Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

martes, 21 de abril de 2020

Epidemias: EL ALQUIMISTA, de Ben Jonson

"O es el Fausto que recoge las sombras; y sabe conjurar; que cura las pestes, las almorranas y la viruela..."

(Fragmento del cuarto acto, escena IV)

Adusto: No, señor, nadie piensa en eso; un buen paseo sobre una mula, y un látigo luciente, os librarían de esos temores. Yo soy el noble español que debía ser embaucado, ¿comprendéis?, embaucado. ¿Dónde está vuestro capitán Cara, ese Trajumán, ese gran alcahuete, ese pícaro de siete suelas?

Entra Cara, de uniforme.

Cara: ¡Cómo, Adusto!

Adusto: Oh, acercaos mi querido capitán. Ya he descubierto de dónde vienen vuestros anillos, y vuestras cucharas de cobre, que os sirven para embaucar al público de las tabernas. Aquí aprendisteis a untar con azufre vuestras botas, para frotar sobre ellas el oro de las gentes, una especie de piedra de toque, y luego decir que era falso porque cambiaba de color, y comprarlo por nada. Y este doctor, vuestro compadre, de barba ahumada y tiznada, es el que encierra una cantidad de oro en una redoma, y mediante una estratagema pone otra en el fuego, llena de vapor de mercurio, para que explote con el calor, y todo se deshaga en humo. Que llore entonces Mamón; que su religión se desvanezca. (Sale Cara, subrepticiamente). O es el Fausto que recoge las sombras; y sabe conjurar; que cura las pestes, las almorranas y la viruela por medio de las efemérides, y se mantiene en inteligencia con todos los alcahuetes y las celestinas de tres condados, mientras vos le traéis, Capitán -¡Cómo! ¿Se ha ido?-, doncellas encintas, mujeres estériles, o criadas con ictericia. (Agarra a Sutil, mientras éste hace ademán de retirarse). No, señor, debéis permanecer aunque él se haya escapado, y arreglar cuentas conmigo.

Entra Cara, con Halcón.

Cara: Bueno, este es el momento de demostrar que sabéis pelear, como me han contado, y que sois un joven bien nacido; el doctor y vuestra hermana han sido ofendidos.

Ben Jonson (Inglaterra, 1572-1637).

(Traducido al español por J. R. Wilcock).
La ilustración corresponde a Jon Barker caracterizado como el personaje de Cara,
durante la puesta en escena del Teatro Shakespeare de New Jersey, dirigida por Bonnie Monte en 2014.

lunes, 20 de abril de 2020

Epidemias: LOS DEMONIOS, de Pierre de Ronsard

"... y hacen que las nubes lluevan sangre..."

(Fragmento)

Los malos acarrean en la tierra
pestes, hambres, trabajos y tormentos,
y causan en el aire mil rumores
para con el estruendo amedrentarnos.
Y veces hay nos fingen la vista
dos soles, o la Luna obscura y negra,
y hacen que las nubes lluevan sangre
y que horrendos prodigios se nos muestren.


Pierre de Ronsard (Francia, 1524-1585).

(Traducido al español por Andrea Pescioni).

domingo, 19 de abril de 2020

Epidemias: CARTAS DESDE PARÍS, de Heinrich Heine

"... los muertos habían sido enterrados tan rápido que ni siquiera les había dado tiempo a quitarles sus disfraces de rombos..."

