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Verano en Vancouver: luz de agosto en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

martes, 31 de diciembre de 2019

Año nuevo: PASAJE DEL AÑO, de Carlos Drummond de Andrade

"Una vez más estás vivo. Y con la copa en la mano esperas amanecer."

El último día del año
no es el último día del tiempo.
Otros días vendrán
y nuevos muslos y vientres te comunicarán
el calor de la vida.
Besarás bocas, rasgarás papeles,
harás viajes y tantas celebraciones
de aniversario, graduación, promoción,
gloria, dulce muerte con sinfonía y coral,
que el tiempo quedará repleto y no oirás el clamor,
los irreparables aullidos
del lobo en la soledad.
El último día del tiempo
no es el último día de todo.
Queda siempre una franja de vida
donde se sientan dos hombres.
Un hombre y su contrario,
una mujer y su pie,
un cuerpo y su memoria,
un ojo y su brillo,
una voz y su eco,
y quien sabe si hasta Dios...
Recibe con simplicidad
este presente del acaso.
Mereciste vivir un año más.
Desearías vivir siempre y agotar
la borra de los siglos.
Tu padre murió, tu abuelo también.
En ti mismo mucha cosa ya expiró,
otras acechan la muerte,
pero estás vivo. Una vez más estás vivo.
Y con la copa en la mano
esperas amanecer.
El recurso de embriagarse.
El recurso de la danza y del grito,
el recurso de la pelota de colores,
el recurso de Kant y de la poesía,
todos ellos...y ninguno resuelve nada.
Surge la mañana de un nuevo año.
Las cosas están limpias, ordenadas.
El cuerpo gastado se renueva en espuma.
Todos los sentidos alertas funcionan.
La boca está comiendo vida.
La boca está atascada de vida.
La vida escurre de la boca,
mancha las manos, la vereda.
La vida es gorda, oleosa, mortal, subrepticia.


Carlos Drummond de Andrade (Brasil, 1902-1987).

martes, 24 de diciembre de 2019

Navidad: EL HOMBRE DELGADO, de Dashiell Hammett


(Fragmento inicial del capítulo cinco)

Aquella noche Nora no pudo conciliar el sueño.  Estuvo leyendo las memorias de Chaliapin hasta que empecé a quedarme dormido, y entonces me despertó al preguntarme:
 
- ¿Estás dormido?
 
Le dije que sí. Encendió un cigarrillo, me lo dio y encendió otro para ella.
 
- ¿Nunca se te ha ocurrido volver a hacer de detective de cuando en cuando, nada más que por diversión? Quiero decir, cuando ocurre algo especial, como lo de Lindb...
 
- Cariño, mi teoría es que Wynant la mató y que la Policía le cogerá sin necesidad de que yo los ayude. En cualquier caso, no tiene nada que ver conmigo.
 
- No quise decir sólo eso, pero...
 
- Además, no tengo tiempo. Estoy demasiado atareado cuidando de que no pierdas el dinero por el cual me casé contigo-la besé-.¿No crees que si te tomaras un trago te ayudaría a dormir?
 
- No, gracias.
 
- Puede que te ayudara a hacerlo si me lo tomara yo.
 
Cuando volví con mi whisky a la cama encontré a Nora frunciendo el ceño al vacío.
 
- Es mona, pero anda mal de la cabeza -le dije-. No sería hija de su padre si estuviera cuerda. Es imposible saber hasta qué punto lo que dice es lo que piensa, ni hasta qué punto ha ocurrido lo que piensa. Me gusta la chica, pero creo que te estás metiendo en...
 
- Yo no estoy segura de que me guste-dijo Nora pensativamente-. pero aunque sólo la cuarta parte de lo que nos dijo sea verdad, está en un buen lío.
 
- Yo no puedo hacer nada para ayudarla.
 
-Ella cree que sí.
 
-Y tú también, lo cual viene a demostrar que no importa qué sea lo que pienses, siempre encontrarás a alguien que estará de acuerdo contigo.
 
