Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
miércoles, 9 de junio de 2021
Venecia: EL BALDE RAPTADO (La secchia rapita), de Alessandro Tassoni
martes, 8 de junio de 2021
Venecia: EL PIADOSO VENECIANO, de Lope de Vega
lunes, 7 de junio de 2021
Tenochtitlan: LA VENECIA DEL NUEVO MUNDO
Es bien sabido que cuando los conquistadores españoles vieron por primera vez la capital del imperio azteca, de inmediato establecieron comparaciones con Venecia de donde surgió la expresión que da su título al presente texto. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia de las cosas de la Nueva España, la describía de la siguiente manera:
Son ciudades y son naves...
domingo, 6 de junio de 2021
Venecia: EL LICENCIADO VIDRIERA, de Miguel de Cervantes
(Fragmento)
La ilustración corresponde a El Arsenal, en Venecia, de Bernardo Bellotto.
sábado, 5 de junio de 2021
Venecia: RIMAS, de Verónica Franco
En mi memoria regreso a ti constantemente,
oh amigable y leal refugio patrio.
abandoné las doradas mansiones y tallas de mármol,
tan altas sobre las aguas que el mar sereno
de ellas se aleja para contemplar su belleza;
que las olas, aliviando su furia
fluyen hasta aquí para bañar la sagrada ciudad,
reina del mar, engastada en el mar.
Y el agua humildemente retrocede a sus pies,
y tomando los variados y sinuosos canales
va encontrando su ruta por incontables caminos.
como el más singular milagro de Natura,
más bella mientras más se mira,
y aunque está desnuda de muralla exterior,
es menos accesible que una fortaleza,
muros o troneras, fuerte y segura.
Todo lo que contiene el universo
de uso y necesidad para la vida humana
es traído aquí desde el universo entero
a rendirle lo que ella merece,
abunda en territorios bien ordenados
para producir todo lo que en ella no fructifica
y así la rodea una eterna abundancia,
sus arenosas playas son las más fértiles tierras
sobre toda la Tierra.
de mi famosa y magnífica patria
me hacen odiar estos bosques y estas landas.
viernes, 4 de junio de 2021
Venecia: LA CORTESANA HONESTA, de Margaret Rosenthal
jueves, 3 de junio de 2021
Venecia: LA VENECIANA (La Venexiana), obra teatral anónima
miércoles, 2 de junio de 2021
Venecia: EPITAFIO DE ANDRÉ NAUGER, de Jean-Antoine de Baïf
martes, 1 de junio de 2021
Venecia: LA MIRADA DE WILLIAM SHAKESPEARE
- Venetia, Venetia, Chi non te vede, non te pretia.
No sólo Venecia corrobora y destaca la presencia de Italia en el teatro de William Shakespeare, Romeo y Julieta acontece en Verona los mismo que Los dos hidal- gos de Verona; por su parte, La fierecilla domada tiene lugar en Padua, mientras que Cimbelino desarrolla su acción en Bretaña e Italia y La comedia de equi- vocaciones entre Éfeso y Siracusa, en Sicilia. El contexto histórico tanto de Julio César como de Antonio y Cleopatra, es el imperio romano. Es evidente la preferen- cia del dramaturgo inglés por escenarios en la península itálica y, por lo mismo, habría sido imposible que ignorara el trazo del imponente estilo veneciano.
lunes, 31 de mayo de 2021
Venecia: OTELO, de William Shakespeare
Brabancio: Lo agradezco humildemenete a Vuestra Gracia. He aquí al hombre, este moro, a quien ahora, por mandato especial, habéis traído aquí, parece, por asuntos de Estado que preocupan a Venecia.
Dux y Senadores: Sentimos por ello el más profundo pesar.
Dux (a Otelo): ¿Qué podéis responder a esto en defensa propia?
Otelo: Muy poderosos, graves y reverendos señores, mis muy nobles y muy amados dueños; es por demás cierto que me he llevado la hija de este anciano; es cierto que me casé con ella: la verdadera cabeza y frente de mi crimen tiene esta extensión, no más. Soy rudo en mis palabras, y poco bendecido con el dulce lenguaje de la paz, pues desde que estos brazos tuvieron el desarrollo de los siete años, salvo durante las nueve postreras lunas, han hallado siempre sus más caros ejercicios en los campos cubiertos de tiendas. Y fuera de lo que concierne a las acciones guerreras y a los combates, apenas puedo hablar de este vasto universo. Por consiguiente, poco embelleceré mi causa hablando de mí mismo. No obstante, con vuestra graciosa autorización, os haré llanamente y sin ambages el relato de la historia entera de mi amor. Os diré qué drogas, qué encantos, qué conjuros, qué mágico poder (pues de tales procedimientos se me acusa) he empleado para seducir a su hija.
