Vancouver: luz de agosto en la bahía. (Fotografía de Jules Etienne).

miércoles, 11 de marzo de 2020

Marzo: LA MONTAÑA MÁGICA, de Thomas Mann

"El calendario decía: marzo"

(Fragmento del capítulo VI: Cambios)

Los caminos se hallaban verdaderamente impracticables, estaban en pleno deshielo y las nieblas se espesaban. Es verdad que el consejero decía que no se trataba de niebla, sino de nubes; pero esto, según opinión de Hans Castorp, no era más que un juego de palabras. La primavera había entablado un violento combate, que, con cien recaídas en las amarguras del invierno, se prolongó algunos meses hasta junio. En marzo, cuando el sol brillaba, apenas se podía soportar el calor en el balcón y en la chaise-longue, a pesar de los vestidos ligeros y del quitasol, algunas señoras que, desde este momento, habían ya creído en la llegada del verano, aparecían a la hora del desayuno, vestidas de muselina. Tenían como excusa, en cierto modo, el carácter particular del clima, que favorecía la confusión con la mezcla meteorológica de las estaciones. Pero había también, en esta precipitación, mucho de miopía y de falta de imaginación; mucho de esa tontería de los seres que no viven más que la hora presente y que son incapaces de pensar en lo que puede venir y había, sobre todo, una gran sed de cambios, una impaciencia que devora el tiempo.

El calendario decía: marzo. Era la primavera, casi el verano, y se sacaban los vestidos de muselina para mostrarse con ellos antes de la venida del otoño. Y era, en efecto, una especie de otoño. Con abril llegaron los días grises, fríos y húmedos: la lluvia incesante se trocó en nieve, en una nieve nueva y revoltosa. Los dedos se helaban en el balcón, las dos mantas de pelo de camello volvieron a entrar en servicio, y casi fue preciso recurrir al saco de pieles. La administración se decidió a encender la calefacción, y todo el mundo se lamentaba de verse privado de la primavera.

Thomas Mann
(Alemán primero nacionalizado checoslovaco y más tarde estadounidense, 1875-1955).
Obtuvo el premio Nobel en 1929.

(Traducido al español por Mario Verdaguer).

martes, 10 de marzo de 2020

Marzo: INVENTOS DE LA LIEBRE DE MARZO, de T. S. Eliot

"Y vivimos al otro lado de las ventanas..."

Interludio en Londres

Hibernamos entre ladrillos
Y vivimos al otro lado de las ventanas
Con mermelada y té a las seis
Indiferentes a lo que haga el viento
Indiferentes a los aguaceros
Que mitigan los huertos del año pasado

Y apáticos, con cigarros
Despreocupados, mientras por la calle la primavera sigue
Alentando los tiestos cubiertos de mantillo,
Y las molduras como flautas rotas en las ventanas de las
buhardillas.

Thomas Stearns Eliot
(Estadounidense nacionalizado británico, 1888-1965). Obtuvo el premio Nobel en 1948.

(Traducido al español por Dámaso López García).

lunes, 9 de marzo de 2020

Marzo: POR SENDEROS QUE LA MALEZA OCULTA, de Knut Hamsun

"Es marzo (…) No es lo único que ocurre, también hay deshielo en los seres humanos."

(Fragmento)

Ríos y fiordos deshelados.

Es marzo. Después del maravilloso tiempo que hizo en febrero y en marzo, la cala de Nørholm ya ha empezado a deshelarse. No es lo único que ocurre, también hay deshielo en los seres humanos. El autor de salmos Grundtvig tiene razón: ¡Los hijos de la luz notamos cómo la noche ya ha terminado! ¿Acaso no notamos el jaleo que se está armando en nuestras carcomidas ruinas? Este invierno oímos a menudo hablar de los buitres que se estaban concentrando sobre nuestro viejo hogar en Europa. De acuerdo. ¿Pero nadie ha oído esta mañana temprano a la oca silvestre? Está llegando la primavera.

