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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

viernes, 20 de enero de 2017

Carnaval: LAS CARNESTOLENDAS, de Pedro Calderón de la Barca

 
(Fragmento)

María:  Pues el cosquilloso tiempo nos convida
            de las carnestolendas, por tu vida,
            que nos dejes hacer una comedia.

Vejete: ¡Miren pues que Riquelme ni que Heredia
            para representar! Mejor sería
            gastar la noche y día
            en hacer su labor.

Luisa:  Lindo regalo.

Rufina: Escupa, padre, que ha mentado el malo:
             Vaya arredro, patillas,
              la labor deste tiempo es casadillas.

Vejete: ¿Yo gastar en Comedias mi dinero?
             ¡Para compraros de comer lo quiero!

María:  Si licencias nos das que la estudiemos,
             a comedia y agua ayunaremos.

Vejete: ¡Oh, loco tiempo de Carnestolendas
            diluvio universal de las meriendas
            feria de casadillas y roscones,
            vida breve de pavos y capones
            y hojaldres, que al Doctor le dan ganancia
            con masa cruda y con manteca rancia!
            Pues ¿qué es ver derretidos los mancebos
            gastar su dinerillo en tirar huevos?

Luisa:  En esto su locura manifiestan,
            que mejor es tirarnos lo que cuestan.

Rufina: ¡Y cómo! Veinte huevos azareños
             le cuestan veinte reales a sus dueños.
             Tiránmelos y mánchanme un vestido,
             quedo yo pesarosa y él corrido
             sin alzar más cabeza en todo el día.

María:  Pues ¿cuál querré yo más, por vida mía,
             estas galanterías criminales,
             o en dinero civiles veinte reales?

Rufina: (Aparte).
             Luisa, agora es tiempo de lograr mi traza.

Luisa:  Yo voy y a tu galán clavo esta maza.
            (Vase).

Rufina: Mucho hay que temer estas contiendas.

Vejete: No hay quien no tema en las Carnestolendas:
            el capón tome muerte supitaña,
            el gallo ser corrido en la campaña,
            el perro, de la maza el desconcierto,
            las damas, de que el perro sea muerto,
            las estopas de verse chamuscadas,
            las vejigas de verse aporreadas,
            la sartén si su tizne alguno pringa,
            el agua que le sorba la jeringa,
            el salvado de andar siempre pisado,
            siendo a un tiempo salvado y condenado.
            Cercadas nuestras ganas estos días
            de ejércitos de mil pastelerías,
            y tal hambre en el cerco padecemos
            que hasta las herraduras nos comemos.

María:  Mas todo, padrecito, se remedia.

Vejete: ¿Con qué, hijitas rollonas?

Las dos: Con comedia.

Pedro Calderón de la Barca (España, 1600-1681).

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