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Vancouver: otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

viernes, 30 de diciembre de 2016

Solsticio: EL TIEMPO DE LOS REGALOS, de Patrick Leigh Fermor

"... ese resto sin dueño de las estaciones que se extiende desde el solsticio de invierno al Año Nuevo."
 
(Fragmento del capítulo 3: Por la alta Alemania)

El sol, como un enorme globo carmesí, estaba a punto de hundirse en el pálido paisaje. Me evocaba, y aún sigue haciéndolo, la primera vez que vi ese portento invernal. Vestía un trajecito de marinero, con el letrero H. M. S. Indomitable en la cinta de la gorra, y, a través de Regent’s Park, me apresuraban hacia casa para tomar el té, mientras los guardianes avisaban al público que era hora de cerrar. Vivíamos tan cerca del zoo que de noche oíamos rugir a los leones.
 
Aquel sol palatino fue el pabilo moribundo de 1933, el último vestigio de ese resto sin dueño de las estaciones que se extiende desde el solsticio de invierno al Año Nuevo. «Es la medianoche del año… la vitalidad del mundo se ha debilitado.» En el camino de regreso pasamos ante un grupo de jóvenes que estaban sentados en un muro bajo y entrechocaban los tacones mientras silbaban la Horst Wessel Lied entre dientes. «Me parece haber oído antes esa tonada…», dijo Fritz.
 
Aquella noche, en la hostería, vi que un joven cuyo cabello parecía de lino y que fijaba en mí sus ojos de mirada glacial. Con excepción de los ojos azul claro, tan separados que parecían los de una liebre, podría haber sido albino. Se levantó de improviso y se me acercó tambaleándose.
 
- So? Ein Engländer? («¿Cómo? ¿Un inglés?») -me dijo con una sonrisa sardónica-. Wunderbar! («¡Extraordinario!»).
 
Entonces su semblante sufrió un cambio, se transformó en una máscara de odio. ¿Por qué habíamos robado las colonias de Alemania? ¿Por qué Alemania no debía tener una flota y un ejército apropiados? ¿Creía yo que Alemania iba a obedecer las órdenes de un país gobernado por los judíos? Siguió un catálogo de acusaciones, que no expresó en voz demasiado alta, pero sí con claridad y vehemencia. Su cara estaba muy cerca de la mía, y el aliento le olía a schnapps.
 
- Adolf Hitler cambiará todo eso —-concluyó-. ¿Has oído por casualidad ese nombre?
 
Fritz cerró los ojos, emitió un gruñido de hastío y murmuró: «Um Gottes willen!» («¡Si Dios quiere!»). Entonces le tomó del codo, diciéndole: «Komm, Franzi!» («¡Ven, Fran!»), y, de una manera bastante sorprendente, mi acusador se dejó conducir a la puerta.
 
Fritz volvió a sentarse y me dijo: «Lo siento, ya ves cómo están las cosas». Por suerte, ninguno de los clientes sentados a las otras mesas se había dado cuenta de nada, y el detestable momento fue pronto sustituido por el jolgorio, la conversación, el vino y, más tarde, por canciones anunciadoras de la vigilia de san Silvestre. Cuando las primeras campanadas de 1934 sonaban en el exterior, todo se había mezclado en una luminosa confusión de música, brindis y felicitaciones.
 
 
Patrick Leigh Fermor (Inglaterra, 1915-2011).

(Traducido al español por Jordi Fibla).

jueves, 29 de diciembre de 2016

Solsticio: SOLO A DOS VOCES, de Octavio Paz

"Solsticio de invierno:/ sol parado,/ mundo errante./ Sol desterrado,/ fijeza al rojo blanco."


(Fragmentos)

Si decir No
al mundo al presente
hoy (solsticio de invierno)
no es decir
decir es solsticio de invierno
hoy en el mundo
no
es decir
decir mundo presente
no es decir
¿qué es
Mundo Solsticio Invierno?
¿Qué es decir?
Desde hace horas
oigo caer, en el patio negro,
una gota de agua.
Ella cae y yo escribo.
Solsticio de invierno:
sol parado,
mundo errante.
Sol desterrado,
fijeza al rojo blanco.
...

Hoy es solsticio de invierno:
canta el gallo,
el sol despierta.
Voces y risas, baile y panderos,
sobre el suelo entumido
rumor de faldas de muchachas
como el viento corriendo entre espadañas,
como el agua que brota de la peña.
...