Brabancio: Una virgen nunca desenvuelta, de un carácter tan apacible y tímido, que al menor movmiento enrojecía; y, a despecho de su naturaleza, de sus años, de su país, de su reputación, de todo, ¡caer enamorada de quien tenía miedo de mirar! Mostraría un juicio mutilado y muy imperfecto quien declarase que la perfección puede errar a tal punto contra todas las reglas de la naturaleza; y ante un hecho parecido, debe buscarse la explicación en las prácticas astutas del infierno. Manten- go, pues, de nuevo que ha operado sobre ella con algunas poderosas mixturas sobre la sangre, o por alguna poción conjurada a este efecto.
Dux: Mantenerlo no es probarlo. Necesitáis testimonios mucho más precisos y más claros que esas ligeras aserciones y las probabilidades superficiales de esas ordina- rias apariencias.
Senador primero: Pero hablad, Otelo. ¿Habéis conquistado y emponzoñado por medios indirectos y violentos las afecciones de esta joven doncella? ¿O ha sucedido ello por plegarias y esas bellas instancias que el corazón dirige al corazón?
Otelo: Os lo suplico, enviad a buscar la dama al Sagitario y que se explique respecto de mí delante de su padre. Si en el relato me halláis culpable, no os contentéis con retirarme la confianza y el cargo que os debo, sino que vuestra sentencia caiga sobre mi propia vida.
Dux: Traed acá a Desdémona.
Otelo: Alférez, guiadles; vos conocéis mejor el sitio. (Salen Iago y acompañantes). Y mientras llega, tan sinceramente como confieso al cielo los vicios de mi sangre, así explicaré, con la misma franqueza, a vuestros graves oídos, cómo conquisté el amor de esta bella dama, y ella el mío.
Dux: Referidlo, Otelo.
Otelo: Su padre me quería; me invitaba a menudo; interrogábame siempre sobre la historia de mi vida, detallada año por año; acerca de las batallas, los asedios, las diversas suertes que he conocido. Yo le contaba mi historia entera desde los días de mi infancia hasta el momento mismo en que mandaba hablar. Le relación de muchos azares desastrosos, de accidentes patéticos por mar y tierra; de cómo había escapa- do por el espesor de un cabello a una muerte inminente; de cómo fui hecho prisionero por el insolente enemigo y vendido como esclavo; de cómo me rescaté y de mi manera de proceder en mi historia de viajero. Entonces necesitaba hacer mención de vastos antros y de desiertos estériles, de canteras salvajes, de peñascos y de monta- ñas cuyas cimas tocaban el cielo, y hacía de ellos la descripción. Luego hablaba de los caníbales, que se comen los unos a los otros (los antropófagos), y de los hombres que llevan su cabeza debajo del hombro. Desdémona parecía singularmente interesa- da por estas historias, pero las ocupaciones de la casa la obligaban sin cesar a levantarse; las despachaba siempre con la mayor diligencia posible, luego volvía y devoraba mis discursos con un oído ávido. Habiéndolo yo observado, elegí un día una hora oportuna y hallé fácilmente el medio de arrancarle del fondo de su corazón la súplica de hacerla por entero el relato de mis viajes, de que había oído algunos fragmentos, pero sin la debida atención. Accedí a ello, y frecuentemente le robé lágrimas, cuando hablaba de alguno de los dolorosos golpes que habían herido mi juventud. Acabada mi historia, me dio por mis trabajos un mundo de suspiros. Juró que era extraño, que en verdad era extraño hasta el exceso, que era lamentable, asombrosamente lamentable; hubiera deseado no oírlo, no obstante anhelar que el cielo le hiciera nacer de semejante hombre. Me dio las gracias y me dijo que si tenía un amigo que la amara me invitaba a contarle mi historia, y que ello bastaría para que se casase con él. Animado con esta insinuación, hablé. Me amó por los peligros que había corrido y yo la amé por la piedad que mostró por ellos. Ésta es la única brujería que he empleado. Aquí llega la dama; que sea testigo de ello.
Entran Desdémona, Iago y acompañantes.
Dux: Pienso que un relato así hubiera vencido también a mi hija. Mi buen Brabancio, tomad por el lado mejor este asunto hecho trizas. Los hombres se defienden más seguramente con armas rotas que con sus manos desnudas.
