.

.
Vancouver: atardecer en English Bay.

lunes, 15 de julio de 2019

Tu boca: LA HORDA, de Vicente Blasco Ibáñez

"Deja que bese ese amarillo de oro... Ahora, el morado; ahora el azul... el rosa de tu frente... el heliotropo de tus labios..."

(Fragmento del capítulo 5)

- No; vámonos -murmuró la muchacha-. Fuera de aquí hablaremos; gritaré lo que quieras. ¡Quererse por primera vez en un cementerio!... Esto da mala sombra; acabaremos mal. Vámonos, Isidro.

Tiraba de él poseída de un terror infantil, y el joven la siguió. Pero al pasar bajo el arco que daba entrada al ábside, Isidro la detuvo, lanzando una exclamación de asombro.

La luz de la vidriera envolvía a Feli. Era una faja de colores palpitantes, que abarcaba a la joven de pies a cabeza, haciendo temblar todo su cuerpo, como si estuviese formado con las tintas del iris.

- ¡Qué bonita! -exclamó Maltrana con arrobamiento. -¡Si pudieras verte!... Tienes la falda verde y el pecho azul. Tu boca es de color naranja; una mejilla es violeta y la otra ámbar. Parece que tengas claveles en la frente.

Feli permanecía inmóvil, sonriendo con femenil complacencia, gozosa de que su novio la viera tan bella. Sentía la caricia del rayo mágico del sol; entornaba los ojos, cegada por la ola de dolores que palpitaba en sus ropas y en su carne. El halago de la coquetería disipaba su miedo al cementerio con esa facilidad que tienen las mujeres para el olvido cuando se sienten acariciadas en su vanidad.

Algo más que el contacto de la luz sintió de pronto Feli. Su novio la estrujaba otra vez, pero con mayores arrebatos, sin que ella intentase resistir.
 
- Deja que bese ese amarillo de oro... Ahora, el morado; ahora el azul... el rosa de tu frente... el heliotropo de tus labios... las violetas de tus ojos.
 
Caían los besos sobre ella como una lluvia sonora con chasquidos de pasión, que agrandaba el eco del cementerio.
 
Feli envolviáse entre sus brazos, intentando en vano librarse de ellos. Al moverse, los colores cambiaban de sitio, pasando de una parte a otra de su cuerpo adorable. Todos los resplandores de la luz desfilaban por su boca. Maltrana no perdonó uno: quiso saborearlos todos, en medio de aquella gloria de colores que envolvía su amoroso grupo.
 
Feliciana cerraba los ojos, estremecida por el chaparrón de besos, vibrando su virgen sensibilidad con el apretón de los masculinos brazos, sintiéndose próxima a caer al suelo como si las piernas temblorosas no pudiesen sostenerla, murmurando entre suspiros dulces:
 
- Basta... déjame... Que me matas; que grito... Asesino.
 
 
 Vicente Blasco Ibáñez (España, 1867-1928).

domingo, 14 de julio de 2019

Tu boca: EL CANTO DE LA ANGUSTIA, de Leopoldo Lugones

"Tu boca, donde suspira a sombra interior habitada por los sueños..."

Yo andaba solo y callado
Porque tú te hallabas lejos;
Y aquella noche
Te estaba escribiendo,
Cuando por la casa desolada
Arrastró el horror su trapo siniestro.

Brotó la idea, ciertamente,
De los sombríos objetos;
El piano,
El tintero,
La borra de café en la taza,
Y mi traje negro.

Sutil como las alas del perfume
Vino tu recuerdo.
Tus ojos de joven cordial y triste,
Tus cabellos,
Como un largo y suave pájaro
De silencio.
(Los cabellos que resisten a la muerte
Con la vida de la seda, en tanto misterio.)

Tu boca, donde suspira
La sombra interior habitada por los sueños,
Tu garganta,
Donde veo
Palpitar como un sollozo de sangre,
La lenta vida en que te meces durmiendo.