El diccionario
es un mundo no dicho:
de solsticio de invierno
a pascua de resurrección,
en dirección inversa
a las agujas del cuadrante...
...

La letra no reposa en la página:
memoria la levanta,
monumento de viento.
¿Y quién recuerda a la memoria,
quién la levanta, dónde se implanta?
Fuente de claridad, alumbramiento,
la memoria es raíz en la tiniebla.
Come tiniebla,
come olvido:
no lo que dices, lo que olvidas,
es lo que dices:
hoy es solsticio de invierno
en el mundo
hoy estás separado
en el mundo
hoy es el mundo
ánima en pena en el mundo.

 
 
Octavio Paz (México, 1914-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1990.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Solsticio: MÁS GRANDES QUE EL AMOR, de Dominique Lapierre

"... durante (...) el solsticio de invierno, se festejaba a la diosa del amor carnal, del placer y de la fertilidad."
 
Lo mismo que todos los grandes centros de peregrinación, Benarés era un terreno abonado para un buen número de comercios profanos. Uno de los más activos y más florecientes era el de la prostitución, especialmente la de las niñas. Aquí, como en otras partes, la leyenda decía que desflorar a una virgen fortalecía las virtudes viriles y curaba las enfermedades venéreas. Las casas de placer abundaban. Se abastecían de pupilas dirigiéndose a sus proveedores habituales. Estos últimos compraban en general esa lastimosa mercancía a las familias muy pobres, especialmente en el Nepal, u organizaban bodas falsas con presuntos cónyuges. A veces se contentaban simplemente con secuestrar a sus víctimas.
 
En la ciudad santa, donde toda actividad se bañaba fatalmente en lo sagrado, algunos audaces proxenetas no dudaban en servirse de ciertas fiestas religiosas para iniciar, so capa de algún rito, a sus víctimas en su destino de prostitutas. Así, por ejemplo, en las fiestas de Mârg Pûrnîma, la luna llena de octubre, se celebraba la gloria de Vishnú, el dios creador de todas las cosas, y durante el Makara Sankrânti, el solsticio de invierno, se festejaba a la diosa del amor carnal, del placer y de la fertilidad.
 
 
Dominique Lapierre (Francia, 1931).

martes, 27 de diciembre de 2016

Solsticio: CANTO LII, de Ezra Pound

"Cortad los árboles en el solsticio..."

(Fragmento)

El primer mes del invierno es ahora
el sol en la cola de Escorpio
al alba en Hidra, el hielo empieza
el faisán se zambulle en el Howai (el agua grande) y se convierte en una ostra
el arcoiris está escondido por algún tiempo.
El Hijo del Cielo se alimenta de cerdo asado y mijo,
gris acero son los corceles.
Este mes el invierno gobierna.
El sol está en el hombro del arquero
en la cabeza del cuervo al alba
el hielo se engruesa. La tierra se raja. Y los tigres ahora andan en celo.
Cortad los árboles en el solsticio y varas de flechas de bambú.
Tercer mes, patos silvestres van al norte, la urraca empieza a edificar.
El faisán alza el grito al Espíritu de las Montañas la temporada de la pesca se abre,
ríos y lagos profundamente helados
poned ahora hielo en vuestras hieleras,
el gran concierto de los vientos
llama a las cosas por sus nombres. El buen soberano por la distribución
El mal rey es conocido por sus impuestos.
 
 
Ezra Pound (Estados Unidos, 1875-1972)

lunes, 26 de diciembre de 2016

Solsticio: EL RAYO VERDE, de Jules Verne


(Fragmento del capítulo IV: El descenso por el Clyde)
 
¡No! La señorita Campbell buscaba con la mirada llena de impaciencia la torre en ruinas de Leven. ¿Esperaba ver aparecer en ella algún duende? Nada de esto, pero ella quería ser la primera en distinguir el faro de Cloch que ilumina la salida del Firth of Clyde.
 
Por fin apareció el faro, como una gigantesca lámpara, al volver la orilla.

- Cloch, tío Sam -dijo ella-. ¡Cloch, Cloch! 

 - ¡Sí, Cloch! -contestó el hermano Sam, con la precisión de un eco de los Highlands.

- ¡El mar, tío Sib!