Brabancio: Oídme, os ruego. ¡Que ella confiese que recorrió la mitad del camino, y entonces que la destrucción caiga sobre mi cabeza si mi más fuerte censura se dirige contra este hombre! Venid acá, linda señorita. ¿Descubrís entre toda esta noble compañía a quién debéis sobre todo obediencia?
Desdémona: Mi noble padre, noto aquí un deber compartido. Os estoy obligada por mi vida y mi educación; mi vida y mi educación me enseñan qué respeto os debo. Sois el dueño de mi obediencia, ya que hasta aquí he sido vuestra hija. Mas he aquí mi esposo; y la misma obediencia que os mostró mi madre, prefiriendo a vos sobre su padre, reconozco y declaro deberla al moro, mi marido.
William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616).
La ilustración corresponde al acto primero, escena tercera, de la obra escenificada en el teatro Guthrie, en 2014, con Peter Macon como Otelo, dirigida por Marion McClinton.
domingo, 30 de mayo de 2021
Venecia: EL MORO DE VENECIA, de Giambattista Giraldi Cinthio
sábado, 29 de mayo de 2021
Venecia: LOS RELATOS DE GIRALDI CINTHIO, REITERADA FUENTE DE INSPIRACIÓN
A pesar de que en la actualidad es un escritor muy olvidado, Giambattista Giraldi Cinthio o Cinzio, según una variante italiana fue, durante su vida, un autor prolífico y bastante popular. Nativo de Ferrara, distante poco más de ochenta kilómetros de Venecia, no resulta extraño que ésta haya sido el escenario de numerosos relatos suyos.
Uno de ellos, tal vez el más famoso, es El moro de Venecia -también conocido como Un capitano moro, storia di Otello e del perfido Alfiere-, en el que se basó William Shakespeare para elaborar el andamiaje dramático de su famoso Otelo, como indica con precisión Irene Romera Pintor en un acucioso estudio sobre el autor italiano "Shakespeare traspuso punto por punto en su drama de Othello el cuento «Il moro di Venezia», conservando incluso el nombre que Giraldi con gran acierto de auténtico helenista atribuyó a la desdichada heroina: Desdémona".
No será el único caso, puesto que otro de sus relatos también sirvió como base para El piadoso veneciano, de Lope de Vega, según lo establece Franco Meregalli en el ensayo Venecia en las letras hispánicas:
«El argumento procede de un cuento de Giraldi Cintio (Ferrara, 1504-73) y la acción se coloca, según parece, en la época de éste. Se trata de un caso humano causado por causado una peculiaridad de la justicia veneciana, representada en la obra de manera coherente con la divulgada imagen de severidad, una severidad, sin embar- go, justa y moderada. Sidonio, noble veneciano, mata a Fulgencio, también noble veneciano , que insidia a su esposa, Lucinda. Huye a Ferrara; el senado le proscribe y confisca todos sus bienes. Pasan seis años, en que Sidonio trata "sincero amor" con una pastora del campo ferrarés (el duque de Ferrara no puede hospedarlo por consi- deraciones diplomáticas); cuando recibe una carta de Lucinda, en que ésta le pide socorro (la hija Elisa se ha hecho mujer; es "hermosa y pobre, dos cosas ocasionadas a cualquier deshonra": vuelve a Venecia, a pesar de la proscripcion: se presentara a la autoridad veneciana y pedirá los dos mil escudos de la talla puesta sobre él: de tal forma perderá la vida, pero salvará la honra de su hija y de su esposa. Llega a su casa en el momento en que dos jóvenes tienen una pendencia, causada precisamen- te por Elisa. Sidonio salva la vida del que corre más peligro, y resulta que se trata de Otavio, hijo de Fulgencio, que se ha enamorado de Elisa. Sidonio pierde los dos mil escudos, porque la policía lo descubre antes de que él se entregue a la autoridad; pero el senado hace "un hecho cristiano /digno de la gran Venecia", como se lo pedía Lucinda: si Otavio, hijo de Fulgencio, perdona a Sidonio por la muerte de su padre, puesto que Sidonio le ha salvado, el Senado está conforme. Otavio acepta, con una condición: que Elisa se case con él.
No es preciso decir que los resortes psicológicos de los personajes de Lope son más españoles que venecianos: ni Lope hubiera podido hacer de otra forma, ni el público español hubiera podido comprender a venecianos auténticos; pero la obra es de las buenas de Lope, por lo compacto y claro, a pesar de los muchos golpes de escena, del desarrollo; y la Venecia representada en ella es una Venecia conocida indirecta- mente pero bastante exacta y específica.»