Entre un montón de impresos me encuentro un viejo calendario. No era mi intención sacar de la oscuridad ese calendario, me puse a hojearlo, pero me enteré de poco. Al cabo de bastantes páginas pone Verner von Heidenstam. Bien, sigo hojeando. Para un momento, ¿qué es lo que pone de Heidenstam? Hojeo hacia atrás y leo. Teníamos la misma edad, nacidos en el mismo año, y los dos estamos muertos. Y aunque solo uno de nosotros se convirtió en fantasma en el lugar del patíbulo, los dos servimos a la misma vieja diosa en nuestros tiempos felices. Y ahora estamos muertos.

Paso deprisa muchas hojas. Muy dentro me encuentro con Schiller. Había nacido el mismo año que nosotros, solo que cien años antes. Murió.

Napoleón se presentó ante Goethe. ¿Se estremeció por eso el mundo? No. Charlaron, pero Napoleón tenía prisa. Al salir del encuentro se dice que dijo a modo de aprobación sobre Goethe: ¡Qué persona! Pero eso fue todo. Fue como si no se hubiesen conocido. Mas ellos también están muertos.

¡Por qué no íbamos a morir!

Tácito opina que los germánicos somos hábiles para morir. Y los vikingos no nos deshonraron en ese aspecto. Nuestro conocimiento aún más reciente nos deja claro por qué existe en sí la muerte: pues no morimos para estar muertos, para ser algo muerto, morimos para poder pasar a la vida, morimos a la vida, estamos dentro de un plan. El mismo Tácito nos elogia porque no adornamos en exceso nuestras tumbas. Nos limitamos a echar algo de torva encima para evitar el olor. Luego nos elogia también por no querer tener altos monumentos sobre la tumba. Dice que los desdeñamos. No ha tenido en cuenta nuestra modesta decadencia en los últimos tiempos.

Knut Hamsun (Noruega, 1859-1952). Obtuvo el premio Nobel en 1920.

(Traducido al español por Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo).

domingo, 8 de marzo de 2020

Marzo: VOTO, de Rabindranath Tagore

"La flauta del nostálgico calla en la sombra. Dímelo con tu silencio y la flauta gemirá por ti, entre todas la más lejana."

Dímelo con tus ojos y cogeré los frutos de mi huerto en donde el tiempo se ha trocado en dulzura y con ellos llenaré una cesta que tenga forma de corazón o de navío para ti que estás tan lejos, en el jardín de la tarde.

La estación avanza, avanza con pie dorado, llena de grave esplendor.

La flauta del nostálgico calla en la sombra. Dímelo con tu silencio y la flauta gemirá por ti, entre todas la más lejana.

Dímelo apenas con tu sonrisa y me daré a la vela sobre el río, hacia ti, rodeada por la lejanía. El viento de marzo se levanta e infla el pecho de las velas y las olas.

Mi huerto exhala toda su alma a la hora entristecida en que la luz cierra sus párpados.

Llámame con tu alma desde tu casa, o en la playa de la lejanía, al otro lado del cre- púsculo.

Rabindranath Tagore (India, 1861-1941).
Obtuvo el premio Nobel en 1913.

sábado, 7 de marzo de 2020

Marzo: EL CUENTO MÁS HERMOSO DEL MUNDO, de Rudyard Kipling

"Mi ánimo variaba con el sol de marzo y con las nubes indecisas."