- El mar, en efecto -contestó el hermano Sib.
 
- ¡Qué hermoso es! -repitieron los dos hermanos a la vez.

Parecía que lo contemplaban por primera vez.

No había error posible: a la apertura del golfo, aparecía claramente el horizonte del mar.

Sin embargo, el sol todavía no estaba a la mitad de su recorrido diurno. En el paralelo cincuenta y seis tenían que transcurrir siete horas, al menos, antes de que desapareciera por el horizonte. Siete horas de impaciencia para la señorita Campbell. Además, aquel horizonte se dibujaba en el suroeste, es decir, en un segmento de arco que el astro radiante roza sólo en la época del solsticio de invierno. No era allí, pues, donde tenían que buscar la aparición del fenómeno; tendría que ser más hacia el oeste, e incluso un poco hacia el norte, ya que los primeros días del mes de agosto preceden de seis semanas al equinoccio de septiembre.


Jules Verne (Francia, 1828-1905).

La ilustración corresponde al faro de Cloch, en Escocia. La fotografía es de Peter Ribbeck.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Solsticio: SOLSTICIO DE INVIERNO, de Tomas Tranströmer


Mi ropa irradia
un resplandor azul.
Solsticio de invierno.
Tintineantes panderetas de hielo.
Cierro los ojos.
Hay un mundo sordo,
hay una grieta
por la que los muertos
traspasan la frontera.
 
 
Tomas Tranströmer (Suecia, 1931-2015). Obtuvo el premio Nobel en 2011. 

sábado, 24 de diciembre de 2016

Solsticio: SOLSTICIO DE INVIERNO, de Rosamunde Pilcher

"Contempló la ordenada disposición de los vasos y copas, como pompas de jabón..."
 
(Fragmento del capítulo La fiesta de Elfrida)
 
Oscar fue el primero en salir. Cerró la puerta del cuarto de baño y, deteniéndose por un momento, saboreó a solas la transformación navideña de su casa, lista para la afluencia de invitados. Contempló la ordenada disposición de los vasos y copas, como pompas de jabón, los colores verde y oro de las botellas de champán, enterradas en el hielo del cubilete, el hilo blanco y almidonado de servilletas y mantel. La cortina echada del descansillo dejaba fuera la noche, y enredadas a la barandilla, en los cuatro tramos de escalera, había oscuras trenzas de hojas verdes, ramas de acebo con bayas rojas y vivas luces. Hay que ver, pensó con ironía, en qué ha acabado el parco y lúgubre solsticio de invierno (que era lo único que había prometido a Elfrida). Y se dijo que la antigua casa del administrador, normalmente tan escueta y austera pero ahora engalanada y vestida de tiros largos, era en cierto modo como una tía anciana y mojigata pero muy querida, que se había puesto sus mejores galas y joyas para una ocasión especial y finalmente no había quedado del todo fea.
 
 
Rosamunde Pilcher (Inglaterra, 1924).

viernes, 23 de diciembre de 2016

Solsticio: EL SIGLO MALDITO, de Geoffrey Parker

"... una imaginería del Viejo Testamento mediante la que se sugería que Moscú se había convertido en la Nueva Jerusalén..."

(Fragmento del capítulo 6)

Fueron otros acontecimientos ajenos a lo religioso los que socavaron este consenso y permitieron a Morozov salirse con la suya.
 
En 1652 Alejo nombró al devoto monje Nikon patriarca de Moscú, animándolo a acometer una exhaustiva campaña en favor de una reforma de la Iglesia. Por una parte, Nikon se propuso mejorar el comportamiento de los laicos: no se podía fumar ni jurar, trabajar los domingos, participar en prácticas «paganas» (como celebrar el solsticio de invierno o los carnavales durante la Cuaresma) y limitó la venta de bebidas alcohólicas (a una tienda en cada municipio y una botella por cliente cada vez, prohibiendo la venta en domingos, vacaciones y Cuaresma). Por otra, Nikon también trató de elevar los niveles de exigencia al clero (censurando a los sacerdotes borrachos, exigiendo que los oficios sagrados fueran cantados a un volumen audible) y de demostrar que la Iglesia rusa era la verdadera heredera de la Iglesia de los Apóstoles. Con este fin introdujo prácticas litúrgicas de las comunidades ortodoxas griegas, recogió y desfiguró todos los íconos pintados al estilo occidental, y patrocinó una imaginería del Viejo Testamento mediante la que se sugería que Moscú se había convertido en la Nueva Jerusalén, una arrogante aspiración que quedó claramente plasmada en el vasto complejo monástico que hizo construir al oeste mismo de Moscú, en el que incluyó secciones dedicadas al río Jordán, al Gólgota, a Nazaret y, en el centro, una catedral construida a imagen y semejanza del Santo Sepulcro. En su primera visita, el zar Alejo bautizó el complejo como «Nueva Jerusalén» (nombre por el que todavía se conoce).
 
