Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne)

sábado, 19 de junio de 2021

Venecia: LAS AVENTURAS DEL CAPITÁN SINGLETON, de Daniel Defoe

"... tomamos pasaje a bordo de aquel navío y nos hicimos a la vela, rumbo a Venecia..."

(Fragmento del capítulo 31: Retorno a la patria)

No sabíamos adónde ir y vacilábamos respecto a nuestra futura residencia, cuando un buque veneciano fondeó en el puerto de Alejandría, para recoger carga con destino a su patria. Aprovechamos la ocasión, hablamos con el capitán del buque, tomamos pasaje a bordo de aquel navío y nos hicimos a la vela, rumbo a Venecia llegando sanos y salvos al cabo de veintidós días. Desembarcamos con nuestro tesoro, nuestro dinero y nuestros fardos, que formaban en conjunto un cargamento tan valioso como no creo que jamás viera otro igual aquella ciudad, al menos siendo propiedad de sólo dos hombres.

Nos hicimos pasar por mercaderes armenios, igual que habíamos hecho antes. En Basora y Bagdad aprendimos a chapurrear el persa y el armenio, de suerte que podíamos hablarnos uno a otro sin que nadie nos entendiera, y a veces ni nosotros mismos. Fuimos vendiendo nuestro cargamento, hasta que el tesoro que poseíamos quedó íntegramente reducido a dinero. Nos instalamos en la ciudad como si qui- siéramos pasar allí una larga temporada. William y yo vivimos juntos del modo más fraternal y con amistad inquebrantable. No nos separaban intereses ni pasiones. Nunca nos despojamos de nuestros trajes de armenios, y seguíamos firmes en nuestro propósito de restituir lo que robamos. En Venecia nos llamaban «los dos griegos».

Daniel Defoe (Inglaterra, 1660-1731).

(Traducido al español por Nicolás Ferrante).

La ilustración corresponde a una vista de la basílica de San Marcos desde la isla de San Giorgio Maggiore, de Michele Marieschi.

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