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martes, 17 de septiembre de 2013

Carlos Fuentes y la conmemoración de la Independencia


 
"También el Día del Grito de Dolores hay muertos, ¿sabes?..."
Carlos Fuentes en Cristóbal Nonato 

Todavía en plena guerra de independencia, en 1812, se celebró por primera vez el grito de Dolores, en Huichapan. Lo consignó Ignacio López Rayón en su diario de operaciones militares: "Día 16, con una descarga de artillería y vuelta general de esquilas, comienza a solemnizarse en el alba de este día el glorioso recuerdo del grito de libertad dado hace dos años en la congregación de Dolores, por los ilustres héroes y señores serenísimos Hidalgo y Allende." Al año siguiente, José María Morelos y Pavón, en sus Sentimientos de la Nación, estableció la necesidad de conmemorar anualmente esa fecha. El primero de marzo de 1822, el Congreso Constituyente declaró fiesta nacional el 16 de septiembre, señala Luis Tinajero Portes en su obra Días conmemorativos en la historia de México.

La literatura mexicana ha sido bastante más generosa con la revolución que con el llamado grito de Independencia. Carlos Fuentes siempre se manifestó apasionado por la historia de México y es frecuente encontrar a lo largo de su obra diversas alusiones de los episodios históricos. En su obra Tiempo mexicano emprende varias reflexiones:
 
"El clamoroso silencio de Sor Juana Inés de la Cruz significó una mutilación del tiempo que habría de pagarse con una independencia (de España) que no aseguró nuestra independencia ni del pasado indígena entonces desconocido o despreciado, ni del presente moderno que llenó el vacío de la mutilación hispánica con multiplicadas dependencias en los órdenes político, cultural y económico. Las promesas de la modernidad mexicana en el siglo XIX -el liberalismo y el positivismo- se cumplieron a expensas de los lazos comunitarios del derecho, de la dignidad y de la cultura de la población campesina e indígena del país." Para reconocer que: "La Independencia se propuso recuperar el tiempo perdido, digerir en unos cuantos años la experiencia europea a partir del Renacimiento, asemejarnos cuando antes a los modelos deslumbrantes del progreso: Francia, Inglaterra, los Estados Unidos. Pero -y éste es un inmenso pero- esta opción nos condujo a una nueva esquizofrenia." Lo que le conduce a la siguiente conclusión: "Al independizarnos de España, pretendimos disfrazar el progreso de utopía."
 
A su extensa novela urbana La región más transparente corresponde este párrafo en que hace referencia a la parada militar:

"Ya se había apagado el cielo. Un escuadrón de caballería que regresaba del desfile del 16 de septiembre rompió, con sus cascos cansados, el silencio de la plaza. Mercedes se puso de pie y cerró la ventana. Nuevamente los pasos de la criada corrían por su sendero habitual a anunciarle la cena. Como una lámina de lutos incomprendidos, Mercedes caminó en la oscuridad. Sus espaldas rígidas cargaban sólo aquellos instantes de revelación y amor y orgullo y redención. Después no había sucedido nada. Manuel Zamacona no había muerto estúpidamente en una cantina de Guerrero, la noche anterior. Federico Robles no había desencadenado su poder en la muerte antes de volver a encontrar la verdad ofrecida, en la semilla inicial, por Mercedes. La mujer se sentó y vació la jarra de chocolate perfumado dentro de una taza de barro tosco."
 
Y en el capítulo inmediatamente posterior, El águila reptante, retoma el festejo en su primer párrafo:
 
"No buscaba nada, no preveía nada en su caminata fría y ciega; el somero esqueleto gris de la ciudad apenas lograba rasgar su vista mientras caminaba, sin lentitud y sin prisa, acarreado por sus ojos antiguos, entre los residuos de la fiesta del Grito; los grupos de mariachis desvelados, de borrachines simpáticos, de mujeres que hacían cola frente a las lecherías de barrio..."

También en el relato El hijo de Andrés Aparicio -dedicado, por cierto, a la memoria de Pablo Neruda-, que forma parte del volumen Agua Quemada, se puede leer:

"Al principio hicieron lo que todas las parejas jóvenes y pobres. Vieron las cosas gratis como los paseos de charros en Chapultepec los domingos y los desfiles que se sucedieron durante el primer mes de sus amores, primero el desfile patriótico del día de la Independencia en septiembre..."

Más reciente es la mención que aparece en su novela La silla del águila, en la carta que Xavier Zaragoza Séneca, le escribe al presidente Lorenzo Terán:

 "No basta, señor Presidente. Hace falta algo. ¿Y sabe lo que hace falta? Falta usted. Falta que la gente lo vea a usted. Se está usted convirtiendo, como tantos de sus antecesores, en el gran solitario del Palacio, el fantasma que ocupa la Silla del Águila. Reaccione, se lo ruego. Aún es tiempo. No dé la impresión de que es el juguete de fuerzas incontrolables. Deje de mirar al horizonte como un iluminado en fechas de fasto –Grito de Independencia, Mensaje de Año Nuevo, Cinco de Mayo–. Mire a la cara de la gente, déjese mirar por la gente, pero que lo vean actuar, a usted, no a sus achichincles. Que su voz, señor Presidente, llene la plaza y llegue a cada rincón del país. La política vive en el espacio hasta donde llega la voz del Presidente. ¿Ha probado usted los límites de su voz? ¿Ha medido las fronteras entre la acción y la inacción? Un Presidente debe existir para los ciudadanos. Si no lo hace, le retiran el homenaje esperado. El alabado Dios de un día puede ser el execrado demonio de la siguiente jornada."

Jules Etienne

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