 
Geoffrey Parker (Inglaterra, 1943).
 
La ilustración corresponde a los íconos en la catedral de la Asunción de Moscú.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Solsticio: DIAS ÚNICOS*, de Boris Pasternak

"Y los amantes, como en un sueño..."

Recuerdo los días lejanos del solsticio
A lo largo de tantos inviernos
Cada uno fue irrepetible
Y se prolongó sin final.

Una absoluta alternación
Componía mal que bien
Aquellos días únicos, cuando
Nos parecía que el tiempo se iba.

Los recuerdo sin excepción:
Casi a la mitad del invierno,
Caminos húmedos, techos de lluvia,
El sol se calienta en los témpanos.

Y los amantes, como en un sueño,
Se palpan uno al otro, presurosos,
Y en lo alto de los árboles
Sudan de calor las hojas secas.

La pereza con flecha soñolienta
Da vueltas en el cuadrante
El día se alarga más que el siglo
Y el abrazo no termina.


Boris Pasternak (Rusia, 1890-1960). Obtuvo el premio Nobel en 1958.

* Este poema también ha sido traducido como Los días singulares, sin embargo, Días únicos es el título que se le ha dado a una antología poética de Pasternak al publicarse en español, y que coincide con la respectiva versión en inglés: Unique Days.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Tres escritoras y el solsticio de invierno


El día más breve del año en el hemisferio boreal ha sido mucho menos favorecido por la literatura que su contraparte, el solsticio de verano. Sin embargo, también se le han dedicado algunas páginas en una cantidad respetable de obras que corresponden a una gran diversidad de géneros. Es en la poesía donde se le refiere con mayor asiduidad. En esta ocasión me referiré a tres piezas narrativas, todas escritas por mujeres.

La alemana Rosamunde Pilcher, en su novela Solsticio de invierno, propone entre sus diálogos la posibilidad de que Jesucristo no hubiese nacido en la fecha en que celebramos la navidad. El personaje de Lucy le dice a Oscar: "No me gustaría celebrar mi cumpleaños en pleno invierno. No me gustaría haber nacido el día de navidad". Lo que da pie para que éste le exponga sus razones por las que duda de la verosimilitud de esa fecha: "... creo que Jesús no nació en invierno. Probablemente nació en primavera." Luego de explicar algunos aspectos relacionados con la actividad de los pastores y el clima, concluye:

"Creo que los primeros cristianos eran gente muy astuta, y simplemente adaptaron lo que les habían dejado los habitantes paganos de los países que convertían. Siempre se había celebrado del solsticio de invierno, el día más corto del año. Supongo que, para animarse, esos pueblos precristianos organizaban una fiesta, encendían hogueras, se divertían, arrancaban muérdago, preparaban tartas -Oscar sonrió-. Se emborrachaban, se abandonaban a prácticas lujuriosas."

Por su parte, Joyce Carol Oates, en su novela titulada precisamente Solsticio, describe esa fecha en que concluye el otoño:

"... una escena de invierno -cuando comienza- colores pálidos de la tierra mezclados con el molde levemente manchado de la nieve -árboles que no se distinguen por su belleza, y casi sin hojas..."

Por último, un párrafo de Laura Gallego -una autora española especializada en literatura fantástica y juvenil-, con el que comienza Donde los árboles cantan:

"Todos los años, la víspera del solsticio de invierno, el rey reunía a sus nobles en el castillo de Normont para conmemorar el aniversario de su coronación. Había sido así desde que se tenía memoria.

Todos los reyes de Nortia habían ascendido al trono en el solsticio de invierno, incluso si sus predecesores fallecían en cual­quier otro momento del año. Por ello, con el tiempo, la celebración se había vuelto cada vez más festiva y menos solemne. Había justas durante el día, y un gran banquete con música y danza por la noche. Los barones del rey acu­dían con sus familias y sirvientes, por lo que, durante un par de jornadas, el castillo era un auténtico hervidero de gente."


