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Vancouver, atardecer en English Bay.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Venecia: EL CRIMEN DE LORD ARTHUR SAVILE, de Oscar Wilde

"... si continuaba en el Hotel Danieli, acabaría por fallecer de aburrimiento."

(Fragmento del capítulo IV)

En Venecia se encontró con su hermano Lord Surbiton, que acababa de llegar de Corfú en su yate. Pasaron reunidos un par de semanas deliciosas. Durante la mañana paseaban a caballo por el Lido, o se deslizaban a lo largo de los verdes canales en su esbelta góndola negra; por la tarde, habitualmente recibían visitas en el yate y por la noche comían en el Florian y paseaban por la Piazza fumando cigarrillo tras cigarrillo. Sin embargo, Lord Arthur no era feliz. Todos los días leía minuciosamente la lista de defunciones en el Times, esperando ver la noticia del fallecimiento de Lady Clementina, y todos los días sufría la misma decepción. Comenzó a temer algún accidente y a veces se arrepentía de no haber dejado a Lady Clem ensayar cuando quiso hacerlo, los efectos de la aconitina. Además, las cartas de Sibyl, aunque desbordantes de amor y confianza, traslucían una gran tristeza, que aumentaba la suya. En ocasiones, hasta le parecía haberse separado de ella para siempre.
 
Al cabo de dos semanas, Lord Surbiton estaba hastiado de Venecia, y decidió recorrer la costa hasta Ravenna. Lord Arthur, al principio, se negó rotundamente a acompañarle, pero Surbiton, a quien quería extraordinariamente, acabó por convencerle de que, si continuaba en el Hotel Danieli, acabaría por fallecer de aburrimiento. Así, la mañana del día 15 se hicieron a la mar, que estaba bastante picada, con un fuerte viento nordeste. La travesía fue excelente y el aire libre y puro del mar devolvió sus colores a las mejillas de Lord Arthur. Pero, hacia el día 22, se apoderó de él nuevamente la preocupación de Lady Clementina y, a pesar de las protestas de Surbiton, regresó en tren a Venecia.
 
Cuando saltó de la góndola, según subía las escaleras, el propietario del Hotel se adelantó hacia él con un telegrama en la mano. Lord Arthur se lo arrebató, apresurándose a abrirlo. ¡Al fin se habían realizado sus deseos: Lady Clementina había fallecido casi repentinamente la noche del 17!


Oscar Wilde (Irlanda, 1854-1900) 

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