Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).
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martes, 27 de octubre de 2026

Otoño: ENTRE TUS DEDOS HELADOS, de Francisco Tario

"Las hojas eran tan abundantes que me impedían prácticamente avanzar, ya que mis pies se sumergían en ellas..."

(Fragmento incial)

Preparaba yo, por aquellos días, el último examen de mi carrera y, de ordinario, no me acostaba antes de las tres o las tres y media de la madrugada. Esta vez acababan de sonar las cuatro cuando me metí en la cama. Me sentía rendido por la fatiga y apagué la luz. Inmediatamente después me quedé dormido y empecé a soñar.

Caminaba yo por un espeso bosque durante una noche increíblemente estrellada. Debía de ser el otoño, pues el viento era muy suave y tibio, y caía de los árboles gran cantidad de hojas. En realidad, las hojas eran tan abundantes que me impedían prácticamente avanzar, ya que mis pies se sumergían en ellas y quedaban tempo- ralmente apresados. Tan luego arreciaba el viento, otras nuevas hojas se desprendían de las ramas, formando una densa cortique yo me esforzaba por apartar. Despedían un fuerte olor a humedad, como si se tratara de hojas muy antiguas que llevasen allí infinidad de años.

Francisco Tario (Méxicano fallecido en España, 1911-1977).