- ¡Ojalá estuvieras un poco menos borracho para poder hablar contigo! -suspiró Nora. Se inclinó hacia mí para beber un sorbo de mi vaso-.Si me das mi regalo de Navidad ahora, te daré yo el tuyo.
 
- Con el desayuno -dije, sacudiendo la cabeza.
 
- Pero ¡si ya es Navidad!
 
- Con el desayuno.
 
- Lo que sea que me vas a regalar-dijo-, espero que no me guste.
 
 
Dashiell Hammett (Estados Unidos, 1894-1961).

lunes, 23 de diciembre de 2019

Navidad: GUARDA SIEMPRE MI PALABRA, de Osip Mandelstam

"Ojalá me amaran sólo a mí estos parajes helados..."

Guarda siempre mi palabra tras un dejo de desgracia y humo,
 Tras la resina de la paciencia circular, tras la brea vergonzosa del trabajo...
 Como el agua que en los pozos de Novgorod debe ser negra y dulce,
 Para que en la Navidad se refleje en ella la estrella de siete alas.
 Y por ello, padre mío, mi amigo y burdo ayudante,
 Soy un hermano bastardo, un renegado del pueblo,
 Que promete edificar grandes y frondosas construcciones
 Para que en ellas se mueran los príncipes.
 Ojalá me amaran sólo a mí estos parajes helados
 Como los bolos que, apuntando a la muerte, golpean el jardín.
 Aunque pase toda la vida en una camisa de hierro
 Encontraré para la ejecución un hacha en el bosque.
 
 
Osip Mandelstam (Rusia, 1891-1938).

domingo, 22 de diciembre de 2019

Solsticio de invierno: LIMONES AMARGOS, de Lawrence Durrell

"... los sauces están especialmente vinculados con el solsticio de invierno..."

(Fragmento)

A Zeus le pertenece el roble. Hermes era dueño de la palmera, y más tarde, Apolo de la palmera y del laurel. Démeter, de la higuera. El sicómoro era el Árbol de la Vida para los egipcios. El pino pertenecía a Cibeles. El álamo negro y los sauces están especialmente vinculados con el solsticio de invierno, y por lo tanto con Plutón y Perséfone; pero el álamo blanco es de Hércules, quien lo sacó de las sombras.


Lawrence Durrell
(Inglés nacido en India y fallecido en Francia, 1912-1990).

sábado, 21 de diciembre de 2019

EL SOLSTICIO DE INVIERNO SEGÚN TRES POETAS: D. H. Lawrence, Ezra Pound y Octavio Paz


El día de hoy tiene lugar el solsticio de invierno, y para no dejarlo pasar desapercibido incluyo las referencias al mismo de tres poetas, dos en lengua inglesa, D. H. Lawrence y Ezra Pound, y otro en español, Octavio Paz, quienes se ocupan de este solsticio que ocurre en el hemisferio boreal durante el mes de diciembre.

Sombras, de D. H. Lawrence

(Fragmento)

Y si, igual que el otoño se ahonda y se oscurece
siento el dolor de las hojas al caer y tallos que se rompen en las tormentas
y turbulencias y disolución y la zozobra
y luego, suaves sombras profundas plegándose, plegándose
sobre mi alma y mi espíritu, sobre mis labios
dulcemente, como un letargo, o más bien el estupor de una grave, triste canción
cantada más opacamente que el ruiseñor, y así hacia el solsticio
y el silencio de los días cortos, el silencio del año, la sombra,
sabré entonces que mi vida aún se mueve
con la oscura tierra y se humedece
en un profundo olvido, en el lapso de la tierra y su renovación.