Un vientecillo desolado,
Más que soplar, tiritaba en soplo ligero,
Y entretanto,
El silencio,
Como una blanda y suspirante lluvia
caía lento.
Caía de la inmensidad,
Inmemorial y eterno.

Adivinábase afuera
Un cielo
Peor que oscuro:
Un angustioso cielo ceniciento.

Y de pronto, desde la puerta cerrada
Me dio en la nuca un soplo trémulo
Y conocí que era la cosa mala
De las casas solas, y miré el blanco techo,
Diciéndome: "Es una absurda
Superstición, ridículo miedo."
Y miré la pared impávida,
Y noté que afuera había parado el viento.

Oh, aquel desamparo exterior y enorme
Del silencio.
Aquel egoísmo de las puertas cerradas.
Que sentía en todo el pueblo.
Solamente no me atrevía
A mirar hacia atrás, aunque estaba cierto
De que no había nadie; pero nunca,
Oh, nunca habría mirado de miedo.
Del miedo horroroso
De quedarme muerto.

Poco a poco, en vegetante
Pululación de escalofrío eléctrico,
Erizándose en mi cabeza
Los cabellos.
Uno a uno los sentía,
Y aquella vida extraña era otro tormento.

Y contemplaba mis manos
Sobre la mesa, qué extraordinarios miembros
Mis manos tan pálidas,
Manos de muerto.
Y noté que no sentía
Mi corazón desde hacía mucho tiempo.
Y sentí que te perdía para siempre,
Con la horrible certidumbre de estar despierto.

Y grité tu nombre
Con un grito interno,
Con una voz extraña
Que no era la mía y que estaba muy lejos.
Y entonces, en aquel grito

Sentí que mi corazón muy adentro,
Como un racimo de lágrimas,
Se deshacía en un llanto benéfico.
Y que era el dolor de tu ausencia
Lo que había soñado despierto.

 
Leopoldo Lugones (Argentina, 1874-1938).

sábado, 13 de julio de 2019

Tu boca: LA TRAGEDIA DE LA CALLE DE LAS FLORES, de Eça de Queirós

 
(Párrafo de la extensa carta que Genoveva le escribe a Víctor)
 
Mi querido amor.
(...)
 
Adiós, adorado. Es tarde. El fuego está apagado y estoy cansada. ¿Sabes lo que quisiera? Entrar paso a paso en tu cuarto, sin despertarte, poner un beso muy leve en tu boca adorada, y descender, sin despertarte… Sólo un beso ¿Pero tendría valor para tanto? Podría resisitirme a decirte al oído: soy yo, tu Genoveva, tu esclava, tómame, sé mi señor. Mi amado, ¡cuánto te adoro! A veces pienso que me haces mejor. Eres purificador; me siento con más nobleza, pienso con más serenidad. ¡Cómo nos cambia el amor! Adiós, mi amado. Quisiera poder escribirte toda mi vida, pero mi pobre mano, ¡mi pequeña mano está tan fatigada! ¡Si te tuviese aquí para recostarme en tu hombro! Oh, que hermoso paseo bajo los árboles, ¿no crees? ¿Sentiste el calor de mi brazo? ¿Estaba en tu corazón?
(...)
 
Adiós.Tu G.
 
 
José Maria Eça de Queirós (Portugués fallecido en Francia, 1845-1900).

viernes, 12 de julio de 2019

Tu boca: NUNCA PUEDE SABERSE (Lucha de sexos)*, de George Bernard Shaw

 "En tu boca «nosotros» solía querer decir tú y yo, Gloria."
 
(Fragmento del primer acto)
 
Philip: ¡Shh! El resultado fue que el arquitecto de las encías presentó considerables obstáculos para aceptar nuestra invitación a almorzar, aunque dudo que haya comido otra cosa que te con pan y manteca durante las dos últimas semanas. Pues bien: mi conocimiento de la naturaleza humana me obliga a creer que hemos tenido un padre y que tú probablemente sabes quien fue.
 
Mrs. Clandon (con renovada agitación): Basta, Phil. Tu padre no es nada para ti ni  para mí (vehemente). Y eso es suficiente.
 