(Fragmento)

Reuní mis notas, las leí; el resultado no era satisfactorio. Volví a releerlas. No había nada que no hubiera podido extraerse de libros ajenos, salvo quizá la historia de la batalla en el puerto. Las aventuras de un vikingo habían sido noveladas ya muchas veces; la historia de un galeote griego tampoco era nueva y, aunque yo escribiera las dos, ¿quién podría confirmar o impugnar la veracidad de los detalles? Tanto me valdría redactar un cuento del porvenir. Los Señores de la Vida y la Muerte eran tan astutos como lo había insinuado Grish Chunder. No dejarían pasar nada que pudiera inquietar o apaciguar el ánimo de los hombres. Aunque estaba convencido de eso, no podía abandonar el cuento. El entusiasmo alternaba con la depresión, no una vez sino muchas en las siguientes semanas. Mi ánimo variaba con el sol de marzo y con las nubes indecisas. De noche, o en la belleza de una mañana de primavera, creía poder escribir esa historia y conmover a los continentes. En los atardeceres lluviosos percibí que podría escribirse el cuento, pero que no sería otra cosa que una pieza de museo apócrifa, con falsa pátina y falsa herrumbre. Entonces maldije a Charlie de muchos modos, aunque la culpa no era suya.

Rudyard Kipling
(Británico nacido en India y fallecido en Inglaterra, 1865-1936). Obtuvo el premio Nobel en 1907.

viernes, 6 de marzo de 2020

Marzo: TÚ, de Cesare Pavese

"Tú, sonrisa moteada sobre nieves heladas..."

Tú,
sonrisa moteada
sobre nieves heladas-
viento de marzo,
ballet de ramas
combadas sobre la nieve,
gimiendo y encendiendo
tus pequeños "¡oh!"-
gamo de blancos miembros,
gentil,
podría saber
todavía
la gracia deslizante
de todos tus días,
la blonda espumosa
de todos tus caminos-
se ha helado el mañana
abajo en la llanura-
tú, sonrisa moteada,
tú, risa encendida.


Cesare Pavese (Italia, 1908-1950).

(Traducido al español por Carles José i Solsora).

jueves, 5 de marzo de 2020

Marzo: SOY VERTICAL, de Sylvia Plath

"Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas..."

Soy vertical

Pero preferiría ser horizontal.

No soy un árbol con mis raíces en la tierra
Absorbiendo minerales y amor maternal
De manera que cada marzo puedan resplandecer mis hojas
Tampoco soy la belleza en el lecho del jardín
Atrayendo mi porción de exclamaciones con espectaculares matices,
Ignorando que pronto perderé mis pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
Y no soy tan alta como la corola de una flor, pero más asombrosa, 
Y quiero la longevidad de uno y la temeridad de la otra.

Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
De los árboles y las flores emanan frescos aromas,
Camino entre ellos, pero ninguno parece notarlo.
A veces pienso en eso cuando estoy durmiendo
Debo procurar parecerme a ellos - 
Los pensamientos se desvanecen.
Es más natural así, recostada.
Entonces, el cielo y yo podremos conversar.
Y seré útil cuando por fin permanezca en la tierra:
Los árboles podrán tocarme y las flores tendrán tiempo para mí.


(But I would rather be horizontal.

I am not a tree with my root in the soil
Sucking up minerals and motherly love
So that each March I may gleam into leaf,
Nor am I the beauty of a garden bed
Attracting my share of Ahs and spectacularly painted,
Unknowing I must soon unpetal.
Compared with me, a tree is immortal
And a flower-head not tall, but more startling,
And I want the one's longevity and the other's daring.

Tonight, in the infinitesimal light of the stars,
The trees and the flowers have been strewing their cool odors.
I walk among them, but none of them are noticing.
Sometimes I think that when I am sleeping
I must most perfectly resemble them -
Thoughts gone dim.
It is more natural to me, lying down.
Then the sky and I are in open conversation,
And I shall be useful when I lie down finally:
Then the trees may touch me for once, and the flowers have time for me.)


Sylvia Plath (Estados Unidos, 1932-1963).

(Traducido del inglés por Jules Etienne).

miércoles, 4 de marzo de 2020

Marzo: LA ROMANA, de Alberto Moravia

"... un gato blanco y negro que se lamía las patas en el umbral de un portal."

