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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

domingo, 26 de julio de 2015

Venecia: MEMORIAS (Historia de mi vida), de Giacomo Casanova

"... después de lo cual el jefe de los arqueros me llevó a la terrible cárcel de los Plomos."

(Fragmentos del capítulo 11)

Era al anochecer, día 25 de julio de 1755.

Al día siguiente, al despuntar el día, entra en mi cuarto el terrible messer-grande. Despertar, verle y oírle preguntar si yo era Giacomo Casanova, fue hecho en un instante.

- Sí; yo soy Casanova -dije.
 
* * *
Mientras tanto yo me vestía sin darme cuenta de ello. Me puse una camisa con encajes y mi hermosa casaca nueva, casi maquinalmente, y sin que el messer-grande, que no dejaba un momento de observarme, tomase a mal que yo me vistiese como si acudiera a una fiesta. Me hicieron entrar en una góndola, con una escolta de cuatro hombres, después de lo cual el jefe de los arqueros me llevó a la terrible cárcel de los Plomos.

* * *
El último día de setiembre pasé la noche sin dormir, y me hallaba impaciente por ver el nuevo día, tan seguro estaba de recuperar aquel día mismo la libertad. Expiraba el poder de quienes me habían encerrado; pero amaneció, y nada sucedió. Permanecí cinco o seis días en la desesperación y deduje que se habían propuesto tenerme allí toda mi vida. Esta espantosa idea me hizo reír, pues me sentía capaz de abreviar mi prisión a mi antojo, empeñándome en escapar o en hacerme dar muerte. A principios de noviembre concebí seriamente el proyecto de escaparme y desde aquel momento no tuve más idea que ésta. Concebí cien medios a cual más atrevido, pero siempre un nuevo plan me hacía desechar aquel a que acababa de pergeñar. Durante ese laborioso trabajo imaginativo sucedió un singular acontecimiento que me hizo comprender el triste estado de mi espíritu. Me hallaba de pie en el desván mirando hacia el ventanillo. De pronto vi una gruesa viga del techo que se inclinaba hacia la derecha y que por un movimiento contrario pero lento e interrumpido, volvía a su posición primera. Como al mismo tiempo yo había perdido el equilibrio, comprendí que era una sacudida, un temblor de tierra. Laurencio y los esbirros, que en aquel momento salían de mi calabozo, dijeron que también habían experimentado un movimiento de oscilación. La disposición de mi ánimo era tal que este hecho me causó un sentimiento de alegría que sentí en mi interior sin decir una palabra. Cuatro o cinco segundos después se produjo la misma oscilación y no pude menos de exclamar:

- ¡Otra, otra, gran Dios, pero más fuerte!

Los arqueros, espantados de lo que les parecía la impiedad de un loco desesperado, huyeron despavoridos. Entre los acontecimientos posibles, pensaba yo, está el derrumbe del palacio ducal, lo que ayudará a que recupere mi libertad. En la situación en que me encontraba, casi nada es la vida y la libertad lo es todo; de hecho, es que sentía que empezaba a volverme loco.
 
 
Giacomo Casanova (Italiano, 1725-1798)
 
La ilustración corresponde a la Cárcel de los Plomos en el Palacio Ducal de Venecia.

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