Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne)

viernes, 19 de marzo de 2021

Miércoles de ceniza: EL MILAGRO DEL MIÉRCOLES DE CENIZA, de Yevgueni Zamiatin

"Y luego, una habitación tranquila donde todo es blanco: paredes, puertas..."

(Fragmentos)

El doctor Voïtchek escuchaba. Los dos cuernos leonados de su cabello se agitaron y la sonrisa imperceptible se estrechó.

- Perfecto -dijo-. Veamos. Hoy es lunes. Ven a verme el miércoles. Es mi día en el hospital.

¡Y fue ese miércoles, que resultó ser Miércoles de Ceniza, que sucedió la "Cosa"!... Un pálido día de febrero bajo un cielo invernal. Ventanas celestes, el viento... ¡todo vuela!... Y luego, una habitación tranquila donde todo es blanco: paredes, puertas, asientos, de una blancura un poco angustiosa porque parece fuera de esta vida, donde las cosas son diversas y tumultuosas y donde el blanco se mezcla tan despiadadamente con el negro...

(...)

- Ese es el gran secreto, hijo mío. No te lo revelaré hasta el día que cierre los ojos por toda la eternidad.

Llegó ese día. El destino quiso que cayera en febrero, como el Miércoles de Ceniza de memoria milagrosa. Eran las mismas nubes, el mismo viento y, bajo un cielo invernal, las mismas ventanas de un azul brillante. En la pared, frente al sacerdote, palpitaba una cruz oscura: cruzaba la sombra de la ventana. Con todo su ser tendido hacia esa cruz, con el rostro contraído, el canónigo Simplicio le hizo una señal a Félix:

- Ahora, Félix, nosotros dos... no, no, doctor, no se vaya. Sabe tanto como yo y si es necesario puede confirmarle que las cosas sucedieron como lo digo.


Yevgueni Ivánovich Zamiatin (Ruso fallecido en Francia, 1884-1937).

Es posible la lectura del texto íntegro traducido al francés en La Bibliothèque russe et slave.

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