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Vancouver: atardecer en abril. English Bay (fotografía de Jules Etienne).

jueves, 3 de noviembre de 2016

Día de los muertos: TIRANO BANDE- RAS, de Ramón del Valle-Inclán


 
(Fragmento del capítulo IV del Libro Segundo)

Entró Melquíades, dependiente y sobrino del gachupín. Conducía una punta de chamacos, que sonaban las pintadas esquilas de fúnebres barros que se venden en la puerta de las iglesias por la fiesta de los Difuntos. Melquíades era chaparrote, con la jeta tozuda del emigrante que prospera y ahorra caudales. La tropa babieca, enfilada a canto del mostrador, repica los barros:
 
- ¡Hijos míos! ¡Qué esperanza! ¡Idos a darle la murga a vuestra mamasita! ¡Que os vista los trajes de diario! ¡Melquíades, no debiste haberles relajado la moral, autorizándoles esta dilapidación de sus centavitos! ¡Muy suficiente una campanita para los cuatro! Entre hermanos bien avenidos, así se hace. Vayan a su mamá, que les mude sus trajecitos.
 
 
Ramón del Valle-Inclán (España, 1866-1936).

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Día de los muertos: LAS CARTAS DE LOS DIFUNTOS, de Wislawa Szymborska


Leemos las cartas de los difuntos como impotentes dioses,
pero dioses a fin de cuentas porque conocemos las fechas
posteriores.
Sabemos qué dinero no ha sido devuelto.
Con quién se casaron rápidamente las viudas.
Pobres difuntos, inocentes difuntos,
engañados, falibles, ineptamente precavidos.
Vemos los gestos y las señas que hacen a sus espaldas.
Cazamos con el oído el rumor de los testamentos rotos.
Están sentados frente a nosotros, ridículos, como en panecillos
con mantequilla,
o se echan a correr tras los sombreros que vuelan de sus cabezas.
Su mal gusto, Napoleón, el vapor y la electricidad,
sus mortales curas para enfermedades curables,
el insensato Apocalipsis según San Juan,
el falso paraíso en la tierra según Juan Jacobo...
Observamos en silencio sus peones en el tablero,
sólo que tres casillas más allá.
Todo lo previsto por ellos salió de una manera totalmente
diferente,
o un poco diferente, es decir, también totalmente diferente.
Los más diligentes nos miran ingenuamente a los ojos,
porque hacían cuenta de que encontrarían en ellos la perfección.


Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2012).
Obtuvo el premio Nobel en 1996.