(Párrafo del capítulo once)
A principios de otoño, cuando los arces eran aún frondosos y verdes, y las golondrinas migratorias poblaban secretamente los árboles con su algarabía y se alejaban una tarde en negro remolino hacia el final de su trayecto, dejándose caer como hojas muertas en su chimenea predilecta, Eliza se trasladó a Dixieland. Hubo mucho vocerío y excitación y gran curiosidad en la familia acerca de la compra, pero ningún concepto claro de lo que había ocurrido en realidad.Gant y Eliza, aun sintiendo sin decirlo que habían llegado a un hito decisivo en sus vidas, hablaban vagamente de sus planes, calificaban evasivamente a Dixieland de «una buena inversión», y no decían nada con claridad. En realidad, sentían instintivamente su próxima separa- ción. La vida de Eliza era impulsada, por una medio ciega pero inevitable gravitación, hacia el centro de su deseo; habría sido incapaz de definir el significado exacto de su arriesgada empresa, pero tenía la firme convicción de que el vago impulso que la había conducido ciegamente a la muerte y la aflicción de Saint Louis la empujaba ahora en la dirección correcta. Su vida estaba encarrilada.
Thomas Wolfe (Estados Unidos, 1900-1938).

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