedió la fundación de Roma.
 
En torno a los eclipses se acumulan creencias y leyendas que forman parte de diversas mitologías. Por ejemplo Robert Graves en Los mitos griegos menciona que:
 
"La «sangre de los corazones» de las Erinias con la que estaba amenazada el Ática parece ser un eufemismo por la sangre menstrual. Un encantamiento inmemorial utilizado por las hechiceras que quieren maldecir una casa, un campo o un establo, consiste en correr desnudas a su alrededor, en sentido contrario al del movimiento del sol, nueve veces, mientras tienen la menstruación. Esta maldición es considerada más peligrosa para las cosechas, el ganado y los niños durante un eclipse lunar, y completamente inevitable si la hechicera es una virgen que tiene la menstruación por primera vez."

No muy lejanas se encuentran las explicaciones en torno a la Luna que describe Jacques Soustelle en El universo de los aztecas:
 
"La Luna representa el lado femenino de la naturaleza, la fecundidad, la vegetación y también la embriaguez. Cuando se producía un eclipse, pensábase que la luna moría; si una mujer encinta salía de su casa durante un eclipse lunar, debía llevar en la cintura una hoja de obsidiana, sin la cual su hijo nacería con labio leporino, pues su rostro se parecería al del conejo lunar. Todavía hoy en el campo, los indígenas dicen que «la Luna ha muerto» cuando se produce un eclipse, y las mujeres encintas sólo salen de su casa llevando un cuchillo o unas tijeras a la cintura."
 

Un sapo, afirma Arthur Waley, era considerado entre los chinos como responsable de los eclipses lunares. Según las antiguas creencia chinas, se trataba de una mujer hechizada que tras haberse robado el elíxir de la inmortalidad, como castigo fue desterrada a vivir para siempre en la luna. Debido a sus fuerzas demiúrgicas podía tragársela, provocando cada vez que lo hacía, su desaparición en la forma de un eclipse total o parcial.
 
Y para concluir, esta reflexión que André Maurois incluye en El arte de pensar, y que recurre al eclipse como un ejemplo de axioma falso:
 
"Hay observaciones que sugieren algunas hipótesis sobre la interconexión de fenómenos. Para verificar tales hipótesis, el sabio provoca nuevas observaciones más rigurosas. «El observador, dice Cuvier, escucha a la naturaleza; el experimentador la interroga y la obliga a manifestarse». Por ejemplo, hace variar las causas y anota las variaciones del efecto. Si observa una relación fija entre causa y el efecto, la relación parecerá confirmada. Sin embargo, el error aún es posible. «Después de esto, luego a causa de esto», es a menudo un axioma falso. Que haya estallado una guerra después de un eclipse no significa que el eclipse sea su causa. En Oxford se cuenta la historia de un estudiante que tomaba todas las noches una buena cantidad de whiskies and soda, y enseguida se le confundían las ideas. Abandonó el whisky y tomó brandy and soda; nuevamente se embriagaba. Probó un gin and soda. «No hay duda, concluyó, es la soda». Si hubiese sido un experimentador más sabio, habría intentado una contraprueba: suprimir la soda manteniendo el whisky, el brandy y el gin, y así habría descubierto el error."
 


 Jules Etienne
 
La ilustración corresponde a una fotografía de Eugen Kamenev.

lunes, 14 de agosto de 2017

Eclipse: DICCIONARIO FILOSÓFICO, de Voltaire

"Las tinieblas de la superstición son más peligrosas que las de los eclipses."

Eclipse
 
(Fragmentos)

Durante mucho tiempo los pueblos consideraron los fenómenos extraordinarios como presagios de sucesos prósperos o adversos. Los historiadores romanos observaron que un eclipse de sol acompañó el nacimiento de Rómulo, que otro anunció su muerte y un tercero precedió la fundación de Roma.
 
En el artículo Visión de Constantino hablaremos con detalle de la aparición de la cruz que precedió al triunfo del cristianismo, y en el artículo Profecías trataremos de la estrella nueva que apareció cuando el nacimiento de Jesús. Aquí nos limitaremos a indicar que el mundo se cubrió de tinieblas en los momentos en que expiraba el Salvador.
 
Los escritores griegos y latinos de la Iglesia citan como auténticas dos cartas atribuidas a Dionisio el Areopagita, en las que refiere que encontrándose en Heliópolis con su amigo Apolofano vieron de repente, hacia la hora sexta, que la luna se colocaba bajo el sol, produciendo un gran eclipse. En seguida, cerca de la hora nona, se apercibieron de que la luna abandonaba el sitio que ocupaba para colocarse en la parte opuesta. Entonces tomaron las reglas de Felipe Arideus y, tras examinar el curso de los astros, comprobaron que lógicamente el sol no pudo producir un eclipse en aquel momento. Además, observaron que la luna, contra su marcha natural, en vez de venir desde Occidente a colocarse debajo del sol, llegó por la parte de Oriente y se volvió hacia atrás por la misma parte. Esto hizo decir a Apolofano: «Estos son, mi querido Dionisio, trueques divinos», a lo que Dionisio apostilló: «O el autor de la naturaleza sufre, o la máquina del universo quedará pronto destruida».

