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Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

martes, 4 de agosto de 2015

Venecia: DE MADRID A NÁPOLES..., de Pedro Antonio de Alarcón


(Fragmento del Libro Quinto)

Lord Byron es para Venecia lo que nuestro Zorrilla para Granada: el gran panegirista de su hermosura, el cantor infatigable de su peregrina historia, el que creó en todas las imaginaciones un mágico ideal de su belleza; el que dijo al mundo, olvidado ya de una ciudad que había cumplido su destino histórico: «Venecia existe todavía: sus encantos no han desaparecido con su poder: sus palacios no se han hundido con sus guerreros y navegantes: la poesía y la tradición levantan aquí su voz entre las ruinas. ¡Venid a verla!» 
 
El canto cuarto de La peregrinación de Childe-Harold, que principia: «Estaba yo en Venecia, sobre el Puente de los Suspiros, entre un palacio y una prisión...» fue la primera señal de aquel entusiasmo por la ciudad de los Dux que le llevó á escribir después sus dos famosas tragedias Marino Faliero y Los dos Foscari, y por último, la sublime Oda a Venecia: «¡Oh Venecia, Venecia! Cuando tus palacios de mármol estén ya al nivel de tus olas, se oirá el grito de las naciones sobre tus ruinas, y un largo lamento resonará en las orillas del agitado mar.—Si yo, peregrino del Norte, lloro sobre tus escombros, ¿qué no te deberán tus hijos?—¡ Todo, menos estériles lágrimas! —Y sin embargo, ellos se contentan con murmurar en medio de su sueño!—¡Qué contraste con sus mayores! ¡Ah! ellos son a sus padres lo que el verdoso fango, desechado por la mar, es a la potente ola que separa al marinero de su nave!» Estos enérgicos acentos pusieron de moda a Venecia en ambos mundos. Desde entonces, la poesía, la música y la novela hicieron de la hija de las lagunas la Isla de Délos del romanticismo, y los poetas y los artistas fueron en peregrinación a saludarla.


Pedro Antonio de Alarcón (España, 1833-1891)
 
La ilustración corresponde a la iglesia de San Jorge Mayor (San Giorgio Maggiore, 1726-30), de Canaletto

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