Los mellizos guardan silencio pero no se muestran satisfechos. Están cabizbajos. Pero Gloria, que ha seguido atentamente el altercado, interviene de pronto.
 
Gloria (avanzando): Madre, tenemos derecho a saberlo.
 
Mrs. Clandon (se levanta y la enfrenta):  ¡Gloria! ¿"Tenemos"? ¿Quiénes?
 
Gloria (inmutable): Nosotros tres. (Su tono es inconfundible. Está enfrentando su fuerza  a la de su madre por primera vez. Los mellizos se pasan instantáneamente al enemigo).
 
Mrs. Clandon (ofendida): En tu boca "nosotros" solía querer decir tú y yo, Gloria.
 
Philip (levantándose, decidido, y apartando el banquillo): Te estamos hiriendo. Dejemos esto. No creímos que te molestara. Yo no quiero saber nada.
 
Dolly (apartándose de la mesa): Estoy segura de que yo tampoco quiero saberlo. Oh, no te pongas así, mamá. (Mira airadamente a Gloria y echa los brazos al cuello de la madre).
 
Mrs. Clandon: Gracias, querida. Gracias, Phil. (Aleja suavemente a Dolly y vuelve a sentarse).
  

George Bernard Shaw (Irlandés fallecido en Inglaterra, 1856-1950).
Obtuvo el premio Nobel en 1925.
 
* La pimera traducción al español de You Never Can Tell llevó por título Lucha de sexos, años después se le conocería como Nunca puede saberse, que es más aproximado al original en inglés.
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de You Never Can Tell en el Abbey Theatre de Dublín, Irlanda, en 2015, bajo la dirección de Conall Morrison, con Caoimbe O¨Malley como Gloria, Eleanor Methven en el papel de la señora Clandon, James Murphy y Genevieve Hulme Beaman como los gemelos Philip y Dolly. 

jueves, 11 de julio de 2019

Tu boca: A UNA MUJER, de Pedro María Barrera

"... el piélago crucé de tus antojos, buscando flores y encontrando abrojos en tu infecundo corazón de roca."

Miel eran las palabras de tu boca
y celos adorables tus enojos,
y las miradas de tus negros ojos
relámpagos de un alma de amor loca.
 
Con ansia mucha, con prudencia poca
el piélago crucé de tus antojos,
buscando flores y encontrando abrojos
en tu infecundo corazón de roca.
 
Que nunca me ofendiste ni me ofendes
propalas sin pudor, mujer impía,
y mi silencio por desprecio vendes.
 
¡Despreciarte! Ninguno lo diría;
pero lo dices tú, porque comprendes
que yo, con mi desprecio, te honraría.
 
 
Pedro María Barrera (España, 1842-1897).

martes, 9 de julio de 2019

Tu boca: ROMANCE DE LOS BESOS, de José de Maturana

"... sobre tu boca de mieles, sobre tu fresca garganta.."

(Estrofas finales)
 
-Déjame besar tu boca
meridional y encarnada
como la guinda incitante,
como los claveles grata,
dulce como una sonrisa,
fresca como una mañana
primaveral y armoniosa
bajo una alegre enramada
y, así, el corazón se funda
con esa boca sultana,
para aprisionar dos vidas
en la cárcel de dos almas...
 
-¡Vete, galán, que me queman
tus ojos y tus palabras!-
 
-Quiero besar tus pupilas
y tu frente soberana,
y el encanto de tu boca,
y el jazmín de tu garganta;
quiero posar la amargura
de mis labios en tus gracias;
y en tanto que me consuelas
de la errabunda nostalgia,
pensaré sobre tus ojos,
sobre tu frente pagana,
sobre tu boca de mieles,
sobre tu fresca garganta:
¡que está besando a la Gloria
mi amor, tendido a sus plantas!
 
La dama clavó al galán
sus ojos -dos puñaladas-
y en el rosado misterio
de la tarde visionaria
besos de amor escucharon
las rosas y las estatuas...