La rebelión de los muertos
Artículo publicado en un diario de Augsburgo el 19 de abril de 1832

(Fragmento inicial)

Su llegada fue anunciada oficialmente el 29 de marzo; y como era Micarême,* además hacía un día soleado y claro, los parisinos inundaban los bulevares con más alegría que de costumbre, donde se vieron máscaras burlándose del miedo al cólera y a la propia enfermedad en una caricatura deforme y descolorida. Aquella noche los bailes estaban más concurridos, las risas de la gente ahogaban la música más alta; durante el chahut, un baile incondicional, aumentó el calor, por lo que se engulleron todo tipo de helados y bebidas; repentinamente, el más alegre de los arlequines sintió un escalofrío en sus piernas, se quitó la máscara y, para regocijo de los asistentes, reveló su rostro amoratado. Pronto se vio que no era broma; las risas se apagaron, se enviaron coches directamente del baile al Hôtel-Dieu, el Hospital Central, donde morían vestidos con sus trajes de carnaval... Se decía que los muertos habían sido enterrados tan rápido que ni siquiera había dado tiempo a quitarles sus disfraces de rombos; tan alegres como cuando estaban vivos, así yacen ahora en sus tumbas.


Heinrich Heine (Alemán fallecido en Francia, 1797-1856).

* Mi-carême es un festejo tradicional de carnaval, de origen francés, que se remonta al siglo X y tiene lugar a mitad de la cuaresma. A partir del año 2009 en París, se le denomina Carnaval de las mujeres: Carnaval des femmes. En la región francoparlante de Canadá se festeja durante la tercera semana de cuaresma y se extiende desde el domingo hasta el viernes. 

sábado, 18 de abril de 2020

Epidemias: EN TIEMPO DE PESTILENCIA, de Thomas Nashe


Letanía en tiempos de la peste

"Del invierno, la plaga y la pestilencia, líbranos Señor."
Thomas Nashe

¡Adieu, adiós, a la dicha de la tierra!
Este mundo incierto es:
Alegría de los placeres lujuriosos de la vida;
La muerte prueba a todos que no son más que juguetes.
Ninguno de sus dardos puede volar;
Estoy enfermo, voy a morir.
            ¡Señor, ten piedad de nosotros!

Hombres ricos, no confíen en la riqueza,
El oro no puede comprar salud;
El cuerpo debe desvanecerse.
Todas las cosas fueron hechas con un final,
La peste pasa tan veloz;
Estoy enfermo, voy a morir.
            ¡Señor, ten piedad de nosotros!

La belleza no es más que una flor
cuyas arrugas devoran;
El brillo cae del aire;
Las reinas han muerto jóvenes y justas;
El polvo ha cerrado los ojos de Helena.
Estoy enfermo, voy a morir.
           ¡Señor, ten piedad de nosotros!

La fuerza se inclina ante la tumba,
los gusanos se alimentan del valiente Héctor;
Las espadas no pueden pelear contra el destino,
La Tierra aún mantiene abierta su puerta.
"¡Ven, ven!", lloran las campanas.
Estoy enfermo, voy a morir.
            ¡Señor, ten piedad de nosotros!

El ingenio con su desenfreno
Degusta la amargura de la muerte;
El verdugo del infierno
No tiene oídos para escuchar
Qué arte vano puede responder.
Estoy enfermo, voy a morir.
            ¡Señor, ten piedad de nosotros!

La prisa, entonces, en cada paso,
Acoge al destino;
El cielo es nuestra herencia,
La Tierra no es más que el escenario de un actor,
Montemos hacia el cielo.
Estoy enfermo, voy a morir.
            ¡Señor, ten piedad de nosotros!


Thomas Nashe (Inglaterra, 1567-1601).

(Traducido al español por Jules Etienne).

viernes, 17 de abril de 2020

Epidemias: VIDA SOLITARIA EN PARÍS, de René Chateaubriand

"... y yo me retiré (…) por entre un laberinto de trenzas de todas clases."

(Fragmento)

Sin saber lo que hacía entré en aquel museo de las modernas Eponinas. Desde la conquista de los romanos se acostumbraron las mujeres de las Galias a vender sus rubias trenzas a frentes menos favorecidas por la naturaleza; y hoy todavía se las cortan mis paisanas de Bretaña en ciertos días de feria, trocando el natural velo de su cabeza por un pañuelo de las Indias. Me dirigí a un seco individuo que estaba tejiendo una peluca con un peine de hierro, y le pregunté: «Caballero, ¿podría saber si ha comprado usted el pelo de una joven que era costurera y vivía junto al puentecillo en la tienda de los Dos Ángeles?» El hombre se quedó embobado sin saber qué contestar, y yo me retiré, pidiéndole mil perdones, por entre un laberinto de trenzas de todas clases.

