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Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

viernes, 15 de enero de 2016

Unicornios: LA PUERTA DE LOS PÁJAROS, de Gustavo Martín Garzo

"Los unicornios eran criaturas extremadamente huidizas que raras veces se dejaban ver."

(Fragmento)

Los tapices procedían de la abuela de su madre, que a su vez los había recibido de su propia madre, y esta de la suya hasta remontarse a una lejana reina de Sicilia que había sido quien los mandó tejer. Los unicornios eran criaturas extremadamente huidizas que raras veces se dejaban ver. Sin embargo, amaban a las doncellas y bastaba que vieran a una en el bosque para que la siguieran. Y cuando estas se sentaban a descansar, los unicornios se tumbaban a su lado y se quedaban dormidos sobre sus faldas. Y a aquella reina le gustaba esta historia por encima de todas y, siendo ya una anciana, mandó tejer los tapices e hizo que la doncella tuviera su propio rostro, como si fuera a ella a quien le había sucedido lo que allí se contaba. Quería que, a su muerte, los tapices pasaran a sus hijas y nietas, y que así todas las mujeres de su familia supieran que más allá de las cosas que las obligaban a vivir y hacer, había una vida distinta de la que apenas sabían nada y que era la única que importaba de verdad. A mi único deseo, estaba escrito en la tienda que la doncella levantaba en el bosque para recibir al unicornio.

- A lo mejor -le había dicho a Constanza su madre cuando esta era una niña y se detenían ante aquellos tapices-, cuando seas un poco mayor, a ti te pasa lo mismo y te encuentras en el bosque con una criatura así.

 
Gustavo Martín Garzo (España, 1948)

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