Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

miércoles, 9 de junio de 2021

Venecia: EL BALDE RAPTADO (La secchia rapita), de Alessandro Tassoni


IV
 
Salve la reina del mar Adriático, vuelve
del Oriente a las provincias, a los reinos:
disuelta y libre de las discordias ajenas,
sentada tramaba altos designios:
y a gran parte de Grecia había sometido
de la mano de indignos usurpadores:
otros festejan al son de los anillos
para despojar a los pueblos vecinos.


Alessandro Tassoni (Italia, 1565-1635).

martes, 8 de junio de 2021

Venecia: EL PIADOSO VENECIANO, de Lope de Vega

 
(Fragmento del tercer acto, escena VIII)

Sidonio:
Válgame Dios, no creyera 
Gerardo, que aqueste mal
Me faltaba.


Gerardo:
En daño igual,
Lo que has de hacer considera.

Sidonio:
Vénte Gerardo conmigo.

Gerardo:
¿Dónde?

Sidonio:
A Venecia.

Silvia:
Detente;
Que no te vas solamente,
Pues que me llevas contigo.

Sidonio:
¡Silvia!

Silvia:
No hay Silvia, traidor.

Sidonio:
¿Cómo?

Silvia:
La carta he escuchado.

Sidonio:
¿Pues?...

Silvia:
Ya sé que eres casado.

Sidonio:
¿Qué te debo?

Silvia:
Sólo amor.

Sidonio:
Pues no te quejes de mí,
Si es que sólo amor te debo;
Que a despreciar no me atrevo
Mis hijos y honor por ti.
Silvia, yo soy veneciano,
Casado en Venecia estoy;
Que por una muerte, voy
Huyendo el rigor tirano.
Los años que estuve aquí,
Sincero amor te traté,
Porque agradecí tu fe
Y tu pena agradecí.
Forzosa me es la ausencia,
No puedo más.

Silvia:
Soy mujer...

Sidonio:
No llores.

Silvia:
Siento perder
Tu honrado trato y presencia.
Detente aquí sólo un día.

Sidonio:
Ni un punto puedo, Por Dios;
Que hoy hemos de ver los dos
El mar de la patria mía.
No me detangas; recelo
Mi muerte. Voyme.


Félix Lope de Vega y Carpio (España, 1562-1635).

lunes, 7 de junio de 2021

Tenochtitlan: LA VENECIA DEL NUEVO MUNDO


Es bien sabido que cuando los conquistadores españoles vieron por primera vez la capital del imperio azteca, de inmediato establecieron comparaciones con Venecia de donde surgió la expresión que da su título al presente texto. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia de las cosas de la Nueva España, la describía de la siguiente manera:
 
"En lo que toca a la antigüedad de esta gente tiénese por averiguado que ha más de dos mil años que habitan en esta tierra que ahora se llama la Nueva España: porque por sus pinturas antiguas hay noticia que aquella famosa ciudad que se llamó Tula ha ya mil años o muy cerca de ellos que fue destruida, y antes que se edificase, los que la edificaron estuvieron muchos poblados en Tulantzinco, donde dejaron muchos edificios muy notables; pues en lo que allí estuvieron y en lo que tardaron en edificar la ciudad de Tula, y en lo que duró en su prosperidad antes que fuese destruida, es cónsono a verdad que pasaron más de mil años, de lo cual resulta que por lo menos quinientos años antes de la Encarnación de nuestro Redentor esta tierra era poblada. Esta célebre y gran ciudad de Tula, muy rica y decente, muy sabia y muy esforzada, tuvo la adversa fortuna de Troya. Los chololtecas, que son los que de ella se escaparon, han tenido la sucesión de los romanos, y como los romanos edificaron el Capitolio para su fortaleza, así los cholulanos edificaron a mano aquel promontorio que está junto a Cholula, que es como una sierra o un gran monte, y está todo lleno de minas o cuevas por de dentro. Muchos años después los mexicanos edificaron la ciudad de México, que es otra Venecia, y ellos en saber y en policía son otros venecianos. Los tlaxcaltecas parecen haber sucedido en la fortuna de los cartagineses. Hay grandes señales de las antiguallas de estas gentes, como hoy día parece en Tula y en Tulantzinco, y en un edificio llamado Xochicalco, que está en los términos de, Quauhnahuac; y casi en toda esta tierra hay señales y rastro de edificios y alhajas antiquísimos."
 
En el siglo XVI, el italiano Porracci Tommasso, fue todavía más lejos al calificarla como "Otra Venecia en el mundo, fundada por Dios... con su santísima mano, donde otras son fundadas por los hombres". Pasando por alto, claro está, que sus habitantes todavía eran paganos y la labor de los misioneros católicos era inducirlos en el monoteísmo cristiano para facilitar la conquista.
 
Más tarde, en 1613, Miguel de Cervantes escribiría en El licenciado Vidriera que: "Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo."
 
Apenas unos cuantos años después, en 1638, Lope de Vega también estableció su propia alusión al respecto en la obra teatral El piadoso veneciano:
 
Méjico y Venecia son,
Dos ciudades celebradas
Porque sobre el mar fundadas
Con notable perfecion (sic),
Son ciudades y son naves...