Discurrí en seguida de puerta en puerta; pero no aparecía ninguna costurera de veinte años que me hiciera grandes reverencias; ni había tal mujer franca, desinteresada y cariñosa, peinada ya para acostarse y vestida sólo con una finísima camisa, refajo de bayeta verde, chapines y bata. Una vieja mal hablada, a quien faltaban pocos días para bajar al seno de la tierra a reunirse con sus perdidos dientes, alzó contra mí su muleta; quizás sería la tía del cuento.

¡Qué aventura tan bella es la de Bassompierre! No debe perderse de vista una de las razones que más le favorecieron para inspirar una pasión tan decidida. Por aquella época se dividían todavía los franceses en dos clases muy marcadas; una dominante, otra casi condenada a la condición de sierva. La humilde modista estrechaba a Bassompierre entre sus brazos, como una esclava al semidiós que se digna descender hasta su seno. Él la rodeaba con el prestigio de su gloria, y las francesas son las únicas mujeres del mundo sobre quienes esta ilusión ejerce su fascinante influjo.

Pero, ¿quién podría revelarnos las causas de aquella catástrofe? ¿Era el cuerpo de la linda niña de los Dos Ángeles el que yacía sobre la mesa al lado de otro cadáver? ¿Qué cadáver era este? ¿Pertenecía al marido o al hombre cuya voz oyó Bassompierre? ¿Había entrado la peste (porque a la sazón había peste en París), o tal vez los celos antes que el amor en la calle del Bourg-l'Abbé? Gran campo ofrece a la imaginación semejante asunto. Combínense las invenciones del poeta con un coro popular, con los sepultureros o cuervos, que de pronto aparecen, y con la espada de Bassompierre, y saldrá de esta aventura un magnífico melodrama.


François René vizconde de Chateaubriand (Francia, 1768-1848).

martes, 14 de abril de 2020

Epidemias: LA LEYENDA DEL REY DE LA PESTE, de Lars Andersson

"... el envenenamiento lo llevaba la gente allí y de allí se extendía a todos los que bebían de ese cáliz."

La denominación para la peste proviene del latín: pestis o pestilentia, que alude a una epidemia. También se volvió muy común en Europa referirse a «la plaga». Sin embargo, fue precisamente el protagonista de esta novela, Magnus Eriksson, rey de Noruega y Suecia, quien utilizó por primera vez en un documento oficial la expresión de «Peste Negra», en una carta real fechada en septiembre de 1349.

(Fragmento

Y Göpa dijo:

Nadie es inalcanzable para la peste, mientras se es hombre y se vive entre la gente. Quién vivió, quién se escapó, quién quedó atrapado, algo para entender; yo no he podido.

¿Pero tú fuiste a confesarte?

Göpa estaba allí, de pie, con la red en las manos, como si la hubiera acabado de encontrar y no supiera si era algo que tenía que llevarse.

No fue en la iglesia de nuestro pueblo, y yo no estaba en mis cabales. No me da ninguna alegría recordarlo. En ese momento me hizo feliz, no puedo negarlo: abrir las puertas de la iglesia, gritando que teníamos la peste sobre nosotros, y verlos escaparse como de un puente colgante que el río se lleva... Tomé el cáliz entre mis manos y grité: ¿Quién ha escupido sangre? y, ¿quién tiene la boca llena de sangre? y algunas cosas que no recuerdo. Yo estaba fuera de mí, y le había echado la culpa a la misa y a la confesión: el envenenamiento lo llevaba la gente allí y de allí se extendía a todos los que bebían de ese cáliz.

