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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

martes, 3 de julio de 2012

Páginas ajenas: DEMIAN, de Hermann Hesse

 
(Fragmento)
 
No podía comprender cómo nadie, excepto yo, se daba cuenta. ¡Todos tenían que verle, todos tenían que estremecerse! Pero nadie se fijó en Demian. Seguía erguido como una estatua, rígido como un ídolo -según me pareció entonces-, mientras una mosca se posaba sobre su frente y recorría lentamente su nariz y sus labios, sin que él reaccionara con el más leve gesto.
 
¿Dónde se encontraba en esos instantes? ¿Qué pensaba, qué sentía? ¿Se hallaba en un paraíso o en un infierno?
 
No me fue posible preguntárselo. Cuando al final de la clase le volví a ver vivir y respirar, nuestras miradas se cruzaron y constaté que era el de antes. ¿De dónde venía? ¿Dónde había estado? Parecía cansado. Su rostro tenía otra vez color, sus manos se movían; su pelo castaño, sin embargo, parecía ahora sin brillo y como cansado. En los días que siguieron intenté varias veces en mi dormitorio un nuevo ejercicio: me sentaba muy derecho en una silla, inmovilizaba los ojos, me quedaba completamente quieto y esperaba a ver cuánto tiempo podía aguantar y qué sensaciones tenía. Pero sólo conseguí cansarme y que 105 párpados me escocieran fuertemente.
 
Poco después fue la confirmación, de la que no me ha quedado ningún recuerdo importante.
 
Después, todo cambió. La niñez fue derrumbándose a mi alrededor. Mis padres empezaron a mirarme un poco desconcertados. Mis hermanas me resultaban muy extrañas. Un vago desengaño deformaba y desteñía los sentimientos y las alegrías a que estaba acostumbrado. El jardín ya no tenía perfume, el bosque no me atraía; el mundo a mi alrededor parecía un saldo de cosas viejas, gris y sin atractivo; los libros eran papel y la música ruido. Así van cayendo las hojas de un árbol otoñal, sin que él lo sienta; y la lluvia, la escarcha y el sol resbalan por su tronco, mientras su vida se retira a lo más íntimo y recóndito. No muere. Espera.
 
 
Hermann Hesse
(Alemán nacionalizado suizo; 1877-1962). Recibió el premio Nobel de literatura en 1946. 

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