Venecia sigue flotando, como un pez, diría Tiziano Scarpa. En tanto que la antigua Tenochtitlan se transformó en la actual ciudad de México y cubrió bajo tierra sus canales -con la excepción de Xochimilco-, como si se avergonzara de ellos.
 
Jules Etienne

domingo, 6 de junio de 2021

Venecia: EL LICENCIADO VIDRIERA, de Miguel de Cervantes

"... de su famoso Arsenal, que es el lugar donde se fabrican las galeras..."

(Fragmento)

Desde allí, embarcándose en Ancona, fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo. Parecióle que su riqueza era infinita, su gobierno prudente, su sitio inexpugnable, su abundancia mucha, sus contornos alegres, y, finalmente, toda ella en sí y en sus partes digna de la fama que de su valor por todas las partes del orbe se estiende, dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso Arsenal, que es el lugar donde se fabrican las galeras, con otros bajeles que no tienen número.
   
  Miguel de Cervantes (España, 1547-1616).

La ilustración corresponde a El Arsenal, en Venecia, de Bernardo Bellotto.

sábado, 5 de junio de 2021

Venecia: RIMAS, de Verónica Franco

"... sobre las aguas que el mar sereno de ellas se aleja para contemplar su belleza..."
 
"Lejos del amante sufre, llora y suspira por Venecia,
donde apenas haya vuelto le dará a él
que la espera, en amorosa lucha,
dulce satisfacción por las penas pasadas."
Verónica Franco
 
 
Desde que el destino me obligó a abandonarte, ¡Oh, Venecia!
En mi memoria regreso a ti constantemente,
oh amigable y leal refugio patrio.
 
Ninguna dulzura puede aliviar mi amargura
por el dolor que me causó dejarte atrás,
oh tierra nativa tan amada.
 
Abandoné a Venecia, patria sin par,
abandoné las doradas mansiones y tallas de mármol,
tan altas sobre las aguas que el mar sereno
de ellas se aleja para contemplar su belleza;
que las olas, aliviando su furia
fluyen hasta aquí para bañar la sagrada ciudad,
reina del mar, engastada en el mar.
Y el agua humildemente retrocede a sus pies,
y tomando los variados y sinuosos canales
va encontrando su ruta por incontables caminos.
 
Todo el mundo viene a admirarla
como el más singular milagro de Natura,
más bella mientras más se mira,
y aunque está desnuda de muralla exterior,
es menos accesible que una fortaleza,
muros o troneras, fuerte y segura.
Todo lo que contiene el universo
de uso y necesidad para la vida humana
es traído aquí desde el universo entero
a rendirle lo que ella merece,
abunda en territorios bien ordenados
para producir todo lo que en ella no fructifica
y así la rodea una eterna abundancia,
sus arenosas playas son las más fértiles tierras
sobre toda la Tierra.
 
Los altos adornos y el inmortal esplendor
de mi famosa y magnífica patria
me hacen odiar estos bosques y estas landas.
 
Oh, amado refugio, la pena me embarga.
 
 
Verónica Franco (Italiana nacida y muerta en Venecia, 1546-1591).

viernes, 4 de junio de 2021

Venecia: LA CORTESANA HONESTA, de Margaret Rosenthal


(Fragmento del capítulo Acerca de Venecia: las cartas familiares de Franco)

Si bien los poemas ocasionales de Verónica Franco celebran la armonía social, la pureza, y la virtud colectiva exaltada por los humanistas venecianos en sus elegías de la república serenísima, las alabanzas patrióticas en sus misivas personales revelan, en cambio, un doble filo. En el centro de sus Cartas familiares a diversos, denuncia de manera vehemente la hipocresía de una retórica política y social que aboga en favor de las restricciones personales y la autodisciplina colectiva con el propósito del bien común, mientras que simultáneamente niega libertades personales cruciales para los ciudadanos venecianos. En su carta 22, Franco escribe de cortesana a cortesana; desafía esas creencias indirectamente al exponer las dificultades que una mujer veneciana empobrecida tiene que enfrentar cuando se trata de decidir el futuro de su hija. En la carta de Franco se advierte implícito el hecho de que dichas mujeres carecen de la libertad necesaria, los medios económicos y la posición social para poder tomar las decisiones correctas. Las inequidades, sugiere Franco, están camu- fladas por la idealización de códigos de conducta que se mantienen ciegos a las necesidades individuales. Perteneciendo a una clase inferior y por razones de género, sostiene, muchas mujeres venecianas son puestas en una posición moralmente precaria que compromete su dignidad humana, su libertad personal y sus creencias individuales. Pero lo más esclavizante de la condición humana, según ella, no sólo proviene del hecho de convertirse en el objeto de la voluntad de otro, sino también al ser despojado de la propia libertad de elección.

 
Margaret F. Rosenthal (Estadounidense nacida en Roma, 1953)
 
La ilustración corresponde a Verónica Franco en Retrato de una dama (1575), de Jacopo Tintoretto.

jueves, 3 de junio de 2021

Venecia: LA VENECIANA (La Venexiana), obra teatral anónima


(Fragmento de la Escena I del primer acto)
 
Diálogo entre Giulio (joven dandy extranjero, todavía imberbe) y Oria (sirviente de Valeria).
 
Giulio: Por favor, se lo suplico, deténgase un momento de manera que pueda decirle algunas palabras. Y disculpe si sueno presuntuoso, pero su gentileza me da la confianza de dirigirme a usted.
 