(Fragmento del capítulo VIII)

No sé por qué, recuerdo muy bien incluso el tiempo que hacía aquellos días. Había acabado febrero, frío y lluvioso, y con marzo empezaban las primeras jornadas más tibias. Una tupida red de tenues nubes blancas velaba todo el cielo y deslumbraba los ojos en cuanto se salía de la sombra de la casa a la calle. El aire era suave, pero todavía como dolorido por los rigores invernales. Yo caminaba con un placer asombrado en aquella luz mortificada, delgada y somnolienta, y a veces aminoraba el paso y cerraba los ojos, o me detenía, atónita, contemplando las cosas más insignificantes: un gato blanco y negro que se lamía las patas en el umbral de un portal; una rama colgante de oleandro aplastado por el viento, que tal vez hubiera florecido lo mismo; una mata de hierba verde que había crecido entre las hojas de la acera.

El musgo que las lluvias de los últimos meses había dejado a los pies de los zócalos de las casas me infundían un gran sentimiento de tranquilidad y de confianza. Pensaba que si aquel terciopelo esmeralda podía arraigar en un borde de tierra, también mi vida, que no tenía raíces más profundas que el césped y se conformaba igualmente para vegetar con escaso alimento y no era en realidad más que una especie de moho a los pies de una casa, tenía quizá alguna probabilidad de seguir adelante y florecer.

Alberto Moravia (Italia, 1907-1990).  

martes, 3 de marzo de 2020

MARZO, de José Hierro

"... sentirte forma pura entre mis dedos pálidos de nieve."

Marzo, lo siento, ya no me conmueve
tu pasar, al -perdida la estructura
sentimental- sentirte forma pura
entre mis dedos pálidos de nieve.

Yo no sé qué ha perdido tu relieve,
qué fatal, invisible arquitectura
de risas, qué alegría, qué hermosura,
qué poemas de cañas cuando llueve.

Delgado manantial de sensaciones,
lo siento, marzo, pero no supones
ya nada para mí. No sé si todo

lo que yo te he pedido me lo has dado,
no sé porqué, si no me has defraudado
marzo, desde hoy te miro de otro modo.


José Hierro (España, 1922-2002).

lunes, 2 de marzo de 2020

Marzo: MIREYA, de Frédéric Mistral

"... se puso mal el tiempo, la escarcha mató la hierba de los campos, las ovejas de la vieja murieron sin faltar una..."

Notas del autor al Canto Sexto

Hacia el tiempo en que la vieja irritada lanza a febrero su coz 

Los aldeanos del Mediodía han observado que los tres últimos días de febrero y los tres primeros de marzo llevan casi siempre consigo un aumento de frío, y he aquí el modo como su poética imaginación explica este hecho:

Una vieja guardaba una vez sus ovejas. Era a fines de febrero, el cual no había sido riguroso aquel año. La vieja creyéndose librada ya del invierno se permitió mofarse de febrero diciéndole: «Adiós, febrero; con tus heladas no me has levantado la piel». La chanza de la vieja enoja a febrero, el cual va a encontrar a marzo: «Marzo, hazme un favor». «Dos si quieres» contesta el oficioso vecino. «Préstame tres días, y con los tres que me quedan y los tres tuyos, yo levantaré su piel». Al momento se puso mal el tiempo, la escarcha mató la yerba de los campos, las ovejas de la vieja murieron sin faltar una, y la vieja, dicen los aldeanos, rezongando, echaba coces.


Frédéric Mistral (Francia, 1830-1914).
Obtuvo el premio Nobel en 1904 compartido con José Echegaray.

domingo, 1 de marzo de 2020

Marzo: EPIGRAMA, de Ernesto Cardenal


Al perderte yo a ti,
tú y yo hemos perdido:

Yo, porque tú eras
lo que yo más amaba.

Y tú, porque yo era
el que te amaba más.

Pero de nosotros dos,
tú pierdes más que yo,

porque yo podrá amar a otras
como te amaba a ti,

pero a ti no te amarán,
como te amaba yo.


Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925-2020).

El poeta falleció el día de hoy, 1 de marzo de 2020.

jueves, 27 de febrero de 2020

LITOTERIA* (del poemario Mitología del olvido)

"La lluvia no lava la memoria, sólo la humedece."