El rey Magnus se persignó, no dijo nada. Göpa seguía con su red en las manos:

Estaba confundido, lo sé ahora, pero parecía cierto. Y yo ya no tenía veinte años. Y quemé mi casa que era mía desde que me hice hombre para trabajar. Pero la peste encontraba sus caminos. Como tú dijiste: caminos de pueblos, caminos de castillos. A quién dejó y a quién se llevó, no soy yo el que puede encontrar un porqué. Es como la oscuridad de la noche antes de la nieve, cuando son otros lo que cazan y yo no veo nada. Como por las noches, antes de que caiga la nieve.


Lars Andersson (Suecia, 1954).

(Traducido al español por Ana L. Valdés).

domingo, 22 de marzo de 2020

Primavera: COMIENZA LA PRIMAVERA, de Hugo von Hofmannsthal

"A través de las lisas, deshojadas avenidas, llevan su agitación pálidas sombras."

Corre el viento de la primavera
por deshojadas arboledas,
cuántas cosas extrañas
hay en su soplo.

El viento se meció
allí donde hubo llanto,
y supo acomodarse
en un pelo revuelto.

El viento desprendió
las flores del acacio,
y refrescó los miembros
que en la respiración ardían.

Los labios que reían
supo tocar,
y husmeó los campos
blandos y desiertos.

Se deslizó por la flauta
como sollozante grito,
por el rojo del ocaso
pasó volando.

Silencioso voló
por cuartos con susurros,
y en su caída extinguió
el brillo de la lámpara.

Corre el viento de la primavera
por deshojadas avenidas,
cuántas cosas extrañas
hay en su soplo.

A través de las lisas,
deshojadas avenidas,
llevan su agitación
pálidas sombras.

Y aquel aroma
que consigo trajo
de donde arribó
desde ayer por la noche.


Hugo von Hofmannstahl (Austria, 1874-1929).

(Traducido del alemán por Rodolfo E. Modern).

sábado, 21 de marzo de 2020

Primavera: EPÍSTOLAS DE LAS HEROIDAS, de Ovidio

"Que si el fruto de Venus amoroso del bosque quitas, toda su frescura se ha de volver en páramo enfadoso."


(Fragmento de la epístola cuarta: Fedra a Hipólito)

Muchas veces sirvió de blando lecho
La grama a Venus y a su Adonis: tanta
Es la fuerza del amor si abrasa un pecho.

Meleagro también por Atalanta
Se ardía, y ella guarda de la fiera
La cabeza y la piel por prenda santa.

Amémonos los dos de esta manera,
Seamos de este número dichoso,
Y habrá en el bosque eterna primavera.

Que si el fruto de Venus amoroso
Del bosque quitas, toda su frescura
Se ha de volver en páramo enfadoso.


Ovidio: Publio Ovidio Nasón
(Poeta romano nacido en la actual Italia y fallecido en lo que ahora es Rumania, 43 a. de C.-17 o 18 a. de C.)

(Traducido al español por Diego Mexía de Fernangil).
La ilustración corresponde a El baño de Venus en el jardín inglés de Caserta, Italia.

viernes, 20 de marzo de 2020

Primavera: PRIMAVERA A LA VISTA, de Octavio Paz

"El mar respira apenas, brilla apenas (…) Está lleno de pájaros el mundo."

Pulida claridad de piedra diáfana,
lisa frente de estatua sin memoria:
cielo de invierno, espacio reflejado
en otro más profundo y más vacío.

El mar respira apenas, brilla apenas.
Se ha parado la luz entre los árboles,
ejército dormido. Los despierta
el viento con banderas de follajes.

Nace del mar, asalta la colina,
oleaje sin cuerpo que revienta
contra los eucaliptos amarillos
y se derrama en ecos por el llano.

El día abre los ojos y penetra
en una primavera anticipada.
Todo lo que mis manos tocan, vuela.
Está lleno de pájaros el mundo.