Oria: A sus órdenes, señor.
 
Giulio: Soy un caballero extranjero, he venido a ver la nobleza de un lugar tan distinguido y singular como lo es Venecia. Pero, más allá de todo lo placentero que he encontrado en esta ciudad, nada lo es más que sus distinguidas y hermosas mujeres, y entre todas ellas ninguna lo es más que su joven ama –se ha robado mi corazón y me ha vuelto un esclavo eterno de su belleza y de sus gentiles maneras. Por favor, dígale que soy suyo, y  le ruego me recomiende con ella.
 
Oria: Perdóneme señor, tenga paciencia. No quisiera ser la embajadora de su amor.
 
Giulio: Por favor, ¡se lo suplico!
 
Oria: Váyase, ahora, usted parece decidido a burlarse de mí.

 
Obra teatral anónima del siglo XVI
(Según Giorgio Padoan, debió ser escrita y representada por primera ocasión en el carnaval de 1535).
 
(Traducido del italiano por Jules Etienne).

miércoles, 2 de junio de 2021

Venecia: EPITAFIO DE ANDRÉ NAUGER, de Jean-Antoine de Baïf

"... que te recuerdo en mi lectura solemnizar, esta hiedra, este laurel, estas flores, este vino nuevo..."

No todos, Nauger, no todos hemos muerto,
No, no, la muerte no usa su autoridad
Sobre nosotros, Nauger, que tenemos la seguridad
de los gusanos porque vivos permanecemos, es cierto.

Todavía vivías cuando recordamos
Tus canciones bien hechas, tú, que de Francia
tendrías la tumba, y del nacimiento a Venecia.
Muerto, mejor que vivo, quienes vivimos te honramos.

Ronsard, y yo Baïf, que te recuerdo en mi lectura
Solemnizar, esta hiedra, este laurel,
Estas flores, este vino nuevo, esta miel.

Ronsard cuida tu gloria viviente,
Yo, tu Baïf, nacido en la misma simiente,
Con nuestras lágrimas te entregamos a tu sepultura.


Jean-Antoine de Baïf (Francés nacido en Venecia, 1532-1589).

Margaret de Schweinitz en Los epitafios de Ronsard se refiere a André Nauger como André Navagero.

martes, 1 de junio de 2021

Venecia: LA MIRADA DE WILLIAM SHAKESPEARE


Tanto expertos en la obra de Shakespeare como sus biógrafos ponen en duda la posibilidad de que hubiese visitado Italia, donde transcurre la acción de una buena parte de sus dramas. El aspecto económico sería señalado como el principal motivo. De acuerdo con Fynes Moryson -en 1593-, un viaje por Europa durante la época isabelina debía costar entre 50 y 60 libras esterlinas. El pago por cada obra teatral lo estableció la propia reina en 6£, de tal manera que habría sido bastante complicado viajar con base en dicho ingreso. Sin embargo, Carol Rutter de la universidad de Warwick, cita varias obras de aquella época que Shakespeare bien pudo haber leído para documentarse, como sería el caso de los escritos de Gasparo Contarino sobre la república veneciana que fueron traducidos al inglés en 1543; años después John Florio publicó el primer diccionario italiano-inglés y Cesare Vecellio una obra ilustrada sobre la sociedad veneciana y sus costumbres, incluyendo los tipos de vestuario. Si a eso le añadimos el hecho de que una pieza escénica no demanda la misma minuciosidad descriptiva que una novela, resulta factible un cierto grado de verosi- militud para escribir sobre Venecia sin haberla visitado.

Por otra parte, así como abrevó en el relato Julieta y Romeo, de Luigi da Porto, para escribir el clásico romántico de todos los tiempos, se inspiró a su vez en El moro de Venecia, de Giambattista Giraldi Cinthio o Cinzio, para escribir la tragedia de Otelo.

Su obra más representativa sería El mercader de Venecia, debido a que se establece desde el título mismo. Al final de la escena con que da principio el acto tercero, tiene lugar este diálogo entre Shylock y Tubal, en que se refiere la ruina de Antonio, quien esperaba la llegada de varios barcos procedentes de Trípoli, la India, Inglaterra, Lisboa y México, pero todos naufragaron.
 
Tubal: Han venido en mi compañía, camino de Venecia, diversos acreedores de Antonio, que juraban que no podría evitar la bancarrota.

Shylock: Me alegro mucho de eso; le haré padecer, le torturaré. Estoy gozoso.

Tubal: Uno de estos acreedores me ha enseñado un anillo que había recibido de vuestra hija a cambio de un mono.

Shylock:¡Maldita sea! Me atormentas, Tubal. Era mi turquesa. La adquirí de Leah cuando era muchacho; no la habría dado por todo un desierto lleno de monos.

Tubal: Pero Antonio está ciertamente arruinado.

Shylock: Sí, sí, es verdad; es muy cierto. Anda, Tubal; tenme a sueldo un corchete; prevenle con quince días de anticipación. Si no está puntual en el día fijado, quiero tener su corazón; porque, una vez fuera de Venecia, podré hacer todo el negocio que se me antoje. Anda, Tubal, y ven a reunirte conmigo en nuestra sinagoga; anda, mi buen Tubal; a nuestra sinagoga, Tubal.

