Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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martes, 29 de mayo de 2018

Mayo: CUANDO LA SOMBRA DUERME SU CUERPO SE ILUMINA..., de Homero Aridjis


Cuando la sombra duerme su cuerpo se ilumina
su rostro reflejado atraviesa cristales
y finalmente se instala en todo brillo

Sus dedos trenzan en el aire
los bellos frutos de los días de mayo

Muda en la respiración de las cosas
la voz de una mujer pasa buscándola

Desnuda en el esplendor irreparable
sus ojos se abren como un río
de luz y de sonido


Homero Aridjis (México, 1940).

viernes, 24 de abril de 2015

Tu boca: MIRÁNDOLA DORMIR, de Homero Aridjis

"... sonríes con negligencia, con esfuerzo estás ahí, extraña para la luz precaria de la lámpara..."

(Fragmento)
 
Ágil, azul, irreversible desciendes a tu cuerpo; el insomnio de alguien te despierta; dócil miras tu desnudez, los  objetos vestidos de sí mismos; tus cabellos tocan la punta de tus hombros; hay un ojo rosado que se asoma más abajo de ti; se te oye respirar, mirar, ser tú; no argumentas, recomienzas enervada; hay una suspensión de todo, hay una pausa: sonríes con negligencia, con esfuerzo estás ahí, extraña para la luz precaria de la lámpara; puedo llevar mis dedos a la sábana, al tapete gris, eso es tocarte; nada te apremia; por hoy se ha hecho el sueño, lo que separa, el juego sutil: que duermas bien; no estás ahí, me estoy pensando desde adentro de algo que te mueve, te estoy llamando sin sentirlo; hay un ojo rosado que se apaga, unos párpados negros que miran sin mirar;  lo que une es lo diferente que se sueña; puedo llevar mis dedos a tu cuello, a la mesurada, blanda noche de tu boca, y no te toco: eso es matarme.
 

Homero Aridjis (México, 1940)

miércoles, 11 de marzo de 2015

Tu boca: NO ES NADA DE TU CUERPO, de Jaime Sabines

"No es tu boca -tu boca que es igual que tu sexo-..." 

No es nada de tu cuerpo
ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,
ni ese lugar secreto que los dos conocemos,
fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.
No es tu boca -tu boca
que es igual que tu sexo-,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo.
No es tu mirada -¿qué es una mirada?-
triste luz descarriada, paz sin dueño,
ni el álbum de tu oído, ni tus voces,
ni las ojeras que te deja el sueño.
Ni es tu lengua de víbora tampoco,
flecha de avispas en el aire ciego,
ni la humedad caliente de tu asfixia
que sostiene tu beso.
No es nada de tu cuerpo,
ni una brizna, ni un pétalo,
ni una gota, ni un grano, ni un momento.

Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.


 
Jaime Sabines (México, 1926-1999)

martes, 4 de junio de 2013

Vampiros: AMANTES, de Jorge Gaitán Durán

"... como dos vampiros al alzarse el día..."

I

Somos como son los que se aman.
Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos
desconocidos que se estrechan a tientas,
cicatrices con que el rencoroso deseo
señala a los que sin descanso se aman:
el tedio, la sospecha que invencible nos ata
en su red, como en la falta dos dioses adúlteros.
Enamorados como dos locos,
dos astros sanguinarios, dos dinastías
que hambrientas se disputan un reino,
queremos ser justicia, nos acechamos feroces,
nos engañamos, nos inferimos las viles injurias
con que el cielo afrenta a los que se aman.
Sólo para que mil veces nos incendie
el abrazo que en el mundo son los que se aman

mil veces morimos cada día.

II
 
Desnudos afrentamos el cuerpo
como dos ángeles equivocados,
como dos soles rojos en un bosque oscuro,
como dos vampiros al alzarse el día,
labios que buscan la joya del instante entre dos muslos,
boca que busca la boca, estatuas erguidas
que en la piedra inventan el beso
sólo para que un relámpago de sangres juntas
cruce la invencible muerte que nos llama.
De pie como perezosos árboles en el estío,
sentados como dioses ebrios
para que me abrasen en el polvo tus dos astros,
tendidos como guerreros de dos patrias que el alba separa,
en tu cuerpo soy el incendio del ser.
 
 
Jorge Gaitán Durán (Colombia, 1924-1962)