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El otoño en Vancouver.

sábado, 9 de junio de 2018

Rusalka: RUSALKI*, de Kazimierz Przerwa-Tetmajer


Vuelan desde los campos las rusalki,
entre nieblas que se exhalan del agua,
y atrapan fuegos fatuos en las ciénagas
y en los pantanos. Y sobre los mimbres
danzan en corro, y el viento murmura
por los prados. Un aroma de flores.
 
Vuelan desde los campos las rusalki
en la noche de luna, silenciosa,
y con rocío platean los prados,
y con rocío doran todo el bosque.
 
Vuelan desde los campos las rusalki,
en la penumbra de nieblas perladas,
y un niño mira hacia ellas, abriendo
sus grandes ojos. Asombrado, mira
su danza en círculo, en silencio. El viento
murmura en el prado. Aroma de flores.
 
Vuelan desde los campos las rusalki
en la noche de luna, silenciosa,
y con rocío platean los prados,
y doran el espíritu del niño.
 
Vuelan desde los campos las rusalki,
entrelazan guirnaldas en su vuelo,
y un niño alado hacia ellas extiende
sus manos, hacia arriba, hacia lo alto.
 
Lanza su alma hacia ellas, alada,
impetuosa, y ellas resplandecen
y se pierden en la perlada niebla.
 
Vuelan desde los campos las rusalki.
Suspendidas en el aire aproximan
su cabeza, su blancura, hacia el niño,
y vuelan hacia la perlada niebla.
 
Vuelan desde los campos las rusalki,
entre nieblas que se exhalan del agua
y atrapan fuegos fatuos en las ciénagas
y en los pantanos. Mas han visto un alma,
quieta, sin alas (que, rotas, con sangre,
cayeron, ya convertidas en polvo).
 
Vuelan desde los campos las rusalki
hacia olas de destellos de luna;
han visto alas, cubiertas de sangre,
y vuelan, mientras bailan, a lo lejos.
 
 
Kazimierz Przerwa-Tetmajer (Polonia, 1865-1940).
 
* El traductor de este poema, Francisco Molina Moreno, optó por respetar la forma original del plural de rusalka, que es rusalki, en lugar de catellanizarlo, que sería "las rusalkas".

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