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Vancouver, otoño en English Bay (fotografía de Jules Etienne).

jueves, 14 de febrero de 2013

¿Qué me gustaría que me regalaran el día de San Valentín?


Se dice que la celebración del día de San Valentín tiene un origen literario, ya que fue Geoffrey Chaucer en su poema El parlamento de las aves, quien lo mencionó por primera vez en el siglo XIV, y por esa misma época es que se convirtió en un festejo, en principio tuvo lugar únicamente en Inglaterra, hasta llegar a ser tan generalizado tal y como lo conocemos ahora. El poema en cuestión dice:

Para esto era el día de San Valentín
Cuando todas las aves vienen su pareja a elegir

(For this was on Saint Valentine’s day,
When every fowl comes there his mate to take)

Con posterioridad Shakespeare también lo menciona en la tragedia de Hamlet, que debió ser escrita en los albores del siglo XVII, ya que Nicholas Ling y John Trundell la publicaron por primera vez en 1603. La alusión se presenta cuando Ofelia conversando con el rey, comienza a cantar:
 
«Mañana es el día de San Valentín,
temprano, al amanecer,
y yo estaré en tu balcón;
tu enamorada seré.»

Entonces él se levantó y vistió
y a la doncella hizo entrar
que de su alcoba doncella
ya nunca saldría jamás.

La costumbre de las tarjetas con forma de corazón llamadas valentines, se inició en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX. De manera que aunque el santo a quien se atribuye la condición de patrono de los enamorados era romano, la costumbre de celebrarlo es de origen anglosajón.

Y si Chaucer poetizaba el encuentro de las aves durante el día de San Valentín, no deja de ser curioso que en Japón, según lo narra Yasunari Kawabata en su novela País de nieve, tiene lugar el festival de los pájaros, lo que también coincidiría con el título del citado poema: "El 14 de febrero se celebraba el Festival de los Pájaros, una fiesta infantil tradicional en los pueblos de la montaña." Pero tratándose de una obra con autoría de Kawabata, merece que el día de mañana me ocupe de reproducir el párrafo completo que alude a la fecha. 

El cineasta Luis G. Berlanga, quien dirigió la colección de narrativa erótica La sonrisa vertical, de editorial Tusquets -hasta su muerte en 2010-, en su prólogo para la antología Cuentos eróticos de San Valentín, al que titula Un bombón, se lamenta de que siendo esta una fecha "en la que se celebra el amor, o el enamoramiento, o las dos cosas", se encuentre más bien con "pasteles, rosas y cajas de bombones en forma de corazón", en lugar de que se "evoquen imágenes más eróticas y picantes". Después, esto es lo que asegura la habría gustado recibir como obsequio:

"En cambio, yo siempre he tenido muy claro qué me gustaría que me regalaran por San Valentín.

Mi regalo es un bombón, pero aún no puedo comérmelo. Me ha hecho salivar nada más verlo, envuelto en un gran lazo de seda rojo que lo cubría por entero (bueno, la cubría por entero), excepto por tres franjas que dejaban ver carnes muy blancas y pálidas. Es un bombón, pero gime, y gemirá todavía un poco más, hasta que esté a punto de caramelo. Debajo del lazo, venía desnuda, lista para que yo empiece a vestirla, que es –como ya he dicho hasta la saciedad– de las cosas que más me erotizan. La he vestido con medias negras de rejilla pequeña, muy finas y suaves, hasta medio muslo. Zapatos de tacón, de un vistoso color rojo y de diecisiete centímetros de altura (me consta que existen porque los he visto hace poco en un desfile de una marca de ropa conocida), que dan una curvatura extraña y poco natural al empeine. Liguero rojo con calados, que se sujeta a las medias con unos botoncitos en forma de corazón, porque es San Valentín. Corsé, de cuero y rojo también, muy apretado en la cintura, tanto que apenas puede respirar, y que le deja libres los pechos. Collar de cuero, que cuando mueve el cuello le roza justo debajo de la mandíbula, y abajo, en el comienzo de la curva de los hombros. Guantes de piel hasta la mitad del antebrazo, y por último, una venda en los ojos. Lo que más me excita, sin embargo, son las cuerdas con las que la he atado, que le pasan por los lugares más insospechados y le resaltan todas las partes del cuerpo que no están ocultas. Por supuesto que, dentro de unos minutos, voy a darle unos azotes, porque es San Valentín."

Lástima que Luis G. Berlanga ya no pueda apreciar el corsé rojo con el que se ilustra, en su honor, el presente texto.


Jules Etienne

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