Octavio Paz (México, 1914-1998). Obtuvo el premio Nobel en 1990.

jueves, 19 de marzo de 2020

Primavera: EL DESTINO DE UN HOMBRE, de Mijail Shólojov

"... mientras los riachuelos de la estepa, rompiendo el hielo, corrían retozones, primaverales..."

(Fragmento inicial)

La primera primavera después de la guerra fue en el Alto Don excepcional: llegó impetuosa, y el deshielo se produjo rápido, a un tiempo. A fines de marzo, soplaron de las costas del mar Azov templados vientos y, dos días más tarde, ya estaban completamente desnudas las arenas de la margen izquierda del Don; se alzó, abombándose, la nieve que llenaba barranquillos y cañadas, mientras los riachuelos de la estepa, rompiendo el hielo, corrían retozones, primaverales, y los caminos se ponían casi intransitables.

En esa mala época de caminos anegados me cupo en suerte ir a la stanitsa de Bukanovskaia. Y aunque la distancia no era grande -cerca de sesenta kilómetros- no resultó tan fácil recorrerla. En compañía de unos camaradas, partí antes de salir el sol. Un par de caballos bien cebados, tensos como cuerda de guitarra los tirantes de los arneses, apenas podían arrastrar el pesado carricoche. Las ruedas se hundían hasta las pezoneras en la arena, húmeda, mezclada con nieve y hielo, y al cabo de una hora, en los ijares de los caballos y en sus ancas, bajo las finas correas de las retranquillas, aparecía ya una espuma abundante, blanca como de jabón, mientras el aire puro de la mañana se llenaba de un olor acre y embriagador a sudor de caballo y al recalentado alquitrán con que fueran pródigamente embadurnados los arreos.

En los lugares más penosos para los caballos, saltábamos del carricoche y seguía- mos a pie. Bajo nuestras botas altas chapoteaba la nieve acuosa, costaba trabajo andar, pero a ambos lados del camino se conservaba todavía el hielo -refulgente al sol como el cristal- y por allí era aún más difícil avanzar. Al cabo de unas seis horas sólo habíamos recorrido treinta kilómetros y llegábamos al lugar por donde debíamos cruzar el riachuelo Elanka.


Mijail Shólojov (Rusia, 1905-1984). Obtuvo el premio Nobel en 1965.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Primavera: DESPEDIDA DE UN PAISAJE, de Wislawa Szymborska

"No me causa dolor que los sotos de alisos recuperen su murmullo."

No le reprocho a la primavera
que llegue de nuevo.
No me quejo de que cumpla
como todos los años
con sus obligaciones.

Comprendo que mi tristeza
no frenará la hierba.
Si los tallos vacilan
será sólo por el viento.

No me causa dolor
que los sotos de alisos
recuperen su murmullo.

Me doy por enterada
de que, como si vivieras,
la orilla de cierto lago
es tan bella como era.

No le guardo rencor
a la vista por la vista
de una bahía deslumbrante.

Puedo incluso imaginarme
que otros, no nosotros,
estén sentados ahora mismo
sobre el abedul derribado.

Respeto su derecho
a reír, a susurrar
y a quedarse felices en silencio.

Supongo incluso
que los une el amor
y que él la abraza a ella
con brazos llenos de vida.

Algo nuevo, como un trino,
comienza a gorgotear, entre los juncos.
Sinceramente les deseo
que lo escuchen.

No exijo ningún cambio
de las olas a la orilla,
ligeras o perezosas,
pero nunca obedientes.

Nada le pido
a las aguas junto al bosque,
a veces esmeralda,
a veces zafiro,
a veces negras.

Una cosa no acepto.
Volver a ese lugar.
Renuncio al privilegio
de la presencia.
Te he sobrevivido suficiente
como para recordar desde lejos.


Wislawa Szymborska (Polonia, 1923-2012). Obtuvo el premio Nobel en 1996.

(Traducido al español por Gerardo Beltrán).
La ilustración corresponde a los árboles alisos del bosque Bialowieza en Polonia.

martes, 17 de marzo de 2020

Primavera: EL PROGRESO DEL AMOR, de Alice Munro

"La primavera debe estar cerca. Hoy he visto un cuervo."