Canto LII, de Ezra Pound

(Fragmento)

El primer mes del invierno es ahora
el sol en la cola de Scorpio
al alba en Hydra, el hielo empieza
el faisán se zambulle en el Howai (el agua grande) y se convierte en una ostra
el arcoíris está escondido por algún tiempo.
El Hijo del Cielo se alimenta de cerdo asado y mijo,
gris acero son los corceles.
Este mes el invierno gobierna.
El sol está en el hombro del arquero
en la cabeza del cuervo al alba
el hielo se engruesa. La tierra se raja. Y los tigres ahora andan en celo.
Cortad los árboles en el solsticio y varas de flechas de bambú.
Tercer mes, patos silvestres van al norte, la urraca empieza a edificar.
El faisán alza el grito al Espíritu de las Montañas la temporada de la pesca se abre,
ríos y lagos profundamente helados
poned ahora hielo en vuestras hieleras,
el gran concierto de los vientos
llama a las cosas por sus nombres. El buen soberano por la distribución
El mal rey es conocido por sus impuestos.

El poema Solo a dos voces, de Octavio Paz, es muy extenso y sus alusiones al solsticio de invierno son constantes. Esta es una selección arbitraria de diversos fragmentos del mismo:
Si decir No
al mundo al presente
hoy (solsticio de invierno)
no es decir
decir es solsticio de invierno
hoy en el mundo
no
es decir
decir mundo presente
no es decir
¿qué es
Mundo Solsticio Invierno?
¿Qué es decir?
Desde hace horas
oigo caer, en el patio negro,
una gota de agua.
Ella cae y yo escribo.
Solsticio de invierno:
sol parado,
mundo errante.
Sol desterrado,
fijeza al rojo blanco.

***

Hoy es solsticio de invierno:
canta el gallo,
el sol despierta.
Voces y risas, baile y panderos,
sobre el suelo entumido
rumor de faldas de muchachas
como el viento corriendo entre espadañas,
como el agua que brota de la peña.

***

El diccionario
es un mundo no dicho:
de solsticio de invierno
a pascua de resurrección,
en dirección inversa
a las agujas del cuadrante...

***

La letra no reposa en la página:
memoria la levanta,
monumento de viento.
¿Y quién recuerda a la memoria,
quién la levanta, dónde se implanta?
Fuente de claridad, alumbramiento,
la memoria es raíz en la tiniebla.
Come tiniebla,
come olvido:
no lo que dices, lo que olvidas,
es lo que dices:
hoy es solsticio de invierno
en el mundo
hoy estás separado
en el mundo
hoy es el mundo
ánima en pena en el mundo.


Jules Etienne

viernes, 20 de diciembre de 2019

Tu boca: EL NUEVO REMORDIMIENTO, de Oscar Wilde

"... y él besará las todavía enredadas rosas de tu boca..."

El pecado era mío; yo no lo entendí.
Así que ahora es música prisionera en su cueva,
A salvo donde descienden las olas desordenadas
Se asientan con sus inquietos remolinos
Y en el hueco marchito de esta tierra
El verano ha cavado su propia tumba tan profunda,
Que los sauces plomizos apenas pueden anhelar
Un capullo de plata en la mano del invierno.

Pero, ¿quién es aquel que viene por la orilla?
(No, amor, ¡mira y adivina!) ¿Quién es ese
Que viene con la ropa teñida desde el sur?
Es tu recién encontrado Señor, y él besará
Las todavía enredadas rosas de tu boca,
Y yo te adoraré con mi llanto, como antes.

(The New Remorse

The sin was mine; I did not understand.
So now is music prisoned in her cave,
Save where some ebbing desultory wave
Frets with its restless whirls this meagre strand.
And in the withered hollow of this land
Hath Summer dug herself so deep a grave,
That hardly can the leaden willow crave
One silver blossom from keen Winter's hand.

But who is this who cometh by the shore?
(Nay, love, look up and wonder!) Who is this
Who cometh in dyed garments from the South?
It is thy new-found Lord, and he shall kiss
The yet unravished roses of thy mouth,
And I shall weep and worship, as before
.)