(Ambos salen).
 
En cuanto a Otelo, la llamada tragedia del pañuelo que, como ya hemos visto, se le conoce con el subtítulo El moro de Venecia, todo el primer acto acontece en dicha ciudad, el resto en la isla de Chipre. "Estamos en Venecia. Mi casa no es una granja en pleno campo", le responde Brabancio a Rodrigo. Es durante el tercer acto cuando Yago comienza a infundir los celos en Otelo: "Conozco bien el carácter de nuestro país: en Venecia las mujeres dejan ver al cielo las tretas que no se atreven a mostrar a sus maridos. Toda su conciencia estriba, no en no hacer, sino en tener oculto."
 
Por último, en la segunda escena del acto cuarto en Trabajos de amor perdidos, (Love’s Labour’s Lost) tiene lugar este parlamento de Holofernes en el que, haciendo gala de pedantería, alude a Venecia:
 
¡Ah, buen viejo mantuano! De ti puedo decir lo que el viajero de Venecia:
                 - Venetia, Venetia,  Chi non te vede, non te pretia.
¡Viejo mantuano! ¡Viejo mantuano! Quien no te comprende no te ama. Ut, re, sol, la, mi, fa. Con perdón, señor, ¿qué contiene esta carta; o más bien, como dice Horacio en su... ¡Cómo! ¡Por mi alma! ¿Versos?

No sólo Venecia corrobora y destaca la presencia de Italia en el teatro de William Shakespeare, Romeo y Julieta acontece en Verona los mismo que Los dos hidal- gos de Verona; por su parte, La fierecilla domada tiene lugar en Padua, mientras que Cimbelino desarrolla su acción en Bretaña e Italia y La comedia de equi- vocaciones entre Éfeso y Siracusa, en Sicilia. El contexto histórico tanto de Julio César como de Antonio y Cleopatra, es el imperio romano. Es evidente la preferen- cia del dramaturgo inglés por escenarios en la península itálica y, por lo mismo, habría sido imposible que ignorara el trazo del imponente estilo veneciano.

Jules Etienne

La ilustración corresponde a Otelo y Desdémona (acto V escena II), de Antonio Muñoz Degrain.

lunes, 31 de mayo de 2021

Venecia: OTELO, de William Shakespeare


(Fragmento del primer acto, escena tercera)

Brabancio: Lo agradezco humildemenete a Vuestra Gracia. He aquí al hombre, este moro, a quien ahora, por mandato especial, habéis traído aquí, parece, por asuntos de Estado que preocupan a Venecia.

Dux y Senadores: Sentimos por ello el más profundo pesar.

Dux (a Otelo): ¿Qué podéis responder a esto en defensa propia? 

Otelo: Muy poderosos, graves y reverendos señores, mis muy nobles y muy amados dueños; es por demás cierto que me he llevado la hija de este anciano; es cierto que me casé con ella: la verdadera cabeza y frente de mi crimen tiene esta extensión, no más. Soy rudo en mis palabras, y poco bendecido con el dulce lenguaje de la paz, pues desde que estos brazos tuvieron el desarrollo de los siete años, salvo durante las nueve postreras lunas, han hallado siempre sus más caros ejercicios en los campos cubiertos de tiendas. Y fuera de lo que concierne a las acciones guerreras y a los combates, apenas puedo hablar de este vasto universo. Por consiguiente, poco embelleceré mi causa hablando de mí mismo. No obstante, con vuestra graciosa autorización, os haré llanamente y sin ambages el relato de la historia entera de mi amor. Os diré qué drogas, qué encantos, qué conjuros, qué mágico poder (pues de tales procedimientos se me acusa) he empleado para seducir a su hija.

Brabancio: Una virgen nunca desenvuelta, de un carácter tan apacible y tímido, que al menor movmiento enrojecía; y, a despecho de su naturaleza, de sus años, de su país, de su reputación, de todo, ¡caer enamorada de quien tenía miedo de mirar! Mostraría un juicio mutilado y muy imperfecto quien declarase que la perfección puede errar a tal punto contra todas las reglas de la naturaleza; y ante un hecho parecido, debe buscarse la explicación en las prácticas astutas del infierno. Manten- go, pues, de nuevo que ha operado sobre ella con algunas poderosas mixturas sobre la sangre, o por alguna poción conjurada a este efecto.

Dux: Mantenerlo no es probarlo. Necesitáis testimonios mucho más precisos y más claros que esas ligeras aserciones y las probabilidades superficiales de esas ordina- rias apariencias.

Senador primero: Pero hablad, Otelo. ¿Habéis conquistado y emponzoñado por medios indirectos y violentos las afecciones de esta joven doncella? ¿O ha sucedido ello por plegarias y esas bellas instancias que el corazón dirige al corazón?

Otelo: Os lo suplico, enviad a buscar la dama al Sagitario y que se explique respecto de mí delante de su padre. Si en el relato me halláis culpable, no os contentéis con retirarme la confianza y el cargo que os debo, sino que vuestra sentencia caiga sobre mi propia vida.

Dux: Traed acá a Desdémona.

Otelo: Alférez, guiadles; vos conocéis mejor el sitio. (Salen Iago y acompañantes). Y mientras llega, tan sinceramente como confieso al cielo los vicios de mi sangre, así explicaré, con la misma franqueza, a vuestros graves oídos, cómo conquisté el amor de esta bella dama, y ella el mío.