Por el entramado de humedad cristalina
escurre la transparencia del cielo,
silabario que el agua deletrea
hasta embriagar un relato sin palabras.
No es ningún secreto
son incidentes del corazón,
unas cuantas gotas de olvido
intentan salpicar los recuerdos,
esferas que de súbito se diluyen
al estrellarse contra el suelo,
vapores que el tiempo bebe
con el pulso de la tarde fugitiva.
La lluvia no lava la memoria,
sólo la humedece.

Jules Etienne

* De lítotes: figura retórica que niega lo que se quiere decir.

domingo, 16 de febrero de 2020

Tu boca: PARIS AT NIGHT, de Jacques Prévert


Tres fósforos de uno en uno encendidos en la noche
el primero para ver tu rostro todo
el segundo para ver tus ojos
el último para ver tu boca
y la completa oscuridad para recordarme todo eso
al estrecharte en mis brazos.


Jacques Prévert (Francia, 1900-1977).

viernes, 14 de febrero de 2020

Febrero: PAÍS DE NIEVE, de Yasunari Kawabata


(Fragmento que alude al Festival de los Pájaros, el 14 de febrero)

Lo primero que había atraído la atención de Shimamura al bajar del tren era ese manto plateado que cubría las laderas de la montaña. A lo lejos parecía un espejo de agua que reflejaba la luz de la tarde. Ya estoy aquí, había pensado él al contemplarlo. Pero los manojos que cargaban aquellas campesinas parecían de una clase completamente diferente. Los largos tallos bamboleantes casi ocultaban a sus portadoras y sus penachos parecían peinar las rocas que se alzaban a la vera del camino. En la luz exangüe de la recepción, vio una polilla enorme desovando en el perchero de laca negra y oyó el repiquetear de los insectos contra las paredes de papel de los faroles. Ése era el sonido del atardecer en aquella época del año.

Komako llegó tarde y lo contempló largamente desde la entrada de la habitación.

- ¿Para qué has vuelto?

- He venido para verte.

- No es cierto. Por eso me disgusta la gente de Tokio: porque siempre está mintiendo. -Cuando se sentó pareció suavizarse un poco. - Nunca más despediré a alguien. No puedo explicarte lo que fue para mí verte partir.

- La próxima vez me iré sin avisarte.

- No me refiero a eso. Me refiero a ir a la estación.

- ¿Qué pasó con Yukio?

- Murió, qué te pensabas.

- ¿Mientras estabas despidiéndome?

- Pero ésa no fue la causa. No tenía idea de que podía detestar tanto las despedidas.

Shimamura asintió en silencio.

- ¿Dónde estabas el 14 de febrero? Te estuve esperando. La próxima vez sabré no dar crédito a tus palabras.

El 14 de febrero se celebraba el Festival de los Pájaros, una fiesta infantil tradicional en los pueblos de montaña. Durante los diez días anteriores al festival, los niños de cada aldea tallaban pequeños bloques de nieve y construían con ellos un palacio de seis metros de lado y casi cuatro metros de alto. Como el Año Nuevo se festejaba allí a comienzos de febrero, los ornamentos tradicionales seguían colgando de todas las puertas de la aldea. El día 14 los niños los retiraban y los quemaban en una gran hoguera delante del palacio de hielo. Se deslizaban desde el resbaladizo techo, saltaban, jugaban y cantaban la Canción de los Pájaros, y luego pasaban la noche dentro del palacio. La celebración terminaba a la mañana siguiente, cuando volvían a trepar al techo y cantaban la Canción de los Pájaros otra vez.

Era la época de más nieve y Shimamura le había prometido a Komako estar para el festival.

- Me tomé una pequeña vacación para esas fechas. Estaba segura de que vendrías, al menos para el 14, y volví expresamente. Podría haberme quedado a cuidar mejor de ella si hubiese sabido que no venías.