Oscar Wilde (Irlandés fallecido en Francia, 1854-1900).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

martes, 10 de diciembre de 2019

Tu boca: LOS AVISPONES, de Peter Handke


(Fragmento del capítulo Los avispones)

No tienes que mostrar que vas por un camino polvoriento. Los espectadores no tienen por qué enterarse de las características del camino. Basta con que Te vean andar. Tampoco es necesario mostrar que hace calor. Solamente debes tener cuidado al entrar para que aquellos que Te miran no piensen que Te has puesto en marcha justo ahora; cuando Te vean entrar, deben creer que ya llevas mucho tiempo andando. Tú entras no como si llegaras a este concreto y preciso lugar, sino a un lugar que es idéntico a todos los lugares por los que Tú ya has ido. El lugar al que Tú llegas y en el que Te presentas ante los espectadores no es distinto de los otros lugares. Tú no entras, no Te presentas en un escenario, más bien caminas por entre las miradas. No hay nadie. Los movimientos de Tus piernas son tales que suscitan en los que Te miran la idea de que ya van solas y de que Tú no pones nada de Tu parte para que avancen. Si miras a Tu alrededor, a los espectadores les tiene que parecer que miras siempre después de haber dado un número determinado de pasos. Al andar, Tu mirada no se ha apartado ni una sola vez de Tus pies. Miras a Tu alrededor como quien busca una sombra en una vasta extensión de terreno. Tu vestimenta es sencilla; no debe atraer la mirada de los espectadores. Llevas una camisa sin cuello, como un presidiario o un campesino. Hace poco que has llegado. Los espectadores ya habrán captado que estás en camino desde hace mucho. No necesitan saber más. Ahora tienes que este breve lapso de tiempo durante el cual los espectadores Te ven y que Tú puedes calcular midiendo Tus pasos con la abertura entre el pulgar y el índice, este tiempo que transcurre entre Tu primer movimiento visible a los espectadores y el momento en el que Te detienes y miras a Tu alrededor, a ellos, les parezca infinitamente largo. No basta con mostrar tu fatiga a los que desconocen lo que Te pasa, haciendo ver que Te pones de cuclillas y escupiendo sobre una piedra (por decir algo) que desentierras del camino para Ti, como recomienda el remedio casero para el dolor de costado. Solamente dispones de Tu cara y de Tus gestos. Tu voz, con la que podrías hablarles, ha enmudecido. Durante el minuto que has andado ha transcurrido medio día. Esto es lo que los otros tienen que entender. En medio día, la luz y el viento cambian. El camino cambia. Cambian las sombras de lo que se alza sobre la tierra. A los espectadores Tú sólo puedes mostrarles Tu propio cambio. Sin embargo, durante el minuto que Te han visto, no Te ha ocurrido otra cosa que lo que les has mostrado. No vale la pena que Te pongas la mano sobre los ojos y Te gires para ver los doce pasos que has dado ante ellos. No basta con que simules que no alcanzas a ver un final. Seguro que ellos entenderán lo que Tú representas y se dejarán convencer por Tus gestos de que tienen que multiplicar los pasos, sin embargo, no podrán entender cuánto tiempo ya ha transcurrido. No les llegará al corazón. Para mostrárselo, necesitarías magia o una gran elocuencia o una fórmula con la que pudieras encantar sus oídos. Pero se Te exige que permanezcas mudo. No basta con que cambies Tu modo de andar, no basta con modificar la expresión de la cara y que los ojos parpadeen, no basta con dejar que los brazos cuelguen lacios de los hombros. No dispones de una iluminación que podría mover Tu sombra. Tirarte al suelo de cansancio, no resultaría. Con ningún gesto, con ninguna expresión conseguirías resumir el tiempo transcurrido. Cualquier cosa que hicieras se convertiría en un espectáculo de títeres. Pero si Tú mismo representas esa comedia, se reirán de Ti, igual que si quisieras mostrar el paso del tiempo colocando delante de Ti la palma de la mano a modo de cronómetro y utilizaras como aguja el índice de la otra mano y los espectadores tuvieran ante sí los puntos invisibles que significan las horas, y Tu dedo que iría avanzando a cada paso que dieras. Tienes que mostrar doce pasos, doce horas. Ahora el dedo ha regresado al punto de partida. Simultáneamente, Tú te has detenido y Te propones descansar al lado del camino. Pero la magia que necesitas para que los espectadores capten el tiempo, la magia que los haga estremecer, está encerrada en Tu boca. Tu voz es muda. También en lo que sigue, Tu voz permanecerá muda. El ruido que en medio del movimiento que realizas para ponerte a descansar Te hace aguzar los oídos, Tú lo indicas levantando de lado la cabeza «como un ciego».
 