Dux: Referidlo, Otelo.

Otelo: Su padre me quería; me invitaba a menudo; interrogábame siempre sobre la historia de mi vida, detallada año por año; acerca de las batallas, los asedios, las diversas suertes que he conocido. Yo le contaba mi historia entera desde los días de mi infancia hasta el momento mismo en que mandaba hablar. Le relación de muchos azares desastrosos, de accidentes patéticos por mar y tierra; de cómo había escapa- do por el espesor de un cabello a una muerte inminente; de cómo fui hecho prisionero por el insolente enemigo y vendido como esclavo; de cómo me rescaté y de mi manera de proceder en mi historia de viajero. Entonces necesitaba hacer mención de vastos antros y de desiertos estériles, de canteras salvajes, de peñascos y de monta- ñas cuyas cimas tocaban el cielo, y hacía de ellos la descripción. Luego hablaba de los caníbales, que se comen los unos a los otros (los antropófagos), y de los hombres que llevan su cabeza debajo del hombro. Desdémona parecía singularmente interesa- da por estas historias, pero las ocupaciones de la casa la obligaban sin cesar a levantarse; las despachaba siempre con la mayor diligencia posible, luego volvía y devoraba mis discursos con un oído ávido. Habiéndolo yo observado, elegí un día una hora oportuna y hallé fácilmente el medio de arrancarle del fondo de su corazón la súplica de hacerla por entero el relato de mis viajes, de que había oído algunos fragmentos, pero sin la debida atención. Accedí a ello, y frecuentemente le robé lágrimas, cuando hablaba de alguno de los dolorosos golpes que habían herido mi juventud. Acabada mi historia, me dio por mis trabajos un mundo de suspiros. Juró que era extraño, que en verdad era extraño hasta el exceso, que era lamentable, asombrosamente lamentable; hubiera deseado no oírlo, no obstante anhelar que el cielo le hiciera nacer de semejante hombre. Me dio las gracias y me dijo que si tenía un amigo que la amara me invitaba a contarle mi historia, y que ello bastaría para que se casase con él. Animado con esta insinuación, hablé. Me amó por los peligros que había corrido y yo la amé por la piedad que mostró por ellos. Ésta es la única brujería que he empleado. Aquí llega la dama; que sea testigo de ello.

Entran Desdémona, Iago y acompañantes.

Dux: Pienso que un relato así hubiera vencido también a mi hija. Mi buen Brabancio, tomad por el lado mejor este asunto hecho trizas. Los hombres se defienden más seguramente con armas rotas que con sus manos desnudas.

Brabancio: Oídme, os ruego. ¡Que ella confiese que recorrió la mitad del camino, y entonces que la destrucción caiga sobre mi cabeza si mi más fuerte censura se dirige contra este hombre! Venid acá, linda señorita. ¿Descubrís entre toda esta noble compañía a quién debéis sobre todo obediencia?

Desdémona: Mi noble padre, noto aquí un deber compartido. Os estoy obligada por mi vida y mi educación; mi vida y mi educación me enseñan qué respeto os debo. Sois el dueño de mi obediencia, ya que hasta aquí he sido vuestra hija. Mas he aquí mi esposo; y la misma obediencia que os mostró mi madre, prefiriendo a vos sobre su padre, reconozco y declaro deberla al moro, mi marido.


William Shakespeare (Inglaterra, 1564-1616).

La ilustración corresponde al acto primero, escena tercera, de la obra escenificada en el teatro Guthrie, en 2014, con Peter Macon como Otelo, dirigida por Marion McClinton.

domingo, 30 de mayo de 2021

Venecia: EL MORO DE VENECIA, de Giambattista Giraldi Cinthio


(Fragmento inicial)
 
Hubo un tiempo en Venecia un moro que, por sus hazañas y por haber dado en la guerra pruebas de gran prudencia e ingenio, era muy apreciado por los dogos, los cuales superan a los gobernantes de cuantas repúblicas ha habido en premiar las acciones virtuosas de los hombres.
 
Aconteció que una mujer virtuosa y de maravillosa belleza llamada Desdémona, se enamoró de él, atraída no por simple sensualidad sino más bien por la virtud del Moro; y éste, sojuzgado por la belleza y por los nobles sentimientos de la dama, también quedó prendado de ella, con tan buen fortuna que se unieron en matrimonio, aún cuando los parientes de la mujer hicieran lo posible porque ella tomara otro marido. Durante su estancia en Venecia vivieron juntos con tanta armonía y tranquilidad que nunca surgió entre ellos, no digo un disgusto, sino una palabra que no fuera amorosa.
 
Ocurrió que los señores venecianos hicieron relevo de los soldados que tenían en Chipre y eligieron al moro como capitán de los soldados que allí enviarían. Éste, aunque muy contento del honor que se le rendía (porque ese cargo de gran dignidad se otorgaba sólo a hombres nobles, fuertes, fieles y de probado valor), se entristeció al considerar lo largo e incómodo del viaje, suponiendo que Desdémona se fastidiaría: la mujer, que no tenía otra felicidad en el mundo que el Moro, estaba muy contenta por el reconocimiento al valor de su marido por parte de la poderosa y noble república, no veía la hora de que se embarcara con sus tropas para acompañarlo en su honorable encomienda, pero le apenaba ver al moro preocupado y desconociendo el motivo, un día, cuando se encontraban comiendo, le dijo:
 
- ¿Cómo es posible, Moro, que cuando su Señoría te ha conferido un puesto tan importante te encuentres así de melancólico?
 