- ¿Quién se enfermó?

- La maestra de música. Se pescó una neumonía en la costa. En cuanto me llegó el telegrama partí a cuidarla.

- ¿Y se curó?

- No.

- Lo lamento —dijo Shimamura ambiguamente. Sus palabras podían aludir a la enferma o a su promesa incumplida, y no hizo nada para aclararlo.

Komako sacudió la cabeza con un movimiento ausente y luego pasó su pañuelo por la mesa. Una nube de minúsculos insectos muertos cayó al piso. Varias polillas aleteaban en torno a la lámpara y muchos insectos más cargaban el aire nocturno afuera.


 Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972). Obtuvo el premio Nobel en 1968.

(Traducido al español por Juan Forn).

La ilustración corresponde a Yukinori en la prefecura de Niigata, conocida como "la  espalda de Japón".

miércoles, 12 de febrero de 2020

Febrero: EL BÁRRIL MÁGICO, de Bernard Malamud

"... junto a una ventana que miraba a la ciudad alumbrada por los faroles."

(Párrafo que alude al invierno en el mes de febrero)

Los dos hombres se pusieron a tratar de su asunto. Leo había llevado a Salzman al único sitio claro del cuarto, una mesa junto a una ventana que miraba a la ciudad alumbrada por los faroles. Estaba sentado junto al agente, pero de cara a éste, intentando reprimir, con un acto de voluntad, el desagradable cosquilleo que notaba en su garganta. Salzman abrió impaciente su cartera y quitó una floja cinta de goma de un paquetito de tarjetas muy manoseadas. Al separarlas y examinarlas, ademán y ruido que molestaron físicamente a Leo, el estudiante aparentaba no mirar, absorto en lo que se veía a través de la ventana. Pese a estar todavía en febrero, el invierno iba a concluir, hecho que advertía por primera vez en muchos años. Veía ahora, con la boca medio abierta, que la pálida y redonda luna atravesaba, en lo alto del cielo, una nube parecida a un corral, donde una gallina gigantesca la engullía para devolverla luego como el ave que pone un huevo. Aunque fingía estar ocupado en leer tarjetas a través de los cristales de sus gafas, que se había calado un momento antes, Salzman lanzaba miradas de cuando en cuando, con disimulo, al noble rostro del joven, contemplando con agrado la nariz larga y severa del estudiante, los ojos pardos cargados de saber, los labios a la vez ascéticos y sensuales, las hundidas y morenas mejillas. Paseó la vista por las estanterías llenas de libros y soltó un suave suspiro de contento.

Bernard Malamud (Estados Unidos, 1914-1986).

martes, 11 de febrero de 2020

Nieve: NOSTALGIA DE LA NIEVE, de Xavier Villaurrutia

"Luego, por hilos invisibles y sueltos en el aire como una cabellera, descienden copos de pluma, copos de espuma."

¡Cae la noche sobre la nieve!
Todos hemos pensado alguna vez
o alguien -yo mismo- lo piensa ahora
por quienes no sabe que un día lo pensaron ya,
que las sombras que forman la noche de todos los días
caen silenciosas, furtivas, escondiéndose
detrás de sí mismas, del cielo:
copos de sombra.
Porque la sombra es la nieve oscura,
la impensable callada nieve negra.

¡Cae la nieve sobre la noche!
¡Qué luz de atardecer increíble,
hecha del polvo más fino
llena de misteriosa tibieza,
anuncia la aparición de la nieve!
Luego, por hilos invisibles
y sueltos en el aire como una cabellera,
descienden
copos de pluma, copos de espuma.

Y algo de dulce sueño,
de sueños sin angustia,
infantil, tierno, leve
goce no recordado
tiene la milagrosa
forma en que por la noche
caen las silenciosas
sombras blancas de nieve.

 
Xavier Villaurrutia (México, 1903-1950).

domingo, 9 de febrero de 2020

Nieve: SEPULCRO (del poemario Mitología del olvido)

"... días furtivos y diminutos que se acumulan como gotas en la destilería del tiempo."