(Fragmento)

- Recuerdo que estaba en la cama en aquella habitación -contestó mi madre-. Sí.

- Bueno, pues entró papá y ella tenía un camisón limpio y le habían quitado las sábanas, porque la señora alemana de la casa de al lado acababa de ayudarla a lavarse y estaba todavía allí recogiendo la habitación. Papá quería animarla, y dijo: «La primavera debe de estar cerca. Hoy he visto un cuervo». Era marzo. Y mamá replicó: «¡Pues entonces más vale que me tapes, antes de que se asome a esa ventana y se le ocurra alguna idea rara!». La señora alemana, según papá, estuvo a punto de dejar caer la palangana. Porque realmente mamá era pura piel y huesos; se estaba muriendo, pero era capaz de bromear.

El señor Florence dijo:

- Mejor, cuando no sirve de nada llorar.

Alice Munro (Canadá, 1931).
Obtuvo el premio Nobel en 2013.

(Traducido al español por Flora Casas).

lunes, 16 de marzo de 2020

Marzo: DE MARZO DEL 79, de Tomas Tranströmer

"Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve. Lenguaje, pero no palabras."

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.


Tomas Tranströmer (Suecia, 1931-2015).
Obtuvo el premio Nobel en 2011.

(Traducido al español por Roberto Mascaró).

domingo, 15 de marzo de 2020

Marzo: PRIMERA NIEVE EN EL MONTE FUJI, de Yasunari Kawabata


Con naturalidad

(Fragmento)

Sin saber por qué la frente de Uryu se oscureció.

- He oído decir que el viejo tenía la manía de decir: "¡Me voy a morir en marzo! ¡Me voy a morir en marzo!" Las personas de la casa no le hacían caso, diciéndole con una sonrisa: "Abuelo, en marzo todavía cae nieve y hacen unos días espantosamente fríos. Alargue el día de su muerte un mes más. Deje que llegue el tiempo en que se abren las flores de los cerezos". El abuelo ponía una cara seria y decía: "Me voy a morir en marzo". Y fue así como en marzo de ese año repentinamente se quedó sin fuerzas después de una gripa maligna y comenzó a decir cosas extrañas. Todos se decían: "La vejez es la vejez" o "¿Habrá llegado el momento?" o "¿Será cierto que era en marzo?" Y se preparaban para el funeral. Los que cuidaban de él se desanimaron. Pero entonces, sin saber cómo, recuperó por completo la vida. Dicho por el propio médico. Parecía un cuento de nunca acabar. Fue entonces cuando mi padre y yo fuimos al campo a hacerle una visita... Pero después de esa grave recaída en marzo, desapareció por completo la manía de andar diciendo que se iba a morir en ese mes... No ha vuelto a hablar de su muerte. ¿Habrá que decir que se le olvidó morirse? ¿Será que está yendo con naturalidad hacia el fin? Me dicen que no hace sino dormir profundamente. Pero lo que es comer, come muy bien. Puesto que se queda moviendo la boca como masticando algo, la gente piensa que dulces finos y cosas así son veneno para él y que más que calidad hay que darle cantidad. Pero si le dejan galletas o galguerías baratas, abre los ojos sorpresivamente y se queja: "¿Es que no me pueden dar algo mejor?" Reconoce los sabores, ¿sabe? En los pueblos del campo, cuando un viejo se vuelve senil y tiene que confiar en la ayuda de otros porque manos y pies no le responden, dicen que se ha vuelto nidoaka. Nidoaka es alguien que volvió a ser bebé de nuevo.


Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972). Obtuvo el premio Nobel en 1968.

(Traducido al español por Jaie Barrera).

sábado, 14 de marzo de 2020

Marzo: CIEN SONETOS DE AMOR, de Pablo Neruda

"... y se deslizan peces inmensos por el cielo..."

