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Vancouver, luz de agosto en English Bay.

martes, 24 de julio de 2012

Los misterios de Traven



Traven ha sido uno de los escritores más misteriosos. Su propia vida fue su mejor novela. Él mismo solía decir: "Las personas creativas no deben tener otra biografía que su obra". Como para esta ocasión me interesa rescatar una frase escrita en su diario, en julio de 1924, trataré de ser breve en cuanto a los aspectos biográficos que, como él mismo le dijera su editor, Ernst Preczang: "Veinte volúmenes en el formato de la enciclopedia Brockhaus son muy poco para publicar siquiera una parte".

A propósito de la inicial B. que precedía a su apellido, es común que se le considere la inicial de Bruno, lo cual es erróneo. Cuando ya era un escritor reconocido, en 1948, su editor le hizo llegar la carta de una mujer de nombre Irene Zielke, quien alegaba ser su hija. La respuesta de Traven fue la siguiente: "Es asombroso cuántas técnicas utiliza la gente para acercarse a las personas que tienen renombre. Esta joven es la novena hija ilegítima en busca de su padre que se ha dirigido a mí en los últimos diez años, de cinco países diferentes. Hace cuatro años, una mujer de Saskatchewan, Canadá, me escribió a través de su abogado, insistiendo en que ella era mi verdadera madre y que habíamos sido separados cuando yo era todavía un niño. Llegó a esa conclusión luego de la detallada descripción de una tormenta de nieve en Saskatchewan que aparece en uno de mis libros. Exigía los pagos de manutención que le corresponden a una madre por parte de su hijo. Otros parientes han aparecido, incluso en Checoslovaquia y Polonia; también en Chicago, los familiares de un tal Victor Bruno, quien desapareció hace treinta años para irse a México. Una de las revistas con mayor circulación de Nueva York publicó un artículo asegurando que yo debo ser el por tanto tiempo extraviado Victor Bruno, quien escribía con el mismo estilo en que lo hago yo. Como resultado de esa historia, me han llamado Bruno, a pesar de que ese no es mi nombre."

Ahora se sabe que Traven, Torsvan y Hal Croves -que es quien firma los guiones de las películas La rebelión de los colgados y Macario, ambos basados en obras de Traven-, eran todos al final, uno mismo: Red Marut. Pero tal y como lo plantea Karl Guthke, biógrafo de Traven, eso motivaría una nueva cuestión, ¿quién era Red Marut?

Al término de la primera guerra mundial y tras la derrota, en la primavera de 1919, surgió en Bavaria una República de los Concejos, integrada por obreros, agricultores y soldados. Incluso llegaron a crear un tribunal revolucionario. Uno de los miembros más notorios de las comisiones provisionales revolucionarias fue precisamente Red Marut, actor de teatro y periodista. Cuando las tropas del general Von Epp entraron en Munich el primero de mayo, reconocieron a Marut en las calles y fue arrestado. Lo presentaron ante el ministro de guerra bajo el cargo de alta traición que se castiga con pena de muerte. Cuando Marut esperaba su sentencia, tuvo lugar un forcejeo entre prisioneros y guardianes, lo que aprovechó para escapar. Se mantuvo huyendo por diferentes países de Europa hasta que en 1924 se embarcó en Londres, cuando ya existía una solicitud de deportación en contra suya, y ese verano apareció en Tampico trabajando en los campos petroleros -lo mismo que sus personajes de El tesoro de la Sierra Madre-, un individuo que se hacía llamar B. Traven, B. T. Torsvan o Traven Torsvan y que, aunque hablaba alemán, aseguraba que era originario de Chicago.

Red Marut tenía que morir para que de esa manera Traven pudiese existir. En las páginas de su diario, el 26 de julio de 1924, escribió, contundente y lacónico: "El bávaro de Munich ha muerto". No habían transcurrido ni dos años, cuando El barco de la muerte se publicó en Alemania y obtuvo un éxito instantáneo: vendió ciento veinte mil ejemplares. Era la primera novela firmada por B. Traven, un misterioso autor cuyo único contacto con sus editores se establecía a través de un apartado postal en Tampico, un remoto y desconocido puerto en el Golfo de México.


Jules Etienne

La ilustración corresponde a una fotografía de Tampico durante el auge petrolero.
(La traducción al español de la carta de Traven a su editor, es de Jules Etienne).

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