Jules Etienne

martes, 20 de diciembre de 2016

Solsticio: EL HOBBIT, de J. R. R. Tolkien


- ¡Durin, Durin! --exclamó Thorin-. Era el padre de los padres de la más antigua raza de Enanos, los Barbiluengos, y mi primer antepasado: yo soy el heredero de Durin.

- Pero ¿cuándo es el Día de Durin? -preguntó Elrond.

- El primer día del Año Nuevo de los enanos -dijo Thorin-. Como todos sabéis sin duda, el primer día de la última luna otoñal, en los umbrales del invierno.

Todavía llamamos Día de Durin a aquel en que el sol y la última luna de otoño están juntos en el cielo. Pero me temo que esto no ayudará, pues nadie sabe hoy cuándo este tiempo se presentará otra vez.

- Eso está por verse -dijo Gandalf- ¿Hay algo más escrito?

- Nada que se revele con esta luna -dijo Elrond, y le devolvió el mapa a Thorin; y luego bajaron al agua para ver a los elfos que bailaban y cantaban en la noche del solsticio.

La mañana siguiente, la mañana del solsticio, fue tan hermosa y fresca como hubiera podido soñarse: un cielo azul sin nubes, y el sol que brillaba en el agua. Partieron entonces entre cantos de despedida y buen viaje, con los corazones dispuestos a nuevas aventuras, y sabiendo por dónde tenían que ir para cruzar las Montañas Nubladas hacia la tierra de más allá.


J. R. R. Tolkien (Escritor británico nacido en Sudáfrica, 1892-1973)

lunes, 19 de diciembre de 2016

Solsticio: NACIMIENTO Y RENACIMIENTO, de Mircea Eliade

"... alrededor del solsticio de invierno. (...) también es la estación en que los iniciados se transforman en lobos."

(Fragmento del capítulo V: Iniciaciones heroicas y chamánicas)

Como ya hemos visto, en las culturas primitivas el sonido de las zumbadoras es tomado por la voz de los seres sobrenaturales, es la señal de su presencia entre los iniciados. En las sociedades secretas germánicas o japonesas, los sonidos extraños, al igual que las máscaras, atestiguan la presencia de los antepasados, el regreso de las almas de los muertos. La experiencia fundamental viene dada por el encuentro de los iniciados con los muertos, que regresan a la tierra sobre todo alrededor del solsticio de invierno. El invierno también es la estación en la que los iniciados se transforman en lobos. En otras palabras, durante el invierno los miembros son capaces de transmutar su condición profana y alcanzar una existencia sobrehumana, tanto al juntarse con los antepasados como apropiándose del comportamiento -ésa es la magia- de los carnívoros.
 

Mircea Eliade (Rumania, 1907-1986).

domingo, 18 de diciembre de 2016

Solsticio: SOMBRAS, de D. H. Lawrence

"... y así hacia el solsticio y el silencio de los días cortos, el silencio del año..."

(Fragmento)

Y si, igual que el otoño se ahonda y se oscurece
siento el dolor de las hojas al caer y tallos que se rompen en las tormentas
y turbulencias y disolución y la zozobra
y luego, suaves sombras profundas plegándose, plegándose
sobre mi alma y mi espíritu, sobre mis labios
dulcemente, como un letargo, o más bien el estupor de una grave, triste canción
cantada más opacamente que el ruiseñor, y así hacia el solsticio
y el silencio de los días cortos, el silencio del año, la sombra,
sabré entonces que mi vida aún se mueve
con la oscura tierra y se humedece
en un profundo olvido, en el lapso de la tierra y su renovación.
 
 
D. H. Lawrence: David Herbert Lawrence (Inglaterra, 1885-1930)

jueves, 3 de noviembre de 2016

Día de los muertos: TIRANO BANDE- RAS, de Ramón del Valle-Inclán


 
(Fragmento del capítulo IV del Libro Segundo)

Entró Melquíades, dependiente y sobrino del gachupín. Conducía una punta de chamacos, que sonaban las pintadas esquilas de fúnebres barros que se venden en la puerta de las iglesias por la fiesta de los Difuntos. Melquíades era chaparrote, con la jeta tozuda del emigrante que prospera y ahorra caudales. La tropa babieca, enfilada a canto del mostrador, repica los barros:
 
- ¡Hijos míos! ¡Qué esperanza! ¡Idos a darle la murga a vuestra mamasita! ¡Que os vista los trajes de diario! ¡Melquíades, no debiste haberles relajado la moral, autorizándoles esta dilapidación de sus centavitos! ¡Muy suficiente una campanita para los cuatro! Entre hermanos bien avenidos, así se hace. Vayan a su mamá, que les mude sus trajecitos.
 