Contestó a Desdémona:
 
- El amor que te tengo altera mi alegría, porque es forzoso que ocurra una de estas dos cosas: que yo te lleve conmigo exponiéndote a los peligros del mar o que, para evitarte esas incomodidades te deje aquí en Venecia.
 
 
Giambattista Giraldi Cinthio o Cinzio (Italia, 1504.1573).

La ilustración corresponde al Palazzo Contarini Fasan, conocido como La casa de Desdémona, en Venecia.

sábado, 29 de mayo de 2021

Venecia: LOS RELATOS DE GIRALDI CINTHIO, REITERADA FUENTE DE INSPIRACIÓN

"Nativo de Ferrara, distante poco más de ochenta kilómetros de Venecia..."

A pesar de que en la actualidad es un escritor muy olvidado, Giambattista Giraldi Cinthio o Cinzio, según una variante italiana fue, durante su vida, un autor prolífico y bastante popular. Nativo de Ferrara, distante poco más de ochenta kilómetros de Venecia, no resulta extraño que ésta haya sido el escenario de numerosos relatos suyos.

Uno de ellos, tal vez el más famoso, es El moro de Venecia -también conocido como Un capitano moro, storia di Otello e del perfido Alfiere-, en el que se basó William Shakespeare para elaborar el andamiaje dramático de su famoso Otelo, como indica con precisión Irene Romera Pintor en un acucioso estudio sobre el autor italiano "Shakespeare traspuso punto por punto en su drama de Othello el cuento «Il moro di Venezia», conservando incluso el nombre que Giraldi con gran acierto de auténtico helenista atribuyó a la desdichada heroina: Desdémona".

No será el único caso, puesto que otro de sus relatos también sirvió como base para El piadoso veneciano, de Lope de Vega, según lo establece Franco Meregalli en el ensayo Venecia en las letras hispánicas:

«El argumento procede de un cuento de Giraldi Cintio (Ferrara, 1504-73) y la acción se coloca, según parece, en la época de éste. Se trata de un caso humano causado por causado una peculiaridad de la justicia veneciana, representada en la obra de manera coherente con la divulgada imagen de severidad, una severidad, sin embar- go, justa y moderada. Sidonio, noble veneciano, mata a Fulgencio, también noble veneciano , que insidia a su esposa, Lucinda. Huye a Ferrara; el senado le proscribe y confisca todos sus bienes. Pasan seis años, en que Sidonio trata "sincero amor" con una pastora del campo ferrarés (el duque de Ferrara no puede hospedarlo por consi- deraciones diplomáticas); cuando recibe una carta de Lucinda, en que ésta le pide socorro (la hija Elisa se ha hecho mujer; es "hermosa y pobre, dos cosas ocasionadas a cualquier deshonra": vuelve a Venecia, a pesar de la proscripcion: se presentara a la autoridad veneciana y pedirá los dos mil escudos de la talla puesta sobre él: de tal forma perderá la vida, pero salvará la honra de su hija y de su esposa. Llega a su casa en el momento en que dos jóvenes tienen una pendencia, causada precisamen- te por Elisa. Sidonio salva la vida del que corre más peligro, y resulta que se trata de Otavio, hijo de Fulgencio, que se ha enamorado de Elisa. Sidonio pierde los dos mil escudos, porque la policía lo descubre antes de que él se entregue a la autoridad; pero el senado hace "un hecho cristiano /digno de la gran Venecia", como se lo pedía Lucinda: si Otavio, hijo de Fulgencio, perdona a Sidonio por la muerte de su padre, puesto que Sidonio le ha salvado, el Senado está conforme. Otavio acepta, con una condición: que Elisa se case con él.

No es preciso decir que los resortes psicológicos de los personajes de Lope son más españoles que venecianos: ni Lope hubiera podido hacer de otra forma, ni el público español hubiera podido comprender a venecianos auténticos; pero la obra es de las buenas de Lope, por lo compacto y claro, a pesar de los muchos golpes de escena, del desarrollo; y la Venecia representada en ella es una Venecia conocida indirecta- mente pero bastante exacta y específica.»

En los días subsecuentes tendremos oportunidad de explorar, aunque sólo sea de manera superficial, tanto el texto original de Giraldi que inspiró Otelo como, en fecha posterior, algunos parlamentos de El piadoso veneciano de Lope de Vega.

Jules Etienne

viernes, 28 de mayo de 2021

Venecia: LA CORTESANA, de Pietro Aretino

 
(Fragmento del tercer acto, escena VII)

Flaminio: Tal vez me vaya a Venecia, donde he estado ya, y enriqueceré mi pobreza con su libertad, porque al menos allí no está en las manos del primer favorito o favorita el matar a cualquier pobrete; únicamente en Venecia tiene la justicia su balanza en equilibrio; allí el solo temor a la caída de otro, no te induce a adorar a quien el día anterior reñías por un miserable; y el que de su mérito dude, mire de qué manera Dios la exalta. Verdaderamente, Venecia es la ciudad santa, el paraíso terrenal. La dulce comodidad de aquellas góndolas es deleitoso recreo para los ratos de ocio. No se hable allí de cabalgar. ¿Para qué? Cabalgar, es azote de calzas, desesperación de criados y quebradero de cuerpos.
 