En los días subsecuentes tendremos oportunidad de explorar, aunque sólo sea de manera superficial, tanto el texto original de Giraldi que inspiró Otelo como, en fecha posterior, algunos parlamentos de El piadoso veneciano de Lope de Vega.
Jules Etienne
viernes, 28 de mayo de 2021
Venecia: LA CORTESANA, de Pietro Aretino
jueves, 27 de mayo de 2021
Venecia: ASIENTO, de Juan de Timoneda
- Mira, cristiano, que te dejas tu ropa.
Respondió:
- Sepa su majestad que los embajadores de Venecia acostumbran dejarse las sillas en que se sientan.
Juan de Timoneda (España, entre 1518 y 1520-1583).
miércoles, 26 de mayo de 2021
Venecia: PIETRO EL BOTICARIO, de Matteo Bandello
Puesto que, señores míos, la pelea y la peligrosa riña entre nuestros dos soldados no aconteció por otro motivo que el juego de estos malditos dados que son causa de grandísimos males, como también lo son las malditas barajas -y cada uno de vosotros nos dio ya su opinión-, yo mismo os narraré un caso que viene a cuento. Y aunque todos los días se diga que este juego es malo y frecuentemente se ven mil ejemplos de su malignidad, sin embargo he decidido contaros un caso raro, cruel y lamentable que aconteció no hace mucho en mi patria, Venecia. Como todos sabéis, no existe huerto que, por bien y asiduamente cultivado que esté y por pequeño que sea, no albergue entre las hierbas buenas y provechosas unas inútiles y a veces nocivas y venenosas, por lo que muy a menudo entre las acelgas y el perejil también brota la mortal cicuta. Aunque el jardinero diligente cave y revuelva toda la tierra, siempre crecerán de esas hierbas en abundancia. Así que no sorprenderá a nadie que en una ciudad grandísima como lo es mi patria, Venecia, tan bella, tan rica, tan poblada y poderosa por mar y tierra, a veces se encuentren matones y malhechores que cometen infinidad de crímenes. Pero, gracias a Dios, no tardan en recibir el sapientísimo senado que con sus oficiales tanto vigila los delitos, que al fin los malhechores y los criminales son muy severamente castigados. Regresando a nuestro tema sobre las fechorías y los crímenes que todos los días se cometen, me parece que la mayoría de las veces estos provienen del juego. Por eso os cuento que, no hace muchos meses, vivió en Venecia un tal Pietro, hijo menor del dueño de aquella botica que tiene como insignia una poma de oro.
martes, 25 de mayo de 2021
Venecia: PASOS, de Lope de Rueda
Salcedo: Hermano Alameda, no sé qué te diga, sino que fuera mejor que se te cayeran las pestañas de los ojos antes que te acontesciera una desdicha tan grande.
Alameda: ¿Desdicha es hallarse el hombre una pieza como ésta?
Salcedo: ¡Y cómo si es desdicha! No quisiera estar en tu piel por todo el tesoro de Venecia. ¿Tú conosces este pecador?
Alameda: ¿Pecador es éste?
Salcedo: Parésceme a mí que lo quiero conoscer.
Alameda: Yo también.
Lope de Rueda: Antonio Susillo de Lope de Rueda (España, 1510-1565).
La ilustración corresponde a un detalle del cartel promocional para la puesta en escena de Pasos, de Lope de Rueda, en Antequera, España, que incluye La Carátula, bajo la dirección de Jordi Aguilera, en octubre de 2020..
lunes, 24 de mayo de 2021
Venecia: HONESTO Y AGRADABLE ENTRETENIMIENTO DE DAMAS Y GALANES (Le piacevole notti), de Gianfranceso Straparola
domingo, 23 de mayo de 2021
Venecia: PANTAGRUEL, de François Rabelais
(Fragmento del capítulo 30)
Lanzarote del Lago (Lancelot du Lac) era descuartizador de caballos muertos.
Todos los caballeros de la Mesa Redonda eran pobres ganapanes que manejaban el remo para atravesar los ríos Cocito, Flegetonte, Estigio, Aqueronte y Leteo, cuando los señores diablos querían pasearse por el agua, como hacen los bateleros de Lyon o los gondoleros de Venecia; pero por cada viaje no ganaban más que un papirotazo, y al anochecer algún pedazo de pan duro amasado con pajas.
François Rabelais (Francia, 1494-1553).


















