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Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Tenochtitlan: LA VENECIA DEL NUEVO MUNDO


Ayer, 19 de noviembre, tuvo lugar en la ciudad de Nueva York una conferencia que llevó por título Venecia, Tenochtitlan y la construcción de un imperio global. El exponente, Daniel Savoy, es profesor de historia del arte en Manhattan College, y la organización tuvo el respaldo tanto de la fundación Salvar a Venecia (Save Venice) como de la Universidad de Nueva York (NYU).
 
Es bien sabido que cuando los conquistadores españoles vieron por primera vez la capital del imperio azteca, de inmediato establecieron comparaciones con Venecia de donde surgió la expresión que da su título al presente texto. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia de las cosas de la Nueva España, la describía de la siguiente manera:
 
"En lo que toca a la antigüedad de esta gente tiénese por averiguado que ha más de dos mil años que habitan en esta tierra que ahora se llama la Nueva España: porque por sus pinturas antiguas hay noticia que aquella famosa ciudad que se llamó Tula ha ya mil años o muy cerca de ellos que fue destruida, y antes que se edificase, los que la edificaron estuvieron muchos poblados en Tulantzinco, donde dejaron muchos edificios muy notables; pues en lo que allí estuvieron y en lo que tardaron en edificar la ciudad de Tula, y en lo que duró en su prosperidad antes que fuese destruida, es cónsono a verdad que pasaron más de mil años, de lo cual resulta que por lo menos quinientos años antes de la Encarnación de nuestro Redentor esta tierra era poblada. Esta célebre y gran ciudad de Tula, muy rica y decente, muy sabia y muy esforzada, tuvo la adversa fortuna de Troya. Los chololtecas, que son los que de ella se escaparon, han tenido la sucesión de los romanos, y como los romanos edificaron el Capitolio para su fortaleza, así los cholulanos edificaron a mano aquel promontorio que está junto a Cholula, que es como una sierra o un gran monte, y está todo lleno de minas o cuevas por de dentro. Muchos años después los mexicanos edificaron la ciudad de México, que es otra Venecia, y ellos en saber y en policía son otros venecianos. Los tlaxcaltecas parecen haber sucedido en la fortuna de los cartagineses. Hay grandes señales de las antiguallas de estas gentes, como hoy día parece en Tula y en Tulantzinco, y en un edificio llamado Xochicalco, que está en los términos de, Quauhnahuac; y casi en toda esta tierra hay señales y rastro de edificios y alhajas antiquísimos."
 
En el siglo XVI, el italiano Porracci Tommasso, fue todavía más lejos al calificarla como "Otra Venecia en el mundo, fundada por Dios... con su santísima mano, donde otras son fundadas por los hombres". Pasando por alto, claro está, que sus habitantes todavía eran paganos y la labor de los misioneros católicos era inducirlos en el monoteísmo cristiano para facilitar la conquista.
 
Más tarde, en 1613, Miguel de Cervantes escribiría en El licenciado Vidriera que: "Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo."
 
Unos cuantos años después, en 1638, Lope de Vega también establece su propia alusión al respecto en la obra teatral El piadoso veneciano:
 
Méjico y Venecia son,
Dos ciudades celebradas
Porque sobre el mar fundadas
Con notable perfecion (sic),

Son ciudades y son naves...

Desconociendo el contenido de la citada conferencia, me limito a consignarla como mero pretexto para de esa manera referirme a la comparación. Venecia sigue flotando, como un pez, diría Tiziano Scarpa. La antigua Tenochtitlan, en cambio, se transformó en la actual ciudad de México y cubrió bajo tierra sus canales -con la excepción de Xochimilco-, como si se avergonzara de ellos.

 
Jules Etienne

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