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Vancouver, atardecer en English Bay.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Venecia: VENECIA EN GUERRA, de Maurice Barrès

"... y nuestra sombra nos sigue por las aguas como un gran pez."

(Fragmento del capítulo X)

Aquí está la ciudad muy nítida, sus islas, sus islotes, el mar y nuestra sombra nos sigue por las aguas como un gran pez. Venecia, tesoro glorioso, ocupa el centro de espacios soleados por el ocaso y que envuelve la bruma. Reposo encantador de la ciudad azul y rosa, suave como un plumón de pájaro, en medio de su laguna lechosa. ¡Qué desgracia ser, sobre esta tranquilidad, un pájaro tan ruidoso!

Respiro el aire marino, el aire de las cimas y luego el éxtasis de la magia. Pasamos por encima del jardín que tanto me había gustado en la víspera.

Entre cincuenta manuscritos, bajo el polvo de antes de la guerra, tengo un viejo trabajo imperfecto acerca de los jardines de Venecia. Cuántas investigaciones hice para nombrarlos; el de la Giudecca lleno de rosas; el que no está lejos de la estación, el… Pero, olvidemos; abandonémonos al placer presente, al placer de tomar una inteligencia perfecta de las formas de Venecia, de su Gran Canal que serpentea y de toda la redecilla de los canales menores. Mi mirada se sumerge maravillada a través de los rayos del sol y los vapores del agua en la Plaza de San Marcos y en los diversos cortes al fondo de los cuales se agita el encantador pueblo llano. Venecia misma, en esa inmensidad clara, parece una frágil criatura de la que creo sentir la respiración, la delicada palpitación. Pero ya se acaba el saborear el placer de los pájaros. El prado ha reaparecido. Liliputienses blancos corren por la hierba, han asido las cuerdas lanzadas, de nuevo somos prisioneros de la gente de la tierra.

 
Maurice Barrès (Francia, 1862-1923)

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