José de Maturana (Argentina, 1884-1917).

sábado, 6 de julio de 2019

Tu boca: RAYUELA, de Julio Cortázar

(En el día internacional del beso: 6 de julio)

 
"... voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabiera..."
 
Capítulo 7

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabiera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
 
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios , apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.


Julio Cortázar (Argentino nacido en Bruselas, Bélgica, en 1914; fallecido en París, Francia, en 1984).

viernes, 5 de julio de 2019

Tu boca: LA CIENCIA DEL BESO, de Victorien du Saussay

".. como frutos misteriosos que producen inefables venenos, y al primer beso de amor, de labio a labio..."

(Fragmento)
 
Es una aurora, es el principio de la vida real. Entonces, el beso se modela cada vez más, sólo al contacto de las bocas.
 
Las bocas de los enamorados, apenas formadas para el amor, son como rosas recién coloreadas por el sol; como frutos misteriosos que producen inefables venenos, y al primer beso de amor, de labio a labio, se envenenan supremamente con el veneno de las voluptuosidades futuras.
 
- ¡Bésame! ¡Bésame siempre -dicen los ojos de la mujer que siente cruzar un estre- mecimiento de dicha-. ¡Bésame! ¡Másl ¡Otro beso! ¡Besa!...
 
- Tu boca es la copa fresca y ardiente a la vez en que mi boca ha bebido su primera embriaguez -dice el amante mientras estrecha contra su corazón a la adorada-. Saboreo el regalo exquisito de tu boca, y a cambio de mi dicha dejaré entrar mi alma por tus labios. ¿La sientes entrar?

Victorien du Saussay
(Francia, 1868; aunque la fecha de su muerte es indefinida, su última obra publicada apareció en 1913).
 
(Traducido al español por Felipe Trigo).

miércoles, 3 de julio de 2019

Tu boca: HORMIGAS, de Ramón López Velarde

"Antes que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca..."

A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora,
responde, en la embriaguez de la encantada hora,
un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán del perenne hormigueo
el pozo del silencio y el enjambre del ruido,
la harina rebanada como doble trofeo
en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,
el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos
cual se olvida en la arena un gélido bagazo;
y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo gemebundo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,
dámelos en el crítico umbral del cementerio
como perfume y pan y tósigo y cauterio.
 
 
Ramón López Velarde (México, 1888-1921).

martes, 2 de julio de 2019

Tu boca: ELIS, de Georg Trakl

"Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes."
 
I
 
Es profundo el silencio de esta tarde dorada.
Bajo viejas encinas
Apareces tú, Elis, yaciente de los ojos redondos.
 
Su azul refleja el dormitar de los amantes.
En tu boca
Enmudecieron los rosados suspiros.
 
Al caer la tarde, el pescador recogió las pesadas redes.
Un buen pastor
Lleva su rebaño por el filo del bosque.
Oh qué justos son, Elis, todos tus días.
 
Callado baja
Por áridos muros el silencio del olivo,
Desvanece de un anciano el oscuro cantar.
 
Una barca dorada
Mece, Elis, tu corazón en el solitario firmamento.
 
 
Georg Trakl (Austria, 1887-1914).
 
(Traducido al español por Juan García Ponce en colaboración con Roger von Gunten).

Tu boca: LAS BOSTONIANAS, de Henry James

"¡Abundan los caballeros que estarían felices de cerrar tu boca besándola!"

