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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

martes, 20 de octubre de 2015

Venecia: LA CIUDAD DE LOS ÁNGELES CAÍDOS, de John Berendt

 
"Cuidado, caen ángeles"
Advertencia en la iglesia de Santa María de los Remedios a principios
de los años setenta, cuando se encontraba en proceso de restauración.

(Fragmento del capítulo 12)

- Para ser veneciano -expresó Marcello-, hay que saber vivir en Venecia; y eso es todo un arte. Es debido a nuestra forma de vivir, tan diferente del resto del mundo. Venecia fue edificada no sólo con piedra sino con una muy fina red de palabras, dichas y recordadas, de historias y leyendas, de testigos presenciales y de oídas. Trabajar y operar en Venecia significa sobre todo entender sus diferencias y lo frágil de su equilibrio. En Venecia nos movemos delicadamente y en silencio. Con gran sutileza. Somos gente muy bizantina y eso, ciertamente, no es algo fácil de entender.
 
Marcello dirigió una mirada a su audiencia. Excepto por dos o tres que eran capaces de comprender el italiano, todos estaban leyendo y el ánimo era solemne. Los miembros del consejo de Salvar a Venecia, que se concebían a sí mismos como benefactores de Venecia, conocedores y sofisticados al estilo de su ciudad adoptiva, estaban siendo desnudados, como si no fueran mejores que una turba de turistas revoltosos.
 
- Debo decirles a ustedes de qué manera se percibe en Venecia la reciente confusión que rodea Salvar a Venecia. Se mira como evidencia que unos cuantos miembros del consejo no consideran Salvar a Venecia una asociación de amigos que hace una buena labor por Venecia, sino que más bien lo hacen para ganar prestigio personal y poder. Nosotros los venecianos vemos a nuestra ciudad con el mismo sentido cívico ancestral con que fue construida, gobernada y amada durante siglos, y es muy doloroso constatar que esté siendo utilizada de tal manera. Por mucho que estemos verdaderamente agradecidos con la excepcional generosidad de Salvar a Venecia en el pasado, nosotros los venecianos estamos renuentes a aceptar ayuda de quien nos tiene tan poco respeto.


John Berendt (Estados Unidos, 1939)

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