 
Peter Handke (Austria, 1942).
Hoy tuvo lugar en Suecia la ceremonia en que recibió
el premio Nobel de literatura correspondiente a 2019.
 
(Traducido al español por Anna Montané Forasté).

lunes, 2 de diciembre de 2019

Tu boca: PERO... ¿HUBO ALGUNA VEZ ONCE MIL VÍRGENES?, de Enrique Jardiel Poncela


(Fragmento del capítulo 18: Cupido envenena sus flechas a la usanza maorí)


Pero se alegró enseguida, cuando oyó decir a Vivola que le miraba por entre los sutiles cañamazos de sus pestañas:

- ¡Ah, Pedro! ¡Qué pena que no me intereses ni me gustes!

- ¡Sí, Vivola, es una pena! Y aún es mayor pena que yo no sea capaz de enamorarme, pues si lo fuera, ahora te abrazaría así... -y abarcó con su mano el seno derecho de ella, oprimiéndolo deleitosamente.

- ¿Es posible?

- Sí, Vivola. Y así también... -y abriendo más su mano, abarcó de igual modo el seno izquierdo.

- Oh, Pedro! Qué pena, qué pena que ni nos gustemos ni tengamos ya fuerzas para creer en el amor!...

- Quizá sea mejor, Vivola -replicó Valdivia estrujándole hábilmente los dos senos a un tiempo y haciéndolos rodar bajo sus manos-. Quizá sea mejor... Tú sabes tan bien como yo que del Amor y la ilusión, dos seres hermosos, nace siempre un hijo horrible: el Hastío. (Y la oprimió el vértice del seno izquierdo.) Imagina que ya nos hemos amado, que ya hemos caído uno en brazos del otro. (Y la oprimió el vértice del seno derecho.) Qué días febriles, verdad? Qué horas divinas! (Y le deslizó la mano por la espalda.) Después que los espíritus, se unen los cuerpos... Época delirante! (Y subió la mano hasta la nuca, lentísimamente.) Cada jornada nos parecería demasiado corta para repetir frases ardientes y conceptos arrulladores. (Y bajó la mano a lo largo de la espalda y la paseó por el talle.) Los besos correrían a lo largo de los cuerpos desnudos; ya formarían collares en mi garganta; ya en tu boca no cabrían más... (Y la pasó los labios por el cuello) Explosiones de amor, diarias explosiones de amor, seguidas de una languidez romántica y escoltadas de nuevas explosiones... Esto una semana, y otra, y otra... Pero y después? (Y la besó en la garganta y en los hombros.) Después... fatalmente, inexorablemente, el termómetro bajaría. Un día llegaríamos tarde a la cita. Otro día faltaríamos en absoluto. (Y volvió a insistir en los senos.) Luego buscaríamos amistades, declarándonos mutuamente: "Es que estamos tan solos..." La carne, que tiranizaba, nos daría treguas progresivamente largas. El atado de los espíritus comenzaría a ceder también. Lo poetizado se prosificaría; lo idealizado en oro, se haría realidad de doublé. (Y le besó en la nuca.) Vendrían galopando y piafando los corceles de los reproches, y sus cascos de acero irían dejando escritas en el polvo de la fatiga frases feroces: "Tú antes no eras así..." "Tú en otro tiempo no hacías tal cosa". "Al principio me decías aquello". "Te encuentro variado". "Pareces otra..." (Y la besó en el oído paladeando sus sienes.) Luego... Luego vendría el fin... Una separación de esas en las que todo se amustia, se envilece, se mancha y sucumbe... (Y le acarició los muslos.) Por último, para demostrarnos que no nos importábamos, tú buscarías otro hombre y yo buscaría otra mujer. Y ya entre los dos habría para siempre un negro y pestilente lago: el odio. (Y la... Y la... Y la.. )

Enrique Jardiel Poncela (España, 1901-1952).

viernes, 22 de noviembre de 2019

Tu boca: PLENITUD, de Víctor Hugo

"El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno. Mi alma tiene más fuego que ceniza."