(Fragmento del capítulo XVII)

Ningún hombre que haya visto le interesa una pizca en su corazón nuestra causa y lo que estamos tratando de lograr. La odian, la desprecian; tratarán de dificultarla siempre que puedan. Oh sí, sé que hay hombres que pretenden que les importa, pero esos no son realmente hombres, ¡y ni siquiera de ellos estoy segura! Cualquier hombre que uno mire, la verdad sea dicha, emprende una guerra a cuchillo en contra nuestra. No pretendo negar que también hay algunos seres del género masculino que estarían dispuestos a respaldarnos un poco; a darnos una palmadita en la espalda y recomendar ciertas concesiones moderadas; para decir que en efecto hay dos o tres pequeños puntos en los que la sociedad no ha sido justa con nosotras. Pero cualquier hombre que pretenda aceptar por su propia voluntad nuestro programa en su totalidad, como tú y yo lo entendemos, antes de que se vea forzado a hacerlo, esa persona lo único que estaría tramando es traicionarnos. ¡Abundan los caballeros que estarían felices de cerrar tu boca besándola! Si algún día te vuelves peligrosa para su egoísmo, para sus disimulados intereses, para su inmoralidad -¡Tal y como rezo todos los días al cielo, mi querida amiga, que tú lo seas!- será un gran triunfo para alguno de ellos si logra persuadirte de que te ama. Entonces verás de lo que es capaz de hacer contigo, ¡y qué tan lejos lo puede llevar su amor! Será un día triste para ti y para mí, y para todas nosotras, si creyeras algo así. Puedes ver ahora que estoy en calma, cuánto he reflexionado al respecto.

(No man that I have ever seen cares a straw in his heart for what we are trying to accomplish. They hate it; they scorn it; they will try to stamp it out whenever they can. Oh yes, I know there are men who pretend to care for it; but they are not really men, and I wouldn't be sure even of them! Any man that one would look at--with him, as a matter of course, it is war upon us to the knife. I don't mean to say there are not some male beings who are willing to patronise us a little; to pat us on the back and recommend a few moderate concessions; to say that there are two or three little points in which society has not been quite just to us. But any man who pretends to accept our programme in toto, as you and I understand it, of his own free will, before he is forced to -such a person simply schemes to betray us. There are gentlemen in plenty who would be glad to stop your mouth by kissing you! If you become dangerous some day to their selfishness, to their vested interests, to their immorality -as I pray heaven every day, my dear friend, that you may! -it will be a grand thing for one of them if he can persuade you that he loves you. Then you will see what he will do with you, and how far his love will take him! It would be a sad day for you and for me and for all of us, if you were to believe something of that kind. You see I am very calm now; I have thought it all out.)
 
Henry James (Estadounidense nacionalizado inglés, 1843-1916).
 
(Traducido del inglés por Jules Etienne).

lunes, 1 de julio de 2019

Tu boca: CARINA o la joven loca por su alma, de Fernand Crommelynck

"Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón."
 
(Fragmento de un diálogo entre Federico y Carina)

(Baja la mirada, pero él pone la cabeza de ella contra su hombro y prosigue, con más ternura). Tú tienes veinte años. ¿De qué nostalgias de garras y de terciopelo te sientes atravesada, si te vuelve de entre los años la frescura de tu primer beso? Tu boca entonces no era sino la celada de tu corazón. ¿Te hablaré del inocente amor que está contenido en una frágil forma humana, en un rostro pequeño, en el círculo de un ojo. En toda una región, con sus montañas, sus desfiladeros de sombras y rumores, sus aldeas y villorrios, en un continente y en el universo sin contornos, del inocente amor que quiere ver una mirada tierna, ilimitada como el azul, bañando los cabos, ciñendo las islas, ahogando a las constelaciones? De suerte que felicidades o infelicidades no tienen ya sino un solo o mismo nombre: Arturo, si tú quieres, o España, o Milán... y que, en mi recuerdo, semejantes a estatuas, mis amantes con nombres de ciudades lleven en ofrenda o sobre su mano tendida, en una un campanario fino, la otra un barco ornado. O que entre las ciudades con nombres de mujer, ésta, maquillada, empolvada, eleve su brisa carnal, mientras que aquélla, lánguida bajo la cortina negra y oro, aviente mi corazón de sus pesados párpados.


Fernand Crommelynck (Dramaturgo belga nacido y muerto en Francia, 1886-1970).
 
La ilustración corresponde a la puesta en escena de la obra dirigida por Michaël Delaunoy, con Charlotte Villalonga como Carina y Damien De Dobbeleer.