SONETO LXXXVIII

El mes de Marzo vuelve con su luz escondida
y se deslizan peces inmensos por el cielo,
vago vapor terrestre progresa sigiloso,
una por una caen al silencio las cosas.

Por suerte en esta crisis de atmósfera errabunda
reuniste las vidas del mar con las del fuego,
el movimiento gris de la nave de invierno,
la forma que el amor imprimió a la guitarra.

Oh amor, rosa mojada por sirenas y espumas,
fuego que baila y sube la invisible escalera
y despierta en el túnel del insomnio a la sangre

para que se consuman las olas en el cielo,
olvide el mar sus bienes y leones
y caiga el mundo adentro de las redes oscuras.


Pablo Neruda: Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto
(Chile, 1904-1973). Obtuvo el premio Nobel en 1971.

viernes, 13 de marzo de 2020

Marzo: LA ÚLTIMA CINTA DE KRAPP, de Samuel Beckett


"... hasta aquella memorable noche de marzo..."

(Fragmento)

Krapp: Espiritualmente, un año de lo más negro y pobre hasta aquella memorable noche de marzo, en el extremo del muelle, bajo el ventarrón, jamás lo olvidaré, en que todo se me aclaró. Al fin, la revelación. Me imagino que esto es, sobre todo, lo que debo grabar esta noche, pensando en el día en que mi labor esté concluida y ya no quede sitio en mi memoria, ni frío ni cálido, para el milagro que... (vacila)... para el fuego que la abrasó. Lo que entonces vi, de repente, fue que la creencia que había guiado toda mi vida, es decir... (Krapp desconecta el aparato con impaciencia, hace avanzar la cinta, conecta de nuevo)... grandes rocas de granito y la espuma que brillaba a la luz del faro, y el anemómetro que daba vueltas como una hélice; veía claro, en fin, que la oscuridad que yo siempre había rechazado encarnizadamente era, en realidad, mi mejor... (Krapp desconecta el aparato con impaciencia, hace avanzar la cinta, conecta de nuevo)... indestructible asociación, hasta mi disolución de tempestad y noche en la luz del entendimiento y el fuego... (Krapp suelta una palabrota, desconecta el aparato, hace avanzar la cinta, conecta de nuevo)... el rostro contra sus senos, y mi mano sobre ella. Estábamos allí, tendidos, sin movernos. Pero debajo de nosotros todo se movía y nos movía, suavemente, de arriba abajo y de un lado a otro.

(Pausa).

Pasada medianoche. Jamás conocí silencio semejante. Como si la tierra estuviese deshabitada.

(Pausa).

Y aquí termino...

(Krapp desconecta el aparato, hace retroceder la cinta, conecta de nuevo).


Samuel Beckett (Irlandés fallecido en Francia, 1906-1989).
Obtuvo el premio Nobel en 1969.

La ilustración corresponde a la escenografía de la obra diseñada por Charles Murdock Lucas.

jueves, 12 de marzo de 2020

Marzo: YA VUELA LA FLOR MAGRA, de Salvatore Quasimodo

"... en el exhausto viento de marzo..."

Ya vuela la flor magra

No sabré nada de mi vida,
oscura monótona sangre.

No sabré a quién amaba, a quién amo,
ahora que aquí estrecho, reducido a mis miembros,
en el exhausto viento de marzo
enumero los males de los días descifrados.

Ya vuela la flor magra
desde las ramas. Y yo deseando
la paciencia de su vuelo irrevocable.

(Già vola il fiore magro.

Non sapró nulla della mia vita,
oscuro monotono sangue.

Non sapró chi amavo, chi amo,
ora che qui stretto, ridotto alle mie membra,
nel guasto vento di marzo
enumero i mali dei giorni decifrati.

Già vola el fiore magro
dei rami. Ed io attendo
la pazienza del suo volo irrevocabile.)


Salvatore Quasimodo (Italia, 1961-1968). Obtuvo el premio Nobel en 1959.

(Traducido del italiano por Jules Etienne).