Valerio: Dices bien, y además la vida está allí más asegurada y en potencia de ser más larga que en ninguna otra parte; pero hallo que los días se hacen pesados e interminables.
 
Flaminio: ¿Por qué?
 
Valerio: Por faltar la conversación de virtuosos.
 
Flaminio: Estás mal enterado. Los virtuosos y la gentileza de espíritu residen sin duda en Venecia, como la villanía y la envidia en Roma.
 
Pietro Aretino (Italia, 1492-1556).
  
(Traducido de la lengua toscana por Fernán Xvarez en 1607).

jueves, 27 de mayo de 2021

Venecia: ASIENTO, de Juan de Timoneda

"Viendo el veneciano que para él faltaba silla, quitóse una ropa de majestad que traía de brocado hasta el suelo..."

Venido un embajador de Venecia a la corte del Gran Turco, dándole audiencia a él juntamente con otros muchos que habían en su corte, mandó el Gran Turco que no le diesen silla al embajador de Venecia, por cierto respecto. Entrados los embajadores, cada cual se sentó en su debido lugar. Viendo el veneciano que para él faltaba silla, quitóse una ropa de majestad que traía de brocado hasta el suelo, y asentose encima de ella. Acabando todos de relatar sus embajadas y hecho su debido acatamiento al Gran Turco, saliose el embajador veneciano, dejando su ropa en el suelo. A esto dijo el gran turco:

- Mira, cristiano, que te dejas tu ropa.

Respondió:

- Sepa su majestad que los embajadores de Venecia acostumbran dejarse las sillas en que se sientan.

Juan de Timoneda (España, entre 1518 y 1520-1583).

miércoles, 26 de mayo de 2021

Venecia: PIETRO EL BOTICARIO, de Matteo Bandello

"... la riña entre nuestros dos soldados no aconteció por otro motivo que el juego de estos malditos dados..."

(Fragmento inicial)

Puesto que, señores míos, la pelea y la peligrosa riña entre nuestros dos soldados no aconteció por otro motivo que el juego de estos malditos dados que son causa de grandísimos males, como también lo son las malditas barajas -y cada uno de vosotros nos dio ya su opinión-, yo mismo os narraré un caso que viene a cuento. Y aunque todos los días se diga que este juego es malo y frecuentemente se ven mil ejemplos de su malignidad, sin embargo he decidido contaros un caso raro, cruel y lamentable que aconteció no hace mucho en mi patria, Venecia. Como todos sabéis, no existe huerto que, por bien y asiduamente cultivado que esté y por pequeño que sea, no albergue entre las hierbas buenas y provechosas unas inútiles y a veces nocivas y venenosas, por lo que muy a menudo entre las acelgas y el perejil también brota la mortal cicuta. Aunque el jardinero diligente cave y revuelva toda la tierra, siempre crecerán de esas hierbas en abundancia. Así que no sorprenderá a nadie que en una ciudad grandísima como lo es mi patria, Venecia, tan bella, tan rica, tan poblada y poderosa por mar y tierra, a veces se encuentren matones y malhechores que cometen infinidad de crímenes. Pero, gracias a Dios, no tardan en recibir el sapientísimo senado que con sus oficiales tanto vigila los delitos, que al fin los malhechores y los criminales son muy severamente castigados. Regresando a nuestro tema sobre las fechorías y los crímenes que todos los días se cometen, me parece que la mayoría de las veces estos provienen del juego. Por eso os cuento que, no hace muchos meses, vivió en Venecia un tal Pietro, hijo menor del dueño de aquella botica que tiene como insignia una poma de oro.
 
Pietro se dio a jugar desde niño y con la edad creció en él tan desbordada pasión por el juego, que se entregó enteramente a él y no hacía otra cosa sino andar siempre con los dados en la mano. Cuando Pietro era todavía jovencito, jugando un día a los dados con un compañero surgió entre ellos una pelea y Pietro le clavó un puñal en el pecho y lo mató. Se descubrió el homicidio y Pietro tuvo que huir; como no acudió al llamado de la justicia, fue pregonado como homicida por desobediencia y contumacia. No estuvo mucho tiempo fuera de su patria puesto que, según las leyes que llamamos «partes», logró ser absuelto y regresó a Venecia. Pero no por eso dejó de jugar, sino todo lo contrario: jugaba cuanto tenía, de manera que no había objeto en casa del que no echara mano. Hasta en la bodega de la botica faltaban a menudo muchas cosas. El padre, muy dolido del vicio de su hijo, quiso ver si dándole esposa podría sacarlo del juego; pero fue en vano, porque Pietro seguía jugando como de costumbre.

 
Matteo Bandello (Italia, 1485-1561).

La ilustración corresponde a Soldados jugando (Soldaten beim Würfelspiel), de Max Gaisser.

martes, 25 de mayo de 2021

Venecia: PASOS, de Lope de Rueda


(Parlamento del segundo paso: La carátula)

Salcedo: Hermano Alameda, no sé qué te diga, sino que fuera mejor que se te cayeran las pestañas de los ojos antes que te acontesciera una desdicha tan grande.