Ya que he acercado mis labios a tu copa aún llena;
Ya que puse entre tus manos mi pálida frente;
Puesto que he respirado el dulce aliento
De tu alma, perfume soterrado en la sombra.
 
Puesto que me fue concedido escuchar lo que dices:
Las palabras donde se derraman los misterios del corazón;
Puesto que te he visto llorar y te he visto sonreír,
Tu boca sobre mi boca y tus ojos en mis ojos
.
 
Ya que he visto brillar sobre mi testa encantada
Un rayo luminoso de tu astro, ¡ay!, siempre velado.
Puesto que he visto caer en las ondas de mi vida
Un pétalo de rosa arrancado a tus días;
 
Puedo ahora decir a los años fugaces:
- ¡Pasen! ¡Sigan pasando! ¡Yo no envejeceré más!
Váyanse con todas las flores marchitas,
Tengo en el alma una flor que nadie puede cortar;
 
Ni con sus alas al chocar harán que derrame
El vaso en que ahora bebo y todavía tengo lleno.
Mi alma tiene más fuego que ceniza.
Mi corazón tiene más amor que olvido.

 
 
(Puisque j'ai mis ma lèvre à ta coupe encor pleine;
Puisque j'ai dans tes mains posé mon front pâli;
Puisque j'ai respiré parfois la douce haleine
De ton âme, parfum dans l'ombre enseveli;

Puisqu'il me fut donné de t'entendre me dire:
Les mots où se répand le coeur mystérieux;
Puisque j'ai vu pleurer, puisque j'ai vu sourire
Ta bouche sur ma bouche et tes yeux sur mes yeux;

Puisque j'ai vu briller sur ma tête ravie
Un rayon de ton astre, hélas ! voilé toujours
Puisque j'ai vu tomber dans l'onde de ma vie
Une feuille de rose arrachée à tes jours;

Je puis maintenant dire aux rapides années:
- Passez! passez toujours! je n'ai plus à vieillir!
Allez-vous-en avec vos fleurs toutes fanées ;
J'ai dans l'âme une fleur que nul ne peut cueillir!

Votre aile en le heurtant ne fera rien répandre
Du vase où je m'abreuve et que j'ai bien rempli.
Mon âme a plus de feu que vous n'avez de cendre!
Mon coeur a plus d'amour que vous n'avez d'oubli!
)
 
 
Víctor Hugo (Francia, 1802-1885).
 
(Traducido del francés por Jules Etienne).

jueves, 14 de noviembre de 2019

Tu boca: LA ESPOSA DEL VENGADOR, de José Echegaray

"Yo vi su dulce sonrisa, y pensé en aquel momento (...) ¿si en tu boca así es la risa, qué será en tu boca un beso?"

(Fragmento de la escena IV del primer acto)

Parreño: ¿Y es eso todo? ¡Ilusiones
de enamorado mancebo!

Carlos: Eso es todo, porque es vida,
y es esperanza, y es cielo.
Escúchame y no te burles.
Suponme presa de un sueño,
poblado de mil fantasmas,
de la calentura engendro,
e imagina que, por fin,
tras largo luchar, despierto,
corro al balcón, y de un valle
perfumado, alegre, fresco,
sobre mi abrasada frente
brisas matinales siento.
¿Comprendes la sensación
de bienestar, de consuelo,
que hubiese experimentado
mi ser en aquel momento?
Pues esto mismo sentí
cuando mis ojos lo vieron.
Meditando en mi venganza,
ante mí pasando tercos
el cadáver de mi padre
y la espada de Pacheco,
alumbrados de esa luz

