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Vancouver, primavera en el puente Burrard, el más antiguo de la ciudad.

domingo, 30 de octubre de 2016

RAY BRADBURY: Viajando de la noche de brujas al día de los muertos


Debido al éxito de sus Crónicas Marcianas, publicadas por primera vez en 1950, un amplio sector de lectores consideran a Ray Bradbury como un escritor de ciencia ficción, aunque sus relatos de terror, en particular aquellos que involucran niños, hayan sido a la larga los que mejor le caracterizan. "La gente suele llamarme escritor de ciencia ficción, pero no creo que eso sea cierto. Me pienso como un mago capaz de aparecer y desaparecer cosas enfrente de ti sin que sepas cómo sucedió", dice de sí mismo.

Las adaptaciones al cine así como la exitosa serie de televisión El teatro de Ray Bradbury, contribuyeron a su popularidad. Su novela futurista Farenheit 451, que retrata a una sociedad en la que los libros estarían prohibidos, fue llevada al cine por Francois Truffaut en 1966. En tanto que la siniestra aventura que viven James y William, dos niños del pequeño pueblo de Green Town, en un peculiar espectáculo ambulante -El Pandemónium de las sombras de Cooger y Dark-, es considerada un clásico en su género: La feria de las tinieblas (Something Wicked This Way Comes, 1983).

Sin embargo, debido a la temporada en la que nos encontramos, mi intención es enfatizar sus referencias a la llamada noche de brujas y el día de los muertos. Ya en las propias Crónicas marcianas, en el relato titulado Usher II, un individuo de nombre William Stendahl ha encomendado a un arquitecto de apellido Bigelow la construcción de una casa de la que dice: "¿El señor Poe no estaría encantado?", en clara alusión a Edgar Alan Poe, y como Bigelow niega conocerlo, Stendahl le explica que todos sus libros fueron quemados treinta años atrás: "Allí ardieron Poe y Lovecraft y Hawthorne y Ambrose Bierce*, y todos los cuentos de miedo, de fantasía y de horror, y con ellos los cuentos del futuro. Implacablemente. Se dictó una ley. Oh, no era casi nada al principio. Mil novecientos cincuenta y mil novecientos sesenta. Primero censuraron las revistas de historietas, las novelas policiales, y por supuesto, las películas, siempre en nombre de algo distinto: las pasiones políticas, los prejuicios religiosos, los intereses profesionales. Siempre había una minoría que tenía miedo de algo, y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de las sombras de ellos mismos." En ese párrafo se encerraba ya, sin duda, el génesis de su novela posterior, la ya mencionada Farenheit 451, que escribiría tan sólo tres años después.

Finalmente, la necesaria referencia al día de los muertos que es el motivo del presente texto:

"- Ya conoce usted la ley. Es muy estricta. Nada de libros, nada de Casas, nada que pueda sugerir de alguna manera fantasmas, vampiros, hadas y otras criaturas de la imaginación.

- ¡Pronto quemarán a los Babbitt!

- Usted nos dio mucho que hacer, señor Stendahl. Consta en nuestros registros. Hace veinte años. En la Tierra. Usted y su biblioteca.

- Sí, yo y mi biblioteca. Y unos pocos más como yo. Oh, ya nadie se acordaba de Poe, de Oz y de los otros. Pero yo tenía mi pequeño refugio. Unos pocos ciudadanos conservamos nuestras bibliotecas hasta que llegaron ustedes, con antorchas, con incineradores, y destrozaron y quemaron mis cincuenta mil libros. Un día atravesaron también con un palo el corazón del día de Todos los Muertos, y les dijeron a los productores de cine que si querían hacer algo se limitasen a repetir y a repetir, una y otra vez, a Ernest Hemingway. ¡Dios santo! ¿Cuántas veces he visto Por quién doblan las campanas? Treinta versiones diferentes. Todas realistas. ¡Oh, el realismo! ¡Oh el aquí, oh el ahora, oh el infierno!"

El volumen de cuentos Carnaval Oscuro (Dark Carnival), fue la primera obra publicada por Bradbury en 1947. Quince de los veintisiete títulos originales fueron recuperados en una edición posterior de 1955, conocida como El país de octubre (The October Country), uno de cuyos relatos, El siguiente en la línea (Next in Line), transcurre durante la visita de un matrimonio estadounidense a la región de Michoacán, en México: "Habían pasado unos pocos días desde la fiesta del Día de los Muertos, y unas cintas e hilachas de tela y cordones centelleantes colgaban como pelos de pesadilla de las estatuas de piedra, de los pulidos crucifijos labrados a mano, y de las tumbas que se alzaban sobre el suelo como marmóreas cajas de joyas." El pueblo era muy pobre y sus habitantes no podían pagar la cuota de ciento setenta pesos que costaba el entierro permanente de sus difuntos, por la que se veían en la necesidad de cubrir un alquiler anual de veinte pesos. Cuando dejaban de pagar, los cadáveres de sus familiares eran desenterrados y se momificaban de manera natural en un clima extremadamente seco. Esos cuerpos se iban amontonando en una catacumba junto al cementerio, que era una de las atracciones turísticas del lugar. La descripción va adquiriendo entonces un tono más macabro: "Mirando otra vez las tumbas, vieron los restos de la fiesta de la muerte. Las bolitas de sebo que las velas habían derramado sobre las piedras, los capullos marchitos de las orquídeas que yacían en las piedras lechosas como tarántulas aplastadas de color rojo purpúreo, algunas parecidas a órganos sexuales, fláccidos y marchitos. Había arcos de hojas de cactos, bambúes, cañas, ipomeas silvestres, muertas. Había también círculos de gardenias, y pimpollos secos de buganvilias. Todo el suelo del cementerio paracía un salón de baile luego de una danza frenética, que los participantes habían interrumpido de pronto. A un lado las mesas con confeti, cirios, cintas y suelos abandonados."

