(Fragmento inicial)
Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
martes, 3 de enero de 2023
Enero: ¡SI YO FUERA REY!, de José Echegaray
(Fragmento inicial)
jueves, 20 de enero de 2022
Día de reyes: DON MELCHOR Y LOS REYES MAGOS, de José Echegaray
jueves, 29 de abril de 2021
Miércoles de ceniza: LAS DOS CARETAS, de José Echegaray
(Fragmento inicial)
Era un Domingo do Carnaval; pero no de los anémicos de hoy, sino de los pletóricos de los buenos tiempos.
Carnaval pictórico de locura, que llenaba calles y plazas y paseos de la heroica villa.
Todo era ruido y regocijo y movimiento y fíebre; risas fingidas de caretas burlonas; llantos fingidos de caretas con lágrimas de cartón; dominós ruines, ocultando personas decentes; dominós lujosos disimulando gente ruin; borracheras envueltas en sudarios; esqueletos repartiendo bombones y caramelos; hombres con faldas y mujeres con pantalones, promiscuidad grotesca de sexos; colchas viejas en forma de cucurucho y mantones de Manila redondeándose sobre senos postizos; bebés de cincuenta años con sonajero, y caballeros con sombrero de copa y frac, de la mano del ama; máscaras que tan pronto van por el arroyo como se amontonan en un coche; máscaras que van a caballo gallardamente y otras que van siempre en su burro de gitano; quién que finge ser enano, quién que finge ser gigante; el mamarracho eterno de la caña repartiendo el higuí y alrededor las eternas bocas abiertas de los chicuelos procurando morderlo; unos que se disrazan con andrajos como si la conciencia se los desbordase, otros que se disfrazan con encajes, como escaparate de tienda y anuncio de venta; comparsas que llevan miserias entre músicas y cornetines de murga pidiendo limosna; el tradicional hombre de los cucuruchitos de papel y el hombre vestido de esferas, acaso simbolismos carnavalescos de ciertas almas; y abajo barro, y más arriba nubes de polvo que esperan su miércoles de ceniza, y allá en las alturas el cielo azul, inmensa careta de resplandores que cubre las negruras del espacio infinito y misterioso, como si quisiera formar parte en no sé qué Carnaval apocalíptico.
José Echegaray (España, 1832-1916).
Obtuvo el premio Nobel en 1904, compartido con Frédéric Mistral.
Aquí es posible leer el texto íntegro de Las dos caretas.
jueves, 14 de noviembre de 2019
Tu boca: LA ESPOSA DEL VENGADOR, de José Echegaray
Parreño: ¿Y es eso todo? ¡Ilusiones
de enamorado mancebo!
Carlos: Eso es todo, porque es vida,
y es esperanza, y es cielo.
Escúchame y no te burles.
Suponme presa de un sueño,
poblado de mil fantasmas,
de la calentura engendro,
e imagina que, por fin,
tras largo luchar, despierto,
corro al balcón, y de un valle
perfumado, alegre, fresco,
sobre mi abrasada frente
brisas matinales siento.
¿Comprendes la sensación
de bienestar, de consuelo,
que hubiese experimentado
mi ser en aquel momento?
Pues esto mismo sentí
cuando mis ojos lo vieron.
Meditando en mi venganza,
ante mí pasando tercos
el cadáver de mi padre
y la espada de Pacheco,
alumbrados de esa luz
por los últimos reflejos,
marchaba yo por las calles
soñando más que despierto,
cuando la vi de repente
tan de cerca, que su aliento
sobre mi abrasado rostro
sentí perfumado y fresco.
Yo vi su frente purísima,
a la que rubios cabellos
coronaban, como suele
con sus dorados reflejos
coronar el sol que nace
monte de nieve cubierto.
Yo vi sus ojos azules,
que en verdad me parecieron
más celestiales que aqueste
bellísimo firmamento,
que al fin este cielo es uno
y aquellos eran dos cielos.
Yo vi su dulce sonrisa,
y pensé en aquel momento
con la rapidez del rayo,
y del rayo con el fuego,
¿si en tu boca así es la risa,
qué será en tu boca un beso?
Y al ver tan divina mezcla,
y conjunto tan perfecto,
de cuanto hay de más hermoso
en la tierra y en el cielo,
sentí... yo no sé, ¡Dios mío!,
lo que sentí; sólo siento
que hay más luz en el espacio,
más aromas en el suelo,
más frescura en el ambiente,
y que están los aires llenos
de divinas armonías
y celestiales conciertos.
Parreño: ¡Buena ocasión es, don Carlos,
de pensar en devaneos!
iPobre Marqués de Quirós!
Carlos: ¡Calla, calla!...
Parreño: ¡Pobre dueño!
Tú descansas bajo el mármol
desgarrado el noble seno,
el que te arrancó la vida
su triunfo goza, soberbio,
y el hijo que tanto amabas,
aquí, do cayó tu cuerpo,
celestiales armonías
está sin cesar oyendo.
¡Bien haya por la ventura
que goza, el noble mancebo!
Carlos: Dije que será esta noche.
Parreño: ¿Me lo juras?
Carlos: Lo prometo.
(Sale de la iglesia Fernando y camina con lentitud).
lunes, 8 de enero de 2018
Nieve: BODAS TRÁGICAS, de José Echegaray
Escena IV: monólogo de La dama
Perdona, Laura hermosa, mi desvío,
y sé conmigo lo que siempre fuiste:
un ángel de bondad. Nada resiste
en cuanto alumbra el sol al tiempo impío.
La alegre primavera y el estío,
y el abundoso otoño ya mas triste,
todo con el sudario al fin se viste
de escarcha y nieve en el invierno frío.
¡Murió mi amor! La realidad impura
le arrastró a mi pesar al desencanto.
Dale en tu seno, Laura, sepultura,
sus despojos bañando con tu llanto,
y en invierno de amor, nieve más pura
no habrá cubierto tumba con su manto.
(Con arranque desesperado).
¿Qué es más? ¿cobarde?... ¿o cruel?
¿o miserable?... ¿o traidor?
¡Si ya no le tengo amor!
miércoles, 11 de octubre de 2017
Eclipse: RECUERDOS, de José Echegaray
¡Es singular cómo lo pasado, por molesto, por desagradable, por triste que haya sido, se transforma á través del tiempo en algo simpático y poético!
Y la luna y el sol, sin sospecharlo siquiera.
Yo creo que éste es un buen fnal de acto: conque telón rápido.
Obtuvo el premio Nobel compartido con Frédéric Mistral en 1904.
domingo, 29 de enero de 2017
Carnaval: LA MÁSCARA DE LA MUERTE, de José Echegaray
Y así se miraban: las dos, sin ojos: dos huecos en el hueso, dos agujeros en el cartón.
¿Era la nada que se contemplaba a sí misma? ¿Era la burla que de sí misma se burlaba? ¿Era una careta que iba a visitar a otra careta? La noche fue avanzando, y fue declinando el disco luminoso. La careta se quedó a obscuras: pronto se confundió con los terrones en que se apoyaba. El último rayo de luna brilló breves momentos sobre el pelado cráneo como sobre un espejo: después en sombras también. Y entre las sombras quedaron frente a frente la careta de la locura y la careta misteriosa de lo eterno. Y empezó el segundo día de Carnaval.






