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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

lunes, 4 de enero de 2016

Unicornios: UNICORNIOS DE MAR Y UNICORNIOS DE TIERRA, de Marianne Moore


(Fragmento)

Esta es una extraña fraternidad –la de esos leones marinos y leones terrestres,
unicornios terrestres y unicornios marinos:
el rampante león domesticado,
concesivo como el oso de larga cola del Ecuador-
el león se mantiene de pie contra la pantalla de aire tejido
que es el bosque:
también lo hace en reciprocidad el unicornio, sobre sus patas traseras.
Un acertijo para los cazadores, es esta bestia oronda,
que se distingue de aquellas que nacieron sin cuerno,
como el león manso de San Jerónimo,
y se rebela orgulloso contra los perros
que juegan consternados con la cadena de luz
que surge desde su cuerno-
los perros persisten en su busca como si pudieran atraparla,
«derivando un agradable terror» desde «el rayo de luna de su garganta»
en fuego, esa blanca capa suya no consumida como piel de salamandra.
Tan receloso para desaparecer por siglos y reaparecer,
sin haber sido capturado todavía,
el unicornio se ha preservado
gracias a un dispositivo sin igual
forjado como si fuera el trabajo de expertos herreros,
con el que nada se puede comparar-
este animal de un solo cuerno
es capaz de arrojarse de cabeza desde lo alto de un risco
para luego alejarse ileso caminando;
consciente de su hazaña y del que, como Herodoto,
sólo he podido ver su imagen.
Así, a este extraño animal de milagrosa elusividad,
se le considera único,
«imposible capturarlo vivo»,
domesticado sólo por una dama tan inofensiva como él-
curiosamente, a la vez, salvaje y gentil.


Marianne Moore (Estados Unidos, 1887-1972)

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