Siendo todavía muy joven, en 1946, Bradbury visitó la isla de Janitzio, en el Lago de Pátzcuaro -región en la que se desarrolla la acción de El siguiente en la línea-, y quedó tan impresionado por la enorme cantidad de cirios iluminando la noche y el fervor con el que la gente llenaba de flores y comida las tumbas de sus seres queridos, que escribió un poema, El día de la muerte, y le inspiró el capítulo 18 de su novela El árbol de las brujas (The Halloween Treee, 1972). Lo cual se advierte desde el breve preámbulo al preguntarse "¿Dónde empezó todo?", y en lugar de responder, enumera las interrogantes de que hubiese sido en Egipto, en la Bretaña druida, sobre los techos de París: "¿O en México, en los cementerios desbordantes de velas encendidas y de muñequitos de caramelo en el Día de los Muertos?" Ya he incluido un fragmento del capítulo en cuestión, para tener una mejor idea de lo que Bradbury escribió al respecto.

En De ceniza volverás, (From the Dust Returned), establece en su prólogo, con cierta dosis de ironía, que cuando tiene una idea la logra escribir "en cincuenta y cinco años o en nueve días", esto debido a que esa ha sido la obra que más tiempo ha dilatado en concluir, la empezó en 1945 para terminarla por fin hasta el año 2000 -la mención de los nueve días se debe a Fahrenheit 451, ya que asegura que ese fue el lapso que le llevó escribirla-. Explica que la familia Elliott, que es en torno a la cual gira la trama, empezó su existencia cuando él tenía siete años de edad.

"Cada octubre, cuando llegaba Halloween, la noche de brujas, mi tía Neva nos amontonaba a mí y a mi hermano en su viejo Ford T, para ir al campo de otoño a recoger mazorcas de maíz y calabazas silvestres, que traíamos a casa de mis abuelos. Colocábamos las calabazas en los rincones, poníamos las mazorcas en la entrada y trasladábamos las tablas de la mesa del comedor a la escalera, para que hubiera que deslizarse en lugar de bajar las escaleras. Neva me dejaba en el altillo, disfrazado de bruja con una nariz de cera, y escondía a mi hermano debajo de la escalera que subía a la buhardilla, e invitaba a sus celebrantes de Halloween a trepar durante la noche para entrar en casa. El ambiente era rampante y alegre. Entre mis más bellos recuerdos, guardo los de esta tía mágica que era sólo diez años mayor que yo." Ese sería, pues, el génesis de la familia Elliott, compuesta por brujos inmortales cuya saga dio principio, como ya se ha señalado, en 1945, con el cuento El viajero.

Si bien desde el principio queda establecida la importancia de la noche de brujas: "¡Gran abuela, mañana es la Gran Noche que he esperado toda mi vida! ¡La Familia, nuestra Familia, vendrá volando de todas partes del mundo!", he elegido este breve párrafo que hace mención de la fecha, sobre todo por su carga poética: "Todas las hojas otoñales del mundo convergieron en migraciones susurrantes sobre el centro de Norteamérica y cayeron a vestir el árbol que en un momento estaba desnudo, y al siguiente se veía adornado de hojas caídas del Himalaya, de Islandia y del Cabo, en colores rojizos y en sombríos ramos fúnebres, hasta que el árbol se sacudió para florecer pleno en Octubre y los frutos brotaron como calabazas cortadas el Día de Todos los Santos".

Para concluir, sólo una breve acotación más sobre el propio Bradbury: su testimonio Mi recuerdo favorito de Halloween, el poema Entre tanto (In-between) así como el relato El fornido (Heavy-set; originalmente publicado en la revista Playboy en el número de Octubre de 1964), están incluidos en el libro colectivo Sueños de octubre (October Dreams), que es una recopilación de cuentos, vivencias y poemas relacionados con la tradicional noche de brujas, desde la perspectiva de diversos autores.


Jules Etienne

* Ambrose Bierce es quien inspiró al personaje protagónico de la novela Gringo Viejo,
de Carlos Fuentes.

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