Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne)

viernes, 23 de julio de 2021

Venecia: BOUVARD Y PÉCUCHET, de Gustave Flaubert


 (Fragmento del capítulo 5)

Bouvard tomó a George Sand.
 
Lo entusiasmaron las bellas adúlteras y los nobles amantes, hubiera querido ser Jacques, Simón, Bénédict, Lélio y vivir en Venecia. Suspiraba, no sabía qué le pasaba y se encontraba a sí mismo cambiado.
 
Pécuchet, que trabajaba con la literatura histórica, estudiaba las obras de teatro. Se tragó dos Pharamond, tres Clovis, cuatro Charlemagne, varios Phílippe Auguste, un montón de Juanas de Arco y muchas marquesas de Pompadour y conspiraciones de Cellamare.
 
Casi todas le parecieron más tontas aun que las novelas, ya que para el teatro existe una historia convencional que no se puede destruir. Luis XI no dejará de arrodillarse ante las figurillas de su sombrero, Enrique IV estará constantemente jovial, María Estuardo llorosa, Richelieu cruel. En fin, todos los caracteres se muestran monolíti- cos, por amor a las ideas simples y respeto de la ignorancia, tanto que el dramaturgo, lejos de elevar, rebaja, en lugar de instruir, idiotiza.
 
Como Bouvard le había alabado a George Sand, Pécuchet se puso a leer Consuelo, Horace, Mauprat y fue seducido por la defensa de los oprimidos, por el aspecto social y republicano, por las tesis. Según Bouvard, eso arruinaba la ficción y pidió a la biblio- teca novelas de amor.
 
 Gustave Flaubert (Francia, 1821-1880).

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