Absortos en la espera
los inviernos resguardan la nieve,
días furtivos y diminutos
que se acumulan como gotas
en la destilería del tiempo.
Restos de piel deshabitada
con un alrededor de ausencias,
el avaro testimonio de las almas
es apenas un lejano rumor
en el cementerio de las intenciones.

Jules Etienne

martes, 4 de febrero de 2020

Tu boca: CANCIONES PARA ELLA, de Paul Verlaine

"Sin la presencia bendita de tu cuerpo junto a mí, sin tu boca tan besada..."

CXV *

¡La horrible noche de insomnio!
- Sin la presencia bendita
de tu cuerpo junto a mí
sin tu boca tan besada
aunque demasiado astuta
y bien que de mala fe,
sin tu boca todo mentira,
pero tan franca, bien pensado
y que sabe consolarme
con el aspecto y la especie
de una fresca -y buena pieza-
de un muy plausible charlar,
y sobre todo sin el pentagrama
de tus senos y el milagro
múltiple y uno, flor y fruto,
de tus duros ojos de hechicera
duros y dulces a tu manera...
¡Buen Dios qué terrible noche!
 
 
Paul Verlaine (Francia, 1844-1896).
 
(Traducido al español por Manuel Machado). 
 
* En la traducción de Manuel Machado, que lleva por título Fiestas galantes, aun cuando incluye otros poemas de Verlaine publicados en Choix de poésie, -por eso el volumen en cuestión lleva el extenso subtítulo de Poemas saturnianos, La buena canción, Romanzas sin palabras, Sabiduría. Amor. Parábolas y otras poesías-, aparece con este número romano, equivalente al 115, pero en la edición original francesa de Chansons pour elle, lleva el número X, además de que, por alguna extraña razón, el formato también difiere y de esa manera
-basado en el antecedente francés- es como lo he reproducido aquí. El texto del poema en español sigue siendo fiel a la versión de Machado. 

lunes, 3 de febrero de 2020

Tu boca: EVASIONES EN LA CÁRCEL, de Curzio Malaparte

"... y bajar a tu lado por el triste declive al encuentro de los negros cisnes de ojos blancos..."

(Fragmento)

El lamento de los perros infernales suena en tus oídos mucho más dulce que mi amorosa plegaria. Estás ya perdida, ninguna fuerza del mundo podrá salvarte, tu condena empieza esta noche en esta hora interminable, en esta fugaz eternidad. Si por lo menos pudiese seguirte y bajar a tu lado por el triste declive al encuentro de los negros cisnes de ojos blancos, misteriosa Eurídice, no me será jamás concedido conocer tu secreto. Adiós, dentro de poco volverás de improvisto hacia atrás, levantarás los brazos con un gesto de terror, tu boca se abrirá con un horrendo aullido silencioso, tus pies descalzos seguirán en la hierba el plateado rastro de la serpiente de escamas rojas y verdes.

Huirás temblando, y no oirás el lamento del mar, el grito de las aves nocturnas, el llanto de los ciervos en la estática selva, no escucharás mi voz, mi ruego, la voz de Orfeo implorante. Un momento más, un solo momento, quédate todavía un instante a mi lado, en esta última orilla, bajo este último jirón de cielo, un solo instante antes de que se apague para siempre en tu corazón el recuerdo de los días claros, del dorado reflejo del sol sobre las piedras y las hojas de las nubes blancas sobre el cielo profundo. Llora, tienes tiempo todavía, un día quizá…


Curzio Malaparte: Curt Erich Suckert (Italia, 1898-1957).

domingo, 2 de febrero de 2020

Tu boca: UN AÑO YA, UN AÑO SOLAMENTE, de Roger Vitrac

"tu boca de pedrería..."

Malas voces entretejidas
en estas fuentes de miel
donde tu boca de pedrería
escupe el vitriolo del cielo.


Roger Vitrac (Francia, 1899-1952).