Dionisio añade que habiendo tomado nota de la hora y año en que se produjo ese prodigio, y combinando todo ello con lo que Pablo dijo algún tiempo después, se rindió a la evidencia de la verdad, al igual que su amigo. Así se originó la creencia de que las tinieblas que oscurecieron el mundo en la muerte de Cristo fueron producto de un eclipse sobrenatural, hasta que Maldonat dijo que ésta era la opinión de los católicos. Era, en efecto, difícil oponerse a la declaración de un testigo ocular, sabio e imparcial, porque entonces se supone que Dionisio era todavía pagano.
(...)

No se da crédito a los supuestos testimonios de Dionisio, Flegón y Thallus, y recientemente se ha citado la historia de China en cuanto al gran eclipse de sol que supusieron tuvo lugar contra todo pronóstico el año treinta y dos del nacimiento de Jesucristo. La primera obra que lo menciona es una Historia de China, que publicó en París en 1672 el jesuita Greslon. En el extracto que incluyó el Diario de los sabios, el 2 de febrero de ese año, se encuentra el siguiente pasaje:
 
«Los anales de China refieren que en el mes de abril del año treinta y dos de Jesucristo hubo un gran eclipse de sol, en contra de las leyes de la naturaleza. Si ello fue verdad, ese eclipse podría ser muy bien el que ocurrió durante la pasión de Jesucristo, que murió en el mes de abril según opinan algunos autores. Por esto los misioneros que están en China ruegan a los astrónomos de Europa que estudien si hubo o no eclipse en dichos mes y año, y si pudo tener lugar en forma natural, porque probando esa circunstancia podrían sacarse de ello grandes ventajas para convertir a los chinos.»
 
Uno no acierta a comprender por qué pidieron a los matemáticos de Europa que hicieran ese cálculo, cuando los jesuitas Adam, Shal y Verbiest, que reformaron el calendario de China, calcularon los eclipses, los equinoccios y los solsticios, y ellos pudieron hacer el cálculo. Además, si el eclipse que refiere Greslon tuvo lugar contra las leyes de la naturaleza, ¿cómo era posible calcularlo? Según confesión del jesuita Couplet, los chinos han incluido en sus anales gran número de falsos eclipses, y el chino Yam Quemsiam, al contestar a la Apología de la Religión Cristiana, que publicaron en China los jesuitas, dice terminantemente que ese supuesto eclipse no consta en ninguna historia china.
(...)

Orígenes dice que no es extraño que los autores extranjeros no hablen de las tinieblas que mencionan los evangelistas, porque sólo oscurecieron las cercanías de Jerusalén, y según su opinión, con la palabra Judea se designa todo el mundo en algunas partes de la Sagrada Escritura. Confiesa, por otra parte, que el pasaje del Evangelio de Lucas, en el cual en su tiempo se decía que toda la tierra se cubrió de tinieblas cuando se produjo el eclipse de sol, fue falsificado por algún cristiano ignorante que creyó de esa manera descifrar mejor el texto del evangelista, o por algún enemigo mal intencionado que con ese pretexto pretendió calumniar a la Iglesia, como si los evangelistas hubieran querido significar que había de producirse un eclipse en tiempo determinado, que era obvio no podía tener lugar. «Es verdad -añade Orígenes- que Flegón dijo que hubo un eclipse en la época de Tiberio pero al no decir que se produjo en luna llena no tiene nada de prodigioso. Estas tinieblas -continúa diciendo Orígenes- eran de la misma naturaleza que las que cubrieron Egipto en tiempos de Moisés y que no llegaron hasta la región donde habitan los israelitas. Las tinieblas de Egipto duraron tres días y las de Jerusalén sólo tres horas; las primeras fueron una copia de las segundas, y así como Moisés, para atraerlas sobre Egipto, elevó las manos al cielo e invocó al Señor, también Jesucristo, para cubrir de tinieblas a Jerusalén, extendió las manos sobre la cruz para protestar del pueblo ingrato que, amotinado en contra de él, gritó: Crucificadle, crucificadle.»
 
Nosotros terminaremos este artículo diciendo como Plutarco: Las tinieblas de la superstición son más peligrosas que las de los eclipses.
 
 
Voltaire: François Marie Arouet (Francia, 1694-1778).