 
Ramón del Valle-Inclán (España, 1866-1936).

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Día de los muertos: LAS CARTAS DE LOS DIFUNTOS, de Wislawa Szymborska


Leemos las cartas de los difuntos como impotentes dioses,
pero dioses a fin de cuentas porque conocemos las fechas
posteriores.
Sabemos qué dinero no ha sido devuelto.
Con quién se casaron rápidamente las viudas.
Pobres difuntos, inocentes difuntos,
engañados, falibles, ineptamente precavidos.
Vemos los gestos y las señas que hacen a sus espaldas.
Cazamos con el oído el rumor de los testamentos rotos.
Están sentados frente a nosotros, ridículos, como en panecillos
con mantequilla,
o se echan a correr tras los sombreros que vuelan de sus cabezas.
Su mal gusto, Napoleón, el vapor y la electricidad,
sus mortales curas para enfermedades curables,
el insensato Apocalipsis según San Juan,
el falso paraíso en la tierra según Juan Jacobo...
Observamos en silencio sus peones en el tablero,
sólo que tres casillas más allá.
Todo lo previsto por ellos salió de una manera totalmente
diferente,
o un poco diferente, es decir, también totalmente diferente.
Los más diligentes nos miran ingenuamente a los ojos,
porque hacían cuenta de que encontrarían en ellos la perfección.


Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2012).
Obtuvo el premio Nobel en 1996.

lunes, 31 de octubre de 2016

Una antología: CUENTOS SOBRENATURALES, de Carlos Fuentes


Para iniciar este período que culminará la próxima semana con el festejo de la noche de brujas y continuará después con el día de los muertos, resulta de lo más oportuno comentar le edición de Alfaguara que reúne las narraciones de Carlos Fuentes con temas sobrenaturales. Hace unos años se publicaron de manera simultánea dos antologías, una titulada Cuentos naturales, y la que ahora nos ocupa.
 
Entre los relatos se incluye Aura, que sin duda es clave para apreciar la obra de Fuentes. La narración en segunda persona me causó tal impresión desde mi acercamiento inicial, que opté por aprovechar ese recurso en mi propia novela Decir Adiós es morir un poco. Toda novela -solía asegurar el propio Fuentes- desciende de otra novela. Aura ha sido relacionada con Los papeles de Aspern, de Henry James, sobre todo a partir de que Ricardo Garibay lanzara la acusación de que se trataba de una copia. Valdría la acotación de que no sólo los escenarios son diferentes -Venecia y México-, mientras que en la obra de James la intención de su protagonista es apoderarse de las cartas y textos inéditos de un famoso poeta ya fallecido, y con el fin de conseguirlos se las ingenia para instalarse en la mansión de la anciana que los conserva, en Aura el personaje de Felipe Montero será contratado por la viuda de un general para que ordene y redacte sus memorias y es ella quien le pone como condición quedarse a vivir en su casa de la calle de Donceles, en la zona más antigua de la ciudad. Coinciden en esencia, ya que la trama se centra en los documentos en poder de las ancianas y ambas viven acompañadas por una sobrina. La narración de Aura difiere de manera contundente por el uso de la segunda persona y posee elementos sobrenaturales de magia y reencarnación de los que carece Los papeles de Aspern. Recreación o no, tal vez paráfrasis, su lectura sigue siendo un placer.

Chac Mool es el cuento más conocido de su primera obra publicada, el volumen de relatos Los días enmascarados. La figura de un antiguo dios azteca va adquiriendo vida propia hasta dominar por completo a su dueño: "Debo reconocerlo. Soy su prisionero. Mi idea original era bien distinta: yo dominaría a Chac Mool, como se domina un juguete."