Alameda: ¿Desdicha es hallarse el hombre una pieza como ésta?

Salcedo: ¡Y cómo si es desdicha! No quisiera estar en tu piel por todo el tesoro de Venecia. ¿Tú conosces este pecador?

Alameda: ¿Pecador es éste?

Salcedo: Parésceme a mí que lo quiero conoscer.

Alameda: Yo también.

Lope de Rueda: Antonio Susillo de Lope de Rueda (España, 1510-1565).

La ilustración corresponde a un detalle del cartel promocional para la puesta en escena de Pasos, de Lope de Rueda, en Antequera, España, que incluye La Carátula, bajo la dirección de Jordi Aguilera, en octubre de 2020..

lunes, 24 de mayo de 2021

Venecia: HONESTO Y AGRADABLE ENTRETENIMIENTO DE DAMAS Y GALANES (Le piacevole notti), de Gianfranceso Straparola

"... en la ínclita Venecia, una deshonesta viudilla llamada Policena, moza hermosa y bien dispuesta..."

(Fragmento de la noche octava, fábula quinta)

Hubo, virtuosas damas y honestos caballeros, no mucho tiempo ha en la ínclita Venecia, una deshonesta viudilla llamada Policena, moza hermosa y bien dispuesta, tan baja en linaje como vil en condición y trato. La cual durante el matrimonio tuvo un hijo llamado Pánfilo, mancebo ingenioso, de buenas costumbres e inclinado a la virtud. Y porque, como arriba dije, Policena era moza hermosa y de buena gracia, agradable a la vista y en extremo bizarra, aunque en traje y hábito de viuda, era asimismo solicitada de los más principales de la ciudad, y a pocas tretas entregaba su belleza al que la amaba o pretendía. Ciega la pobre en este torpe vicio, no solamente se contentaba de uno ni dos amadores, (yerro y maldad casi digna de perdón por ser cometida en la floreciente juventud y loca fantasía) mas era tan disoluta y fácil en el libidinoso pecado que verdaderamente era retrato natural de la torpe y venérea lujuria, posponiendo esta malvada el honor del ya difunto marido y la codiciosa honra del virtuoso hijo.
 
Tenía ya noticia y verdadera inteligencia Pánfilo del torpe vicio y trato de su perversa madre, y metido el pobre gentilhombre en apasionada imaginación sobre el remedio de este vicio, muchas veces se hallaba alcanzado de paciencia con supuesto de cometer un grave y atroz delito que satisficiera su honor y vengase su afrentosa deshonra, que gravemente atormentaba su corazón y afligía su ánima. 
 
Engolfado algunos días en el tempestuoso mar de este tormento y cuidado el desdichado mozo, no pudiendo sufrir ni soportar el ignominioso descuerno, muchas veces determinó matar a su madre. Pero considerando el racional ser que de ella había recibido y que el gusano de la conciencia labraba, y remordiendo en su corazón le iba a la mano determinó, apartado ya de todo punto de esta engañosa y mala imaginación, el cuitado Pánfilo apartarla con palabras y amorosas reprehensiones de su vicio.

Gianfrancesco Straparola:
Giovanni Francesco Straparola (Italia, 1480-1557)
 
(Versión al español actual de Jules Etienne sobre la traducción original de Francisco Truchado, de 1578, que reduce la obra a doce noches luego de expurgar todo lo que se consideraron obscenidades e irreverencias. Su título debió ser Las noches de placer o Las noches placenteras. En inglés se le conoce como The Pleasant Nights).

domingo, 23 de mayo de 2021

Venecia: PANTAGRUEL, de François Rabelais

"... cuando los señores diablos querían pasearse por el agua como hacen (...) los gondoleros de Venecia."

(Fragmento del capítulo 30)

Lanzarote del Lago (Lancelot du Lac) era descuartizador de caballos muertos.

Todos los caballeros de la Mesa Redonda eran pobres ganapanes que manejaban el remo para atravesar los ríos  Cocito, Flegetonte, Estigio, Aqueronte y Leteo, cuando los señores diablos querían pasearse por el agua, como hacen los bateleros de Lyon o los gondoleros de Venecia; pero por cada viaje no ganaban más que un papirotazo, y al anochecer algún pedazo de pan duro amasado con pajas.

François Rabelais (Francia, 1494-1553).

sábado, 22 de mayo de 2021

Venecia: LA LOZANA ANDALUZA, de Francisco Delicado

"... había más putas que frailes en Venecia, y filósofos en Grecia..."

(Fragmento de un diálogo de la segunda parte, mamotreto XXVIII)

Despensero: Y fue ella en mejor tiempo que no esta sinsonaderas, que fue tiempo de Alejandro VI, cuando Roma triunfaba, que había más putas que frailes en Venecia, y filósofos en Grecia, y médicos en Florencia, cirúgicos en Francia, y maravedís en España, ni estufas en Alemania, ni tiranos en Italia, ni soldados en Campaña.
 
Francisco Delicado: Francisco Delgado (España 1480*-1535).

Hay quienes consideran a Juan del Encina (España, 1468-1529), como su verdadero autor.
* También se dice que nació en 1475, pero 1480 es el año que proporciona la Real Academia de la Historia.