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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

martes, 28 de febrero de 2017

El martes de carnaval según Mircea Eliade

"... el procedimiento de ejecución varía: unas veces se le quema..."
 
Tratado de la historia de las religiones
 
(Fragmentos)
 
En Bohemia, el martes de Carnaval, un grupo de mozos disfrazados persigue al «rey» en patética carrera a través de la ciudad, hasta que lo prenden, lo juzgan y lo condenan a muerte. El «rey», que tiene un cuello muy largo, compuesto de varios sombreros superpuestos, es decapitado. En el distrito de Pilsen (Bohemia), el «rey» se presenta vestido con hierbas y flores, y después del proceso huye a caballo. Si no logran cogerle, tiene derecho a seguir siendo «rey» un año más; si le atrapan, se le decapita.

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No podemos extendernos aquí sobre el origen y sentido del Carnaval; lo que nos interesa es el acto final de esta importante fiesta; en muchos lugares se «condena a muerte» a la efigie del Carnaval y se la ejecuta (el procedimiento de ejecución varía: unas veces se le quema, otras se le ahoga o se le decapita). Al mismo tiempo que se «mata al Carnaval», se celebran luchas y batallas, se apedrea con nueces la figura grotesca que lo representa, se organizan batallas de flores o de hortalizas, etc. En otras regiones (cerca de Tubinga, por ejemplo) se condena, se decapita y se entierra la efigie del Carnaval en un ataúd, que se lleva al cementerio después de una ceremonia burlesca. Se da a esta costumbre el nombre de «entierro del Carnaval».
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En Suiza, en Suabia y en la Marca oriental se expulsa todavía hoy, en Carnaval, a la efigie del invierno o de la «abuela». Un texto del siglo VIII habla de que los pueblos alemánicos «in mense Februario hibemum credi expeliere» con ocasión del Carnaval; en algunos lugares se quemaban hechiceras (personificación del «invierno»; o se ataba a una rueda la efigie del «invierno», etc.
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Los versos que se cantan durante la expulsión del invierno y la instauración de la primavera son los mismos que se cantan en el Carnaval; las amenazas que se profieren en ambos casos contra los que se niegan a dar algo son las mismas, porque, al igual que la ceremonia del Carnaval y las demás que de él derivan, la fiesta se termina pidiendo regalos.
 
 
Mircea Eliade (Rumania, 1907-1986)

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