Las referencias cinematográficas son constantes en la obra de Fuentes, sin embargo, Pantera en jazz, ingeniosa reelaboración de La Marca de la Pantera (Cat People, 1942), exhibida en España como La Mujer Pantera -que fue objeto primero de una secuela y de un remake con el mismo título, cuarenta años después-, es espléndida. Narrada en tercera persona, para describir el entorno, sueños y desvaríos del protagonista, como si se tratara de una morbosa cámara cinematográfica, es un recurso bien logrado. Tan sólo por su lectura se justifica plenamente la totalidad del libro. Se inspira en una película que siempre he disfrutado mucho -sobre todo en su versión más reciente-. De manera que desde un principio me encontraba predispuesto para que esta suerte de alucinación introspectiva resultara tan estimulante.

Tlactocatzine, del jardín de Flandes, también estaba incluido en la citada Los días enmascarados. Equivale al antecedente literario que germinaría años después en Aura.

Por boca de los dioses y Letanía de la orquídea, con abundancia de referencias históricas, transcurren la primera en México, a la que se refiere como la Gran Ciudad, y la segunda en Panamá -lugar de nacimiento de Fuentes, cuando su padre se encontraba cumpliendo encomiendas diplomáticas-, incurriendo en este último caso, en un excesivo regodeo en los modismos locales. Ninguno de los dos cuentos resulta particularmente memorable.

La antología continúa con La Muñeca Reina, que formaba parte de Cantar de ciegos. Dicho volumen se editó por primera vez en 1964, a finales de esa década y todavía en los años setenta, era lectura casi obligatoria en México, para lo cual contribuyó su adaptación al cine, que representó el debut de Ofelia Medina como el personaje de Amilamia, cuando era apenas una jovencita veinteañera (antes ya también se había filmado otro de sus cuentos: Las dos Elenas). Su primera línea siempre me ha parecido magnífica como introducción: "Vine porque aquella tarjeta, tan curiosa, me hizo recordar su existencia".

El robot sacramentado es un relato desconcertante y el más reciente de todos. Adán y Eva, conocidos como los Primeros Padres, de regreso al paraíso sólo que no el terrenal, del que fueron expulsados, sino en el cielo, se hartan de su condición de megaestrellas repartiendo autógrafos y acuden al Todopoderoso para pedirle, en lugar de la celebridad, el privilegio del anonimato. Este sería el aspecto, digamos, convencional del asunto, porque después será creada la generación Cratilo de robots, con idea alemana, diseño italiano, financiación francesa, programacíón japonesa, mercadotecnia norteamericana y fabricación en una maquila de la frontera mexicana. Los robots se rebelan porque desean tener nombres y no solamente números para identificarse. Cuando Adán y Eva se pierden y nadie tiene idea de dónde se encuentran, Dios solicita la ayuda de los autómatas. El relato fluye vigoroso evitando alguna vuelta de tuerca agazapada en la conclusión del mismo: "Sin que sus inventores multinacionales lo supiesen, los robots de la quinta generación adquirieron así las verdaderas funciones del cerebro, que son las de parecerse a los hombres y mujeres de una manera mucho más íntima y calurosa. Bautizados..." La última palabra, sin embargo, la tendrá Dios en el párrafo final.

Un fantasma tropical es muy breve, el relato en primera persona de un preadolescente de doce años, que "iba a cumplir los trece" -la misma edad de la inolvidable Lolita de Nabokov-, y "había leído en la escuela el cuento de Poe traducido por Cortázar, el de la carta robada".

Al final del volumen se ubica Aura y no era posible cerrar mejor. En total, poco menos de doscientas páginas de lectura que rescatan párrafos memorables, sobrenaturales o no, eso sería lo de menos, de un autor imprescindible para la literatura en nuestra lengua.


Jules Etienne

La ilustración corresponde a un fotograma de la película
La Marca de la Pantera (Cat People, 1982).

domingo, 25 de septiembre de 2016

Septiembre: ROSA DE SEPTIEMBRE, de Afanasi Fet

"... se han congelado en la abierta faz. La rosa ha sonreído en  un fugaz día de septiembre."

Los suspiros matinales se han congelado
en la abierta faz. La rosa ha sonreído en
un fugaz día de septiembre.

Saluda al desnudo azul y a los arbustos
descarnados en el volátil orbe.

Florece en un sueño firme y vespertino
que se aferra y se disipa.
 
