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Vancouver: sol de verano al atardecer en English Bay.

martes, 12 de septiembre de 2017

Eclipse: EL DIVINO NARCISO, de Sor Juana Inés de la Cruz

 
Cuadro Quinto
 
(Fragmento de la escena XIII)

Suena terremoto; cae Narciso dentro del vestuario, y salen asustados Eco, la Soberbia y el Amor Propio.

Eco: ¡Qué eclipse!

Soberbia: ¡Qué terremoto!

Amor Propio: ¡Qué asombro!

Eco: ¡Qué horror!

Soberbia: ¡Qué susto!

Eco:
¡Las luces del sol apaga
en la mitad de su curso!

Amor Propio: ¡Cubre de sombras el aire!

Soberbia:
¡Viste a la luna de luto!
rompiendo su ceño duro se despedazan, mostrando
que aún en lo insensible cupo el sentimiento.




Eco:
Y lo más
portentoso que descubro,
es que no causa este eclipse
aquel natural concurso
del sol y la luna, cuando
-los dos luminares juntos
en perpendicular línea-
la interposición del uno
no nos deja ver al otro,
y así el sol parece obscuro,
no porque él lo esté, sino
porque no se ven sus puros
resplandores. Pero ahora,
siguiendo apartados rumbos,
distantes están, y así
ningún astro se interpuso
a ser de su luz cortina,
sino que él, funesto y mustio,
sus resplandores apaga,
como si fueran caducos.

Amor propio:
Y quizá por haber eso
observado, en el tumulto
donde todo el universo
sirve de pequeño vulgo,
algún astrólogo grande
prorrumpe en la voz que escucho
entre la asombrada turba,
pues dice en ecos confusos (...)


Sor Juana Inés de la Cruz (México, 1651-1695).
 
La fotografía corresponde a la puesta en escena de El divino Narciso por parte del grupo Fénix Novohispano,
bajo la dirección de Juan Manuel Martínez.

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