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Vancouver: atardecer en abril. English Bay (fotografía de Jules Etienne).

sábado, 9 de mayo de 2020

Epidemias: EL BUQUE FANTASMA, de Frederick Marryat

"Una mariposa colocada en un frasco de aceita, iluminaba débilmente la estancia."

(Fragmento del capítulo XIII)

Una mariposa colocada en un frasco de aceite, iluminaba débilmente la estancia; las cortinas del lecho estaban corridas y junto a él se encontraba el padre Leysen. Felipe retrocedió; la sangre se le helaba en las venas; no podía hablar. Falto de aliento, se apoyó contra la pared y, al fin, exhaló un profundo suspiro, que hizo volver la cabeza al sacerdote, quien, al conocerlo, le extendió la mano sin pronunciar una palabra.

- ¿Ha muerto? -preguntó Felipe.

- No, hijo mío; aún queda esperanza. En este momento sufre una crisis terrible; antes del atardecer se decidirá su suerte, y sabremos si se puede esperar que se restablezca, o seguirá la suerte de los muchos centenares de víctimas que la epidemia ha llevado al sepulcro.

El padre Leysen se acercó al lecho y descorrió las cortinas. Amina permanecía insensible, respiraba con dificultad y tenía los ojos cerrados. Felipe besó apasionadamente su ardorosa mano, y prorrumpió en amargo llanto; pero el párroco le convenció de que debía tranquilizarse, y ambos tomaron asiento junto a la enferma.

- Penosamente, has llegado a tiempo de presenciar una terrible escena, Felipe; escena muy dolorosa para ti, que eres tan vehemente e impetuoso; pero es preciso conformarse con la voluntad de Dios. Todavía queda alguna esperanza, según ha dicho el médico que la asiste, y a quien estamos esperando. Tu esposa padece fiebre tifoidea, enfermedad que ha arrebatado la vida a centenares de familias en estos dos últimos meses, hasta tal punto que puede considerarse afortunada la casa en que no ha habido más que una defunción. Siento que hayas regresado en esta ocasión, porque la enfermedad es contagiosa. Muchas personas han huido del país, y, para colmo de desdichas, casi carecemos de médicos porque la muerte no ha respetado a nadie.

Frederick Marryat (Inglaterra, 1792-1848).

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