 
Afanasi Fet (Rusia, 1820-1892).

viernes, 26 de agosto de 2016

Agosto: BAJO LA LUNA DE AGOSTO*, de Carl Sandburg


Bajo la luna de agosto
las suaves gotas de plata
caen, resplandecientes,
sobre jardines nocturnos;
y la muerte, burlona gris,
viene susurrándote
como una bella amiga
que te recuerda.

Bajo las rosas del verano
el fragante carmesí se oculta
durante el crepúsculo,
entre hojas silvestres
coloradas; y el amor,
con manos pequeñitas,
viene a tocarte
con miles de recuerdos
y te plantea preguntas bellas
que no tienen respuesta.
 
 
Carl Sandburg (Estados Unidos, 1878-1967).
 
* Under the Harvest Moon, que es el título original en inglés de este poema, fue traducido al español por José Vicente Anaya como Bajo la luna de agosto. 

miércoles, 24 de agosto de 2016

Agosto: EL PUENTE, de Mircea Eliade

"... subido en la moto, despacio, sin meter ruido. La quinta vez pasó lo que tenía que pasar, el accidente..."

(Fragmento inicial)
 
París, agosto de 1976.

- ¡Hay que ver qué cosas pasan! Me estoy acordando de un motorista. Yo estaba delante del chalet, mirándolo. Quería ver cuándo se hartaba. Ya era la cuarta vez que subía por la empinada cuesta y, nada más llegar arriba, daba media vuelta y bajaba hacia el valle subido en la moto, despacio, sin meter ruido. La quinta vez pasó lo que tenía que pasar, el accidente, quiero decir. Lo llevé en brazos al chalet, ensangrentado, inconsciente. Cogí agua y se la eché por encima. Volvió en sí y, con gran sorpresa por mi parte, me reconoció. «Ya creía que no venías», me dijo. «Te estuve esperando el año pasado, más o menos por esta época.» Yo no entendía nada. «Debes de tomarme por otro», le dije. «Este chalet no es mío. Me lo ha prestado ocho días un amigo.» Él sonreía: «Ya sé que son las reglas del juego, tú tienes que hacer que no me reconoces. Pero soy yo, Emmanuel». Y empezó a contarme... todo tipo de historias raras, completamente inverosímiles. Lo interrumpí varias veces: «Pero si todo eso no es verdad. Sabes muy bien que no puede ser verdad. Te lo has inventado tú. ¿Y el accidente?», me preguntó con una sonrisa. «¿Y el accidente me lo he inventado yo?» Se restañaba con un pañuelo el labio superior, que le estaba sangrando, y en la mirada que me dirigía yo leía candor, pero también una imperceptible ironía. No sabía a qué carta quedarme. Me daba pena decirle la verdad, decirle que padecía de amnesia. Al final, tuve que decidirme. Si hubiera vuelto a perder el conocimiento, me habría visto en la obligación de llevarlo al hospital, y eso lo habría complicado todo mucho, muchísimo. «Aquí hay un error», le dije suavemente. «Estás aquí por error, me confundes con otro. Perteneces a otro mundo, a otra sociedad. A lo mejor eres un escritor, o un aventurero; sea como fuere, eres alguien con muchos secretos, cuyo pasado y cuyo futuro rebosan de aventuras fabulosas. Yo me muevo en un mundo modesto y prudente, carente de interés. Es imposible que me conozcas. Te repito que este chalet no es mío. Es de un amigo. Es la primera vez que vengo...»

Seguía mirándome mientras se restañaba el labio con el pañuelo. Lo dejé marchar, aun a sabiendas de que iba a perderse. Padecía de amnesia. ¿Qué posibilidades tenía de encontrarse con quienes lo estaban esperando, quienes lo habían esperado ya el año anterior? Padecía de amnesia, y las reglas del juego -a lo que había creído entender- exigían que no se le reconociese a la primera. Así que habría podido volver otra vez, y otra más, pero ¿cómo habría podido saber a casa de quién había ido y a casa de quién no había ido, si padecía de amnesia? Se marchó, y yo sabía de sobra que se iba a perder, Incluso empezaba a pesarme un poco haber dejado que se fuera. Era una persona interesante. Qué paciencia había tenido para subir tantas veces hasta arriba con la moto y volver a bajar, después, hasta el valle, hasta lo más hondo del valle, hasta el puente...
 

Mircea Eliade (Rumania, 1907-1986).