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Vancouver: luz de agosto en English Bay.

miércoles, 3 de julio de 2019

Tu boca: CARLOTA EN WEIMAR, de Thomas Mann

"A continuación dijo: El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras."

(Párrafo del capítulo VII)

Cantaba “Conoces tú el país…”; yo tenía lágrimas en los ojos; también ella, la amable amada que he ataviado con turbante y chal. Ella dijo: “De qué manera la música modera la marcha de las horas, cuántos múltiples acontecimientos e impresiones concentra en un breve instante, cuando el interés de la audición hace creer que ha transcurrido un largo tiempo. ¿Qué es el instante y la duración?”. Le alabé su observación, y en el fondo del alma le daba la razón. A continuación dijo: “El amor y la música, los dos son breves y eternos, son locuras”. Le leí Los siete durmientes, La danza macabra, y luego, Sólo este corazón tiene duración, No quiero perderte nunca, Dime, querida, ¿qué es un murmullo?, y Sobre las alas de la aurora, fui arrojada contra tu boca. La noche de luna llena estaba avanzada. Alberto se durmió, se durmió Weimar con las manos cruzadas sobre su estómago, y el buen hombre fue escarnecido. Nos separamos a la una de la madrugada. Estaba de tan buen humor, que quise hacer a Boisseré, en mi balcón, mi demostración de la sombra coloreada. Ella nos espiaba desde su terraza; la vi muy bien.

Thomas Mann
(Escritor alemán nacionalizado primero checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).
Obtuvo el premio Nobel en 1929.
 
(Traducido al español por R. Coll Robert).

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