por los últimos reflejos,
marchaba yo por las calles
soñando más que despierto,
cuando la vi de repente
tan de cerca, que su aliento
sobre mi abrasado rostro
sentí perfumado y fresco.
Yo vi su frente purísima,
a la que rubios cabellos
coronaban, como suele
con sus dorados reflejos
coronar el sol que nace
monte de nieve cubierto.
Yo vi sus ojos azules,
que en verdad me parecieron
más celestiales que aqueste
bellísimo firmamento,
que al fin este cielo es uno
y aquellos eran dos cielos.
Yo vi su dulce sonrisa,
y pensé en aquel momento
con la rapidez del rayo,
y del rayo con el fuego,
¿si en tu boca así es la risa,
qué será en tu boca un beso?
Y al ver tan divina mezcla,
y conjunto tan perfecto,
de cuanto hay de más hermoso
en la tierra y en el cielo,
sentí... yo no sé, ¡Dios mío!,
lo que sentí; sólo siento
que hay más luz en el espacio,
más aromas en el suelo,
más frescura en el ambiente,
y que están los aires llenos
de divinas armonías
y celestiales conciertos.


Parreño: ¡Buena ocasión es, don Carlos,
de pensar en devaneos!
iPobre Marqués de Quirós!


Carlos: ¡Calla, calla!...

Parreño: ¡Pobre dueño!
Tú descansas bajo el mármol
desgarrado el noble seno,

el que te arrancó la vida
su triunfo goza, soberbio,
y el hijo que tanto amabas,
aquí, do cayó tu cuerpo,
celestiales armonías
está sin cesar oyendo.
¡Bien haya por la ventura
que goza, el noble mancebo!


Carlos: Dije que será esta noche.

Parreño: ¿Me lo juras? 

Carlos: Lo prometo.
 

(Sale de la iglesia Fernando y camina con lentitud).



José Echegaray (España, 1832-1916).
Obtuvo el premio Nobel en 1904 compartido con Frédéric Mistral.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Tu boca: POEMA CUBISTA, de Pablo Picasso

 
4 de noviembre de 1935
 
(II)

espejo en tu marco de corcho - tirado al mar entre las olas - no ves sólo el relámpago - el cielo - y las nubes - con tu boca abierta dispuesta - a tragarse el sol - mas si un pájaro pasa - y por un instante vive en tu mirada -  al instante se queda sin ojos - caídos al mar - ciego y qué carcajadas - en ese preciso momento - brotan de las olas.
 
 
Pablo Picasso (Español fallecido en Francia, 1881-1973).
 
La ilustración corresponde a un collage de obras cubistas de Pablo Picasso.

viernes, 25 de octubre de 2019

Tu boca: EL VACÍO, de Georges Bataille



 Llamas nos rodearon
bajo nuestros pasos se abrió el abismo
un silencio de leche de hielo de huesos
nos envolvía con un halo

eres la transfigurada
mi destino te ha roto los dientes
tu corazón es un hipo
tus uñas han hallado el vacío

hablas como la risa
los vientos alisan tu cabello
la angustia que el corazón oprime
precipita tu burla

tus manos tras mi cabeza
no agarran sino la muerte
tus besos rientes no se abren
sino a mi pobreza de infierno

bajo el baldaquino sórdido
del que penden los murciélagos
tu maravillosa desnudez
no es más que una mentira sin lágrimas

mi grito te llama en el desierto
al que no quieres venir
mi grito te llama en el desierto
en el que se cumplirán tus sueños

tu boca sellada a mi boca
y tu lengua en mis dientes
la inmensa muerte te acogerá
caerá la inmensa noche

entonces habré hecho el vacío
en tu cabeza abandonada
tu ausencia estará desnuda
como una pierna sin medias

esperando el desastre
en que se extinguirá la luz
seré yo suave en tu corazón
como el frío de la muerte.
 
 
Georges Bataille (Francia, 1897-1962).